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Autor: Alista
La Boca del Lobo
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Israel J. Espino | 09-06-2013 | 12:36| 6

 

Acaba de presentarse en Mérida el cómic La Boca del Lobo, última obra del artista extremeño Borja González Hoyos, ilustrador habitual de este blog, y del escritor Alejo Bueno. Un libro oscuro, magnético, en el que dos conocidos personajes extremeños  se reúnen en torno a una dama eterna: la muerte.

 

“La boca del lobo”, coeditado por la Editora Regional y Dadá Ediciones, aporta nuevas pinceladas a la reconstrucción de la vida del artista extremeño Juez Nieto, utilizando la ficción para dar luz a un momento clave de su vida: la muerte de su madre, que desemboca en unos últimos trece años recluido en su casa.

Borja Gonzalez, Israel J. Espino y Alejo Bueno (A. Briz)

 

 

 

Antonio Juez Nieto, nacido en 1893 en Badajoz se sumerge de cabeza en las maravillosas corrientes del Modernismo, el Prerrafaelismo, el Simbolismo, el Esteticismo y el Decadentismo, y el acercamiento de sus pinturas a la temática de la muerte le acompañó en su vida diaria, al igual que a la otra protagonista del libro: Carolina Coronado, “La muerta”.

 

 

 

La poeta de Almendralejo, bella, excéntrica y cataléptica, convive con la muerte, muere en vida varias veces y ve como la muerte le arrebata a todos los que ama: sus hijos, su marido, su amante imaginario… Se obsesiona con la idea de ser enterrada en vida, hasta tal punto que embalsama el cadáver de su marido, negándose a enterrarlo e incluso dirigiéndose a él con el apelativo de “el silencioso” y “el hombre de arriba”. Incluso tiene varias “premoniciones” en las que anticipa el fallecimiento de su hija.

 

 

En los años cincuenta, Antonio Juez, (en ese momento Jefe de Jardines de Badajoz, puesto concedido tras su retirada del mundo artístico) coloca la famosa estatua de Carolina Coronado en el Parque de Castelar. La cercanía con la muerte, punto de unión entre ambos autores, es el ombligo de “la boca del Lobo”.

 

Fantástico, oscuro y cuidado ensamblaje de palabras y trazos,  este libro merece, por estética y por temática, ocupar un estante privilegiado en nuestra Biblioteca Secreta. Que lo disfruten.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Amores burros
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Israel J. Espino | 05-06-2013 | 1:20| 6

 

 

Hay gente muy burra y amores que matan, aunque sea de asco. Y de eso sabían mucho las brujas extremeñas. Expertas en atraer el amor de los hombres a mujeres despechadas o ignoradas, no dudaban en servirse de los más variopintos  mejunjes, polvos, pócimas y ensalmos para hacer que Eros incendiase el corazón de los recios extremeños.

 

Si usted ha decidido conseguir  el amor “a lo burro”, se lo voy a poner facilito. Barra libre de recetas “asnalógicas”.  A la espera de que podamos leer el nuevo libro del investigador Fermín Mayorga, “Extremadura, Tierra de brujas”, voy a presentaros a un rosario de hechiceras castúas que acabaron delante de la Inquisición, pero que antes suponemos que se llevaron por delante a unos cuantos mozos y señores gracias a la farmacopea mágica que extraían de los jumentos.

 

Con cuarenta años y ya viuda encontramos viviendo en Plasencia a una portuguesa, Doña Isabel de Landin, alias “Isabel Vázquez”,  que utiliza la figura de San Erasmo para enamorar hombres y mujeres. Delante de la pintura declama:

... que en asno te convertiste... (Jimber)

 

 

– “Erasmo que por amores enfloreciste,

 y fuiste asno,

haz de fulano asno

y de mí pega

qué le suba por el rabo

y le baje por la cabeza”

 

Y luego le arreaba diciendo “¡arre asno!” dándole de varadas a la figura del santo, y afirmaba qué así el hombre o la mujer hechizados se ablandaban de tal manera que se podían hacer con ellos lo que se quisiese.  Habría que verla.

 

Y siguiendo con burros y acémilas, justo es recordar a María Megias,  “La Novela”, una viuda de La Parra acusada de bruja, hechicera y embustera por cuatro testigos en 1639. Se le acusa de hacer conjuros y remedios para que los hombres quieran más a las mujeres dándoles de comer seso de asno negro.

 

Y no me pongan cara de asco que el que algo quiere, algo de cuesta, y lo que a unos les da grima a otros les parece suculento. Y si no que se lo pregunten a los vecinos de Calzadilla (sí, sí, donde el lagarto gigante) que elaboran, en sus fiestas patronales, un manjar elaborado con burro llamado, precisamente El  Burranco, que se elabora en las fiestas patronales del Cristo de la Agonía, y que aún hoy se puede degustar durante los días de fiestas en los bares de la localidad.

 

 

Los burros negros forman parte de la farmacopea mágica (Jimber)

Pero si quieren una receta más elaborada no se preocupen, que también las tenemos. No es de El Bulli, pero casi. Catalina Daca, una hechicera de Alcántara, aconseja a las mujeres malqueridas tomar un poco de cebada y dársela de comer a un jumento mojino ( un burro negro, vaya). Cuando la esté comiendo, hay que quitarle un poco de la que masca y sembrarla, y de lo que allí nazca hay que hacer un poco de perejil y dárselo de comer al marido.  Algunos dirán que sigue siendo una guarrada, pero qué quieren que les diga, a burro viejo poco verde.

 

Y hablando de cebada, hay que recordar a Francisca Pérez, “La Marracha”,  que con 40 años vivía en  Garrovillas de Alconétar. Su fama es tal que se mueve por todo el norte de Extremadura. A una mujer que acude a ella para estar bien con su marido le ordena tomar un poco de cebada, atarla a la manga de la camisa de su marido, y ponerla también debajo del colchón, en la parte donde él duerme y que diga ciertas palabras que, por suerte o por desgracia, no han llegado hasta nosotros.

 

Por cierto, que muchas de estas hechiceras, mucho filtro de amor y mucha magia erótica, pero murieron más solas que la una. Vamos, que acabaron como el burro del aguador, cargado de agua y muerto de sed.

 

 

 

 

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El Duende Mamón
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Israel J. Espino | 27-05-2013 | 11:21| 6

 

 

Ilustración: Borja González Hoyos

Si las duendas castúas roen castañas y mueren pronto, y los bebés duendines sanan chupando los dedos de los pies humanos,  hay sin embargo algunos duendes extremeños que son como eternos adolescentes asilvestrados: solo piensan en mamar y en comer. Y lo malo es que lo hacen en tu casa.

 

 

Del Duende Jampón ya hablaremos otro día, que hoy le toca (y nunca mejor dicho) el turno a El Duende Mamón, que expandía sus revolucionadas hormonas por el pueblecito cacereño de Ahigal, y que según nos cuenta el investigador Jose María Domínguez Moreno, tenía sus reales por “la calle Graná”, cerca del Huerto del Cura.

 

Al parecer, era el okupa invisible de la casa, en la que vivía un matrimonio y  sus cuatro hijos. Cuando los niños eran pequeños su madre, como es habitual, colocaba la cuna junto a su cama, para poder darles el pecho por la noche sin demasiado esfuerzo.

 

El Duende Mamón se acurrucaba al lado de la madre y, sin que ésta despertase del todo, le desabrochaba la blusa para mamarle. Cuentan que a veces incluso le tocaba el culo a la pobre mujer, pero como la señora pensaba que era su marido, ni se inmutaba.

 

Hasta que una noche la mujer se dio cuenta de que, aunque tenía una boca mamando de sus pechos, otra boca lloraba en la cuna. Alargó la mano y, efectivamente, en la cuna estaba su hijo. La sorpresa hizo que la madre diera un respingo, momento que aprovechó el duende para poner tierra por medio.

... y antes de salir por la puerta el duende se volvió hacia ella (Jimber)

 

 

Y aún cuentan que el enanito lujurioso, antes de salir por la puerta, se volvió hacia atrás y exclamó:

 

–       ¡Qué bien cuando te estabas quieta,

que te agarraba el culo y te lambía las tetas!

 

Afirma Domínguez Moreno que está seguro de que esto mismo que acabo de contar también debió pasar en otras casas del pueblo, aunque “es difícil saberlo, porque las víctimas no van a ir contando que en determinados momentos fueron biberones de los duendes”.

 

Animamos desde aquí a nuestras lectoras a vencer el pudor y reconocer si han sido víctimas del lujurioso enanito, más que nada para que las demás sepamos por qué pueblo anda trasteando ahora el Duende Mamón. Por precaución, ya saben…

 

 

 

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La Casa del Tesoro
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Israel J. Espino | 20-05-2013 | 9:01| 6

Ilustración: Borja González Hoyos

Ya hablamos en otra ocasión de Las Casas de Miedo extremeñas: Hoy vamos a visitar otras mas agradables, pero no menos misteriosas… las Casas del Tesoro.

 

Quizás la más conocida sea la “Casa del Tesoro” de Cáceres, una mansión con algo más que historia que albergó no solo un tesoro intelectual, sino que se supone que aún guarda en su interior un fabuloso tesoro dentro de varios cantaros de barro.

 

Para conocer el origen de la leyenda tenemos que remontarnos  al siglo XIV, cuando en una casona cercana a la Plaza Mayor vivían los Cohen, una acomodada familia hebrea a la que los Reyes Católicos expulsan sin contemplaciones  en el siglo XV. Los Cohen, como muchas otras familias judías, pensando que volverían y ante el temor de ser robados por el camino, deciden esconder en la misma casa  una importante cantidad de dinero en dos cantaros, además de libros, piezas de sedas y algunos documentos.

La condesa de Fernán Nuñez se construye una mansión... (A. Briz)

 

Pero los Cohen, como otra muchos extremeños, no volvieron, y el tiempo cubrió con el hollín de una carbonería sus vetustos muros, hasta que un siglo después la duquesa de Fernan Nuñez decide construirse una mansión, edificando, como era costumbre, sobre los muros y los pozos de la casa anterior.

 

... y Publio Hurtado compra la casa (A. Briz)

En el año 1881 la casona es comprada por nuestro querido  investigador Publio Hurtado, recopilador extraordinario de leyendas y saberes antiguos, quien sabe si atraído por las consejas del tesoro, y en ella  vivieron sus descendientes hasta los años 60, década en la que aparecieron varios objetos ocultos en una estancia, entre los que destacabann varias piezas de tela y sedas que se deshicieron al tocarlas, pero que  no hicieron mas que aportar más hilo al paño de la leyenda.

 

En 1991 el ayuntamiento compra el edificio, y actualmente la Casa del Tesoro forma parte de las dependencias municipales de la ciudad.

Cuentan que un subterráneo sale de la casa (A. Briz)

 

Afirma el investigador cacereño  Alonso Corrales Gaitán que en el transcurrir de los años varias han sido las personas que se han dedicado, sin éxito, a buscar este tesoro, que según parece se encuentra depositado en una galería subterránea que pasa por debajo del edificio y que lleva hasta el interior del recinto amurallado, partiendo otro tramo hasta la proximidades de la plaza de Italia.

 

Y aún permanecen aquí, tesoro y subterráneo, para seguir enriqueciendo los sueños e imaginaciones de generaciones de cacereños.

 

Pero no es esta la única “Casa del Tesoro” de la capital cacereña, ya que según Corrales en los años 50 una familia que vivía en una casa próxima a la Torre de Bujaco picó un muro para quitar humedades, y se encontraron con un pequeño arco oculto que contenía una olla con una pequeña bolsa con monedas y documentos del siglo XIII.

 

En septiembre de 1993, en unas obras realizadas en las proximidades de la Fuente Concejo salieron  a la luz, al tirar una vieja casona, numerosas monedas y hasta una espada. Y en la Cuesta de Aldana  por la misma época se desenterró una olla de barro que contenía varias joyas de época medieval.

 

Pero Cáceres no tiene la exclusiva en casas con premio. Y si no que se lo digan al vecino de Torre de Miguel Sesmero que encontró una olla de monedas en su patio, al herrero de Villamiel, que enriqueció de un día para otro tras encontrar un tesoro en su sótano, o a tantos otros que encontraron, por casualidad, su gozo en un pozo de su humilde morada.

 

En mi minúsculo apartamento si  hago reformas, lo máximo que me puedo encontrar es el salón de mi vecino. Pero no desespero. Algún día me compraré una casa con tesoro incluido, y no pararé hasta destrozarla y encontrar el oro. Y con el oro me compraré otra casa con tesoro, y no pararé hasta destrozarla y encontrar el  oro. Y con el oro me compraré otra casa…

 

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Cuando éramos romanos: Floralia
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Israel J. Espino | 15-05-2013 | 12:25| 6

 

 

Ilustración: Borja González Hoyos

Cuando éramos romanos no nos perdíamos una fiesta. Y ahora tampoco. Algunas las hemos customizado. Otras las hemos adaptado al cristianismo y las pocas que hemos perdido las estamos recuperando.

 

Y eso es lo que hemos hecho con Las Floralias (en latín Floralia), recuperada desde hace dos años entre las ruinas romanas de Cáparra, restos mudos de un esplendor pasado que una vez al año resucita con la invocación que nobles y plebeyos lanzan a la diosa Flora:

 

–  Madre de las flores, ven, que has de ser festejada con juegos y regocijos.

 

Y por los dioses que se festeja, aunque no con la misma intensidad que nuestros ancestros.  Hace un par de milenios comenzaban a finales de abril y terminaban en mayo, y se jugaba, se bailaba y se bebía como si no hubiese un mañana.

Esclavas y matronas se unían en los bailes de Floralia (A. Briz)

 

 

Ahora dura sólo un día, pero a ella acuden arqueólogas, peluqueras, camareros y abogados, sociólogos y electricistas con sus mejores galas romanas. Como antes. Son parte de una asociación llamada Emérita Antiqua que recrea como nadie la sociedad romana de Mérida. Senadores, taberneras, soldados, centuriones, esclavos y esclavas, todos con su nombre, ropaje y espíritu romano.

 

 

Las prostitutas luchaban desnudas imitando a las gladiadoras (A. Briz)

Y eso era Floralia, una fiesta democrática que aunaba a libertos y esclavos, a matronas y prostitutas quienes, por cierto, y según Juvenal, bailaban desnudas y luchaban en simulacro de combates como gladiadoras.

 

Ofrecíamos rosas a la diosa y bebíamos menta y miel (símbolos de Venus), las mujeres vestíamos ropas multicolores para imitar la policromía del campo y todos (hombres, mujeres y niños) nos adornábamos con coronas de flores y cintas de colores.

 

Ovidio señala que liebres y cabras (considerados animales especialmente fértiles y lascivos) eran liberados ceremonialmente como parte de estas fiestas. Persio afirma que la multitud recibía una lluvia de guisantes, habas o altramuces, también símbolos de fertilidad.

... y todos nos adornábamos con flores en la cabeza. (A. Briz)

 

 

Como diosa de las flores, la vegetación y la fertilidad, a ella se dedicaban los juegos florales que se abrían con actuaciones teatrales y terminaban con competiciones y espectáculos y un sacrificio a Flora. Cuentan los historiadores que en el año 30 los espectáculos de  Floralia ofrecían hasta un elefante en la cuerda floja. Nosotros no hemos llegado a tanto, pero voy a proponer que ofrezcan, el año que viene, el espectáculo de ver a algún banquero sin vergüenza o algún político sin palabra en la cuerda floja.

 

Después de todo, la primavera siempre ha sido tiempo de flores, pero también de revoluciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Sobre el autor Israel J. Espino
Periodista especializada en antropología Entre dioses y monstruos http://extremadurasecreta.com/

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