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Autor: Alista
Las Morunas, los túneles secretos de Extremadura
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Israel J. Espino | 23-07-2012 | 10:46| 6

 

Ilustración: Borja González Hoyos

La magia de Extremadura no está solo en el aire. También se oculta, a veces en las entrañas de la tierra, y no son pocos los que afirman que bajo tal o cual monte se ocultan las “morunas”, galerías subterráneas de interminables kilómetros, cuyo origen normalmente se ignora y cuya entrada exacta y su salida han quedado sepultadas en el polvo del tiempo.

 

En las inmediaciones de La Parra se encuentra La “Sierra de la Horca”, en la que según la tradición se alzaba el patíbulo en el que se ajusticiaba a los salteadores que merodeaban por los alrededores. Como reminiscencia de sus antecedentes árabes, los lugareños afirman que existen unas “morunas”, que recorren el pueblo por debajo de las casas, comunicándolo con los castillos y sierras de los alrededores.

 

Y es que los castillos son propicios a tener túneles subterráneos y sótanos ocultos. Pero sólo unos pocos gozas de “morunas”, verdaderas “carreteras subterráneas”. Existe la tradición, propia de los castillos templarios, en Esparragosa de Lares y los pueblos aledaños, relativa al paso subterráneo que une el castillo de Puebla de Alcocer con la encomienda de Casas Viejas de Galizuela. El paso no ha sido encontrado, pero desde el interior del castillo  se aprecia la excavación de un túnel que, según la tradición popular, conectaba con la fortaleza templaria de Lares, aunque otras voces lo conectan con Siruela.

 Diferentes túneles me cuentan mi amigos miajadeños que partían del desaparecido castillo de Miajadas: a la Iglesia de Santiago, al castillo de Montanchez e incluso al castillo de Medellín. Sobre el primer túnel, el que iba hacia la cercana Iglesia de Santiago, Sebastián González aún recuerda cómo cuando se realizaron unas obras en la Plaza del Castillo se hundió una parte del suelo y quedó un pasadizo al descubierto.

Otras voces miajadeñas afirman que el túnel se se unía también con el Palacio, con el Huerto del Francés que estaba próximo a la plaza del Castillo, con el patio del colegio Sagrado Corazón o con la Casa Grande.

Y es que con las morunas pasa como con las leyendas, que aunque se sepa donde empiezan, nunca puede saber uno donde acaban…

Bajo el Valle de Ambroz se ocultan las morunas (Fotografía: Jimber)

 

Las “morunas” también surcan el Valle del Ambroz. Allí, buscaremos la localidad de  Segura de Toro, y en ella los restos de un castillo del siglo XIII desde donde, desde siempre, el pueblo ha comentado que arranca un larguísimo túnel. En la cercana Jarilla comentan que el túnel se dirige a las ruinas de la ciudad romana de Cáparra y llega hasta el “Lindón”, la calzada romana que fija los límites de los pueblos de la Trasierra con los la antigua Granada, hoy Granadilla.

 

Sin embargo, en los pueblos de Gargantilla y Aldeanueva del Camino afirman que la misteriosa galería tiene su fin en la casi legendaria localidad de Abadía, que nació en el siglo XIII (curiosamente, al mismo tiempo que el castillo de Segura del Toro) al amparo de un monasterio cisterciense construido sobre una fortaleza árabe. Aún puede visitarse lo que queda del palacio de Sotofermoso , llamado así por el castillo romano de su nombre, antigua propiedad de la Orden del Temple y más tarde Palacio de recreo de los duques de Alba, quienes crearon, a decir de Publio Hurtado,

 

“la mansión más señorial, más artística y deleitosa que concibieron mortales, para la que trajeron toda clase de piedras, metales, maderas, vidrios, plantas (…) y cuyos jardines eran el más bello ejemplo de fuentes mitológicas, juegos de agua y trucos mecánicos para deleite de los invitados”.

 

Sea como fuese, al parecer se trata de una galería profundísima, que cruza la actual carretera N-630 y que incluso posee en su interior un puente para salvar una garganta subterránea. Marcelino Blanco Rodríguez afirma que algunos de sus informantes aseguran haber penetrado en esta oscura galería, repleta de morgaños.

 

No es la única galería habitada por bichos pocos recomendables. En Mérida y Calamonte siempre se ha hablado de un túnel subterráneo que parte (o llega) desde el emeritense lago de Proserpina hasta el cercano pueblo.   Se dice que alguien encontró la entrada, que un cerdo se metió dentro y que apareció comido por los mosquitos y murciélagos. Lo dice Domínguez Moreno y lo corroboro yo, que pasé varias noches de mi infancia sin dormir pensando en el dichoso túnel-caníbal y sus mosquitos come-ojos.

 

 

Seguro que también han tenido pesadillas algunos zagales de El Risco, donde se habla del Pozo de los Moros, que los lugareños afirman que fue construido por los agarenos y atraviesa sierras y montes, hasta llegar al río. Los más ancianos cuentan como introdujeron un perro y este salió sin pelo y sin rabo a causa de los mosquitos.

 

Hay quien asegura que las morunas llegan hasta Granadilla (Fotografía: JImber)

Pero estas galerías no siempre son siniestras. A veces, “las morunas” sirven para esconder tesoros En   Salvaleón se habla de maravillosos tesoros y ocultos túneles que unen el Risco de Peña Utrera con la Sierra de Monsalud.  Y si los túneles y las cuevas interminables existen… ¿porque no el tesoro?

 

La entrada a la “Cueva del Risco Barbellío”, como dicen los lugareños, es  más bien madriguera, un pequeño agujero que da paso a una especie de corredor de alto techo, a cuyos lados se abren nuevas salas. Muchos en el pueblo, cuentan cómo en sus correrías infantiles se metían en la cueva, entraban en esas salas y proseguían por nuevas galerías que no parecían tener más fin que el sugerido por la propia prudencia, ya que los testimonios recogen la existencia de una compleja red de pasillos y salas que en la actualidad han sido obstruidos por las rocas. Sigue, sólido y firme, de este a oeste, la galería principal, que lleva a una gran sala con un pequeño pozo en su interior que obliga a extremar la precaución. Un pozo que es el resultado de un sueño y de un tesoro cuya realidad desconocemos.

 

A mediados de los noventa, quizás antes, un lugareño, que después emigró, soñó la existencia de un maravilloso tesoro enterrado en la cueva. Ni corto ni perezoso, excavó en su búsqueda. Si encontró el tesoro es una incógnita que alimenta las habladurías. Como las propias morunas.

 

 

 

 

 

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La extremeña Mesa del Rey Salomón
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Israel J. Espino | 19-07-2012 | 5:37| 6

Ilustración: Borja González Hoyos

Uno de los legendarios tesoros desaparecidos en Extremadura es ni más ni menos que parte del Tesoro del Templo de Jerusalén, que al parecer llegó hasta Mérida para desaparecer después en el polvo de los tiempos. Cuenta el geógrafo árabe Al-Himyari, en el 1461 que un día en que se entretenían en presencia de la Reina Marida, con la belleza de la ciudad y los soberbios mármoles que había en ella,  Hisam b. Abd al-Aziz comenzó a narrar una curiosa historia:

 

 “Yo era muy aficionado a los mármoles cuando era gobernador de Mérida. Me puse a coleccionar los que había aún en ella para llevarme los que me pareciesen más  hermosos. Un día en que estaba paseando por la ciudad, mi vista se clavó en una losa de mármol fija en la  muralla. Era de tal pureza que, al verla, la hubiera tomado por un bloque de piedras preciosas.

...el anciano lloró durante un rato... (Fotografía: Jimber)

 

Ordené entonces que arrancaran aquella losa, cosa que consiguieron no sin esfuerzo. Cunado fue depositada en el suelo, se dieron cuenta de que llevaba una inscripción en lengua no árabe. Reuní para que la descifrasen a los cristianos que se hallaban en Mérida. Estos opinaron que  solamente un personaje extranjero que me nombraron y que ellos respetaban, podría traducir la inscripción. Mandé un emisario a buscarlo y me trajo un anciano decrépito y encorvado por los años. Cuando se hubo colocado la piedra ante él, sus ojos llenáronse de lágrimas y lloró durante un buen rato. Después me dijo: Es un acta que concede el derecho de saquear libremente a las gentes de Jerusalén, a todo aquel que construya quince codos de esta muralla”.

 

Y, en efecto, cuenta Al-Razi que durante la conquista de Al-Andalus, se encontró en una iglesia de Mérida la parte que correspondía a los habitantes de esta ciudad sobre los tesoros de la Ciudad Santa, conseguidos durante el saqueo de Jerusalén por Nabucodonosor. Isban, rey de Al-Andalus, entre otros, había tomado parte en este saqueo a la cabeza de sus tropas y su lote de botín comprendía objetos preciosos y otras cosas llevadas a Mérida.

 

Entre estos tesoros se hallaba, según citan todos los eruditos árabes, una misteriosa “piedra de luz”, la “alquila”, que alumbraba la iglesia en la que se guardaba sin necesidad de lámparas, un cántaro de aljófar lleno de perlas que fue entregado al Califa de Damasco, y después a su sucesor Suleyman, quien la colocó en la mezquita junto a la llamada Mesa de Salomón de esmeraldas y piedras preciosas, también procedente de Mérida.

 

Las crónicas cuentan que un ermitaño que había años después de la conquista en una de las iglesias de Mérida aún abiertas al culto cristiano, narraba que cuando los árabes entraron en la ciudad, se llevaron una piedra que hallaron puesta debajo de un crucifijo, que esparcía tal claridad que se podía rezar las horas canónicas sin otra luz que la esparcida por ella.

 En cuanto a la legendaria mesa, hay tantas descripciones como cronistas del mito. Según el Ajbar Machmua, una crónica bereber del siglo XI, es una mesa «cuyos bordes y pies, en número de 365, eran de esmeralda verde» y Al-Macin asegura que estaba «compuesta por una mezcla de oro y de plata con tres cenefas de perlas».

 

 

Salomón al parecer inscribió en ella el nombre de Dios, es decir, el “Nombre del Poder” o Shem Shemaforash. Este nombre es un tabú que no se debe pronunciar ya que permite al que lo pronuncia poseer el poder de la creación. Es el nombre que utilizó Dios para crear el Universo. Como no podía ser pronunciado, ni tampoco ser escrito, el nombre de Dios no estaba grabado directamente en la mesa sino que estaba oculto a modo de algún tipo de acertijo o jeroglífico que permitía descifrar el “Nombre del Poder” pero sin escribirlo.

 

Ah! Olvidaba decir que según la tradición La Mesa de Salomón dará a su propietario el conocimiento absoluto… Aunque también se afirma que el día que sea hallada el fin del mundo estará próximo.

 

Así que, tal y como está el patio, no le extrañe que mañana nos la encontremos en cualquier excavación, sótano o mercadillo. Por listos.

 

 

 

 

 

 

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El brujo de Don Benito
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Israel J. Espino | 16-07-2012 | 11:26| 6

 

Ilustración: Borja González Hoyos

En estos días en los que más de uno piensa que algunos políticos son de la piel del diablo he recordado las andanzas de un brujo de nuestra tierra que llegó a concejal.

 Se llamaba Manuel García Ruiz, pero era más conocido como “El Brujo de Don Benito”,  y llegó a ser famoso a finales del siglo XVIII en toda Extremadura. Publio Hurtado nos habla en 1902 de sus orígenes humildes, y de cómo desde corta edad manifestó estar dotado de una gran astucia y se propuso hacerse rico a costa de la credulidad de las personas. Y lo consiguió por triplicado: se ordenó sacerdote,  llegó a ser rico y fue elegido concejal del Ayuntamiento de su pueblo.

 Su fama traspasa las fronteras de Don Benito y se extiende desde Trujillo a   Almendralejo, desde Logrosán a Mérida. A su casa peregrinan lugareños de La Haba y de Medellín , de Rena y de Magacela, de Villanueva y Miajadas,  de Villagonzalo y Montánchez. En el más pequeño villorrio se cantan sus prodigios y se aderezan sus poderes sobrenaturales con leyendas.

 

Si a un ganadero se le extravía un animal acude a casa de El Brujo”, que le dice exactamente el lugar donde se encuentra la vaca, la cabra o la oveja. Tiene tarifa fija-variable (como los bancos): cobra por cada recuperación el diez por ciento del valor que tiene el animal perdido.

 

Pero “El brujo” no solo se encarga de cerdos y vacas. Cuando los médicos dicen que un paciente no tiene remedio para la ciencia, “El Brujo” actúa devolviendo la salud al desahuciado.

Hay veces que el enfermo está tan débil que no puede llegar hasta la consulta de El Brujo. No problem. Basta con que un alma caritativa le lleve a “El Brujo” alguna prenda y el artista diagnostica certeramente y prescribe el remedio oportuno. Es sabido que cobra bastante si el enfermo tiene dinero, pero también es cierto que la gente lo paga, porque ya se sabe que en Extremadura nadie quiere ser el más rico del cementerio.

 

 

Para predecir el lugar donde se encuentra el animal desaparecido y para sus famosas curaciones monta un espectáculo digno de película de serie B:

“… el altar, la calavera, las velas encendidas, la indumentaria sacerdotal extraña de que se adornaba, mezcla de católica y egipcia, con mitra y casulla pintarrajeada de animales y jeroglíficos; y todo para echar bendiciones y mascullar jaculatorias, ya en latín, ya en castellano, pero que sólo él entendía”.

 

Pero un día se le va la mano a la hora de recetar un fármaco casero a una señora de Almoharín,  María Castro Palomino, que muere a la tercera “píldora mágica” que se traga. “El Brujo” es procesado y encarcelado en 1893.

 

Sin poderes para salvarse, en 1899, siete años más tarde (“número mágico”, que diría el condenado), muere El Brujo de Don Benito, tras una trayectoria digna de una estrella. Fugaz.

 

 

 

 

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Sirenas de agua dulce
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Israel J. Espino | 13-07-2012 | 5:03| 6

 

Ilustración: Borja González Hoyos

Si alguien piensa que Extremadura no tiene sirenas por no tener mar se equivoca. Extremadura es la región con más kilómetros de costa (dulce, eso si) de España, y nuestra mitología está repleta de preciosas mujeres con cola de pez que embrujan con su melodiosa voz y sus largos cabellos a los incautos que osan acercarse a sus territorios acuáticos.

 

Y no solo tenemos sirenas, sino que tenemos a la madre de todas las sirenas. Que digo a la madre… ¡a la abuela de todas ellas! Porque 2000 años a.C.  alguien  vio una en el Tajo. O la soñó. Y la dibujó. Y aún se conserva esa pintura rupestre en una covacha de las escarpadas rocas de lo que hoy es un Parque Natural. Es la Sirena de Monfragüe.  

 

Y fíjense si tendremos sirenas en Extremadura que hasta una comarca recibe el nombre de una de ellas, porque cuenta la leyenda que La Serena se llama así por una bella criatura mitológica que nadaba a sus anchas por estas tierras.

 

Villanueva de la Serena, según afirma la leyenda, recibe el nombre de una deformación de “Villanueva de la Sirena”. Y es que al parecer, un ejemplar de esta bella criatura vivía en los remansos del río, junto al castillo de la Encomienda, antes árabe Mojáfar y también llamado de Castilnovo.

 

Destaca en ella, como en toda sirena que se precie,  el atractivo que su hermosa voz ejerce sobre quienes, en el silencio de las noches apacibles, tienen ocasión de oírla cantar acompañándose de algún instrumento. Antonio Agadez afirma que esta criatura tiene

 

“cuerpo de diosa, cara de luna, tez de alabastro, verdes los ojos, las manos blancas…voz melodiosa y andar de reina que cautivaba a los más garridos mozos, entre ellos un conde de Castilnovo, que atraídos por sus encantos, y hechizados ante la imagen que mostraba el espejo de las aguas, morían de amor”.

 

Aún puede verla, quien quiera, en el escudo que se encuentra en el ayuntamiento y en la estatua que, como símbolo de la ciudad, se erige entre el agua y el cielo en  el parque de la Constitución.

 

Otra que tal canta es la Sirena de Usagre, conocida como La Cantamora, bella agarena enamorada del consabido cristiano al que su padre, alcaide de la fortaleza, ordena dar muerte. La desdichada se arroja entonces a la fuente de La Luná, se abren las aguas y se tragan a la bella mora, que desde entonces se ve convertida en sirena y condenada a emerger de la piedra  cada  noche de San Blas, cuando el agua del manantial sirve de espejo a la luna,  y acicalarse en la fuente entonando dulces canciones, mientras peina sus cabellos con peines de plata, marfil y coral.

 

Pero La Cantamora no está sola. Dos toros negros la acompañan en su salida anual, y se asegura que quien la ve, muere indefectiblemente.

 

 

Y si alguien piensa que es difícil que una sirena viva en una fuente, que no se extrañe, porque la de Usagre no es la única. Cristóbal Cansado y Antonio Gómez recogen testimonios en Talavera la Real que afirman que en la Fuente Vieja o Fuente del Caballo,  vivía una hermosa sirena, que salía al caer la tarde  a cantar.

 

Incluso había campesinos que agradecidos, por que la sirena les había regado sus huertas durante la noche, le dejaban en el brocal de la fuente pescado para que se alimentara. Y comprobaban a la mañana siguiente que sólo quedaban las espinas.

 

Los lugareños aún recuerdan como las mujeres embarazadas, acudían todos los días, al atardecer, “a tirarle la piedra a la sirena”. Y aún en los años cuarenta y cincuenta era frecuente que niños y niñas se acercaran a la fuente, cuando el sol comenzaba a esconderse, para intentar vislumbrar a la sirena.

En Garrovillas de Alconétar también tienen su sirena (Fotografía: Jimber)

 

Desconozco el origen de la sirena talaverana, pero es bien sabido que la maldición es la forma más fácil de convertirse en medio pez, y por encima de todas las maldiciones está la que realiza una madre. Eso fue lo que le ocurrió a la sirena de Garrovillas.

 

Afirma Moises Marcos de Sande que una joven del pueblo fue condenada por su madre a permanecer en el agua, transformada en pez, por “un quítame allá esos novios”. La antaño casquivana joven emerge aún hoy en las claras noches de luna a la superficie, con hermosa cabeza, cuerpo de escamas y cola de pez, atrayendo a los pescadores que se precipitan a las aguas atraidos por su belleza, pereciendo ahogados.

 

Las Hurdes, tierra de sirenas (Fotografía: Jimber)

Nadando hacia el norte llegamos a Las Hurdes, donde según cuenta Flores del Manzano,  una mañana de San Juan  se apareció una “serena” en el Charco Joyón, en el término de Caminomorisco, del que se dice que comunica con el mar.

 La Dama se peina y canta, y con su voz melodiosa hechiza a un pastor que la contempla. La “serena” se vuelve, increpando al desdichado:

 Como ya me descubriste

Tienes los dias contados

Que soy la mitad mujer

Y soy la mitad pescado

 

En el momento en que pronuncia estas palabras, se produce una tremenda explosión, y lo que era un simple arroyo se convierte en un río caudaloso y torrencial que arrampla con todo lo que encuentra a su paso.

 

Sin salir de la comarca, pero adentrándonos en los inicios del siglo XX se habla sin parar de la extraña sirena que se deja ver en las cercanías del poblado de Aceitunilla, conocida como “La sirena de la Pesga”, mucho menos romántica pero más enigmática que todas las anteriores.

 

Iker Jiménez localiza y entrevista a finales del siglo XX al hijo de un observador de excepción  de esta enigmática criatura, Pedro Martín, quien, a mediados de los años treinta se la encuentra de bruces mientras se baña en laguna de La Madroñosa.

 

Al nadar hacia la orilla nota un escalofrío que lo deja medio paralizado. Saliendo al exterior, a unos diez metros de donde se encuentra, aparece una criatura semejante a un anfibio de color cenizo con aletas a medio formar y una larga cola gruesa que se mueve  de izquierda a derecha sumergida en las cristalinas aguas.

 

A Pedro se le hiela la sangre cuando observa que el extraño ser tiene una cara humana totalmente deformada, muy plana, “pero con mirada triste de persona en ese cuerpo de animal”.Fue el último avistamiento de un ser que muchos juraron haber visto desde el año 1920 en las aguas de la zona.

 

No debería extrañarnos, porque ya en 1850 el exagerado de Borrow, en “La Biblia de España”, declaraba refiriéndose a Las Hurdes:

 

“No hay tierra tan fascinante como esta. Tiene sus secretos y sus misterios. Muchos son los que se perdieron en ella y no ha vuelto a saberse nada de su paradero. Existen profundas lagunas habitadas por monstruos…”

 

No era para tanto. Pero el encanto de lo secreto no lo ha perdido. Como las sirenas extremeñas.

 

 

 

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Extremeniños: El sexo de los angelitos
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Israel J. Espino | 10-07-2012 | 12:28| 6

Ilustración: Jimber

Habíamos dejado a las extremeñas que querían concebir bebiendo caldo de araña, entre otras exquisiteces preferranadrianas y damos por supuesto que, después de tentar a la suerte en las piedras caballeras y bañarse a la luz de la luna, han conseguido su propósito.

 Tenemos, pues, a la moza, preñada o a punto de preñarse, y ahora hay que pensar si tenemos preferencias en el sexo de la criatura. No problem. Si queremos concebir un hijo varón hay que procrear sólo en cuarto creciente y en cuarto menguante, y recostándose el hombre sobre el lado derecho. Niño al canto o marido herniado, no falla.

 Afirma Domínguez Moreno que en Gargantilla y Jarilla la embarazada tiene que comer la corteza de pan si lo que desea es traer al mundo un niño, y la miga si lo que quiere es niña..

En Garrovillas para tener un niño hay que comer mucho pepino... (Fotografía: Jimber)

 Más lógico es que en Alía, Santibáñez el Alto, Zorita, Abadía, Granja de Granadilla y Garrovillas la embarazada, ya desde los primeros momentos y siempre que desee el nacimiento de un varón, incluya en su dieta alimentos a los que el pueblo les atribuye sexo masculino, tales como pepinos, zanahorias, nabos y huevos, tomándolos en ayunas y sin condimento de ninguna clase.

En algunos núcleos de la Sierra de Gata la gestante bebía incluso sangre de toro cuando deseaba tener un niño, ¿hay algo más macho?

 En Plasencia la embarazada que quiere un varón lo primero que tiene que hacer al levantarse cada mañana es dar unos golpes con la mano del almirez dentro del cuenco. Pero en caso de que busca es tener una hija la operación había de ser la opuesta: el cuenco golpeará la mano del almirez.

 El sonido es lo que cuenta en Cerezo. El investigador Domínguez Moreno afirma que la embarazada tiene que poner un cencerro a una vaca o carnero de su propiedad. Si se busca una niña hay que atascar el instrumento con telas o hierbas para que no toque. Pero si lo que desea es un hijo hay que dejar el campanillo libre de estorbos para que toque al moverse el animal. Obligatorio es que el cencerro esté colgado hasta el día del parto.

En Albalá, si se quiere niña, hay que meterse en casa antes de la puesta de sol (Fotografía: Jimber)

En Ceclavín y Torremocha tienen un método más cansino: la mujer en estado que busque el nacimiento de un niño tiene que descalzarse primero el pie derecho cuando vaya a dormir y, al levantarse, tiene que ponerse en primer lugar ese mismo zapato. En caso de no hacerlo así durante toda la gestación, ya sabe que su parto dará al mundo una hembra.

 En Albalá la cosa resulta menos complicada. Para tener una niña basta con que las gestantes se metan en casa todos los sábados antes de la puesta del sol. No sabemos si funciona, pero al menos el marido estará tranquilo, y la preñada, recogida.

Algo es algo.

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Sobre el autor Israel J. Espino
Periodista especializada en antropología Entre dioses y monstruos http://extremadurasecreta.com/

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