Hoy

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Autor: Alista
El temible llanto de la bastarda
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Israel J. Espino | 18-04-2016 | 12:09| 6

Ilustración: Borja González Hoyos

Era una cálida noche de verano. La luna llena iluminaba los campos de la comarca de Alcántara como si una extraño velo cubriese los contornos de los montes, los árboles y las rocas. Avanzábamos siguiendo la ruta de los bandoleros, bordeando una laguna en la que chapoteaban peces nocturnos y anfibios insomnes. A lo lejos, Brozas dormía.

Avanzábamos por un sendero de tierra que serpenteaba como una cinta amarillenta entre la hierba crecida y agostada cuando algo reptante hizo que la maleza temblase.  Intranquila, le pregunté al guía si había serpientes grandes por la zona.

–       Bastardas- contestó.

Bastardas. Un nombre que a mucha gente en Extremadura aún  le pone los pelos de punta. Un nombre en el que se funde lo real y lo legendario, el respeto y el miedo. A la culebra bastarda o Malpolon monspessulanus también le llaman “La Bicha”, y es fácil encontrarla en los campos extremeños. Tiene aspecto fiero y desafiante, una mirada  penetrante con la que se cree que hipnotiza a sus víctimas, un tamaño considerable del que se afirma que aumenta aún más al interceptar a sus víctimas elevándose sobre su cola cuando va a atacar, y la mala costumbre de mamar leche de vacas, cabras y mujeres, como ya hemos contado en otros artículos.

Cuentan en Las Hurdes como el «culebrón» (como también se le conoce) es capaz de emitir ciertos sonidos chirriantes para llamar la atención de sus presas. Algunos cazadores de la zona  afirman incluso que es “como un niño cuando llora”. «El llanto de la bastarda» es como llaman a la lúgubre sintonía que efectúa “La Bicha” momentos antes de plantarse frente a su enemigo.

La penetrante mirada de la bastarda (Jimber)

Escamosa y de tonalidad marrón verdosa, cuentan que utilizar su robusta cola como fatal látigo con el que llega a golpear a algunas de sus víctimas hasta matarlas. El periodista Iker Jimenez recogió algunos casos en Las Hurdes de niños atacados por la bastarda de este terrible modo, como en El Cabezo, donde  se narra la historia de un bebé al que el reptil dio muerte tras un momento de descuido de la madre.

La leyenda afirma incluso que la bastarda tiene cerdas en el lomo y pelos en la cabeza, lo que, junto a  la portentosa fuerza de su cola, la pueden emparentar  con la Caragontía de Montánchez  y hasta con el cuélebre asturiano.

Y como siempre, hay quien saca partido hasta de lo más legendario. El historiador José María Domínguez Moreno me contaba hace poco cómo una mujer de Ahigal, a la que los muchachos le robaban las habas, pregonó a los cuatro vientos que había visto en su huerto una serpiente de ni se sabe cuántos metros, provista de una exagerada melena. El bulo fue reiterado por los hortelanos vecinos. Desde aquel momento los habares del entorno quedaron libres de las rapiñas infantiles.

 

Para protegerse de la bastarda afirma el pueblo que no hay más remedio que rezar el «responso del viborón», y para la mordedura , la «limpia del alacrán», un remedio utilizado desde hace siglos en Casares y Ladrillar, y que se efectúa rozando un escorpión sobre la zona mordida por la bicha, mientras se reza la consabida plegaria.

La bastarda, entre la realidad y la leyenda (Jimber)

Y es que, además del tamaño, a “la bicha” se la teme por su veneno, aumentado por la leyenda y por la tradición oral. El investigador hurdanófilo Félix Barroso recoge la historia de un pueblo, ya abandonado llamado La Rocasqueru donde, en una poza del rio, vivía una anguila que mantenía relaciones con un bastardo. Cuando la anguila alcanzo un peso considerable, los vecinos decidieron comérsela, y como no sería de grande que hubo anguila para todos. Todos comieron menos el sabio del pueblo,  el Tío Godencio, un zajoril que nació con una cruz debajo de la lengua y que hablo en el vientre de su madre antes de nacer.

El Tío Godencio intentó detener a sus vecinos, convenciéndolos de que la anguila, al tener relaciones con el bastardo, se había contaminado de su veneno, pero nadie le hizo caso y siguieron comiendo. Todos murieron envenenados, y el Tío Godencio se convirtió en el único dueño del pueblo.  Un pueblo fantasma, eso sí, que decidió donar a quien mejor lo trató luego. Pero eso es otra historia que ya contaremos en otra ocasión…

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Las Sociedades de Tesoros, un negocio arriesgado
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Israel J. Espino | 06-04-2016 | 11:08| 6

Ilustración: Borja González Hoyos

Seguro que pocos de ustedes saben que, entre las sociedades en las que uno podía invertir en el siglo XIX en Extremadura se encontraban algunas Sociedades de Tesoros.

El funcionamiento era fácil: cada uno de los socios se comprometía en aportar aquello que pudiese: dinero para la intendencia, especies para la búsqueda, el mapa del tesoro o la mano de obra para estar cavando durante días e incluso meses. Y empezaba la aventura. Si encontraban el tesoro, se repartía y ganaban todos. Si no se hallaba nada (que solía ser lo más habitual, todo hay que decirlo) todos perdían.

Una de estas primeras sociedades tuvo su sede en Herrera del Duque allá por 1843. Rebuscando entre las ruinas del Castello Velho tropezaron los pastores con ciertos cacharros romanos que enseñaron en el pueblo, en el que rápidamente se creó una sociedad entre varios vecinos que estaban convencidos de encontrar fácilmente “un gran depósito de oro y pedrería”. No hallaron oro ni piedras preciosas, aunque sí restos arqueológicos a los que no dieron excesiva importancia.

Según nos cuenta el cronista extremeño Vicente Barrantes,  en 1878 surge otro grupo en Gata, en torno a un visionario que prometió el hallazgo de un tesoro arrojando al aire dos varitas de avellano cortadas la víspera de San Juan a la medianoche en punto. Cayeron estas en forma de cruz en el lugar donde se encuentra un enorme peñón, y allí mismo comenzaron las excavaciones con nulo resultado, ya que tuvieron que abandonarlas a la carrera cuando la enorme mole de  piedra estaba a punto de desplomarse  sobre los trabajadores, ocasionando desgracias en lugar de fortunas.

Las galerías subterráneas siempre han despertado la imaginación del pueblo (Jimber)

No había pasado ni una década cuando, entre los años 1884 y 1885 se creó una sociedad de lugareños de Villasbuenas de Gatadispuesta a encontrar de una vez por todas el gran tesoro enterrado en el paraje conocido con el evocador nombre de El Púlpito de los Lobos. Se contaba que allí había una bóveda subterránea a dos varas del suelo, sostenidas por cuatro enormes estatuas de reyes de oro macizo.

La recién nacida sociedad contrató, para localizar el tesoro, a un zahorí, quien señaló el lugar exacto donde estaba enterrado, pero subrayando empecinadamente que nadie dudase de la existencia del tesoro, ya que cada vez que alguien albergara la más mínima duda, el tesoro se hundiría un poco más.

Tras excavar cuatro metros no hallaron nada, achacándolo todos a que alguno de ellos había dudado en algún momento de la existencia del tesoro. Al no saberse quién era el culpable, se desató una terrible batalla campal en la que todos desconfiaban de todos. Hubo peleas con navajas y palos, y el asunto terminó nada menos que en un proceso judicial en la Audiencia de Plasencia.

El castillo de Miramontes, en Azuaga, cuna legendaria de tesoros sin cuento (Ángel Briz)

Pero el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y más si la piedra  es de un castillo en ruinas. Vicente Barrantes cuenta que en el último tercio del siglo XIX, se formó una sociedad de treinta aficionados en las ruinas del castillo de Miramontes, en Azuaga, “donde se asegura existir galerías subterráneas, que el vulgo supone llena de tesoros y acaso lo serán de objetos antiguos”.

Y es que este castillo siempre se ha visto rodeado por la leyenda de tesoros ocultos, y ya en el siglo XX Jose Romero Romero (alias Heliotropo) periodista de la localidad, recogía  en 1933, en el diario La Libertad,  como se desarrollaban en el castillo excavaciones particulares de otra sociedad de tesoros, “con la intención de descubrir algunas riquezas de las que se aseguran se encuentran sepultadas en aquellas ruinas”.

Dirigía estos trabajos una tal Faustino Ortiz Gallardo, un viejecito bajito y canoso que cobraba 10 céntimos la entrada a las excavaciones para ver los “descubrimientos” y poder autofinanciar la búsqueda de los tesoros. Los trabajos habían comenzado el 30 de mayo, y poco a poco, todos aquellos “socios” que aportaban a la sociedad la mano de obra, se habían cansado de trabajar sin frutos y se habían marchado. Otros llegaron a  probar suerte y también abandonaron, y al cabo de un año hasta el pobre Faustino tuvo que abandonar pesaroso la búsqueda del tesoro de Miramontes.

Extraños ladrillos con indescifrables inscripciones, varias monedas de cobre, dos figuritas con la efigie de reina o virgen y tres grapas de oro fue lo único que consiguieron arrancarle al subsuelo del castillo. Desde entonces se sospecha que el tesoro del castillo de Miramontes sigue esperando al valiente que horade sus entrañas y aguante el envite a través del tiempo, soportando entre sus muros derruidos el sol de agosto,  la lluvia de octubre y la helada de enero. Como sus mismas piedras.

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El Mágico Valle del Jerte: La leyenda de la princesa triste y los cerezos en flor
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Israel J. Espino | 02-04-2016 | 10:19| 6


Ya está el mágico Valle de El Jerte, pródigo en duendes, duendas, encantamientos y tesoros, cubierto con un manto blanco de flores  de cerezo. Dos millones de árboles en flor explosionando y derramándose en terrazas que anuncian la llegada de la primavera. Meses después, el blanco se tornará rojo sangre y surgirá entre sus ramas la Picota del Jerte,  un cultivo autóctono del Valle que solo se producen en esta zona.

 

La historia nos cuenta que el cultivo del cerezo comenzó a generalizarse en esta zona a partir del siglo XVIII, debido a un simple afán de supervivencia, ya que el árbol autóctono de la zona era el castaño. Pero quisieron los dioses que una plaga acabara con ellos, y se produjo  la consolidación del cerezo. Pero un paisaje de esta belleza no podía conformarse con una historia tan banal, y el pueblo no tardó en crear una leyenda romántica alrededor de la llegada del cerezo.

 

Hay quien habla de un zar ruso. Otros de un jeque árabe. Pero todos lo imaginan enamorado de una hermosa mujer de un lejano país del norte de Europa, donde la nieve cubría de un manto blanco los paisajes invernales.  Los amantes deciden vivir en el Valle, donde, a pesar de la belleza de sus ríos y montes, más que el blanco abunda el verde. La esposa, aunque enamorada de su marido, siente melancolía por los paisajes nevados de su tierra, y sus ojos reflejaban siempre una cierta  tristeza. Hasta que un día su amado, decidido a hacerla feliz, le promete que si es necesario, él traerá la nieve al Jerte.

La flor del cerezo, pétalos de nieve (Jimber)

Pensó y pensó en la forma de poder cumplir lo que había prometido, hasta que se le ocurrió una idea… Ordenó plantar cerezos por todo el valle, a sabiendas de que la flor del cerezo es blanca. Cuando llegó la primavera todos aquellos árboles florecieron y vistieron sus ramas de pétalos blancos. Llevó a su amada hasta un lugar desde donde podía verse todo el valle y observó el resultado de su esfuerzo: Había conseguido que, al menos unos días al año, ella pudiera ver su nueva tierra cubierta de nieve.

El Valle del Jerte se tiñe de blanco (Jimber)

Envuelta en esta leyenda se celebra todos los años laFiesta del Cerezo en Flor, convertida ahora en una celebración popular que trata de reflejar la vida de toda una comarca, tanto del pasado como del presente. La fiesta se convierte así en un escaparate de la cultura jerteña, de su gastronomía, de sus tradiciones y  de su  forma de vida.

Abren sus puertas las bodegas, las fraguas y los lagares, que durante unos días son recuperan los oficios de siglos pasados, los animales domésticos y totémicos se engalanan con cintas de colores, y las casas abren sus puertas para mostrar cómo vivían sus ancestros en un pasado no muy lejano.

Los animales se engalanan con cintas de colores... (Jimber)

El blanco cubre por fin las cumbres y los valles. La primavera ha llenado de espuma las copas de los árboles. El agua fluye cantarina en los saltos y cascadas, el sol comienza  a calentar los campos, y cuentan que si se acerca bien la oreja a los troncos de los árboles, se escucha su savia susurrando, un año más, que estamos vivos.

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El castillo de Marmionda: Leyendas de pasión, sangre… y gallinas
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Israel J. Espino | 27-03-2016 | 4:49| 6

Ilustración: Borja González Hoyos

En lo alto del pueblo de Portezuelo, en la provincia de Cáceres, se alzan los restos de una fortaleza árabe cuyos muros guardan una trágica historia de amor. La leyenda se sitúa tras la muerte de Almanzor, cuando finaliza la grandeza del califato de Córdoba y comienzan los reinos de Taifas y las escaramuzas continúas.

Los vecinos de Portezuelo cuentan que la fortaleza tenía un alcaide famoso en toda la zona, más que por sus éxitos guerreros, por su bella, hija, la hermosa Marmionda, enamorada de un capitán cristiano que guerreaba contra las tropas de su padre.

Correspondida en su amor por el capitán cristiano, los enamorados elucubran la manera de pasar la vida juntos, hasta que un mal día,  durante una batalla, Marmionda cree ver, desde sus habitaciones, como su amado cae muerto a los pies del cerro, y no pudiendo soportar el dolor,  se arroja por los ventanales de su aposento, con tal fuerza que su cuerpo, rodando, va a caer junto a la roca donde yace su amado.

Pero el caballero no está muerto, solo inconsciente, así que cuando recobra el sentido se encuentra  a sus pies el cadáver de la bella  Marmionda. Al darse cuenta de la crueldad del destino, el capitán se atraviesa con su propia espada y muere junto a su amada, mezclándose la sangre de ambos en un arroyo carmesí.

Sin embargo, no solo de tragedias y amores se alimentan las piedras del castillo de Portezuelo. También sus paredes esconden tesoros legendarios, como aseguran los viejos adagios que aún hoy recitan los más ancianos lugareños:

“Castillo de Marmionda,

si una gallina escarbara,

cuanto oro y platería

en tus muros encontrara…!”

El castillo de Marmionda, en Portezuelo (Ángel Briz)

Sembrada de tesoros está la zona. En Portezuelo, además del legendario Castillo árabe de Marmionda, gozan de la posesión en su término de la finca de Macailla o Macaela, donde hay enterradas grandes ollas repletas de monedas y alhajas, al parecer escondidas ante la invasión árabe. Una gallina marca el lugar exacto del tesoro, y la coplilla así lo confirma:

 

Macaela, Macaela,

¡cuánto oro y plata en ti queda!

Si una gallina escarbara,

¡cuánto oro y plata en ti hallara!

Los gallos y las gallinas descubren tesoros (Jimber)

Es cierto que hoy los lugareños no tienen fe en dar con las susodichas riquezas por la sencilla razón de que ya hace muchos años pasaron a un boticario de Torrejoncillo, que hasta ese lugar de la Macailla acudió una noche de luna llena con todo un gallinero. Las gallinas se encargaron de poner al descubierto todo el oro y la plata, como reza el dicho que con cierto aire de resignación o desencanto también se escucha en Portezuelo como broche a los versos anteriores:

Y una gallina escarbó,

¡y el tesoro que encontró!

Y a pesar de todo, se afirma que alrededor del castillo  aún queda oro para rato… Será cuestión de buscar.

 

 

 

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El cementerio de Talaván: Los Ángeles Malos, la Dama Momia y el Hombre Gato
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Israel J. Espino | 06-03-2016 | 10:19| 6

 


Los ángeles malos de Talaván (Altea Wiegand)

 

 

La niebla amenaza con no irse nunca y borrarlo todo. El cielo, encapotado, descarga incesante una fina lluvia que empapa sin ruido los campos verdes, las ovejas mansas, los caminos de tierra. El viejo cementerio del pueblo cacereño de Talaván da miedo. O al menos, respeto. Allí nos dirigimos, siguiendo los pasos que nuestros intrépidos compañeros Lorenzos  (Sergio Lorenzo y Lorenzo Cordero), andaros hace ya años.

 

Nosotros ya no tuvimos que escalar el muro, porque está caído en una parte, aunque sí nos adentrarnos en una pequeña selva hasta llegar a las ruinas de la ermita de este singular cementerio que lleva abandonado casi un siglo. La Ermita del Santo Cristo fue utilizada como camposanto hasta 1928, quedando abandonada y en proceso de ruina desde entonces.

 

Primero, un pasillo de nichos desdentados y abiertos, donde reposaron momias milagrosas. Según me cuenta Epifanio,  un vecino de Talaván, un mal día  una tumba del cementerio apareció abierta, y en el interior, una dama incorrupta que pronto adquirió fama de santa. La Santa del Cementerio recibía  a diario peticiones, rezos y encomiendas, hasta que algún alma caritativa, la familia o la iglesia, decidieron sacar de allí a la cadavérica señora  y enterrarla decentemente en otro lugar.

 

El cementerio viejo de Talaván está a punto de fallecer (Angel Briz)

Enfrente, la pared agujereada en la que aun se observa el estarcido de mitológicos seres con cabellos de querubín y alas, pero provistos de enormes colas enroscadas… Y en un medallón, como vigilando quien se adentra en sus dominios, un  extravagante personaje tocado con bombín y  una extraña y minina sonrisa que recuerda la del gato de Alicia. Pero las maravillas de este país de difuntos no han hecho nada más que empezar.

 El hombre gato del cementerio viejo de Talaván (Angel Briz)

El medallón que mira a levante, sujetado por los extraños seres alados, contiene a su vez una cabeza femenina igual de inquietante que la gatuna,  tocada y envuelta en una capa.

 

Seguimos esquivando zarzas y trozos de lápidas y vemos, al fondo, una cúpula que lleva  años amenazando con caerse, pero que se mantiene ahí de puritito milagro.

 

Y allí, en la cúpula, si levantamos la mirada, los encontramos. Los ángeles malos. Seres alados con mirada amenazante y dientes afilados de piraña. Dientes enrojecidos como el extraño sombrero que llevan sobre sus cabezas. Y bajo ellos, rodeando el ábside, una sentencia en latín:

 

OBLATVS ET QVIA IPSE VOLVIT. ET PECCATA NOSTRA IPSE. PORTAVIT. ESAIE. 53. MARZO.15 DE 1628 AÑOS.

 

(Se ofreció porque quiso. Él mismo cargó con nuestros pecados. Isaías 53.

15 de marzo de 1628)

 

Los ¿ángeles? del cementerio de Talaván (Ángel Briz)

 

Las terroríficas figuras han generado no solo mucho interés, sino también diversas interpretaciones en cuanto a su significado. Mientras que para algunos son “ángeles malos”, otros los relacionan con ánimas del purgatorio, aunque  el que fuera mi  profesor en la universidad, el catedrático Antonio Piñero, (especialista en cristianismo primitivo) señalaba  que son demonios, de acuerdo con el salmo de Isaías. Piñero afirma que cada vez que aparece este salmo  representa luchas contra el demonio, por lo que el dibujo puede tratarse de  un rito apotropaico, es decir, de rechazo o defensa ante un adversario del que posees su esencia al dibujarlo.

 

Otros estudiosos han clasificado a estos  extraños personajes como “réprobos”, es decir,  condenados a la pena eterna,  pero alados en su condición de seres espirituales.

 

Sean como fueren, la cúpula en la que habitan no resistirá en pie mucho tiempo. La ermita se encuentra en peligro de derrumbe. Los ángeles malos de Talaván exigen, desde sus alturas,  una reparación inmediata, y si desoímos sus palabras mereceremos que, al menos, se nos aparezcan en sueños. Avisados quedan.

 

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Sobre el autor Israel J. Espino
Periodista especializada en antropología Entre dioses y monstruos http://extremadurasecreta.com/

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