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Categoría: Seres
El diablo anda suelto en Las Hurdes

Ilustración: Borja González

 

Las Hurdes es una comarca mágica en las que los seres mitológicos, aún hoy, parecen  campar a sus anchas. Algunos, como el Macho Lanú, o las lamias, de los que ya hemos hablado en otra ocasión,  tienen una parte diabólica, aunque sea las patas o los cuernos, pero poca gente sabe que el mismo Diablo (o al menos su arquetipo)  sigue apareciéndose a los extremeños en los intricados valles de esta tierra legendaria.

No es nada nuevo. Ya en   1600 el carmelita Juan Nieremberg en su “Curiosa Philosophiae”, cuenta, refiriéndose a la comarca de las Hurdes,  que:

“Existe en este reino un áspero valle infestado de demonios, un lugar que los pastores creen habitado por salvajes, gente ni vista ni oída de lengua, de usos distintos a los nuestros, que andan desnudos y piensan ser solos en la Tierra. Algún testigo declaró haberles oído voces góticas y otras imposibles de entender.”

De hecho, en las crónicas carmelitanas se han conservado casos de ermitaños luchando con el demonio, y el cronista Padre José de Santa Teresa cuenta el ataque del demonio a un ermitaño.

Hasta México llegaron noticias de la obra del maligno contra los ermitaños de las Batuecas. El carmelita Juan de Jesús María Robles, cuenta en su “Guía Interior”, escrita hacia 1636, algunos casos de obsesión demoniaca en el desierto de las Batuecas desconocidos para los cronistas españoles.

 Y lo espectacular es que el Diablo se sigue apareciendo. En 2013, investigando en Las Hurdes, Luis Guerrero, de Casares, me contaba como su amigo el Tío Juanito venía de Asegur y se sentó, cansado como estaba, en el límite de los pueblos, sobre un guijarro. Encendió el yesquero, prendió el cigarro y de pronto “se le aparece al lado un tío negro, silencioso”. El Tío Juanito lo mira y comprende inmediatamente que no es de este mundo. Arroja al suelo el cigarro recién encendido, y echa a correr hacia el pueblo mientras un estruendo atrona el valle. Sus gritos resuenan en las escarpadas rocas:

 

-       ¡Cabrón!… Es el diabloooo!!!!

La Tía Clementina llegó a ver a dos diablos en una noche (Angel Briz)

 La tía Clementina también me contó, al día siguiente, como ella se encontró no con uno, sino con dos diablos en el valle de Aceitunilla. Negros como la pez, con dos cuernos enormes y ojos como ascuas encendidas. Ella se encomendó a la virgen y a todos los santos y pudo pasar entre ellos. Ahora, a sus casi cien años, asegura convencida que de no haberlo hecho ahora estaría muerta.

Su marido había muerto y Clementina volvía con su hermano Evaristo de Hervás. Era ya la una de la noche. Al llegar a Nuñomoral su hermano le ofreció colchón en su casa, pero Clementina, teniendo a los hijos pequeños durmiendosolos en Aceitunilla, y temiendo que se quemasen porque dormían al lado de la lumbre, decidió subir a pesar de las horas.

Según se sale del pueblo, en el barrio de la Loba, ve en un lombo unas “hogueras de lumbre” en un trozo de olivo.  Clementina me mira a los ojos y recuerda:

- “Llegando a la curva me entraron unos escalofríos por el cuerpo…y me decía el pensamiento: Rece usted el Padrenuestro y la Salve y acuérdese usted de la Virgen de la Peña y del Dios del Cielo, porque la matan esta noche”.

La mujer llevaba una bolsa de ajos en las manos, y en el valle vio “dos hombres, uno a cada lado, con dos cuernos enormes, negros cono la pez… aquello no era cosa buena. Se veían cuatro ojos grandes, y yo decía, ¡Dios mío! ¿Cómo pasaré yo por allí?…”

Clementina rememora y menea la cabeza, como si todavía se estuviese enfrentando a ese dilema:

-           “Yo pase temblando con los ajos en la mano, y cuando pase y llegue a la prensa se me podía torcer la ropa, y salía sudor como si hubiese salido de un charco… Ahí no hay cosa buena, en ese valle…”.

La carretera hacia Aceitunilla, escenario de numerosos encuentros (A. Briz)

Pero no solo Clementina vio al Diablo. Su cuñado Borrajera también lo vio. Fue a hacer carbón y en la Sierra, en la Bodoya, cuando escuchó unos lamentos o ruidos. Sin pensarlo, contestó a las voces. De pronto, un estruendo que iba destrozando las jaras avanzó raudo hasta el. Y apareció un hombre alto, negro como la pez y con dos cuernos, que comenzó a tirarle encima las cepas y el carbón que llevaba. Su cuñado se tapó con el pan que llevaba, y no se atrevió asomar la cabeza hasta que aclaro el día. “El diablo le dijo que no volviese nunca mas a hacerle burlas, y que se libraba porque venía el día”, me contaba Clementina. Su cuñado, al volver, pálido y demudado, contó la historia, enfermó y al poco tiempo murió.

El Tío Cristino de El Gasco también recordaba como a un vecino suyo se le apareció el demonio en una carbonera. Era muy negro y tenía las uñas largas, y no se fue de su lado hasta que amaneció.

El marido de Araceli también se encontró con el diablo (Israel J. Espino)

Son numerosos los encuentros con el demonio en las abruptas y bellas tierras de Las Hurdes. Araceli A. , de Asegur, me confirmaba que había habido muchas personas que habían visto a ese extraño ser. Incluso su marido, cuando venía de enterrar a un hijo suyo, se había encontrado en la carretera de Aceitunilla con luces misteriosas y con “con un tío negro como la pez”. Ella tiene claro que hay momentos en los que es mejor no recorrer los caminos:

-        “Y es que hay horas malas en el día y horas malas en la noche, sabe usted…”

 

 

Asiento con la cabeza ante su sabiduría popular, sin saber realmente cuales son las horas buenas, aunque intuyo las malas…

 Y es que los hurdanos, repletos de sapiencias ancestrales, saben más por viejos que por diablos. Mucho más.

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Santa Eulalia, entre Diosas Antiguas y Damas Blancas

Fue el gran  escritor e investigador Jesús Callejo quien , en una visita a Mérida, me llamó la atención sobre la conexión entre Santa Eulalia y la diosa Cibeles. “Busca las aves” – me dijo misteriosamente… Y allí estaban!

Cibeles es la reina de las aves y Santa Eulalia, como heredera suya, no podía ser menos. En el atrio de Santa Eulalia de Bóveda, en Lugo,  podemos ver dos aves zancudas similares a un avestruz que hacen referencia Cibeles-Rhea, que era representada por un avestruz, el ave conocida de mayor tamaño en la antigüedad. De hecho, estas especies de aves reciben en la actualidad el nombre científico de “rhea”. Y si Cibeles-Rhea es la reina de las aves, los cantos proféticos de las aves nos dan vaticinios en sus santuarios.

En la bóveda de la cripta se encuentra un conjunto mural que representa a las sibilas en forma de aves, entre motivos vegetales estilizados que representan el  pino, árbol sagrado de Attis, semidios del que ya hablamos en otra ocasión .

Eulalia, más que nombre, es un apodo: “La que bien habla”, característica determinante de las Sibilas.Dice la tradición que al morir la santa, salió de su boca una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo. La Santa, que por esa razón es patrona de las aves, ofrecía sus consejos a los demás; lo que enlaza con la imagen pagana de las sibilas.

Santa Eulalia, mártir y diosa (Jimber)

Así, y según afirma el arquitecto Carlos Sanchez Montaña el cristianismo adoptó entre sus creencias a los personajes de las sibilas, presentes en la Biblia, y Santa Eulalia permitió con su leyenda una fácil cristianización de los lugares donde se les rendía culto.

Santa Eulalia también es patrona de Barcelona, y se la venera en la Catedral de la ciudad, donde las aves no aparecen dibujadas ni esculpidas, sino que están vías y coleando, y las ocas, faisanes, codornices y palomas son cuidadas por los sacerdotes y cantan aun hoy sus augurios cada día.

Y para el que quiera verlo más de cerca, solo tiene que acercarse a la puerta menor de Santa Eulalia de Mérida y fijarse en el ornato del dintel: ¡Pájaros esculpidos en la piedra!

Las aves de Santa Eulalia de Mérida (Angel Briz)

Otro detalle: los taurobolium, los sangrientos rituales de toros sacrificados dedicados a  Cibeles que se celebraban en Santa Eulalia de de Bóveda y que el arqueólogo Francisco Javier Heras Moras ha descubierto al lado del templo de Santa Eulalia de Mérida, en el conocido como “Corralón de los Blanes”, decorado, como no, con aves…

“… Un manantial de sangre caliente y humeante desemboca en la estructura inferior a través de infinidad de aberturas por el suelo, como una lluvia de sangre que el sacerdote recibe, dirigiendo su indigno rostro hacia arriba, ensuciando su ropa y todo su cuerpo. Pone sus mejillas en el camino de la sangre, las orejas y los labios, y sus fosas nasales, se lava sus ojos con el líquido,[…] hasta que realmente bebe la sangre que se derrama…

Así describía Prudencio en el siglo IV d.C el  Taurobolium, un sacrificio realizado por los galli, los sacerdotes que atendían los templos de Cibeles. Muchos de ellos eran eunucos, y en algunos casos practicaban la autocastración en una representación real del mito de Cibeles y su amante Atis.

Pero lleguemos a la leyenda cristiana y recordemos que siendo Eulalia una niña de casi trece años, se presentó ingenuamente a las autoridades de Mérida para declararse como cristiana, después de haberse escapado de noche de la casa de campo donde su familia la tenía alejada del peligro de la persecución. Tuvo un comportamiento provocador durante el proceso ante el tribunal y fue martirizada trece veces con hierros y fuego, en el que no faltó el plomo derretido y el aceite hirviendo.

Y es que, según afirma el investigador Juan García Atienza, Santa Eulalia es uno de esos santos que se convirtieron a lo largo de la historia en símbolos casi abstractos de un camino de iniciación. A santa Eulalia le aplicaron prueba tras prueba como se le aplica al neófito en la iniciación,  y de todas salió victoriosa, sin gritos ni quejas, es decir, que supero las pruebas a las que fue sometida incluso muchas de ellas de tipo faquírico, como las llamas que la envolvían y que la santa absorbió saliendo a continuación de su boca una paloma simbolizando su alma,  que voló al cielo. Y hasta se da el caso  de que el cielo envía una señal certificando su santidad, como la célebre nevada que cubrió su cuerpo y apagó, después de su muerte, el efecto de las llamas que la habían quemado.

Otra tradición, más popular y oral, afirma que al ser desnudada una extraña niebla cubrió la ciudad para que nadie pudiera verla. Esta repentina niebla, que suele repetirse todos los años cerca del aniversario de su muerte (el 10 de diciembre) recibe el nombre, aún hoy, de “Nieblas de la Mártir”.

Algunos estudiosos como el profesor Eloy Martos han considerado a Santa Eulalia como un prototipo de Dama Blanca, pues con su culto se particularizó y reavivó este arquetipo que nunca había dejado de rondar por la zona.

Así, el martirio del horno al que fue sometido la joven cristiana se asimilaría al papel de la diosa lusitana Ataecina, cuyo nombre sería de la misma raíz gaélica “odyn”, “horno”, de modo que el horno encendido, el fuego, el aceite hirviendo, el plomo derretido o la cal viva serían símbolos telúricos y ctónicos.

Afirman que probablemente algo tuvo que ver con el culto eulaliense la influencia que en la cuenca media e inferior del Guadiana tuvo la diosa lusitana Ategina (o Ataecina) y su equivalente romano, Proserpina, representada también con un ramo, en asociación igualmente con lo nocturno y lo funerario, resultando, pues, significativo que Santa Eulalia aparezca como un numen asociado a los agrario y a lo funerario.

La diosa Proserpina, por su parte, tiene un lago dedicado a escasos kilómetros de Mérida, un lago en el que se han encontrado maldiciones romanas grabadas en piedra y del que se pensaba que constituía una entrada al otro mundo.

Un mundo legendario en el que el pasado y el presente se hayan entrelazados por los hilos de la mitología.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Exorcistas extremeños del Siglo de Oro

El diablo ha campado a sus anchas en Extremadura desde que empezamos a creer en él. Y aunque podía haberse metido en el cuerpo de cualquier aristócrata, noble u obispazo, le tuvo querencia al pueblo llano y, no pocas veces se introdujo en los pobres cuerpos enjutos y hambrientos de labriegos y pastores y de piadosas mujeres.

Los síntomas de posesión eran, como ahora, unas veces más claros que otros, aunque una vez poseído el cuerpo, según el “Compendium Maleficarum”, publicado en 1608,

“si el demonio se encuentra en la garganta, se siente tan oprimido que parece estrangulado. Si se encuentra en las partes más nobles del cuerpo, como el corazón o los pulmones, produce jadeos, palpitaciones y síncopes. Si está cerca del estómago, produce hipo y vómitos, de modo que no puede tomar alimentos o no puede retenerlos. Y también hace que una especie de bolita pase por el ano, con rugidos y otros ruidos discordantes, y produce gases y calambres en el abdomen. A veces se les distingue por ciertos vapores de azufre u otros gases de olor penetrante”.

Afortunadamente, donde está el diablo no falta un exorcista, y ya el insigne Pedro Ciruelo comenta en su obra “Reprobaciones de las supersticiones y hechicerías” que durante el siglo XVI abundaban, entre otra fauna extraña, los sacadores de espíritus, exorcistas legos, que

«…con ciertos conjuros de palabras ignotas y otras ceremonias de yerbas y sahumerios de muy malos olores, fingen que hacen fuerza al diablo y lo compelen a salir, gastando mucho tiempo en demandas y respuestas con él, a modo de pleito o juicio».

En Valencia de Alcántara vivía "La Canita", exorcista en sus ratos libres (A. Briz)

Una de ellas fue la viuda Leonor Martín, alias “La Canita”, vecina de Valencia de Alcántara, donde era tomada por cristiana vieja y buena, lo que no fue impedimento para que la acusaran de conocer la oración de las palabras retornadas, un remedio que según ella le había enseñado el propio demonio, hablando por boca de un poseído. El mismo diablo, según recoge de los archivos el investigador Fermín Mayorga, le dio el remedio a sus malas artes, ya que le contó que pronunciando las palabras de esta oración, saldría el maligno del cuerpo de poseso.

Otro exorcistas sí estaban ordenados por la iglesia, como Juan Enríquez Guzmán, religioso de la Orden de Santiago y cura párroco de la iglesia de Santa María de Mérida, que por la misma época lanza demonios y al que se le atribuyen grandes virtudes sobrehumanas para los exorcismos.

Apenas un siglo más tarde, en el XVII, y según se puede leer en unos legajos manuscritos del teósofo extremeño Mario Roso de Luna, una jovencita de su pueblo, Logrosán, descubre otras poderosas palabras para expulsar al maligno de los cuerpos humanos. Esta joven (ahora injustamente olvidada), que ingresó monja con el nombre de Sor Mariana de Cristo, tenía el poder de ver a los demonios (que debían de ser pequeños, porque a veces los veía incluso mezclados con las gallinas del convento) y estos le habían descubierto unas “palabras mágicas” que hacían que los seres del infierno se convirtiesen en humo y desapareciesen. Pero el gran Enemigo, que evidentemente no estaba muy contento con el desliz de su tropa, había logrado con sus malas e ignotas artes que la monja las olvidase.

Ni las monjas se libraban del maldito demonio...

Exhortada por su confesor a que las rememorase costase lo que costase, Sor Mariana entró en trance y recordó una por una las palabras para defenderse del poder de las tinieblas del infierno, y triunfante, se las transmitió a su confesor:

-       ¡El divino e increado entendimiento que os crió, os confunda!

El mismo confesor, que es el que nos cuenta los milagros y virtudes de la monja de Logrosán (que terminó siendo priora), aseguraba en sus escritos que tras conocer estas palabras, las había utilizado a menudo y con mucho éxito contra el demonio.

Aunque fue la propia Mariana la que, aprovechando su facultad para ver demonios los exorcizaba, aunque a veces fuese necesario engañar al poseído, como tuvo que hacer una señora del pueblo llamada María, a la que veía asistir a la iglesia “con una gran multitud de enemigos” .

Con engaños, y gracias a la complicidad de una criada, consiguió que entrase en la portería del convento, cerrando la puerta tras ella y diciéndole a la mujer que se acercase.  La tal María, en lugar de acercarse a la monja, empezó a retroceder intentando escapar, y dando un gran grito dijo:

  – ¡Yo no tengo al diablo!

Pero mientras la criada se lanzó a sujetar a la dama, la monja le puso la mano sobre la cabeza, y en ese momento la señora comenzó a contorsionarse y a dar muchísimos gritos, mientras la monja exorcista les hablaba a los demonios y les decía:

-       ¡Eso es lo que quería, que os descubráis y os manifestéis para que os conjuren y se remedie esta alma de tan mala compañía!

 

Con estas escenas en directo, les aseguro que a nuestros antepasados no les hacían ninguna falta las novelas de terror ni las películas de miedo. Y lo peor es que con el paso de los siglos, la cosa no mejoró, se lo aseguró. Pero de posesiones más recientes hablaremos en otra ocasión… Si el Diablo quiere.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La serrana de Monfragüe

 

 

Ilustración: Borja González Hoyos

Pocos extremeños desconocen  las andanzas de nuestra mitológica Serrana de la Vera, pero menos aún son los que conocen los legendarios pasos de otra serrana extremeña, bandolera y asesina, que se enseñoreó de toda la abrupta naturaleza de lo que hoy es el Parque Natural de Monfragüe.

Cuentan las bocas ancianas que esta serrana, apuesta y valiente, era de un pueblo de Ávila, donde al parecer incluso tenía buena hacienda. Habitaba en una cueva  de la “Cuesta de la Serrana”, cerca de lo que más tarde sería Villareal de San Carlos, y se dedicaba a asaltar los carros que transitaban entre Plasencia y Trujillo.

Un mal día, cansados los carreteros de ser robados y malheridos, cuando no asesinados, deciden unirse para atacarla, pero  al verse hostigada  la Serrana decide cambiar su escondite a la otra orilla del río, en una cueva que arranca a los pies del castillo y desemboca junto al Salto del Gitano.

Pero la justicia, que no es tonta, idea un plan para apresarla: apostarse en las dos entradas de la cueva con muchos hombres y armas. Sin salida ninguna, la joven es apresada cuando intenta escapar por El Salto del Gitano. Y se cuenta que cuando exploraron la cueva descubrieron numerosas riquezas atesoradas a base de robos.

Envueltas La Serrana y su cueva en la leyenda, lo cierto es que Villareal  de San Carlos se llama así porque Carlos III la fundó con el propósito de asentar población y acuartelar tropas que combatiesen a todos aquellos bandidos que se habían convertido en amos y señores de aquellas tierras, siendo frecuentes los asaltos y asesinatos a todo el que se atreviese a pasar por ellas.

En esta zona sitúa en el siglo XVIII el historiador Antonio Ponz un total de 28 cruces, todas ellas pertenecientes, según la tradición, a hombres muertos por la Serrana, y que Ponz atribuye simplemente a la acción de los bandoleros, tan abundantes en el lugar.

Los bandidos de Monfragüe robaban y asesinaban a los viajeros (Jimber)

Hoy ya no quedan bandidos valientes ni Serranas apuestas, y solo nos queda de esta legendaria bandolera el Alto y la cueva que llevan su nombre y el recuerdo cada vez más débil de sus andanzas, fagocitado por el tiempo y por la creciente fama de su hermana verata.

Solo los buitres alcanzan a ver la entrada de la cueva de la serrana (Jimber)

Su cueva, alguna vez repleta de riquezas, ha sido cubierta por la vegetación de la zona y lo escarpado del terreno, y solo los buitres que sobrevuelan el Tajo alcanzar a ver, desde lo alto, las entradas secretas del refugio de la más valiente bandolera de Monfragüe.

 

 

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El hombre lobo extremeño: Cómo convertirse en lobisome

 

 

Ilustración: Charles Lebrun (Siglo XVII)

Al hombre lobo extremeño se le conoce, según nos contaba hace más de un siglo el gran  Publio Hurtado, con el nombre de lobushome o lobisome, igual que en las tierras galaico-portuguesas. No es extraño, puesto  que el lobisome  (o al menos, su leyenda), se introdujo en Extremadura desde Galicia pasando por Portugal. Y lo sabemos porque donde más abunda este ser peludo y maldito es en las localidades fronterizas de La Raya, ese territorio mágico entre dos reinos, aunque en con el tiempo y la ayuda de las noches de plenilunio se fue adentrando hasta el mismo centro de la región.

Así lo atestiguan retazos de nuestra tradición oral como Mae Bruxa (Madre Bruja), una bella canción  recogida por el Grupo Folclórico “El Depertar”, de Cedillo, una canción que pertenece al repertorio de canciones y danzas de esta localidad y que ha sido popularizada por Acetre,. En su estribillo se relaciona al hombre lobo como compañero de las brujas:

“Tua mãe é bruxa, tenho medo dela.

Tenho medo dela, também do seu homem.

Tua mãe é bruxa, teu pai lobisomem.”

(“Tu madre es bruja, tengo miedo de ella.

 Tengo miedo de ella, también de su hombre,

tu madre es bruja, tu padre hombre lobo.” )

El mejor estudio sobre el hombre lobo en Extremadura corresponde sin duda alguna al historiador y folclorista José María Domínguez Moreno, quien nos describe a este ser temible con un aspecto normal que en nada hace sospechar su otra apariencia, y que toma forma lobuna y feroz algún que otro viernes, la noche de San Juan o las de plenilunio, sin que falten condicionantes que obligan su metamorfosis en otras fechas distintas e incluso continuamente. Ya solo, ya acompañado de un ejército de lobos, ataca y mata tanto a personas como a animales. Con las primeras luces del alba puede recuperar su forma humana, en cuyo caso ya no la perderá hasta que vuelvan a darse las circunstancias para una nueva transformación.

Pero ¿Cómo se convierte uno en hombre lobo? Dejando a un lado los clichés peliculeros de mordiscos a medianoche, lo cierto es que hay tantas papeletas para convertirse en hombre lobo que raro es que la mitad de los extremeños no andemos aullándole a la luna y persiguiendo entre las encinas a los viajeros nocturnos.

En  Aldeanueva del Camino, en el bello Valle de Ambroz, se cree que la embarazada que se encuentre con un lobo  parirá un licántropo, a no ser que pegue sobre el vientre una estampa de San Antonio de Padua hasta que se produzca el nacimiento de su hijo.

Y es que San Antonio, como ya hemos dejado escrito en otras ocasiones, es mano de santo para esto de las alimañas, y de hecho en Extremadura es de los pocos instrumentos de los que nos podemos valer para evitar la conversión en lobisomes. Porque otra manera (quizás la más conocida)  de convertirte en hombre lobo es nacer el séptimo varón de una familia sin ninguna hembra en medio. Solo existe una manera de evitar la maldición: el varón debe ser bautizado por su hermano mayor con el nombre de Antonio.

Esto lo saben bien en Las Hurdes, donde el folklorista Félix Barroso me contaba como Tío Vito de Dios, de la alquería de La Horcajada le informaba mucho y bien sobre los hombres lobos, y le recitaba, de regalo, este romance lobuno:

 Se casó no bien casada en otro pueblo Leonor.

Siete hijos trajo al mundo, los siete que le dio Dios.

No hubo hembra por el medio, cada uno fue varón,

y al “sétimu” que era el último le cayó una maldición:

en un lobo de por vida el “probi” se convirtió.

De mañana en la lobera y de noche de rondón…”

"En un lobo de por vida el probi se convirtió"... (Jimber)

Triste destino para los séptimos hijos, como saben en los pueblos de Ahigal y Zarza de Granadilla, en  Tierras de Granadilla y de Alía, ya en Las Villuercas, donde relatan como un joven  cazador consigue  acabar con un lobo que en las noches de luna llena masacraba a los rebaños, y le corta una pata como trofeo. Al volver al pueblo y enseñarla descubre que la zarpa se ha convertido en una mano humana y, al volver al lugar donde se encontraba el lobo muerto, descubre que se trata del cadáver desnudo de  su hermano pequeño, que había desaparecido y que está maldito por nacer el séptimo entre los varones de su familia y que no pudo ser bautizado por su hermano mayor porque este se encontraba ausente.

Un cazador consigue abatir a un terrible lobo que resultó ser su hermano ... (Jimber)

Y es que la maldición solo puede ser eliminada cuando al lobisome, en su estado lobuno se le da caza y se le practica una sangría, que, según contaba Publio Hurtado, ha de acompañarse con alguna jaculatoria.

Y hablando de maldiciones, llegamos a otra forma de convertirse en lobisome en Extremadura: la maldición de un padre o de una madre.  Un ejemplo lo tenemos en el pueblo de Calamonte, en el que un mozo le roba a su padre el mejor cordero del rebaño y se lo come en compañía de los amigos.

Enterado el padre, no tarda en maldecir a su hijo:

-       «¡¡Lobo fueras pa que al menos mataras y comieras por hambre!».

           Y, efectivamente, lobo se hizo y por hambre arremetió contra las ovejas de su progenitor sin que los perros hicieran el mínimo esfuerzo por defender el hato. El padre acaba reconociendo su error y perdona al muchacho, que al instante se ve libre de su forma animal.

Otra forma de convertirse en hombre lobo es la de ser hijo de un lobo. Así de entrada parece difícil, y debería serlo, amén de peligroso para la madre, por lo que recoge Domínguez Moreno en Guareña, donde cuentan que una joven que mantenía relaciones con un lobo no tarda en quedar embarazada del animal. En el momento del parto la joven se encuentra sola en el campo y grita de dolor. Acuden los lobos en manada y matan a la muchacha para sacarle la cría, que se llevan en las fauces. El recién nacido era un hombre-lobo.

De tener ascendentes lobisomes no se libra ni caperucita... (Jimber)

Pero no son estas las únicas maneras de convertirse en hombre lobo en Extremadura. Podemos convertirnos en lobisome (revolcándonos en el lugar donde antes lo haya hecho un lobo (magia de contacto),  bebiendo la sangre del lobo recién matado (magia simpática) o teniendo el descaro de nacer en la noche del 24 de diciembre, haciéndole sombra al nacimiento del Niño Jesús.

Lon Chaney en "The Wolfman" (1941)

Así que ya saben… Si quieren convertirse en lobisomes, métodos no le faltan. Y si han tenido la desgracia de nacer malditos… encomiéndense a San Antonio y cuidado con la luna. Porque como bien sabemos todos los que adoramos a Lon Chaney :

“Incluso un hombre puro de corazón

que reza sus oraciones todas la noches

puede convertirse en lobo cuando florece el acónito

y brilla la luna en otoño”.

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La torre de Floripes y el puente de Mantible, una historia de amor incestuoso

 

Ilustración: Borja González Hoyos

La torre de Floripes es lo único que queda visible del castillo de Rocafrida, sumergido en el pantano de Alcántara. Una isla de piedra y leyenda que desafía a las aguas azules y en cuyo suelo,  cuando el verano agosta el agua y el nivel del rio baja, pueden verse los profundos agujeros realizados por los buscadores de tesoros.

La fortaleza de Rochafrida, de la que ya nadie se acuerdan se encontraba en otro tiempo unida al puente romano de Alconétar, aunque el tiempo los alejó como a amantes despechados, ya que el puente fue trasladado para protegerlo del pantano, y ya solo conserva algunos arcos. Sus restos se encuentran cerca de la mágica villa de  Garrovillas de Alconétar, y su construcción se atribuye por algunos al arquitecto del emperador Trajano, Apolodoro de Damasco.

Al puente de Alconétar se le conoce como el puente de Mantible, gracias a la leyenda que narra cómo los famosos Pares de Francia anduvieron por Extremadura, concretamente en Alconétar, donde  se toparon de bruces con el gran Fierabrás (el de feroces brazos) Rey de Alejandría, quien se disputaba con Carlomagno el imperio del mundo. Cuentan que había conquistado la fortaleza de Rochafrida el capitán Mantible y, en su honor y desde entonces, el puente romano cambió de nombre.

El rey Fierabrás, famoso por su bálsamo (que también dejó en la zona) y al que algunas leyendas ascendieron al rango de gigante,  llevaba siempre a su lado a su hermana Floripes, bellísima princesa de la que incestuosamente estaba enamorado. Sin embargo, la hermosa agarena despreciaba las insinuaciones amorosas de su hermano, ya que estaba coladita por uno de sus más feroces enemigos: Guido de Borgoña, paladín de Carlomagno.

Fierabrás ignoraba la pasión que devoraba a su hermana, pero quiso la mala suerte que Guido fuera herido y cayera prisionero junto con otros caballeros franceses. Fierabrás ordena que sean encerrados en los más oscuros calabozos del castillo, y encomienda la custodia de la torre y de su calabozo al fiero Alcaide de la fortaleza, el hercúleo Brutamonte, que ya con el nombre asustaba un poco.

 

El puente de Alconétar o puente de Mantible (Ángel Briz)

Enterada la bella Floripes del paradero de su amado, no se corta y va en su busca. El alcaide, al reconocer entre las sombras a la hermana de su señor, no desconfía  y abre las puertas. La princesa, en ese  momento, salta sobre Brutamonte y le hunde su daga en lo más profundo del corazón, quitándole las llaves de las mazmorras y rescatando a su amado Guido y  a sus compañeros. 

Pero Fierabrás ha notado la ausencia de su hermana, y oliéndose (ahora sí) la tostada, decide acercarse con sus  mejores caballeros al castillo, sospechándolo que algo raro estaba pasando. Al encontrarse en la puerta de la fortaleza el cadáver de Brutamonte y comprobar que no puede entrar en su propio castillo, ordena  a su ejército rodear la fortaleza para rendirlos por hambre.

La Torre de Floripes (Ángel Briz)

A Guido le toca, por sorteo, intentar escapar del castillo para pedir auxilio al Carlomagno. Guido lo consigue y el emperador manda sus soldados, vence a Fierabrás y libera a los prisioneros, entregando de paso la mano de Guido de Borgoña a su amada Floripes.

Pero dicen que al retirarse quiso dejar un cruel recuerdo de su presencia en aquellas tierras y destruyó el puente para estorbar la vuelta de los musulmanes.

Curiosamente, la leyenda casi encuentra visos de realidad cuando, según cuentan en Alkonetara, durante las excavaciones de Caballero Zoreda en 1969 se encontró, casi a los pies de la torre de Floripes, un esqueleto de grandes proporciones. Se pensó por un momento que la leyenda podía ser cierta y que el esqueleto podía ser nada más y nada menos que el del Brutamonte, aunque finalmente los estudios demostraron que era un esqueleto de  mujer, lo que no quita ni un ápice al misterio.

Y cuentan que Fierabrás murió desesperado, llorando la pérdida de su gran señorío y de su bella hermana, y que Alá lo condenó a vagar eternamente errante por las inmediaciones de la Torre de Floripes. Y dicen algunos, como el sacerdote José Sendín Blázquez,   que aún hoy sus gritos y lamentos se oyen en las cercanías. Y cuando el agua del pantano se atreve a anegar la torre, a su alrededor se forma un halo misterioso, una especie de remolino, por donde respiran los espíritus condenados de Fierabrás y Brutamonte.

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Sobre el autor Israel J. Espino
Mitos, creencias y leyendas de Extremadura http://extremadurasecreta.com/

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