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El bálsamo de Fierabrás está en Extremadura
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Israel J. Espino | 26-04-2016 | 06:38| 1

Ilustración: Borja González Hoyos

Ahora que celebramos los 400 años del Quijote no podemos dejar pasar la oportunidad de reivindicar la ubicación legendaria de uno de los mejunjes más fantásticos de la historia, una poción mágica capaz de curar todas las dolencias del cuerpo humano y  de sanar heridas terribles y enfermedades incurables. Unapócima que formó primero parte de las leyendas del ciclo carolingio, y que después recogió Cervantes para aderezar su inmortal obra: El bálsamo de Fierabrás.

Don Quijote le comenta a Sancho en el capitulo X que conoce la receta del bálsamo, (ya no tan mágico y si más pedestre), cuyos ingredientes son aceite, vino, sal y romero, todo ello hervido y acompañado de un ritual consistente en 80 padrenuestros, 80 avemarías, 80 salves y 80 credos. La pócima parece funcionar sólo con  caballeros, ya que tras beber la milagrosa poción a don Quijote le atacan vómitos y sudores, pero se siente curado después de dormir. Sancho, sin embargo, sufre un efecto laxante y poco edificante.

Sin embargo, el auténtico y mágico bálsamo de Fierabrás  tiene orígenes mucho más legendarios. Algunas fuentes, de hecho, afirman que Fierabrás era el feliz propietario de una  espina de la auténtica corona de Cristo, de la que nacía un rosal mágico que florecía todo el año, con rosas de variados colores y aromas, uno rosal del que más tarde los templarios cortaban flores para el altar de la Virgen, cuyas espinas no herían y del que se extraía su famoso bálsamo.

Las rosas mágicas provenían de la espina de la corona de Cristo (Jimber)

Este rosal se encontraría ahora sumergido en las aguas del pantano de Alcántara, bajo la torre de Floripes, últimos restos del castillo templario que guarda la romántica leyenda de amores e deseos incestuosos, entre Fierabrás, Floripes y el caballero Guido de Borgoña, paladín de Carlomagno.

De hecho, cuenta la leyenda que un moro cautivo enseñó a Carlomagno y a sus caballeros el escondite de este rosal, junto al que se ocultaba un mantel mágico (también traído por el gigante) que procura toda clase de alimentos si se dicen correctamente unos conjuros y al que es fácil relacionar con el mantel de la Última Cena, reliquia que se encuentra expuesta desde hace siglos en la catedral de la cerca Coria. Curiosamente, en la misma catedral, en su museo de las reliquias, se guarda también una espina de la corona de Cristo… ¿Podría ser la que dio origen al rosal mágico?

En la Torre de Floripes emergen los barriles de bálsamo en la mañana de San Juan (A. Briz)

Y aún existe una leyenda mucho más trascendental, que afirma que  cuando el gigante  Fierabrás (el de fieros brazos) y su padre Balán conquistaron Roma, robaron en dos barriles los restos del bálsamo con que fue embalsamado el cuerpo de Jesucristo, que tenía el poder de curar las heridas a quien lo bebía.

Estos barriles fueron arrojados al Tajo en el combate final entre Fierabrás y Carlomagno, cuando el gigante se vio perdido. Pero todavía pueden recuperarse, porque en la zona se cree que las extrañas formas que se ven en algunos  remolinos que forma el agua  cerca de la torre son los toneles del famoso bálsamo de Fierabrás, que en la mañana de San Juan, cuando el sol dora la Torre de Floripes, emergen por un instante  desde el fondo de la Rocha Frida para demostrarnos a todos que la magia aún existe.

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El temible llanto de la bastarda
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Israel J. Espino | 18-04-2016 | 08:23| 0

Ilustración: Borja González Hoyos

Era una cálida noche de verano. La luna llena iluminaba los campos de la comarca de Alcántara como si una extraño velo cubriese los contornos de los montes, los árboles y las rocas. Avanzábamos siguiendo la ruta de los bandoleros, bordeando una laguna en la que chapoteaban peces nocturnos y anfibios insomnes. A lo lejos, Brozas dormía.

Avanzábamos por un sendero de tierra que serpenteaba como una cinta amarillenta entre la hierba crecida y agostada cuando algo reptante hizo que la maleza temblase.  Intranquila, le pregunté al guía si había serpientes grandes por la zona.

-       Bastardas- contestó.

Bastardas. Un nombre que a mucha gente en Extremadura aún  le pone los pelos de punta. Un nombre en el que se funde lo real y lo legendario, el respeto y el miedo. A la culebra bastarda o Malpolon monspessulanus también le llaman “La Bicha”, y es fácil encontrarla en los campos extremeños. Tiene aspecto fiero y desafiante, una mirada  penetrante con la que se cree que hipnotiza a sus víctimas, un tamaño considerable del que se afirma que aumenta aún más al interceptar a sus víctimas elevándose sobre su cola cuando va a atacar, y la mala costumbre de mamar leche de vacas, cabras y mujeres, como ya hemos contado en otros artículos.

Cuentan en Las Hurdes como el «culebrón» (como también se le conoce) es capaz de emitir ciertos sonidos chirriantes para llamar la atención de sus presas. Algunos cazadores de la zona  afirman incluso que es “como un niño cuando llora”. «El llanto de la bastarda» es como llaman a la lúgubre sintonía que efectúa “La Bicha” momentos antes de plantarse frente a su enemigo.

La penetrante mirada de la bastarda (Jimber)

Escamosa y de tonalidad marrón verdosa, cuentan que utilizar su robusta cola como fatal látigo con el que llega a golpear a algunas de sus víctimas hasta matarlas. El periodista Iker Jimenez recogió algunos casos en Las Hurdes de niños atacados por la bastarda de este terrible modo, como en El Cabezo, donde  se narra la historia de un bebé al que el reptil dio muerte tras un momento de descuido de la madre.

La leyenda afirma incluso que la bastarda tiene cerdas en el lomo y pelos en la cabeza, lo que, junto a  la portentosa fuerza de su cola, la pueden emparentar  con la Caragontía de Montánchez  y hasta con el cuélebre asturiano.

Y como siempre, hay quien saca partido hasta de lo más legendario. El historiador José María Domínguez Moreno me contaba hace poco cómo una mujer de Ahigal, a la que los muchachos le robaban las habas, pregonó a los cuatro vientos que había visto en su huerto una serpiente de ni se sabe cuántos metros, provista de una exagerada melena. El bulo fue reiterado por los hortelanos vecinos. Desde aquel momento los habares del entorno quedaron libres de las rapiñas infantiles.

 

Para protegerse de la bastarda afirma el pueblo que no hay más remedio que rezar el «responso del viborón», y para la mordedura , la «limpia del alacrán», un remedio utilizado desde hace siglos en Casares y Ladrillar, y que se efectúa rozando un escorpión sobre la zona mordida por la bicha, mientras se reza la consabida plegaria.

La bastarda, entre la realidad y la leyenda (Jimber)

Y es que, además del tamaño, a “la bicha” se la teme por su veneno, aumentado por la leyenda y por la tradición oral. El investigador hurdanófilo Félix Barroso recoge la historia de un pueblo, ya abandonado llamado La Rocasqueru donde, en una poza del rio, vivía una anguila que mantenía relaciones con un bastardo. Cuando la anguila alcanzo un peso considerable, los vecinos decidieron comérsela, y como no sería de grande que hubo anguila para todos. Todos comieron menos el sabio del pueblo,  el Tío Godencio, un zajoril que nació con una cruz debajo de la lengua y que hablo en el vientre de su madre antes de nacer.

El Tío Godencio intentó detener a sus vecinos, convenciéndolos de que la anguila, al tener relaciones con el bastardo, se había contaminado de su veneno, pero nadie le hizo caso y siguieron comiendo. Todos murieron envenenados, y el Tío Godencio se convirtió en el único dueño del pueblo.  Un pueblo fantasma, eso sí, que decidió donar a quien mejor lo trató luego. Pero eso es otra historia que ya contaremos en otra ocasión…

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Las Sociedades de Tesoros, un negocio arriesgado
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Israel J. Espino | 06-04-2016 | 09:08| 0

Ilustración: Borja González Hoyos

Seguro que pocos de ustedes saben que, entre las sociedades en las que uno podía invertir en el siglo XIX en Extremadura se encontraban algunas Sociedades de Tesoros.

El funcionamiento era fácil: cada uno de los socios se comprometía en aportar aquello que pudiese: dinero para la intendencia, especies para la búsqueda, el mapa del tesoro o la mano de obra para estar cavando durante días e incluso meses. Y empezaba la aventura. Si encontraban el tesoro, se repartía y ganaban todos. Si no se hallaba nada (que solía ser lo más habitual, todo hay que decirlo) todos perdían.

Una de estas primeras sociedades tuvo su sede en Herrera del Duque allá por 1843. Rebuscando entre las ruinas del Castello Velho tropezaron los pastores con ciertos cacharros romanos que enseñaron en el pueblo, en el que rápidamente se creó una sociedad entre varios vecinos que estaban convencidos de encontrar fácilmente “un gran depósito de oro y pedrería”. No hallaron oro ni piedras preciosas, aunque sí restos arqueológicos a los que no dieron excesiva importancia.

Según nos cuenta el cronista extremeño Vicente Barrantes,  en 1878 surge otro grupo en Gata, en torno a un visionario que prometió el hallazgo de un tesoro arrojando al aire dos varitas de avellano cortadas la víspera de San Juan a la medianoche en punto. Cayeron estas en forma de cruz en el lugar donde se encuentra un enorme peñón, y allí mismo comenzaron las excavaciones con nulo resultado, ya que tuvieron que abandonarlas a la carrera cuando la enorme mole de  piedra estaba a punto de desplomarse  sobre los trabajadores, ocasionando desgracias en lugar de fortunas.

Las galerías subterráneas siempre han despertado la imaginación del pueblo (Jimber)

No había pasado ni una década cuando, entre los años 1884 y 1885 se creó una sociedad de lugareños de Villasbuenas de Gatadispuesta a encontrar de una vez por todas el gran tesoro enterrado en el paraje conocido con el evocador nombre de El Púlpito de los Lobos. Se contaba que allí había una bóveda subterránea a dos varas del suelo, sostenidas por cuatro enormes estatuas de reyes de oro macizo.

La recién nacida sociedad contrató, para localizar el tesoro, a un zahorí, quien señaló el lugar exacto donde estaba enterrado, pero subrayando empecinadamente que nadie dudase de la existencia del tesoro, ya que cada vez que alguien albergara la más mínima duda, el tesoro se hundiría un poco más.

Tras excavar cuatro metros no hallaron nada, achacándolo todos a que alguno de ellos había dudado en algún momento de la existencia del tesoro. Al no saberse quién era el culpable, se desató una terrible batalla campal en la que todos desconfiaban de todos. Hubo peleas con navajas y palos, y el asunto terminó nada menos que en un proceso judicial en la Audiencia de Plasencia.

El castillo de Miramontes, en Azuaga, cuna legendaria de tesoros sin cuento (Ángel Briz)

Pero el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y más si la piedra  es de un castillo en ruinas. Vicente Barrantes cuenta que en el último tercio del siglo XIX, se formó una sociedad de treinta aficionados en las ruinas del castillo de Miramontes, en Azuaga, “donde se asegura existir galerías subterráneas, que el vulgo supone llena de tesoros y acaso lo serán de objetos antiguos”.

Y es que este castillo siempre se ha visto rodeado por la leyenda de tesoros ocultos, y ya en el siglo XX Jose Romero Romero (alias Heliotropo) periodista de la localidad, recogía  en 1933, en el diario La Libertad,  como se desarrollaban en el castillo excavaciones particulares de otra sociedad de tesoros, “con la intención de descubrir algunas riquezas de las que se aseguran se encuentran sepultadas en aquellas ruinas”.

Dirigía estos trabajos una tal Faustino Ortiz Gallardo, un viejecito bajito y canoso que cobraba 10 céntimos la entrada a las excavaciones para ver los “descubrimientos” y poder autofinanciar la búsqueda de los tesoros. Los trabajos habían comenzado el 30 de mayo, y poco a poco, todos aquellos “socios” que aportaban a la sociedad la mano de obra, se habían cansado de trabajar sin frutos y se habían marchado. Otros llegaron a  probar suerte y también abandonaron, y al cabo de un año hasta el pobre Faustino tuvo que abandonar pesaroso la búsqueda del tesoro de Miramontes.

Extraños ladrillos con indescifrables inscripciones, varias monedas de cobre, dos figuritas con la efigie de reina o virgen y tres grapas de oro fue lo único que consiguieron arrancarle al subsuelo del castillo. Desde entonces se sospecha que el tesoro del castillo de Miramontes sigue esperando al valiente que horade sus entrañas y aguante el envite a través del tiempo, soportando entre sus muros derruidos el sol de agosto,  la lluvia de octubre y la helada de enero. Como sus mismas piedras.

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El Mágico Valle del Jerte: La leyenda de la princesa triste y los cerezos en flor
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Israel J. Espino | 02-04-2016 | 18:38| 0


Ya está el mágico Valle de El Jerte, pródigo en duendes, duendas, encantamientos y tesoros, cubierto con un manto blanco de flores  de cerezo. Dos millones de árboles en flor explosionando y derramándose en terrazas que anuncian la llegada de la primavera. Meses después, el blanco se tornará rojo sangre y surgirá entre sus ramas la Picota del Jerte,  un cultivo autóctono del Valle que solo se producen en esta zona.

 

La historia nos cuenta que el cultivo del cerezo comenzó a generalizarse en esta zona a partir del siglo XVIII, debido a un simple afán de supervivencia, ya que el árbol autóctono de la zona era el castaño. Pero quisieron los dioses que una plaga acabara con ellos, y se produjo  la consolidación del cerezo. Pero un paisaje de esta belleza no podía conformarse con una historia tan banal, y el pueblo no tardó en crear una leyenda romántica alrededor de la llegada del cerezo.

 

Hay quien habla de un zar ruso. Otros de un jeque árabe. Pero todos lo imaginan enamorado de una hermosa mujer de un lejano país del norte de Europa, donde la nieve cubría de un manto blanco los paisajes invernales.  Los amantes deciden vivir en el Valle, donde, a pesar de la belleza de sus ríos y montes, más que el blanco abunda el verde. La esposa, aunque enamorada de su marido, siente melancolía por los paisajes nevados de su tierra, y sus ojos reflejaban siempre una cierta  tristeza. Hasta que un día su amado, decidido a hacerla feliz, le promete que si es necesario, él traerá la nieve al Jerte.

La flor del cerezo, pétalos de nieve (Jimber)

Pensó y pensó en la forma de poder cumplir lo que había prometido, hasta que se le ocurrió una idea… Ordenó plantar cerezos por todo el valle, a sabiendas de que la flor del cerezo es blanca. Cuando llegó la primavera todos aquellos árboles florecieron y vistieron sus ramas de pétalos blancos. Llevó a su amada hasta un lugar desde donde podía verse todo el valle y observó el resultado de su esfuerzo: Había conseguido que, al menos unos días al año, ella pudiera ver su nueva tierra cubierta de nieve.

El Valle del Jerte se tiñe de blanco (Jimber)

Envuelta en esta leyenda se celebra todos los años laFiesta del Cerezo en Flor, convertida ahora en una celebración popular que trata de reflejar la vida de toda una comarca, tanto del pasado como del presente. La fiesta se convierte así en un escaparate de la cultura jerteña, de su gastronomía, de sus tradiciones y  de su  forma de vida.

Abren sus puertas las bodegas, las fraguas y los lagares, que durante unos días son recuperan los oficios de siglos pasados, los animales domésticos y totémicos se engalanan con cintas de colores, y las casas abren sus puertas para mostrar cómo vivían sus ancestros en un pasado no muy lejano.

Los animales se engalanan con cintas de colores... (Jimber)

El blanco cubre por fin las cumbres y los valles. La primavera ha llenado de espuma las copas de los árboles. El agua fluye cantarina en los saltos y cascadas, el sol comienza  a calentar los campos, y cuentan que si se acerca bien la oreja a los troncos de los árboles, se escucha su savia susurrando, un año más, que estamos vivos.

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El castillo de Marmionda: Leyendas de pasión, sangre… y gallinas
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Israel J. Espino | 27-03-2016 | 14:49| 1

Ilustración: Borja González Hoyos

En lo alto del pueblo de Portezuelo, en la provincia de Cáceres, se alzan los restos de una fortaleza árabe cuyos muros guardan una trágica historia de amor. La leyenda se sitúa tras la muerte de Almanzor, cuando finaliza la grandeza del califato de Córdoba y comienzan los reinos de Taifas y las escaramuzas continúas.

Los vecinos de Portezuelo cuentan que la fortaleza tenía un alcaide famoso en toda la zona, más que por sus éxitos guerreros, por su bella, hija, la hermosa Marmionda, enamorada de un capitán cristiano que guerreaba contra las tropas de su padre.

Correspondida en su amor por el capitán cristiano, los enamorados elucubran la manera de pasar la vida juntos, hasta que un mal día,  durante una batalla, Marmionda cree ver, desde sus habitaciones, como su amado cae muerto a los pies del cerro, y no pudiendo soportar el dolor,  se arroja por los ventanales de su aposento, con tal fuerza que su cuerpo, rodando, va a caer junto a la roca donde yace su amado.

Pero el caballero no está muerto, solo inconsciente, así que cuando recobra el sentido se encuentra  a sus pies el cadáver de la bella  Marmionda. Al darse cuenta de la crueldad del destino, el capitán se atraviesa con su propia espada y muere junto a su amada, mezclándose la sangre de ambos en un arroyo carmesí.

Sin embargo, no solo de tragedias y amores se alimentan las piedras del castillo de Portezuelo. También sus paredes esconden tesoros legendarios, como aseguran los viejos adagios que aún hoy recitan los más ancianos lugareños:

“Castillo de Marmionda,

si una gallina escarbara,

cuanto oro y platería

en tus muros encontrara…!”

El castillo de Marmionda, en Portezuelo (Ángel Briz)

Sembrada de tesoros está la zona. En Portezuelo, además del legendario Castillo árabe de Marmionda, gozan de la posesión en su término de la finca de Macailla o Macaela, donde hay enterradas grandes ollas repletas de monedas y alhajas, al parecer escondidas ante la invasión árabe. Una gallina marca el lugar exacto del tesoro, y la coplilla así lo confirma:

 

Macaela, Macaela,

¡cuánto oro y plata en ti queda!

Si una gallina escarbara,

¡cuánto oro y plata en ti hallara!

Los gallos y las gallinas descubren tesoros (Jimber)

Es cierto que hoy los lugareños no tienen fe en dar con las susodichas riquezas por la sencilla razón de que ya hace muchos años pasaron a un boticario de Torrejoncillo, que hasta ese lugar de la Macailla acudió una noche de luna llena con todo un gallinero. Las gallinas se encargaron de poner al descubierto todo el oro y la plata, como reza el dicho que con cierto aire de resignación o desencanto también se escucha en Portezuelo como broche a los versos anteriores:

Y una gallina escarbó,

¡y el tesoro que encontró!

Y a pesar de todo, se afirma que alrededor del castillo  aún queda oro para rato… Será cuestión de buscar.

 

 

 

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El cementerio de Talaván: Los Ángeles Malos, la Dama Momia y el Hombre Gato
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Israel J. Espino | 06-03-2016 | 20:23| 0

 


Los ángeles malos de Talaván (Altea Wiegand)

 

 

La niebla amenaza con no irse nunca y borrarlo todo. El cielo, encapotado, descarga incesante una fina lluvia que empapa sin ruido los campos verdes, las ovejas mansas, los caminos de tierra. El viejo cementerio del pueblo cacereño de Talaván da miedo. O al menos, respeto. Allí nos dirigimos, siguiendo los pasos que nuestros intrépidos compañeros Lorenzos  (Sergio Lorenzo y Lorenzo Cordero), andaros hace ya años.

 

Nosotros ya no tuvimos que escalar el muro, porque está caído en una parte, aunque sí nos adentrarnos en una pequeña selva hasta llegar a las ruinas de la ermita de este singular cementerio que lleva abandonado casi un siglo. La Ermita del Santo Cristo fue utilizada como camposanto hasta 1928, quedando abandonada y en proceso de ruina desde entonces.

 

Primero, un pasillo de nichos desdentados y abiertos, donde reposaron momias milagrosas. Según me cuenta Epifanio,  un vecino de Talaván, un mal día  una tumba del cementerio apareció abierta, y en el interior, una dama incorrupta que pronto adquirió fama de santa. La Santa del Cementerio recibía  a diario peticiones, rezos y encomiendas, hasta que algún alma caritativa, la familia o la iglesia, decidieron sacar de allí a la cadavérica señora  y enterrarla decentemente en otro lugar.

 

El cementerio viejo de Talaván está a punto de fallecer (Angel Briz)

Enfrente, la pared agujereada en la que aun se observa el estarcido de mitológicos seres con cabellos de querubín y alas, pero provistos de enormes colas enroscadas… Y en un medallón, como vigilando quien se adentra en sus dominios, un  extravagante personaje tocado con bombín y  una extraña y minina sonrisa que recuerda la del gato de Alicia. Pero las maravillas de este país de difuntos no han hecho nada más que empezar.

 El hombre gato del cementerio viejo de Talaván (Angel Briz)

El medallón que mira a levante, sujetado por los extraños seres alados, contiene a su vez una cabeza femenina igual de inquietante que la gatuna,  tocada y envuelta en una capa.

 

Seguimos esquivando zarzas y trozos de lápidas y vemos, al fondo, una cúpula que lleva  años amenazando con caerse, pero que se mantiene ahí de puritito milagro.

 

Y allí, en la cúpula, si levantamos la mirada, los encontramos. Los ángeles malos. Seres alados con mirada amenazante y dientes afilados de piraña. Dientes enrojecidos como el extraño sombrero que llevan sobre sus cabezas. Y bajo ellos, rodeando el ábside, una sentencia en latín:

 

OBLATVS ET QVIA IPSE VOLVIT. ET PECCATA NOSTRA IPSE. PORTAVIT. ESAIE. 53. MARZO.15 DE 1628 AÑOS.

 

(Se ofreció porque quiso. Él mismo cargó con nuestros pecados. Isaías 53.

15 de marzo de 1628)

 

Los ¿ángeles? del cementerio de Talaván (Ángel Briz)

 

Las terroríficas figuras han generado no solo mucho interés, sino también diversas interpretaciones en cuanto a su significado. Mientras que para algunos son “ángeles malos”, otros los relacionan con ánimas del purgatorio, aunque  el que fuera mi  profesor en la universidad, el catedrático Antonio Piñero, (especialista en cristianismo primitivo) señalaba  que son demonios, de acuerdo con el salmo de Isaías. Piñero afirma que cada vez que aparece este salmo  representa luchas contra el demonio, por lo que el dibujo puede tratarse de  un rito apotropaico, es decir, de rechazo o defensa ante un adversario del que posees su esencia al dibujarlo.

 

Otros estudiosos han clasificado a estos  extraños personajes como “réprobos”, es decir,  condenados a la pena eterna,  pero alados en su condición de seres espirituales.

 

Sean como fueren, la cúpula en la que habitan no resistirá en pie mucho tiempo. La ermita se encuentra en peligro de derrumbe. Los ángeles malos de Talaván exigen, desde sus alturas,  una reparación inmediata, y si desoímos sus palabras mereceremos que, al menos, se nos aparezcan en sueños. Avisados quedan.

 

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La torre de Floripes y el puente de Mantible, una historia de amor incestuoso
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Israel J. Espino | 26-02-2016 | 15:51| 0

 

Ilustración: Borja González Hoyos

La torre de Floripes es lo único que queda visible del castillo de Rocafrida, sumergido en el pantano de Alcántara. Una isla de piedra y leyenda que desafía a las aguas azules y en cuyo suelo,  cuando el verano agosta el agua y el nivel del rio baja, pueden verse los profundos agujeros realizados por los buscadores de tesoros.

La fortaleza de Rochafrida, de la que ya nadie se acuerdan se encontraba en otro tiempo unida al puente romano de Alconétar, aunque el tiempo los alejó como a amantes despechados, ya que el puente fue trasladado para protegerlo del pantano, y ya solo conserva algunos arcos. Sus restos se encuentran cerca de la mágica villa de  Garrovillas de Alconétar, y su construcción se atribuye por algunos al arquitecto del emperador Trajano, Apolodoro de Damasco.

Al puente de Alconétar se le conoce como el puente de Mantible, gracias a la leyenda que narra cómo los famosos Pares de Francia anduvieron por Extremadura, concretamente en Alconétar, donde  se toparon de bruces con el gran Fierabrás (el de feroces brazos) Rey de Alejandría, quien se disputaba con Carlomagno el imperio del mundo. Cuentan que había conquistado la fortaleza de Rochafrida el capitán Mantible y, en su honor y desde entonces, el puente romano cambió de nombre.

El rey Fierabrás, famoso por su bálsamo (que también dejó en la zona) y al que algunas leyendas ascendieron al rango de gigante,  llevaba siempre a su lado a su hermana Floripes, bellísima princesa de la que incestuosamente estaba enamorado. Sin embargo, la hermosa agarena despreciaba las insinuaciones amorosas de su hermano, ya que estaba coladita por uno de sus más feroces enemigos: Guido de Borgoña, paladín de Carlomagno.

Fierabrás ignoraba la pasión que devoraba a su hermana, pero quiso la mala suerte que Guido fuera herido y cayera prisionero junto con otros caballeros franceses. Fierabrás ordena que sean encerrados en los más oscuros calabozos del castillo, y encomienda la custodia de la torre y de su calabozo al fiero Alcaide de la fortaleza, el hercúleo Brutamonte, que ya con el nombre asustaba un poco.

 

El puente de Alconétar o puente de Mantible (Ángel Briz)

Enterada la bella Floripes del paradero de su amado, no se corta y va en su busca. El alcaide, al reconocer entre las sombras a la hermana de su señor, no desconfía  y abre las puertas. La princesa, en ese  momento, salta sobre Brutamonte y le hunde su daga en lo más profundo del corazón, quitándole las llaves de las mazmorras y rescatando a su amado Guido y  a sus compañeros. 

Pero Fierabrás ha notado la ausencia de su hermana, y oliéndose (ahora sí) la tostada, decide acercarse con sus  mejores caballeros al castillo, sospechándolo que algo raro estaba pasando. Al encontrarse en la puerta de la fortaleza el cadáver de Brutamonte y comprobar que no puede entrar en su propio castillo, ordena  a su ejército rodear la fortaleza para rendirlos por hambre.

La Torre de Floripes (Ángel Briz)

A Guido le toca, por sorteo, intentar escapar del castillo para pedir auxilio al Carlomagno. Guido lo consigue y el emperador manda sus soldados, vence a Fierabrás y libera a los prisioneros, entregando de paso la mano de Guido de Borgoña a su amada Floripes.

Pero dicen que al retirarse quiso dejar un cruel recuerdo de su presencia en aquellas tierras y destruyó el puente para estorbar la vuelta de los musulmanes.

Curiosamente, la leyenda casi encuentra visos de realidad cuando, según cuentan en Alkonetara, durante las excavaciones de Caballero Zoreda en 1969 se encontró, casi a los pies de la torre de Floripes, un esqueleto de grandes proporciones. Se pensó por un momento que la leyenda podía ser cierta y que el esqueleto podía ser nada más y nada menos que el del Brutamonte, aunque finalmente los estudios demostraron que era un esqueleto de  mujer, lo que no quita ni un ápice al misterio.

Y cuentan que Fierabrás murió desesperado, llorando la pérdida de su gran señorío y de su bella hermana, y que Alá lo condenó a vagar eternamente errante por las inmediaciones de la Torre de Floripes. Y dicen algunos, como el sacerdote José Sendín Blázquez,   que aún hoy sus gritos y lamentos se oyen en las cercanías. Y cuando el agua del pantano se atreve a anegar la torre, a su alrededor se forma un halo misterioso, una especie de remolino, por donde respiran los espíritus condenados de Fierabrás y Brutamonte.

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El fantasma de la Vieja Cuaresma
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Israel J. Espino | 09-02-2016 | 08:38| 0

 Anda (y nunca mejor dicho)  por estos días La Patarrona recorriendo pueblos extremeños. La Patarrona  es una vieja  con muchas muchas piernas  que amenaza a los niños con ponerles un grano en la cara si no cumplen sus exigencias. La Patarrona comenzó a caminar en Italia y Cataluña con siete patas y terminó en Extremadura con solo cinco. Empezó siendo una vieja desagradable y  terminó convertida en una simpática bruja. Nació cuaresmera y la hicimos carnavalera.

A nuestra Patarrona se la llama en otros lugares La Vieja Cuaresma, y cada pierna de la anciana es una semana que queda para la Pascua. Pero, en algunos lugares de Extremadura, como en Fuente del Arco, La Vieja Cuaresma tiene una leyenda más triste, aunque vestida con los mismos ropajes de bruja anciana.

 Acudimos a Fuente del Arco siguiendo el rastro de las leyendas que el filólogo y escritor Manuel Vilches nos relata en su libro La Tierra de Jayón, y concretamente  una de ellas: La cueva Cuaresma.

 Nada más salir del pueblo, camino de esa joya que es  la ermita del Ara, nos encontramos a la derecha una elevación conocida como El Cerrajón, en la que aún se dibuja lo que queda de la misteriosa “la Cueva Cuaresma”,  con aires brujeriles y reducida  a barrenazos  desde los años veinte, pero aún visible en la cresta.

Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, (tanto que ni los más ancianos del lugar recordaban haberla conocido), una anciana tenía por  costumbre recluirse en aquella covacha durante el período de Cuaresma, los 40 días de ayuno y abstinencia previos al domingo de Pascua.

Cuentan que esta vieja en otro tiempo fue joven, y tan devota y mística que  decidió encerrarse las cuaresmas en la cueva  para estar más cerca de Dios y más lejos de los hombres. Pero el pueblo, que no perdona al que va por libre, comenzó a murmurar de la muchacha, llegando primero a decir que andaba amancebada en la cueva con un bandolero, y más tarde a afirmar que el bandolero no era tal, sino el mismo demonio al que había entregado su alma y su cuerpo a cambio de conocimientos brujeriles.

Tal era el rechazo que le demostraban sus vecinos cuando decidía bajar el pueblo, que un año, al llegar la Pascua,  decidió no volver a bajar, y habitar por siempre en la cueva.

En esta cresta de Fuente del Arco se encuentra la cueva Cuaresma (Ángel Briz)

El tiempo pasó, los años pasaron lentos e inexorables, la juventud dio paso a la vejez. Y un día, en el pueblo, alguien comentó que la Vieja Cuaresma había muerto. Y cuenta Vilches, con muy buena pluma, que en se afirmaban en las calles

“que al filo silencioso de la medianoche podía verse su espectro enlutado vagar sin rumbo fijo por los peñascos escarpados del Cerrajón, envuelto en un pálido resplandor de luna, que por los alrededores del cerro a esa hora podía oírse, con espantosa claridad, un monótono llanto procedente del interior de la cueva, un llanto extraño y prolongado, una especie de aullido agudo y sin final, infinitamente triste, como el lento delirio de una alimaña agonizante”.

Desde entonces, y aunque nadie la ha visto, los mayores atemorizan a los niños cuando andan por la zona.

 “¡Por allí viene la Vieja Cuaresma, ¿No la veis?!”— gritaba siempre alguien.

Y los niños huían cerro abajo, en desbandada, sin atreverse a mirar si era cierto o no.

Y cuentan los campesinos que cuando volvían al pueblo al atardecer, llegando al cruce de senderos de la Cruz de Guardao, y al pasar  frente a la boca de la cueva, las cargas de leña, como por arte de magia, se deshacían sobre el lomo cansino de las bestias, desmoronándose y cayendo al suelo.

La Cruz de Guardado, el lugar del crimen (Ángel Briz)

Aunque hay quien afirma que el fantasma de la Vieja Cuaresma no baja de la cueva, y que quien deshace las cargas de los burros es el espíritu del Guardado, un borrachín bocazas al que una vecina asesinó en ese mismo lugar mientras dormía, atravesándolo con una aguja de coser serones por poner su nombre y su honra en boca de todo el pueblo.

Sea  como sea, y aunque el paisaje es precioso, y la cueva ya no es tanta cueva y la Cruz del pobre Guardado acaban de encalarla, no andaba yo sola por la zona una vez anochecido. Y menos en Cuaresma. Por si acaso.

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Del Imbolc celta a los trisantos de febrero: Cuando la diosa Brigantia se convirtió en Santa Brígida
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Israel J. Espino | 31-01-2016 | 21:13| 0

Brigantia, en el Museo Nacional de Escocia

Paseando la semana pasada por las salas del Museo Nacional de Escocia me topé con un ara de apariencia romana con un nombre que me llamó la atención; Brigantia. Y recordé que ya mismo, en algunos pueblos extremeños, celebraríamos nuestra fiesta celta vestida de ropajes cristianos: Santa Brígida.

Y es que Santa Brígida es, como bien recoge el historiador  Jose María Dominguez Moreno, uno de “los trisantos de febrero”

Los trisantos de febrero:

Santa Brígida el primero,

el segundo Candelero

y el tercero gargantero.

Estos “trisantos” engloban en nuestras tierras la festividad celta de Imbolc, que marcaba el inicio del resurgir de la vida  Se celebraba en torno al 1 de Febrero, durante la luna llena que tiene lugar entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera.

Imbolc era la fiesta de la luz que reflejaba la esperanza de la primavera y cómo los días eran cada vez más largos. El fuego y la purificación son un aspecto muy importante de esta festividad puesto que Brighid es la diosa de la salud y está asociada a la curación, a los manantiales y al fuego sagrado. Por eso, el encendido de velas y fuegos representa la vuelta del calor y del creciente poder del Sol en los meses venideros. De hecho, La diosa Brigit (o Brighid) y su trasunto Santa Brígida se representan con un fuego en las manos. Y por si fuera poco, en estos días se encienden en los pueblos las fiestas rituales de las Candelas.

 

Imbolc era el día en que Brighid recorría la tierra y recogía la leña que necesita para el resto del invierno. Como afirman los compañeros de Oscec si el invierno aún había de durar, sería un día soleado, para que Brighid pudiera salir a por la leña que necesite para el resto del invierno. Si hacía un día malo es porque Brighid no necesitaba más leña y porque el invierno ya no duraría mucho.

La Iglesia Católica no tardó en sustituir a la diosa Brigit por la abadesa santa Brígida de Kildare, cuya fiesta (al parecer, su muerte) también se celebra el 1 de febrero, una noche es en la que Santa Brígida recorre la tierra.

Antes de acostarse, todos dejan una cinta o pañuelo en la ventana para que, al pasar, las bendiga. El padre de familia apaga entonces el fuego y rastrilla las cenizas. Por la mañana los surcos en las cenizas son las huellas del paso de Santa Brígida y entonces se recogen los pañuelos que ahora tienen poder de curación y protección (¿No nos recuerda eso a San Blas y a sus cordones protectores de gargantas, otros de los trisantos de febrero?)

Santa Brígida, con báculo y fuego

De hecho, la vida de la Santa  no tiene desperdicio para quien sepa leer entre líneas, pues cuenta el maestro e investigador Jose Luis Rodriguez Plasencia que algunas tradiciones presentan a Brígida bastarda de un druida, que tuvo una visión según la cual estaría llamada a ser una gran diosa; o incluso como alumna aventajada de los druidas.

Brígida nació al amanecer, mientras que su madre caminaba sobre un umbral, es decir, estando entre lugares y tiempos. En la tradición celta este es un periodo de espacio sagrado cuando las puertas entre los mundos se abren y pueden ocurrir eventos mágicos.

Otra leyenda cuenta que de niña no podía ingerir alimentos ordinarios, y era alimentada con la leche de una vaca blanca con las orejas rojas. Los animales blancos con orejas rojas se encuentran frecuentemente en la mitología celta como bestias del otro mundo.

En Irlanda, esta festividad está ahora consagrada a Santa Brígida, el día 2 de Febrero,

En el oeste de la península ibérica, todos los pueblos de origen céltico también compartían este culto y las festividades del calendario celta, siendo conocida con el nombre de Brigantia

El culto a Brigantia no ha desaparecido de nuestras tierras. O al menos, no del todo., Sabemos por Rodriguez Plasencia que tuvo ermita en Calzadilla de los Barros,  en Talarrubias, en Villarta de los Montes, en Usagre y en Fregenal de la Sierra. En  Monesterio también hubo una ermita de Santa Brígida, (también llamada, mire que curioso, de la Candelaria, otra trisanta), y en Lobón hubo una capilla dedicada la santa irlandesa (de la que ya no quedan ni los restos) pero de la que partían las cacerías de lobos que se organizaban en la localidad.

En la iglesia de Cambroncino Santa Brigida propiciaba buenos temporales (A. Briz)

La diosa cristianizada todavía recibe culto en Peñalsordo, (en la zona más elevada del pueblo) en Montemolín (cuya ermita ahora es llamada de San Blas, otro trisanto). Santa Brígida es además patrona de Zafra, y según afirma el antropólogo Javier Marcos Arévalo, sus fiestas (tanto la de Santa Brígida como la de la Candelaria) dan una especial relevancia social a las mujeres.

En algunos pueblos de la provincia de Cáceres, como Cambroncino o Aldeanueva del Camino, aunque no hay ermitas dedicadas a la santa se conservaba hasta hace poco la costumbre de tocar las campanas de la iglesia el día de Santa Brígida, con el objeto de propiciar los buenos temporales.

Quizás a partir de ahora, cuando suenen las campanas o subamos a una ermita perdida encomendada a Santa Brígida, podamos ver, mirándola a los ojos, a la diosa que se oculta tras la santa, y descubrir, bajo nuestros hábitos cristianos, nuestra piel celtíbera y pagana.

 

 

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La extraña muerte de Fernando el Católico: Entre caníbales, adivinos, y afrodisiacos mortales.
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Israel J. Espino | 26-01-2016 | 07:40| 0

Ahora que se cumplen los 500 años del fallecimiento de Fernando el Católico es buen momento para recordar cómo y dónde murió el rey más famoso de España. Sus circunstancias bien valen un escrito.

El viajecito por Extremadura comenzaba entretenido para su majestad, porque fue en Plasencia donde el rey Fernando el Católico vio por primera vez en su vida a unos caníbales. El militar y escritor Gonzalo Fernandez de Oviedo lo cuenta así:

“… pocos días antes de que el católico rey Fernando pasase de esta vida, le traje yo a Plasencia seis indios de los que comen carne humana”…

Poco imaginaba Fernando que unos días después de este singular encuentro moriría, sin salir ya de Extremadura, en un pequeño pueblecito cacereño. Y es que en aquellos días de 1516, de camino a Guadalupe y procedente de Plasencia, se agravó una extraña enfermedad que padecía el monarca en las cercanías de una pequeña localidad, por lo que tuvo que ser llevado a la Casa de Santa María, una propiedad que el convento de Guadalupe tenía por esos lares.

Si hacemos caso a la leyenda se trató de un caso de profecía cumplida, porque un adivino había anunciado muchos años antes que don Fernando moriría en Madrigal. El rey, por si caso, se cuidó mucho de poner nunca los pies en Madrigal de las Altas Torres, localidad abulense donde había nacido su primera y regia esposa Isabel de Castilla. Imagínense la cara de pánico que se le debió quedar cuando comienza a ponerse enfermo y lo llevan a pueblecito llamado… Madrigalejo.

Aquí pasó los últimos días de su vida, acompañado de una parte de su séquito, y de su segunda esposa, la reina Germana de Foix, que tras un largo viaje desde tierras aragonesas, acudió con tiempo de ver al rey aún con vida.

El rey Fernando murió en la madrugada de 23 de enero de 1516 en la Casa de Santa María, un enorme complejo que ocupaba toda una manzana a la salida del pueblo y que fue abandonada y desmantelada por la desamortización en el siglo XIX. Sólo una estancia se salvó del derribo, la que ocupó el rey en el momento de su muerte, convertida con el paso del tiempo en pajar y almacén hasta que en 1980, fue  declarada Monumento Nacional.

 

Muerte por sobredosis… de Viagra medieval

 

Lo cierto es que Fernando el católico ya había estado antes por estos lares, pero acompañado de su inseparable esposa, la reina Isabel la Católica. Pero Isabel muere en 1504, y Fernando es consciente de que necesita tener un descendiente para que pueda ocupar los tronos de Castilla y Aragón, ya que su hija Juana estaba un poquito loca y su heredero, el príncipe Juan, un poquito muerto. Así que, sacrificándose y teniendo en su cabeza el lema de “todo por la patria”, decide casarse con la pizpireta Germana de Foix, de tan solo 18 añitos.

La diferencia de edad era nada menos que de 36 años, por lo que pronto el pobre Fernando descubre que necesita algo de ayuda no ya para engendrar varón, sino al menos para intentarlo. Y como en este mundo nada es nuevo (y menos si hablamos de sexo), el rey, su esposa y sus adláteres recurrieron a los antepasados medievales de la Viagra. 

El principal afrodisiaco de la época  consistía en las criadillas o  testículos de toro, un remedio muy conocido en nuestra tierra desde la antigüedad, y que aún se consume en algunos lugares, pues se creía que la fuerza y la virilidad de ese animal se transmitía a quien los comía (“de lo que se come se cría”, se afirma en estos lares, y nunca mejor dicho).  De hecho, la “publicidad” de la época afirmaba que una buena turma  face desfallecerse una muxer debajo del varón“. Ahí es nada.

Pero no fue por nuestra gastronomía testicular por lo que murió el rey, sino por otro afrodisiaco que aún se vende en las herboristerías de algunos países africanos (doy fe de ello) y que se ha utilizado durante siglos para potenciar lo impotente: La cantárida. De hecho, le hemos puesto el apellido, y en el mundo se la conoce como “mosca española”.

La cantárida o mosca española, el Viagra de la época (Jimber)

Sin embargo, la cantárida no es una mosca, sino un pequeño escarabajo de color verde esmeralda metalizado del que se obtiene un alcaloide denominado cantaridina,  que aplicado en dosis controladas dilata los vasos sanguíneos, produciendo en el hombre una erección prolongada.

En Extremadura la hemos utilizado con alegría desde hace siglos, y las brujas y hechiceras hacían de ella una compañera inseparable para sus polvos del querery otros polvos igual de sospechosos.

Según  afirma el periodista César Cervera, Jerónimo Zurita, cronista del Reino de Aragón, estaba convencido de que el Rey sufrió una grave enfermedad ocasionada por un

«feo potaje que la Reina le hizo dar para más habilitarle, que pudiese tener hijos. Esta enfermedad se fue agravando cada día, confirmándose en hidropesía con muchos desmayos, y mal de corazón: de donde creyeron algunos que le fueron dadas yerbas».

Nadie dudaba de que el cóctel de afrodisíacos, en especial por la cantárida, era el culpable de la mala salud de Fernando, y que su abuso le provocó graves congestiones que derivaron en la hemorragia cerebral que le llevó a la tumba. De hecho, algunos cronistas han apuntado que la noche anterior a su muerte había ingerido una dosis muy elevada del «feo potaje»…

Por muy feo que fuera el potaje, lo cierto es que la erección espontánea que produce la cantárida la convirtió en el afrodisíaco de referencia hasta el siglo XVII,  cuando cayó en desuso dado el número de envenenamientos mortales que se produjeron. Pero como el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma Viagra, volvió a ponerse de moda a mediados del siglo XVIII, cuando entró a formar parte de los ingredientes de unos bombones afrodisiacos conocidos en Francia como “caramelos Richelieu”. Estos cardenales…

 

 

 

 

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Sobre el autor Israel J. Espino
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