Hoy

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La serrana de Monfragüe
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Israel J. Espino | 29-05-2016 | 21:01| 4

 

 

Ilustración: Borja González Hoyos

Pocos extremeños desconocen  las andanzas de nuestra mitológica Serrana de la Vera, pero menos aún son los que conocen los legendarios pasos de otra serrana extremeña, bandolera y asesina, que se enseñoreó de toda la abrupta naturaleza de lo que hoy es el Parque Natural de Monfragüe.

Cuentan las bocas ancianas que esta serrana, apuesta y valiente, era de un pueblo de Ávila, donde al parecer incluso tenía buena hacienda. Habitaba en una cueva  de la “Cuesta de la Serrana”, cerca de lo que más tarde sería Villareal de San Carlos, y se dedicaba a asaltar los carros que transitaban entre Plasencia y Trujillo.

Un mal día, cansados los carreteros de ser robados y malheridos, cuando no asesinados, deciden unirse para atacarla, pero  al verse hostigada  la Serrana decide cambiar su escondite a la otra orilla del río, en una cueva que arranca a los pies del castillo y desemboca junto al Salto del Gitano.

Pero la justicia, que no es tonta, idea un plan para apresarla: apostarse en las dos entradas de la cueva con muchos hombres y armas. Sin salida ninguna, la joven es apresada cuando intenta escapar por El Salto del Gitano. Y se cuenta que cuando exploraron la cueva descubrieron numerosas riquezas atesoradas a base de robos.

Envueltas La Serrana y su cueva en la leyenda, lo cierto es que Villareal  de San Carlos se llama así porque Carlos III la fundó con el propósito de asentar población y acuartelar tropas que combatiesen a todos aquellos bandidos que se habían convertido en amos y señores de aquellas tierras, siendo frecuentes los asaltos y asesinatos a todo el que se atreviese a pasar por ellas.

En esta zona sitúa en el siglo XVIII el historiador Antonio Ponz un total de 28 cruces, todas ellas pertenecientes, según la tradición, a hombres muertos por la Serrana, y que Ponz atribuye simplemente a la acción de los bandoleros, tan abundantes en el lugar.

Los bandidos de Monfragüe robaban y asesinaban a los viajeros (Jimber)

Hoy ya no quedan bandidos valientes ni Serranas apuestas, y solo nos queda de esta legendaria bandolera el Alto y la cueva que llevan su nombre y el recuerdo cada vez más débil de sus andanzas, fagocitado por el tiempo y por la creciente fama de su hermana verata.

Solo los buitres alcanzan a ver la entrada de la cueva de la serrana (Jimber)

Su cueva, alguna vez repleta de riquezas, ha sido cubierta por la vegetación de la zona y lo escarpado del terreno, y solo los buitres que sobrevuelan el Tajo alcanzar a ver, desde lo alto, las entradas secretas del refugio de la más valiente bandolera de Monfragüe.

 

 

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La extremeña que trabaja con fantasmas
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Israel J. Espino | 22-05-2016 | 18:14| 0

Asegura a todo aquel que la quiere escuchar que se llama Isabel de Toledo y que vive en el Edimburgo del siglo XV,  pero realmente es de Don Benito, se llama Belén  Martín – Mora Bañuls y es filóloga.

Su historia no tiene desperdicio. Tras estudiar filología francesa vivió varios años en Francia, y como es una joven emprendedora decidió aprender también inglés. “Miré vuelos, y que el que más barato me salía era a Edimburgo. Lo cogí sin vuelta”.

Algunos dirán que era el destino, otros que la casualidad. Lo cierto es que se plantó en la capital de Escocia sin conocer a nadie y comenzó viviendo en un alberge. Su primer trabajo fue en una cadena de comida rápida, como casi todos los españoles que llegan a Edimburgo, donde adquirió una extensa sabiduría acerca de pollos y patatas.

Su ciclo allí parecía haber terminado, pero debido de marcarle esta ciudad mágica, porque después de trabajar  como intérprete  multilingüe en  Marruecos, y de profesora  de francés en la India, decidió volver a Edimburgo , donde lleva ya cuatro años viviendo y seis meses descendiendo diariamente al misterioso subsuelo de la ciudad, “poseída” por el espíritu de Isabel de Toledo, una española de 1490 que llega con el emperador y con Pedro de Ayala  y que termina sirviendo en la corte del rey Jacobo IV de Escocia.

Belén, como Isabel de Toledo, en el Mary King Close (Ángel Briz)

Y es que Belén (o Isabel, que tanto monta) trabaja ahora como guía del “Real Mary King Close”  el tenebroso callejón de Mary King,  una de las principales  atracciones turísticas de la mágica y fantasmal ciudad de Edimburgo. Y lo de fantasmal no es subjetivo: Edimburgo, si hacemos caso a lo que sus mismos habitantes cuentan, es la ciudad con más fantasmas por metros cuadrados del mundo.  Pocas iglesias o edificios  carecen allí  de sus  propios y conocidos espíritus, y si a esto le unimos su arquitectura medieval y georgiana, su clima lluvioso, y especialmente su “otra ciudad” subterránea (ese Edimburgo oculto que permanece en el subsuelo y del que se cuentan leyendas inquietantes) nos encontramos sin duda en una de las ciudades más encantadas (y encantadoras) del mundo.

Mary King’s Close era un importante callejón comercial del siglo XVII situado en la zona antigua de la ciudad, un callejón que hoy en día se encuentra debajo del actual ayuntamiento de Edimburgo y al que da nombre su habitante más conocida de la época: Mary King. El hecho de estar atrapado bajo la actual calle y de haber estado cerrado durante muchos años ha conseguido que este complejo de callejuelas y casas permanezca congelado en el tiempo, pero también que sea foco ineludible de leyendas urbanas e historias de fantasmas, algunos de los cuales cuentan incluso con nombres y apellidos.

Otros tours se adentran por el Edimburgo subterráneo, como el South Bridge (Ángel Briz)

A pesar de que real Mary King’s Close no ofrece, como hacen otras empresas de la ciudad,  ningún tour de terror, lo cierto es que hay un rincón en su interior que pone los pelos de punta.  Se trata de una oscura sala en la que se amontonan decenas de muñecas de toda clase y condición . Son muñecas para un fantasma . El fantasma de la pequeña Annie.

 

Los visitantes ofrecen muñecas al fantasma de la pequeña Annie (The Real King Close)

Annie es uno de los fantasmas más famoso de la ciudad desde que la famosa médium japonesa Aiko Gibo afirmó sentir, mientras grababa un programa en los callejones subterráneos, como alguien le tiraba de la pierna. Al girarse pudo contemplar  a una niña de unos 5 años de edad que  lloraba desconsoladamente , y quien ante las preguntas de la médium le contó que  su nombre era Annie y que su familia le había abandonado allí en 1644 por tener la peste. Annie lloraba  porque había perdido su muñeca de trapo, la única pertenencia que le quedaba en el mundo. La médium salió del subterráneo, le compró una muñeca, volvió a bajar y la colocó contra la pared en la habitación donde la había visto, comentando después que todo el frío y dolor que había sentido desaparecieron. Desde entonces miles de personas al año visitan la habitación de Annie, dejando sus juguetes para que la niña fantasma no se encuentre sola.

Pero Annie es sólo una más de los muchos protagonistas involuntarios de la palabra que más terror ha producido a lo largo de los siglos: La peste.

Durante la Navidad de 1644, la peste llega en barco desde Europa y se propaga con  las pulgas de las ratas, matando a una parte importante de la población escocesa. Belén nos cuenta que es falsa la leyenda urbana de que las víctimas de la plaga fueron tapiadas en el callejón para dejarlas morir de hambre. De hecho, había una larga tradición de cuarentena organizada en la ciudad, una cuarentena “sui generis” que todavía se puede revivir junto a Isabel de Toledo en las entrañas de sus callejones.

Durante los brotes, las personas infectadas con la plaga se encerraban en su casa e indicaban su situación mostrando por la ventana  una pequeña bandera blanca. El pan, la cerveza y el carbón se les entregaba diariamente, y un médico especialista podía visitarlos de vez en cuando. Estos doctores llevaban capas de cuero y la llamada “máscara de la peste”, que era de cuero y en forma de pico, y ahí depositaban hierbas para tratar de protegerse de las “miasmas de la peste”, aunque a pesar de las precauciones muchos murieron, al igual que aquellos a los que trataban de ayudar.

El callejón de Mary parece detenido en el tiempo (The Real Mary King Close)

A pesar de todas estas leyendas, o precisamente por ellas, Mary King’s Close fue reabierto al público en abril del 2003 como atracción turística. Ahora, con el nuevo nombre de “Real Mary King,s Close”, la empresa quiere desprenderse de los fantasmas y las leyendas, y ofrecer una visita didáctica e histórica, una visita en la que recorriendo junto a Isabel de Toledo el callejón se puede experimentar cómo vivieron, trabajaron y murieron los habitantes del Edimburgo del siglo XVII.

Ya en la superficie, y en la cafetería del establecimiento (que tiene hasta tienda de recuerdos donde comprar una máscara de la peste, un monopoly del antiguo Edimburgo o una taza de recuerdo del callejón), Belen abandona la piel de Isabel de Toledo y  recobra su nombre y su acento extremeño, y se muestra agradecida a la ciudad en la que vive:

 “Edimburgo me ha tratado siempre muy bien. Nuca me he sentido sola. Desde las instituciones gubernamentales hasta los ciudadanos, todos te ayudan. Con este trabajo Quiero devolverle a la ciudad parte de lo que me ha dado. Quiero enseñar a los visitantes el encanto de Edimburgo”.

Mientras hablamos, una chica sufre un desvanecimiento en la mesa de al lado. Belén se levanta inmediatamente y va a por una botella de agua. En un minuto  acude el personal y un médico.  La joven comienza a recuperarse. Me muestro sorprendida por la rápida reacción de  todos, Belén incluida. Ella sonríe.

–          Es que en todos los  tours siempre hay alguien que se desmaya- me comenta, quitandole importancia…

Quizás los fantasmas siguen ahí aunque nadie hable de ellos…

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El hombre lobo extremeño: Cómo convertirse en lobisome
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Israel J. Espino | 08-05-2016 | 18:08| 1

 

 

Ilustración: Charles Lebrun (Siglo XVII)

Al hombre lobo extremeño se le conoce, según nos contaba hace más de un siglo el gran  Publio Hurtado, con el nombre de lobushome o lobisome, igual que en las tierras galaico-portuguesas. No es extraño, puesto  que el lobisome  (o al menos, su leyenda), se introdujo en Extremadura desde Galicia pasando por Portugal. Y lo sabemos porque donde más abunda este ser peludo y maldito es en las localidades fronterizas de La Raya, ese territorio mágico entre dos reinos, aunque en con el tiempo y la ayuda de las noches de plenilunio se fue adentrando hasta el mismo centro de la región.

Así lo atestiguan retazos de nuestra tradición oral como Mae Bruxa (Madre Bruja), una bella canción  recogida por el Grupo Folclórico “El Depertar”, de Cedillo, una canción que pertenece al repertorio de canciones y danzas de esta localidad y que ha sido popularizada por Acetre,. En su estribillo se relaciona al hombre lobo como compañero de las brujas:

“Tua mãe é bruxa, tenho medo dela.

Tenho medo dela, também do seu homem.

Tua mãe é bruxa, teu pai lobisomem.”

(“Tu madre es bruja, tengo miedo de ella.

 Tengo miedo de ella, también de su hombre,

tu madre es bruja, tu padre hombre lobo.” )

El mejor estudio sobre el hombre lobo en Extremadura corresponde sin duda alguna al historiador y folclorista José María Domínguez Moreno, quien nos describe a este ser temible con un aspecto normal que en nada hace sospechar su otra apariencia, y que toma forma lobuna y feroz algún que otro viernes, la noche de San Juan o las de plenilunio, sin que falten condicionantes que obligan su metamorfosis en otras fechas distintas e incluso continuamente. Ya solo, ya acompañado de un ejército de lobos, ataca y mata tanto a personas como a animales. Con las primeras luces del alba puede recuperar su forma humana, en cuyo caso ya no la perderá hasta que vuelvan a darse las circunstancias para una nueva transformación.

Pero ¿Cómo se convierte uno en hombre lobo? Dejando a un lado los clichés peliculeros de mordiscos a medianoche, lo cierto es que hay tantas papeletas para convertirse en hombre lobo que raro es que la mitad de los extremeños no andemos aullándole a la luna y persiguiendo entre las encinas a los viajeros nocturnos.

En  Aldeanueva del Camino, en el bello Valle de Ambroz, se cree que la embarazada que se encuentre con un lobo  parirá un licántropo, a no ser que pegue sobre el vientre una estampa de San Antonio de Padua hasta que se produzca el nacimiento de su hijo.

Y es que San Antonio, como ya hemos dejado escrito en otras ocasiones, es mano de santo para esto de las alimañas, y de hecho en Extremadura es de los pocos instrumentos de los que nos podemos valer para evitar la conversión en lobisomes. Porque otra manera (quizás la más conocida)  de convertirte en hombre lobo es nacer el séptimo varón de una familia sin ninguna hembra en medio. Solo existe una manera de evitar la maldición: el varón debe ser bautizado por su hermano mayor con el nombre de Antonio.

Esto lo saben bien en Las Hurdes, donde el folklorista Félix Barroso me contaba como Tío Vito de Dios, de la alquería de La Horcajada le informaba mucho y bien sobre los hombres lobos, y le recitaba, de regalo, este romance lobuno:

 Se casó no bien casada en otro pueblo Leonor.

Siete hijos trajo al mundo, los siete que le dio Dios.

No hubo hembra por el medio, cada uno fue varón,

y al “sétimu” que era el último le cayó una maldición:

en un lobo de por vida el “probi” se convirtió.

De mañana en la lobera y de noche de rondón…”

Triste destino para los séptimos hijos, como saben en los pueblos de Ahigal y Zarza de Granadilla, en  Tierras de Granadilla y de Alía, ya en Las Villuercas, donde relatan como un joven  cazador consigue  acabar con un lobo que en las noches de luna llena masacraba a los rebaños, y le corta una pata como trofeo. Al volver al pueblo y enseñarla descubre que la zarpa se ha convertido en una mano humana y, al volver al lugar donde se encontraba el lobo muerto, descubre que se trata del cadáver desnudo de  su hermano pequeño, que había desaparecido y que está maldito por nacer el séptimo entre los varones de su familia y que no pudo ser bautizado por su hermano mayor porque este se encontraba ausente.

Un cazador consigue abatir a un terrible lobo que resultó ser su hermano ... (Jimber)

Y es que la maldición solo puede ser eliminada cuando al lobisome, en su estado lobuno se le da caza y se le practica una sangría, que, según contaba Publio Hurtado, ha de acompañarse con alguna jaculatoria.

Y hablando de maldiciones, llegamos a otra forma de convertirse en lobisome en Extremadura: la maldición de un padre o de una madre.  Un ejemplo lo tenemos en el pueblo de Calamonte, en el que un mozo le roba a su padre el mejor cordero del rebaño y se lo come en compañía de los amigos.

Enterado el padre, no tarda en maldecir a su hijo:

–       «¡¡Lobo fueras pa que al menos mataras y comieras por hambre!».

           Y, efectivamente, lobo se hizo y por hambre arremetió contra las ovejas de su progenitor sin que los perros hicieran el mínimo esfuerzo por defender el hato. El padre acaba reconociendo su error y perdona al muchacho, que al instante se ve libre de su forma animal.

Otra forma de convertirse en hombre lobo es la de ser hijo de un lobo. Así de entrada parece difícil, y debería serlo, amén de peligroso para la madre, por lo que recoge Domínguez Moreno en Guareña, donde cuentan que una joven que mantenía relaciones con un lobo no tarda en quedar embarazada del animal. En el momento del parto la joven se encuentra sola en el campo y grita de dolor. Acuden los lobos en manada y matan a la muchacha para sacarle la cría, que se llevan en las fauces. El recién nacido era un hombre-lobo.

De tener ascendentes lobisomes no se libra ni caperucita... (Jimber)

Pero no son estas las únicas maneras de convertirse en hombre lobo en Extremadura. Podemos convertirnos en lobisome (revolcándonos en el lugar donde antes lo haya hecho un lobo (magia de contacto),  bebiendo la sangre del lobo recién matado (magia simpática) o teniendo el descaro de nacer en la noche del 24 de diciembre, haciéndole sombra al nacimiento del Niño Jesús.

Así que ya saben… Si quieren convertirse en lobisomes, métodos no le faltan. Y si han tenido la desgracia de nacer malditos… encomiéndense a San Antonio y cuidado con la luna. Porque como bien sabemos todos los que adoramos a Lon Chaney :

“Incluso un hombre puro de corazón

que reza sus oraciones todas la noches

puede convertirse en lobo cuando florece el acónito

y brilla la luna en otoño”.

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El bálsamo de Fierabrás está en Extremadura
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Israel J. Espino | 24-04-2016 | 21:13| 1

Ilustración: Borja González Hoyos

Ahora que celebramos los 400 años del Quijote no podemos dejar pasar la oportunidad de reivindicar la ubicación legendaria de uno de los mejunjes más fantásticos de la historia, una poción mágica capaz de curar todas las dolencias del cuerpo humano y  de sanar heridas terribles y enfermedades incurables. Unapócima que formó primero parte de las leyendas del ciclo carolingio, y que después recogió Cervantes para aderezar su inmortal obra: El bálsamo de Fierabrás.

Don Quijote le comenta a Sancho en el capitulo X que conoce la receta del bálsamo, (ya no tan mágico y si más pedestre), cuyos ingredientes son aceite, vino, sal y romero, todo ello hervido y acompañado de un ritual consistente en 80 padrenuestros, 80 avemarías, 80 salves y 80 credos. La pócima parece funcionar sólo con  caballeros, ya que tras beber la milagrosa poción a don Quijote le atacan vómitos y sudores, pero se siente curado después de dormir. Sancho, sin embargo, sufre un efecto laxante y poco edificante.

Sin embargo, el auténtico y mágico bálsamo de Fierabrás  tiene orígenes mucho más legendarios. Algunas fuentes, de hecho, afirman que Fierabrás era el feliz propietario de una  espina de la auténtica corona de Cristo, de la que nacía un rosal mágico que florecía todo el año, con rosas de variados colores y aromas, uno rosal del que más tarde los templarios cortaban flores para el altar de la Virgen, cuyas espinas no herían y del que se extraía su famoso bálsamo.

Las rosas mágicas provenían de la espina de la corona de Cristo (Jimber)

Este rosal se encontraría ahora sumergido en las aguas del pantano de Alcántara, bajo la torre de Floripes, últimos restos del castillo templario que guarda la romántica leyenda de amores e deseos incestuosos, entre Fierabrás, Floripes y el caballero Guido de Borgoña, paladín de Carlomagno.

De hecho, cuenta la leyenda que un moro cautivo enseñó a Carlomagno y a sus caballeros el escondite de este rosal, junto al que se ocultaba un mantel mágico (también traído por el gigante) que procura toda clase de alimentos si se dicen correctamente unos conjuros y al que es fácil relacionar con el mantel de la Última Cena, reliquia que se encuentra expuesta desde hace siglos en la catedral de la cerca Coria. Curiosamente, en la misma catedral, en su museo de las reliquias, se guarda también una espina de la corona de Cristo… ¿Podría ser la que dio origen al rosal mágico?

En la Torre de Floripes emergen los barriles de bálsamo en la mañana de San Juan (A. Briz)

Y aún existe una leyenda mucho más trascendental, que afirma que  cuando el gigante  Fierabrás (el de fieros brazos) y su padre Balán conquistaron Roma, robaron en dos barriles los restos del bálsamo con que fue embalsamado el cuerpo de Jesucristo, que tenía el poder de curar las heridas a quien lo bebía.

Estos barriles fueron arrojados al Tajo en el combate final entre Fierabrás y Carlomagno, cuando el gigante se vio perdido. Pero todavía pueden recuperarse, porque en la zona se cree que las extrañas formas que se ven en algunos  remolinos que forma el agua  cerca de la torre son los toneles del famoso bálsamo de Fierabrás, que en la mañana de San Juan, cuando el sol dora la Torre de Floripes, emergen por un instante  desde el fondo de la Rocha Frida para demostrarnos a todos que la magia aún existe.

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El temible llanto de la bastarda
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Israel J. Espino | 17-04-2016 | 22:09| 0

Ilustración: Borja González Hoyos

Era una cálida noche de verano. La luna llena iluminaba los campos de la comarca de Alcántara como si una extraño velo cubriese los contornos de los montes, los árboles y las rocas. Avanzábamos siguiendo la ruta de los bandoleros, bordeando una laguna en la que chapoteaban peces nocturnos y anfibios insomnes. A lo lejos, Brozas dormía.

Avanzábamos por un sendero de tierra que serpenteaba como una cinta amarillenta entre la hierba crecida y agostada cuando algo reptante hizo que la maleza temblase.  Intranquila, le pregunté al guía si había serpientes grandes por la zona.

–       Bastardas- contestó.

Bastardas. Un nombre que a mucha gente en Extremadura aún  le pone los pelos de punta. Un nombre en el que se funde lo real y lo legendario, el respeto y el miedo. A la culebra bastarda o Malpolon monspessulanus también le llaman “La Bicha”, y es fácil encontrarla en los campos extremeños. Tiene aspecto fiero y desafiante, una mirada  penetrante con la que se cree que hipnotiza a sus víctimas, un tamaño considerable del que se afirma que aumenta aún más al interceptar a sus víctimas elevándose sobre su cola cuando va a atacar, y la mala costumbre de mamar leche de vacas, cabras y mujeres, como ya hemos contado en otros artículos.

Cuentan en Las Hurdes como el «culebrón» (como también se le conoce) es capaz de emitir ciertos sonidos chirriantes para llamar la atención de sus presas. Algunos cazadores de la zona  afirman incluso que es “como un niño cuando llora”. «El llanto de la bastarda» es como llaman a la lúgubre sintonía que efectúa “La Bicha” momentos antes de plantarse frente a su enemigo.

La penetrante mirada de la bastarda (Jimber)

Escamosa y de tonalidad marrón verdosa, cuentan que utilizar su robusta cola como fatal látigo con el que llega a golpear a algunas de sus víctimas hasta matarlas. El periodista Iker Jimenez recogió algunos casos en Las Hurdes de niños atacados por la bastarda de este terrible modo, como en El Cabezo, donde  se narra la historia de un bebé al que el reptil dio muerte tras un momento de descuido de la madre.

La leyenda afirma incluso que la bastarda tiene cerdas en el lomo y pelos en la cabeza, lo que, junto a  la portentosa fuerza de su cola, la pueden emparentar  con la Caragontía de Montánchez  y hasta con el cuélebre asturiano.

Y como siempre, hay quien saca partido hasta de lo más legendario. El historiador José María Domínguez Moreno me contaba hace poco cómo una mujer de Ahigal, a la que los muchachos le robaban las habas, pregonó a los cuatro vientos que había visto en su huerto una serpiente de ni se sabe cuántos metros, provista de una exagerada melena. El bulo fue reiterado por los hortelanos vecinos. Desde aquel momento los habares del entorno quedaron libres de las rapiñas infantiles.

 

Para protegerse de la bastarda afirma el pueblo que no hay más remedio que rezar el «responso del viborón», y para la mordedura , la «limpia del alacrán», un remedio utilizado desde hace siglos en Casares y Ladrillar, y que se efectúa rozando un escorpión sobre la zona mordida por la bicha, mientras se reza la consabida plegaria.

La bastarda, entre la realidad y la leyenda (Jimber)

Y es que, además del tamaño, a “la bicha” se la teme por su veneno, aumentado por la leyenda y por la tradición oral. El investigador hurdanófilo Félix Barroso recoge la historia de un pueblo, ya abandonado llamado La Rocasqueru donde, en una poza del rio, vivía una anguila que mantenía relaciones con un bastardo. Cuando la anguila alcanzo un peso considerable, los vecinos decidieron comérsela, y como no sería de grande que hubo anguila para todos. Todos comieron menos el sabio del pueblo,  el Tío Godencio, un zajoril que nació con una cruz debajo de la lengua y que hablo en el vientre de su madre antes de nacer.

El Tío Godencio intentó detener a sus vecinos, convenciéndolos de que la anguila, al tener relaciones con el bastardo, se había contaminado de su veneno, pero nadie le hizo caso y siguieron comiendo. Todos murieron envenenados, y el Tío Godencio se convirtió en el único dueño del pueblo.  Un pueblo fantasma, eso sí, que decidió donar a quien mejor lo trató luego. Pero eso es otra historia que ya contaremos en otra ocasión…

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Las Sociedades de Tesoros, un negocio arriesgado
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Israel J. Espino | 06-04-2016 | 09:08| 0

Ilustración: Borja González Hoyos

Seguro que pocos de ustedes saben que, entre las sociedades en las que uno podía invertir en el siglo XIX en Extremadura se encontraban algunas Sociedades de Tesoros.

El funcionamiento era fácil: cada uno de los socios se comprometía en aportar aquello que pudiese: dinero para la intendencia, especies para la búsqueda, el mapa del tesoro o la mano de obra para estar cavando durante días e incluso meses. Y empezaba la aventura. Si encontraban el tesoro, se repartía y ganaban todos. Si no se hallaba nada (que solía ser lo más habitual, todo hay que decirlo) todos perdían.

Una de estas primeras sociedades tuvo su sede en Herrera del Duque allá por 1843. Rebuscando entre las ruinas del Castello Velho tropezaron los pastores con ciertos cacharros romanos que enseñaron en el pueblo, en el que rápidamente se creó una sociedad entre varios vecinos que estaban convencidos de encontrar fácilmente “un gran depósito de oro y pedrería”. No hallaron oro ni piedras preciosas, aunque sí restos arqueológicos a los que no dieron excesiva importancia.

Según nos cuenta el cronista extremeño Vicente Barrantes,  en 1878 surge otro grupo en Gata, en torno a un visionario que prometió el hallazgo de un tesoro arrojando al aire dos varitas de avellano cortadas la víspera de San Juan a la medianoche en punto. Cayeron estas en forma de cruz en el lugar donde se encuentra un enorme peñón, y allí mismo comenzaron las excavaciones con nulo resultado, ya que tuvieron que abandonarlas a la carrera cuando la enorme mole de  piedra estaba a punto de desplomarse  sobre los trabajadores, ocasionando desgracias en lugar de fortunas.

Las galerías subterráneas siempre han despertado la imaginación del pueblo (Jimber)

No había pasado ni una década cuando, entre los años 1884 y 1885 se creó una sociedad de lugareños de Villasbuenas de Gatadispuesta a encontrar de una vez por todas el gran tesoro enterrado en el paraje conocido con el evocador nombre de El Púlpito de los Lobos. Se contaba que allí había una bóveda subterránea a dos varas del suelo, sostenidas por cuatro enormes estatuas de reyes de oro macizo.

La recién nacida sociedad contrató, para localizar el tesoro, a un zahorí, quien señaló el lugar exacto donde estaba enterrado, pero subrayando empecinadamente que nadie dudase de la existencia del tesoro, ya que cada vez que alguien albergara la más mínima duda, el tesoro se hundiría un poco más.

Tras excavar cuatro metros no hallaron nada, achacándolo todos a que alguno de ellos había dudado en algún momento de la existencia del tesoro. Al no saberse quién era el culpable, se desató una terrible batalla campal en la que todos desconfiaban de todos. Hubo peleas con navajas y palos, y el asunto terminó nada menos que en un proceso judicial en la Audiencia de Plasencia.

El castillo de Miramontes, en Azuaga, cuna legendaria de tesoros sin cuento (Ángel Briz)

Pero el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y más si la piedra  es de un castillo en ruinas. Vicente Barrantes cuenta que en el último tercio del siglo XIX, se formó una sociedad de treinta aficionados en las ruinas del castillo de Miramontes, en Azuaga, “donde se asegura existir galerías subterráneas, que el vulgo supone llena de tesoros y acaso lo serán de objetos antiguos”.

Y es que este castillo siempre se ha visto rodeado por la leyenda de tesoros ocultos, y ya en el siglo XX Jose Romero Romero (alias Heliotropo) periodista de la localidad, recogía  en 1933, en el diario La Libertad,  como se desarrollaban en el castillo excavaciones particulares de otra sociedad de tesoros, “con la intención de descubrir algunas riquezas de las que se aseguran se encuentran sepultadas en aquellas ruinas”.

Dirigía estos trabajos una tal Faustino Ortiz Gallardo, un viejecito bajito y canoso que cobraba 10 céntimos la entrada a las excavaciones para ver los “descubrimientos” y poder autofinanciar la búsqueda de los tesoros. Los trabajos habían comenzado el 30 de mayo, y poco a poco, todos aquellos “socios” que aportaban a la sociedad la mano de obra, se habían cansado de trabajar sin frutos y se habían marchado. Otros llegaron a  probar suerte y también abandonaron, y al cabo de un año hasta el pobre Faustino tuvo que abandonar pesaroso la búsqueda del tesoro de Miramontes.

Extraños ladrillos con indescifrables inscripciones, varias monedas de cobre, dos figuritas con la efigie de reina o virgen y tres grapas de oro fue lo único que consiguieron arrancarle al subsuelo del castillo. Desde entonces se sospecha que el tesoro del castillo de Miramontes sigue esperando al valiente que horade sus entrañas y aguante el envite a través del tiempo, soportando entre sus muros derruidos el sol de agosto,  la lluvia de octubre y la helada de enero. Como sus mismas piedras.

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El Mágico Valle del Jerte: La leyenda de la princesa triste y los cerezos en flor
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Israel J. Espino | 02-04-2016 | 08:19| 0


Ya está el mágico Valle de El Jerte, pródigo en duendes, duendas, encantamientos y tesoros, cubierto con un manto blanco de flores  de cerezo. Dos millones de árboles en flor explosionando y derramándose en terrazas que anuncian la llegada de la primavera. Meses después, el blanco se tornará rojo sangre y surgirá entre sus ramas la Picota del Jerte,  un cultivo autóctono del Valle que solo se producen en esta zona.

 

La historia nos cuenta que el cultivo del cerezo comenzó a generalizarse en esta zona a partir del siglo XVIII, debido a un simple afán de supervivencia, ya que el árbol autóctono de la zona era el castaño. Pero quisieron los dioses que una plaga acabara con ellos, y se produjo  la consolidación del cerezo. Pero un paisaje de esta belleza no podía conformarse con una historia tan banal, y el pueblo no tardó en crear una leyenda romántica alrededor de la llegada del cerezo.

 

Hay quien habla de un zar ruso. Otros de un jeque árabe. Pero todos lo imaginan enamorado de una hermosa mujer de un lejano país del norte de Europa, donde la nieve cubría de un manto blanco los paisajes invernales.  Los amantes deciden vivir en el Valle, donde, a pesar de la belleza de sus ríos y montes, más que el blanco abunda el verde. La esposa, aunque enamorada de su marido, siente melancolía por los paisajes nevados de su tierra, y sus ojos reflejaban siempre una cierta  tristeza. Hasta que un día su amado, decidido a hacerla feliz, le promete que si es necesario, él traerá la nieve al Jerte.

La flor del cerezo, pétalos de nieve (Jimber)

Pensó y pensó en la forma de poder cumplir lo que había prometido, hasta que se le ocurrió una idea… Ordenó plantar cerezos por todo el valle, a sabiendas de que la flor del cerezo es blanca. Cuando llegó la primavera todos aquellos árboles florecieron y vistieron sus ramas de pétalos blancos. Llevó a su amada hasta un lugar desde donde podía verse todo el valle y observó el resultado de su esfuerzo: Había conseguido que, al menos unos días al año, ella pudiera ver su nueva tierra cubierta de nieve.

El Valle del Jerte se tiñe de blanco (Jimber)

Envuelta en esta leyenda se celebra todos los años laFiesta del Cerezo en Flor, convertida ahora en una celebración popular que trata de reflejar la vida de toda una comarca, tanto del pasado como del presente. La fiesta se convierte así en un escaparate de la cultura jerteña, de su gastronomía, de sus tradiciones y  de su  forma de vida.

Abren sus puertas las bodegas, las fraguas y los lagares, que durante unos días son recuperan los oficios de siglos pasados, los animales domésticos y totémicos se engalanan con cintas de colores, y las casas abren sus puertas para mostrar cómo vivían sus ancestros en un pasado no muy lejano.

Los animales se engalanan con cintas de colores... (Jimber)

El blanco cubre por fin las cumbres y los valles. La primavera ha llenado de espuma las copas de los árboles. El agua fluye cantarina en los saltos y cascadas, el sol comienza  a calentar los campos, y cuentan que si se acerca bien la oreja a los troncos de los árboles, se escucha su savia susurrando, un año más, que estamos vivos.

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El castillo de Marmionda: Leyendas de pasión, sangre… y gallinas
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Israel J. Espino | 27-03-2016 | 14:49| 1

Ilustración: Borja González Hoyos

En lo alto del pueblo de Portezuelo, en la provincia de Cáceres, se alzan los restos de una fortaleza árabe cuyos muros guardan una trágica historia de amor. La leyenda se sitúa tras la muerte de Almanzor, cuando finaliza la grandeza del califato de Córdoba y comienzan los reinos de Taifas y las escaramuzas continúas.

Los vecinos de Portezuelo cuentan que la fortaleza tenía un alcaide famoso en toda la zona, más que por sus éxitos guerreros, por su bella, hija, la hermosa Marmionda, enamorada de un capitán cristiano que guerreaba contra las tropas de su padre.

Correspondida en su amor por el capitán cristiano, los enamorados elucubran la manera de pasar la vida juntos, hasta que un mal día,  durante una batalla, Marmionda cree ver, desde sus habitaciones, como su amado cae muerto a los pies del cerro, y no pudiendo soportar el dolor,  se arroja por los ventanales de su aposento, con tal fuerza que su cuerpo, rodando, va a caer junto a la roca donde yace su amado.

Pero el caballero no está muerto, solo inconsciente, así que cuando recobra el sentido se encuentra  a sus pies el cadáver de la bella  Marmionda. Al darse cuenta de la crueldad del destino, el capitán se atraviesa con su propia espada y muere junto a su amada, mezclándose la sangre de ambos en un arroyo carmesí.

Sin embargo, no solo de tragedias y amores se alimentan las piedras del castillo de Portezuelo. También sus paredes esconden tesoros legendarios, como aseguran los viejos adagios que aún hoy recitan los más ancianos lugareños:

“Castillo de Marmionda,

si una gallina escarbara,

cuanto oro y platería

en tus muros encontrara…!”

El castillo de Marmionda, en Portezuelo (Ángel Briz)

Sembrada de tesoros está la zona. En Portezuelo, además del legendario Castillo árabe de Marmionda, gozan de la posesión en su término de la finca de Macailla o Macaela, donde hay enterradas grandes ollas repletas de monedas y alhajas, al parecer escondidas ante la invasión árabe. Una gallina marca el lugar exacto del tesoro, y la coplilla así lo confirma:

 

Macaela, Macaela,

¡cuánto oro y plata en ti queda!

Si una gallina escarbara,

¡cuánto oro y plata en ti hallara!

Los gallos y las gallinas descubren tesoros (Jimber)

Es cierto que hoy los lugareños no tienen fe en dar con las susodichas riquezas por la sencilla razón de que ya hace muchos años pasaron a un boticario de Torrejoncillo, que hasta ese lugar de la Macailla acudió una noche de luna llena con todo un gallinero. Las gallinas se encargaron de poner al descubierto todo el oro y la plata, como reza el dicho que con cierto aire de resignación o desencanto también se escucha en Portezuelo como broche a los versos anteriores:

Y una gallina escarbó,

¡y el tesoro que encontró!

Y a pesar de todo, se afirma que alrededor del castillo  aún queda oro para rato… Será cuestión de buscar.

 

 

 

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El cementerio de Talaván: Los Ángeles Malos, la Dama Momia y el Hombre Gato
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Israel J. Espino | 06-03-2016 | 20:19| 0

 


Los ángeles malos de Talaván (Altea Wiegand)

 

 

La niebla amenaza con no irse nunca y borrarlo todo. El cielo, encapotado, descarga incesante una fina lluvia que empapa sin ruido los campos verdes, las ovejas mansas, los caminos de tierra. El viejo cementerio del pueblo cacereño de Talaván da miedo. O al menos, respeto. Allí nos dirigimos, siguiendo los pasos que nuestros intrépidos compañeros Lorenzos  (Sergio Lorenzo y Lorenzo Cordero), andaros hace ya años.

 

Nosotros ya no tuvimos que escalar el muro, porque está caído en una parte, aunque sí nos adentrarnos en una pequeña selva hasta llegar a las ruinas de la ermita de este singular cementerio que lleva abandonado casi un siglo. La Ermita del Santo Cristo fue utilizada como camposanto hasta 1928, quedando abandonada y en proceso de ruina desde entonces.

 

Primero, un pasillo de nichos desdentados y abiertos, donde reposaron momias milagrosas. Según me cuenta Epifanio,  un vecino de Talaván, un mal día  una tumba del cementerio apareció abierta, y en el interior, una dama incorrupta que pronto adquirió fama de santa. La Santa del Cementerio recibía  a diario peticiones, rezos y encomiendas, hasta que algún alma caritativa, la familia o la iglesia, decidieron sacar de allí a la cadavérica señora  y enterrarla decentemente en otro lugar.

 

El cementerio viejo de Talaván está a punto de fallecer (Angel Briz)

Enfrente, la pared agujereada en la que aun se observa el estarcido de mitológicos seres con cabellos de querubín y alas, pero provistos de enormes colas enroscadas… Y en un medallón, como vigilando quien se adentra en sus dominios, un  extravagante personaje tocado con bombín y  una extraña y minina sonrisa que recuerda la del gato de Alicia. Pero las maravillas de este país de difuntos no han hecho nada más que empezar.

 El hombre gato del cementerio viejo de Talaván (Angel Briz)

El medallón que mira a levante, sujetado por los extraños seres alados, contiene a su vez una cabeza femenina igual de inquietante que la gatuna,  tocada y envuelta en una capa.

 

Seguimos esquivando zarzas y trozos de lápidas y vemos, al fondo, una cúpula que lleva  años amenazando con caerse, pero que se mantiene ahí de puritito milagro.

 

Y allí, en la cúpula, si levantamos la mirada, los encontramos. Los ángeles malos. Seres alados con mirada amenazante y dientes afilados de piraña. Dientes enrojecidos como el extraño sombrero que llevan sobre sus cabezas. Y bajo ellos, rodeando el ábside, una sentencia en latín:

 

OBLATVS ET QVIA IPSE VOLVIT. ET PECCATA NOSTRA IPSE. PORTAVIT. ESAIE. 53. MARZO.15 DE 1628 AÑOS.

 

(Se ofreció porque quiso. Él mismo cargó con nuestros pecados. Isaías 53.

15 de marzo de 1628)

 

Los ¿ángeles? del cementerio de Talaván (Ángel Briz)

 

Las terroríficas figuras han generado no solo mucho interés, sino también diversas interpretaciones en cuanto a su significado. Mientras que para algunos son “ángeles malos”, otros los relacionan con ánimas del purgatorio, aunque  el que fuera mi  profesor en la universidad, el catedrático Antonio Piñero, (especialista en cristianismo primitivo) señalaba  que son demonios, de acuerdo con el salmo de Isaías. Piñero afirma que cada vez que aparece este salmo  representa luchas contra el demonio, por lo que el dibujo puede tratarse de  un rito apotropaico, es decir, de rechazo o defensa ante un adversario del que posees su esencia al dibujarlo.

 

Otros estudiosos han clasificado a estos  extraños personajes como “réprobos”, es decir,  condenados a la pena eterna,  pero alados en su condición de seres espirituales.

 

Sean como fueren, la cúpula en la que habitan no resistirá en pie mucho tiempo. La ermita se encuentra en peligro de derrumbe. Los ángeles malos de Talaván exigen, desde sus alturas,  una reparación inmediata, y si desoímos sus palabras mereceremos que, al menos, se nos aparezcan en sueños. Avisados quedan.

 

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La torre de Floripes y el puente de Mantible, una historia de amor incestuoso
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Israel J. Espino | 14-02-2016 | 20:24| 0

 

Ilustración: Borja González Hoyos

La torre de Floripes es lo único que queda visible del castillo de Rocafrida, sumergido en el pantano de Alcántara. Una isla de piedra y leyenda que desafía a las aguas azules y en cuyo suelo,  cuando el verano agosta el agua y el nivel del rio baja, pueden verse los profundos agujeros realizados por los buscadores de tesoros.

La fortaleza de Rochafrida, de la que ya nadie se acuerdan se encontraba en otro tiempo unida al puente romano de Alconétar, aunque el tiempo los alejó como a amantes despechados, ya que el puente fue trasladado para protegerlo del pantano, y ya solo conserva algunos arcos. Sus restos se encuentran cerca de la mágica villa de  Garrovillas de Alconétar, y su construcción se atribuye por algunos al arquitecto del emperador Trajano, Apolodoro de Damasco.

Al puente de Alconétar se le conoce como el puente de Mantible, gracias a la leyenda que narra cómo los famosos Pares de Francia anduvieron por Extremadura, concretamente en Alconétar, donde  se toparon de bruces con el gran Fierabrás (el de feroces brazos) Rey de Alejandría, quien se disputaba con Carlomagno el imperio del mundo. Cuentan que había conquistado la fortaleza de Rochafrida el capitán Mantible y, en su honor y desde entonces, el puente romano cambió de nombre.

El rey Fierabrás, famoso por su bálsamo (que también dejó en la zona) y al que algunas leyendas ascendieron al rango de gigante,  llevaba siempre a su lado a su hermana Floripes, bellísima princesa de la que incestuosamente estaba enamorado. Sin embargo, la hermosa agarena despreciaba las insinuaciones amorosas de su hermano, ya que estaba coladita por uno de sus más feroces enemigos: Guido de Borgoña, paladín de Carlomagno.

Fierabrás ignoraba la pasión que devoraba a su hermana, pero quiso la mala suerte que Guido fuera herido y cayera prisionero junto con otros caballeros franceses. Fierabrás ordena que sean encerrados en los más oscuros calabozos del castillo, y encomienda la custodia de la torre y de su calabozo al fiero Alcaide de la fortaleza, el hercúleo Brutamonte, que ya con el nombre asustaba un poco.

 

El puente de Alconétar o puente de Mantible (Ángel Briz)

Enterada la bella Floripes del paradero de su amado, no se corta y va en su busca. El alcaide, al reconocer entre las sombras a la hermana de su señor, no desconfía  y abre las puertas. La princesa, en ese  momento, salta sobre Brutamonte y le hunde su daga en lo más profundo del corazón, quitándole las llaves de las mazmorras y rescatando a su amado Guido y  a sus compañeros. 

Pero Fierabrás ha notado la ausencia de su hermana, y oliéndose (ahora sí) la tostada, decide acercarse con sus  mejores caballeros al castillo, sospechándolo que algo raro estaba pasando. Al encontrarse en la puerta de la fortaleza el cadáver de Brutamonte y comprobar que no puede entrar en su propio castillo, ordena  a su ejército rodear la fortaleza para rendirlos por hambre.

La Torre de Floripes (Ángel Briz)

A Guido le toca, por sorteo, intentar escapar del castillo para pedir auxilio al Carlomagno. Guido lo consigue y el emperador manda sus soldados, vence a Fierabrás y libera a los prisioneros, entregando de paso la mano de Guido de Borgoña a su amada Floripes.

Pero dicen que al retirarse quiso dejar un cruel recuerdo de su presencia en aquellas tierras y destruyó el puente para estorbar la vuelta de los musulmanes.

Curiosamente, la leyenda casi encuentra visos de realidad cuando, según cuentan en Alkonetara, durante las excavaciones de Caballero Zoreda en 1969 se encontró, casi a los pies de la torre de Floripes, un esqueleto de grandes proporciones. Se pensó por un momento que la leyenda podía ser cierta y que el esqueleto podía ser nada más y nada menos que el del Brutamonte, aunque finalmente los estudios demostraron que era un esqueleto de  mujer, lo que no quita ni un ápice al misterio.

Y cuentan que Fierabrás murió desesperado, llorando la pérdida de su gran señorío y de su bella hermana, y que Alá lo condenó a vagar eternamente errante por las inmediaciones de la Torre de Floripes. Y dicen algunos, como el sacerdote José Sendín Blázquez,   que aún hoy sus gritos y lamentos se oyen en las cercanías. Y cuando el agua del pantano se atreve a anegar la torre, a su alrededor se forma un halo misterioso, una especie de remolino, por donde respiran los espíritus condenados de Fierabrás y Brutamonte.

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Sobre el autor Israel J. Espino
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