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Etiqueta: logrosán
De vetones y verracos
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Israel J. Espino | 09-03-2017 | 08:52 |0

Ilustración: Borja González Hoyos

Algunos de ustedes han temido que mi entusiasta realismo al hablar de los tesoros incite al expolio. Nada más lejos de mi intención, ya que a Extremadura se le han arrancado (literalmente) pedazos de su historia en pos de unos tesoros que nunca existieron más que en las consejas nocturnas de los crudos inviernos.

Tal vez uno de los genes más antiguos del actual pueblo extremeño sea el vetón, creador de la cultura del verraco.  Los verracos se adoran como divinidades protectoras de los ganados o propiciadores de pastos, aunque también se afirma que son símbolos de fecundidad, a juzgar por la desproporcionada dotación de genitales de que hacen gala algunos de estos animales.

Según otros estudiosos, los verracos actúan como tótem de clan, como marcadores de terrenos y lindes o como divinidades funerarias, constituyendo un singular tipo de sepulcro consistente en una piedra con un hueco para las cenizas tapada con la peana que sostiene el verraco. Algunos modernos investigadores afirman que  los verracos son unos animales destinados a

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Exorcistas extremeños del Siglo de Oro
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Israel J. Espino | 14-07-2016 | 16:54 |0

El diablo ha campado a sus anchas en Extremadura desde que empezamos a creer en él. Y aunque podía haberse metido en el cuerpo de cualquier aristócrata, noble u obispazo, le tuvo querencia al pueblo llano y, no pocas veces se introdujo en los pobres cuerpos enjutos y hambrientos de labriegos y pastores y de piadosas mujeres.

Los síntomas de posesión eran, como ahora, unas veces más claros que otros, aunque una vez poseído el cuerpo, según el “Compendium Maleficarum”, publicado en 1608,

“si el demonio se encuentra en la garganta, se siente tan oprimido que parece estrangulado. Si se encuentra en las partes más nobles del cuerpo, como el corazón o los pulmones, produce jadeos, palpitaciones y síncopes. Si está cerca del estómago, produce hipo y vómitos, de modo que no puede tomar alimentos o no puede retenerlos. Y también hace que una especie de bolita pase por el ano, con rugidos y otros ruidos discordantes, y produce gases y calambres en el abdomen. A veces se les distingue por ciertos vapores de azufre u otros gases de olor penetrante”.

Afortunadamente, donde está el diablo no falta un exorcista, y ya el insigne Pedro Ciruelo comenta en su obra “

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El tesoro del castillo
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Israel J. Espino | 24-09-2013 | 14:22 |0

 

Ilustración: Borja González Hoyos

Si hay un lugar adecuado para esconder un tesoro es sin duda un castillo. Y castillos hay que jalonan la geografía extremeña y que ocultan, en lo mas profundo de sus entrañas, el brillo siempre vivo del oro más puro, aguardando al avispado que consiga descubrirlo.

Hay fortalezas que reúnen en sí mismas todos los tópicos de los tesoros ocultos: cueva, serpiente, castillo y monedas de oro. Otros están custodiados  por fantasmas, por moros, por “bichas” o por maldiciones, y los hay simplemente que están encantados. Otros muestran en sus piedras  los símbolos secretos que nos acercan al tesoro, mientras que otros se ofrecen ellos mismos como punto de partida para la búsqueda del sueño. Unos se yerguen aún fuertes y desafiantes, mientras que otros yacen en la tierra, como mastodontes moribundos, abandonados a los vientos del invierno y a los mil soles del estío extremeño.

Como en todas las leyendas, de unos tesoros hay pelos y señales, mientras que de otros solo queda el eco de algunas consejas de viejas que apenas ya se susurran en las

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El brujo de Don Benito
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Israel J. Espino | 13-10-2012 | 23:34 |0

 

Ilustración: Borja González Hoyos

En estos días en los que más de uno piensa que algunos políticos son de la piel del diablo he recordado las andanzas de un brujo de nuestra tierra que llegó a concejal.

 Se llamaba Manuel García Ruiz, pero era más conocido como “El Brujo de Don Benito”,  y llegó a ser famoso a finales del siglo XVIII en toda Extremadura. Publio Hurtado nos habla en 1902 de sus orígenes humildes, y de cómo desde corta edad manifestó estar dotado de una gran astucia y se propuso hacerse rico a costa de la credulidad de las personas. Y lo consiguió por triplicado: se ordenó sacerdote,  llegó a ser rico y fue elegido concejal del Ayuntamiento de su pueblo.

 Su fama traspasa las fronteras de Don Benito y se extiende desde Trujillo a   Almendralejo, desde Logrosán a Mérida. A su casa peregrinan lugareños de La Haba y de Medellín , de Rena y de Magacela, de Villanueva y Miajadas,  de Villagonzalo y Montánchez. En el más pequeño villorrio se cantan sus prodigios y se aderezan sus poderes sobrenaturales con leyendas.

 

Si a un ganadero se le

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Sobre el autor Israel J. Espino
Mitos, creencias y leyendas de Extremadura http://extremadurasecreta.com/

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