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Etiqueta: Trujillo
El castillo del Becerro de Oro
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Israel J. Espino | 01-11-2017 | 08:48 |0

Ilustración: Borja González Hoyos

Quizás el titular lleve a engaño, porque no voy a hablar de un castillo que esconde un becerro de oro… sino de siete. Y seguramente me quede alguno en el tintero.

El Becerro de Oro, símbolo de la idolatría, no desentona en nuestras tierras, que rezaron a otros dioses antes y durante la implantación del catolicismo. Y si los adoradores de otras deidades debieron ocultarse durante siglos, no es extraño que el becerro material, como lo imaginaron nuestros abuelos, se ocultase también en las entrañas de nuestros campos.

Pero si el becerro es de oro es un tesoro, ¿y qué mejor lugar para ocultar un tesoro que un castillo?

En el castillo de Burguillos del Cerro cuentan que en uno de los torreones cilíndricos hay un becerro de oro atado con una cadena del mismo metal, y añaden que en tiempos estaba atado a una argolla de bronce que hay en las paredes. Matías Martínez, que vivió por esos lares a principios del siglo XX, que

 

 

“…hoy se encuentra abandonado y ruinoso. Todas sus habitaciones tienen destruidos los pavimentos, donde la

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Los árboles encantados de Extremadura
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Israel J. Espino | 12-05-2015 | 18:31 |0

 

 

Ilustración: Borja González

No hace falta que esperemos a  la mágica noche de San Juan para encontrar árboles encantados  en nuestros campos. Donde menos lo esperamos, salta la rama, y las hojas sagradas ondulean con el viento susurrándonos leyendas.

Cuenta José Antonio Redondo  que en el palaciego Trujillo existía un espino florecido cerca del zahurdón de las ánimas, un espino que tenía la virtud de facilitar la preñez a toda mujer que lo tocara,  por lo que las mozas evitaban rozarlo  “porque no quedara en evidencia su virtud”.

El espino de las Ánimas cobro tanta fama  que aquel paraje, antes perdido y abandonado, se convirtió en uno de los más visitados de la época.

Historias parecidas existen en la misma comarca, como la del Almendro Florido del castro de la Coraja , un poblado celta cercano a Aldeacentenera.

El almendro, quizás por sus flores blancas y tempranas, es considerado un símbolo tanto del renacimiento de la naturaleza como de la fragilidad y de la dulzura.

En la mitología griega, el almendro se encuentra ligado a la fecundidad, pues de los órganos sexuales del andrógino Agdistis, que fue castrado por los otros dioses del Olimpo,

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Cuando éramos romanos: De Cibeles y flagelantes
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Israel J. Espino | 24-03-2014 | 21:37 |0

Iliustración: Borja González

Cuando éramos romanos, en estos días celebrábamos las fiestas de Cibeles. El año pasado por estas fechas ya hablamos de Attis y sus falos, y este año toca su amante, madre y compañera,  la “Magna Mater”, madre de todos los dioses.

Como muchos futboleros sabrán, Cibeles es una señora muy digna montada en un carro tirado por leones y con una corona  de torres almenadas que protege ciudades y naturaleza. Y algo más.

Su culto se extiende por Extremadura gracias a los soldados y comerciantes entre los tempraneros años de 108 y el 238. Tiene carácter oracular (Como en Garlitos, donde se le ofrecen exvotos) y con connotaciones orgiásticas, lo que explica su éxito en nuestra tierras, donde siempre nos ha gustado una orgía y un oráculo más que a un tonto un lápiz. Su  culto florece entre ciudadanos libres, aunque también se arriman a Cibeles indígenas y esclavos.

Una de las ceremonias que le ofrecíamos era la del “taurobolium”, el sacrificio de un toro con cuya sangre nos bañábamos para purificarnos. Y lo hacíamos a menudo en Mérida

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La cocina de la muerte: al rico sapo venenoso
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Israel J. Espino | 12-01-2014 | 21:06 |0

 

 

Ilustración: Borja González Hoyos

Siempre ha habido muchas brujas en Extremadura, incluso de las asesinas, “de las que inyectaban cualquier cosa a una naranja y te la daban a comer. Y el que se la comía, cascaba”.  Así de clarito  se lo contaba un vecino de La Codosera al antropólogo  Luis M. Uriarte,  hace unos pocos años.

Hablábamos hace poco del éxito de las manzanas envenenadas por estos lares, pero no eran los únicos alimentos peligrosos. Las brujas se cuidaban muy mucho de buscar ingredientes letales en la naturaleza, a falta de farmacias en los pueblos.

En la misma Codosera , a mediados del siglo XX todavía se podían encontrar uno. Mientras paseaba, varios sapos colgados en las parras, atados por una pata con una cuerda, y debajo, un plato estratégicamente colocado  recogiendo la baba de los sapos. Y es que en la Codosera había una bruja. Se llamaba la Tía Lechona. Las madres enseñaban a los chiquillos que, al pasar por su puerta, tenían que hacer la higa con los dedos, para protegerse.

Y todavía hay paisanos que recuerdan haber visto, pasando el arroyo

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Las culebras que mamaban de las mujeres
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Israel J. Espino | 14-01-2013 | 22:26 |0

Ilustración: Jimber

Hablábamos hace un tiempo de la querencia de los lagartos extremeños por las partes pudendas femeninas, y retomamos hoy el tema con el mito de la atracción fatal que tienen las culebras por la leche, preferentemente de moza lactante.

 

Como cuando no hay lomo, tocino como, las culebras extremeñas se apañan, cuando no hay mujeres por medio, con la leche de cabras y vacas, pero en los buenos tiempos reptiléneos en los que las extremeñas pasábamos algunas noches en chozos y majadas, las serpientes autóctonas se ponían las botas aunque no tuviesen pies en qué calzárselas.

 

En  El Carrascalejo me contaron hace tiempo de una mujer de Mirandilla que vivía en un chozo y que tenía una hijo pequeño al que amamantaba. El niño no crece, y amanece cada día con escamas en la boca. La pobre mujer deduce que la causa es una “alicante”, quien cada vez que ella se duerme amamantado a la criatura succiona su pecho, introduciendo al mismo tiempo su cola en la boca del pequeño para que no llore. Un buen día decide poner ceniza en el suelo para seguir el rastro de la

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Nuestros dioses: Belona la Peleona
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Israel J. Espino | 12-11-2012 | 23:36 |0

 

 

 

 

 

Ilustración: Borja González Hoyos

En Extremadura hemos adorado a todo lo que se mueve. Y a lo que no, también. Hay que tener en cuenta que hace siglos Lusitania era mucho más cosmopolita de lo que somos ahora, y lo mismo rendíamos culto a los dioses celtas que a deidades romanas, egipcias o fenicias.

 

El culto de la diosa fenicia Bellona o Belona se asocia con la diosa Ma, Diosa madre oriental, y asegura García Bellido que son seguramente sus cultos orgiasticos los que hacen que su fé se propague entre la soldadesca. Los soldados la llevan a Italia, y de allí a España, propagándose por el norte de Extremadura debido a su parecido con alguna diosa local.

 

Belona se romaniza como diosa gemela de Marte, a veces compañera, en ocasiones hija,  y curiosamente solo se la venera en Lusitania como a Ma-Bellona. Concretamente, y como demuestran los epígrafes recogidos por José Salas,  en Mérida, Trujillo, Herguijuela,  Madroñera y Valencia de Alcántara o Aceituna rinden culto nuestros antepasados a esta diosa guerrera y temible que se encarga, ayudada por la Eris (La

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Los ruidosos duendes extremeños
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Israel J. Espino | 24-08-2012 | 01:13 |0

 

Ilustración: Jimber

Los duendes, aunque no se lo crean, recorren con sus cortas piernas toda Extremadura. Aparecen en Las Hurdes y en La Serena,  en la comarca de La Vera, y en el Valle del Ambroz, en Trujillo y en Badajoz.

 

En Las Hurdes, el investigador Félix Barroso nos presenta al Duende Jampón, que pese a ser diminuto necesita engullir siete arrobas de comida al día y se cuela por las casas devorando todo lo que encuentra.

 

Allí también  se habla también de duendes guardianes de tesoros enterrados en el campo. Afirma Flores del Manzano que si alguien trata de apropiarse de ellos desoyendo las advertencias del duende, éste transforma en carbón no sólo el propio tesoro, sino todos los ahorros y riquezas que el descubridor guardaba en su casa.

El duende de San Martín corretea por La Vera (Fotografía: Jimber)

 

 

En la comarca de La Vera  los duendes imponían juramentos que de no cumplirse acarreaban la infertilidad a las mujeres. Estos duendes han sido vistos e incluso se cuenta que a

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El brujo de Don Benito
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Israel J. Espino | 16-07-2012 | 21:26 |0

 

Ilustración: Borja González Hoyos

En estos días en los que más de uno piensa que algunos políticos son de la piel del diablo he recordado las andanzas de un brujo de nuestra tierra que llegó a concejal.

 Se llamaba Manuel García Ruiz, pero era más conocido como “El Brujo de Don Benito”,  y llegó a ser famoso a finales del siglo XVIII en toda Extremadura. Publio Hurtado nos habla en 1902 de sus orígenes humildes, y de cómo desde corta edad manifestó estar dotado de una gran astucia y se propuso hacerse rico a costa de la credulidad de las personas. Y lo consiguió por triplicado: se ordenó sacerdote,  llegó a ser rico y fue elegido concejal del Ayuntamiento de su pueblo.

 Su fama traspasa las fronteras de Don Benito y se extiende desde Trujillo a   Almendralejo, desde Logrosán a Mérida. A su casa peregrinan lugareños de La Haba y de Medellín , de Rena y de Magacela, de Villanueva y Miajadas,  de Villagonzalo y Montánchez. En el más pequeño villorrio se cantan sus prodigios y se aderezan sus poderes sobrenaturales con leyendas.

 

Si a un ganadero se le extravía

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De vetones y verracos
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Israel J. Espino | 27-03-2012 | 00:07 |0

Ilustración: Borja González Hoyos

Algunos de ustedes han temido que mi entusiasta realismo al hablar de los tesoros incite al expolio. Nada más lejos de mi intención, ya que a Extremadura se le han arrancado (literalmente) pedazos de su historia en pos de unos tesoros que nunca existieron más que en las consejas nocturnas de los crudos inviernos.

Tal vez uno de los genes más antiguos del actual pueblo extremeño sea el vetón, creador de la cultura del verraco.  Los verracos se adoran como divinidades protectoras de los ganados o propiciadores de pastos, aunque también se afirma que son símbolos de fecundidad, a juzgar por la desproporcionada dotación de genitales de que hacen gala algunos de estos animales.

Según otros estudiosos, los verracos actúan como tótem de clan, como marcadores de terrenos y lindes o como divinidades funerarias, constituyendo un singular tipo de sepulcro consistente en una piedra con un hueco para las cenizas tapada con la peana que sostiene el verraco. Algunos modernos investigadores afirman que  los verracos son unos animales destinados a los

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Sobre el autor Israel J. Espino
Periodista especializada en antropología Entre dioses y monstruos http://extremadurasecreta.com/

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