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Valor universal excepcional

2013 enero 23

El valor universal excepcional de algunos bienes culturales es lo que la UNESCO se propone proteger con el fin de asegurar su salvaguarda para las generaciones futuras. De este objetivo deriva el selecto elenco internacional, tan deseado, del que sólo forman parte unas cuantas afortunadas ciudades españolas.

Todo indica que no desean incrementar la lista con ninguna más. Quedó bastante claro con la reciente candidatura Plasencia-Mofragüe-Trujillo, que no logró hacerse con un hueco por su mixtura inconexa de bienes. Seguir intentándolo, por tanto, sería tirar trabajo y dinero; no está el horno para bollos.

Sin embargo, han dejado abierta otra puerta sumamente interesante, y en la que nadie parece reparar. Esa puerta no es otra que las vías pecuarias entre Castilla y Extremadura, nada más y nada menos. Este bien cultural, sí parece interesar a los organismos asesores de UNESCO (ICOMOS Y UICM) y así lo indican en el informe de la candidatura anterior de referencia. Sin embargo, parece haber caído en saco roto. Nadie habla del asunto.

No cabe duda que, entorno a la economía pastoril que dio vida a las vías pecuarias, se reúne un  rico y diverso patrimonio cultural. La trashumancia como forma de vida y de economía, vigente durante siglos; explotaciones ganaderas en perfecta armonía con la naturaleza, adaptándose a las diferentes características bioclimáticas de las regiones al norte y sur del Sistema Central y haciendo de ello una oportunidad para aprovechar los pastos de invierno y de verano; una compleja y jerarquizada red de caminos (cañadas, cordeles, veredas y coladas) para permeabilizar el territorio ganadero; y, detrás de todo esto, una institución histórica de la importancia del Real Concejo de La Mesta (creado en el siglo XIII), que determinó la política económica y territorial de la Corona de Castilla durante mucho tiempo.

En resumen, una tradición cultural llena de complejidad, que impregnó ámbitos tan diferentes de la vida como la gastronomía, la arquitectura, la música, la lírica popular, los usos y costumbres.,… y que aún está presente de muchas maneras. No obstante, la trashumancia es un modo de vida en proceso de extinción y con él podemos perder una buena parte de nuestro patrimonio; un patrimonio irremplazable por su valor universal excepcional. Valdría la pena trabajar para impedirlo.