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Jardines privados

 

La tradición cultural heredada de los árabes concede mucha importancia a la existencia de espacios ajardinados en el interior de las viviendas y, aunque el modo de vida impulsado por el capitalismo urbano ha supuesto una radical ruptura, aún se conservan algunos magníficos ejemplos, testimonio de tiempos pasados. Hay en la Península Ibérica un buen grupo de maravillosos jardines monumentales, de distintas épocas, gestionados para asegurar una buena conservación de sus características originales y, afortunadamente, abiertos al uso y disfrute públicos.  Otros, sin embargo, mantienen su carácter privado y es poco lo que conocemos de ellos, pero su presencia es muy importante en las ciudades históricas.

Los palacios renacentistas de Extremadura suelen mantener su zona de huerto o jardín, con distinto grado de interés y mantenimiento de sus elementos vegetales. Se repite la presencia de espacios de similares características en las casonas de la burguesía extremeña del XIX y principios del XX, pero éstos últimos han corrido peor suerte que los anteriores.

En un alto porcentaje han sido edificados o convertidos en anodinos espacios públicos. Con ellos perdimos, además de un rico y variado patrimonio vegetal (plantas, árboles exóticos y singulares), elementos reguladores de la temperatura y la humedad en el interior de la ciudad; lugares de residencia y refugio para multitud de aves urbanas; características manchas verdes del paisaje urbano contribuyendo a singularizarlo y enriquecerlo.

En consecuencia, los pocos jardines privados que han sobrevivido a la especulación urbanística y a la desregulación de los centros históricos deberían ser preservados como el gran tesoro verde de las ciudades. Algunos ciudadanos así lo entienden y cuidan con esmero sus patios adornados con plantas y sus jardines interiores. No suelen ser visibles desde la calle. Algunos se localizan en el interior de las manzanas de edificios. Otros pueden ser intuidos tras las verjas y tras las altas tapias, sobre las que cuelgan plantas trepadoras y asoman árboles diversos. En primavera, es el perfume de algunas plantas lo que primero delata su presencia. Como pequeños y valiosos testimonios de la nostalgia delParaíso perdido deben ser tratados. Nuestras ciudades no pueden permitirse perder ni un centímetro más de estos microcosmos vegetales que hacen la ciudad un poco más saludable y humana.

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