La Ibiza Medieval

Esta semana pasada se celebró una nueva edición de la feria Ibiza Medieval. Como feria de ambientación histórica, no está mal, para que les voy a decir lo contrario. Calles engalanadas con estandartes y banderas, gente disfrazada de la época medieval, espectáculos basados en decorados y útiles artesanos y un sinfín de actividades. El lugar elegido, el recinto amurallado de Dalt Vila, Patrimonio de la Humanidad. Casi todos los actos se producen en los baluartes de la muralla, lo cual no deja de ser cuanto menos curioso pues esta muralla no tiene nada que ver con la edad media y su construcción es posterior. Pero dejando a un lado este pequeño “detalle sin importancia”, la ambientación al menos merece la pena, y también la oportunidad de conocer más en profundidad muchos de los recintos que la componen.

Ibiza, durante esta época, fue más una tierra de penurias que de prosperidad. Aún no se había inventado el turista ni los hoteles de cinco estrellas. Entiendo que el abastecimiento de productos debía ser caro, pero probablemente nada comparado con el precio de los mercadillos “artesanales” que se ubican por todas las calles hasta llegar a la Catedral. Puede que sean artesanales en algunos casos, no lo discuto. Pero cuando te encuentras productos procedentes del antiguo reino chino, disponibles por dos euros en los actuales locales comerciales del mismo reino, pues se te pone la mosca detrás de la oreja. Cuando en vez de un escudo de armas te encuentras con el escudo de un equipo de fútbol, la cosa va perdiendo encanto. Cuando esperas encontrar una bolsa medieval de cuero para llevar el dinero te encuentras una funda para el móvil, entiendes que hay cosas que no se deben mezclar.

Donde resulta más chocante el invento es en la comida. Para empezar porque no creo que un pastel de chocolate durante tres días al sol sea algo recomendable. Y aunque cultives el chocolate en las macetas de tu casa, tampoco justifica el precio del kilo, superior al del kilo de langosta. Las chucherías llegan en cajas de cinco kilos procedentes de la fábrica y hasta es un buen momento para vender productos cuya denominación de origen se ha salido de la etiqueta para ser expuesto en un cartel, eso sí, hecho a mano. La fiesta muy bonita, el mercado, un atraco.

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