
Hola a todos. Será por la crisis, pero últimamente vengo recibiendo muchos correos y mensajes de gente que se quiere venir a Japón a trabajar, a vivir o simplemente a pasar una temporada “a ver qué tal es”. Lo más curioso es que, a pesar de toda la información que hay disponible en guías, páginas web y blogs, Japón sigue siendo para la mayoría casi como un viaje espacial hacia lo desconocido, una aventura exótica y, para muchos, casi heroica.
Los mitos sobre Japón y los japoneses forman parte de su encanto y de que la gente se sienta atraída por este planeta. La curiosidad que despierta es tan grande, que uno siente la necesidad de venir a comprobar si esas historias que se cuentan son verdad.
No seré yo la que desmitifique a esta sociedad, porque incluso para mí, después de tres años aquí, sigue habiendo miles de misterios sin resolver: ¿por qué los japoneses tienen la cabeza plana por detrás? ¿se puede comer soba sin hacer ruido? ¿cuántos kanjis existen? ¿cuántas cosas puede querer decir un japonés cuando dice “hai” (sí)? ¿las japonesas tienen uñas o son todas postizas? Hummm… aquí hay temas para tirarse una vida entera investigando.
No obstante, hay una serie de mitos y rumores que rondan por ahí y que me gustaría aclarar un poco, más que nada para que los que os queráis venir sepáis lo que os vais a encontrar y no os llevéis sorpresas (aunque a veces es más divertido dejarse sorprender).

Por ejemplo, se dice que los japoneses trabajan hasta tan tarde que hasta pasan semanas durmiendo en sus oficinas. ¿Mito o realidad? Bien, yo puedo deciros que en los tres años que llevo aquí, todavía no he conocido a nadie que tenga un futón escondido debajo de su mesa en la oficina. Quizás ocurriera en el pasado y de ahí haya derivado la leyenda, pero hoy por hoy no es algo tan habitual. Tal vez ocurra en ciertas empresas, grandes multinacionales en las que la comunicación con otra parte del mundo te haga trabajar a horas intempestivas debido a la diferencia horaria. Pero en mi opinión es algo que puede ocurrir de forma ocasional, no por norma. Lo que sí es cierto es que los japoneses se toman el trabajo muy a pecho y si tienen que quedarse varios días seguidos hasta las 12 de la noche para entregar un trabajo, preparar una conferencia o lo que sea, lo harán. Y claro, en un país donde los trenes dejan de funcionar a las 12 de la noche, es muy probable que algunos se vean obligados a pasar la noche en la oficina. Un cambio reciente es que a raíz de la crisis económica, las empresas han dejado de pagar las horas extras a sus trabajadores y éstos se han visto en cierto modo “liberados” del compromiso de tener que quedarse más tiempo en la empresa (“sumimasen”, pero si no me pagas, me voy a mi casa a mi hora).
Según he leído en algunos artículos recientes, mucho más común es, al parecer, pasar la noche en un cibercafé con asientos reclinables para echarte un sueñecito después de echar una ojeada a tus emails o leerte un capítulo de manga. Es la estrategia de muchos jóvenes sin trabajo o con sueldos tan bajos que no les llega para pagar el alquiler de un piso (con todo lo que conlleva: agua, luz, gas, conexión a Internet, etc.). Los cibercafés son baratos, seguros, algunos hasta tienen ducha y pueden ser una alternativa para “pasar el bache” hasta encontrar una vida mejor. Esto no es mito, es realidad. Algunos adultos que han perdido el último tren también recurren a los cibercafés para pasar la noche. Los hay para todos los gustos, de hombres, de mujeres, mixtos…
Pasando a otro tema, mucha gente cree que el Shinkansen, el famoso “tren bala” japonés, va levitando en el aire sin rozar las vías.Esto no es del todo cierto, aunque hay parte de verdad en ello.Aunque llevan décadas haciendo pruebas y ensayos (desde principios de la década de 1970), hasta la fecha sólo hay un tren funcionando con tecnología “maglev” (magnetic levitation) en la prefectura de Yamanashi, que alcanzó el record mundial de velocidad en 2003, superando los 580km/h., pero sigue siendo una línea en pruebas.Los habitantes de Yamanashi y el personal oficial del gobierno pueden inscribirse para probarlo gratis y hasta ahora unas 200,000 personas lo han hecho.El gobierno japonés pretende implantar esta tecnología de forma generalizada en la línea que va de Tokio a Osaka hacia el año 2025, pero de momento los “trenes bala” siguen yendo sobre raíles, aunque van tan suaves que parece que van volando.
Otro “mito” que me han preguntado muchas veces es si es verdad que las mujeres japonesas no tienen apenas vello en el cuerpo.Realmente las japonesas por lo general cuidan mucho su imagen, salen a la calle siempre impecablemente maquilladas, peinadas y, por supuesto, depiladas.Lo primero que llama la atención es que no tienen ni un pelo en los brazos, pero eso no quiere decir que no tengan, sino que se lo depilan, incluso el vello de las manos.Pero contrariamente a nuestra costumbre en occidente, aquí apenas se utiliza la depilación con cera, sino que se lo quitan con unas cuchillitas especiales para brazos que venden en cualquier tienda de conveniencia (los famosos “combini”).Yo misma he visto chicas afeitándose los brazos (¡y las patillas y hasta el bigotillo!) en los aseos públicos de las estaciones de metro de Tokio.Según algunas estadísticas que he leído, las mujeres asiáticas se depilan la cara, las manos y los brazos, es decir, las partes visibles, más que el pubis, las piernas o las axilas.Las que hemos estado en un “onsen” lo sabemos…
También corre el rumor de que los hombres japoneses orinan sentados.Bueno, no puedo certificarlo, pues aún no me ha dado por meterme en los aseos de caballeros para comprobarlo, pero es posible que también ellos quieran disfrutar de las maravillosas funciones que ofrecen las tazas de váter japonesas, por supuesto de la marca “Toto” (el equivalente a nuestro “Roca”).
Aunque el retrete tradicional japonés es una simple placa en el suelo en el que hay que ponerse en cuclillas (al estilo turco), se impone cada vez más el inodoro de estilo occidental, pero mejorado, como es de esperar.Así pues, en Japón hay tazas de váter equipadas con la más avanzada tecnología de forma que ir al baño se convierte en una experiencia aún más gratificante si cabe de lo que ya de por sí es el simple hecho de evacuar.Para empezar, el asiento siempre está templado, nunca frío (a veces incluso supera los 35ºC).Eso ya es un punto importante, sobre todo en una casa sin calefacción (hay muchas en Japón).A veces la tapa se levanta y se cierra sola, gracias a unos sensores que detectan la presencia del usuario.La mayoría llevan bidé incorporado y a un lado hay toda una serie de
botoncitos ilustrados con sencillos dibujos para que cualquier analfabeto del idioma japonés entienda la función de cada uno: chorrito “delantero”, chorrito “trasero”, secador, sonido de agua corriendo (para camuflar nuestros propios “sonidos” en caso de que se escucharan demasiado), volumen del sonido, presión del chorrito, temperatura del agua…y un sinfín de funciones adicionales (desodorizante, luz, descarga automática de la cisterna…).Por tanto, no sería de extrañar que los hombres japoneses orinaran sentados, atraídos por las ventajas de la tecnología “aseática”.
En definitiva, las leyendas que giran en torno a la sociedad y la cultura japonesas son muchas y muy variadas, pero no todas están igual de cerca de la realidad.Tal vez vosotros habéis oído historias por ahí o tenéis dudas sobre los usos y costumbres de estas tierras.Os invito a plantearlas aquí e intentaré despejaros las partes oscuras, aunque sin desvelarlo todo, pues el misterio es precisamente uno de los mayores encantos que este planeta ofrece al viajero…
Gracias por seguir ahí.
Imágenes de www.blacktokyo.com y otros.