Ruge la tierra en Japón

Hola a todos. En plenos preparativos de mi próximo viaje a Japón, esta mañana me he levantado con la noticia del terremoto de 8,8 grados de intensidad que ha sacudido la costa noreste del país.

Inmediatamente me he intentado poner en contacto con mis amigos, antiguos compañeros de trabajo y demás conocidos para saber si estaban bien. Los teléfonos no funcionan, las líneas están saturadas, pero Internet parece que ha sido la única vía de comunicación, sobre todo a través de Facebook he conseguido recoger algunos testimonios que describen las primeras impresiones después de semejante susto. Las reproduzco aquí de forma resumida:

“Ha sido el terremoto más grande de mi vida” Eriko Nagata, japonesa, 26.

“Ha habido algunos desperfectos en los edificios del barrio pero en general no se nota nada, Tokyo es una mole, pero qué susto más grande he pasado, se oía crujir la tierra, los edificios… qué impotencia más grande tanta gente agarrada a las vallas del colegio, mirándose unos a otros… a ver qué coño haces!” Isabel Calvache, española, 41.

“El terremoto más fuerte que he sentido desde el 85” Sara Luna, mexicana, 31.

“Nunca había corrido tanto en mi vida para salir de un edificio” Marta Torres, portuguesa, 45.

“La verdad es que es impresionante, como la película 2012 pero en directo” Aureliano Torres, español, 45.

“La gente del barrio cuidamos unos de otros, me sentí mucho mejor después de ver a todo el mundo” Marika Joyce, americana-japonesa, 25.

Japón ha vivido siempre consciente de ser una zona proclive a los terremotos y sus construcciones ha tenido en cuenta siempre este fenómeno. Así, por ejemplo, los castillos, templos y pagodas se construían sin utilizar un solo clavo, encajando vigas unas con otras para hacer la estructura más flexible y utilizando madera joven que no estuviera demasiado seca (la sustituían cada cierto tiempo).

Los sistemas de detección de terremotos en Japón son de los más avanzados del mundo. La red ferroviaria tiene un sistema de detección que activa los frenos de los trenes bala “Shinkansen” automáticamente unos segundos antes de que ocurra el temblor.

Aún así, ante un terremoto de magnitud 8,8 como el de hoy, nunca se sabe cuáles pueden ser las consecuencias y todas las precauciones son pocas.

Por eso cuando me fui a vivir a Japón y me inscribí en el censo de mi distrito en Tokio, me dieron un librillo de instrucciones y recomendaciones para actuar en caso de seísmo, entre las cuales se incluía tener en casa un “kit de supervivencia” consistente en un casco, una linterna, un botiquín, una botella de agua (o varias), latas de comida, una mantita, una fotocopia plastificada de tu pasaporte… Afortunadamente nunca lo tuve que usar y los terremotos que experimenté fueron todos de poca magnitud y sin consecuencias.

El terremoto más grande de la historia reciente de Japón fue el que literalmente arrasó la ciudad de Kobe en 1995 (en la imagen), con una magnitud de 6,9 y con el epicentro a tan sólo 20km de la ciudad. Más de 6.000 personas murieron y los daños tardaron varios años en repararse.

De momento, tan sólo 8 horas después se habla ya de 15 muertos. Sólo cabe confiar en que este número no aumente mucho más y que no haya réplicas que empeoren la situación. Afortunadamente para los japoneses, no será como en Haití.

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