“¿Por quién doblan las campanas?” No se trata de la novela que tiene este mismo titulo homónimo en la que Ernest Hemingway nos narra la pasión y la muerte en la España convulsionada de la segunda guerra mundial en esos episodios que se dieron en la época de “La Segunda República Española” donde precisamente bajo la dictadura de Franco generó tantas pesadillas de muertes y desesperaciones que incluso escritores como Lorca morirían en ese genocidio mundial. Más bien es sobre la muerte de un gobernante militar que llegó mediante un golpe contra un gobierno encabezado por Estela Perón, después de muerto el caudillo que tanto impactó en América Latina cuando Eva Perón su segunda esposa, con su legado lo ayudó más en la aureola que Argentina siempre ha tenido sobre el carácter de lo que representó éste para los más desvalidos, y que reforzaron en el contexto internacional todo un prestigio de su papel a favor de los mal llamados descamisados. Sin embargo, Estela Perón homologada bajo el clamor popular como la Evita que murió en su lucha contra el cáncer y a favor de los desposeídos, bajo su gobierno fue la inspiradora en cierta medida de lo contrario de la que le dio magnanimidad a su consorte a toda una época de represión patrocinando a lo que se dio a llamar “Lla Triple A ” (alianza anticomunista Argentina) que persiguió a los movimientos nacionalistas obreros, y a los mismo seguidores de Perón en un ambiente donde prosperó la guerra contra todos los grupos considerados de izquierda y radicales que enarbolaron su lucha armada ilegal contra los intereses que representaban las élites que se habían consolidado en el poder mediante la elección popular con Perón, y que a su muerte Estelita influida por un López Rega y sus pensamientos espiritistas, terminaría por abrirle camino al golpe militar en el que Videla no solo se haría con el poder, sino que sería la defensa de un régimen donde los crimines de lesa humanidad convertirían a este país hermano en uno de lo más crueles del mundo por la forma en que sus opositores fueron eliminados sin misericordia alguna adonde se arrojaban los cuerpos de sus torturados desde aviones al río de La Plata o al mar, o morirían bajo otras circunstancias atroces.
Una historia muy trágica que con Uruguay, Paraguay, Chile, y Brasil constituirían el famoso pacto secreto llamado “Operación condor” para derrotar al comunismo internacional y adonde otros países del continente participaron incluidos Colombia, Venezuela, Ecuado y Perú; donde las dictaduras militares del cono sur destruyeron miles de vidas.
Y aunque las madres de la Plaza de mayo en Argentina todavía no terminan por continuar investigando la suerte de sus familiares desaparecidos, y los más de 900 bebés que les robaron a las madres que fueron ejecutadas, muchos de los jóvenes de nuestro continente ni siquiera saben qué fue lo que pasó en esos años siniestros para la Argentina
Hace falta se que sepa que no solo en esta parte del mundo, si no en otras de nuestro mismo continente los cambios que se han dado bajo las banderas de las nuevas democracias donde países como Brasil dieron perdón mediante la misma constitución a los militares que también participaron en este complot, y que solo países como Chile y Argentina, mediante sus leyes ya han castigado y están persiguiendo a los que participaron en estos crímenes atroces.
Aquí en Colombia, o en países a donde se vivió esta misma secuela de otra manera como en El Salvador o en Guatemala, se han denunciado toda estas olas de terror de Estado. Y aunque todavía no sabemos como seguirán estos procesos, la novela con el mismo nombre de pronto para los que no conocen de estas historias terminarán confundiendolas con los antiguos corridos mexicanos.
Por algo sería que en Cuba escribiría sus novelas famosas, y a donde por esas cosas del destino con su obra “El viejo y el mar” nos mostraría esa lucha interminable que a éste lo marcaron para descerrajarse el tiro de gracia que terminaría con su vida. Tal vez cansado y hastiado de haber visto tantas guerras sin sentido, así como las que ahora a través de las historias de los periódicos apenas nos avizoran que fue uno de los hombres con esta saga desbordada del poder el que murió.
A nadie le complace la muerte de otro ser humano. Pero parece que todavía hay muchos que no saben porqué.


Lo sucedido en Venezuela refleja que todavía estamos en esas sociedades incipientes que menosprecian el valor de la participación ciudadana en la elección de sus dirigentes y mandatarios, y que aunque las constituciones nacionales consagren ciertos principios de autonomías para que dichos cargos se constituyan como verdaderos exponentes de las aspiraciones ideológicas y políticas de los que logran obtener dichos cargos, se presume que el voto popular da el visto bueno a quien se lo merece en ese consabido adagio de que los pueblos saben elegir a sus gobernantes. Un país con una reciente constitución que simboliza dentro de sus preceptos ideológicos la consagración suprema del socialismo del siglo XXI, y enmarcado dentro de lo que ésto representa como un sistema de economía planificada y socialista, sus fisuras internas no hacen más que retrotraernos a situaciones parecidas por las que han pasado muchos otros países. Y es que los cacerolazos de Capriles nos recuerdan los hechos sucedidos cuando Salvador Allende en Chile con la Unidad Popular llegó al poder mediante la elección popular en torno de esos debates a donde se cernían composturas ideológicas que iban desde la la dictadura del proletariado a las revoluciones permanentes de los seguidores de Trosqui, y la de aquellos grupos que representaban en buena medida al socialismo de la Unión Soviética, al maoismo en China, o a la revolución cubana, que en buena parte influían en nuestro continente y en el orbe. Se cuestionaba que el pueblo pudiera conseguir por la vía electoral sus cambios revolucionarios mediante los comicios electorales. Y en Chile, esos cacerolazos que reflejaban en cierta medida el descontento de los que no habían triunfado, pero que paradógicamente ya la democracia cristiana les había abierto el camino a los socialistas que acompañaban a Allende, aquí en Venezuela otro ha sido el camino en esa brega política donde el chavizmo se ha consolidado como un poder que ha venido transformando toda la sociedad venezolana a donde el Estado pretende convertirse en el supuesto liberador del pueblo que los ha elegido en contra de los opositores a quienes ellos mismos dicen que son la encarnación de la burguesía. Los cacerolazos en el gobierno de Allende terminarían con la conspiración internacional del I.B.M. y la participación de muchos otros políticos que hicieron que el ejercito más profesional y defensor de la democracia, terminara con Pinochet a la cabeza acabando con toda esa aureola que tenía en nuestro hemisferio. Lo de Chile, ya todos lo conocemos. Lo de Venezuela puede ser una incógnita pues el mundo ha cambiado, y ahora los mercados de las drogas y los conflictos en Asía y en el medio oriente son los verdaderos dolores de cabeza de los Estados Unidos y las otras potencias que también tienen sus interese petroleros y energéticos en este mundo que ahora llamamos globalizado.





