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Tic-tac. El tiempo es más importante de lo que creemos

Corre, corre, que no llegamos. Me voy que tengo prisa. No me da tiempo.  Este es el ritmo con el que solemos conducir por nuestra vida, y no hablo de vehículos. Cuántas veces hemos ido de un lado para otro sin saber dónde y al final hemos pasado un día entero sin hacer nada. Cuántas veces hemos pensando en lo mucho que tenemos que hacer y no hemos hecho nada. Cuántas veces somos esclavos de los horarios, de tallas, de calorías, de estereotipos, de costumbres…

Tenemos la necesidad de contestar un mensaje o llamada al instante, de que hagan lo mismo con nosotros, y si no es así, nos ponemos nerviosos. Creemos que el “no tener tiempo” es la sensación de estar ocupado y de que tenemos una vida plena profesional y personal.

Las prisas no son buenas compañeras. Esto que bien podría ser un slogan de la DGT ya podría aplicarse a la vida de las personas. La meditación o la figura del coach están presentes en nuestras vidas, y quizás cubra esas carencias emocionales que vamos perdiendo con el paso del tiempo. Bendita palabra la del “tiempo”.

¿Habéis visto la película In Time protagonizada por Justin Timberlake y Amanda Seyfried? En estos días, que he empezado a ver la cuarta temporada de la serie de televisión británica y distópica, Black Mirror, he recordado el film del que os hablo. Data de 2011 y quizás no se un trabajo de Óscar en la dirección e interpretación pero la premisa viene al dedillo. La cinta refleja una sociedad separada por suburbios en los que no existe el dinero, tan solo el tiempo. Es el bien más preciado, lo que ganas cuando trabajas, lo que deseas de manera ostentosa. Cuando no tienes tiempo, mueres.

Y hablando de tiempo recuerdo las palabras del expresidente de Uruguay, José Mújica.

“Inventamos una montaña de consumo superfluo, y hay que tirar y vivir comprando y tirando. Y lo que estamos gastando es tiempo de vida, porque cuando yo compro algo, o tú, no lo compras con plata, lo compras con el tiempo de vida que tuviste que gastar para tener esa plata. Pero con esta diferencia: la única cosa que no se puede comprar es la vida. La vida se gasta. Y es miserable gastar la vida para perder libertad.”

Y ahora me pregunto ¿Nos dedicamos tiempo a nosotros mismos? A lo que realmente es importante para nosotros, a lo que nos gusta. Para algunos será la familia, para otros el trabajo, para otros tantos el deporte… pero ¿te has parado a pensar en lo qué es importante para ti, lo importante que eres; o solo dedicamos tiempo al consumo de bienes y servicio?

Dicen que hay que emplear el tiempo en trabajar para conseguir los sueños, que todos aquellos sueños que nos propongamos lo podemos conseguir con actitud y con sacrificio, pero no todos pueden ser Bill Gates, ya hay un Bill Gates, ni todos pueden ser Zuckerberg, ya hay uno. Y Facebook ya existe. Quizás esto (en su máximo extremo) refleje otras carencias: la de la tolerancia a la frustración, la gestión del fracaso y la aceptación de la realidad. Y aquí rescato un extracto del discurso del cómico australiano Tim Minchin en un acto de graduación de la University of Western Australia durante el año 2013.

Si tenéis algo con lo que siempre habéis soñado de corazón, ¡id a por ello! Después de todo, es algo que hacer con vuestro tiempo: perseguir un sueño. Y si es uno suficientemente grande, os va a llevar la mayor parte de vuestra vida alcanzarlo, así que para cuando lo consigáis y estéis observando el abismo de la falta de sentido de vuestro logro, estaréis casi muertos, así que no importará.

… soy partidario de dedicarse apasionadamente a la persecución de objetivos a corto plazo. Sed micro-ambiciosos. Agachad la cabeza y trabajad con orgullo en lo que sea que tengáis delante; nunca sabes dónde puedes acabar…

Otra patología del siglo XXI que juega muchas veces en contra de esto que hablamos es no saber decir NO. Se le dan más concesiones a los demás que a nosotros mismos porque decimos a todo que sí, pero ¿realmente queremos eso? O somos esclavos del compromiso, de los horarios, del móvil…  ya salió. El móvil. Las llamadas pueden esperar, los mensajes también ¿Cuánto tiempo miramos el móvil a lo largo del día? ¿Es lo importante en ese momento? No tenemos que interrumpir lo que estamos haciendo por algo que sí puede esperar. Como en la vida, hay que priorizar; primero hacemos una cosa y después otra. Seguro que no hay tiempo para hacerlas todas, pero es mejor acabar una que empezar diez y no acabar ninguna.

Está claro que el día solo tiene 24 horas y que las facturas hay que pagarlas, por eso muchas veces tenemos que aceptar la realidad tal como es. Y si queremos cambiarla, empezar por nosotros mismos. Puede que no ayude a cambiarla, pero sí que varíen las circunstancias.

Mucha gente suele vivir en un continuo estado de espera. Esperando a tener algo, a llegar a ser alguien; pero por el camino nos olvidamos de lo realmente importante, de vivir. De ser libres con uno mismo. Como decía el teólogo latino Agustín de Hipona “no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”.

 

 

Temas

emociones, familia, felicidad, filosofía, juventud, propósito, salud, TIC, tiempo, tristeza

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Sobre el autor

Cada joven con sus opiniones, sus vivencias, sus deseos y sus problemas. Cada joven diferente con ganas de contar qué le pasa y qué le preocupa. Jóvenes iguales en sus diferencias. Y con este espacio #jóvenesHoy para ser usado como ventana al mundo en la que asomarse. Seís jóvenes que irán desgranando poco a poco su forma de afrontar el día a día y qué esperan de los años que empiezan a vivir. José Antonio, Victoria, Víctor, Cristina, Esther y Francisco Javier son la voz de la población juvenil extremeña en el diario Hoy

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