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Jóvenes HOY

#JovenesHOY

Y seguir siendo una niña…

Revisando antiguas fotografías me di cuenta de cuán alejado se encuentra el pasado de mí… a menudo parece que me persigue, sin embargo siempre guarda las distancias. Miro hacia atrás en el tiempo y me doy cuenta de lo muchísimo que he crecido, lo mucho que he madurado como persona… me doy cuenta de las amistades que he perdido y las otras tantas que han aparecido en mi presente; me doy cuenta de lo grande que es el mundo y de la ínfima parte que ocupo dentro de él. A veces me planteo la posibilidad de viajar en el tiempo, supongo que todos hemos pensado en ello alguna vez; si se pudiera realizar ese sueño tan inalcanzable… ¿lo haríais? Yo lo haría sin duda alguna, pero me niego a que fuera por el hecho de que quiero cambiar algo de mi pasado, nunca lo haría por ese motivo. Soy de ese tipo de personas que piensan que arrepentirse de algo hecho es absurdo y una vez, y esto quedará en mi mente para siempre, una amiga mi dijo algo que me hizo replantearme muchísimas cosas… “No te arrepientas de lo que hiciste, sino de lo que pudiste hacer y no hiciste” Y es que son las más sabias palabras del mundo, ¿por qué? Bajo mi punto de vista, el ser humano siempre tiende a evitar el sufrimiento y es completamente lógico, por supuesto, pero, absolutamente todos y cada uno de los acontecimientos sucedidos en tu pasado, son los responsables de que tu presente sea el que es y yo no lo cambiaría, no cambiaría haber pasado una mala época por gente de mi pasado pues gracias a ello y a esas personas, ahora soy la persona en la que me he convertido.

No me arrepiento de decir que soy una persona demasiado soñadora, cuando era pequeña preparaba exámenes y los repartían entre las muñecas simulando una clase, por aquel entonces me montaba mi propia función teatral e interpretaba el papel de protagonista que es una princesa y se casa con el amor de su vida; me disfrazaba todos los días de una princesa Disney diferente, pues así era yo, siempre soñando a lo grande y poniéndome metas demasiado fuera de mi alcance. Y ahora cuando miro los poemas que escribí cuando estaba en el colegio, cuando recuerdo esos exámenes que comentaba antes para evaluar a los alumnos imaginarios, cuando hablo con los profesores que me dieron clase en la primaria… me emociono y me ilusiono de la misma forma en la que lo habría hecho a los diez años, porque cuando pasas de ser niño a ser adolescente, no hay tantos cambios como creemos.

Cuando era más pequeña me gustaba muchísimo ir a la casa de campo de mis padres con mi familia y ahora me cuesta un poco más… creo que también entra en juego el tema de los amigos, la fiesta y otros muchos factores que condicionan el que la vida social de un adolescente sea más complicada que la de un niño o un adulto.

Un viaje al pasado, hablaba de ello antes, ¿por qué querer viajar al pasado? Solo querría verme actuando, viviendo mi vida y escribiendo, sobre todo escribiendo, surcando los mares de la ignorancia y del aprendizaje. Recuerdo que mi primer poema, lo primero que escribí en toda mi vida fue un poema sobre el cuento popular de “Caperucita Roja”, llegué a clase de Literatura y estaba tan nerviosa que no podía parar de temblar como una hoja; mi profesor me animó a que empezara y apenas podía hablar, recuerdo una sensación de timidez pero a la vez de una fuerza increíble; disipo en la distancia de la memoria un comentario muy positivo por parte de mi profesor y un auténtico sentimiento de superación personal. Amé cada una del clases de Literatura otorgadas por ese profesor que ahora mismo es uno de mis mayores referentes personales y solo deseaba que llegara ese día de la semana en el que me expresaba como persona y como poeta, poco a poco iba evolucionando como escritora y como aprendiz de la vida y me superaba a mí misma con cada verso… Mi madre me aconsejó siempre que escribiera versos de ocho sílabas, que para los que no alcanzan a comprender a lo que me refiero, diré que es el número de sílabas más sencillo de manejar y de rimar; así que siempre escribía versos de ocho sílabas, versos infantiles de una niña de once años. Me dijeron que me presentara a un concurso de poesía en el colegio y esta es una historia que adoro contar, pues no tenía ni la más remota idea de lo que escribir, recuerdo estar sentada en nuestra casa de campo, observando el infinito y con un bolígrafo y una libreta sobre la mesa, traté de escribir sobre muchísimas cosas, pero ninguna de ellas lograba satisfacer mi perfeccionista estilo literario; así que, sencillamente me puse a escribir sobre lo que no se me ocurría… escribí sobre el “nada”, sobre todos aquellos sentimientos que no me nacían de lo más profundo de mi ser… y escribí sobre la ausencia de inspiración y de musas… escribí un poema que se tituló “Nada”, el poema más puro que he escrito en toda mi vida.

Y me emociono al escribir esto, y eso que yo jamás me emociono con lo que escribo. Me emociono porque todo esto es tan sincero, son mis sentimientos en estado puro y adoro que mi vida haya sido como ha sido… Adoro tener dieciséis años, adoro a mis padres, adoro a mi familia, adoro a mi hermana y a mis amigos, adoro mis estudios y a mis profesores, adoro haber tenido a gente en mi vida literaria que me ha apoyado tantísimo… porque eso es una suerte enorme, no sabéis cuánta.

Me gusta muchísimo escuchar música mientras escribo, supongo que es lo que me ayuda a conmoverme, escucho una y otra vez la misma canción y me emociono, creo que soy una persona bastante simple en ese estilo, pero es que siento no poder evitarlo, de verdad que lo siento. Ahora escribo esto escuchando la hermosa voz de James Arthur y me acuerdo de las muchísimas cosas que he pasado a lo largo de mi vida, creo estar en lo cierto al decir que he tenido muchísima suerte, pues, por desgracia, hay todavía países en los que las personas sufren condiciones deplorables a diario.

Y antes me he referido a la niñez porque creo que es algo muy importante en la vida de un persona, a pesar de que durante toda la vida estás formándote, en la etapa de la niñez esto se acentúa porque pasas de “no vivir” a vivir y aquí estás tomando consciencia de lo que es el mundo, de tu papel en él y de quién eres como persona.

Y os preguntaréis: ¿por qué escribes esto? A medida que ha ido avanzando el escrito me he dado cuenta de muchas cosas, y una de ellas es que amo escribir, más que nada en el mundo, amo expresarme de una forma libre y sin barreras, amo ser independiente de otras millones de personas que escriben en el mundo, porque cada persona es completamente diferente, cada persona es única y por eso escribo esto… escribo esto porque quiero ser aún más libre, seguir siendo la niña que era cuando escribía mi primera poesía, seguir expresando mis ideales a voz en grito y siendo siempre sincera, seguir siendo una soñadora y por último, pero no por ello menos importante, seguir siendo una niña, queridos lectores, pues la esencia de la niñez jamás puede desaparecer de nuestras vidas por completo…

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Sobre el autor

Cada joven con sus opiniones, sus vivencias, sus deseos y sus problemas. Cada joven diferente con ganas de contar qué le pasa y qué le preocupa. Jóvenes iguales en sus diferencias. Y con este espacio #jóvenesHoy para ser usado como ventana al mundo en la que asomarse. Seís jóvenes que irán desgranando poco a poco su forma de afrontar el día a día y qué esperan de los años que empiezan a vivir. José Antonio, Victoria, Víctor, Cristina, Esther y Francisco Javier son la voz de la población juvenil extremeña en el diario Hoy


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