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Sentimientos

A veces me da por reflexionar sobre el mundo que nos rodea, sobre la vida en general y me pongo a pensar en cosas que quizás nunca se nos habían pasado por la cabeza. Me he dado cuenta de que los estímulos y las sensaciones ajenas a nosotros tienen mucha más repercusión en nosotros mismos de lo que creemos.

Una canción; algo tan simple como una canción, nos puede condicionar la vida por completo. Esa canción romántica que escuchas con tu pareja cuando empezáis a salir, una canción alegre que bailas con tus amigos cuando salís de fiesta, una canción triste que les muestras a tus abuelos cuando vas a visitarlos. Y cuando vuelves a escuchar esas mismas canciones, estando solo en la inmensidad de tu habitación, te das cuenta de que ya no sientes lo mismo que cuando las escuchaste por primera vez con esas personas tan importantes para ti. Los sentimientos van unidos a determinadas cosas materiales; un olor, un sonido, un recuerdo… inconscientemente todo eso se relaciona con algo. Estoy segura de que a todos nos ha pasado eso de percibir un olor conocido y acordarnos de una persona y puede que sea un recuerdo doloroso, pero también puede ser uno de los mejores recuerdos de tu vida.

Y a menudo me asombra lo muchísimo que me transmite la dulce melodía de un piano, cada vez que escucho cómo alguien toca las teclas, algo se revuelve dentro de mi alma y me vuelvo a sentir como una niña de tres años que va a empezar a descubrir el mundo de la música; cada día que pasa le doy las gracias a mis padres por darme la oportunidad de aprender tantas cosas, por hacer tanto por mí durante todos estos años.

Me he dado cuenta de que los sentimientos son cosas maravillosas, son sensaciones que se instauran en tu alma desde el primer momento en que respiras el oxígeno de este mundo, sensaciones que te martirizan, que te hacen daño más a menudo de lo que querríamos, pero es que también te hacen sentir fuertes ante el mundo, te hacen sentir la mejor persona sobre la faz de la Tierra y quizás a veces también la más desdichada del universo. Quisiera contar que cuando estoy triste, recurro a canciones alegres para estar mejor, pero esto sería mentiros y yo no estoy aquí para mentir a nadie, al contrario, estoy aquí para expresar mis sentimientos por muy tristes que sean. Cuando estoy triste, lloro y creo que decir esto es una suerte; me comparo con la Esther del pasado y pienso en lo muchísimo que he cambiado a lo largo de los años… antes tenía miedo a expresar mis sentimientos, no lloraba, me parecía un gesto de absoluta debilidad y yo no podía permitir que todos pensaran de mí que era una chica débil… Me acuerdo que hace unos años, yo estaba enamorada de un chico de mi clase, supongo que los amores de la adolescencia son los peores, se te clavan y enquistan en el alma de forma que es casi imposible quitarlos de su posición. Estaba enamorada de él como pocas personas se enamoran hoy en día, quizás un amor demasiado infantil, quizás demasiado maduro como para darle importancia… y después de muchos meses de sufrimiento en los que apenas lloraba, me entristecía, pero las lágrimas no brotaban de mis ojos… lloré, lloré tanto que sentí cómo se rompía poco a poco mi frágil corazón.  Y partir de entonces, comencé a ser mucho más sensible y esto, en mayor o menor medida, me brindó la felicidad de una forma casi instantánea.

Cuando estoy triste, no quiero escuchar canciones alegres. Hay una hermosa cita en uno de mis libros favoritos que reza “Hay que sentir el dolor” y creo que es totalmente cierto. Hay que llorar en los momentos tristes, hay que expresar nuestros sentimientos cuando hay algo que nos hace daño y, de verdad os digo que, si tenéis la facilidad de llorar, la capacidad de expresaros o de sentir vuestros sentimientos de alguna forma, hacedlo, llorad, expresaos y sentid, porque es una de las coas más bonitas del mundo. Cuando estoy triste, escucho música triste, es lo que me nace en el momento en que me siento así y puede que sea demasiado masoquista y tenga comportamientos de adolescente desatada, pero es que, en el fondo, solo tengo diecisiete años y quiero sentir lo que siento. Amo escribir, creo que es una faceta que ya conoceréis de mí, pero no me refiero a que amo escribir textos perfectos, poemas con una métrica ideal o escritos que tan solo intenten aparentar. Amo escribir cosas puras, escritos que lleguen al alma de los lectores, cartas que reivindiquen mis ideas con respecto a temas que considero importantes, poemas que expresen sentimientos y en los que una persona pueda verse totalmente representada.

Y de nuevo, volvemos a los sentimientos, esos que se relacionan directamente con momentos selectos en la vida de las personas. No solo pasa con las canciones, pero creo que es el ejemplo más claro para la mayoría de las personas. Mi madre muchas veces me dice que recuerda a su abuela, quizás le viene un olor conocido, un olor que asocia con ella y simplemente me lo dice. Y a esto me refería cuando os decía que estos recuerdos son duros de sentir, la abuela de mi madre falleció hace muchos años e inevitablemente, cuando percibe ese olor que tiene tan interiorizado, sufre; sufre porque recuerda los momentos que pasó junto a su abuela, sufre porque se da cuenta de que nunca jamás podrá volver a percibir ese olor junto a la persona que le hacía sonreír, la sensación que captamos por los sentidos, en este caso, no puede volver a relacionarse con algo real, porque esa persona ya no está.

Casi todas las parejas tienen una canción especial, esa que escuchan juntos todo el tiempo o incluso cada persona tiene una canción en particular que le recuerda a esa otra persona especial. ¿Qué pasaría si una pareja rompiera? Cada vez que escuchamos esa canción especial, lloramos, nos deprimimos en cierto modo porque, aunque ni siquiera estemos escuchando y examinando a fondo la letra de la canción, la conectamos inmediatamente con esa persona con la que la escuchábamos. Los sentimientos son muchísimo más importantes de lo que nos creemos y debéis saber que ser sensible y expresar esos sentimientos, no es una debilidad. La sociedad pretende instaurar en nuestros subconscientes un sentimiento de culpabilidad cada vez que derramamos lágrimas; ya sean de alegría o de tristeza e incluso también nos hacen creer que los hombres no lloran. ¿Por qué los hombres no pueden llorar? Cada vez que veo que uno de mis amigos se emociona frente a mí, no puedo evitar las lágrimas, ¿por qué? Quizás porque no estoy acostumbrada a verlos en ese estado de tristeza absoluta o quizás también porque yo soy demasiado sensible a las lágrimas ajenas. Hace unos meses escribí un discurso, una carta para todos mis amigos; la mayoría se iban a marchar a la universidad y la despedida era demasiado difícil… decidí hacer un escrito en el cuál expresé todo lo que sentía hacia ellos, como grupo y por supuesto, como familia. Todos acabamos llorando, me emocioné mientras lo leía porque no quería reconocer que todas esas personas que se habían convertido en mi segunda familia, iban a marcharse sin remedio. Y después de esa muestra de sentimientos tan pura, nos abrazamos; nos abrazamos solo como los mejores amigos son capaces de hacerlo, nos abrazamos como personas que sentían, que temían la distancia. Y fue precioso porque yo no quería que se fueran y ahora, cada vez que escucho una canción de reguetón en mi clase de spinning, me acuerdo de ellos en cualquier fiesta de nuestro pueblo, cada vez que escucho una canción triste, me acuerdo de las veces que me desahogué a su lado y cada vez que percibo un olor familiar, pienso en ellos, porque, al fin y al cabo, siempre serán parte de mi vida. Por muy lejos que estén, por muy lejos que estemos.

Y, queridos lectores, os digo con sinceridad que sentir es una de las cosas más hermosas del mundo y que tenéis que sentir, tenéis que temer, tenéis que hablar y expresaros. Todos somos humanos, siempre habrá alguien que os entienda y que sepa enseñaros que el mundo es maravilloso.

Gracias por seguirme una vez más en otro escrito que, como siempre, es una parte sincera de mi alma. Un beso, ¡nos vemos en el próximo!

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Sobre el autor

Cada joven con sus opiniones, sus vivencias, sus deseos y sus problemas. Cada joven diferente con ganas de contar qué le pasa y qué le preocupa. Jóvenes iguales en sus diferencias. Y con este espacio #jóvenesHoy para ser usado como ventana al mundo en la que asomarse. Seís jóvenes que irán desgranando poco a poco su forma de afrontar el día a día y qué esperan de los años que empiezan a vivir. José Antonio, Victoria, Víctor, Cristina, Esther y Francisco Javier son la voz de la población juvenil extremeña en el diario Hoy


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