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    <body>&lt;big&gt;El otro d&#237;a viaj&#233; a Madrid por motivos de trabajo. La noticia mala es que tuve que entrar en la Audiencia Nacional y la buena que me dejaron salir. La puerta de esas dependencias judiciales es m&#225;s conocida ya que la fachada de la Universidad de Salamanca. Por ella hemos visto desfilar a lo m&#225;s granado de la pol&#237;tica, las finanzas y los bajos fondos del terrorismo y sus palmeros. Vamos, que da un yuyu que espanta.   

A pocos metros de ese edificio, en la plaza de Alonso Mart&#237;nez, aprovech&#233; un rato de tiempo libre para visitar una coqueta librer&#237;a de viejo concebida como un moderno expositor de acero y cristal. En los estantes, junto a las ediciones de saldo, duermen   viejos ejemplares de P&#237;o Baroja, de Machado, de Juan Ram&#243;n Jim&#233;nez, de V&#225;zquez Montalb&#225;n... 

Estuve a punto de adquirir un estudio cr&#237;tico sobre la obra de Luis Cernuda pero pens&#233; que no vale de nada insistir en la melancol&#237;a y al final adquir&#237;  dos obras de &#8216;pura evasi&#243;n&#8217;, una novela de P. G. Wodehouse, &#8216;Psmith periodista&#8217;, y uno de esos deliciosos episodios en los que Giovanni Guareschi recrea las aventuras del cura don Camilo y el alcalde comunista Peppone. 

Yo hab&#237;a le&#237;do de joven algunas obras de Guareschi cuando en Espa&#241;a resultaban doblemente c&#243;micas, por inimaginables, las diatribas entre el alcalde comunista de un peque&#241;o pueblo italiano y ese cura preconciliar pero simp&#225;tico al que el propio Cristo, desde la cruz y a viva voz, ten&#237;a que pararle los pies &#8211;y a veces tambi&#233;n las manos&#8211; para refrenar sus ocurrencias de ardoroso redentor de almas. 

Mucho antes de que en nuestro pa&#237;s las ideas del eurocomunismo posibilitaran una situaci&#243;n parecida a la reflejada por Guareschi, los divertidos encontronazos entre don Camilo y Peppone resultaban una buena lecci&#243;n de convivencia &#8216;democr&#225;tica&#8217; y un anticipo de lo que podr&#237;a vivirse despu&#233;s del r&#233;gimen franquista. Lo cierto es que la historia real, finalmente, reserv&#243; menos episodios de ji-ji y ja-ja que los reflejados en aquellas novelas, pero al menos ya sab&#237;amos c&#243;mo era la m&#250;sica de la canci&#243;n.  

Tengo que reconocer, sin embargo, que no compr&#233; el libro de Guareschi porque me dominara la nostalgia. Lo hice con sentido pr&#225;ctico. Me explico. Seguramente hoy, 19 de marzo, con motivo del D&#237;a del Padre, mi hijo se descolgar&#225; con uno de esos regalos convencionales cuyo paradigma son las corbatas. &#191;Y c&#243;mo agradec&#233;rselo? &#191;Tan solo con un &#171;muchas gracias&#187; y un beso? Pues no.  En realidad compr&#233; &#8216;Don Camilo y los j&#243;venes de hoy&#8217; para mi hijo. En vez de un tratado sociol&#243;gico al que dif&#237;cilmente hubiera hincado el diente, con este recurso me garantizo que pasar&#225; unas horas ri&#233;ndose y, de paso, aprender&#225; en qu&#233; han desembocado aquellos j&#243;venes a los que se retrata en la obra. O mejor, en qu&#233; ha terminado el esp&#237;ritu de aquella generaci&#243;n capaz de coquetear con el mao&#237;smo y hoy instalada en las atalayas del poder. En esas atalayas desde las que algunas ovejas negras han tenido que cruzar la famosa puerta de la Audiencia Nacional pero sin la suerte que tuve yo de que me dejaran salir. 

&#191;Y &lt;/big&gt;&lt;big&gt;el libro de P. G. Wodehouse?, se preguntar&#225;n ustedes. Pues ese s&#237; que lo compr&#233; para m&#237;. Para poder re&#237;rme sin nostalgia ni melancol&#237;a. Que no es poco.&lt;/big&gt;</body>
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    <title>Don Camilo y Peppone</title>
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    <body>&lt;strong&gt;Suele decirse que &#171;los pueblos que no conocen la historia est&#225;n condenados a repetirla&#187;. Porque no solo la carne es d&#233;bil, tambi&#233;n lo es la memoria. Mientras en Espa&#241;a se cuestiona a&#250;n la posibilidad de que los familiares de los represaliados de un bando de la guerra civil puedan recuperar los cuerpos de los enterrados en fosas comunes o en cualquier cuneta para darles digna sepultura, en el Congreso de los Diputados se discute esta misma semana acerca de si deben incorporarse a los textos escolares espa&#241;oles los cr&#237;menes de Stalin en Ucrania durante los a&#241;os treinta del pasado siglo.   

Cuando acabamos de salir, como aquel que dice, de una larga dictadura donde se calific&#243; de &#8216;cruzada&#8217; la persecuci&#243;n y exterminio de media Espa&#241;a, o cuando en el otro bando hay historiadores (&#191;) que explican la guerra civil como la conquista de Euskadi y Catalu&#241;a &#161;por parte de Castilla!, a&#250;n resultan pol&#233;micas las declaraciones de quienes atribuyen a los militantes del PP la condici&#243;n de herederos del r&#233;gimen de Franco o de quienes ven manos negras en el intento de encausar a un juez como Garz&#243;n por haber querido remover las aguas (y las tumbas) de la historia. Qu&#233; paradoja. 

Ma&#241;ana, s&#225;bado, saldr&#225; publicada en este peri&#243;dico una entrevista con el catedr&#225;tico Enrique Moradiellos, uno de esos historiadores cuyo conocimiento es directamente proporcional a su ecuanimidad. Un esp&#237;ritu racionalista y antisectario. Durante la larga conversaci&#243;n que mantuve con &#233;l me cont&#243; algunas an&#233;cdotas ilustrativas de la mec&#225;nica de trabajo recomendable en su parcela profesional. Formado en la Universidad de Londres, a donde lleg&#243; becado de la mano de Paul Preston, explica Moradiellos que cuando le planteaba al prestigioso investigador brit&#225;nico cuestiones del tipo: &#171;Pues el proletariado dice...&#187;, &#233;l respond&#237;a en ingl&#233;s: &#171;&#191;Y qui&#233;n es ese se&#241;or, qui&#233;n es el proletariado?&#187; Nada de abstracciones. Nada de protagonistas sin nombre. Hay personas, hay sindicatos. Hay obreros cat&#243;licos que se enfrentaban a otros que no lo son. &#171;Te obligaba a pensar&#187;. 

El mejor ant&#237;doto contra los traspi&#233;s de la historia es el conocimiento; y la verdad sin vocaci&#243;n de parcialidad, sin instinto sectario. Por eso me parece cada vez m&#225;s urgente e imprescindible una opini&#243;n p&#250;blica formada con criterios rigurosos, no al amparo de esas aguas revueltas a las que acuden los pescadores con el cebo del descontento y la ignorancia, dos anzuelos que suelen multiplicarse en tiempos de crisis. 

Mi admirado Joseph Joubert escribi&#243;, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, aquello de &#171;las sombras en la historia, los fantasmas en las novelas&#187;. Yo creo que es uno de sus pocos pensamientos que no comparto. En la historia, ni sombras ni fantasmas. All&#225; los literatos con sus creaciones, pero al hablar de historia, mejor la sentencia del ingl&#233;s Francis Bacon: &#171;La historia es la ciencia de los hechos&#187;. No de las suposiciones. 

Buena parte de lo que ma&#241;ana ser&#225; historia est&#225; hoy en las p&#225;ginas de los peri&#243;dicos, en las tertulias de las teles y las radios, en las p&#225;ginas webs y en las redes sociales.  Pero tambi&#233;n est&#225; en las estad&#237;sticas oficiales, en las inquietudes de los padres, en las preocupaciones de los j&#243;venes, en las cifras del paro y del empleo... Y es preciso separar las voces de los ecos.&lt;/strong&gt;</body>
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    <nicetitle>sobre-historia</nicetitle>
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    <title>Sobre la historia</title>
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    <body>Cuando se despert&#243; aquella ma&#241;ana despu&#233;s de un sue&#241;o intranquilo no se acord&#243; de Gregorio Samsa ni de Kafka, sino de los d&#237;as en que su habitaci&#243;n estaba empapelada con &#8216;p&#243;sters&#8217; de la invasi&#243;n de Checoslovaquia, del Che Guevara, del Guernica o de la estatua de Pizarro encabezando una fila de emigrantes extreme&#241;os que portaban maletas de madera. 

En aquel tiempo la juventud s&#237; que era un arma cargada de futuro y no hubiera entendido la iron&#237;a de una frase que habr&#237;a de escuchar muchas veces, a&#241;os despu&#233;s: &#171;El que a los veinte a&#241;os no es revolucionario, no tiene coraz&#243;n, y el que lo sigue siendo a los cuarenta no tiene cabeza&#187;. 
  
Se mir&#243; ante el espejo y pens&#243; que a&#250;n era capaz de reconocer entre los estragos del tiempo y el trabajo la silueta de aquel joven dispuesto a llevarse la vida por delante. Termin&#243; de afeitarse pero se dio cuenta de que una leve brizna de melancol&#237;a ensombrec&#237;a su mirada. Sonri&#243; al recordar otra frase que repet&#237;a &#250;ltimamente como un mantra: &#171;&#161;Qu&#233; buena cosecha vamos a tener este a&#241;o!, dijeron los agricultores el primer d&#237;a del Diluvio Universal&#187;. Le parec&#237;a  muy ingeniosa. Uno de esos blindajes que el humor regala contra la adversidad.

Se dirigi&#243; a la habitaci&#243;n donde estaba la biblioteca (una especie de peque&#241;o despacho, decorado con cuadros de sus pintores favoritos) y busc&#243; un libro con las pastas ajadas, uno de esos vol&#250;menes que revelan al primer vistazo su uso frecuente. El libro se titula &#8216;Las peque&#241;as virtudes&#8217;, de Natalia Ginzburg. 

Record&#243; que uno de los relatos (precisamente el que da t&#237;tulo al volumen) lo ley&#243; y lo coment&#243; con su hijo en m&#225;s de una ocasi&#243;n. Busc&#243; la p&#225;gina y comenz&#243; a leer: &#171;Por lo que respecta a la educaci&#243;n de los hijos, creo que no hay que ense&#241;arles las peque&#241;as virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la prudencia, sino el coraje y desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al pr&#243;jimo y la abnegaci&#243;n; no el deseo del &#233;xito, sino el deseo de ser y de saber&#187;.

Mentalmente ha repasado toda su vida. Sus a&#241;os juveniles y de trabajo, con jornadas de doce o catorce horas, en los que muchos festivos y domingos tambi&#233;n tocaba arrimar el hombro. Ha mirado hacia atr&#225;s sin ira, pero con melancol&#237;a. Piensa en c&#243;mo han cambiado los tiempos. Y le confirman esa impresi&#243;n las palabras del soci&#243;logo polaco Zygmunt Bauman, el autor de ese concepto tan gr&#225;fico, &#171;modernidad l&#237;quida&#187;, para describir la realidad de estos tiempos de globalizaci&#243;n, dominados por el mercado. &#171;Actualmente&#187;, declara Bauman en una entrevista, &#171;se espera que sean los propios individuos los que conciban soluciones individuales a los problemas sociales. La solidaridad comunitaria ha dado paso a la competencia entre individuos. La sociedad de consumo practica una exclusi&#243;n m&#225;s estricta, violenta e implacable que la antigua sociedad productiva&#187;. &#201;l piensa que Bauman tiene raz&#243;n, aunque a muchos esas palabras les suene a literatura.

Entonces comenz&#243; a descolgar los cuadros del despacho, sac&#243; del armario los antiguos &#8216;p&#243;sters&#8217; y empez&#243; a fijarlos, con chinchetas, en las paredes. Y volvi&#243; a sonre&#237;r.</body>
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    <nicetitle>la-metamorfosis</nicetitle>
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    <title>La metamorfosis</title>
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    <body>&lt;big&gt;El mundo est&#225; lleno de contrastes. Debe de ser ley de vida. Si no existiera la sombra, la luz ser&#237;a un concepto incomprensible. El otro d&#237;a vi uno de esos dibujos geniales de &#8216;El Roto&#8217; en el que una pareja, elegantemente vestida y sentados a la mesa toman el aperitivo, mientras dialogan en tono apacible. Ella: &#171;En la calle empieza a haber hambre&#187;. &#201;l: &#171;&#161;Y cierra&lt;/big&gt;&lt;big&gt; El Bulli!&#187;. 

Este peri&#243;dico publica un reportaje, ilustrado con la imagen id&#237;lica de un joven matrimonio en el sal&#243;n de su vivienda, con el siguiente t&#237;tulo: &#171;Esta casa es del banco&#187;. Y subt&#237;tulo informativo: &#171;Unas 181.000 familias perder&#225;n su vivienda este a&#241;o por no pagar la hipoteca; diez veces m&#225;s que en 2006, cuando se registraron 17.635 embargos&#187;. Por otro diario me entero de que el actor George Clooney ha puesto a la venta su mansi&#243;n junto al lago de Como, por la que se interesan entre otros el futbolista Beckham y un magnate del vodka. M&#225;s contrastes.  Apenas recuperado del espect&#225;culo televisivo de un tal John Cobra en plan &#8216;tocahuevos&#8217; de viejo cabaret, salta a la actualidad la figura de un cura asaz pend&#243;n y promiscuo que ejerc&#237;a su magisterio en dos pueblecitos de Toledo y se ofrec&#237;a a trav&#233;s de Internet para prostituirse a cambio de dinero. &#191;Ser&#225; la crisis? Ovejas descarriadas hay en todos los reba&#241;os.

Vivimos en el imperio de la tele realidad. As&#237; se explica que esa mezcla entre ficci&#243;n y vida cotidiana inspire series como la que anuncia Antena 3 para su futuro programa estrella: &#8216;Invisibles&#8217;, donde un grupo de famosos: &#193;lvaro de Marichalar, Sof&#237;a Mazagatos, Blanca Fern&#225;ndez Ochoa, Miguel Temprano y Yeyo Llagostera se disfrazan de mendigos y tratar&#225;n de acercar al espectador la realidad de los &#8216;sin techo&#8217;, de esos miles de indigentes convertido en los parias de una sociedad opulenta &#8211;parad&#243;jicamente en crisis&#8211;, capaz de convivir con el drama de millones de parados y de ironizar, de forma eficaz e inteligente, con el cierre de un restaurante de lujo.

El &#8216;pan y circo&#8217; de los romanos est&#225; de capa ca&#237;da en lo que respecta al pan, pero no en lo que respecta al espect&#225;culo. Las audiencias necesitan zamparse ingentes cantidades de &#8216;show&#8217; quiz&#225;s como un anestesiante que les haga olvidar otra realidad m&#225;s cruda y cercana. La f&#243;rmula, antigua, sigue demostr&#225;ndose muy &#250;til. Vivan los contrastes. &#171;&#161;M&#225;s madera..., esto es la guerra!&#187;, que dec&#237;an los hermanos Marx. 

Llega a mi mesa un d&#237;ptico publicitario de Manos Unidas, una ONG por la que siento respeto. La portada es la fotograf&#237;a de un joven envejecido (o de una vieja prematura, no distingo bien) que se afana en rebuscar restos en cualquier vertedero de basuras del Tercer Mundo. Junto a esa imagen, un pregunta: &#171;&#191;Qu&#233; crees que necesita esta persona?&#187;. En la siguiente p&#225;gina, a modo de casillas de un test, proponen varias respuestas: Indiferencia, olvido, palabras, buenas intenciones, promesas. Todas esas casillas aparecen vac&#237;as, sin la cruz correspondiente. Y debajo, al final, marcada con un asterisco, la que Manos Unidas considera que es la respuesta correcta: &#171;Tu ayuda&#187;: escuelas, viviendas, saneamientos, hospitales, acceso al agua, cooperativas, granjas, promoci&#243;n de la mujer... &lt;/big&gt;&lt;big&gt;

Entre el espect&#225;culo y la realidad, elija usted la casilla m&#225;s conveniente.&lt;/big&gt;</body>
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    <nicetitle>pan-y-circo</nicetitle>
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    <body>Mientras la mayor&#237;a de los ni&#241;os se dedican a jugar con la videoconsola o a gastarse la paga semanal en chuches y patatas fritas, los hay que con trece a&#241;itos ya han visto culebras, y no precisamente en el zoo.
 
La noticia, fechada en Badajoz, es bien elocuente: &#171;Un ni&#241;o de trece a&#241;os ha sido atendido este carnaval en el hospital Perpetuo Socorro al presentar una intoxicaci&#243;n et&#237;lica&#187;. Los del r&#233;cord Guinness tienen ah&#237; un nuevo nicho de mercado.
 
La tradici&#243;n del bebercio est&#225; muy asentada en nuestra cultura, desde el turbio episodio b&#237;blico de Lot y sus hijas hasta el refranero, prolijo en la materia: &#171;Beber buen vino, no es desatino: lo que es malo es beber vino malo&#187;, &#171;Beber con medida alarga la vida&#187;, &#171;Bebido con buenos amigos, sabe bien cualquier vino&#187;, &#171;El vino abre camino&#187;, &#171;El vino demasiado, ni guarda secreto ni cumple palabra&#187;. La relaci&#243;n se har&#237;a interminable. Hay para dar y repartir.

Sin embargo, me parece que no son frecuentes los episodios de la tradici&#243;n espa&#241;ola en los que el protagonista bebedor sea un menor, exceptuando esos pasajes de &#8216;El Lazarillo&#8217; en que el joven L&#225;zaro se las ingenia con una paja de centeno o abriendo un peque&#241;o agujero en la jarra de vino del ciego para sisarle parte de la bebida.
 
De haber vivido en esta &#233;poca, a Fran&#231;ois Rabelais tal vez no se le hubiera ocurrido aquello de &#171;Hay m&#225;s borrachos viejos que m&#233;dicos viejos&#187;. Y no lo digo por lo de la edad de jubilaci&#243;n, que tambi&#233;n. Si la costumbre del botell&#243;n acaba consolid&#225;ndose, ya veremos de aqu&#237; a unas d&#233;cadas qui&#233;nes ganan la partida, si los galenos o los de la barra libre.

Yo creo que lo m&#225;s asombroso no es la cogorza de un ni&#241;o durante las fiestas del carnaval, sino que el consumo incontrolado y sistem&#225;tico de alcohol por parte de menores no haga temblar el pulso ni de los padres ni de las administraciones hasta que se encuentran con la noticia del &#171;temblor&#187; de un coma et&#237;lico o un &#8216;delirium tremens&#8217; en los medios de comunicaci&#243;n. Y entonces se arma la gran escandalera.
 
&#191;Pero cu&#225;nto tiempo durar&#225; el esc&#225;ndalo? &#191;Un d&#237;a? &#191;Unas horas? &#191;Lo que tarde en olvidarse el suceso? Ma&#241;ana, m&#225;s.

El mundo al rev&#233;s. Ahora en vez de que los hijos vean a los padres apipados o sencillamente ebrios, les toca a los progenitores enfrentarse a las melopeas de sus v&#225;stagos. Bastante antes de que a los j&#243;venes les expliquen en el instituto el sentido de un libro como &#8216;Don de la ebriedad&#8217; &#8211;escrito por un poeta que no llegaba a los 18 a&#241;os&#8211;  muchos de ellos se habr&#225;n doctorado en esa disciplina trasegando alcohol a manta en el  botell&#243;n, e ignorando que en el caso del poeta Claudio Rodr&#237;guez la &#8216;ebriedad&#8217; era m&#225;s la met&#225;fora de la inspiraci&#243;n, del entusiasmo adolescente, que el conocimiento emp&#237;rico del cubateo.

No voy a decir eso de que &#171;cada palo aguante su vela&#187;. Pero lo pienso. Ya se encargar&#225; el jurado popular &#8211;quiero decir la opini&#243;n p&#250;blica&#8211; de ajustar cuentas con los  culpables del desaguisado. De todas formas, tampoco estar&#237;a de m&#225;s que nos par&#225;ramos un rato a reflexionar sobre la verdadera responsabilidad de los padres a la hora de educar y dar ejemplo a los hijos. Aunque sea aprovechando un alto, junto a la barra del bar, entre copa y copa. 
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    <title>De ni&#241;os y alcohol</title>
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    <body>&lt;big&gt;Raro es el escritor joven que no tiene un cad&#225;ver en el armario. Quiero decir una de esas novelas negras o policiacas donde el misterio se convierte en red para atrapar el inter&#233;s del lector. Algunas de esas ficciones no precisan de las truculencias de Jack el Destripador ni de las desasosegantes perversiones de Landr&#250; o de Hannibal Lester&lt;/big&gt;&lt;big&gt;. Les bastar&#237;a con recrear episodios de la historia espa&#241;ola, prolija en &#8216;enterramientos&#8217; discontinuos como demuestran los casos de Goya, Quevedo, Cervantes, Col&#243;n o el propio Lope de Vega, cuyos restos han seguido itinerarios bastante m&#225;s laber&#237;nticos que el panorama econ&#243;mico actual. 

La realidad, sin embargo, suele superar  a la ficci&#243;n. El corresponsal de este diario en Roma, &#205;&#241;igo Dom&#237;nguez, daba cuenta ayer mismo de un caso que tiene desconcertada a la polic&#237;a italiana y que el resumi&#243; con este titular: &#8216;El misterio del esqueleto m&#250;ltiple&#8217;. 

Se trata de una historia propia de novela negra. Uno de esos argumentos con los que disfrutar&#237;an los inspectores de CSI, los detectives de Agatha Christie y hasta el mismo Sherlock Holmes. 

En el verano de 2007, durante un incendio en un ca&#241;averal cerca de Roma, los bomberos encuentran los restos de un cad&#225;ver cerca de donde se hab&#237;a asentado un campamento gitano. Junto al esqueleto aparecieron una bolsa con ropas, unas llaves y un documento personal. La Polic&#237;a relacion&#243; ese documento con un hombre de 77 a&#241;os que hab&#237;a desaparecido cuatro a&#241;os antes y concluy&#243; que el caso estaba resuelto. 

Para aumentar la tensi&#243;n del relato, comprobaron que se trataba de Libero Ricci, &#171;jud&#237;o, jubilado y ex-empleado del Vaticano&#187; y que las llaves aparecidas junto al cuerpo abr&#237;an la puerta de su casa. &#191;Todo encajaba? Pues no, mi querido Watson. Los forenses comprobaron que el cuerpo no era de Libero Ricci y es m&#225;s, &#171;no era de una persona, sino de cinco&#187;, escribe &#205;&#241;igo Dom&#237;nguez. El esqueleto, al que solo le faltaban huesecillos de pies y manos, estaba compuesto por una especie de puzzle con piezas de &#161;cinco cad&#225;veres!  Ni siquiera del mismo sexo, (tres mujeres y un hombre), ni de la misma fecha (hab&#237;an fallecido en un periodo que va desde 1986 a 2006). 

Con un muerto que es jud&#237;o, que trabaj&#243; en el Vaticano y cuya desaparici&#243;n constituy&#243; un misterio durante a&#241;os, da para especular narrativamente. Si a eso se le a&#241;ade que el cad&#225;ver &#8216;recompuesto&#8217; tras el incendio apareci&#243; en un ca&#241;averal de las afueras de Roma, junto a un carril-bici, cerca del r&#237;o T&#237;ber y frecuentado por  gitanos, la historia re&#250;ne todos los elementos para perge&#241;ar un 'best-seller'  con cuatro pinceladas. 

Ahora solo falta que las televisiones se tiren a la carnaza del morbo policial y alimenten las especulaciones con encuestas y recogida de testimonios de todo quisque.  De esa manera, al cabo de pocas semanas, la historia dar&#225; para escribir no un culebr&#243;n, sino toda una enciclopedia del misterio, y mientras los informativos nos machacan con el apocalipsis de Hait&#237; o los altibajos de la Bolsa, usted y yo podremos hacer una pausa en la sobremesa para convertirnos por un rato en disc&#237;pulos de Grishon y elucubrar acerca de qui&#233;n se oculta tras el caso del esqueleto m&#250;ltiple. Y hasta podremos escribir un futuro superventas.&lt;/big&gt;</body>
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    <title>Misterioso cad&#225;ver</title>
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    <body>Acabo de llevarme un susto de muerte. Tengo una alerta en Internet que me avisa en cuanto sale alguna informaci&#243;n con mi nombre. Me resulta bastante &#250;til no para alimentar la vanidad (de la que estoy curado) sino para conocer el eco del trabajo. 

El problema es que hay m&#225;s personas que tambi&#233;n se llaman como yo. Sobre todo en Argentina, donde el patron&#237;mico Juan Domingo es bastante habitual porque da la casualidad que hubo un presidente que se llamaba Juan Domingo Per&#243;n. 

Yo he repetido hasta la saciedad que me llamo Juan Domingo por mi abuelo materno, que se llamaba as&#237;, y no por Per&#243;n, pero el buscador de Internet no lo sabe. 

As&#237; que diariamente elimino sin llegar a enlazarme dos o tres alertas de los &#8216;Juan Domingo&#8217; argentinos o de esos otros que intuyo ajenos a mi persona. Aunque hoy no he podido evitar hacer caso del mensaje y averiguar de qu&#233; iba la noticia porque el titular me ha dejado turulato: 

&#171;Plantan papas en un cementerio&#187;. 

&#161;Caramba!, he dicho para m&#237;, c&#243;mo est&#225; la crisis en Argentina que aprovechan hasta los camposantos para tierras de cultivo. Resulta que un ex concejal de Bat&#225;n, en Mar del Plata, y hom&#243;nimo de este servidor, fue el denunciante de esa &#171;compleja situaci&#243;n&#187; a resultas de la cual un predio r&#250;stico est&#225; sirviendo para &#171;plantaci&#243;n ilegal de papas&#187; cuando su destino oficial es el de &#250;ltima morada de seres humanos. 

Ya s&#233; que el caso se presta a una reflexi&#243;n m&#225;s socioecon&#243;mica que metaf&#237;sica &#8211;que tambi&#233;n&#8211; pero yo prefiero quedarme con la vertiente tecnol&#243;gica. Antes de que se me echen encima los apocal&#237;pticos e integrados, confieso que soy un entusiasta de las nuevas tecnolog&#237;as. El mundo es ya impensable sin Internet. Pero eso no quiere decir, por ejemplo, que abrace a tontilocas las incontables posibilidades de la galaxia digital, que tambi&#233;n es un mercado sujeto a reglas universales, del mismo modo que nadie se libra en la Tierra de la ley de la gravedad. Yo he renunciado, por principio, a abrir un perfil en Facebook. Conmigo que no cuenten. Para justificar tal decisi&#243;n recurro a la misma respuesta que dio el actor George Clooney cuando le preguntaron por el tema y contest&#243; que prefer&#237;a que le hiciera &#171;un tacto rectal en directo en televisi&#243;n un tipo con manos muy fr&#237;as antes que tener una p&#225;gina de Facebook&#187;. 

La semana pasada muri&#243; J. D. Salinger, autor de &#8216;El guardi&#225;n entre el centeno&#8217;, que llevaba m&#225;s de cuatro d&#233;cadas eludiendo, precisamente, el principal objeto de las redes sociales. Lo que no le imped&#237;a vender, a&#241;o tras a&#241;o, 250.000 ejemplares de su famosa novela. De hecho se convirti&#243;, como recordaba el otro d&#237;a &#8216;The New York Times&#8217;, en un hombre que &#171;se hizo c&#233;lebre por el hecho de no querer ser c&#233;lebre&#187;.   

A otro nivel, hay m&#225;s ejemplos. Del mexicano Juan Rulfo, autor de esa joya que es  &#8216;Pedro P&#225;ramo&#8217;, lleg&#243; a decir  Jos&#233; Donoso que era un escritor cuya fama crec&#237;a con cada libro que no escrib&#237;a. &#191;Hubiera ganado mucho la literatura si Salinger y Rulfo contaran con p&#225;gina en Facebook?   

As&#237; que contactar&#233; con mi tocayo argentino para preguntarle si al cabo no hubiera sido m&#225;s &#250;til que los del &#171;predio&#187; siguieran con su fruct&#237;fero patatal antes que reservar el terreno para el descanso eterno.</body>
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    <nicetitle>la-red-y-patatal</nicetitle>
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    <title>La Red y el patatal</title>
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    <body>&lt;big&gt;Quienes han le&#237;do &#8216;El coraz&#243;n de las tinieblas&#8217;, de Joseph Conrad, recuerdan bien c&#243;mo resume el protagonista la org&#237;a de maldad y destrucci&#243;n de la que fue testigo con cuatro palabras: &#171;El horror, el horror&#187;. Acabada la II Guerra Mundial, y tras el &#8216;descubrimiento&#8217; de los campos de concentraci&#243;n y de exterminio nazi, muchos ciudadanos del mundo libre (&#191;) sintieron la imperiosa necesidad de mirar para otro lado ante la tragedia que amanec&#237;a en esas palabras: &#171;El horror, el horror&#187;. 

La historia y el cine han contribuido a recordar la dimensi&#243;n del apocalipsis que dinamit&#243; el coraz&#243;n de la Europa m&#225;s culta y desarrollada. Pel&#237;culas como &#8216;La lista de Schindler&#8217;, de Spielberg; &#8216;La vida es bella&#8217;, de Roberto Benigni, o &#8216;Shoah&#8217;, de Claude Lanzmann (ahora reeditada en DVD) han devuelto a la actualidad nombres con resonancias infernales como los de Treblinka o Auschwitz, del que esta semana se ha celebrado, precisamente, el 65 aniversario de su liberaci&#243;n por las tropas rusas. 

Pero la historia no es una pel&#237;cula. Ni el horror una sucesi&#243;n de escenas tremebundas, despiadadas. En su libro &#8216;Si esto es un hombre&#8217;, Primo Levi, que sobrevivi&#243; temporalmente al holocausto en Auschwitz, &#8211;porque su existencia qued&#243; marcada para siempre&#8211; me conmueve y emociona con su as&#233;ptica descripci&#243;n del exterminio mucho m&#225;s que otros relatos truculentos y de acci&#243;n. Escribe Levi: &#171;Si pudiese encerrar todo el mal de nuestro tiempo en una imagen, escoger&#237;a esta imagen que me resulta familiar: un hombre demacrado, con la cabeza inclinada y las espaldas encorvadas, en cuya cara y en cuyos ojos no se puede leer ni una huella de pensamiento&#187;. Porque en ese libro Levi habla adem&#225;s del hambre, del fr&#237;o, de la crueldad absurda, de la &#8216;inhumana&#8217; capacidad para convertir a millones de hombres en despojos. Puros desechos.

Lo mismo me ocurri&#243; cuando le&#237; &#8216;Sin destino&#8217;, del Premio Nobel h&#250;ngaro Imre Kert&#233;sz, otro superviviente de Auschwitz y Buchenwal, a los que fue deportado con 15 a&#241;os de edad. Un joven que al percatarse de que aquellos jud&#237;os que sab&#237;an hablar franc&#233;s recib&#237;an un terr&#243;n de az&#250;car suplementario reflexiona en voz alta y llega a esta conclusi&#243;n: &#171;Entonces comprend&#237; &#8211;como en casa siempre me hab&#237;an ense&#241;ado&#8211; lo importante que es la cultura en general y el conocimiento de idiomas extranjeros en particular&#187;. No son precisos cad&#225;veres amontonados, ni hornos crematorios, ni fam&#233;licas mujeres con el pelo rapado mendigando una gota de agua para sus hijos. Sobrevivir a ese precio es el horror. El horror.

Europa, que ha sufrido otras experiencias demoledoras durante el siglo XX (empezando por el Gulag sovi&#233;tico y pasando por las matanzas de Srebrenica o los cr&#237;menes contra la humanidad en Sabra y Chatila) har&#237;a bien en aprender de los &#8216;errores&#8217; de la historia. En no fiarse demasiado del hombre, ese animal al que solo basta rascar un poquito sobre su epidermis para que libere el poder destructor de la perversi&#243;n. 

Ni el propio Papa, Benedicto XVI, se f&#237;a demasiado. De ah&#237; sus palabras cuando visit&#243; Auschwitz en 2006: &#171;&#191;D&#243;nde estaba Dios en aquellos d&#237;as? &#191;Por qu&#233; call&#243;? &#191;C&#243;mo pudo tolerar ese exceso de destrucci&#243;n, ese triunfo del mal?&#187;. &#191;C&#243;mo pudo? Esa es la pregunta que algunos siguen haci&#233;ndose. &lt;/big&gt;</body>
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    <title>La historia y el mal</title>
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    <body>&lt;big&gt;Algunas de las mejores historias que conozco las he escuchado en las peluquer&#237;as. Empezando por aquella de Juan Pe&#241;a, en mi Ibahernando natal, hasta la del entra&#241;able Juan Barra, en la calle Pintores de C&#225;ceres, donde como &#233;l me record&#243; en muchas ocasiones, hab&#237;a cortado el pelo o afeitado a cinco generaciones de mi familia. Precisamente en ese local le o&#237; contar, hace ya d&#233;cadas, la historia de aquel tiempo en que tuvo, literalmente, el destino de Espa&#241;a en sus manos... No es una exageraci&#243;n. Durante los primeros meses de la guerra civil, Juan Barra era el encargado de acudir todos los d&#237;as al Palacio de los Golfines de Arriba a rasurar la barba del general Francisco Franco, que por entonces hab&#237;a fijado su cuartel general en C&#225;ceres. 

Juan Barra recreaba detalles de aquellos d&#237;as en los que el General&#237;simo y futuro Jefe del Estado se hab&#237;a convertido en el hu&#233;sped principal de ese palacio, por cuyas dependencias y patios jugaba tambi&#233;n su &#250;nica hija, Carmen Franco. Y siempre surg&#237;a al final de la historia una pregunta &#8211;que no recuerdo ahora si la planteaba &#233;l o alguno de los clientes que&lt;/big&gt;&lt;big&gt; escuch&#225;bamos sus palabras&#8211;: &#191;Qu&#233; habr&#237;a ocurrido si la navaja de afeitar se hubiera desviado, violentamente, de las mejillas al cuello del dictador? Lo que recuerdo es la respuesta del peluquero: 

&#8211;&#161;Uff! Cualquiera, cualquiera... 

Sobraban otras aclaraciones. Y todos re&#237;amos con la contestaci&#243;n. &#161;Cualquiera! 

En esa peluquer&#237;a, regentada despu&#233;s por su sobrino Joaqu&#237;n, aprend&#237; a disfrutar con el humor zumb&#243;n de muchos cacere&#241;os, a sobrellevar, con resignaci&#243;n, las subidas de moral de la hinchada del Bar&#231;a (las menos veces) y a compartir la euforia que suelen acarrear los &#233;xitos del Real Madrid y de los equipos locales. 

La federaci&#243;n que agrupa en Catalu&#241;a a los peluqueros se est&#225; peleando estos d&#237;as con la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) porque les reclaman el canon correspondiente en el caso de que utilicen hilo musical para ambientar sus establecimientos. Yo soy un defensor del pago de derechos de autor, pero no quisiera salir trasquilado con esta nueva guerra. Por m&#237;, que la SGAE siga con su pol&#237;tica recaudatoria. De esa forma, tal vez consigan que en peluquer&#237;as como la fundada por Juan Barra nunca se decidan por el hilo musical. Saldremos ganando los clientes a quienes nos resulta mucho m&#225;s grata una desenfadada conversaci&#243;n sobre el tiempo o los males de la pol&#237;tica (dos temas &#8216;estrella&#8217; en todas las peluquer&#237;as del mundo) que sentir c&#243;mo avanzan por la nuca la navaja, la tijera o la maquinilla sobre el fondo musical de Beethoven o de Mozart. O aunque sea el de Teddy Bautista y Los Canarios. 

Ahora, eso s&#237;, que no apliquen el canon en la consulta del dentista. Prefiero mil veces enfrentarme a todo el repertorio de Ramonc&#237;n, sin anestesia, que resistir en as&#233;ptico silencio a la extracci&#243;n de una pieza dental. Por ah&#237; si que no paso. Si hay que contribuir, estoy dispuesto a colaborar. Pero con m&#250;sica, canon incluido. 

Y de paso, que la SGAE y dem&#225;s sociedades que gestionan derechos de autor consigan ampliar su campo de negocio a otros &#225;mbitos donde la ambientaci&#243;n musical resulta terap&#233;utica. Pongamos que hablo de las salas de espera de los aeropuertos. &lt;/big&gt;</body>
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    <title>M&#250;sica de fondo</title>
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    <body>&lt;big&gt;Este lunes he asistido en Madrid a una sesi&#243;n maratoniana, organizada por la Presidencia Espa&#241;ola de la UE, en la que se abordaron m&#250;ltiples aspectos de la construcci&#243;n europea y sus retos m&#225;s inmediatos. 

A m&#237; me resultaron especialmente ilustrativas las intervenciones de Manuel Pimentel, ex ministro de Trabajo y Asuntos Sociales en el Gobierno de Aznar y la de Carlos Carnero, embajador en Misi&#243;n Especial para Proyectos en el Marco de la Integraci&#243;n Europea. Esa mesa redonda, que estuvo moderada por el periodista y ex senador Juan G. Bedoya, reciente ganador del Premio Europeo de Periodismo 2009 en Espa&#241;a, sirvi&#243; no s&#243;lo para repasar hist&#243;ricamente el sentido europe&#237;sta de muchas generaciones de espa&#241;oles sino para recordar las palabras de Graci&#225;n, cuando sosten&#237;a, sin complejos, que &#171;Espa&#241;a es la naci&#243;n m&#225;s antigua de Europa&#187;. Juan G. Bedoya resucit&#243; incluso los conocidos versos de Joaqu&#237;n Bartrina: 

&lt;/big&gt;&lt;big&gt;&#171;Oyendo hablar a un hombre, f&#225;cil es 
acertar d&#243;nde vio la luz del sol;
si os alaba Inglaterra, ser&#225; ingl&#233;s, 
si os habla mal de Prusia, es un franc&#233;s, 
y si habla mal de Espa&#241;a, es espa&#241;ol&#187;. &lt;/big&gt;&lt;big&gt;

Pimentel equipar&#243; la relaci&#243;n de Espa&#241;a con la UE a la de esos matrimonios j&#243;venes cuyos principios est&#225;n dominados por una pasi&#243;n y euforia amorosa que luego suelen dar paso a etapas de p&#225;nico o depresi&#243;n. En su opini&#243;n, &#171;no hemos sido agradecidos con la UE&#187;. Basta pensar en los miles de millones que han inyectado los fondos estructurales o los programas Feder, Feoga o el Fondo Social Europeo. &#191;Lo negativo? No estamos homologados en materia de empleo con el resto de la UE. La intermediaci&#243;n que funciona en el plano de la educaci&#243;n (ah&#237; est&#225;n, por ejemplo, las becas Erasmus) no se produce en el plano laboral. 

Carlos Carnero tambi&#233;n es un politico de raza. Brome&#243; incluso con su intervenci&#243;n en las sesiones de ma&#241;ana y tarde. &#171;Reconozco que deben estar empachados de m&#237;&#187;, vino a decir, &#171;porque una doble sesi&#243;n de Carnero se le indigesta a cualquiera. Si al menos fuera cordero lechal...&#187; Su optimismo militante se tradujo en varias previsiones: Espa&#241;a contribuir&#225; eficazmente en estos seis meses a la regeneraci&#243;n econ&#243;mica y a la recuperaci&#243;n del empleo. Aunque facilit&#243; datos inquietantes: los 27 pa&#237;ses de la UE tienen 40.000 diplom&#225;ticos y 2,5 millones de hombres en armas. Conclusi&#243;n: &#171;Se necesita una pol&#237;tica exterior global&#187;. Y m&#225;s optimismo. Seg&#250;n Carnero, la encuesta del Eurobar&#243;metro prueba que mientras la percepci&#243;n optimista respecto a la UE es del 66 por ciento en el resto de Europa, en Espa&#241;a dicha cifra sube al 70 por ciento. Cuatro puntos m&#225;s. 

Pimentel, que aparte de abogado es economista, rebaj&#243; el nivel de entusiasmo. Seg&#250;n dijo, en los pr&#243;ximos meses se van a perder otros 200.000 empleos en Espa&#241;a, y a pesar de ello, los puestos de trabajo creados tras la crisis de 1994 no tienen parang&#243;n en el resto de Europa. Se ha destruido mucho empleo, pero nadie nos gana en el creado con anterioridad a 2008. El ex ministro de Trabajo se&#241;al&#243; otras urgencias. &#171;Si no hay acuerdo social, el Gobierno tiene que actuar&#187;. &#191;Por qu&#233;? Porque muchos empresarios saben que los cambios en la normativa laboral son inevitables y pueden decirse para s&#237;: &#171;No contrates ahora, esp&#233;rate a que se produzca la reforma&#187;. &lt;/big&gt;</body>
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