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Padres del mundo, uníos

2015 marzo 17
por Cristina Núñez Nebreda
El rol de los padres es muy diferente a cómo era hace unas décadas

Los padres dan el callo en el desarrollo de sus roles

En un par de jornadas se celebra el día de San José, padre putativo por definición, aunque suene fatal. En el calendario es algo errático, volátil, que unos años es festivo y otros no, de quita y pon. Una celebración menor, sin ofender a los padres del mundo. Estos días tan comerciales dan pereza, aunque tengan la virtud de resaltar las funciones y el valor de los roles familiares. Un padre es algo muy grande, aunque socialmente aún continúe relegado ante la poderosa, onmipresente y abrumadora figura de la madre, ¡ay las ‘mammas’!. A veces podemos llegar a ser muy plastas. Por whatsapp o en directo cargamos.

Las aún malas políticas de conciliación laboral, el paro, que afecta mucho más a las mujeres que a los hombres o nuestra continúa obsesión por querer llevar la voz cantante en ciertos asuntos hacen que aún sean las madres las que, al menos los primeros años de vida de sus hijos, estén mucho más cerca de ellos. No tengo datos científicos en la mano, pero no hay más que irse a a la puerta de un colegio para comprobar que al menos un 80% de las personas que esperan a los niños son mujeres. Son las que suelen ir al médico, comprar la ropa o dar de comer a los pollitos. Eso no significa que no se haya remodelado esa figura años 50 de padre que delegaba todas sus funciones en la amantísima esposa. Está claro que los padres de ahora dan el callo, pero aún hay caminos que no se abordan masivamente, como modificar el horario de trabajo para cuidar a los niños o intentar tomarse un tiempo extra. Conozco a algunos que lo han hecho y para ellos mis loas más sinceras de admiración. Necesitamos hombres así más que tipo Christian Grey.

¿Es muy distinto ser padre o ser madre? Creo que no, aunque a veces tenemos tan incrustados los roles de género y culturales, que hacemos cosas raras. Excepto amamantar, un padre debería poder hacer todo y no quedar, como me cuentan algunas madres, para “jugar” con los niños o enseñarles cosas. O para pasearles mientras la madre limpiotea la casa. En tiempos remotos los padres eran la figura de autoridad. “Verás cuando se lo cuente a tu padre”, retumbaba en esas casas con papeles pintados de medallones de la década de los 70. Y el padre llegaba, se ponía muy serio y pegaba un gran alarido o incluso azotaba a ese niño que se había portado mal. Creo que esto ya ha desparecido.

En muchos colegios se ha suprimido la elaboración de trabajos manuales para el día del padre, pero también para el día de la madre. En el de mi hijo se hace un trabajo el 15 de mayo, que es el día de la familia. Es lógico pensar que no todo el mundo tiene padre o madre, a veces se tienen dos padres o dos madres, o la pareja está separada y entregar el regalo a uno de los progenitores es motivo de pelea. Lo que sí tiene todo el mundo es familia, familia en un sentido amplio, un núcleo de amor de apoyo y respaldo.

Para terminar estas rápidas reflexiones paterno filiales, me gustaría recomendar dos libros que leí recientemente y que ensalzan la figura del padre. Ambos tienen tanta ternura y tanta verdad que merece la pena sumergirse en ellos para amar más a esos hombres a los que les debemos la mitad de nuestra existencia. ‘El olvido que seremos’, de Hector Abad Faciolince, hace un impresionante homenaje al doctor Hector Abad (1921-1987), un padre diferente: “Cristiano en religión, marxista en economía y liberal en política”. Fue asesinado en Colombia por los paramilitares por su arriesgado compromiso social. El segundo libro es ‘Hablar Solos’ de Andrés Neuman, una preciosa historia de un padre y un hijo durante un particular viaje.

“¡Tengo viruta!”

2015 febrero 23
por Cristina Núñez Nebreda

¿En qué momento un niño pierde la inocencia y percibe que el dinero es esa llave que abre puertas, que hace salir bolas de las máquinas, que da via libre a los Kinder Sorpresa o que consigue que nos dejen entrar al cine o al carrusel? ¿Cuando se produce ese ‘clic’ mental que diluye la mirada cristalina y hace aparecer esa figura “aterradora” del capital? No sabría determinarlo con exactitud, pero en casa hay uno que, a sus cuatro años, ya suelta perlas como “¡tengo viruta!”, agitando un monedero en el que va acumulando el parné. Y te salta con que si no tienes, él te puede prestar. No sé si a interés cero o ya estará pensando en lucrarse a costa de sus incautos padres cual banquero sin escrúpulos. Espero que el espíritu de Tío Gilito no le posea. ‘Money makes the world go around’, qué verdad más absoluta. Y sí, aunque, topicazo al canto, las mejores cosas ni se compran ni se venden, el dinero, o la falta de él, nos condiciona completamente, y también a los niños, que desde su infancia más microscópica conviven con las condiciones económicas de su entorno. Los padres gastamos dinero en nuestros niños mucho antes de que vean la luz, y como el capitalismo es un monstruo de varias cabezas con mucho apetito, las necesidades creadas son infinitas, desde una ecografía 4-D (de pago) que no aporta demasiada información extra pero sí un rato de recreo viendo moverse al feto, hasta 1.001 cacharros que consideras imprescindibles pero que solo ocupan sitio y nos vacían la cartera.

¿Cómo conseguir que los niños no sean materialistas en este mundo materialista? El que tenga la respuesta que me llame. Porque puedes predicar, contarle lo importante de tener un techo, escuela, juguetes, ropa. Que no todo el mundo lo tiene, que el dinero cuesta mucho ganarlo, que hay que contenerse, que hay otros mundos, lejanos y cercanos, en donde falta todo, lo básico. Le puedes soltar un rollo muy bien argumentado, pero como los niños aprenden con lo que ven, no con lo que les cuentas, todo ese discurso quedará en filfa si el niño te ve comprar como un loco sin mucho sentido, de manera impulsiva y sin discernir entre el capricho o lo necesario. Es complicado, como todo lo referente a la educación. Además, reconozco que yo soy de gatillo rápido, desenfundo la tarjeta cual vaquero de western, con rapidez y dejando un destello en el aire.

Algunas pautas leídas en ciertos libros recomiendan precisamente todo lo contrario: contenerse. Los niños piden, piden mucho, se encaprichan con todo y quieren cosas, a porrillo. Y se supone que hay que saber decir no bastante. Tampoco siempre, porque en ocasiones hay que complacerles. Y ahí está el tema, saber trazar la línea. ¡Dichosa pedagogía, no se puede uno ni relajar un segundo!

También se habla de ofrecerles actividades en las que no haya un móvil económico. Una tarde en el campo con un bocata envuelto en papel Albal es lo más barato que existe y, sin embargo, no solemos venderles ese plan como algo tan excitante como ir a la feria. Reconozco que me encantan las meriendas fuera de casa los sábados y domingos: el chocolate, los churros, las tartas y bollos (¡todo sanísimo!). ¿Se puede “desaprender” a hacer cosas placenteras? Creo que no.También he leído lo importante de enseñarles a reciclar. Una tarde de manualidades con rollos de papel higiénico gastado puede dar mucho juego. Las cosas ‘handmade’ tienen un especial valor. Ahora que está tan de moda la repostería casera, es buena cosa meterse con los niños en la cocina y enseñarles lo barato y divertido que es hacer una tonelada de galletitas.

Hay muchas formas de organizar un cumpleaños infantil, que es como el momento estrella de la vida de un niño. A mí me apabullan esas mega-fiestas en las que no falta un detalle. Por supuesto que hay que celebrar las cosas buenas de la vida, soplar una vela, comerse una tarta, reir y bailar pero tanta historia…que hay cumples que parecen los Óscar de Hollywood. Y con más regalos que el maharaja de Kapurhala. Reconozco que a veces pienso que si le das tanto tan pronto, ¿qué le quedará para cuando sea mayor?

“Poderoso caballero es don dinero”.  Si pudiera elegir, me gustaría que para mis hijos no fuera un problema, ni una obsesión. Que no les falte, ni les sobre. Y que el mundo que habiten cuando sean adultos haya borrado ciertos vicios relacionados con la pasta. La corrupción. El poder. Los abusos. La misera. Mucho tienen que cambiar las cosas.

 

Los niños, familiarizados con el dinero desde su más tierna infancia

Los niños, familiarizados con el dinero desde su más tierna infancia

 

Ser mamá y algo más

2014 abril 3
por Cristina Núñez Nebreda

Que una nueva vida empieza con la llegada de un hijo es una verdad con la que hasta los más descreídos estarán de acuerdo. Corrientes “anti-ñoñismo paternal” y las super trendy “malas mamás” tendrán que aceptarlo. No pasa nada. Yo suelo referirme a “mi otra vida” cuando hablo de mi periodo previo a la maternidad. Era la misma, no ha cambiado lo más esencial de mi persona, pero hacía cosas muy diferentes. Como dice Kirmen Uribe en su libro Bilbao-New York-Bilbao, la maternidad fue iluminando territorios que habían permanecido a oscuras y que ni siquiera sabía que existían, mientras que se hizo la noche en ciertas regiones muy frecuentadas en esa etapa previa a los niños. Desaparecieron las salidas, las cervezas, los viajes, los amigos, levantarme con tiempo pegado, poner una lavadora a la semana y cosas así. Si que hay ocasiones para despegarse de ellos y hacer “algo”, pero son puntuales, y de momento, no aspiro a más. El segundo hijo no hace sino confirmar esa responsabilidad y ese compromiso que condiciona todo lo que somos.

Una de las cosas a las que nos enfrentamos con el nacimiento de los hijos es a permanecer durante una temporada fuera del entorno laboral. Y eso que probablemente siempre habíamos soñado, estar unos meses sin trabajar sabiendo que volveremos a nuestro puesto, puede convertirse también en una dura prueba, sobre todo para las mujeres poco acostumbradas al quehacer doméstico. Habitualmente, o por lo menos es mi caso, el cuidado del recién nacido absorbe tanto que no queda mucho tiempo para pensar en nada más, pero a medida que se va cogiendo el ritmo, pasan las caóticas primeras semanas y el niño crece una se va a acordando de que tenía un trabajo, de que no solo es mamá y de que su mesa, su ordenador y sus “temas” están ahí, suspendidos. Contradicción al canto. Que sí, que una es feliz acarreando con los churumbeles, que el momento es único y alucinante, pero que a veces, cuando notas que el mundo laboral gira y gira sin tí, tienes conatos de melancolía. Y puede que hasta te sientas estúpida por ello. Además, normalmente el cuidado de los niños lleva aparejado un montón de tareas domésticas de las que no te libras porque estás en casa. El padre del niño suele continuar con su trabajo (aún son ‘rara avis’ los que se acogen a excedencias o reducciones de jornada), y cada vez que vuelve a casa es como si entraran noticias del mundo exterior, lo cual, a veces, incrementa la sensación de aislamiento.

La maternidad pone un paréntesis a la vida laboral

Aquí van unos cuantos consejos para no “hundirse” en el universo niño. Hay que salir un poco de la rutina para disfrutar más este periodo. No todas las actividades que pueden distraernos hay que hacerlas fuera de casa. A mi me gusta montarme un paraíso particular en el baño y ducharme tranquilamente, sin ningún remordimiento ecologista, cuando puedo. Un poco de ‘beauty sesion’ con cremitas y mascarillas me hacen sentir muy bien. También podemos darnos a la lectura, en los ratos muertos, que los hay,  intentando que esas lecturas no sean solo ‘El libro de mi bebé’ o cosas así. En Cáceres tenemos un programa de masajes para lactantes de 0 a 4 meses que logra que la madre y el niño establezcan unos horarios, además de ser un punto de contacto entre madres muy enriquecedor. Lo dirige el fisioterapeuta Pedro Martín. Hay cosas que se pueden hacer carrito en ristre, como pasear a buen ritmo o acercarse a salas, museos o galerías. Es bueno aprovechar este periodo para hacer cosas para las que habitualmente no tenemos tiempo, como hacer algún curso, y la opción on-line es interesante. La complicidad del padre de las criaturas es imprescindible.

También disfruto mucho de los desayunos en las cafeterías que más me gustan, sin mirar el reloj, aunque empiezo a caer en la dinámica del “doble desayuno” (por la mañana y a media mañana, lo cual no le va nada bien a mis michelines). Las compras son un arma de doble filo, y el riesgo de gastar demasiado siempre está ahí, y más con la chochez que te entra con los niños, que les quieres dar de todo, hasta de lo que no necesitan. También es muy bueno llamar y quedar con amigos sin niños alguna vez, o frecuentar entornos en los que se hable un poco de todo. Soy madre, pero me siguen preocupando, interesando e indignando muchas cosas. No estoy fuera de juego.

Y dicho lo cual añado que el momento de la reincorporación siempre es duro, y la sensación de estar sobre la cuerda floja y no saber qué hará tu niño sin ti cuesta un poco los primeros días, aunque luego ves que todo marcha. Todo esto sin entrar a valorar el pésimo respaldo que nuestro sistema da a la maternidad, y lo difícil que es conciliar. No sé a quien se le ocurrió que un bebé de 16 semanas puede ser cuidado por alguien que no sea su mamá o su papá. Otro día hablo del tema.

Destronando príncipes

2014 enero 22
por Cristina Núñez Nebreda
Muchos niños pasan por un calvario con la llegada del nuevo hermano

Muchos niños pasan por un calvario con la llegada del nuevo hermano

Llevaba una larga temporada fuera de ‘Juegos de Niños’. Andaba, y ando, sumergida en los ajetreados y maravillosos primeros meses de la nueva de la familia. La parentela aumentó hace dos meses y medio, planteando un nuevo escenario vital y devolviéndonos a las noches de sueño intermitente, a la ojera tatuada, a la inversión en pañales y a no tener tiempo ni para ir al baño. En serio, hay que coger número hasta para hacer “pipí” y una se olvida de los espejos y se declara en huelga indefinida contra los peines. Cuando ya avanzábamos a velocidad de crucero con el primero, cuando ya sabíamos lo que era ser padres…¡zas!, borramos y volvemos a escribir.

Hay muchas teorías sobre cómo se encaja una nueva “pieza” en el mapa de la familia, desde los que opinan que el trabajo crece exponencialmente y que todo se desborda, hasta los más optimistas que sostienen que el segundo hijo se cría solo y que la infraestructura que ya estaba montada sigue sirviendo. Tal vez aún sea pronto para hacer un diagnóstico sobre cómo lo estamos viviendo nosotros, pero lo cierto es que la historia no se repite. El segundo hijo no es una réplica, no es una segunda parte, no son vivencias clónicas, sino una experiencia única y distinta, porque llega en otro momento de la vida, con cosas aprendidas y también con muchas sorpresas que te convierten en novato y que impiden que haya ‘deja vù’. Eso sí, hemos reciclado mucha ropita y toda la utillería de cuna, carro y demás aparejos.

Una de las preguntas que más he tenido que responder en las últimas semanas ha sido la de cómo lleva el niño mayor convivir con el nuevo fichaje. Hablamos de los famosos celos que configuran lo que se conoce como “síndrome del príncipe destronado” por la novela que Miguel Delibes publicó en 1973 en la que describe con ternura infinita como el pequeño Quico tiene que bregar con la llegada de su hermana y como se transforma su mundo, un mundo en el que él reinaba en exclusiva, con sus padres como fieles súbditos. Suele ser habitual que el hijo mayor, que aún es pequeño para encajar con madurez la llegada del nuevo, vea una clara competencia en ese recién nacido para quien todo son mimos y arrumacos y que es una completa novedad. Hay niños que experimentan una involución: vuelven a hacerse pis encima, dejan de comer solos, se despiertan por la noche. La mayoría llama la atención, intenta acaparar a una madre que anda recuperándose del parto y con el agotador horario que imprime la lactancia. Muchos emplean métodos expeditivos y directamente pasan a las acciones violentas o pretenden “jugar” con él o ella como si fuera de su edad. O intentan rescatarle de la cama o cogerle.

Sobra decir que hay que brindarles las mismas atenciones que antes de la llegada del recién nacido. La gente te da consejos, que le hagas caso, que no le excluyas del proceso. Te aconsejan que les hagas un regalo para hacerle más suaves los cambios. Y también que cuentes con él para los cuidados del pequeñajo. Te puede traer pañales, lavar un chupete o ayudar en la hora del baño. Otro consejo es que el padre o la madre dejen por un momento al recién nacido y salgan con el otro niño a hacer alguna actividad especial como el cine, el teatro o el parque, dependiendo de la edad. Resultó curioso ver como las personas que venían a visitar a la niña primero hacían todo un ritual de halagos al mayor, le traían un regalo, le decían lo guapo y listo que es y luego se asomaban a conocerla. Más allá de teorías conviene no perder nunca la naturalidad y la normalidad para enseñar a convivir y que reine la paz en una casa mucho más ocupada.

 

 

Extraescolares, aprendizaje o estrés

2013 octubre 7
por Cristina Núñez Nebreda
Las actividades extraescolares tienen que ser del gusto de los niños

Los niños deben tener tiempo libre para "perderlo"

El curso escolar ya va cogiendo ritmo mientras los virus nos convierten en su diana. En clase de Pablo ha habido varias bajas en la primera semana después del periodo de adaptación, y él también ha faltado un par de días. Gargantas irritadas, mocos y toses son nuestros compañeros, a pesar de que hace un tiempo primaveral y extraño, o tal vez por eso.

Inmersos en la rutina, octubre es el mes para organizar horarios. Y aquí aparecen las famosas actividades extraescolares, con las que se pretende complementar los conocimientos de los niños o proporcionarles momentos de diversión extra. Ciudades como Cáceres ofrecen muchas cosas para llenar las tardes. La oferta no para de crecer. Natación, esgrima, música, idiomas. Y no sólo para chicos de cierta edad. Si tienen tres años o incluso menos pueden enrolarse en casi todo lo que se les ocurra a los padres.
El mayor dilema es saber elegir y, sobre todo, ser conscientes de que los niños necesitan que el tiempo no se convierta en una soga, no estar sometidos a unos horarios agobiantes desde tan pequeñitos. Por un lado te das cuenta de que a cierta edad los niños son verdaderas esponjas de aprendizaje, pero por otro da verdadero pavor verles estresados, totalmente sometidos a esta dinámica capitalista en donde hay que sacar rendimiento a todos los minutos del día.
La escolarización de los niños implican al menos cinco horas en la escuela, toda la mañana, eso si no se recurre al comedor o las aulas matinales o vespertinas, que pueden ampliar mucho más su horario fuera de casa. Si luego hay que irse pitando a clase de lo que sea creo que el día a día puede tomar notas infernales. Nosotros continuamos con inglés, y tal vez nos apuntemos a música. En total, dos horas más a la semana, a buena hora y cerca de casa.Veremos si no se nos va de las manos
El pedagogo y bloguero Carlos Pajuelo publicaba hace unos días un post en su blog de HOY ‘Escuela de Padres’ en el que daba algunas pautas para saber escoger bien las actividades extraescolares. Insistía mucho en la idea de que hay que consultar a los niños, para que sean actividades de su interés, que no lo tomen como obligación sino como disfrute.  Cuando son tan pequeños, además de preguntarles hay que observarles. Si van contentos, se nota, te lo dicen de alguna manera. Otro reciente artículo también se cuestionaba hasta dónde hay que llegar y qué hay que “esperar” que sepa un niño a determinada edad. El mensaje final era la importancia de que el pequeño sea feliz y lo pase bien, sobre todo. Con eso deberíamos quedarnos, sin olvidar en que el cerebro humano es potente y muy plástico a edades tempranas.

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Los piojos, compañeros indeseables

2013 septiembre 19
por Cristina Núñez Nebreda
Los piojos, un enemigo a batir cuando empieza el curso

Los piojos, un enemigo a batir cuando empieza el curso

Una semana en el cole y ya hemos recibido la primera comunicación oficial “indeseable”. Aquí podría escucharse, a modo de banda sonora, una música de terror de esas de escenas de máxima tensión. Así reza el papelito con el que el niño ha salido de clase: “Se ha detectado en la clase de su hijo/a la presencia de piojos. Es importante una rápida actuación con el fin de impedir su propagación. Por tanto le ruego que tome las medidas necesarias para solucionar el problema o las preventivas para impedir que el niño pueda tenerlos también. Disponemos en el centro de una guía que ponemos a su disposición”.

Madre mía, todavía no hemos pasado el shock y el descoloque del periodo de adaptación y ya estamos con la plaga escolar por antonomasia: piojos, pipis. Miedito. Nada más recibir el papel empecé a explorar la cabeza de mi niño como una mamá orangutana. No vi nada, respiré, pero la siguiente parada fue la farmacia. De cabeza. Por ahora, nos hemos hecho con un spray antipiojos que es solo preventivo. Quince euros de nada, continuamos con el suma y sigue. Hay que rociarlo una vez a la semana, no más porque puede dañar el cabello y el cuero cabelludo.

Al parecer, según me ha contado el farmacéutico, las oleadas de piojos se han vuelto más constantes a lo largo del año, antes estaban más limitadas a periodos concretos. Los piojos son parásitos sin alas sumamente contagiosos que se alimentan de la sangre humana, esa es la definición más habitual que encontramos en casi todas las páginas de Internet. En todas se dice que su contagio no tiene que ver con la falta de higiene, sino con el ph de la piel, por eso hay personas más propensas a ser contagiadas. La franja de mayor riesgo va de los 3 a los 11 años. Además de los productos de farmacia parece bastante eficaz aclarar el pelo con vinagre, uno de los recuerdos de infancia chungos que tengo. Internet ofrece múltiples guías pormenorizadas sobre cómo actuar para sacar a los piojos de la cabeza de los pequeñajos, así que propongo un barrido por la red. Reconozco que me da repelús pensarlo y que me pasa como a mucha gente, de sólo oir su nombre, me pica. Me voy a rascar.

¡Empezamos el curso!

2013 septiembre 13
por Cristina Núñez Nebreda
¡Ya hemos empezado el cole! Creo que recordaré el primer día de escuela del niño como el que me hice definitivamente mayor. ¡Ya soy una madre llevando al colegio a su hijo, eso sí que es un grado! Podría caer en todos los tópicos habidos y por haber y no pararía…¡estoy chocha, y no lo niego! A pesar de los temores, de los rigores que impone la enseñanza pública de Wert, espero y confío en que estos niños reciban un buen bagaje para el resto de su vida, tanto de conocimientos como de valores.
Aquí va el balance: no hubo bulla el primer día de clase, todo transcurrió con normalidad. El niño ejerció un poco de resistencia a entrar a clase al principio pero después, según nos contaron, estuvo bien. Casi ningún niño lloró. Están hechos de acero estos cachorros de tres años, tienen más mundo que mi abuela a los 80. Al recogerle, por la ventana le vi haciendo un trenecito de salida, en el vagón de cola, piiii-piiiii, y cuando nos vio nos echó una sonrisa de esas capaces de deshacer un glaciar entero. ¡Qué pastelada! ¡Un babero para esta mami!
El inicio de curso, toda una aventura

Los más pequeños vuelven al colegio

Antes del 12 de septiembre tuvimos una reunión con la seño, y la semana anterior habíamos pasado por el centro para dejar el material, una caja de un tamaño considerable con todo tipo de cosas, hasta pañuelos de papel para los mocos. Da la impresión de que cada vez más los recursos salen del bolsillo de los padres. La reunión estuvo interesante: cuestiones de funcionamiento básicas para que todo vaya rodado. Algunas son cosas elementales, como llevarles con pantalones “fáciles” que puedan bajarse ellos para facilitar la operación pis y caca.

La maestra tiene unos principios que me han gustado, el fundamental es el de que los niños tienen que ser felices en la escuela. Yo también creo que esa es la mejor puerta para el aprendizaje. Lo cierto es que, a pesar de los fallos que aquejan a nuestro sistema educativo, estos días compruebo lo que se ha mejorado. Mi cabeza vuelve a la escuela de los 80 en la que me tocó estudiar y el paisaje que evoco es árido e incluso triste: clases sobrecargadas, seños que nos gritaban, un muro infranqueable entre colegio y hogar…y a pesar de todo nos lo pasábamos bien, así es la infancia, esa región feliz de la vida. Pablo comparte clase con otros 24, que son un montón. Creo que la mitad sería la cifra ideal, pero a ver cuando se logra esa quimera. De cole que hemos elegido (y que nos ha elegido) me gusta la diversidad social y que me pilla tan cerquita de casa y del trabajo que me parece un sueño.
Ahora andamos inmersos en la polémica fase de adaptación. Digo polémica porque se habla mucho del tema y no a todos los padres les parece bien. Es cierto que es un disloque que hasta el 30 de septiembre no cumplan el horario normal, de 9 a 14, y que sin abuelos o familiares que estén cerca debe de ser mucho más cuesta arriba, pero por otro lado, parece una fórmula para que la adaptación sea progresiva y segura. Estos dos primeros días de clase y toda la semana que viene hay una hora y media de clase, y el grupo está dividido en dos. La siguiente, dos días dos horas y media y tres días cuatro horas, ya los 25 juntos. Cada colegio tiene sus fórmulas. Incluso he oido que algunos coles concertados prescinden de este periodo, y enseguida empiezan a saco. Son fórmulas. Lo bueno es que el año que viene esa adaptación será más rápida.

En vísperas del primer día en el cole

2013 agosto 23
por Cristina Núñez Nebreda
Un cargamento de material acompaña a los niños en su inicio de curso

Los niños llegan al cole con un cargamento de material

12 de septiembre a una hora aún por determinar. Ese es nuestro día D, la fecha en la que el pequeño iniciará su aventura escolar en Primero de Infantil, a sus casi 3 años. Nos adentramos en las procelosas aguas de la Educación Pública, sin miedo y con confianza a pesar de la paranoia generalizada sobre el deterioro masivo de lo público. Después de una agitada fase de matriculación (entró por sorteo y le ‘tocó’ la última plaza disponible), olvidados ya los sinsabores de un proceso kafkiano, tras las vacaciones nos hemos puesto las pilas para equipar al nuevo escolar con todo lo necesario para ir absorbiendo conocimientos. Él ya está un poco a la expectativa con “el cole de los mayores”. En el “cole de los pequeños”, la guarde, ha pasado dos cursos fogueándose en sus primeras relaciones sociales y aprendiendo cositas.

Que el saber no ocupa lugar es una verdad a medias. Una caja con un peso considerable guarda el material que ya hemos comprado y que integra la lista que nos dieron cuando hicimos la matrícula en julio: carpetas, pegamento, folios, papel para trabajos manuales, tijeras, goma, sacapuntas, pinceles, sobres, kleenex, papel de cocina, toallitas húmedas, ceras gruesas, finas, rotuladores, un lápiz…No es que tenga una complicación extrema ir a la papelería y comprarlo todo, pero sí hay que cumplir ciertos requisitos de marcas y tamaños que te pueden hacer tener que visitar más que una tienda.

Entre las fotos de carné y el material escolar hemos gastado unos 40 euros. El baby nos ha costado 15 y los libros, 95. Son tres cajas trimestrales con conceptos muy básicos, figuras troqueladas, piezas y un claro enfoque lúdico. En total hemos hecho una “inversión” de unos 150 euros en lo que yo considero que puede ser el mínimo teniendo en cuenta que en nuestro centro no hay uniforme y que nos ahorramos el libro de Religión. Eso sí, tendremos que equiparle de ropa y calzado suficiente para aguantar el trote diario, un gasto que probablemente sea mayor que el de la ropa “oficial” de los colegios con uniforme, generalmente privados y concertados. Aunque hay “trajes escolares” que me parecen un poco decimonónicos y no sé si del todo cómodos, hay que reconocer que debe facilitar bastante la vida familiar saber qué se va a poner el niño por la mañana a diario. Y además, así no hay bullas.

Y por ahora esto es todo lo que sabemos. Hay que entregar todo el material el próximo 4 de septiembre y tenemos una reunión el 10, dos días antes de que empiece el curso. Allí nos explicarán los detalles del proceso de adaptación, por el que los niños van empezando poco a poco, para que no se colapsen. Igualito que cuando yo empecé el cole, cuando arrancaba la década de los 80 y eso era la guerra.

La piscina de tu vida

2013 julio 5
por Cristina Núñez Nebreda
Bebé sumergido en una piscina

Es recomendable que los bebés menores de un año no estén más de 10 minutos sumergidos en el agua

¡Qué aburridos nos volvemos los mayores! Vale, hablo por mí. Perdemos nuestra capacidad de acción y, más que jugar, nos pasamos la vida maquinando cosas, dándole vueltas a la cabeza, contando nuestra vida, creyéndonos que arreglamos el mundo, pariendo supuestas ideas geniales que se quedan en agua de borrajas. Lo que más admiro de los niños es su capacidad para exprimir la vida, desde que abren el ojo por la mañana hasta que lo cierran. O están encendidos o apagados, no hay término medio, no distinguen entre lunes y domingo. Y viven, viven mucho porque no se cansan ni remolonean. Van a saco.

Esta vitalidad se percibe al cien por cien en las playas y las piscinas. La arena y el agua ejercen un influjo irresistible para los niños. Recuerdo esos veranos interminables de la niñez saliendo del agua con las palmas arrugadas y los labios amoratados, pero feliz. Días larguísimos y sin tregua…¡qué alegría!

Una vez hecho el retrato idílico, vamos a lo práctico. Aunque la playa (o la piscina en su defecto) es una buena solución para aplacar estos calores, con los niños hay que tener mil ojos y un montón de prevenciones que, como siempre, dicta la pura lógica. Cuentan que lo mejor para evitar accidentes es enseñar a los niños cuanto antes a nadar, eso les hará ser independientes dentro del agua.

De todos modos, lo fundamental es no perderles de vista ni un solo instante. En un minuto pueden caerse en zonas en donde no hagan pie. Al parecer, es más frecuente que se produzcan ahogos en piscinas particulares que en las públicas, en donde hay socorristas. A veces, en reuniones familiares los mayores se desentienden y dejan a grupos de niños solos, sin vigilancia, pensando que unos niños cuidan de otros. No hay que confiarse nunca.

Para iniciar el contacto con el medio acuático debemos proporcionar al niño un lugar que sea de su confianza. Es lógico que ejerzan resistencia a meterse en piscinas que son demasiado profundas o que tienen el agua muy fría. Las piscinas pequeñas, las de plástico, son un buen inicio. En las públicas, las piletas para niños permiten el juego sin peligros. Dicen que cuando son bebés menores de un año no conviene que estén dentro del agua más de diez minutos porque se enfrían. Venden trajes de neopreno que les cubren y que les evitan ese repelús inicial, el primer golpe frío del agua en el estómago. Y luego está el tema de la digestión, que no parece ser un mito. Hay que respetarla, entre dos y tres horas, aunque suene a consejo de abuela.

Otro tema a tener en cuenta: hay que ser cuidadoso con los artículos para el baño que se adquieren. Como siempre, mirar bien que estén homologados porla UniónEuropea, y comprobar que los remates o salientes no hagan daño a los niños. Cuidadito también con el sol. Dar crema a discreción es la mejor solución para evitar quemaduras.

De todas maneras, el niño que tengo en casa no se puede calificar como un Neptuno. Es de secano total. A finales de junio estuvimos en la playa y le daban un poco de miedito las olas, acercarse, decían que le pillaban. La arena tampoco le hizo gracia, y hubo que iniciarle en lo divertido que es hacer castillitos. Ahora intentamos que vaya acostumbrándose a la piscina, pero parece que está costando.

 

Ellos también quieren sus gafas de sol

2013 junio 26
Las gafas protegen a los niños de la radiación solar

No hay que dejarse llevar por la estética a la hora de elegir gafas de sol

Hace cuatro años, en un viaje por la Bretaña francesa nos llamó la atención que la mayor parte de los bebés llevaban gafas de sol. Lo cierto es que también nos percatamos (y eso que aún no éramos padres) de usos y costumbres con los niños que nos gustaron mucho. Se utilizaban muchos porta-bebés, había muchas zonas infantiles y vimos a los padres en una actitud muy relajada con sus hijos. Me encantaron los pic-nic familiares con mantel de cuadros y productos con una pinta estupenda (quesos, patés…) Oh, la France!

¿Es una frivolidad lo de las gafas de sol? Consultando en distintas páginas y a expertos parece ser muy útil proteger la salud ocular de los niños, y a veces es necesario algo más que una simple gorra. Hay zonas, como Extremadura, con una gran radiación ultravioleta. Al parecer, hasta los 10 o 12 años el cristalino de los niños es casi transparente, por lo que absorben todos los rayos solares.  Igual que las de mayores, estas gafas crean una barrera que protege contra la luz solar y contra el viento. Pese a que la mayoría de los modelos están creados en tonos coloristas y diseños graciosos, eso no les exime de cumplir con todas las normativas. Deben llevar el sello de la comunidad europea e indicar el tipo de filtro del que constan. En esta página se habla sobre los distintos índices de protección. Lo ideal, cuentan, es que no sea ni muy alto ni muy bajo.

Las ópticas son el mejor lugar para hacerse con ellas. Hay que pasar de mercadillos, tenderetes y otros lugares informales, por más suculentos que resulten los precios.

Me cuentan que es muy importante probárselas y que su adquisición no se convierta solamente en una cuestión estética. La mayor parte de gafas para niños pequeños, sobre todo para los más chiquitines, lleva una goma en la parte posterior. También hay sistemas que hacen que las patillas sea ajustable. Hay que ver que no se les deslicen por la naricilla y que no les resulten incómodas. Lo ideal sería que se sientan como si no las las llevaran. Hace unas semanas estuvimos viendo gafas. Los modelos no me convencieron, pero el niño estaba encantado y decía que se veía “muy bien”. 40 euros costaban un par de mini gafitas. Me parecieron caras y continúa la búsqueda, pero ya va siendo hora, que el sol está en todo lo alto. Pablo me recuerda prácticamente todos los días que quedamos en comprarle unas.