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Fecha: octubre, 2008
Magnífico ensayo sobre el humanismo
27-10-2008 | 1:06 | 0

El capítulo dedicado al lenguaje propone un análisis sugestivo del célebre topos de Nebrija: «Siempre la lengua fue compañera del imperio».

Se aproximan ya a la veintena los títulos publicados en la ‘Bibiotheca Montaniana’, que publica la Diputación de Huelva. Como su nombre sugiere, se trata de obras referidas a Benito Arias Montano, cuando no son reediciones del ilustre frexnense, bien introducidas y comentadas. No obstante, algunas superan esos límites, aunque también quedan dentro del marco histórico en que se moviese nuestro máximo escriturista. Así ocurre con este magnífico ensayo sobre los rasgos identificadores del humanismo español. Lo suscribe Juan Luis Suárez, investigador extremeño que continúa enseñando en la University of Western Ontario (London, Canadá).

Según la mitología clásica, Proteo, aquel «anciano hombre del mar» como lo describe Homero en ‘La Odisea’, encargado de pastorear las focas de Poseidón, poseía la virtud de transmutarse y adquirir figuras diferentes. Esas metamorfosis le facultaban para eludir situaciones incómodas, especialmente ante los que le pedían predicciones de futuro. «Proteíco» equivale, pues, a plural, polimorfo, polifacético. Los humanistas españoles serían, metafóricamente, herederos del cambiante dios marino porque, como él, no pueden ser interpretados unívocamente. Son muchas las diferencias generacionales, religiosas, políticas, culturales que entre aquellos cultivadores apasionados por las letras se pueden señalar. Todos, no obstante, contribuirían sustancialmente al nacimiento de la subjetividad, a esa conciencia del yo, que constituye el núcleo de la época Moderna.

El libro incluye tres partes bien diferenciadas, aunque más de una vez se repiten consideraciones parecidas en cada una de ellas. Se abre con una teoría sobre el humanismo (término que no apareció hasta el siglo XIX), fenómeno que nace en Italia y va expandiéndose paulatinamente por Europa. Sigue un fructífero análisis de los españoles (Nebrija, Céspedes, Cristóbal de Villalón, Juan de Maldonado, Luis Vives, Alfonso y Juan de Valdés, Antonio de Guevara, Cipriano de la Huerga, Pérez de Oliva, El Brocense, Pedro de Valencia ) que, a partir de 1470 y durante todo el siglo XVI se adscriben a esa corriente cultural, tan intensamente influenciada por Erasmo, para concluir con los elementos más perceptibles de la misma en territorio español.

Sus cultivadores que parten de una determinada concepción del ser humano y no se encierran en proyectos de carácter ideológico, sino que se esfuerzan por conseguir un orden sociopolítico determinado, donde las personas puedan alcanzar la utopía, presentan tres paradigmas metodológicos (no excluyentes entre sí): el historiográfico, el filológico y el teológico. El reinado de los Reyes Católicos, con un decidido proyecto de unidad política, más el de Carlos V –empeñado éste en construir un imperio universal, que después debe reconvertir en un imperio nacional – constituyen los condicionamientos históricos de aquellos hombres, que con Felipe II perderán definitivamente la batalla humanizadora. Por lo demás, tampoco encontraron las respuestas adecuadas para las soluciones que el descubrimiento, conquista y colonización de las Indias exigen a los contemporáneos.

Las complejidades del Nuevo Mundo superaban definitivamente los planteamientos que motivaban a los humanistas, superados al fin por canonistas y teólogos. Singular interés nos produce el capítulo 9, dedicado al lenguaje. (Recuérdese que para muchos historiadores los humanistas fueron más que nada filólogos). El autor propone un análisis sugestivo, no carente de actualidad, del célebre topos de Nebrija: «Siempre la lengua fue compañera del imperio», en el prólogo de aquella Gramática que tanto habría de apoyar el expansionismo castellano e incluso la orientación de los estudios generales, no sin el sustento de la ya por entonces consolidada imprenta.

El libro:

- Título: Herederos de Proteo. Una teoría del humanismo español

- Autor: Juan Luis Suárez Sánchez de León

- Editorial: Diputación de Huelva. Coleccióm Montaniana, 2008

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Emocionante libro sobre Zabalza
20-10-2008 | 1:05 | 0

Majuelo muestra a un hombre honesto, desprendido y coherente

El 24 de febrero de 1940 caía ante un pelotón de fusilamiento Ricardo Zabalza Elorga, joven e importante dirigente de la UGT y del PSOE. Inútiles fueron sus declaraciones de inocencia al no tener las manos manchadas de sangre, los avales conseguidos y las múltiples gestiones realizadas a su favor por Emilio Pesquero, un falangista que hizo todo lo posible para salvarlo (pág. 275).

Pese a las responsabilidades públicas que asumió, en muy rápida carrera, hasta ser tenido por muchos como el delfín de Largo Caballero, la figura de Zabalza no ha alcanzado el lugar correspondiente en la historiografía española. Emilio Majuelo (Tudela, 1953), profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Pública de Navarra, se propuso cubrir esta laguna y, tras dos lustros de investigaciones, lo ha conseguido en buena medida. No del todo, pues aún siguen siendo numerosos los enigmas que se ciñen sobre quien fuese diputado en Cortes por Badajoz con el Frente Popular (1936) y gobernador civil de Valencia (1937).

El autor ha rastreado las oportunas noticias a través de hemerotecas, archivos, referencias cruzadas y entrevistas con personas que conocieron más o menos estrechamente a Zabalza. Los apuntes recogidos por algunos extremeños como Cástulo Carrasco y Luis Romero Solano (éste sobre todo, aunque necesitados de no pocas precisiones) le han sido de gran ayuda. Pero la fuente principal de noticias es el propio biografiado, que manuscribió un escalofriante documento dirigido a su hijo Abel, de dos años, y cartas de despedida a familiares y amigos durante las «horas de capilla».

Imposible leer esos documentos, que aquí se reproducen, sin sentirse hondamente emocionados.

Majuelo promete otro libro para exponer las actividades políticas desarrolladas por Zabalza, prefiriendo limitarse en éste (más de 400 páginas) a presentarnos las facetas que definían su personalidad.

Tratándose de un militante tan comprometido, tal propósito no puede cumplirse estrictamente y se abordan también, aunque no sea de forma exhaustiva, las numerosas gestiones en que se vio envuelto.

Nacido en el valle navarro del Baztán, el 1898, dentro de una familia acomodada y numerosa (muchos de sus componentes son tratados aquí de forma detenida), marchará a Argentina con solo quince años, sin haber concluido sus estudios. No parece que obtuviese nunca el título de maestro, aunque como tal trabajó en aquel país. Autodidacta, fue haciéndose de una notable cultura y aproximándose cada vez más a las tesis marxistas. Desempeñaría también otros trabajos, en los que fue forjándose su conciencia de clase. Sin afiliarse por entonces a ningún partido, destaca pronto como líder sindical, orador excelente, carácter bondadoso, solidario con los desfavorecidos, colaborador de la prensa obrera, organizador infatigable y ánimo sereno. Son virtudes que lo habría de conducir a puestos de enorme responsabilidad tras su vuelta a España, en Jaca, Pamplona y Madrid.

Aunque sus experiencias campesinas eran prácticamente nulas, fue elegido (1934) secretario general de la poderosa FETT (Federación Española de Trabajadores de la Tierra), con tan honda implantación en Extremadura y que ese mismo año se puso al frente de la fracasada huelga general de junio. A esta región vendría numerosas veces, sobre todo tras conseguir su acta de diputado, y en los primeros meses de la guerra. Fue él quien crearía el batallón Pedro Rubio, en nombre del dirigente socialista fusilado en Badajoz. Por cierto, el autor, que adopta la grafía de nombres y lugares aprobada por la Real Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia, confunde con frecuencia la de los topónimos extremeños.

Una cosa, por encima de todo, parece quedar clara: Zabalza, que al fin decidió apoyar a la Junta de Casado y no quiso (o no pudo) huir del puerto de Albacete sin antes poner a tantos otros en seguro, perdiendo el último barco por razones aún no bien establecidas, fue un hombre honesto, desprendido y coherente. Se desmoronan así no pocos lugares comunes, no siempre favorables, que sobre él se propalaron.

El libro

- Autor: Emilio Majuelo Gil
- Título: La generación del sacrificio. Ricardo Zabalza 1898-1940
- Editorial: Txalaparta. Tafalla, 2008

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Quilombo en verso
14-10-2008 | 10:50 | 0

Santiago Castelo honra a multitud de amigos en su poemario.

Hace ya varios lustros, abría yo el capítulo que en mi ‘Literatura en Extremadura’ dediqué a Castelo (Granja de Torrehermosa, 1948), presentándolo como un personaje complejo, polifacético, proclive a establecer ceremonias plurales, enamorado de las paradojas, un ‘ácrata de derechas’ según alguien lo calificó en memoria, quizá, del contradictorio Felipe Trigo, el novelista reivindicado durante la dictadura por el hoy director de nuestra Academia. Así se percibe, una vez, más en los versos de su poemario último, que tan exquisitamente da a luz la editorial andaluza, con nombre francés (otro oxímoron), Point de Lunettes. Prologa Anselmo Martínez Camacho, comprometiéndose con el texto.

El poeta, visceralmente vinculado a su Región natal, ha elegido para título una sonora palabra del mundo hispanoamericano, ámbito cultural que en modo alguno le es ajeno. De presumible origen portugués (Lisboa es otra referencia casi inevitable para Castelo), procedente de idiomas africanos, ‘quilombo’, según dicen, designa los lugares remotos, de difícil acceso, donde se refugiaban los esclavos que huían de sus patrones, organizándose en comunidades libres. La palabra, en una diacronía nada fácil de establecer, vino a significar también burdel, casa de masaje o alegre zapatiesta. Como escribía Juan Manuel de Prada (ABC, 20-09-08), « Castelo, con esa intuición genial del poeta que vuelve a bautizar el mundo, ha querido agavillar bajo el título de ‘Quilombo’ poemas de apariencia discorde, poemas que pulsan las más variadas teclas del sentimiento, pero que al rozarse entre sí lejos de provocar disonancias, entablan una armonía promiscua y ecuménica, donde resplandece un verbo siempre generoso, siempre deseoso de darse». Insistiré con el propio autor, que en nota preliminar se explica así: «Quilombo es una palabra muy extendida por toda la América del Sur. Según el país que la utiliza significa una cosa: desde prostíbulo hasta andurrial, pasando pro barullo, hacienda de cimarrones, gresca, desorden, alegría, embrollo. Sirve, en su anarquía, para todo. Y para todo la utilizan los argentinos a los que no se les cae de la boca. Con razón. Es palabra sonora, polivalente y gachona. A mí me gusta. Y como este es un libro variopinto donde se dan la mano la alegría y la tristeza, la vida y la muere, la melancolía y la esperanza, qué mejor que llamarlo Quilombo?».

Inútil sería, pues, exigir en esta obra caleidoscópica unidad formal o temática. Entre sus poemas figuran sonetos (algunos magníficos), décimas y soleares, alternando con composiciones blancas y en su mayor parte de versos libres. El autor domina con igual soltura las estrofas clásicas que la métrica espontánea. Es alguien al que todos los juegos le están permitidos. Su faceta más lúdica se exhibe en el ‘Poemilla de la elle’ (pp. 64-65), todos cuyos rimados versos incluyen –algunos de forma repetida– esa expresión gráfica de un fonema que los naturales de Granja de Torrehermosa, como él, «lleístas» a ultranza, tan orgullosamente ejecutan. De cordialidad desbordante, Castelo ha querido recoger en Quilombo poemas donde honra a multitud de amigos, extremeños en su mayor parte. A unos les dedica composiciones más o menos relacionadas con los destinarios. Otras describen, de forma explícita, el carácter o las actividades más plenas de los mismos. Nombres como los de Juan de Ávalos (escultor), Mariano Encomienda (bibliófilo), Ortega Muñoz, Julián Campos y Francisco Pedraja (pintores), Antonio Guisado (folclorista), Fernando Pérez (editor), Mariano Gallego (político), Antonio Gallego (músico), Juanma Cardoso (periodista), José Antonio Gabriel y Galán ( escritor), Juan Bazaga (torero) o José Iglesias (poeta) reciben el cariñoso homenaje. Debatiéndose entre la amistad, la nostalgia y la lucidez escéptica siempre bondadosa; la melancolía , el desencanto y la esperanza, Castelo bascula desde la universalidad al terruño, del erotismo a la religión, de la historia al presente, demostrando que la poesía le es tan connatural como la respiración. Poemas ocasionales, unos, y rescatados aquí; escritos intencionadamente los más, todos conforman una entrega con el sello del autor, hoy en dorada madurez.

El libro:

- Título: Maximiliano Macías y su tiempo
- Autor: José Caballero Rodríguez
- Editorial: Rejas

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La esencia de Pureza Canelo
06-10-2008 | 12:06 | 0

La autora comenta sus versos en ‘Poética y poesía’

Pureza Canelo (Moraleja, Cáceres, 1946), justamente premiada este año con la Medalla a Extremadura, cuenta en su haber con una valiosa producción lírica, a pesar del silencio (no absoluto) que decidió imponerse hace más de una década. Lo rompería al publicar ‘No escribir’ (1999), de tan revelador título, y repitió este mismo año merced a ‘Dulce nadie’ (Hiperión), que ella misma enjuiciaba así : «Es un poema de soledad rotunda, donde se cruzan los tres vértices del triángulo de mis existencia: el desamor por tantas cosas, la ausencia materna y el egoísmo humano que nos invade. Tanta soledad me obliga a huir a un lugar recóndito e incalculable, para dejar a un lado lo ya reconocible y desde esa zona lunar se engarzan los nuevos poemas traspasados al modo de salmodia u oración. El verso se decanta, la palabra se adelgaza con rictus de despedida e invista insistentemente a desaparecer, sin opción de volver atrás, de ese lugar llamado mundo».

Las reflexiones de un autor sobre sus labores creativas, el personal discurso metapoético, no es forzosamente el único código hermenéutico válido, por causas diversas, pero sin duda ha de ser atendido de modo muy afinado. Es lo que persigue la Fundación Juan March cuando invita a determinados escritores para que lean y comenten sus versos en sesiones específicas, de las que saldrá después el libro correspondiente. Así ocurre con ‘Poética y Poesía’, obra de nuestra paisana, cuya edición corre a cargo de Antonio Gallego, músico y ensayista, que forma parte de la Real Academia de Extremadura. Él suscribe el estudio preliminar, donde repasa la producción de Pureza Canelo, desde su primer libro, ‘Celda verde’ (1971) . Destaca las similitudes que percibe con las grandes composiciones musicales, deteniéndose de modo especial en sus «poemas reversibles» (funcionan con el mismo aliento si se les lee de principio a fin, o de arriba abajo), a los que compara con el llamado «canon retrógrado» o «cancrizans» (del cangrejo), utilizado v.c. por J.S. Bach en su Ofrenda musical. Siguen las palabras de Pureza, cargadas de apuntes autobiográficos, en las que expone sus constantes estéticas, deteniéndose y analizando cada una de sus obras: la juvenil ‘Celda verde’; ‘Lugar común’, premio Adonais 1971; ‘El barco de agua’ (1974), considerado libro de transición hacia la madurez de ‘Habitable’ (1979) , ‘Tendido verso’ (1986) y ‘Pasión inédita’ (1990); los cuadernos ‘Espacio de emoción’ (1981) y ‘Vega de la paloma’ (1984), a partir de los cuales explosiona la crisis a la que más arriba aludíamos, interrumpida por aquellos últimos poemarios, también objetos aquí de consideración.

Continúa con una esmerada antología, seleccionada por la escritora, parte fundamental del volumen, al que cierra un minucioso apéndice bibliográfico. Se recogen todas sus publicaciones; los trabajos que sobre las mismas se han hecho , más las ediciones a otros idiomas (alemán, inglés, italiano, búlgaro). Nada mejor que leer cuanto nos dice la autora para percibir los tránsitos y el punto de llegada, claramente esperanzador, pese a la autoconciencia de los límites: «La escritura que pretenda explicar lo que ha sido una entrega poética de existencia, vaciada de una fe creadora, se perderá en su empeño o rumbo porque hará la afirmación desde la negación, o al revés, pues el barco se pierde en el mismo océano de la materia poética, inabarcable. Sólo desde el instinto de supervivencia hablo, como lo que se aniquila robado de sí mismo y luego una pobre hilera de nubes (dicen) son poemas. Si acaso una llama viniera a tu rostro, éste también se desprenderá de su faz y entrará en tumefacta iluminación para temblar con la explicación de lo que conoces, has probado, y no sabes ordenarlo. En este refugio me contemplo y desde él seguiré el trazado de aceptar todas las ignorancias juntas: una reflexión ante la poesía fuera del poema, es grado inferior al que no aspira el alma del poeta; una explicación que contenga los puntos cardinales es el suicidio de todo hacedor, despeñado a la nada de los encuentros descriptivos, con la rala hierba de la inteligencia y el campo umbrío. Voy a soportar la carga. Desde otra vez en la soledad de la rama, con extraños huecos de luz, entrego lo que no puedo».

El libro:

- Título: ‘Poética y poesía’
- Autor: Pureza Canelo
- Editorial: Fundación Juan March, 2008

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Los pecados al descubierto
06-10-2008 | 11:55 | 0

José María Pagador relata en ‘Los pecados increíbles’ una trama policíaca y actual.

La editorial emeritense De La Luna Libros, que desarrolla como firma privada tan elogiable trabajo en el difícil mundo del libro, publica esta voluminosa novela (430 páginas), para lo que obtuvo una de las ayudas convocadas al efecto por la Consejería de Cultura. José María Pagador (Badajoz, 1948), que inicia con ‘Los pecados increíbles’ su carrera novelística, no necesita que lo presentemos. Se ha ejercitado desde la juventud en distintos medios (prensa, radio, TV), acreditándose como uno de los más sobresalientes profesionales del periodismo, y tiene en su haber una docena de obras, entre ellas seis de poesía, como Artificio, que le mereció el Premio ‘Antonio González de Lama’ del Ayuntamiento leonés. Notable repercusión alcanzaría su edición del Quijote, acompañada por un original ‘Libro de uso’. Su dominio de la palabra resulta indiscutible y bien se percibe en la entrega que presentamos.

Abre con oportuna cita de ‘Memoria de mis putas tristes’, donde García Márquez labra un descorazonador marco: «Con todo, el veneno mortal estaba en una foto panorámica del personal de planta tomada en el XXV aniversario de la fundación del periódico (…) De los cuarenta y ocho empleados originales sólo cuatro estábamos vivos, y el menor de nosotros cumplía una condena de veinte años por asesinato múltiple». Hiperbólico si se quiere, similar boceto cabe establecer de la redacción de El Día, el más importante periódico del país, según lo presenta el novelista. Un implacable pesimismo antropológico impregna el relato –ninguno de sus personajes resulta modelo ético–, según suele ocurrir en las obras de Felipe Trigo. La similitud frente el escritor villanovense se extiende también a otras facetas de este complejo relato, como ocurre con las descripciones del mundo rural (Córdoba, aquí) o los pasajes de fuerte carga erótica, si bien el estilo de Pagador está bastante más cuidado. Por ejemplo, el protagonista de ‘El papá de las bellezas’ tiene bien perceptibles puntos en común con este Benito Beato Bataille, que protagoniza ‘Los pecados increíbles’.

Director triunfante de ‘El Día’, un donjuán irreverente y amoral al máximo, no sé hasta qué punto verosímil (comienza a los doce años hazañas sexuales increíbles para confesores y amigos), sus apuntes autobiográficos, reproducidos en diferente grafía, constituyen uno de los hilos de la obra. Al suicidarse, pese a su aparatoso triunfo social, desecandenará otros trágicos acontecimientos. Tratándose de una novela policíaca, de cuyo bien tramada urdimbre, aunque con entresijos a veces previsibles, tiene él la clave, no desvelaré la solución. Para llegar a la misma, resultan básicos otros tres personajes: el joven redactor Manuel Santo Carmona, tímido y ambicioso; Francisco Ramírez Arias, el ladino director-adjunto, y la joven esposa de éste, amante de todos ellos, a los que gana en astucia y falta de escrúpulos. Como fondo, los asesinatos de prostitutas, cuyos responsables no adelantaremos. Las posibles paronimias entre estos y otros nombres aquí utilizados no parecen inducir mensaje alguno.

Maestro del doble sentido, de las situaciones polivalentes, del tempos narrativo y del análisis psicológico, Pagador exhibe extraordinaria riqueza lingüística en las áreas múltiples (mass media, agricultura, espectáculos, literatura, hampa, Islam) por donde hace discurrir a sus bien definidos personajes. Algún decaimiento ocasional (incorrecta transcripción de ciertas frases en francés; uso indebido de determinadas preposiciones; digresiones a veces superfluas) no suponen sino mínimas máculas en una prosa de calidad sobresaliente.

El Libro:

- Título: Los pecados increíbles
- Autor: José María Pagador
- Editorial: De Luna Libros, 2008. Mérida

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