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JUGUETES ROTOS
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Manuel Pecellín | 01-03-2016 | 16:59

 

Según la expresión que la literatura, el cine y los medios contemporáneos han hecho famosa, “juguetes rotos” son aquellos deportistas elevados a la cumbre de la celebridad y rápidamente, sin apenas tiempo para consolidarse, caídos de nuevo en el anonimato, cuando no en la miseria e incluso la abyección absolutas.  Tal sería el caso de Humberto da Silva dos Purísima Concepçio, el personaje principal de esta excelente novela, que no sin sólidas razones llegó a las finales del premio Fernando Lara.

Su autor, José Luis Muñoz (Salamanca, 1951), viajero infatigable, se ha venido inspirando en los países que frecuenta para escribir obras como La Frontera Sur (México), Lluvia de níquel (USA), Patpong (Tailandia), Llueve sobe La Habana (Cuba) o La cariqueña del Maní (Venezuela). Una visita a Salvador de Bahía, cálida urbe del Brasil más sensual y festivo, auténtico puzzle  de culturas indígenas, africanas y europeas, lo induce a componer esta narración, que tan bien retrata ese efervescente “melting pot”, crisol de razas, religiones y  etnias diferentes.

El protagonista de la narración asume referir en primera persona las vicisitudes autobiográficas que lo condujeron desde la favela inmunda a la cima de la sociedad, para volverlo a sumir bien pronto en el cañizo, la degradación  y la miseria originales. Sólo el éxito en un deporte como el fútbol permite al hijo del Angoleño (un negro borrachucio, perezoso, violador de su propia hija) escapar de la miseria y ascender  las cumbres de la fama nacional, hasta convertirse en el héroe momentáneo de Brasil.  Más dura será la caída, cuando, víctima de sus propios desmanes (el alcohol, el sexo y, sobre todo, la coca), el absoluto descontrol   le haga perder las cualidades que un día lo erigieron en ídolo del deporte nacional por excelencia, privándole de cuantas riquezas consideraba haber obtenido.

La novela tiene muy atractivas dosis de denuncia social (el sórdido submundo de las chabolas que constituyen Os Alagados); etnología (ritos del candombé, la oxirá, mâe de santo, carnaval, etc.,  amén de los usos, costumbres y ritos futboleros),  junto con los análisis de la condición humana (banalidad de éxito y contundencia del fracaso). En torno al héroe del  balón pululan personajes secundarios tan bien definidos como el entrenador alemán, “Herr” ; el señor Vasco, su vampiresco representante;  Bebeto, el rudo físico atleta que cuida la forma física de Humberto… a la vez que le proporciona , a precio de oro, las cada vez más imprescindibles dosis  de polvo blanco, o Jaidy, prostituta de insaciable sexualidad con quien el delantero establece desafortunado matrimonio. Ocasionalmente, el  autor hace intervenir a escritores deslumbrados por los chuts de Humberto, a quien se aproximan con admiración. Ninguno como el mismísimo Jorge Amado, para mí el mejor novelista contemporáneo en lengua portuguesa, quien habría dedicado una obra al sucesor de Pelé, (también presente en estas páginas).

Víctima ocasional, a la postre feliz, de un atraco que recuerda al que Sabina cantase en “Pacto entre caballeros”, el mago de la pelota no supera otros trances  y va convirtiéndose de modo acelerado en una piltrafa humana. Tras envenenar, accidentalmente, a su propia mujer, proporcionándole un filtro amoroso letal;  herido por duras lesiones,  sólo le queda el regreso a los orígenes.  Tan difícil resulta eludir el círculo que trazan los genes, las condiciones socioeconómicas y la pura mala cabeza.

 

José Luis Muñoz, Ascenso y caída de Humberto da Silva. Barcelona, Ediciones Carena, 2016.

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