Hoy

img
Fecha: febrero 14, 2017
CRÓNICA DE GUADALUPE
Manuel Pecellín 14-02-2017 | 11:06 | 0

 

A raíz del Capítulo General de la Orden Jerónima (1459), presidido por Alonso de Oropesa, se  dispuso la composición de las crónicas conventuales.  Según Wikipedia,  copiando la Historia de la orden de los Jerónimos (debo la advertencia a D. Antonio Ramiro, Caballero de Guadalupe), este  inteligente fraile, de origen judeoconverso, “escribió varios tratados que no llegaron a la imprenta y se conservan en el monasterio de Guadalupe. Un examen de su Lumen ad revelationem gentium, encargada por Enrique IV, de quien fue consejero, revela lo que es una defensa de la unidad de los cristianos viejos y nuevos mediante la figura del cuerpo místico de Cristo, en lo que se muestra a la vez paulino y preerasmista. Es quizás la apología de los conversos más importante del siglo xv, y la acabó en 1465. También escribió una Vida de san Juan Crisóstomo”.

El cordobés Alonso de la Rambla (+1484), monje durante casi medio siglo, fue comisionado para escribir la crónica del monasterio de Guadalupe. Con toda probabilidad  se le atribuye la autoría de esta Crónica vieja. Al original se le irían añadiendo   con el transcurso de los años numerosos apuntes en los márgenes, que sin duda lo enriquecen.

Así lo dice Arcángel Barrado (1907-1971), excelente historiador  que fue allí archivero y bibliotecario, ya servido por la Comunidad franciscana. Él dispuso en su día la transcripción del documento, dejándolo listo para imprenta (1956), sin que llegase a ver la luz. El manuscrito original,  forrado en piel negra veteada, con 64 folios de papel vegetal ordinario,  obraba en poder de Antonio Rodríguez-Moñino, quien lo cedería temporalmente a su buen amigo el  Dr. Barrado para estudio y posible edición. Se publica ahora, con estudio y notas a pie de página a cargo de Fr. Antonio Arévalo, guardián de aquel  Cenobio y director de su archivo, biblioteca y revista homónima. Presta así un gran servicio, facilitando a los lectores un texto que, limpio por él de erratas, resulta fuente impagable de noticias (históricas, religiosas, económicas, etnográficas), así como venero para los estudiosos de la diacronía de la lengua castellana.

Fray Alonso, a quien Barrado califica como “sujeto de toda confianza del Monasterio y persona hábil en política y diplomacia” (pág. 27),  aunque también “tenaz y rebelde a cualquier otro criterio que no coincidiera con el suyo” (pág. 28), prestaría grandes servicios a su comunidad, de cuyos entresijos, vicisitudes,  pleitos, hacienda y  vida interior estaba muy bien informado. Debió también servirse de códices anteriores, hoy perdidos.

Tras un breve prólogo, donde al autor busca ganarse crédito, la crónica abre con la “leyenda fundacional” (capts. I y II), pasando a describir  la llegada de la Orden Jerónima (capts. III, IV y V), “la qual por la gracia divinal oy floresce en España”.  En los capítulos siguientes se va dando a conocer quiénes fueron sus priores y los principales acontecimientos habidos bajo cada uno, amén de las  actuaciones de otros religiosos notables, algunos legos (tejedores, herreros, cirujanos, peleteros, zapateros, sastres…), importantes todos en Monasterio  tan dinámico.

La prosa de fray Alonso es extraordinariamente rica, llena de galanura, precisa y enjundiosa al referirse a asuntos anecdóticos o a  cuestiones de gran trascendencia para Guadalupe. Resulta un sugerente  presagio de los magníficos escritores que adornarán nuestro Siglo de Oro.  Voy a reproducir un pasaje elocuente:

“E como vido el prior (Gonzalo de Ocaña) que la fambre cresçia e padesçian los pobres de su pueblo, mandó traer la farina que estava en el monesterio, ca trigo no avia alguno en él, e fallose que avía farina p(ara) tres semanas, segund el gasto del monesterio. E  eaviendo mucha fianza en la bondad de N. Señor Dios e confiando de la procuración d la Virgen María, mandó massar tres vezes en la semana abundançia de panes, e mandó al mayordomo traer vacas, e ordenó que se diessen a todo pobre que lo quisiese, agora fuesse del pueblo o forastero, dos panes e un pedaço de vaca” (pág. 91).

 

Fr. Alonso de la Rambla, Crónica vieja del Monasterio de Guadalupe. Guadalupe, Comunidad franciscana, 2017

Ver Post >

Últimos Comentarios

ipasga_4406 01-02-2017 | 17:20 en:
SOR CELINA
olallalau_12 20-05-2016 | 10:54 en:
LAURA OLALLA
frameve_6499 29-04-2016 | 17:03 en:
LUCILIO VANINI

Otros Blogs de Autor