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Fecha: marzo 9, 2017
FRANCISCANOS EXTREMEÑOS EN FILIPINAS
Manuel Pecellín 09-03-2017 | 10:59 | 0

 

 

No deja de poner asombros la nómina de personajes extraordinarios nacidos en Extremadura (ya se perfilaba bien  así el territorio) nacidos en Extremadura durante el siglo XVI: Cortés, Pizarro, Hernando de Soto, Orellana,  Núñez de Balboa, Nicolás de Obando,  Torres Naharro, Arias Montano, Casiodoro de Reina, El  Brocense, Rui Lope de Segura, Pedro de Valencia, Luis de Morales, Zurbarán, Gregorio López, Juan Vázquez, Pedro de Alcántara…son nombres que cualquiera puede evocar entre las máximas figuras de centuria renacentistas.

Hay otra segunda nómina de extremeños formidables, menos conocidos, aunque marcaron la historia de la tierra donde les tocó vivir (casi siempre fuera de Extremadura). Uno de ellos fue fray Juan de Garrovillas (1535 aprox.-1612). Para cerciorarse, baste leer la biografía de este franciscano descalzo, recién publicada por Beturia, con prólogo de fr. Sebastián Ruiz Muñoz, ofm., guardián del Monasterio de Guadalupe entre 2010-2013.

El autor (Salamanca, 1945), ingeniero de Caminos, con prolífica numerosos trabajos profesionales, viene colaborando estrechamente en los movimientos culturales que, bajo la entusiasta batuta de J.J. Barriga, se desarrollan para el estudio de la historia de Garrovillas.  Allí nació Domingo Marcos Durán, quien  a finales del siglo XV daría a luz los tres primeros tratados musicales escritos en castellano: Lux Bella, Comento sobre Lux Bella y Súmula de cantos de órgano contrapunto y composición vocal práctica y especulativa.

Fue siguiendo el aura de este músico como Norberto Díez González se toparía con otra personalidad,  también nacida allí donde el Tajo tumultuoso permite que lo pasen más o menos fácilmente quienes discurren por la Vía de la Plata. El libro, tal vez demasiado profuso, contextualiza los lugares donde fr. Juan vivió (el pueblo natal, Madrid, Nueva España y, sobre todo, diferentes lugares de Filipinas, donde murió). Como muchos de sus correligionarios, el buen fraile se ocupó no solamente de instruir religiosamente a los habitantes de la colonia, sino a fomentar su desarrollo cultural e incluso material, defendiéndolos según mejor supieron  de las exacciones a que a menudo los someten los conquistadores. Para alcanzar tales objetivos, se esforzaron por aprender las lenguas nativas; publicar en las mismas  diferentes tratados; organizar asentamientos saneados, escuelas, hospitales, vías de comunicación, etc. y dirigir a la metrópolis memoriales reivindicativos.

En el caso de fray Juan, un defensor absoluto de la descalcez y honestidad franciscanas, dos elementos son especialmente memorables: su compromiso con la Escuela de Música de Lumbang, fundada para instruir a los alumnos en “los rudimentos de nuestra Santa Fe y buenas costumbres, a leer y escribir y cantar los Oficios Divinos” (una de las 64 instituciones análogas creadas en Filipinas por los franciscanos durante el s. XVI, promovidas ardientemente por otro extremeño,  fr. Juan de Plasencia) y la atenciones que el de Garrovillas prestase a la difusión de la fe cristiana en el imperio del Sol naciente.

Como apéndice documental se reproduce la “Relación y certificación de las cosas y estado del Japón”, que fray Juan suscribe el 29 de abril de 1595. Publicado antes por la revista Archivo Ibero-Americano  (nº 9, 1918, pp. 212-243), constituye un magnífico análisis de lo que eran la situación sociopolítica, económica, religiosa e incluso etnográfico de los reinos nipones bajo el dominio de Cuanbacondono, según el extremeño llama al Emperador que por entonces decidiese perseguir a los misioneros Jesuitas y favorecer a los franciscanos, cuya absoluta pobreza y sencillez mucho  admiraba. Pocas veces disfruté tanto un texto de la época como con este ponderadísimo informe.

Otros numerosos personajes  (una larga veintena de franciscanos nacidos en Garrovillas pasaron a las colonias españolas) hacen también su aparición en estas apretadas páginas.

 

Norberto Díez González, Fray Juan de Garrovillas. La aventura de los franciscanos en Oriente.  Madrid, Beturia, 2017

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