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FUNDAMENTALISMOS IDEOLÓGICOS
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Manuel Pecellín | 08-04-2017 | 07:05

 

 

Javier de Lorenzo es una de las personalidades españolas más respetadas en el espinoso campo de la “filosofía de la ciencia”, área tradicionalmente de escaso culto para nuestros compatriotas. Hijo del escritor Pedro de Lorenzo y natural de Cáceres (1939), cuenta con una excelente preparación para abordar las difíciles labores que su especialidad comporta: es licenciado en Matemáticas y doctor en Filosofía, además de titulado en Periodismo. Una larga carrera docente (50 años) lo conduce desde la cátedra del madrileño instituto Ramiro de Maeztu, hasta la Universidad de Valladolid, donde se jubiló  (2010). Autor de una muy abundante bibliografía, ha participado también en la fundación, dirección o mantenimiento de revistas, sociedades e instituciones relacionadas especialmente con el estudio, desarrollo y enseñanza de la Matemática y su historia.

Javier de Lorenzo dedicó la tesis doctoral a  J. H. Poincaré (1854-1912), a quien calificó como “matemático visionario y politécnico escéptico”. Nunca ha desistido en su respeto por el genial polímata, si bien ha prestado igualmente atención a otras grandes figuras europeas de las pretendidas “ciencias exactas” (que, a la postre no son tan firmes y seguras como otros pretenden). Por nombrar algunos de los más relevantes: Frege, Peano, Hilbert,  Brouwer,  Russell,  Gödel, Weyl, Heyting, Skolem, Wittgenstein o N. Bourbaky (en realidad, un colectivo francés, con hasta tres generaciones de sabios).

Una de las grandes preocupaciones intelectuales de nuestro filósofo, resaltada por Poincaré, es que se formula como “crisis de fundamentos”. Singularmente sentida por los matemáticos desde finales del XIX, aunque afectara en realidad a todas las ciencias, la   Grundlagenkrise der Mathematik fue agudizándose a medida que las “paradojas” emergentes sembraban el desconcierto en los espíritus más lúcidos, al tratar de establecer  bases sólidas a partir de las cuales construir el edificio del saber, sin miedo a incurrir en nuevas contradicciones o lagunas insalvables. Sin duda, esta preocupación (con viejos antecedentes en la historia de la Filosofía), fue una de las raíces más fructíferas para el desarrollo de la Matemática durante el último siglo, a la que se deben extraordinarios avances.

Mucho ha escrito Javier de Lorenzo sobre el tema. Si incide nuevamente en la cuestión con este extenso ensayo (440 páginas), que ha querido subtitular “Fundamentalismos matemáticos del siglo XX”, es sin duda por las razones sugeridas en los preliminares: el creciente ascenso experimentado durante los lustros últimos (derruidos ya los acerados muros en los “paraísos comunistas”)  de dogmas político-sociales, con base religiosa, cuyo radicalismo dogmático parece poner en peligro, apocalipsis no desechable,  al mundo contemporáneo.

Ante el peligro fundamentalista, tal vez no resulte inútil repasar los denodados esfuerzos de los científicos más lúcidos por descubrir verdades y métodos de validez universal, viéndose enfrentados unos a otros, sin ponerse de acuerdo. Hombres y mujeres de las escuelas formalistas, intuicionistas, lógicas, estructuralistas, analíticas, neopositivistas, eclécticas, etc.,  polemizarán entre sí, viéndose forzados a relativizar sus tesis básicas. Conociendo esta historia de las mentalidades, cuyos hitos fundamentales expone el autor, ¿cómo pretenderse poseedores de verdades absolutas, más aún en áreas que superan los límites de lo empírico o racionalmente verificable, dispuestos a eliminar físicamente a cuantos discrepen?

De todos los capítulos del libro, quizás el más asequible, también más próximo a nuestros intereses, sea el dedicado a N. Bourbaki, el colectivo que más ha marcado la Matemática durante el medio siglo último. Un primer esbozo de este texto fue el tema de la conferencia que el autor pronunciase al inaugurar el XVI Congreso Nacional de Matemáticas (Medellín, Colombia, 2009). Por su benevolencia, una versión ampliada del mismo se publicó en el Boletín, que por entonces yo dirigía, de la R. Academia de Extremadura (Tomo XVII, 2009, pp. 71-108).

Javier de Lorenzo no sólo es un sabio, sino un gran comunicador. Su prosa impecable, con indudable voluntad de estilo, en la que abundan los recursos literarios, sobre todo las anáforas y anadiplosis concatenativas, contribuyen a mantener la atención de los lectores en temas no fácilmente comprensibles para los no iniciados.

 

Javier de Lorenzo, Matemática e ideología. Madrid, Plaza y Valdés editores, 2017.

 

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