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EL VIENTO DE LAS ESPIGAS
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Manuel Pecellín | 06-05-2017 | 21:24

 

 

Natural de Salvaleón y residente en Madrid, Juana Vázquez es doctora en Filología, licenciada en  Periodismo y catedrática de Literatura.  Suyos son los ensayos El Madrid de Carlos V, El costumbrismo español en el siglo XVIII, Zugazagoitia precursor de la novela social, San Juan de la Cruz, Las costumbres de la Ilustración, Historia literaria de España en el siglo XVIII (varios), El Quijote en clave de mujeres (varios) y  El Madrid cotidiano del siglo XVIII. Es autora de dos novelas,  Con olor a naftalina  y  Tú serás Virginia Woolf.  Ha colaborado en revistas importantes: Cuadernos Hispanoamericanos, Barcarola, Leer  o Ínsula, así como en los suplementos culturales de Diario 16, El Mundo  y ABC. Actualmente escribe en El País, Cuadernos del Sur  y otros periódicos.

Además, ha publicado estos siete `poemarios: Signos de Sombra, En el confín del nombre, Nos+otros, Gramática de Luna, Escombro de los días, Tiempo de caramelos y El incendio de las horas. Constituyen la base de esta antología, que aparece con un extenso preliminar de la escritora, quien ha asumido la selección de los poemas, añadiéndoles una docena hasta ahora inéditos. Según ella misma reconoce, los temas esenciales de sus versos son “Tiempo, Enigmas, Melancolía, Dios  y la Palabra” (pág. 9).  A ellos habría que añadir la memoria de los años infantiles, vividos en el pueblo, con la recia figura paterna al fondo, la cultura popular, la atracción del paisaje, los usos lingüísticos o  el código ético vigente (no aceptado con gusto). Así se percibe especialmente en Tiempo de caramelos, cuyos poemas también dan información sobre un yo poético desolado y errático, según   ella misma se declara desde la niñez.

Suscribimos la declaración de los editores: “La espiga y el viento es una antología que recorre la voz poética de siete poemarios de Juana Vázquez, con un universo rico y variado en temas, desde el más hondo y misterioso, donde se entabla un diálogo-reflexión con los enigmas existenciales y que recorre desde la inmensidad universal a lo breve y cotidiano del día a día. Desde lo onírico y enigmático, hasta la confesión de una voz infantil en la melancolía, o los sueños rotos de la madurez, donde el tiempo, ya no solo pasa sino que pesa.”.

La voz inconfundible de la autora, que no oculta su desorientación existencial, ajena a los dictados del raciocinio lógico, más amante de las metáforas que de los conceptos (aunque la motiven las reflexiones ideológicas), nos interpela desde sus posturas independientes, si bien con fobias y filias bien nítidas. Si emociona es porque nos atrapa en la misma perplejidad, cuando “el tiempo de las cerezas” se diluyó y buscamos, igual que Juana Vázquez, sobrevivir dignamente sin cerrarnos a las interpelaciones del otro.

 

Juana Vázquez, La espiga y el viento. Siero (Asturias), Ars Poética, 2017.

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