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Fecha: mayo 12, 2017
MADRID EN GUERRA
Manuel Pecellín 12-05-2017 | 8:02 | 0

 

 

En literatura (ocurre lo mismo con el cine, la música o las artes plásticas) siempre nos quedará el Madrid asediado por las fuerzas franquistas durante los años 1936-39.  Sigue siendo fuente, al parecer inagotable, de inspiración aquella urbe de donde, bien pronto, se marcharon rumbo a Levante, buscando mayor seguridad, los miembros del Gobierno y tanta gente (artistas, intelectuales, mílites, políticos) comprometidas con la causa republicana. Hasta el oro y  su mejor museo huyen. Los milicianos, con ayuda de las Brigadas Internacionales, más algunos  militares fieles, asumirían la defensa, encendidos por el “no pasarán”.

Madrid sufre enormes penalidades, que se incrementan según pasan los meses: asaltos, bombardeos, hambre, robos, miedo,  carencias múltiples, desórdenes de todo tipo, como los temibles “paseos”. Son tantos los autores que lo describen… Cada uno, claro está, desde sus propias perspectivas, extremadas muchas veces. Así,  es posible leer que la ciudad pasó en poco tiempo “de corte a cheka”, o que vino a ser el modelo heroico y sublime  de lucha contra el los fascistas. Aunque sin incidir en maniqueísmos trasnochados, la autora de La espina del gato, se adscribe más bien a la segunda tesis, según deja entrever el subtítulo: “El Madrid de la Guerra Civil fue la Numancia del siglo XX. Una conmovedora historia de amor y amistad”.

Yolanda Regidor (Cáceres, 1970), licenciada en Derecho, con un máster en Psicosociología, formadora ocupacional y asesora jurídica en proyectos sociales, había publicado otras dos novelas: La piel del camaleón  y Ego y yo (Premio Jaén 2014). La que aquí presentamos constituye una excelente prueba de madurez narrativa, basada en un discurso con registros múltiples, hábilmente entrelazados. Su núcleo es la voz de la protagonista,  que funciona a dos bandas, según la tome la abuela que hoy es o la preadolescente sumergida en el infierno-paraíso madrileño del 36. Irá evocando, en primera persona, sus vivencias (muchas parecen inverosímiles), dejando caer a cuenta gotas cómo se desarrolló  después su vida, hasta hoy. Al grueso de la urdimbre se unen otros hilos, como las cartas que el padre, miembro de la FETE-UGT, dirige desde el frente a la madre, maestra, menos ideóloga, pero  lúcida y comprometida. Proclamas, panfletos, romances de guerra, canciones populares,  alocuciones de radio, etc., van incorporándose también para reforzar el contexto. La guerra alteró incluso el lenguaje cotidiano,  según pasa a expresarse la gente. Hasta un Madrid enfebrecido llegan ecos exteriores, como el de la masacre en la plaza de toros de Badajoz o el asesinato de Lorca.

Aunque el clima bélico no fuera el más propicio, o tal vez sí, en aquellas duras circunstancias surge la entrañable amistad, elevada luego a amor, entre la niña y dos adolescentes, también abandonados en las  calles madrileñas. Auténtico “Gavroche” uno; de torturada psicología el otro, cuentan con la relativa protección del joven “Malatesta”,  ácrata  lúcido y valiente, otro personaje bien definido. Sobrevivirán en difíciles circunstancias, debiendo tomar tremendas decisiones, que nada ayudan a superar “la espina”, las inquietudes existenciales experimentadas por la narradora desde sus primeros años. Los tres quedarán heridos para siempre (como todo el país), si bien a la postre resulten más afortunados que la mayoría.

Yolanda Regidor, se ha dicho, es la nueva Almudena Grande de la narrativa española.

 

Yolanda Regidor, La espina del gato.  Córdoba, Editorial Berenice, 2017.

 

 

 

 

 

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