Hoy

img
AHORA QUE ME ANOCHECE
img
Manuel Pecellín | 05-06-2017 | 10:46

 

A Pablo Jiménez es difícil encontrarlo en antologías, estudios generacionales, publicaciones periódicas, libros-homenaje, actas de congreso o entregas comunes. Siendo uno de los poetas extremeños con mayor calidad, resulta poco conocido ni siquiera para los estudiosos de nuestras letras. Él siempre prefirió conducirse como lobo estepario, lejos de grupos y capillas, sin pagar los consabidos peajes,  independiente y libre, soledad elegida, pero que impone óbolos.

Nacido en Navalmoral de la Mata (1943), recibe una sólida formación en el Seminario de Plasencia, donde cursa Humanidades y Filosofía. (Su hermano Antonio, prematuramente fallecido, profesor de la Complutense, será uno de los máximos conocedores de Krause y la Institución Libre de Enseñanza). Compagina estudios con los de Solfeo y Piano en el Conservatorio de Madrid. Allí se afinca el año 1962, trabajando, hasta jubilarse, en el sector bancario, sin abandonar sus dedicaciones a la escritura y la música. Junto a otros jóvenes poetas funda a mitad de los 70 el “Colectivo 24 de enero” (en memoria de los abogados asesinados en Atocha). Publica allí su primer libro, La luz bajo el celemín  (1978), al que siguen Cáceres o la piedra y otras soledades (1981), Descripción del paisaje  (Premio Ciudad de Badajoz, 1981) y  El hombre me concierne (Premio Ciudad de Toledo 1985). Tras sumirse en un lapsus editorial, vuelve al público con la entrega recopilatoria, hecha para Beturia, La voz de la ceniza (2004) y  Prosas para habitar la noche (2005), sumiéndose otra vez en el silencio –acaso su tendencia natural-, que rompe en el lustro último con Círculos (Premio Leonor, Soria, 2015),  Ars moriendi (2016) y el libro  que ahora presentamos.

La voz varonil de Pablo Jiménez, tan rumiada y pura  como plena de matices y guiños culturales (desde la Biblia  a los escritores clásicos, creadores o filósofos,  sin omitir continuas alusiones a las grandes piezas musicales de cualquier tiempo) se produce siempre sometida a depuración y ritmo, en versos libres y poemas de gran aliento. Ahonda en las grandes cuestiones existenciales, no sin  referencias al presente cotidiano (cada vez menos), ni dejar de aludir al mundo de la infancia y juventud, cuyas huellas, acaso veladas,  resultan omnipresentes.

Así se percibe en este nuevo poemario, de tan escueto título, Quién, término con el que se inician tantas entregas, sobre todo en el campo de la Filosofía. Finalista del Premio Cáceres, el jurado decidió comprometer al Ayuntamiento de la ciudad, organizador del prestigioso certamen,  para que lo publicara en la colección de los ganadores. Y así se ha hecho,  dando a luz un accésit por  vez primera en las 27 convocatorias hasta hoy celebradas. Justa y sabia decisión, debemos decir, tras disfrutarlo en papel impreso.

La obra, que abre con unas palabras dirigidas por  el gran músico H.J. Haydn, “ya con el pie en el estribo”, a su primer biógrafo, G.A. Griesinger, explicándole sus claves estéticas, exhibe también una estructura armónica: en la parte primera y más breve, “fuegos fatuos”, se adelantan los motivos que la inspiran; va acelerándose, como un Allegro, en la segunda, “¡Ah, milagrosamente…”, entrada anafórica de todos sus poemas, para expandir y alcanzar el clímax lírico en “a propósito de los dioses”.  Tras elevarnos, sumergirnos y revolvernos emocionalmente, concluye con un apunte tan conciso como revelador: Eternidad: osario de los sueños/ mar muerto sin orillas/tumba vacía, corazón sin pálpito.

 

Pablo Jiménez García, Quién. Cáceres, Ayuntamiento, 2017

Últimos Comentarios

ipasga_4406 01-02-2017 | 17:20 en:
SOR CELINA
olallalau_12 20-05-2016 | 10:54 en:
LAURA OLALLA
frameve_6499 29-04-2016 | 17:03 en:
LUCILIO VANINI
Emilomoya 27-02-2016 | 23:46 en:
REVISTA ESPAÑOLA

Otros Blogs de Autor