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Manuel Pecellín

Libre con Libros

AROMA POÉTICO

 

Con esta obra obtuvo  su autor el Quijote de Plata 2016,  premio que organiza la Asociación Peña Rodense con ayuda del Ayuntamiento que da nombre a ésta. Nacido en Mérida (1956), Andrés R.  Blanco se trasladó con diez años a Madrid, donde reside. Aunque también escribe narraciones cortas, pertenecen al género  lírico la mayor parte de sus entregas, no pocas distinguidas con notables galardones, algunos de sello extremeño. Son ya una docena los títulos que conforman su obra poética.

Prologa esta última Federico Gallego Ripoll, escritor de reconocida trayectoria, ganador del Premio de Poesía Ciudad de Badajoz 2011.  Anota los cambios que percibe en la voz  del emeritense  y declara: “Frente a los poetas que consolidan su oficio en un intento de alteración perpetua de los perfiles del mundo en el que habitan, Andrés R. Blanco elige que su escritura se adapte a los contornos de esa realidad emocional, asombrada y paciente, que es la experiencia que le va regalando la vida. Así, no rompe, sino acompaña; no destruye, sino edifica día a día, de manera continua, sosegando en su poesía esa fiebre de fácil transgresión que es signo de los tiempos”.

Y no es que Blanco se refugie en ninguna torre de marfil, ni  haya decidido conducirse dócilmente  por las vías de la sumisión ante los poderes establecidos. Aunque parezca interesarse sobre todo por el lenguaje –resulta revelador que ya el primer poema se titule “Palabra destilada” -, pronto le conducen otras inquietudes, tal vez porque,  según confiesa, “Mi corazón, por dentro/es una bomba/que explota en ansiedades”. De ahí que bien pronto, ya en la tercera composición, “Prometeo”, lo veamos erguido como el héroe mitológico, dispuesto a coronar montañas, encender abismos y repoblar el mundo de sendas sin dolor. Y todo eso, pese a que algún dios desconocido le jure venganza. No en vano, la presencia de Neruda, a quien se rinde homenaje en el poema siguiente, impulsa a no cerrar los ojos ante “el mundo tan real como acontece”.

Con todo, el misterio, el vuelo del aroma, las voces crepusculares, el lado oscuro de las criaturas, las madrugadas sin promesas, los pájaros del cielo y del amor, los anhelos inefables, los íntimos deseos de la carne, los aromas que las venas nos ocultan (lo digo con términos espigados en sus páginas), simbolizan la atracción que el poeta siente hacia los afanes más íntimos.

Sus versos, siempre libres y blancos, a menudo anafóricos como para romper con sus sucesiones sonoras posibles resistencias o faltas de atención, está construidos con suma pulcritud,  ritmo y desnudez expresiva, habitados por imágenes sorprendentes: Esta palabra tiembla/vibra/ardiendo en la situación que promete (pág. 13); El lenguaje/como caballo muerto/recibe la visita de las más negras moscas  (pág. 32);  En los puentes de lluvia mi lengua se desata (pág. 45); Por la ladera suave  del tiempo que no llora/por el filo del aire cuando viste de azúcar/…navego (pág. 50).

Son algunas de las muchas muestras que podrían elegirse, capaces de justificar el deseo más íntimo del escritor, según  lo expresa en el ´verso último del libro, este papel quisiera incandescente.

 

Andrés R. Blanco, El aroma o quién. Madrid, Miliaria, 2017

 

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