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Manuel Pecellín

Libre con Libros

EL INCA GARCILASO

 

Durante los días 9 y 10 de noviembre de 2016 tuvo lugar en Badajoz un encuentro sobre un personaje extraordinario, Gómez Suárez de Figueroa, más conocido como el Inca Garcilaso de la Vega (Cuzco, 1539-Córdoba, 1616), en conmemoración del IV centenario de la muerte del “primer intelectual mestizo”.  Organizado por el Centro Extremeño de Estudios y Cooperación con Iberoamérica (CEXECI), tuvo apoyo de la R. Academia de Extremadura, la Unión de Bibliófilos Extremeños y la R. Sociedad Económica de Amigos del País de Badajoz, en cuya sede se celebraron las oportunas sesiones. El presente volumen de actas recoge los trabajos expuestos.

Hijo del capitán extremeño Sebastián  Garcilaso de la Vega y de la princesa Chimpu Ocllo, sobrina del Inca real Huayna Cápac, se educó en el colegio para indios nobles de Cuzco, donde también estudiaron otros mestizos con sangre peruana y extremeña, retoños de los Altamirano, Pizarro y demás conquistadores. Teniendo el quechua como lengua materna y sólo veinte años, vino a España para mejorar fortuna, según creía merecer de sus ancestros por ambas líneas. Apenas lo consiguió y, salvo algunas intervenciones militares con los ejércitos del Rey, llevará una existencia retirada en Montilla y Córdoba, al amparo de su tío Alonso de Vargas, en buen trato con los Jesuitas de la provincia. Como hombre del Renacimiento, a imitación del eximio poeta homónimo y familiar (en ningún trabajo se alude a esta relación de parentesco) supo unir pluma y espada, si bien a aquel  hombre de las dos culturas le rondaban ya los impulsos melancólicos del Barroco.

Consciente de la gran carencia del Imperio andino, el extraordinario Tahuantinsuyo, que careció de escritura (pese a los kipus y otros métodos de comunicación), el Inca Garcilaso asumió asentar por escrito la verdadera historia de los Incas. Para  ello contaría con lo aprendido de familiares y amigos, los informantes que pudo recabar y la bibliografía al uso (el llerenense Cieza de León, entre otros). Sabemos que fue un notable bibliófilo, según se deduce de su inventario de bienes (levantado al morir y conservado en el Archivo Provincial de Córdoba).

Aparte un texto genealógico, la Relación de descendencia (estudiada aquí por Evangelina Soltero Sánchez, profesora en la Complutense) y de la elogiada versión que hizo  de los Diálogos de amor de León Hebreo (el hijo de Isaac Abrabanel, judío refugiado durante algún tiempo en la aljama de Segura de León), Garcilaso fue autor de La Florida del Ynca (historia de la fallida expedición de Hernando de Soto) y, muy especialmente, de los Comentarios Reales (Lisboa, 1609) y la Historia general del Pirú (Córdoba, 1616), en realidad dos partes de la misma empresa intelectual: la historia de su tierra hasta Atahualpa, primero, y después de la  destructiva llegada de los españoles.

Este “hombre entre dos mundos” (Juan Gil, académico de la RAE), excelente conocedor del mundo andino, tan complejo (José Ignacio Úzquiza, UEX), inspirado,  pese a continuas frustraciones por una utopía más próxima a las “reducciones” levantadas por la Compañía de Jesús que a las tesis revolucionarias de Las Casas (José Carlos González Boixo (Universidad de León), orgulloso de su mestizaje y de la “nación indiana” tanto como de la española (Mercedes Serna, Universidad de Barcelona), que rehusó afincarse en la Sevilla efervescente de su época (Carmen de Mora, Universidad de Sevilla), fue un tenaz lector y alguien cuyas páginas no desconocería Cervantes, según sugiere la novela Persiles (Marta Ortiz Canseco, Universidad de la Rioja).

No todos los indios eran iguales para él (que los había, dice, bien lejos de una conducta honorable). Ni todos los españoles (a quienes acusa a menudo  de ambiciosos, violentos e incapaces de comprender y salvaguardar los grandes logros socioeconómicos y culturales alcanzados por los Incas). La mejor receta para construir la Nación con la que soñaba, estaría en multiplicar las dosis de humanitarias que en las actuaciones políticas extendieron sus ancestros del Perú, auténticos cristianos sin bautizar (que se lo pregunten a los pueblos sometidos, le responderá alguien).

Según reconoce Vargas Llosa, el Inca fue excelente escritor, uno de los grandes del Siglo de Oro, dueño de una prosa pulcra, que practica la casi constante intromisión del yo autoral en el discurso narrativo sin que los lectores experimenten molestia alguna.

 

César Chaparro Gómez (coord.), El Inca Garcilaso de la Vega, primer intelectual mestizo. Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste, 2018.

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