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Manuel Pecellín

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CUENTOS BAJO UNA ENCINA

 

Juan Calderón vino al mundo (1952) en Alburquerque (“Encina blanca”, según la etimología popular). Allí vivió hasta 1975, cuando marchó a Madrid, donde reside, sin perder contacto con su pueblo. Persona de aguda sensibilidad, viene ejercitándose en diferentes áreas: música, teatro, pintura narrativa y animación sociocultural. Autor de numerosas publicaciones, entre las últimas cabe recordar los poemarios El destino nos ata y nos desata (2012) y Sirenas de pecho herido (2013), así como los relatos breves recogidos en Cuando duerme Guardamar (2015). Al decidirse ahora a publicar esta antología de narraciones cortas, compuestas desde 1968 a 2018, ha vuelto a recordar sus raíces titulándola El cuentista bajo la encina blanca. Lleva prólogo, fechado en Berlín, del escritor y crítico cubano Amir Valle, quien también ha querido conducir a los lectores hacia el territorio ancestral con el epígrafe “El juglar que observa la encina”.

No obstante, conviene advertir que de las casi cien composiciones antologadas en este volumen (325 páginas), bien pocas se desarrollan en Alburquerque, sino que se enmarcan en lugares lejanos, preferentemente Guardamar (municipio costero de Alicante) y Madrid, con excursiones a Murcia o Toledo. Son mucho más urbanitas que rurales. Todas, eso sí, se distinguen por la indeclinable voluntad de estilo, con una prosa excelente, en la que los recursos metafóricos sobresalen.

Muchas responden perfectamente a la categoría de “cuento”, aunque sea en un sentido amplio, construidas con derroche de imaginación y toques surrealistas, casi siempre finalizadas de modo sorpresivo. Otras, sin embargo, más aún en la segunda mitad, responden al espíritu militante del autor, abiertamente alineado en la defensa de los homosexuales frente a una sociedad impregnada de machismo. La carencia de orden cronológico en la estructuración de la antología impide seguir la posible evolución literaria e ideológica del autor. Sólo aparecen datados, sin disposición regula,  los textos que en su día resultaron ganadores o finalistas de distintos concursos:  Premio de Relatos “Librería Ulises, 2003; Certamen “Extremadura en la distancia” ; Premio Primavera 1993 (Alburquerque); Premio Microrrelatos del periódico Gente 2007; Premio certamen de narrativa  “La Flauta Mágica” 1995; certamen de microcuentos Vallecas-Calle del Libro  2014; Certamen “Cartas de Amor-Galería Infantas” 2003; Concurso Literario de la Juventud. Badajoz, 1973 o Certamen “Más Cuentos que Calleja”, Cáceres 2006. Pero de la imensa mayoría no se nos dice cuándo fueron escritos, ni si estaban publicados  o inéditos.

Sí vio en su día la luz El señorito Antonio (Vigo, Ediciones Cardeñoso, 2009), la más extensa de las que aquí se incluyen. En su día la calificamos como narración breve ubicada en la Extremadura de los años cuarenta del pasado siglo, auténtico drama rural, que no rehúye situaciones del más sangrante tremendismo.

Es rasgo recurrente en Calderón, que a menudo se conduce hasta los espacios del “gore”, donde lo visceral y la violencia alcanzan límites máximos. Trastornos de la personalidad, brotes de locura, amores desgraciados, denuncias sarcásticas de la hipocresía, drogadicciones y crudo erotismo, junto a enormes cargas del más tierno sentimentalismo, nutren la mayoría de los relatos, algunos de extraordinaria concisión. También ese “despendole” conductista, no sin afanes de epatar, que hace bien juego con las desinhibiciones gay de muchos personajes, a veces a punto de auténticas astracanadas (cfr. “Han matado al príncipe”, pp. 144-147). En resumen, un libro que facilita el conocimiento de su autor, nos atrae a la defensa de sus causas y nos hace disfrutar como degustadores de buena literatura.

 

 

Juan Calderón Matador,  El cuentista bajo la encina blanca. Berlín, Ilíada Ediciones, 2018

 

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