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Manuel Pecellín

Libre con Libros

LA MINA INCENDIADA

 

Los accidentes trágicos en las minas seguramente son connaturales a la propia existencia de esas explotaciones. Quizás nadie como Zola con Germinal (1885) ha descrito tan crudamente las circunstancias en que se desarrolla la vida de los trabajadores (niños muchas veces) arañando las entrañas de la tierra. Es asunto bien conocido por escritores contemporáneos

Yuri Herrera (Actopán, México, 1970) obtuvo el grado de Doctor en Lengua y Literatura Hispana por la Universidad de Berkeley (California) con un trabajo sobre el incendio de la mina “El Bordo”, de Pachula, ocurrido el 10 de marzo de 1920, época en que aún estaban vivos los ecos de la revolución mexicana. De aquella investigación (se la puede consultar en Internet) nace esta obra, más próxima al género novelístico que a las tesis académicas, aunque conserve la reciedumbre documental de las mismas.

Herrera, que imparte docencia en la Universidad de Tulane (Nueva Orleans), es autor de numerosos ensayos y cuentos, así como de otras tres novelas, también publicadas en Periférica: Trabajos del reino (2008), Premio Binacional de Novela Border of Words y Premio Otras Voces, Otros Ámbitos a la mejor novela del año en lengua castellana; Señales que precederán al fin del mundo (2009) y La transmigración de los cuerpos (2013).

Con El incendio de la mina El Bordo se propone rescatar de un interesado y casi absoluto silencio, un siglo después, la historia de los más de 80 hombres que expiraron en aquellas profundas galerías. Lo más indignantes es que podrían haberse salvado (así ocurrió con varios centenares subidos durante las primeras horas y 7 rescatados tras una semana horrible, así para ellos como para sus mujeres e hijos). Los gestos de solidaridad típicos de la gente minera reducirían, pero no pudieron impedir  la tragedia.

Por qué los responsables del rico yacimiento tomaron las torpes y precipitadas decisiones aquí referidas, no queda del todo claro. Pero cabe suponer que mandaron cerrar herméticamente, a las pocas horas de iniciarse el incendio, los tiros de salida para así, ya agotado el oxígeno, sofocar las llamas antes de que éstas destruyesen las costosas instalaciones precisas para seguir extrayendo el mineral. Berry, el superintendente yanqui, y los “catrines” del equipo director dan a entender que habían salido al exterior todos los mineros (falso) o que, de cualquier forma, nadie vivo podía quedar ya en el interior (igualmente falso). Con tales excusas amañaron el expediente judicial después abierto, para eludir responsabilidades (y pagas oportunas a las familias de los fallecidos).

La novela, que tiene mucho de reportaje histórico y no poco de ensayo, nos conduce con su excelente prosa, de una gran riqueza lingüística, a dos submundos infrahumanos: el inferior de la minería, donde aún se laboraba en condiciones insoportables, casi idénticas a las de la época colonial, y el superior de los entresijos capitalistas, más atentos al lucro de sus negocios que al dolor obrero.

“El silencio no es la ausencia de historia, es una historia oculta bajo una forma que es necesario descifrar”, declara el autor en los preliminares. Nuestra gratitud por saber introducirnos en los códigos para lectura de tan dolorosos acontecimientos.

 

Yuri Herrera, El incendio de la mina El Bordo. Cáceres, Periférica, 2018.

 

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