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Manuel Pecellín

Libre con Libros

CARLOS V versus LUTERO

 

A finales de 1517, Martin Lutero fijaba en una puerta de la iglesia de Todos los Santos de Wittenberg un documento con 95 tesis, dando así origen a la Reforma (realmente, la revolución) protestante. Profesor de universidad, aquel fraile agustino no hacia entonces sino seguir una costumbre académica, mostrando al público el tema de un debate que proponía se estableciese sobre una cuestión entonces de rabiosa actualidad, las indulgencias. El título del manifiesto rezaba así: “Disputatio pro declaratione virtutis indulgentiarum”. Pero aquellas tesis iban mucho más allá del debate en torno a una compra-venta que ya había irritado al autor (como a tantos buenos católicos) por considerarla sencillamente un negocio, con derivaciones sociopolíticas (enormes caudales, recaudados en todos los lugares de la cristiandad, acababan en Roma, cuyos Pontífices, a menudo poco ejemplares, erigían soberbios edificios). Lo que el texto luterano recogía era todo un programa teológico radicalmente contestatario frente a la mayor parte de los dogmas establecidos.

Con el apoyo de los príncipes alemanes (cuyos intereses resultaban manifiestos) y la ayuda intelectual de numerosos colaboradores (ninguno tan inteligente, eficaz  y fiel como el joven filólogo Phillip Melanchton), Martín irá conformando el “credo” de la Reforma, nunca unánimemente establecido (de ahí las distintas confesiones protestantes), tal vez porque faltaba una autoridad suprema reconocida por todos, pero que se expandirá como la pólvora por el continente europeo, escindiéndolo en dos mitades, hasta el día de hoy. Como era previsible, lo mismo habría de ocurrir en el Mundo recién descubierto, según fuesen las metrópolis allí dominantes. Por supuesto, en todas las latitudes se mantendrán o aparecerán “islotes” confesionales y ello pese a las persecuciones que sobre tales minorías se desencadenen (díganlo tribunales como los de la Inquisición, Calvino o Isabel I).  La literatura, las artes y el pensamiento quedarán también afectadas por aquella extraordinaria subversión en los orígenes de la Modernidad. Desde luego, la imprenta tuvo un papel clave para llevar las nuevas ideas a todos los rincones.

Martín Lutero, fraile agustino, preocupado hasta la angustia por la reforma de la Iglesia, sí, pero aún más por la salvación de su propia alma ante la justicia de Dios, conocía bien el lema del maestro de Hipona: Noli foras ire; in te ipsum reddi. In interiore hominis habitat ueritas (No salgas fuera de tu; vuélvete hacia ti mismo; la verdad reside en el interior del hombre).  Esta consigna me ha parecido siempre raíz originaria del meollo de la fe protestante: cada persona por sí misma, sin necesidad de instancias ajenas, está facultada para encontrar la verdad, relacionándose directamente con Dios (a cuya palabra revelada puede acceder con la lectura de la Biblia). Todo lo demás, fruto de alifafes históricos, sobra o, más bien, estorba. Sola fides, sola Scriptura, constituye el núcleo del Protestantismo. (El nombre procede del documento suscrito en Espira el año 1529 por seis príncipes alemanes y catorce ciudades libres protestandocontra un edicto de Carlos V, que anulaba la tolerancia religiosa antes concedida).

El Emperador Carlos I de España y V de Alemania fue bien pronto consciente del peligro que tanto para sus estados como para el catolicismo suponía la rebelión luterana. Por más que se esforzó, incluso con armas, dietas y concilios ecuménicos, cada vez estuvo menos en sus manos la posibilidad de contenerla. “Yo erré en no matar a Lutero”, hizo escribir en el codicilo de su testamento. Seguramente, el recluido en Yuste no captaba que otros habrían liderado la rebelión y era imposible cortar tantas cabezas.

Fue muy atinado que la Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste, junto con la Universidad de Extremadura, celebrase el verano de 2017 un curso sobre Carlos V y la Reforma. Este volumen, recoge las ponencias allí defendidas por una docena de investigadores. Algunas son ligeros apuntes, espigados entre la bibliografía al uso, pero la mayoría ofrecen enorme interés, sobre todo las relacionadas directamente con Lutero. Sólo se echa  en falta, entre tantos filólogos e historiadores, la aportación esclarecedora de algún teólogo.

 

Rosa María Martínez de Codes y César Chaparro (coords.), El mundo de Carlos V: 500 años de Protestantismo. El impacto de la Reforma en la Europa imperial y actual. Yuste, Fundación Academia Europea e Iberoamericana, 2018.

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