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Manuel Pecellín

Libre con Libros

ELEGÍA FRATERNA

En un texto de Terentianus Maurus, gramático latino del s. II, se localiza el hexámetro cuyo segundo hemistiquio se hará especialmente famoso, aunque algunos estimen el primero como un avance de la “teoría de la recepción: Pro captu lectoris habent sua fata libelli (Según la capacidad del lector tienen los libros su destino). James Joyce, como otros muchos, lo utiliza en A letter from Mr. Joyce to the Publisher :”[…] However, they have given my book in print a life of its own. Habent sua fata libelli!”, adjudicándole un sentido más material, ajeno a las posibles significados del texto. En esa línea cabe afirmar que seguramente esta Elegía a tus atajos entre nuestros rodeos, recién publicada, conoció avatares numerosos antes de entrar en imprenta. Según información adjunta, el poemario fue finalista, con otros títulos, en los Premios Ciudad de Badajoz 2012 y Leonor. Soria 2017. Se supone que tanta demora en ver la luz le ha facilitado al autor sobradas ocasiones para la lima.

Ambrosio Gallego no es novel en estas lides, aunque se tome sus pausas. Natural de Peñalsordo (1963), licenciado en Filología Hispánica (Universidad de Barcelona, 1990), obtuvo (1982) con Jaula de Luna el I Certamen de Narración y Poesía que convocó la Generalitat de Cataluña. Algo después (1986) sacaba en edición no venal su primer libro de poemas, Que no haya olvido. Tras largo silencio, publicó el mismo año 2005 Llueve en paz yEl imperio de las luces (Premio Guadalajara 2004). Les siguen Con breves ojos (VII Premio César Simón, 2010); Otros fríos (I Premio Ángel González, 2011) y la trilogía de haikús La mirada sin nosotros (2015). Incluido en varias antologías catalanas y extremeñas, colaboraciones críticas y poemas de Ambrosio Gallego han ido apareciendo en diferentes revistas, entre ellas las americanas Arizona Journal (Universidad de Tucson) y Letras Hispanas (Nueva York).

El fallecimiento de una hermana muy querida le hizo componer este canto elegíaco, cuya lectura emociona. Con entradillas de Pizarnik, Gamoneda y Miguel Hernández, lo ha estructurado en tres partes, de idéntica factura formal. La primera evoca los agónicos días de la enfermedad, admirablemente soportada por una mujer increíble en el entorno hospitalario. La segunda es un liberador salto hacia atrás, reviviendo los felices días de la infancia, el paisaje y las costumbres donde los dos hermanos troquelasen sus respectivos caracteres. La tercera participa de las dos anteriores.

El autor elige los versos, blancos y libres, siempre de arte mayor, casi todos en poemas de extensión similar. Sorprende que la lejanía del terruño patrio no le haya hecho olvidar las imágenes acuñadas en sus tiernos sentidos, el paraíso de los años infantiles. Abundan las metáforas y alegorías tomadas de un imaginario nutrido en la cultura agroganadera. El susurro de los trigales, la frescura del arroyo, el olor de las mimosas y los rosales silvestres, el dulzor de las higueras, la sombra de las encinas, la inmensidad de las noches en la era, la inocencia de los juegos centenarios, el cariño de los mastines, el embeleso de  las avispas sobre el barro, los brocales de los pozos, las jaras y romeros… son recursos expresivos que al autor le sirven para expresar las vivencias en aquel entorno enfermizo dominado por Montjuich, donde se libra la lucha contra la Parca. Aunque ineludiblemente perdida, queda apostrofar con el Arcipreste: ¡Ay Muertemuerta seasmuerta, y mal andante. Implacable segadora, que arrebata a viejas Trotaconventos y a jóvenes mujeres. Lo hace Ambrosio Gallego, no sin reafirmarse en su más firme voluntad frente al cadáver de la hermana:  “Hasta que agote los últimos caballos de refresco/no dejaré nunca de soplar sobre su polvo/, trazar la última línea de su cara/, esperar sus arrugas de fruto en boca/, harinar su cabello que sabía bailar…”.

 

 

 

 

Ambrosio Gallego, Elegía a tus atajos entre nuestros rodeos. Barcelona, In-Verso, 2019

 

 

 

 

 

 

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