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Manuel Pecellín

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LAS FLOTAS DEL IMPERIO ESPAÑOL

 

Natural de Carmona y residente desde 1994 en Extremadura, donde ejerce como profesor de Instituto, el Dr. Esteban Mira tiene publicados una larga veintena de libros y numerosos trabajos. A unos y otros, centrados en la conquista de América durante el s. XVI por los españoles, los distinguen diferentes rasgos, que los hacen sumamente valiosos: independencia de criterio; escepticismo ante las tesis más extendidas y, sobre todo, la apoyatura en datos de primera mano, tras exhaustivas búsquedas en numerosos archivos, sin desconocer el aparato bibliográfico pertinente. A todo eso cabe añadir la calidad de su prosa, que convierte los textos del historiador en narraciones amenísimas. Así lo hemos podido percibir en las obras que ha venido dedicando a personalidades como Hernán Cortés, Francisco Pizarro o Hernando de Soto; el (mal)trato a los indios de las Antillas; las relaciones entre imperialismo y poder o los entresijos de la “leyenda negra.

Los repite en este estudio, realmente abrumador, sobre las armadas que el Imperio español supo fundar para sostener sus inmensas posesiones en tiempo de los Austrias mayores. Tras recoger innumerables apuntes en los archivos de la Chancillería de Granada, el General de Indias, el de Simancas, el Histórico Nacional, los de protocolos de Sevilla y Carmona, el Municipal de Almendralejo y el Valverde Lasarte (70 de las 400 páginas del libro las constituyen las notas explicativas), ha compuesto un volumen extraordinario, que también incluye la relación bibliográfica; 6 apéndices  documentales y sinópticos, más un glosario básico.

Tanto Carlos V y Felipe II, como sus herederos en el trono, fueron muy conscientes de cuánto necesitaban potentes flotas para defenderse contra muy poderosos enemigos de otros reinos (Inglaterra, Francia, Holanda, la Sublime Puerta turca); asegurar la llegada a la Península de los metales preciosos enviados desde América, así como las personas y bienes que desde aquí salían hacia el Nuevo Mundo y, claro está, combatir a corsarios, filibusteros, bucaneros y piratas que por todos los mares surgían con el  afán de hacerse con aquellos tesoros.

Para ello irían organizando, con enorme eficacia, pese a la carencia de recursos económicos y humanos suficientes para tan magna empresa, un complejo sistema naval, con numerosas armadas que, si distintas, con frecuencia interactuaban entre ellas. La Guardacostas de Andalucía y la de la Carrera fueron las más importantes, pero hubo bastantes más, con el inolvidable “Galeón de Manilas”.

El autor da minuciosa cuenta de los buques que las componían (carabelas, fustas, pataches, urcas, carracas, bergantines, naos y tantos más, cada uno más apropiado para determinadas funciones, con el galeón como auténtica fortaleza). Describe cómo se montaban, armaban y mantenían, merced al apoyo real, las contribuciones particulares y los impuestos (en especial el de “avería”). Refiere con sabrosísimos detalles la extraordinaria dureza de la vida a bordo y la forma de reclutar hombres para un oficio peligroso, tarde y mal pagado,  mal visto, todo lo cual se agravaba en momentos especiales (luchas, huracanes, epidemias, etc.). A no pocos se le prestará singular atención, como la batalla de Lepanto o las vicisitudes de la “Armada Invencible”.

Demuestra que la política naval de la Monarquía Hispánica fue en conjunto un éxito a lo largo de los siglos XVI y XVII. Factores fundamentales para mantener la hegemonía mundial merced a sus flotas lo constituyen las felices innovaciones que supieron introducir, como la hábil combinación de barcos cañoneros e infantería de marina (en ocasiones, los imbatibles tercios) y el sistema atinado para controlar las rutas (Casa de la Contratación de Sevilla) y la creación de lo que puede considerarse la primera Universidad del Mar con el fin de formar pilotos y tripulaciones instruidos en cuanto el “arte de marear” requería. Hubo derrotas, pero fueron muchísimos más los logros y triunfos navales, para mantener un imperio donde “el sol no nacía ni se ponía”. Todo costaba recursos económicos inmensos. Sólo cuando faltaron, en la misma medida que los Austrias declinan, decayó aquella armada, “una de las más grandes y respetadas que la historia ha visto”.

Esteban Mira Caballos, Las armadas del Imperio. Poder y hegemonía en tiempo de los Austrias. Madrid, La esfera de los libros, 2019.

 

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