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Manuel Pecellín

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CASIODORO, HERMENEUTA DE LA BIBLIA

 

Durante los días 18 y 19 de octubre se celebraron en Almendralejo las IX Jornadas sobre Humanismo Extremeño. La organización estuvo a cargo de la R. Academia de Extremadura de las Letras y las Artes (RAEX), el Centro de Investigación y Memoria del Protestantismo Español (CIMPE) y el Centro Universitario Santa Ana (CUSA), donde tuvieron lugar las sesiones. Como este año se conmemora la publicación de la Biblia del Oso (la primera versión completa al castellano del Antiguo y Nuevo Testamento), los organizadores estimaron oportuno dedicar este simposio al autor de tan admirable labor filológica-religiosa, Casiodoro de Reina (Montemolín, c.1520-Francfort, 1594). Reputados especialistas (Andrés Oyola Fabián, Francisco González de Posada, Andrés Messmer, Francisco Ruiz de Pablos, Carlos López Lozano y Emilio Monjo Bellido) desarrollaron bien cuidadas ponencias. A todos los asistentes se les entregó el libro que ahora presentamos, un volumen con más de 400 páginas, editado por los responsables de la convocatoria.

Comprende tres textos de Casiodoro, traducidos y comentados por Ruiz de Pablos, que suscribe también el excelente estudio introductorio. Parte sustancial del mismo es la dedicada a establecer si el célebre heterodoxo extremeño es el autor de una obra clave en la historiografía española, Artes de la Inquisición Española (Heidelberg, 1567) publicado en latín por un desconocido “Reginaldus Gonzalvius Montanus”. Hasta ahora, el catedrático avileño se opuso a identificar a este escritor, sin duda oculto previsoramente bajo seudónimo, con Casiodoro. Se abre aquí a la hipótesis contraria, que otros grandes investigadores apoyan, basándose como éstos en razones de paralelismos estilísticos que se deducen del análisis de aquél libro y los textos aquí reeditados. (Podría añadir un descubrimiento muy reciente, realizado por el actual  archivero de Montemolín: en esta villa existía el apellido “Montano” durante el XVI).  Resalta con énfasis el carácter de humanista que debe atribuirse al exfraile jerónimo por sus evidentes conocimientos de la literatura clásica.

La entrega inicial es el prefacio que puso nuestro escriturista a la Biblia del Oso. Lo dirige a los príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico, sabedor de que muchos apoyaban la Reforma protestante. Fundándose en un pasaje simbólico del profeta Ezequiel, les recuerda su deber de ayudar a difundir la palabra de Dios en lengua vernácula incluso entre “los alejados españoles junto a las columnas de Hercules”. Fácil resulta localizar puyas contra Felipe II (al que no nombra, faltaría más).

La parte segunda y más sustanciosa es el comentario al evangelio de San Juan. Casiodoro, cuyo dominio de las lenguas hebrea, griega y latina corría en parangón con un magnífico castellano, que adoba merced a graciosos recursos del habla popular, lo publicó en Francfort (Imprenta de Nicolás Basse, 1573). Se lo dedicó a J. Sturm, rector de la Universidad de Estrasburgo (sic), que tan generosamente fue con él. Su máximo empeño estuvo en demostrar a los lectores que el evangelista sostuvo de forma indubitable la divinidad de Jesucristo. Por otro lado, deja caer de modo continuo consideraciones sobre su agitada biografía.  Baste leer el inicio: “No me produce mucho pudor ni vergüenza el hecho de que, sobre todo, habiendo llegado hace ya algún tiempo a la vejez (¡) y con una salud no muy fuerte, me vea ahora finalmente obligado a tener que andar buscando con el trabajo manual y con el propio ingenio el sustento para mí y para mi familia…” (pág.63). Quemado en efigie por la Inquisición, sin llegar a entenderse del todo bien con Calvino, obligado a huir de Inglaterra tras perder la ayuda de la Isabel I y víctima de infames acusaciones, siempre bajo la vigilancia de los espías españoles… Casiodoro supo mantener admirable dignidad y poner feliz fin a sus empeños de traductor bíblico.

Contó también con la generosidad de personas a las que recuerda en la parte tercera y última, breve pero enjundiosísima, el comentario el capítulo IV de San Mateo (donde se cuenta cómo Satanás tentó a Jesús). Reproduce la famosa “Donación de Constantino”, leyenda que permite al extremeño bocetar las abyecciones en las que ha caído la Iglesia Romana. Por lo demás, agradece al judío sefardí Pérez (tal vez originario de Segura de León) cuánto le debe y concluye con un conmovedor alegato a Renata, la duquesa de Ferrara que fue clave para la edición de la  Biblia que allí editaron (1553) en español los judíos expulsado de la Península y que tanto servicio prestó al de Montemolín. Por cierto, aunque hasta hoy no se le haya podido relacionar con Arias Montano, pese a que estoy convencido de que hubo contacto entre los dos, Casiodoro estaba al corriente de la Biblia Polígata que el de Fregenal preparaba cuando él la suya (a poca distancia). Así, en un pasaje difícil, dice: “Los de Amberes lo tradujeron por…” (pág. 170).

 

 

Casiodoro de Reina, Comentario al Evangelio de San Juan. Capítulo IV de Mateo y Prefacio a la Biblia del Oso. Almendralejo, R. Academia de Extremadura y otros, 2019.

 

 

 

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