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Manuel Pecellín

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VIAJE INICIÁTICO

Como cada año desde 1963, en mayo de 2018 fue la celebración del “Día de las Letras Galegas”, que viene dedicándose a personas destacadas por escribir en idioma gallego o defenderlo. Lo curioso fue que la elegida esa penúltima edición: María Victoria Moreno, natural de Valencia de Alcántara (1939) y muerta casi tres lustros antes (Pontevedra, 2005). El caso de esta escritora me hace recordar otras dos personalidades: la del gran José María Valverde, que también vino al mundo en la Raya luso-extremeña (Valencia de Alcántara, 1926) y falleció en Barcelona (1996) como uno de los hombres más preclaros de la cultura catalana, o la más reciente de Xosé Antonio Perozo (Llerena, 1951), novelista con más de ochenta obras, muchas de ellas en la lengua de Rosalía, y director de la Enciclopedia Galega Universal. Otro casi paisano suyo, Ángel Campos Pámpano (S. Vicente de Alcántara, 1957-Badajoz, 2008) será un lusista inolvidable. (Claro que también F. García Lorca ha sido uno de los mejores poetas “gallegos” contemporáneos).

V. Moreno, licenciada en Filología Románica, se afincó el año 1963 en Pontevedra, donde su marido, invidente, había obtenido plaza en un Colegio de la ONCE. También ella va a dedicarse a la enseñanza, como catedrática de Instituto y profesora voluntaria de gallego en numerosas instituciones como la Asociación de Amigos da Cultura o el Ateneo de Ourense. Obvio decir que estuvo fichada por las autoridades franquistas. Entre sus numerosas publicaciones, se recuerda Mar Adiante (Edicions dos Castro, 1976), que muchos tienen como la novela fundacional de la literatura infantil en gallego. A mí me emociona cómo explicaba su opción lingüística: “Se estou coa xente que amasa o meu pan e mais colle no mar os peixes da miña mesa, tamén quero falar con eles. Falar a súa fala”.

La biografía de Montse Pena, A voz insurrecta. María Victoria Moreno, entre a literatura e a vida (Editorial Galaxia, 2018) puede satisfacer la curiosidad de cuantos se aproximan a la autora galaicocacereña. Juzgo gran acierto por parte de la ERE la edición de uno de sus grandes títulos, Anagnórisis, aparecida el año 1988 (Vigo, Galaxia, incluida también en la Biblioteca Galega) y que ahora se nos ofrece vertida al castellano por Begoña Llácer. Se la incluyó el año 1990 en la Lista de Honor de IBBY (Organización Internacional para el Libro Juvenil, según las siglas inglesas), donde figura la selección bienal de las obras recientemente publicadas en los países que pertenecen a dicha entidad. Se la dedicó a sus alumnos de Vilalonga.

Cualquiera de ellos puede ser el personaje de la narración, que él asume en primera persona. Como ella, la profesora que lo monta en su coche cuando hace autostop para escaparse de casa. Constituyen el binomio de cuyo enfrentamiento surge esa “anagnórisis” anunciada por el título, de raíz griega (no precisamente atractivo). Así se denomina el fenómeno, bien descrito ya por Aristóteles, que se produce cuando alguien consigue conocer mejor, descubrir parcelas de su propia intimidad que hasta entonces yacían ocultas y salen a luz, se le revelan merced a algún acontecimiento inesperado.

Tal podría ser la conversación que el joven y la mujer madura mantienen a lo largo del viaje desde Galicia a Madrid, en verdad iniciático. Cabe concebirlo como el proceso que todos los profesores desearíamos desencadenar entre nuestros alumnos, desde Sócrates acá, merced a un diálogo inteligente.

El sostenido por ambos protagonistas resulta vivaz, tal vez poco verosímil, próximo al habla coloquial, según el modelo que Platón reproduce tomándolo de labios de su maestro. Y, como en los del autor del conócete a ti mismo, aquí se irán abordando, bajo la batuta de ella, los grandes temas del amor, la vida, el sentido de la existencia, con clara intencionalidad didáctica. Los apuntes del joven sobre las circunstancias que van sucediéndose en aquel día para él inolvidable, con trágico y a la vez esperanzador final, constituyen la parte más literaria de la obra. Es triste que alguien tenga que morir, la profesora en este caso, para que se refuerce la anagnórisis.

Algunas erratas con alcance semántico, como escribir “tornando (tomando) café” (pág. 17) o “su hoz (voz) me lo decía” (pág. 29), pueden fácilmente corregirse.å

 

Mª Victoria Moreno, Anagnórisis. Mérida, ERE, 2019.

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