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LA JUVENTUD DE ZURBARÁN

Natural de Llerena (1953), donde reside y trabaja, correspondiente de la R. Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, Luis Garraín goza de muy justo reconocimiento por sus pulcras investigaciones archivísticas.  Somos muchos los que hemos acudido a él en solicitud de informes originales, especialmente los relacionados con cuestiones como el tribunal de la Inquisición, las familias judeoconversas o los grandes escritores llerenenses (Pedro Cieza, Catalina Clara, los Zapata). Nunca nos ha defraudado tan concienzudo investigador.

Asunto de especial interés para Garraín ha sido siempre Zurbarán, cuya estancia y actuaciones en Llerena conoce como nadie. Pasan de la docena los estudios que sobre el pintor de Fuente de Cantos ha dado a luz y son muchos los especialistas que le reconocen deudas por las ayudas prestadas para sus trabajos sobre el genial artista extremeño. Así lo hace la máxima autoridad entre los mismos, Odile Delenda, que tan sustanciosamente prologa este último libro de Garraín.

Se trata de un impresionante volumen, con 566 páginas de formato mayor (30 X 24 cms.), impreso con gusto en los talleres de Tecnigraf. El autor recopila aquí cuantas noticias se han podido localizar hasta hoy (sobre numerosos puntos, merced a sus propias investigaciones) relacionadas con Zurbarán (1598-1664), aludiendo frecuentemente a las infelices vicisitudes que han sufrido tanto sus obras como los legajos a él referidos. La rapiña violenta, la dejadez y el hurto han ido sumándose al expolio, que para algunas actuaciones se indica explícitamente y en otras sólo se apunta.

Aunque Garraín busca sobre todo recabar datos en torno a las circunstancias existenciales del pintor, a menudo recoge también muy oportunas consideraciones sobre las características estéticas que distinguen a un creador cada vez más apreciado. Vale la pena atenderlo.

Lógicamente, el libro se dirige de modo especial a los orígenes, infancia y juventud de Zurbarán, por ser las etapas que vivió en Extremadura. El estudioso refuta numerosos errores que han ido deslizándose por diversas causas, auténticas cadenas de errores sostenidos incluso por algunos historiadores tan cualificado como María Luisa Caturla, que durante muchos años (hasta la aparición de Odile Delenda) fue la autoridad indiscutible de los estudios zurbaranescos.

Quizás la máxima aportación de la rotunda obra resulten los apuntes que iluminan las relaciones del pintor con personas de bien probado origen judío. Su mismo padre, zapatero de situación acomodada (oficio típico de la etnia hebrea), estaba bien relacionado con los hijos de Israel, tan numerosos en el suroeste de Extremadura incluso después del decreto de expulsión (1492). También la madre, nacida en Monesterio, como demostrase Antonio M. Barragán-Lancharro, villa también con su aljama judía y hasta donde se desplazó Benito Arias Montano para asistir a un bautizo.

Zurbarán contrajo nupcias, según fue quedándose viudo, con tres ricas mujeres: María Páez, Beatriz de Morales y María de Tordera.  Garraín ofrece toda una batería incontestable de documentos para demostrar que al menos las dos primeras pertenecían a la influyente comunidad de judeoconversos, entre los que sobresalían los poderosos Cazalla. El mismo pintor, a cuyo superdotado hijo Juan la muerte prematura le impediría sobresalir, no rehusaba la dedicación a los negocios: de pinturas, claro está, con notable proyección hacia el Nuevo Mundo, pero también la compraventa y arriendo de bienes inmuebles, así como al comercio del corambre (peletería). Su estrecha amistad con hábiles negociantes judíos se lo facilitaba. Quizás asi se entiendan mejor no pocas creaciones de Zurbarán, por ejemplo sus geniales retratos de personalidades veterotestamentarias. ¿Qué quería dar a entender, o disimular, adquiriendo ante notario para la matanza un enorme cerdo, de 25 arrobas, a tenor del curiosísimo contrato aquí reproducido?

La obra ofrece también, sobre todo en sus abundantes notas a pie de página y apéndices documentales, mucha información sobre esa rica  Llerena del Renacimiento que Rodríguez-Moñino calificase como la Atenas de Extremadura.

 

Luis J. Garraín Villa, Zurbarán en los archivos extremeños. Badajoz, MUBA, 2019.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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