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JOSÉ MARÍA VALVERDE. ANTOLOGÍA

Una brillante pléyade de profesores, nacidos y criados en Extremadura, han enriquecido las Universidades de Cataluña durante los decenios últimos. Nombres como los de Cristóbal Pera, Andrés Sánchez Pascual, José Manuel Bermudo Ávila Ignacio Morgado Bernal, Luis García Iglesias o Javier Cercas constituirían el orgullo de cualquier claustro. Pero quizá ninguno tan relevante como el de José María Valverde Pacheco (Valencia de Alcántara, 1926-Barcelona, 1996). Catedrático de Estética, sus trabajos como docente, ensayista, traductor, antólogo, crítico e historiador gozan de general reconocimiento.

No menos elogiada ha sido su producción poética. La inició muy joven, con Hombre de Dios, salmos, elegías y oraciones, al año 1945. Por eso se le clasifica entre los de la magnífica Generación española de los 50, junto a Ángel González, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Caballero Bonald, Claudio Rodríguez, Francisco Brines, María Victoria Atencia, Carlos Barral, Alfonso Costrafreda, José Agustín Goytisolo, Luis Feria, Rafael Pérez Estrada o Antonio Gamoneda. Con muchos de ellos mantuvo amistosas relaciones.

Publicaría después otros muchos poemarios, como La espera (1949), Versos de domingo (1954), La conquista de este mundo (1960), Años inciertos (1970) o Enseñanzas de la edad (1971). En 1990 apareció un volumen con su poesía completa. Guardo orgulloso el volumen dedicado que del mismo me regalase la noche en que tuvo a bien venir a Badajoz para participar en el Aula Díez-Canedo fundada por la AEEX.  Después, la editorial Trotta sacó (1998) su Poesía completa, en edición de David Medinba coordinada por Rafael Argullol.

Que yo sepa, no se ha concluido la edición de las Obras Completas de Valverde, aunque han aparecido sus ensayos de Estética y Teoría literaria (Madrid, Editorial Trotta, 1999).

Hombre de profundas convicciones, socialmente comprometido a partir de la fe en el evangelio de los pobres, el año 1964 renunció a su cátedra (“nulla aesthetica sine ethica… ergo apaga y vámonos”) en solidaridad con los profesores Enrique Tierno GalvánJosé Luis Aranguren y Agustín García Calvo, a quienes el régimen franquista había expulsado de la Universidad de Madrid. Valverde decide exiliarse a América, donde ejercería en distintas universidades.

La pasión por el lenguaje quedaría de manifiesto en todas sus obras, desde la pionera tesis doctoral, dedicada (1955) a Guillermo de Humboldt, hasta ensayos de tiempos últimos, como Nietzsche, de filólogo a Anticristo (1993), que a mí  me encantó. Y, por supuesto, a lo largo de toda su poética, de la que existen numerosas antologías.

La preparada por Jesús Aguado para la ERE permite, pese a su brevedad, percibir bien las constantes líricas de tan fecundo autor: amplitud de registros métricos, desde las estrofas clásicas (abundan los sonetos, canónicos experimentales, excelentes, sobre todo por los atrevidos encabalgamientos con que se construyen), al versolibrismo mejor articulado, la profunda religiosidad o el sentimiento solidario con los más desfavorecidos de la tierra. Algún toque extremeñista percibo también, como cuando escribe al comienzo de “El tiro en la nunca”: En la guerra de niño, en descampado/alguna vez vi un muerto amanecido (pág. 111), evocación de los fusilamientos frecuentes al venir el alba, o el e asonantado apunte sociológico: Mi niñera no reía/que era de una tierra atroz/de alcornoques y miserias/donde se crece en dolor (pág. 80). El antólogo ha tenido el acierto de incluir alguno de los poemas que mejor retratan a Valverde, como “Historia de la Filosofía” (pág. 109), graciosa evocación de sus clases a alumnos distraídos, o “Dialéctica histórica”, que siempre me encantó por ser burla desmitificadora del Hismat, tal vez la teoría más lograda del marxismo.

“José María Valverde fue, aunque apasionado y argumentativo, un gran poeta sin prisas. Una lección más y quizá aún más urgente hoy que en su tiempo, de un maestro del ser hecho palabra”, define el prologuista (pág. 11). Así es, y seguirá siéndolo aquel buen creyente, que me contaba con emoción sus experiencias en territorios del tercer mundo.

 

José María Valverde Pacheco, La bendición de la luna. Antología. Mérida, ERE, 2º19. Edición y prólogo de Jesús Aguado.

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