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Manuel Pecellín

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ROSO DE LUNA

 

Lleva casi medio siglo Esteban Cortijo (Cañamero, Cáceres, 1952), licenciado en Ciencias de la Información, catedrático de Filosofía y ateneísta, tenazmente resuelto a rescatar para los lectores contemporáneos el pensamiento de Mario Roso de (Logrosán, 1872-Madrid, 1931). Víctima de una damnatio memoriae inquisitorial, los escritos de “El mago rojo de Logrosán”, según gustaba se le denominase, se habían convertido en joyas bibliográficas, sólo localizables por librerías de viejo (yo he comprado muchas en la madrileña Cuesta Moyano) o en las bibliotecas particulares de algunos admiradores irredentos.

A Cortijo se le deben múltiples estudios y la reedición de buena parte de las obras escritas por aquel simpático heterodoxo, entre ellas su tesis doctoral en Derecho (se licenció también en Ciencias), aparecida en la Revista de Estudios Extremeños, que por entonces (1985) yo dirigía. También tuve el honor de publicarle (Badajoz, Diputación, 1992), en la colección de “Personajes extremeños”, que había yo fundado con Bernardo V. Carande, la biografía Mario Roso de Luna, sumándome así al interés que entre muchos de nosotros había logrado suscitar Cortijo por su “alter ego”.

La nueva obra que ha tenido a bien dedicarle se publica en Delfos, “Ediciones de Sabiduría Ancestral”, dentro de la colección “Biblioteca Mario Roso de Luna” (émula de otra fundada por el Maestro, la “Biblioteca de las Maravillas”).  Aquí se han reeditado títulos tan fundamentales para aproximarse al ideario rosoluliano como  El tesoro de los lagos de Somiedo  (Juan Cuento la relanzó en su día, 1980,  y la andaluza editorial Renacimiento también  la ha recogido); Hacia la gnosis, En el umbral del misterio, Wágner, mitólogo y ocultista (reeditada en 1987  por los Servicios de Publicaciones de la Diputación de Badajoz); De Sevilla al Yucatán, La ciencia hierática de los mayas, Simbología arcaica, El libro que mata a la muerte o libro de los jinas (el que más le gustaba a Roso); Simbología arcaica o Una mártir del siglo XIX: H.P. Blavatsky, donde el autor reivindica a la enigmática teósofa rusa que tan profundamente lo sedujo.

Hablando con Mario Roso de Luna consta de dos partes bien diferenciadas y de idéntica extensión. La primera, recoge una serie de estudios redactados por Cortijo para explicar cómo fue conformándose el pensamiento del genial hombre, a través de las distintas etapas por las que atravesó (científica o positivista, teosófíca y filosófica), aunque las tres permanecieron siempre entrecruzadas en su mente. Se abordan asimismo, nunca de manera dogmática, incluso dubitativa en bastantes puntos, cuestiones como la iniciación de Roso en la masonería andaluza; sus relaciones (casi inexistentes) con el krausismo y la Institución Libre de Enseñanza; los avatares del  cacereño, nunca bien aceptado por la Universidad, la Iglesia católica … ni sus mismos colegas; los logros científicos que alcanzó como arqueólogo y astrónomo;  el prestigio intelectual que, no obstante, obtuvo entre los coetáneos;  la singularidad de su método expositivo  (la analogía) y, muy especialmente,  el meollo de los tres grandes núcleos de todos sus trabajos: la búsqueda de la verdad (concebida como aletheia, o re-velación),  el establecimiento de  los nexos comunes  que subyacen en todas las religiones y culturas, y la expansión de la fraternidad entre todos los hombres. Todo ello adobado con numerosas y sabrosísimas anécdotas, perfectamente contextualizadas.

La parte segunda viene a confirmar las interpretaciones que de Roso hace el ensayista. Para ello, en lugar de limitarse a citar los textos de un escritor tan prolífico y a menudo malinterpretado, construye un conjunto de cinco diálogos (Roso admiraba a Platón), en forma de otras tantas entrevista en las que Cortijo lo hace responder a las cuestiones más acuciantes para cuantos abordan los nada fáciles textos de aquel pensador, con tan plurales conocimientos: conciencia de comunidad entre las diferentes  creencias religiosas; armonización de los  descubrimientos  empíricos o lógicomatemáticos con las  ciencias ocultas; las razones por las que se dejó seducir ante las tesis teosóficas; el fundamento de las relaciones que tan agudamente establecía entre  dioses, mitos, leyendas, topónimos y personajes de muy distintos pueblos o, en fin, las críticas y los sueños utópicos que para España sin olvidar a  Extremadura, fue formulando Roso.

El autor es consciente de las dificultades que supone introducirse en los textos rosolulianos. No ha pretendido resolverlas todas. Lo que sí permite su obra es aproximarse más lúcidamente a aquellos atractivos ensayos, por lo demás compuestos todos con gran altura literaria.

 

Esteban Cortijo Parralejo, Hablando con Mario Roso de Luna. Oviedo, Delfos, 2019, 164 págs.

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