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Manuel Pecellín

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POESÍA VIGILANTE

Laura Olalla nació (1953) en Garlitos, corazón de la “Siberia extremeña”, donde pasó la niñez. Ya se sabe, la patria de cada persona es la infancia. Lo que se cumple también en esta escritora, pese a su indudable espíritu cosmopolita. Con sólo nueve años, tras el fallecimiento de su padre, se traslada a Madrid. Allí estudia y va abriéndose camino en el mundo de las letras y las artes plásticas. Estamos, pues, ante otro personaje de la cultura extremeña en el exilio, aunque su nombre, como el de bastantes más con la misma condición, no figure en el reciente volumen de tan evocador título, Diáspora, preparado por Víctor Peña Dacosta (Cáceres, Ediciones Liliputienses, 2019).

Olalla publicó su primer libro ya en plena madurez, Estirpe de Gacela (Madrid, Beturia, 1997), al que seguiría En un rincón cualquiera de la casa, distinguido con el Premio Guadalajara (Diputación, 1998). Antes obtuvo otros galardones notables, cono el Alcaraván (Cádiz, 1996) o el Dulcinea (Castilla-La Mancha, 1996). Repetiría fortuna con el Ciudad de Mérida 2000 por Laberinto del agua y el Fray de León (Ávila, 2001. Suyos son también los poemarios Fugitivas del mar (Madrid, Pigmalión, 2013) y Diseño de interiores (Ediciones Amargord, 2014). Poemas suyos han sido seleccionados para numerosas antologías este último decenio.

Laura Olalla, que ha sido gestora administrativa en el Ministerio de Educación, actriz de fotonovela, pintora y colaboradora de entidades solidarias como Proyecto Hombre (Madrid), Hermanas Trinitarias (Madrid) o Centro de Mayores Rivas-Vaciamadrid, es una mujer comprometida con los problemas sociales, singularmente sensible ante el sufrimiento de los más pobres y explícitamente abierta a las instancias transcendentales. Ha llevado también sus dibujos a numerosas exposiciones. De todo eso hay bien perceptibles rastros en Mi pluma en vigilia.  Antonio Machado proclamaba en aquel tremendo 1937 español: “Para nosotros, defender y difundir la cultura es una misma cosa: aumentar en el mundo el humano tesoro de conciencia vigilante”. Podría ser la idea inspiradora de este libro, que no se distingue precisamente por su unidad, pero incluye poemas de extraordinaria altura.

 

Tras un preámbulo, bien prescindible, de Hilario Martínez Nebreda, psicopedagogo de Educación Especial y escritor, sigue un extenso prólogo que suscribe Antonio Moreno Ayora, catedrático de Lengua y Literatura españolas. Sin entrar en muchas explicaciones técnicas, concluye diciendo que está convencido de hallarse “ante una poeta excelente, sensible como una hoja bajo el viento, emotiva como una mariposa transida de luz bajo el sol, solidaria como la yedra que se adhiere a la pared para protegerla”.

 

El poemario, que fue accésit del Premio Arte ahora (Málaga, 2019), se estructura en tres partes bien diferenciadas. La más notable desde el punto de vista formal, aunque para mí no la mejor, es la segunda, “Refugiados entre colinas de hombres”. Sorprendentemente, sus versos se publican trilingües, en castellano, inglés y árabe, ilustrados con dibujos del pintor palestino Imad Abu Shtayyah.  Se inspiran en los campos de refugiados de Gaza y constituyen una encendida denuncia contra los responsables de la situación. Cabe destacar la elegía de Einas Khalil, la pequeña atropellada (octubre 2014) por un conductor israelí.

En la parte primera, la autora da curso a los ideales que le inspira la congregación religiosa Juventud Idente, “que se alimenta de esta filosofía que comulga con el amor a Cristo y, por ende, a cada uno de los seres humanos más desfavorecidos”, según aclara el apéndice de “agradecimientos”.

En la tercera, “La mujer que está aquí”, parece recoger materiales dispersos, algunos ya publicados (v.c., “A la ilusión que provoca el amor”, antología El amor es como el mar. Ed. Nueva Estrella, 2018), todos centrados en el propio sujeto lírico, y de diferente factura, incluso con algún juego gráfico, tipo caligrama. Dos de sus poemas sobresalen: “He visto”, de carácter anafórico, y “Yo soy como una casa” (pág. 95), magnífico autorretrato, que obtuvo en su día el premio “Ciudad de Alalpardo” (Madrid, 2004).

 

Laura Olalla Olwid, Mi pluma en vigilia. Madrid, Nueva Estrella, 2019.

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