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Manuel Pecellín

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LA ESPADA Y LA PLUMA

Entre los aciertos de la Fundación CB, cabe señalar la aún joven colección “Personajes singulares”, dedicada a establecer la biografía de quienes se han distinguido por sus aportaciones culturales a la ciudad de Badajoz. En la misma han ido publicándose las de Tirso Lozano Rubio, José Antonio Marcos Blanco, Santiago Corchete, Francisco Rodríguez Arias, Félix Soto Mancera y Julio Cienfuegos. La última es la de Enrique Segura Otaño (Estella, 1882 -Badajoz, 1980), conocido en su día como el “decano de los escritores extremeños”.

Nieto del biografiado es el autor, que voluntariamente se impuso ese bien perceptible estilo familiar, no irreconciliable con la exactitud de los apuntes.  No pocos los tomará de los que dejara el propio biografiado.

Por lo demás, a Manuel Iglesias (Badajoz, 1959) no le resultan noveles los avatares de la edición. Maestro nacional, miembro activo de la R. Sociedad de Amigos del País, músico amateur, gran aficionado al cante jondo, intérprete de guitarra, estudioso de la cultura romaní, con estancia en diferentes países, suyos son los libros Badajoz-ciudad flamenca. Su historia y protagonistas (Badajoz, Diputación, 2012) y La guitarra flamenca (Badajoz, Diputación, 2014).

Pesarán mucho los antecedentes familiares en la vida de nuestro hombre. Su padre fue militar durante tres decenios, con destacadas intervenciones en las guerras de África y contra las facciones carlistas por diversos lugares de la Península. Estudia como alumno externo de la Academia de Infantería toledana y, tras otros destinos, llega a Badajoz (1904), donde se afincará definitivamente para devenir uno de los intelectuales pacenses más destacados. Descubre pronto su vocación literaria, tanto crítica como creativa y editora, la célebre unidad entre las armas y las letras. La plaza contaba con un buen número de periódicos, en muchos de los cuales irá apareciendo su firma: Nuevo Diario de Badajoz, La Región Extremeña, El Heraldo de Badajoz, Noticiero Extremeño, La Libertad …. Y será un colaborador asiduo del HOY, desde que se fundase hasta que pudo sostener la pluma. Iglesias dedica todo un capítulo a los trabajos que allí suscribe, con la oportuna datación.

Enamorado de Portugal, Segura hizo numerosos viajes por el país vecino, sobre el que compuso numerosas páginas. Casa con Laurencia Covarsí Yustas, entroncando con una familia de pintores y cazadores famosos. Se hace buen amigo de poetas (Manuel Monterrey), ensayistas (López Prudencio), fotógrafos (Vidarte), novelistas (Reyes Huertas), historiadores (J. Rincón Jiménez), etnógrafos (J. Sancho González) o bibliógrafos tan reputados como A. Rodríguez-Moñino, junto a los cuales se propuso crear una Biblioteca de Autores Extremeños, a la postre frustrada.

Su primer libro lo sacó bajo el seudónimo de “Fabián Conde”: Amor entre ruinas (1926), novela que sirve de guion para la película Alma en escombros, dirigida por Florentino Hernández Girbal (1926). Le seguirían otros, entre ellos: Biografía de Eugenio Hermoso (1927), Vida de Eça de Queiroz (1945), Biografías (1951), Un montero genial. Biografía de A. Covarsí (1953), Ríos al mar (1956).

Son numerosos sus artículos en la Revista de Estudios Extremeños, editada desde 1927 por el Centro que contribuyó crear y que él mismo dirigiera desde 1957 a 1973.

El verano de 1936, Segura Otaño era Teniente Coronel de Infantería y Primer Jefe de la Caja de Reclutas en Badajoz. El autor ofrece algún apunte sobre los acontecimientos en que D. Enrique se vería implicado tras la sublevación franquista. Su actitud no agrada a los vencedores, aunque al parecer salvó la vida de los guardias civiles detenidos en la ciudad por los republicanos. Lo encarcelaron preventivamente en el fuerte de San Cristóbal (octubre 1936), donde, después de juzgarle (mayo 1938) y condenarlo a tres años más un día de prisión mayor, estuvo preso hasta que quedó en libertad provisional (marzo 1939).

Entre los hijos de nuestro personaje destacarán dos, que han dejado huella en cuantos tuvimos la fortuna de tratarlos: Esperanza, la creadora de la más célebre tertulia que ha habido en la ciudad, “Los Sabáticos”, y Enrique, catedrático con quien aprendieron lengua y literatura españolas varia generaciones de badajocenses. Ambos tendrán un día su oportuno biógrafo, tal vez el sobrino que hoy presentamos.

 

Manuel Iglesias Segura, Enrique Segura Otaño. La espada y la pluma. Badajoz, Fundación CB, 2019.

 

 

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