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Autor: manuelpecellin
PEDRO DE VALENCIA
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Manuel Pecellín | 22-07-2016 | 10:21| 0

 

 

A comienzos de los noventa del pasado siglo, se puso en marcha el rescate editorial de Pedro de Valencia (Zafra, 1555- Madrid, 1620), como parte de un ambicioso programa, universitario e interdisciplinar: permitir a los lectores contemporáneos el acceso a las grandes figuras del Humanismo renacentista español. Fue la apuesta de Gaspar Morocho, catedrático de Griego en la Universidad de León, que supo rodearse de excelentes colaboradores, colegas de claustro unos, reputados investigadores de otros centros los demás. Tras el fallecimiento prematuro del inolvidable Dr. Morocho (2002), tan vinculado afectiva e intelectualmente a Extremadura, los también profesores Jesús Paniagua Pérez y Jesús María Nieto Ibáñez han proseguido con toda fidelidad los proyectos de aquél. Son ya 38 los volúmenes que conforman la colección destinada a albergar textos y estudios del Humanismo hispano y, por lo que a Pedro de Valencia dice, finis coronat opus.

En efecto, con este volumen concluye la edición de las  Obras Completas del polifacético zafrense, una larga decena de quien en vida sólo vio publicada la famosa Academica, sive iudicium erga verum, especie de historia de la Filosofía, seguramente menos importante hoy que tantos trabajos  suyos de carácter sociopolítico. Numerado con el primero de nuestros dígitos, last but non least, este tomo  tiene un alcance propedéutico y, como tal, ha de convertirse en excelente ayuda para acceder al conocimiento del cultísimo segedano (jurista, traductor, hermeneuta bíblico, historiador, crítico, sociólogo avant lettre, filósofo, teólogo … y tantas cosas más).

Tras el saludo de los editores, nos encontramos con el preliminar que suscribe Juan Gil, maestro de maestros y cuya lectura es del todo recomendable. Con esa combinación típica de sabiduría y sencillez, va ponderando las grandes consecuciones intelectuales (también algunas sombras) del máximo discípulo de Arias Montano. La oposición que sentía a publicar sus propios escritos la atribuye Gil al temor de desencadenar enojosas y temibles polémicas, consciente como fue el de Zafra de que sus opiniones se separaban a menudo de las sostenidas por los más próximos al Poder (jesuitas incluidos). Gil encomia justamente el sentido común de Valencia al abordar tan lúcidamente asuntos como la brujería, la ociosidad de los nobles, la necesidad de tierras para los campesinos pobres, el excesivo número de clérigos y funcionarios, los defectos de la enseñanza universitaria, la expulsión de los moriscos (a la que se opuso), la mala administración, la intolerable subida del precio del trigo y de los impuestos reales, el despoblamiento de la metrópoli, las guerras injustificadas, etc., etc.

A continuación, Jesús Paradinas, que ha poco dio a luz el libro Humanidades y economía. El pensamiento socioeconómico de Pedro de Valencia (Huelva, Universidad, 2014), establece el listado de las obras que del extremeño se conservan manuscritas (ya prácticamente todas editadas), ordenándolas alfabéticamente e indica los lugares donde se guardan. Jesús M. Nieto Ibáñez concluye esta primera parte con la bibliografía sobre Pedro de Valencia.

Pero lo sustancial es la reproducción de los estudios que Gaspar Morocho, en cuyo homenaje se publica, fue escribiendo en torno a la personalidad y las enseñanzas del zafrense. Muchos de tales trabajos vieron la luz en Extremadura, hasta donde el comentarista se desplazaba con frecuencia para contribuir con su indiscutible sapiencia y bonhomía a cursos, congresos, jornadas, etc. centrados en los grandes humanistas naturales de nuestra Región. El periódico HOY (para el que compuso el nº 10 de la serie “Personajes Extremeños”);  la Revista de Estudios Extremeños  (donde tuve el honor de sacarle el artículo “El testamento de Pedro de Valencia, humanista y cronista de Indias”, 1988-I); los volúmenes de la R. Academia de Extremadura con las Actas de los Congresos sobre el Humanismo en Extremadura celebrados por dicha Institución (especial recuerdo aquí a sus principales organizadores, Mariano Encomienda y Manuel Terrón Albarrán) y, claro está, las aportaciones de Morocho a diferentes volúmenes de las Obras Completas del humanista, constituyen el grueso del libro.

 

Pedro de Valencia, Obras Completas, tomo I. Introducción general, fuentes y estudios. León, Universidad, 2015.

 

 

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MANANTIAL SERENO
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Manuel Pecellín | 21-07-2016 | 7:18| 0

Como tantos poetas por todos reconocidos en la Historia de la Literatura, desde el nebuloso Homero a Miguel Hernández o nuestros  Manuel Pacheco, Luis Álvarez Lencero, Félix Grande, José Antonio Zambrano y tantos otros, Plácido Ramírez no ha cursado estudios superiores, no ha pasado por la Universidad, no tiene graduación académica reconocida. Es, puede decirse, un escritor autodidacta, forjado a base de lecturas; participaciones en encuentros,  jornadas,  exposiciones, talleres, congresos, debates, tertulias (¡la pacense Página 72!), presentaciones de y sobre libros, colaboración en revistas literarias y otras actividades del género, donde es habitual su figura amable y humilde, con sempiterna sonrisa.

Nacido en Puebla de la Reina (1955), tuvo que emigrar con sólo ocho años a Madrid, donde estaba su padre, gravemente enfermo tras emigrar a Alemania. Hace el bachillerato en el I.T. Nazaret y comienza con quince años una larga carrera laboral, fundamentalmente como soldador. Miembro de CC.OO., fue uno de los delegados sindicalistas más jóvenes del país. Participa junto a  los militantes extremeños del “cinturón rojo” de la capital española (fundó la casa de Extremadura de Leganés), luchando por la democratización de España y la puesta al día del terruño nativo. A éste volvió el año 1983, afincándose en Badajoz. Desde entonces, no ha dejado de tomar parte en actividades culturales innúmeras, a la vez que ha ido forjando una obra poética cada día consistente, a pesar de sufrir dolorosas enfermedades.

Entre sus poemarios cabe recordar Vereda (1982), Añoranzas (1991),  Camino de luz, sombra y silencio (1994), Escritos al amor de la noche (1997), Al sur de la melancolía (2003), Ensayo de la metáfora (2006) y Diario azul del titiritero (2011). Con esta obra última se asienta la escritura, cada vez más acertada, del poeta, que ese mismo año obtuvo una beca de la creación literaria concedida por la Junta de Extremadura para el libro Este lugar al sol donde escribir, aún inédito.

Cuaderno de la luz dormida aparece con un amplio preliminar de Juanma Cardoso. El prologuista, que conoce bien al poeta, destaca los rasgos principales de su personalidad y los valores relevantes en este conjunto de 38 poemas, de concisa factura y versos libres (algunos asonantados). Vienen desde muy atrás, pulidos e incrementados desde que, llamándose Cuaderno de la ausencia, obtuvo en Barcelona (2006) el 2º Premio “José Agustín Goytisolo” y, poco después, quedase entre los finalistas del Premio Ciudad de Badajoz el año 2008, al que se presentaron 232 originales. Cardoso insiste, y estoy muy conforme, en que la pluma de Ramírez, como la de D. Antonio Machado, se nutre en manantial sereno, sin gritos ni estridencias, incluso al incidir en las cuestiones más sangrantes, lo que no le resta un ápice de hondura. Y, si es cierto el apunte del prologuista sobre la claridad del lenguaje aquí utilizado, se puede discutir su insistencia en la “sencillez” del libro. Esa equívoca “naturalidad”  que se percibe en todas las composiciones es más bien fruto del trabajo, labor de lima, rumia lenta, que conduce a la depurar la expresión, sin caer forzosamente en forzados discursos crípticos. Pero la riqueza de imágenes, metáforas, sinestesias, alegorías, evocaciones, guiños, citas (J.A. Goytisolo, Caballero Bonald, Gonzalo Rojas, Carlos Bousoño) y, sobre todo, el bien cuidado ritmo que se perciben por doquier, no son fruto del azar, ni dádivas de las musas.

Con estilizados dibujos que suscriben Juan Fernández  Pinilla y Darío Domínguez, el libro es ante todo un canto a la amada, aunque no falten evocaciones infantiles, alusión a la diáspora migratoria o el eco del grito de los desamparados sociales. Si la poesía se realza cantando cosas humildes, según enseña en Los trabajos de Persiles y Segismunda el ahora tan recordado Cervantes, la de Ramírez Carrillo puede optar con todas las de la ley a tal distinción. Y lo bueno es que cada una de sus entregas mejora las anteriores.

 

Plácido Ramírez Carrillo, Cuaderno de la luz dormida. Madrid, Beturia, 2016.

 

 

 

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AMARGA CENA
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Manuel Pecellín | 02-07-2016 | 8:31| 0

 

Que una novela con apenas medio centenar de páginas pueda erigirse en un

vitriólico retrato de toda una época, la de la burguesía británica decimonónica, sólo

estuvo al alcance de plumas muy privilegiadas, como la de William Makepeace

Thackeray (Calcuta, 1811 - Londres 1863). Aunque nacido en la India, se educó en

Londres y Cambridge. Por razones de estudio o trabajo (heredó una gran fortuna),

conoció también Francia y Estados Unidos, convirtiéndose pronto en un fecundo

escritor. Con Charles Dickens, se erigirá en la gran dupla del realismo inglés. Tres

características fundamentales distinguen sus obras: habilidad en el retrato de los

personajes (banqueros, políticos, periodistas, comerciantes, funcionarios,

abogados, cocineros, mayordomos, amas de casa, señoritas, canosas abuelas, etc.);

brillantez en la composición de los argumentos y un humor corrosivo (quizás hoy

más próximo a la ironía que a la risa).

Así se percibe en este relato corto, excelentemente traducido por Ángeles de los

Santos y editado en Periférica, que ya publicase (2014) otro texto de Thackerary,

La historia de Samuel Titmarsh y el gran diamante Hoggarty. Las dos novelas más

prestigiosas del autor son La feria de las vanidades (libro por entregas

protagonizada por Becky Sharp, una arribista sin escrúpulos) y Barry Lyndon

(historia de un granjero irlandés, llevada al cine por Stanley Kubrick).

Berlanga o Buñuel habrían sido idóneos para hacerlo con Una cena en casa de los

Timmins. Los comensales convocados por la señora Timmins en su casa de Lilliput

Street, callejita próxima Hyde Park, habría permitido grandes juegos a los dos

directores españoles. Parienta del conde Bungay, esposa de un abogado

complaciente, mujer bastante simple, la dama se empeñó en organizar una comida

donde lucir que también su familia merece figurar entre el encopetado señorío de

la alta burguesía londinense. Ningún sacrificio le parecerá poco para lograr el

éxito. Sólo que no ha tenido en cuenta las pocas posibilidades, ni siquiera las

económicas, que en verdad le asisten para quedar bien ante tan ácidos invitados,

una veintena (en el salón sólo caben cómodamente diez) de supuestos “amigos”,

que despellejarán a los Timmins sin piedad alguna. Servicios, cocineros y maître

contratados en búsqueda de mayor lucidez, contribuirán bien poco al lucimiento

proyectado. Para colmo, un cúmulo de azares convergen en arruinar la velada

(incluso la lámpara del comedor se vino abajo)… y la propia economía familiar. El

lector lo intuye desde las primeras páginas y asiste desolado al desarrollo de los

acontecimientos, por otra parte previsibles, con más compasión que risas ante

tamaña desmesura.

Enorme sátira de la sociedad capitalista (Inglaterra fue la cuna), la obra no ha

perdido vigencia, seguramente porque en el Occidente rico (quizás no tanto como

nos creemos sus privilegiados detentadores), las figuras de míster y lady Timmins,

en lugar de desaparecer, se han multiplicado por todas partes. Puede que incluso

nosotros mismos los encarnemos total o parcialmente. Tampoco resulta difícil

localizar paradigmas de sus sardónicos invitados. La novela retrata un mundo

todavía, por desgracia, bien vigente. Es lo que consiguen los grandes de la

literatura: hacer que sus escritos se conviertan en ucrónicos y atraigan de la misma

forma a hombres y mujeres de cualquier época. Esa es la virtud de los clásicos.

 

William M. Tackeray, Una cena en casa de los Timmins. Cáceres, Periférica, 2016

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EULALIA DE MÉRIDA
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Manuel Pecellín | 25-06-2016 | 9:37| 0

 

 

Catedrático de Literatura, Serrano Carijo (Valladolid, 1942) ejerció la docencia, hasta su jubilación, en diferentes Institutos de Segunda Enseñanza.  Ha publicado un buen número de obras, entre las que cabe recordar Un paseo bajo la media luna. Almuñécar islámica (2007, 20013), La corte del Parnaso. Doce paseos literarios por Madrid (2007) o El humanismo en Andalucía (1492-1598) (2009). Como buen germanista, tiene en alemán, junto con Rolf Neuhaus , otros títulos sobre poetas españoles, con especial atención a los andalusíes.

Fue sin duda su estancia docente en Mérida lo que lo indujo a interesarse por la figura más famosa de la ciudad, la virgen Eulalia, joven patricia muerta  durante la dominación  romana (comienzos del siglo IV) y pronto convertida en uno de los grandes mitos del martirologio cristiano. El volumen a ella dedicado (362 páginas), con tanta documentación como lucidez y claridad expositiva, consta de dos partes: un estudio de los  principales textos que diferentes autores han ido componiendo a lo largo de los siglos con la santa (Eulalia, Olalla,  Oria, Eulária) como protagonista y la reedición crítica de todos ellos, vertidos al castellano los compuestos originariamente en latín. Federico García Lorca es la voz donde confluye esta tradición lírica, que en la pluma del andaluz alcanzará una de las máximas cumbres de la literatura. A él se le dedica lo sustancial del libro.

Es Prudencio quien inaugura la serie con el excelente Hymnus in honorem passionis Eulaliae Beatissimae Martyris (sea suyo o no el título). Serrano lo reproduce según la traducción realizada por A.M. Cayuela, jesuita que se propuso verter en endecasílabos blancos los pentásticos del de Calahorra. Sus dos largos centenares de versos se incluyen en el Peristéfanon , como un cálido  homenaje a “la que habla bien” (significado griego de “Eulalia”). Serrano lo tiene por un poema épico martirial, cuyos entresijos, recursos  e influencias literarias desmenuza sabiamente.

-El mismo tratamiento da a la Pasión de la santa y beatísima Eulalia, virgen y mártir de Cristo, torturada en la ciudad de Mérida bajo el legado de Calpurniano cuatro días antes de los idus de diciembre, redactada originalmente en latín el siglo VII y vertida al español por el propio Serrano.

-Fray Luis de Granada, que en sus días anduvo por Badajoz, dedicaría también a la mártir un atractivo texto en la obra De la introducción del símbolo de la fe, siendo la emeritense la protagonista del Aucto de Santa Eulalia. Este segundo se toma de la Colección de Autos, Farsas y Coloquios del Siglo XVI, preparada por Leo Rounet, si bien se la limpia de sus no escasos errores gramaticales y métricos.

Ahora bien, según dije, es Lorca quien ocupa la mayor parte del libro. Serrano, que recoge también ecos de la santita por tierras de Asturias (en bable)  o Cataluña (atención a la supuesta segunda mártir homónima) y de los numerosos escritores emeritenses con poemas a Santa Eulalia (ninguno como Rafael Rufino Félix), no oculta su admiración por el genial granadino. Estudia especialmente la génesis y alcances del Romancero gitano, la obra (“putrefacta”, según Dalí) donde Lorca incluye el “Poema de Santa Olalla”, aparecido antes exento en la Revista de Occidente (1928), de donde aquí se transcribe, anotando las futuras variantes de la edición princeps. El análisis que  se hace de estos 74 versos, cima de la poética lorquiana, es sencillamente magistral.

Dedicado a los alumnos del IES de Santa Eulalia de Mérida,  cierra el libro un conjunto de apéndices (10), el último con la selecta bibliografía.

 

Jesús Serrano Garijo, De vírgenes, verdugos y poetas. El martirio de Santa Eulalia de Prudencio a García Lorca. Granada, Editorial Alhulia, 2014.

 

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EN EL OESTE EXTREMEÑO
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Manuel Pecellín | 18-06-2016 | 9:36| 0

 

 

Parafraseando a J. Ramón Jiménez (Ningún libro verdadero se ha escrito nunca “como libro”), Pureza advierte en la entradilla que tampoco este su discurso de ingreso en la R. Academia de Extremadura  se compuso originariamente como pieza oratoria. En efecto, y según  también decidieron otros que la han precedido (Eduardo Naranjo, Gerardo Ayala, Luis de Llera ), la autora ha escrito un auténtico ensayo, de donde extraería después la  alocución que dirigiese ante el largo centenar de personas concitadas en el Salón de Actos de dicha Institución para acompañar a la recipiendaria.  Habían sostenido su candidatura Miguel del Barco, Antonio Gallego  y Feliciano Correa. Es la tercera mujer elegida recientemente para formar parte de la Academia extremeña, junto con Carmen Fernández-Daza y María Jesús Viguera Molins. Políticos, familiares, paisanos, académ icos y, sobre todo, un notable número de poetas siguieron con perceptible admiración las profundas reflexiones de esta mujer menuda, dinámica y exigente.

Nacida en Moraleja, al oeste de la  Extremadura que Jálama distingue, Pureza Canelo irrumpió  muy joven en el panorama poético español al obtener el Premio Adonais 1970, galardón concedido tradicionalmente a poetas masculinos. Durante los años 1975-1983 dirige el  Departamento de Actividades Culturales Interfacultativas de la Universidad Autónoma de Madrid en la que crea el Club de Escritores Universitarios .  E1 1977 funda  en Moraleja el Aula de Cultura y Biblioteca Pública, que hoy luce su nombre. En 1975 obtuvo una Beca Juan March para la creación poética y en 1982 disfruta de una beca similar otorgada por el Ministerio de Cultura. Coordina en 1993 la celebración nacional del Medio Siglo de la Colección Adonais, así como el I Centenario del poeta Gerardo Diego en 1996. Ha sido galardonada con los premios de poesía «Juan Ramón Jiménez» (1980) del Instituto Nacional del Libro Español y «Ciudad de Salamanca» (1998). Ha sido traducida a varios idiomas y con amplitud al inglés y al alemán e incluida en destacadas antologías de ámbito nacional e internacional. Impulsora de colecciones poéticas desde mediados de los setenta, dedica un tiempo importante a la gestión de actividades en el ámbito de la comunidad científica y universitaria. Desde 1999 es Directora Gerente de la Fundación Gerardo Diego, que refundó ese mismo año junto con Elena Diego. En 2009 la Unión de Bibliófilos Extremeños le dedicó el Homenaje del Día del Bibliófilo en la ciudad de Almendralejo y con este motivo se publica en torno a su obra el volumen Esfera Poesía. Su libro Dulce nadie recibe el Premio de Poesía Francisco de Quevedo, de la Villa de Madrid 2009. En 2011 se le otorga el XV Premio de Poesía Ciudad de Torrevieja por A todo no lo amado.

Entre sus títulos más destacados figuran Celda verde (1971), Lugar común (1971, El barco de agua (1974), Habitable (Primera poética) (1979), Tendido verso (Segunda poética) (1986), Pasión inédita (1990), Moraleja (1995), No escribir (1999), Dulce nadie (2008), Poética y Poesía (2008), Cuatro poéticas (2011), A todo lo no amado (2011) y Oeste (2013).

Alguien que ha vivido por y para la poesía, tiene lógicamente mucho que decir sobre  el hecho literario. En su tan brillante como hondo discurso, la ya académica numeraria desarrolló las claves que definen su quehacer poético.  Oeste en mi poesía propone un lúcido recorrido a través de sus obras, bajo el prisma de poemas marcados por el signo de los propios orígenes: simbología del agro, biografía unida a la naturaleza, y en todo ello la reflexión metapoética con una lectura de la ruralidad desde el S. XXI, ajena completamente al neocostumbrismo. En el discurso fue  comentando una selección de textos poéticos que reflejan su historia humana, entrelazada al lugar de nacimiento y la influencia del medio, con un recordatorio a la cultura de costumbres y artes desaparecidas, y con suave guiño a la antropología, fuente de conocimiento. Este espacio de creación literaria está escasamente transitado en la poesía española contemporánea.

Le contestó Antonio Gallego, quien, con enorme erudición y absoluto conocimiento de la poesía de la ya numeraria, vino a confirmar la plena vinculación de la escritora con el  Oeste donde vio la primera luz. Para demostrarlo, hace  especial hincapié en algunos de los “poemas reversibles” de Pureza Canelo analizándolos con singular brillantez.

Completa la edición la bibliografía de  y sobre  la nueva académica, elaborada por José Manuel Fuentes.

 

Pureza Canelo, Oeste en mi poesía. Trujilllo, Real Academia de Extremadura, 2016

 

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