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Autor: manuelpecellin
RELIGIOSIDAD POPULAR AFROAMERICANA
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Manuel Pecellín | 10-06-2017 | 7:16| 0

 

 

Los autores de este volumen con 360 páginas e ilustraciones generosas (una imagen vale más que mil palabras) son siete, número que, tratándose de estudios dedicados a dioses, orishas, santería y vudú, acaso no resulte ocasional o, al menos, insignificante.

Son sus editores y coautores José Ignacio Urquijo Valdiveso (Laudio-LLodio, 1960), antiguo profesor de Sociología en la Universidad de Extremadura, y Tomás Calvo Buezas (Tornavacas, 1936), catedrático emérito de Antropología de la Complutense. Ambos son también licenciados en Teología. La obra constituye un homenaje a Ildefonso Gutiérrez Azopardo, tal vez el mejor afroamericanista español, fallecido en Madrid el año 2011, tras  seis lustros de estancia en Latinoamérica; se reproducen tres trabajos suyos. El volumen recoge también estudios de  los antropólogos Félix Báez-Jorge (México, 1944),  la catedrática brasileña Rita Laura Segato, la cubana Aída Esther Bueno Sarduy y Narciso J. Hidalgo,  nacido también en Cuba, profesor hoy de la Universidad de St. Petersburg (Florida).

La obra ofrece así un atractivo “mapa iris étnico”,  donde se configura el extraordinario simbolismo que encierra la religiosidad popular vigente en los países centro y suramericanos, cuya población indígena, antiguos esclavos traídos de África y colonos blancos, darán origen sincréticamente, en un contexto sociocultural plagado de tensión múltiple, a manifestaciones culturales únicas. Su análisis, merced a las herramientas que las ciencias sociales proporcionan, permite entender los orígenes, desarrollo y riqueza de esta cultura religiosa, muchas veces vivida como signo de identidad, centrándose en trabajos de campo hechos en Brasil, Colombia, Cuba y República Dominicana (más un apunte sobre la actual “migración” de los orishas a la antigua metrópolis).

Tomás Calvo suscribe dos colaboraciones. La primera, redactada en prosa coloquial, de la que el texto se resiente (la obra toda habría requerido una más atenta corrección de pruebas), es de carácter panorámico, con múltiples flashs sobre los países por él recorridos, cámara en ristre, atento a cualquier fenómeno etnográfico que se le presente. La segunda se titula  “Indios, negros y hacendados: un caso paradigmático compulsivo en el siglo XVIII”. Basándose en el informe manuscrito por Fr. Joseph Palacios de la Vega, exmilitar profeso con los franciscanos, que funciona  en Cartagena de Indias  a la vez como soldado, colonizador y misionero, el autor pondera el papel que la Iglesia tuvo en la aculturación de la sociedad iberoamericana.

Proceso en absoluto pacífico, explicaba Gutiérrez Azopardo, quien en un primer trabajo describe  la “cultura de la resistencia”, ocupándose de los negros alzados, huidos de la esclavitud, los cimarrones refugiados en “palenques” (zonas libres, inaccesibles a los “dueños”, con especial trascendencia en Haití), a la búsqueda de tierra y libertad. “Lo único que no pudo ser secuestrado ni sometido del africano, esclavizado por la inhumana trata negrera en el expolio de cinco siglos, fueron sus dioses”, escribe el llorado antropólogo al inicio de su  artículo sobre los cultos afrocaribeños (con atención especial al vudú), tema también abordado por Urquijo.

Magnífica muestra de la fusión entre los “orishas” (hasta treinta divinidades africanas) y las figuras del santoral católico es la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, que ha resistido los embates de la revolución, según analiza Félix Báez-Jorge, tan experto en los “caminos de Ochún”. Algo parecido ocurre en Brasil, donde R. Laura Salgado presenta diosas como Iemanjá, que yo conocí en las magníficas novelas de Jorge Amado, rezumantes de erotismo, según Aída E. Bueno y Narciso J. Hidalgo  nos descubren en la Santería cubana, la Regla de Ochá (Cuba) o el Xangó de Recife.

El libro ha contado con una ayuda para la edición del Centro Extremeño de Estudios y Cooperación con Iberoamérica (CEXECI) de la Junta de Extremadura.

José Ignacio Urquijo Valdivieso y Tomás Calvo Buezas, Cultos afroamericanos. Navarra, Ediciones Eunate, 2016.

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AHORA QUE ME ANOCHECE
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Manuel Pecellín | 05-06-2017 | 11:46| 0

 

A Pablo Jiménez es difícil encontrarlo en antologías, estudios generacionales, publicaciones periódicas, libros-homenaje, actas de congreso o entregas comunes. Siendo uno de los poetas extremeños con mayor calidad, resulta poco conocido ni siquiera para los estudiosos de nuestras letras. Él siempre prefirió conducirse como lobo estepario, lejos de grupos y capillas, sin pagar los consabidos peajes,  independiente y libre, soledad elegida, pero que impone óbolos.

Nacido en Navalmoral de la Mata (1943), recibe una sólida formación en el Seminario de Plasencia, donde cursa Humanidades y Filosofía. (Su hermano Antonio, prematuramente fallecido, profesor de la Complutense, será uno de los máximos conocedores de Krause y la Institución Libre de Enseñanza). Compagina estudios con los de Solfeo y Piano en el Conservatorio de Madrid. Allí se afinca el año 1962, trabajando, hasta jubilarse, en el sector bancario, sin abandonar sus dedicaciones a la escritura y la música. Junto a otros jóvenes poetas funda a mitad de los 70 el “Colectivo 24 de enero” (en memoria de los abogados asesinados en Atocha). Publica allí su primer libro, La luz bajo el celemín  (1978), al que siguen Cáceres o la piedra y otras soledades (1981), Descripción del paisaje  (Premio Ciudad de Badajoz, 1981) y  El hombre me concierne (Premio Ciudad de Toledo 1985). Tras sumirse en un lapsus editorial, vuelve al público con la entrega recopilatoria, hecha para Beturia, La voz de la ceniza (2004) y  Prosas para habitar la noche (2005), sumiéndose otra vez en el silencio –acaso su tendencia natural-, que rompe en el lustro último con Círculos (Premio Leonor, Soria, 2015),  Ars moriendi (2016) y el libro  que ahora presentamos.

La voz varonil de Pablo Jiménez, tan rumiada y pura  como plena de matices y guiños culturales (desde la Biblia  a los escritores clásicos, creadores o filósofos,  sin omitir continuas alusiones a las grandes piezas musicales de cualquier tiempo) se produce siempre sometida a depuración y ritmo, en versos libres y poemas de gran aliento. Ahonda en las grandes cuestiones existenciales, no sin  referencias al presente cotidiano (cada vez menos), ni dejar de aludir al mundo de la infancia y juventud, cuyas huellas, acaso veladas,  resultan omnipresentes.

Así se percibe en este nuevo poemario, de tan escueto título, Quién, término con el que se inician tantas entregas, sobre todo en el campo de la Filosofía. Finalista del Premio Cáceres, el jurado decidió comprometer al Ayuntamiento de la ciudad, organizador del prestigioso certamen,  para que lo publicara en la colección de los ganadores. Y así se ha hecho,  dando a luz un accésit por  vez primera en las 27 convocatorias hasta hoy celebradas. Justa y sabia decisión, debemos decir, tras disfrutarlo en papel impreso.

La obra, que abre con unas palabras dirigidas por  el gran músico H.J. Haydn, “ya con el pie en el estribo”, a su primer biógrafo, G.A. Griesinger, explicándole sus claves estéticas, exhibe también una estructura armónica: en la parte primera y más breve, “fuegos fatuos”, se adelantan los motivos que la inspiran; va acelerándose, como un Allegro, en la segunda, “¡Ah, milagrosamente…”, entrada anafórica de todos sus poemas, para expandir y alcanzar el clímax lírico en “a propósito de los dioses”.  Tras elevarnos, sumergirnos y revolvernos emocionalmente, concluye con un apunte tan conciso como revelador: Eternidad: osario de los sueños/ mar muerto sin orillas/tumba vacía, corazón sin pálpito.

 

Pablo Jiménez García, Quién. Cáceres, Ayuntamiento, 2017

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IV FORO SENIOR DE EXTREMADUARA
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Manuel Pecellín | 29-05-2017 | 5:18| 0

 

El sábado 13 mayo 2017 se celebraba en Jerez de los Caballeros una nueva reunión del Club Senior de Extremadura, entidad hoy constituida por 150 jubilados que siguen esforzándose por contribuir al desarrollo de la tierra donde vieron la luz o con la que se sienten vinculados. Aproximadamente la mitad viven fuera de la región, a la que continúan viniendo a menudo por razones varias (desde las familiares o económicas, a las recreativas o nostálgicas). El Club Senior no acepta subvenciones, por mantener más fácilmente su libertad de opinión. Figuran en el mismo, empresarios, médicos, biólogos, profesores, periodistas,  psicólogos, militares, escritores, ingenieros, economistas, sociólogos, abogados,  sacerdotes y administrativos, lógicamente de ambos géneros, abierto a cuantos quieran ingresar.

Según propuso la Junta directiva, esta última reunión se centraba en el análisis  de la situación económica de la Comunidad durante el ejercicio de 2016. Invitaron a un grupo de veinte expertos para que realizaran los análisis necesarios y presentaran sus conclusiones ante los reunidos en la ciudad templaria. Una densa  publicación de 78 páginas tamaño folio recoge el fruto de aquellas labores. Entre los firmantes, todos de reconocida solvencia, figuran investigadores tan reconocidos como Manuel y Pedro Martín Ruiz,  Valeriano Ruiz Hernández, José Marcelo Muriel Fernández, Norberto Díez, Rosalía Guntin Hubiergo, Carmen Baztán Larribe, Pilar Pérez Brena o Antonio-José Campesino Fernández.

La publicación ofrece, tras el preliminar, un conjunto de informes, compuestos por el equipo especializado en el tema, con su correspondiente coordinador, que versan sobre la macroeconomía, infraestructuras, sector agrario, energías, patrimonio y turismo, políticas sociales e industria de la Región. No puede decirse que conformen una panorámica reconfortante, por lo que aún son más valiosas las propuestas de actuación ofrecidas tras cada capítulo y que el manifiesto final resume.

El hecho constatado más destacable es el estancamiento de la economía extremeña, provocando que la convergencia de la región con el resto de las Comunidades de España  no se consigue, incluso empeora aún más (pese a ser la más beneficiada por los Fondos Europeos: hasta 30.000 millones de euros en los últimos 30 años). Se recuerda que tenemos la última posición en índice de paro; sufrimos una persistente disminución y envejecimiento de habitantes (con la tercera parte en riesgo de pobreza y/o exclusión social); nuestro PIB crece por debajo de la media nacional; el déficit de presupuesto es el segundo mayor de España; no se llega al aprobado en ninguna de las áreas sometidas al informe PISA; un sector público superdimensionado, con excesiva y mal coordinada burocracia ; red ferroviaria inadecuada; carencia de una gran industria de transformación de los productos agroganaderos y hortofrutícolas; exceso de proteccionismo a consecuencia de la Red Natura2000 (casi un tercio del territorio); mínimo y caro consumo de las energías renovables; escasa atención a la biomasa; incomunicación entre la Universidad y el tejido empresarial, etc. En pocas palabras, la mercado laboral extremeño no sólo no generar empleo, sino  que los destruye, incapaz de mantener el existente.

Se reconocen, cómo no, aspectos positivos: red de carrera magnífica (ahora necesitada de conservación); rico y extenso paisajístico, arqueológico e histórico-cultural; abundancia de agua dulce; un sector TIC (sociedades de la Información) aún modesto, pero creciente; capacidad de productos valiosos (tomate,  vino, aceite, tabaco, maíz, arroz, embutidos, pimentón, cerezas…), incrementados por el regadío; reducción del cambio climático merced a las absorciones de CO2; ofertas turísticas cada vez más demandadas, etc.

Las experiencias empresariales de tanto éxito como Tany Nature y Cristian Lay,  proyectadas desde Extremadura a nivel internacional y que sus respectivos presidentes (Atanasio Naranjo y Ricardo Leal) refirieron en este  IV Foro, testimonian la necesidad y posibilidades de cambio de un modelo económico inoperante.

 

 

El sábado 13 mayo 2017 se celebraba en Jerez de los Caballeros una nueva reunión del Club Senior de Extremadura, entidad hoy constituida por 150 jubilados que siguen esforzándose por contribuir al desarrollo de la tierra donde vieron la luz o con la que se sienten vinculados. Aproximadamente la mitad viven fuera de la región, a la que continúan viniendo a menudo por razones varias (desde las familiares o económicas, a las recreativas o nostálgicas). El Club Senior no acepta subvenciones, por mantener más fácilmente su libertad de opinión. Figuran en el mismo, empresarios, médicos, biólogos, profesores, periodistas,  psicólogos, militares, escritores, ingenieros, economistas, sociólogos, abogados,  sacerdotes y administrativos, lógicamente de ambos géneros, abierto a cuantos quieran ingresar.

Según propuso la Junta directiva, esta última reunión se centraba en el análisis  de la situación económica de la Comunidad durante el ejercicio de 2016. Invitaron a un grupo de veinte expertos para que realizaran los análisis necesarios y presentaran sus conclusiones ante los reunidos en la ciudad templaria. Una densa  publicación de 78 páginas tamaño folio recoge el fruto de aquellas labores. Entre los firmantes, todos de reconocida solvencia, figuran investigadores tan reconocidos como Manuel y Pedro Martín Ruiz,  Valeriano Ruiz Hernández, José Marcelo Muriel Fernández, Norberto Díez, Rosalía Guntin Hubiergo, Carmen Baztán Larribe, Pilar Pérez Brena o Antonio-José Campesino Fernández.

La publicación ofrece, tras el preliminar, un conjunto de informes, compuestos por el equipo especializado en el tema, con su correspondiente coordinador, que versan sobre la macroeconomía, infraestructuras, sector agrario, energías, patrimonio y turismo, políticas sociales e industria de la Región. No puede decirse que conformen una panorámica reconfortante, por lo que aún son más valiosas las propuestas de actuación ofrecidas tras cada capítulo y que el manifiesto final resume.

El hecho constatado más destacable es el estancamiento de la economía extremeña, provocando que la convergencia de la región con el resto de las Comunidades de España  no se consigue, incluso empeora aún más (pese a ser la más beneficiada por los Fondos Europeos: hasta 30.000 millones de euros en los últimos 30 años). Se recuerda que tenemos la última posición en índice de paro; sufrimos una persistente disminución y envejecimiento de habitantes (con la tercera parte en riesgo de pobreza y/o exclusión social); nuestro PIB crece por debajo de la media nacional; el déficit de presupuesto es el segundo mayor de España; no se llega al aprobado en ninguna de las áreas sometidas al informe PISA; un sector público superdimensionado, con excesiva y mal coordinada burocracia ; red ferroviaria inadecuada; carencia de una gran industria de transformación de los productos agroganaderos y hortofrutícolas; exceso de proteccionismo a consecuencia de la Red Natura2000 (casi un tercio del territorio); mínimo y caro consumo de las energías renovables; escasa atención a la biomasa; incomunicación entre la Universidad y el tejido empresarial, etc. En pocas palabras, la mercado laboral extremeño no sólo no generar empleo, sino  que los destruye, incapaz de mantener el existente.

Se reconocen, cómo no, aspectos positivos: red de carrera magnífica (ahora necesitada de conservación); rico y extenso paisajístico, arqueológico e histórico-cultural; abundancia de agua dulce; un sector TIC (sociedades de la Información) aún modesto, pero creciente; capacidad de productos valiosos (tomate,  vino, aceite, tabaco, maíz, arroz, embutidos, pimentón, cerezas…), incrementados por el regadío; reducción del cambio climático merced a las absorciones de CO2; ofertas turísticas cada vez más demandadas, etc.

Las experiencias empresariales de tanto éxito como Tany Nature y Cristian Lay,  proyectadas desde Extremadura a nivel internacional y que sus respectivos presidentes (Atanasio Naranjo y Ricardo Leal) refirieron en este  IV Foro, testimonian la necesidad y posibilidades de cambio de un modelo económico inoperante.

 

AA.VV., IV Foro . Jerez de los Caballeros, Club Senior de Extremadura, 2017

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EL CARNICERO DE MAUTHAUSEN
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Manuel Pecellín | 19-05-2017 | 8:00| 0

       Aunque con menos capacidad de exterminio que Auschwitz, el también terrible campo de Mauthausen queda en la memoria colectiva como símbolo del horror absoluto. Sobre todo para los españoles: casi 5.000 fueron exterminados en aquella concentración de barbarie, marcada por su cantera de granito y la escalera de 186 que los reclusos debían subir varias veces cada día cargados con un bloque casi siempre superior a sus fuerzas. No obstante, sobrevivieron unos 2.000, gracias sin duda a la organización y solidaridad clandestinas que lograron establecer aquellos republicanos, curtidos en nuestra guerra civil y en la resistencia contra la Wehrmacht . Uno de ellos, Francisco Boix, fotógrafo del campo, pudo ocultar los negativos que resultaría claves para inculpar a los jerarcas de las SS procesados en Nürenberg. Emociona saber que,  al entrar el Ejército norteamericano en Mauthausen (5-V-1945), banderas republicanas habían sustituido a las nazis y  cubría la puerta una gran pancarta, hecha con sábanas,  en la que se podía leer: «Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras».

Entre los responsables de los centenares de miles allí muertos (casi todos no judíos alemanes y extranjeros  acusados de oponerse políticamente al III Reich), ninguno tan celébre como Aribert Heim, un médico de las Schutzstaffel, más conocido por el “Doctor Muerte”. El humor negro de los españoles lo apelaba “El Banderillero”, conocida su afición a poner inyecciones directas de compuestos tóxicos fulminantes en los corazones de sus víctimas. Nacido el año 1914, nunca se pudo certificar el fallecimiento de este discípulo de Mengele, aunque los más hábiles “cazadores de nazis” lo buscaron por medio mundo (Alemania, España, Argentina, Paraguay, Chile, Egipto, etc.). La camaleónica capacidad del vesánico galeno, que nunca se arrepintió de sus fechorías, ayudado por “Odessa” y otras complicidades, lo hizo eludir siempre a los posibles captores.

José Luis Muñoz (Salamanca, 1951), novelista que tantos premios cuenta en su haber, ya abordó literariamente el fenómeno presidido por Hitler en obras como El mal absoluto (P. Ciudad de Badajoz 2008). Reincide con El rastro del lobo, compleja obra cuyo protagonista es el inasible “Carnicero de Mauthausen”. Compuesta según factura cinematográfica, a base de flashs narrativos muy plásticos, aunque sin seguir el orden cronológico, bien documentada históricamente, cabe calificarla como “novela negra”. En efecto, junto al relato de las barbaridades cometidas por Heim, el libro bascula sobre las peripecias que sufre Joachim Schoöck, un policía de Stuggart con pasado misterioso, tratando se seguir las pistas del resbaladizo galeno. Siempre lo avisa algún cómplice cuando están a punto de detenerlo.

J.L. Muñoz engancha a los lectores por su dominio del discurso y ágil prosa (en ocasiones con máculas, como ese “más mayor” de las páginas 166 y 168, o la reiteración próxima del mismo término). Sabe recrear como pocos el asfixiante ambiente concentracionario, hasta hacernos sufrir con las vesanias increíbles allí cometidas. Lo mismo que  nos introduce en los sórdidos callejones de El Cairo; las soledades del latifundio suramericano; las oficinas de los agentes israelíes del Mossad o del Centro Wiesenthal; las dulzuras de Baden Baden o la laboriosidad de Stutggart, territorios implicados en la siempre frustrada persecución de Heim (también Ham, Karl Böhle, Tarek Husseim Farid o como quiera que se llamen bien el “Doctor Muerte” o los dobles urdidos para ocultarlo).

Tal vez no pueda, o deba, escribirse poesía después de Auschwitz (Th. Adorno). Pero la Shoah y sus ejecutores nunca serán suficientemente denunciados.

 

José Luis Muñoz, El rastro del lobo. Granadas, Ediciones Traspiés, 2017.

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MADRID EN GUERRA
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Manuel Pecellín | 12-05-2017 | 8:02| 0

 

 

En literatura (ocurre lo mismo con el cine, la música o las artes plásticas) siempre nos quedará el Madrid asediado por las fuerzas franquistas durante los años 1936-39.  Sigue siendo fuente, al parecer inagotable, de inspiración aquella urbe de donde, bien pronto, se marcharon rumbo a Levante, buscando mayor seguridad, los miembros del Gobierno y tanta gente (artistas, intelectuales, mílites, políticos) comprometidas con la causa republicana. Hasta el oro y  su mejor museo huyen. Los milicianos, con ayuda de las Brigadas Internacionales, más algunos  militares fieles, asumirían la defensa, encendidos por el “no pasarán”.

Madrid sufre enormes penalidades, que se incrementan según pasan los meses: asaltos, bombardeos, hambre, robos, miedo,  carencias múltiples, desórdenes de todo tipo, como los temibles “paseos”. Son tantos los autores que lo describen… Cada uno, claro está, desde sus propias perspectivas, extremadas muchas veces. Así,  es posible leer que la ciudad pasó en poco tiempo “de corte a cheka”, o que vino a ser el modelo heroico y sublime  de lucha contra el los fascistas. Aunque sin incidir en maniqueísmos trasnochados, la autora de La espina del gato, se adscribe más bien a la segunda tesis, según deja entrever el subtítulo: “El Madrid de la Guerra Civil fue la Numancia del siglo XX. Una conmovedora historia de amor y amistad”.

Yolanda Regidor (Cáceres, 1970), licenciada en Derecho, con un máster en Psicosociología, formadora ocupacional y asesora jurídica en proyectos sociales, había publicado otras dos novelas: La piel del camaleón  y Ego y yo (Premio Jaén 2014). La que aquí presentamos constituye una excelente prueba de madurez narrativa, basada en un discurso con registros múltiples, hábilmente entrelazados. Su núcleo es la voz de la protagonista,  que funciona a dos bandas, según la tome la abuela que hoy es o la preadolescente sumergida en el infierno-paraíso madrileño del 36. Irá evocando, en primera persona, sus vivencias (muchas parecen inverosímiles), dejando caer a cuenta gotas cómo se desarrolló  después su vida, hasta hoy. Al grueso de la urdimbre se unen otros hilos, como las cartas que el padre, miembro de la FETE-UGT, dirige desde el frente a la madre, maestra, menos ideóloga, pero  lúcida y comprometida. Proclamas, panfletos, romances de guerra, canciones populares,  alocuciones de radio, etc., van incorporándose también para reforzar el contexto. La guerra alteró incluso el lenguaje cotidiano,  según pasa a expresarse la gente. Hasta un Madrid enfebrecido llegan ecos exteriores, como el de la masacre en la plaza de toros de Badajoz o el asesinato de Lorca.

Aunque el clima bélico no fuera el más propicio, o tal vez sí, en aquellas duras circunstancias surge la entrañable amistad, elevada luego a amor, entre la niña y dos adolescentes, también abandonados en las  calles madrileñas. Auténtico “Gavroche” uno; de torturada psicología el otro, cuentan con la relativa protección del joven “Malatesta”,  ácrata  lúcido y valiente, otro personaje bien definido. Sobrevivirán en difíciles circunstancias, debiendo tomar tremendas decisiones, que nada ayudan a superar “la espina”, las inquietudes existenciales experimentadas por la narradora desde sus primeros años. Los tres quedarán heridos para siempre (como todo el país), si bien a la postre resulten más afortunados que la mayoría.

Yolanda Regidor, se ha dicho, es la nueva Almudena Grande de la narrativa española.

 

Yolanda Regidor, La espina del gato.  Córdoba, Editorial Berenice, 2017.

 

 

 

 

 

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