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Autor: manuelpecellin
VINO Y POESÍA
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Manuel Pecellín | 19-09-2017 | 10:04| 0

POESÍA      EMBOTELLADA

 

Conocí a Francisco Gallego Santos, profesor de inglés, como miembro de aquel claustro inolvidable que tan concienzudamente laboró en el IES Zurbarán  durante los lustros últimos del pasado siglo y principios de éste. Aunque breve tiempo, fue también Director General de Cultura de la Junta de Extremadura. Considerado por todos un profesional irreprochable,  reconocido “amateur” en música, pintura y cine, lector tenaz, compuso hace ya tiempo un originalísimo Diccionario,  ingenioso e iconoclasta,  Las 4.000 palabras más frecuentes en inglés—mor or less ( Publicaciones Formativas, 1995   ). Otros textos suyos bien habrían merecido trascender los límites de la edición casera.

Esta vez se propuso  publicar  artesanalmente, pero de forma exquisita,   un volumen antológico de casi 300 páginas, Poesía embotellada, con el subtítulo “Cosecha recogida y seleccionada por John Silver”. El nombre del  filibustero tullido que Stevenson inmortalizase en La isla del tesoro resulta muy oportuno para enmarcar un libro que el propio autor dice haber sido pirateado en Badajoz como vendimia de este reseco 2017.

La recolección  tuvo lugar en viñas bien distantes en el espacio y el tiempo. Los poemas, todos los cuales tienen el vino como núcleo temático, proceden de la antigüedad grecolatina, el mundo  judío, la cultura musulmana (perdonen los fanáticos del Islam), los clásicos españoles,  el romancero popular, los románticos anglosajones, los modernistas  de varias lenguas y los escritores hispanoamericanos.

Para mayor deleite del lector, los poemas se adornan con la reproducción de hermosísimas pinturas, igualmente iluminadas por el espíritu de Baco, solicitadas a los máximos creadores (Manet, Renoir, Van Gogh, Velázquez, Monet, Brueghel,  Caravaggio, Teniers, Goya, Sorolla, Matisse, Cezanne, Gauguin, Dalí, Picasso,  Chagall, Munch,  Botero, etc.), sin olvidar curiosísimas tablas medievales.

En el oportuno colofón –una gran copa mediada, de tinto- leemos que la edición fue preparada escuchando el “Brindis” (Marina) de Emilio Arrieta, en los ilocalizables Talleres Moon de Pardaleras (Badajoz), durante la vendimia de 2017. ¡Bien vale, como creo, un vaso de bon vino!

 

Paco Gallego, Poesía embotellada. Badajoz, autoedición , 2017.

 

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CABALLOS, GALGOS Y MASTINES PAPALES
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Manuel Pecellín | 17-09-2017 | 6:45| 0

 

“!Qué sublimidad para el mal tiene el jesuitismo!”, leemos en La araña negra, célebre novela de Blasco Ibáñez. No menos crítica contra la Compañía de Jesús será otra novela española algo posterior, A. M. D. G., de Ramón Pérez de Ayala. Si bien en las letras castellanas hay textos anteriores de rotundo cariz antijesuítico, como el famoso Diccionario crítico burlesco de Bartolomé José Gallardo (en realidad, un epígono del Dictionnaire philosophique de Voltaire), tan perseguido por la Inquisición.
Menos agresiva contra la orden religiosa fundada por S. Ignacio se muestra la obra de Agustín Muñoz Sanz, aunque tampoco aquí los jesuitas salgan especialmente bien parados. “Los nuestros son como caballos ligeros, que han de estar siempre a punto para acudir a los rebatos de los enemigos para acometer y retirarse y andar siempre escaramuceando de una parte a otra. Y para esto es necesario que seamos libres y desocupados de cargos y oficios que obliguen a estar siempre quedos”, escribió el antiguo guerrero vasconavarro, que nunca abandonó la fraseología militar. El novelista extremeño recurre a otra alegoría para designar a los de la Compañía de Jesús: los ve como los veloces galgos del Papa, que se esfuerzan denodadamente por allegar al sumo Pontífice las “liebres” más valiosas, aunque en ocasiones se comporten entre sí cual feroces mastines. (“Al final del año, corre más un mastín que un galgo”, enseña el refrán español, aquí varias veces repetido).
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Se sitúa la narración en el decenio último del XVI. El mundo católico (escindida Europa por la Reforma protestante) tiene dos supremos líderes: el rey español, Felipe II, y el Pontífice romano, Clemente VIII. En la penumbra, dos instituciones aspiran igualmente a controlar los hilos del poder: la Inquisición hispanorromana, que dirige por entonces Quiroga, el cardenal de Toledo, y la propia Compañía de Jesús, bajo el mando de Acquaviva, “el papa negro”. Todos son recias personalidades. Podrían entenderse bien y combinar de manera armónica sus intereses, pero los prejuicios, orgullo y acaso la deficiente información lo dificultan. A las contradicciones internas de dichas entidades se suman otros factores que inducen disturbios: el expansionismo luterano-calvinista, la amenaza turca, las exigencias de un Nuevo Mundo que evangelizar, los enigmas de China y Japón o el cansancio mismo de tantas tensiones.
La novela narra la actuación de bien definidos personajes que a final de la centuria concurren en Roma para defender tesis, proyectos políticos y programas religiosos acordes con la institución a la que sirven: el trono, la tiara, el sacro Tribuna y la orden jesuita. El relato es absolutamente fiel a la veracidad histórica, producto del serio trabajo de documentación que el novelista hubo de asumir. Las licencias literarias del texto se sitúan en el lenguaje, compuesto con indeclinable voluntad de estilo, con una prosa de extraordinaria pulcritud y sin apenas decaimientos.
El núcleo del relato se centra en torno a la organización de la V Congregación General de la Compañía, órgano supremo de los Jesuitas. La demandan unos, sobre todo los de la provincia de España, entre los que sobresalen los ”memorialistas”, empeñados en reformar la Orden y conseguir mayor independencia frente al procurador general. Éste se opone y, forzado al fin, intenta manipularla. El sumo Pontífice, el rey lusoportugués y la Inquisición quieren estar al tanto de los acontecimientos, sin renunciar a influir en los mismos. Ahí darán sus respectivas batallas otros personajes que también brillan en estas páginas: José de Acosta, el conocido etnógrafo; el cardenal Francisco de Toledo, jesuita como éste y el historiador Pedro de Ribadeneyra, sin olvidar al mismo Greco, cuyo gran cuadro, El entierro del conde de Orgaz, es presentado como una composición alegórica de aquella coyuntura histórica.
En resumen, un texto brillante, una novela histórica bien construida, un libro sobre la condición humana allende las adscripciones religiosas.
Agustín Muñoz Sanz, Los galgos del Papa. Badajoz, Tecnigraf/Periódico HOY, 2017

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MEMORIA DEL HOLOCAUSTO
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Manuel Pecellín | 10-09-2017 | 1:10| 0

La pasada primavera, recibía la LegIón de Honor en Rennes, donde reside, una atractiva anciana: Magda Hollande-Lafon (Záhony, Hungría, 1927). A sus noventa años, esta  mujer judía, criada entre familiares no creyentes,  continúa ofreciendo testimonio de los horrores que hubo de sufrir en los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau (allí gasearon a su madre y hermana), Ravensbruck, Zillerthal, Morgenstern y Nordhausen (en este último se fabricaban piezas para las temibles V1 y V2). De todos lograría escapar merced a la combinación de suerte, valentía y astucia. También a increíbles rasgos de generosidad que pudo recibir en el infierno nazi.

Luego hubo de recomponer su cuerpo y espíritu destrozados, dispuesta al perdón, pero no al olvido, decidida a ofrecer  su testimonio sobre los horrores del Holocausto, pero dispuesta a combatir los factores que condujeron a tan espantosa tragedia. Diplomada en Psicología infantil, con cuatro hijos y numerosos nietos, convertida a la fe católica sin renunciar a sus raíces étnicas, pocas voces tan acreditadas como la de  esta escritora.

“Es Vd. una mujer con un recorrido excepcional, que encarna la compasión, el humanismo y la esperanza. Lejos de cualquier espíritu de odio, es Vd. una gran constructora de paz”, declaraba el general Christophe de Saint Chamas, al imponerle la alta condecoración.

Conmueve leer esta obra, cuya primera parte fue publicada en 1977 (Éditions Ouvrières) con el título Los caminos del tiempo. Revisada y corregida por la autora, se le suma otro texto, de carácter meditativo, De las tinieblas a la alegría. El libro se titula Quatre petits bouts de pain, que me hace recordar la canción dedicada por G. Brassens  a la persona de la Auvernia

“qui sans façons / m’as donné quatre bouts de bois/quand dans ma vie il faisait froid”.

A punto de perecer, a la joven húngara (17 años)  una moribunda le entrega en Birkeneau cuatro mendrugos de pan mohoso, rogándole los coma y viva para testimoniar sobre lo que allí ocurría. Alguien le dona, en aquel inmundo tren de ganado, camino de los hornos crematorios, una rodaja de salchichas. Nunca pudo saber quién derramó aquel chorrito de agua en su garganta sedienta, alejando así la sombra de una muerte segura. Sí reconoce que fue un  tremendo guardián quien, jugándose el cuello, le proporcionó el par de zapatos con que sustituir los que le birló una compañera y sin los cuales habría perecido indefectiblemente. Son algunos rasgos de bondad, entre otros narrados por la autora en aquellos lugares terribles, que la harían seguir manteniendo, pese a todo, la fe en la especie humana.

El libro, calificado por Éliette Abécassis en Le Monde como “luminoso, lleno de vida y esperanza”, va surgiendo de la memoria de Hollande-Lafon según las  asociaciones que las leyes de tan dúctil facultad  dictan, sin seguir un discurso lineal. Sus textos, fragmentarios, de enorme carga lírica, sugieren más bien la prosa poética, cuando no el verso puro y duro. Lleva un preliminar suscrito por Anne-Sophie Jouanneau y Jean Mouttapa. Nathalie Caillibot y Régis Cadiet adjuntan una amplia biografía de la autora. Laura Salas Rodríguez lo ha vertido a un castellano sin mácula.

Magda Hollander-Lafon, Cuatro mendrugos de pan. Cáceres, Periférica, 2017.

 

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ANNIKA KAUNDA
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Manuel Pecellín | 02-09-2017 | 9:42| 0

 

 

Aunque nacida en Sevilla  (1981), Susana Martín Gijón se considera extremeña, como también lo es  su gran creación literaria,  Annika Kaunda,   la protagonista de sus novelas negras , una agente de origen namibio llegada a  Mérida, en cuya comisaría trabaja. La autora, licenciada en derecho,  se especializó en relaciones internacionales y derechos humanos, lo que le proporciona numerosos recursos para su escritura. Como también el haber sido  Directora General del Instituto de la Juventud de Extremadura, cargo que ocupó entre el 2007 -2011, y Presidenta del Comité contra el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia. Colabora en plataformas nacionales e internacionales, tipo la Asociación por la Igualdad de Género en la Cultura Clásicas y Modernas y la Red de Mujeres Jóvenes Africanas y Españolas. Hoy forma parte de la directiva de la Asociación de Escritores Extremeños.

Con Más que cuerpos inició una saga, proseguida en Desde la eternidadVino y pólvora, todas centradas en Extremadura, no sin numerosos excursos hacia otros territorios, Italia especialmente, por exigencias del guión. Idéntica `protagonista tiene Pensión Salamanca, novela corta subtitulada “Un caso (muy negro) de Annika Kaunda”. Negra es la comisaria afroextremeña; negro el asunto que ha de resolver durante la celebración en la ciudad del Tormes del Congreso de Novela y Cine Negro. A él acuden la escritora y su personaje literario, las dos tan bien allegadas. Entre ellas se establece una  curiosa relación que hubiera encantado a Unamuno, el gran experto en cuestiones ficcionales. Juntas conseguirán resolver el crimen acaecido durante el desarrollo del encuentro universitario en la hermosa ciudad, tan atractivamente dibujada.

Según ha escrito Javier Morales, “a Martín Gijón podríamos emparentarla con los autores de la novela negra mediterránea, los Camillieri, Márkaris, Andreu Martín, Eugenio Fuentes en Extremadura y su detective Cupido, entre otros, con el eco aún cercano de Vázquez Montalbán”.

Similar estructura narrativa exhibe la segunda novela corta que Martín Gijón ha dado a luz en pocos meses, Destino Gijón, también publicada por la andaluza Anantes, casa editorial de la extremeña.  Annika y su creadora, convertida otra vez en protagonista del relato propio, acuden a Asturias, donde coinciden y trabajan juntas. La policía está allí por razones de asueto; la escritora defiende ponencia en la Semana Negra de Gijón. Un cúmulo de circunstancias las conduce a resolver los entresijos del asesinato acaecido justo cuando tantos expertos concurren para tratar de crímenes. Son dos mujeres de extraordinaria personalidad. Pese a las diferencias de origen, profesión y gustos, no pueden por menos de entenderse.

Quienes seguimos la obra de la joven novelista constatamos la creciente calidad de sus entregas, cada una mejor construida y resuelta que las anteriores. Así se percibe, de modo rotundo, en el dominio del lenguaje, el retrato de los personajes y la recreación de los ambientes, sin perder un ápice de la frescura la inventiva e incluso el sentido del humor manifiestos desde sus primeras narraciones. No tardarán en surgir algún experto que lleve al cine a  la muy atractiva Annika Kaunde. Yo no me perderé esa película.

 

Susana Martín Gijón, Pensión Salamanca. Sevilla, Anantes Gestión Cultural, 2016

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POESÍA PORTUGUESA CONTEMPORÁNEA
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Manuel Pecellín | 25-07-2017 | 6:01| 0

Luis María Marina (Cáceres, 1978) es otro de los lusófilos nacidos en estas tierras rayanas. Ya declaró San Pedro de Alcántara (s. XVI) que, “caeteris paribus” (en condiciones iguales), prefería las cosas de Portugal a las de Castilla. Comparte esa afición con México, acrecido por sus trabajos en las Embajadas de este país (2006-2010) y Lisboa (2010-2015). Sobre acontecimientos, características y autores de ambas naciones tiene el extremeño numerosos estudios, que él  ha ido dando a luz junto con sus propios poemarios. También figura en su haber la traducción al castellano de escritores lusos, bastante de ellos atendidos en esta nueva obra, como António Ramos Rosa, Alberto de Lacerda, Nuno Júdice, Rui Knopfli, Ana Luísa Amaral o el infortunado Daniel Faria, “una especie de ángel herido en la raíz”. Por lo demás, según anota  Marina, versiones más o menos completas de algunos capítulos aparecieron antes en monografías o publicaciones periódicas.

La poesía portuguesa alcanzó en el siglo XX, siempre con la inmensa figura de Luis Camôens al fondo y el faro luminoso de Fernando Pessoa proyectándose hacia el futuro, una de las cimas de la literatura universal. Este ensayo se propone dos objetivos fundamentales: definir los rasgos comunes de dicha poética y presentar a los que fueron sus más notables figuras durante la segunda mitad del siglo XX.  Los extraordinarios conocimientos de Marina; su capacidad de análisis y la calidad de una prosa forjada en esa lucha de los creadores exigentes con el lenguaje, hacen que el libro instruya tanto como emociona. Consejo: no omitir la lectura de las abundantes notas a pie de página, pese a la pequeñez de los tipos, porque están repletas de sabiduría. Las traducciones de los textos  que se citan, salvo indicación contraria, pertenecen al estudioso. Ninguno tan relevante como  los del epílogo donde se recogen los seis poemas elegíacos que Alexandre O’ Neill dedicase al suicidio de Nora Mitrani (1961), la enigmática búlgara afincada en París, próxima al surrealismo y pronto también enamorada de Portugal.

A los nombres ya citados, deben añadirse otros muchos sobre los que recae la atención del ensayista, casi siempre con una “nótula” que los define, como Cesário Verde ( “el paseísta lisboeta), Camilo Pessanha (“orive simbolista”), Jorge de Sena (“inextinguile luz”), Sophia de Mello Breyner (“vocación mediterránea”), Carlos de Oliveira (“neorrelaismo superado”), Eugénio de Andrade ( ¿“el epígono portugués del 27 español?”),  el iconoclasta Mário Cesariny,  Herberto Helder (“bordón dionisíaco”), Ruy Belo y su verbo torrencial, el utópico F.H. Pais Brandâo y el polifacético Gastâo Cruz, ha poco fallecido (2014).

A bastantes de ellos se les dedican estudios monográficos y, aunque se salgan de la época acotada, dado el peso que han ejercido sobre sus paisanos, recordaré  igualmente dos lúcidos apuntes: “Fernando Pessoa, ¿un hombre feliz”? y “Mário de Sá-Carneiro” en la corda bamba de la modernidad”, con numerosas referencias a la mítica revista Orpheu (clave para el desarrollo de la literatura portuguesa contemporánea, aunque sólo se editaron dos números. Recuérdese la tesis doctoral que el  extremeño Antonio Sáez Delgado hizo sobre la misma).

Según cabía esperar, el apéndice bibliográfico aparece bien nutrido, así como, pese a su brevedad,  la relación de poetas lusos del s. XX  traducidos al castellano.

 

Luis María Marina, De la epopeya a la melancolía. Estudios de poesía portuguesa del siglo XX. Zaragoza, Prensas de la Universidad, 2017.

 

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