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Autor: manuelpecellin
JOSÉ LUIS BERNAL, POETA
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Manuel Pecellín | 28-12-2015 | 2:03| 0

José Luis Bernal (Cáceres, 1959) podría ser otro ejemplo de un paradigma repetido en la literatura contemporánea: el de los profesores que, dados pronto a la creación poética, van retirándose paulatinamente hacia el mundo de las investigaciones filológicas, el estudio crítico y  el análisis de obras ajenas, más silenciada la voz lírica  propia según se acrecienta su magisterio lingüístico. El actual Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UEX, reconocido experto en las investigaciones sobre la Vanguardia histórica y la Generación del 27, Premio Internacional de Investigación Gerardo Diego (2007), levantaba  pronto sólidas expectativas en el campo poético con dos libros Primavera invertida y El alba de las rosas, que fueron, respectivamente, Premio Constitución de Poesía (1983) y Premio Cáceres Patrimonio de la Humanidad (1989). Fue asimismo editor de diferente colecciones poéticas (Palinodia y Ediciones Norba 1004), además de dirigir la Revista de literatura Gálibo, donde tanto espacio ocuparían los versos.

Como su inolvidable amigo y mentor Juan Manuel Rozas, Bernal, que también sería un bibliófilo consumado (presidente de la UBEx durante un cuatrienio),  ha seguido siempre fiel a las Musas, aunque fuera de manera tácita. Rompe ahora el largo silencio con este poemario, que se publica  en la impagable “Luna de poniente”,  colección dirigida por Elías Moro y Marino González Moreno.

El título, “Tratado de la ignorancia”, nos sitúa ya en uno de los ámbitos europeos de mayor prosapia intelectual, el del quod nihil scitur  (Francisco Sánchez),o Que sais-je? (Montaigne) documentado hasta hoy bajo distintas fórmulas desde el “yo sé que no sé nada” socrático.

“He destinado algunos de mis trabajos al juicio”, proclama  el agudo jesuita Baltasar Gracián en su excelente Arte de ingenio, palabras que sirven de entradilla a este poemario. “He destinado algunos trabajos al juicio/, este se lo dedico a la ignorancia”, principia Bernal.

Pero la hay de dos géneros: la rayana con la estupidez cerril, desconocedora e ignorante de cuanto le rodea e incluso le atañe, y la del sabio verdadero, la del que, tras arduas fatigas intelectuales, reconoce y admite los límites del conocimiento.  Quizás nadie la expresó mejor que Nicolás de Cusa, en obra  con título paradójico, pero acertadísimo: De docta ignorantia.

Es a esta segunda a la que se adscribe, desentrañándonos , un hombre tan sabio como Bernal,  capaz e sobrevivir al pulso debilísimo del tiempo por encima de dudas, ilusiones recónditas, meditaciones silenciosas, cicatrices ocultas, llantos íntimos y tanteos a ciegas. En este decurso vital ocurre que se pierden certezas, rostros, citas, aniversarios,  agendas, lecturas e incluso  amigos. Aunque permanezcan el melancólico sentir, el espíritu libre, el afán de búsqueda, las vigilias lúcidas y el legado, tal vez inefable, pero indeleble, de lo vivido.  Y, cómo no, el verbo. “Solo recuerdo la emoción de las cosas y se me olvida todo lo demás; muchas son las lagunas de mi memoria”, son palabras que se atribuyen a Machado. La nuestra, esa capacidad de evocación, tan a menudo sostenida por una simple magdalena dentro de una taza de té (Proust), quedará permanentemente impregnada por estos poemas. Nos facilitarán situarnos “allí donde los inocentes nada piden,/comparten la pobreza perfumad/las sonrisas del hambre, con la muerte”.

Acorde con su carácter, tan mesurado en gestos y palabras, los poemas de este autor brotan siempre de manantial sereno. Y si tampoco a él le faltan gotas de sangre jacobina, nunca apela al grito o a la expresión abrupta. Su  voz rehúye  estridencias y desgarros, seguro de comprometer a los lectores por la honestidad que los versos trasmiten y la limpieza misma de la expresión.

 

José Luis Bernal Salga, Tratado de ignorancia. Mérida, De la luna libros, 2015.

 

 

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ANDRÉS R. BLANCO
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Manuel Pecellín | 26-12-2015 | 4:31| 0

No acaba uno de terminar de sorprenderse con el tema de los escritores extremeños. Cuando crees conocer a los cultivadores de las letras nacidos o residentes en esta Comunidad, al menos aquellos que poseen ya una obra consolidada, de pronto surge la agradable sorpresa. Me ha ocurrido esta vez última  en el encuentro que organizaron Juan Calderón y Javier Bueno (Madrid, Salón Telefónica) el 13 de noviembre para conceder los premios  otorgados por la Plataforma Cultural “Raíces de Papel”, que ellos mantienen.

Allí tuvieron la bondad de presentarme al escritor Andrés  Francisco Rodríguez Blanco.  Es funcionario y trabaja en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. Días después, me llegaba un paquete con sus últimas publicaciones, realmente valiosas. Blanco nació en Mérida (1956), trasladándose a Madrid con sólo diez años. En la capital reside desde entonces, tras cortas estancias en Badajoz y Plasencia.

El Ministerio de Cultura le concedió el año 1989 una Ayuda a la Creación Literaria, que le permite escribir su primer poemario, Luz y lejanía en los espejos. Poco después, publica La semilla del mito (1991), La mirada de plata (1993) y Álbum crepuscular (1994). Más tarde, y casi siempre al calor de premios de poesía obtenidos, saca a luz Las alas condenadas (2010) y Farolillos (2012). Ha sido seleccionado  dos veces en el Premio de Poesía Experimental (2011, 2013) que convoca la Diputación de Badajoz. Blanco uenta en su haber con otras numerosas distinciones literarias.

Con Farolillos (Vigo Ediciones Cardeñosa, 2012) ganó el XXIII Certamen  de Poesía “Hermanos Caba” 2011, que  se organiza en el municipio extremeño Arroyo de la Luz. Se trata de una plaquette en la que el versolibrismo se conjuga con las asonancias e incluso el soneto. Es un canto amoroso, encendida exaltación del cuerpo de la amada, que mantiene la dignidad de los “Breviarios” publicados por “Raíces de papel”.

Lienzo del bosque que espejea (Mislata, Ajuntament, 2014) obtuvo el XII Premio de Literatura Breve “Vila de Mislata”. Son siete las composiciones incluidos en esta delicada entrega. En sus versos, cargados de erotismo, se percibe la profunda identificación que el poeta siente con la naturaleza virgen, “donde hay duelos de alquitrán/ni ruidos que te aturdan”.

Líneas de expresión (Espiel, Ayuntamiento, 2015) le hizo ganar el XXII Premio de Poesía Acordes 2014. La obra se estructura en dos partes. La primera, que le da título, está escrita en versos blanco. La segunda, “Bótox lírico”, más breve, en prosa poética, si bien al final recupera de nuevo el verso libre.  Ambas parten del mismo ángulo vivencial: el mundo de la mujer, desde una conciencia femenina. Luce prólogo de Milagros Salvador, que resalta con tino el perfecto cierre de los poemas.

Por último, “Movimientos”, un extenso poema, incluido en el Cuaderno Literario que, con nombre tan de Cernuda, Habitando el olvido,  se publicó (Iniesta, 2015) para conmemorar la XXVI Feria del Libro en el Ayuntamiento conquense. Con estos versos había logrado el autor el 1ª Premio de Poesía del XXIV Certamen Literario que dicha entidad convoca. El poeta abandona aquí sus frecuentadas intimidades para abrirse al mundo, enfrentado líricamente las contradicciones de una sociedad donde aún cabe la esperanza.

 

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MANUEL NEILA
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Manuel Pecellín | 25-12-2015 | 7:26| 0

 

Nacido en Hervás (1950), criado en Asturias y residente en Madrid, licenciado en Filología Románica, Neila ha ejercido como profesor, crítico literario, director de colecciones, periodista, traductor y otros oficios relacionados con la escritura. Dueño de una voz personal y libre, que algunos tienen como cautelosa y casi secreta (a mí no me lo parece tanto), es verdad que ama la desnudez en poesía y la concisión de la prosa, con manifiesto gusto por los aforismos. Lector preferente  de creadores como Vicente Aleixandre, Claudio Rodríguez, Eugénio de Andrade y Cristóbal Serra, sin abandonar nunca a los grandes románticos tipo Hölderlin o Novalis, Luis Alberto de Cuenca le reconoce en el prólogo que puso al libro del cacereño El camino original (Sevilla,  Renacimiento, 2014):

“Todo en él está hecho de observación de la naturaleza, de temblor delicado ante el paso del tiempo, de trazos y de signos sencillísimo que ocultan una rara sabiduría milenaria, de talento constructivo, de perfección métrica (sus haikus y sus tankas son, siempre, magistrales), del bisbiseo susurrante que caracteriza su dicción. Hay en él una clara voluntad de versificar a partir de lo mínimo, de lo elemental. Pero del montón de nada pasajera sobre el que levanta sus versos se alza una brisa redentora que calma la sed, vivifica el alma y depura la mente. A modo de vacuna, la poesía de Neila nos inyecta la dosis de melancolía necesaria para superar la tristeza. Y lo hace de un modo tan sutil, tan etéreo, tan exquisito que nos hace flotar, como en deliquio hipnótico, sobre las cosas de allá abajo, felizmente eclipsadas por la belleza de sus versos.”

Con dedicación plena a la literatura, nuestro paisano nos regaló este 2015 ya  punto de desaparecer con tres obras que me place registrar aquí.

Pensamientos desmandados (Sevilla, La Isla de Siltolá) viene a ser una prolongación de otro libro suyo, que nosotros tuvimos el placer de reseñar, Pensamientos de intemperie (2012). Son un enjambre de aforismos – “Breverdad enunciado con donaire”, en  ingeniosa definición suya, – donde los neologismos alternan con apostillas a lugares comunes, frases encendidas compuestas  en diferentes  idiomas (latinas, inglesas, francesas, alemanas), dictados tópicos y comentarios a otros grandes del género (Epicuro, Nietzsche, Chamfort, Baudelaire). Se rinde homenaje explícito a Antonio Machado, “uno de los pocos autores españoles cuya escritura sigue hablándonos sin dogmatismo y con provecho”.

Clima de riesgo (Sevilla, Renacimiento) es una antología de anotaciones personales compuestas por el autor a lo largo de 2012. Ofrece apuntes de lecturas, comentarios a noticias de actualidad de fuerte carácter crítico, reflexiones filosóficas, obituarios (Tabuchi, Mingote, Szymborska, Carlos Fuente, Agustín García Calvo), descripciones paisajísticas, efemérides (1ª huelga de Asturias en época franquista), viajes (Soria) y, claro está, aforismos, siempre con la sombra de Machado como telón de fondo. Este profesor indignado, que detesta las contradicciones del hombre moderno y el sectarismo de las políticas educativas, constata la disolución del sujeto burgués sin que realmente se le haya sustituido con otro paradigma válido.

Por último,  El escritor y sus máscaras (Madrid, Pigmalion), que aparece en la colección “Extremadura”, fundada por Ricardo Hernández Basilio Rodríguez Cañada para los extremeños de la diáspora poco atendidos por las editoras institucionales. La obra lleva prólogo deRogelio Blanco Martínez. Recoge un conjunto de ensayos que antes vieron la luz en diferentes medios de alcance nacional, desde el ya lejano 1999 hasta 2008. Casi todos son estudios incisivos de grandes autores, entre los cuales Neila suele elegir sus libros autobiográficos (diarios, soliloquios, memorias). Se ocupa tanto de grandes maestros de la literatura universal , como de creadores contemporáneos, españoles muchos de éstos. Tales miradas poliédricas conforman un caleidoscopio sumamente atractivo y enriquecedor.

 

 

 

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EL RETRATO DE LA REINA
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Manuel Pecellín | 19-12-2015 | 8:33| 0

 

 

El retrato de “ la Reina de los Bucles de Ceniza”  preside el dormitorio común del albergue madrileño donde cada noche refugian sus miserias un pintoresco conjunto de hombre sin hogar, oficio, ni esperanzas. A uno de ellos se lo encargó dibujar el protagonista de esta novela, Lázaro del Carpio, auténtico trasunto de su homónimo de Tormes, aunque se presente con retoque modernos y hasta explícitamente nietzscheanos.(“A partir de ahora, exclama ante su troupe de harapientos, acepto la vida y la nada, y estoy por encima del bien y del mal. El mundo y de la vida carecen de sentido; sólo me importa el eterno retorno; no existe, ni el valor, solo la apariencia, la materia”, pág. 238).

Si hemos de atribuirle alguna verosimilitud al personaje, habrá que conocer de dónde procede, cómo llegó hasta las alcantarillas, qué metamorfosis ha sufrido alguien evidentemente culto para transformarse de camello en león, acaso también en niño o superhombre.

Se lo preguntan, atónitos, los componentes de este coro griego, doce apóstoles enardecidos tal vez por el alcohol o la heroína, como Elías el Tímido, Oso Cigarrero, Manuel Rojero “el cojo”, El Metadona o La Guindilla, la única mujer en la zarrapastrosa comunidad. De todos ellos irán deslizándose apuntes existenciales a lo largo del discurso, nunca atenido a las leyes de la cronología lógica. Aunque el más próximo a Lázaro, quien lo mejor lo entiende y sobrelleva, es sin duda Santiago Ovando, el pintor, su amigo y cómplice, persona también educada en otros medios antes del derrumbe vital hacia la cloaca. Es el artista quien recibe el precioso diario –pieza básica de la narración- donde aquel reconstruye su propia historia, desde la infancia rural al entorno urbano, sin omitir alusiones a sus antecedentes familiares y el accidente que provocó su derrumbe definitivo. No desvelaré la conclusión, auténtico canto de cisne, tan cómico como trágico, con versión actualizada del timo de la estampita y criminales negocios de mafia milanesa.

Personaje sobresaliente de este libro plural, que tiene mucho de disquisición psicológica,  retrato sociológico, novela histórica e incluso thriller, es  la admirable abuela de Lázaro, Marina Alancastre, fallecida casi centenaria. La larga sombra de esta “reina de los bucles de ceniza”  constituye el telón de fondo de todo el relato. Procedente de familia con tradición liberal, tiene casa solariega en “Aldivieja”, falso topónimo de la Baja Extremadura.  Sus habitantes utilizan términos tan inconfundibles para nosotros como chinatos, repiones, ataharres, majanos, zangandón, repantigarse, jabados  y tantos otros de nuestra habla popular. Hasta allí nos conduce una y otra vez el Diario del nieto (compuesto en diferente grafía), merced al cual se dan conocer   las vicisitudes de la guerra civil, el maquis y la represión franquista, que talarán el frondoso árbol de esta saga extremeña entroncada con sangre lusa. Incluso podrán deslizarse a través de sus evocaciones historias tan tristes como las de las “Trece Rosas”,  grupo de jóvenes socialistas fusiladas en Madrid aquel horrible agosto de 1939.

La obra  forma parte de una trilogía, junto con El nieto de Vulcano Vuelta a la libertad. Su autor, natural de La Morera, licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Complutense, que tiene otras obras publicadas, obtuvo el Premio de Novela Corta José Luis Coll 2009 con Lo que necesitas es amor, es dueño de una prosa excelente, donde sobresale la descripción de los paisajes, rurales y urbanos. Notable resulta también su hábil manejo de materiales múltiples: poetas contemporáneos (Machado y Lorca), refranes y dichos del folklore regional, canciones populares, etc.).

No dejan de sorprender, en escritor tan experto, algunas caídas, como ese  desconcertante “bis a bis” de la página 178; la supuesta “aurora boreal” (pág. 175) o esos fusilamientos de la plaza de toros de Badajoz “en agosto del treinta  y siete” (pág. 201), ocurridos justo un año antes.

 

Alonso Carretero Caballero, La Reina de los bucles de ceniza. Madrid, Letraclara, 2015.

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LA MAJONA
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Manuel Pecellín | 14-12-2015 | 9:11| 0

 

 

Hace pocas semanas, se anunciaba en HOY para dentro de pocos meses la apertura al público  de la villa romana de “La Majona”. Descubierta el año 1995, próxima a Don Benito, posee una importancia indudable. Tras lustros de desidia, el yacimiento parece al fin en vías de plena recuperación merced a las últimas disposiciones del Gobierno autonómico.  Además de pinturas murales  y hermosos mosaicos, allí se encontró un bello busto labrado en mármol de Estremoz, que enriquece hoy los ricas existencias del Museo Arqueológico de Badajoz.  Datado en el siglo III después de Cristo, podría ser la figura del  dueño de la villa, sin duda un poderoso terrateniente, aunque los expertos le encuentran parecido con los retratos juveniles  del emperador Marco Aurelio Severo Alejandro (222-235).

En el mundo romano se inspira esta novela corta del  conocido escritor dombenitense (n. 1949), que viene cultivando varias disciplinas creativas, sobre todo el “libro objeto”, como Vberitas (1993), Amaltea (1994, Caligae (1995), Tierra de encinas (1996) , Sed de agua (1997) o Brisa de Alas (1998). Testimonio de su afición por la poesía visual- se le incluye en varias antologías del género- es el  volumen Voces y ecos (2003), compendio de lo que hasta entonces había creado, siendo incluido en la antología Poesía experimental Española (Calambur, 2012). Lo demuestran también las ilustraciones, inspiradas en la cultura latina, que enriquecen estas Nundinae.

Era éste el nombre de la jornada de descanso que cada ocho días acostumbraba a celebrarse en las poblaciones del Imperio, con carácter festivo y comercial. Una suerte de “mercadillo” sobresalía entre sus actividades lúdicas. El autor nos conduce rumbo al que tiene lugar cualquier semana en Éfeso. Hasta allí ha llegado Marco Ulpio Vero, para visitar a un matrimonio patricio amigo, Cayo y Casiedra, a los que lleva dos magníficos potros,  y coincidir con el séquito del emperador  (Marco Ulpio) Adriano, en visita a la  hermosa ciudad .

Nacido justamente en La Majona, el joven narrará en primera persona las vicisitudes del viaje, desde la Lusitania interior hasta las orillas del Egeo, con Cádiz, Roma y Atenas como etapas prominentes. A la vez, se permite la memoria de los años que estudiase en Emerita Augusta (donde obtuvo la toga virilis) o las excursiones por la cercana Metellinum (Medellín), sin olvidar los alegres días vividos en la villa propia. Si el padre procede de los soldados  de la Legión X Gemina, para los que se fundó Mérida, la madre pertenecía a una tribu de los iberos más comprometidos en la lucha contra Roma: sus antepasados vivieron, centurias antes, en las proximidades de un enorme palacio-santuario (Cancho Roano, se supone).

El novelista compone así un relato pleno de evocaciones, siempre verosímiles y respetuosas con el rigor histórico, incluso en detalles mínimos. No menos atrae la pulcritud de su prosa,  tan rica como concisa, con clara preferencia por el enunciado corto y el uso preciso de los términos, incluidas las frecuentes e inevitables expresiones en latín. Aunque resulte de interés para cualquiera, juzgo que la lectura de Nundinae posee singular valor didáctico, haciéndolo un libro especialmente apto para la enseñanza de las humanidades clásicas.

 

Juan Ricardo Montaña García, Nundinae. Don Benito, Ayuntamiento, 2015.

 

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