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Autor: manuelpecellin
MUJERES
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Manuel Pecellín | 18-02-2015 | 5:59| 0

Raquel Sánchez (Plasencia, 1973) es una periodista con amplia trayectoria profesional en el mundo de la televisión, como reportera y presentadora. Su primer libro fue Cambio príncipe por lobo feroz (2008). La crítica lo calificó como obra desenfadada, compuesta en clave de humor para enfrentarse a los estereotipos de moda, perteneciente al género del “chick- lit”. Se incluyen en esta categoría literaria, claramente made in USA, textos inspirados en series televisivas, cuyo protagonismo conducen mujeres de recia personalidad, libres y bien situadas, capaces de dirigir sus propias vidas, enfrentándose a las situaciones más comprometidas, sin miedo a romper los principios tradicionales. Para ellas, el sexo no tiene nada de tabú y pueden ser más duras, en cualquier sentido, que sus compañeros sentimentales, sin perder, no obstante, un cierto espíritu romántico.

Así es el personaje principal de Mañana, a las seis. Alta ejecutiva en Madrid, soltera y sin hijos, a sus cuarenta años decide romper la brillante pareja que ya no la satisface y vivir experiencias hasta entonces desacostumbradas. El relato de esas nuevas relaciones, rotundamente erótico, alterna con la evocación de la infancia vivida en una población sin nombre, pero bien reconocible como la capital del Jerte. La madre, lúcida, tolerante y generosa, es el nexo que une los dos territorios, asistida en su enfermedad terminal por una sorprendente joven, empeñada en oír la música de las estrellas ( terapia tal vez de antiguas desazones). Al fin, resulta que tan liberada mujer, cuyo éxito profesional se impone, ha vuelto a ser doble víctima: de un hombre, presuntamente enamorado y de un depredador profesional. No obstante, aún encuentra ánimos para salir sin excesivo destrozo de las trampas. La argentina del piso aledaño contribuye con su doble juego y lenguaje típico a poner notas de humor, lucidez y perversión. Y, después de todo, siempre quedará un astuto gato para desahogarse contándole lo que resulta difícil decirle a familiares o amigos.

Escrita en una prosa lozana, donde abundan los tecnicismos de la informática (cada día más populares), Mañana a las seis – título tomado de la hora para las citas amorosas – es una novela de indiscutible actualidad y sello propio.

Raquel Sánchez Silva, Mañana a las seis. Barcelona, Planeta, 2014

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TIERRA DE CACIQUES
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Manuel Pecellín | 14-02-2015 | 9:49| 0

TIERRA DE CACIQUES
Nacido en Puebla del Prior (1947), Rivera conoce bien lo que ha sido la vida en las  poblaciones rurales extremeñas, como vuelve a demostrar con esta obra. Ejerció  el periodismo escrito durante  ocho lustros (El Imparcial, El País, Periódico de Extremadura),  en alternancia con radio y televisión. Dirigió también el Gabinete de Prensa de la Junta autonómica, ejerciendo su portavocía.
Tiene publicadas tres obras: Un viaje de ida y vuelta con final en ninguna parte (1990),  Patrias prestadas (2010),  una historia de emigrantes ambientada en el madrileño barrio de Villaverde Alto, y  Los huérfanos de Lenin (2012), cuyo protagonista acaba por suicidarse al no soportar el derrumbe  histórico del comunismo.
Crónica de una obsesión está ambientada en Valdetorre de Quela, topónimo imaginado, que aquí designa una remota villa de pocos habitantes, con cortijos y encinares, donde la saga de los Acuña ejerce desde tiempos remotos implacable caciquismo. Dueños de casi todas las tierras,  similares de los de Felipe Trigo, mantienen a la  sumisa población en un puño, sin permitir la mínima discrepancia ante sus caprichosas conductas, derecho de pernada incluid0. Así fue siempre y así sigue siéndolo en los años posteriores a la guerra civil, donde se sitúa la novela. Sería otra más de las muchas que hemos leído, pero su aire de déjà vu desaparece según nos adentramos en la narración. Sin omitir las referencias sociológicas, históricas y etnográficas, la obra va centrándose de modo preferente en un drama psicológico, el que sufre Juan Acuña hijo, el último retoño caciquil, incapaz de resolverlo sin refugiarse en el  suicidio, final  incomprensible para sus paisanos.
Aunque muchos la intuyen, sólo uno tiene la clave de la explicación, pero lo atenaza el miedo y opta por callarse. Únicamente  romperá el silencio con el pie ya en el estribo. Su relato constituye el núcleo de la novela, contada en primera persona por este humilde personaje, un sirviente del casino de los ricos, hombre feo y sin coraje,  decente a su modo, paradigma del antihéroe. Toda su vida estuvo enamorado, sin declarárselo jamás, de la mujer que va a convertirse en epicentro de la obra, la bella, generosa y desgraciada Margarita, dueña de “la Casa” (el prostíbulo de Valdetorre), víctima de un plan maquiavélico,  sin duda el personaje más noble de cuantos transitan por estas páginas. Aunque el autor adelante pronto el secreto que la vincula con los caciques locales, a la postre sus verdugos, la falta del posible suspense no restará interés al relato, La excesivas reiteraciones y la abundancia de detalles superfluos lastran el discurso narrativo, infundiéndole excesiva lentitud. Pero esta crónica de una perversa obsesión , quizá inverosímil, atrapa al lector  hasta el fatal desenlace.
Rivera Pavón, Amador,   Crónica de una obsesión. Madrid, Atlantis, 2014

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MADURA JUVENTUD
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Manuel Pecellín | 10-02-2015 | 12:27| 0

Daniel Faria (Baltar, 1971-Singeverga, 1998) es para muchos una de las voces más reconocidas de la poesía portuguesa de finales del XX (lo que no es poco decir), a pesar de que la muerte lo sorprendiese en plena juventud. Seminarista desde los doce años, cursó Teología en la Universidad Católica y Lenguas y Literaturas Modernas en la Universidad de Oporto. Ingresa (1997) como postulante en el monasterio benedictino de San Vengo da Vitòria y, poco después, apenas iniciado el noviciado en el de Singeverga, fallece por un accidente doméstico. No obstante, esta “especie de ángel herido en la raíz” (Marina) tuvo tiempo para escribir una muy apreciada trilogía: Explicaçao das Árvores e de Outros Animais (1998), Homes que sâo como Lugares mal Situados (1998) y Dos Liquidos (2000). Antes había publicado otras tres obras de juventud: Uma Cidade con Muralha (1992), Oxálida (1993) y A Casa dos Ceifeiros (1993). Las seis obras fueron incluidas en la edición de sus Poesías (2003), preparada por Vera Vouga, profesora de la Universidad de Oporto. Póstumo también ha aparecido (2008), con el título Auto -retrato do artista en quanto jovem, el discurso que pronunciase (1998) en la Asociación de Periodistas y Hombres de Letras de Oporto.

Luis María Marina ha preparado esta edición bilingüe de Explicación de los árboles y de otros animales, a las que antepone una amplia selección de las repuestas dadas por Faria, entrevistado por Francisco Mangas para el lisboeta Diário de Lisboa (23 junio 1998). Adjunta también breve pero iluminador epílogo. Se requiere sin duda sensibilidad tan afinada como la del poeta extremeño para traducir adecuadamente a un escritor de enorme profundidad y desnudez, místico e incluso misterioso. Gracias a la magnifica versión, sus versos alcanzan en castellano la misma brillantez que en la lengua original. Poeta de la luz (término recurrente en casi todas sus composiciones), con raíces rurales fecundas (barbechos, bueyes, árboles, pájaros, rastrojos quemados, lluvias, veredas, simientes, tallos, eras.. le proporcionan a menudo soporte para sus imágenes estilísticas), Farria sorprende y entusiasma. ” Porque solo una mirada enfebrecida sueña con llegar al interior de la piedra y navegar por ríos de savia y sangre que dan acceso a los seres. Porque solo un ciego deslumbrado por la existencia es capaz de dotar a su lenguaje de la mística cotidiana. Porque solo una palabra despojada se atreve a respirar en el misterio del silencio”, declara Luis María Marina.

 

Daniel Farria, Explicación de los árboles y de otros animales. Salamanca, Sígueme, 2014

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DISCURSO ANATÓMICO
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Manuel Pecellín | 08-02-2015 | 10:33| 0

Una vez más, y son varias decenas, el autor extremeño (Nogales, 1950) publica un libro galardonado, esta vez con el XIII Premio de Poesía Vicente Núñez.  Lo convoca la Diputación de Córdoba y lleva nombre del escritor nacido en Aguilar de la Frontera. Pablo García Baena, presidente del jurado, definió Discurso de anatomía como “un poemario correcto, itálico, de un lenguaje cuidadísimo, en el que subyace el tema del amor como trasfondo”. (Cabe recordar que es el juicio de un hombre que cuenta con el Príncipe de Asturias de las Letras 1984, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2008  o Federico García Lorca 2012, entre otras muchas distinciones).
No pretenderé desmentir a tan relevante experto, cuya calificación lingüística suscribo, pero me parece que no es el tema amoroso lo que predomina en esta obra. Por lo demás, ponerse trascendente con su autor es lo mejor para no entenderlo. Él, que concibe la escritura como la labor de Penélope, un tejer y destejer los mismos argumentos, perceptible en todos sus trabajos, lo que busca fundamentalmente es jugar, divertirse con imágenes fantásticas y la brillante expresión de las mismas. En algún momento puede dar cabida a cuestiones de gran calado: el sentido de la existencia humana, las mordeduras del dolor físico o moral, la presencia siempre acechante de la muerte o incluso la  crítica social, (“La tierra, san saberlo/les concede a los pobres la semilla/para que luego recolecte el amo”, concluye el poema que evoca al espantapájaros capaz de sembrarse en el botón de la chaqueta una semilla).
El espíritu juguetón e ingenioso de R. Lozano, tal vez con su punto de burla irónica y amable, tan amante del retruécano,  genera versos sorprendentes en los que presenta a Caperucita verde, Kafka recurriendo al insecticida para suicidarse, las  tristes olas huérfanas, el ángel de cabellos tonsurados en una confitería, los devotos  gatos negros de la catedral, las ranas croadoras de la pila de bautismo, el conejo rebelde del ilusionista, las horquillas perdidas de la memoria, el lunar bebedor de lágrimas o el afinador de ollas a presión, empeñado en que todas las de la vecindad entonen el Ángelus (como del pastor de Luis Landero limaba las esquilas para conseguir sus armónicos).
 Sólo quien se sitúe en tales parámetros podrá percibir  y solazarse con el discurso anatómico que establecen corazón y tripas, príncipe tartamudo aquél, charlatanas flemáticas ellas, acaso el único lenguaje que realmente importa.
Ramírez Lozano, José Antonio, Discurso de Anatomía. Sevilla, Renacimiento, 2014

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POESIA VIVA
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Manuel Pecellín | 03-02-2015 | 12:27| 0

José Manuel Vivas Hernández (Badajoz, 1958), que trabaja como diseñador gráfico y es vocal de Literatura en el Ateneo de Badajoz, no se ha prodigado mucho hasta ahora, aunque su producción o fortuna editorial parecen intensificarse últimamente. Era autor de varias obras publicadas a un ritmo cadencioso: Los bordes del abismo (Premio Adolfo Vargas Cienfuego 1998), Olvídate de Ítaca (2006), Algo que nos salve de todo rubor (2006), Breve catálogo de insectos y otros seres menudos (2008) y Crónicas del vértigo (Beca a la creación literaria de la Junta de Extremadura, 2009).

Ahora bien, en el 2014 ha visto salir a la luz tres poemarios, entregas sin duda maceradas lentamente y que eclosionan de golpe, para deleite de los que admiran la voz de este hombre sosegado, maduro, más amigo de silencios reflexivos que de vanas ostentaciones. De puertas adentro (Madrid, Mandala ediciones) fue premiado por el colectivo Entresescritores.com como mejor poemario de dicha plataforma en el 2014. Se imprime con un interesante preliminar que firma el iconoclasta David Benedicte. Cuerpo en ruinas (Olivenza, Herákleion), inspirado en el paralelismo quevedesco entre la decadencia física y la de la casa propia, más el pesar por el amor ausente, fue finalista del Ciudad de Badajoz 2012. Por último, Los labios quemados (Madrid, Celesta), un libro de carnalidad explícita , lleva depósito legal del 2014, aunque se editase ya en el 2015.

Más sensible al paso de las horas según el reloj vital se apresura, pero capaz aún de encenderse con la sangre y los flujos compartidos, sobresale la voz lírica, profunda y armoniosa del poeta, que no renuncia a territorios trascendentes, sin perder por ello la serenidad ni incurrir en proclamas obvias o lugares comunes cansinos. Vivas, cuyas obras exhiben absoluta unidad, trabaja el verso libre, con poemas de largo alcance, permitiéndose determinadas licencias ( v.c., suprimir En cuerpo en ruinas los signos todos de puntuación, cosa que no empece la lectura, acertadamente dirigida por el ritmo de las palabras; o concluir Los labios quemados con una prosa repleta de metáforas). Su consigna, según la entiende Benedicte en el prólogo citado, consiste en “sobrevivir, mantenerse leal a un modo de hacer poesía, a esa fórmula, más o menos mágica, que resulta de integrar en una misma pared de ladrillos siempre recién levantada el ideal del poeta Arthur Rimbaud (cambiar la vida) con la columna vertebral del pensamiento de Carlos Marx (cambiar la historia, transformar la sociedad)”. A ello podrían sumarse otros hilos que la enriquecen: la pasión por el lenguaje, la conciencia de la levedad del ser, el erotismo, los agujeros negros de cada día. Por todo ello, según bien saben sus animosos contertulios de “Página 72”, estamos una escritura que merece toda nuestra atención.

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