Hoy

img
Autor: manuelpecellin
TAMBIÉN LOS RUSOS
img
Manuel Pecellín | 02-05-2015 | 7:29| 0

 

Las tropas alemanas que ocuparon Rumanía y Hungría (los dos países a los que Alaine Polcz siente pertenecer) se condujeron allí con la clásica brutalidad de todos los ejércitos invasores, aliados incluidos. Sus víctimas predilectas serán los patriotas rebeldes y la población judía, así como los dispuestos a jugarse la vida en ayuda a los hebreos, entre los que se contarán numerosos familiares y amigos de la autora citada. Peor aún fue cuando llegaron los rusos. Supuestos liberadores frente a la barbarie nazi, la soldadesca de Stalin verterá una cadena de horrores sobre los territorios antes invadidos por la Wehrmacht. La hoz y el martillo  no suponen ningún alivio de la esvástica. Lo sufrirán sobre todo las mujeres, de las que más de 200.000 serán salvajemente violadas por los soviéticos, con secuelas físicas y psicológicas terribles.

Lo fue Alaine Polcz, que a apenas contaba veinte años y tenía un espíritu tan sensible, como cultivado. En 1991, cuando los rusos comienzan a abandonar Hungría, se decidió a romper un silencio de casi medio siglo, publicando Una mujer en el frente. Constituye la desnuda memoria de lo que fue aquel periodo de la Segunda Guerra Mundial. Pocos textos pueden resultar tan conmovedores. “Este libro, confesaría la escritora, nació de una grabación. Una amiga tuvo una crisis matrimonial, y decidí contarle mi historia para consolarla. La grabé en una cinta, y se la entregué. Después de escucharlo todo me dijo: Sabes que tienes que publicarlo. Y así fue.” Para entonces, era una psiquiatra prestigiosa, casada en segundas nupcias con Miklós Mészöly, un escritor famoso.

Nacida (1922) en Kolozsvár, ciudad transilvana (hoy Rumanía, Cluj Napoca), de familia protestante y bien acomodada, se unió en matrimonio con solo diecinueve años a un hombre duro,  egoísta, al que  amó profundamente, pero nunca supo entenderla durante los siete años de convivencia. También estás páginas informan de sus nada fáciles relaciones, más problemáticas aún por las trágicas circunstancias bélicas. “Separados a la fuerza, Alaine pasa meses en el frente, ora presa de los alemanes, ora víctima de los rusos. Su marido la da por muerta, pero ella no se rinde, sobrevive a la violencia, las enfermedades y la indiferencia de sus queridos. Estas ganas de vivir, esta sinceridad que no conoce compromisos dan la fuerza conmovedora a sus memorias. Una mujer en el frente es el testimonio más valiente de la literatura húngara, y lo es doblemente porque nunca ha pretendido serlo”, resume una admiradora que la trató en Budapest, ya herida  del cáncer fatal (+ 2007).

Versionada por Eva Cserháti y Carmina Fenollosa Escuder, luce esta entradilla : “La guerra no es fácil. El matrimonio tampoco. Voy a intentar contarte cómo fue todo, porque tengo que contarlo al menos una vez”.  Según tantos novelistas sometidos a traumas  terribles, Polz lo hizo con la resolución, delicadeza y humanidad, que hacen del libro una obra inolvidable. Tuvo el horror impreso en el alma. Ni el hambre, la gonorrea, la peritonitis, los piojos, las heridas, un fusilamiento fingido e innumerables violaciones lograrían destruir su inmensa bondad. Constituye un testimonio impagable de cómo la especie humana, pese a tantas atrocidades, merece un punto de salvación. Siquiera sea merced a gente como Polcz y su admirable suegra, en tantas ocasiones aquí evocada con sumo cariño.

Alaine Polcz, Una mujer en el frente. Cáceres, Periférica, 2015.

Ver Post >
EL CARRUSEL DE LA VIDA
img
Manuel Pecellín | 25-04-2015 | 9:25| 0

EL CARRUSEL DE LA VIDA

 

Según augurábamos al reseñar Tres hombres para tres ciudades, la obra primera del autor,  publicada en la misma editorialéste nos proporcionaría pronto la segunda. Así ha sido, aunque con tiempo suficiente para adquirir un indudable mayor dominio de las labores literarias, lo que redunda perceptiblemente en beneficio de la nueva novela, escrita según los  mismos parámetros. El personaje principal sigue siendo Helio, profesor de literatura (ahora casi cuarentón) y analista psicosocial, según gusta presentarse, enamorado de la noche, el alcohol, la música y dos mujeres, María y Alicia, ambas de libres costumbres. Secundariamente, se aludirá también a otros ya conocidos, como el hindú Punnat Gullatti o el ingenioso Nicolás de Vinarés, superado en Valientes idiotas por Matusalén Santander, otro “puto loco” senior, iconoclasta con hondas heridas (muerte de un hijo pequeño), maestro del novelista en gramática parda, filosofía de la calle y degustación de alcoholes.

Esta crónica de la tragicomedia humana se desarrolla en Madrid, aunque el protagonista –trasunto en aspectos múltiples del autor- también se conduce algún tiempo con la misma facilidad por Londres, antes de volver definitivamente a las riberas del Manzanares, donde concluye el relato de forma parecida a los inicios. Helio es un espectador, tan irónico como participativo, de cuanto ocurre por los barrios madrileños (Malasaña, Chueca, Fuencarral, Salamanca), donde las fórmulas de la “movida” se renuevan constantemente. Demuestra conocerlas bien Javier Divisa, seudónimo de Javier Guerrero Rodríguez, nacido en Extremadura, buen conocedor de distintos países (Francia Inglaterra, India), con estudios de letras, quien ha trabajado en oficios múltiples, desde enseñante a camarero, y por ahora se dedica a la “business moda”. Ejerce como columnista de opinión en el periódico El Cotidiano; colabora habitualmente en varias revistas de Suramérica; ha escrito reseñas paraTarántula Cultura y mantiene un blog (janpath-broadway.blogspot.com.es).

De todo ese rico bagaje se nutre Valientes idiotas, cuyo título avisa ya sobre el carácter provocador del novelistas, molesto con tantos personajes como abundan en la España cañí, tal ese “cabrón que llega borracho a casa y le zurra a su mujer, un idiota que tira bengalas en el partido de fútbol o un cateto con dinero que esnifa cocaína y tiene una horrenda mesa con patas de elefante y un cuadro de Miró en el baño” (pág. 163). Helio, que tampoco olvida sus vivencias provincianas de los años infantiles, irá relatando en primera persona las vicisitudes experimentadas por las calles de Madrid (también de Londres, aunque esto más parece digresión), donde localiza mendigos, ladrones, camellos, actrices ajadas, chaperos, transformistas, engañabobos y toda una turba digna de nuestra mejor picaresca pasada por el crisol contemporáneo.  La capital “es una amalgama increíble (donde) un viejo afectado del siglo XVIII, una ecuatoriana metida dentro de Betty Boop, una vidente y un gitano rumano conviven en veinte metros. Luego, claro, el abismo de la especie humana” (pág. 39). Toda una tragicomedia que los programas televisivos ignoran de modo sistemático, mientras atontan al público con banalidades sin cuento, por lo que también reciben aquí irónicas críticas. Aún quedan, no obstante,  mujeres y hombres valientes, que buscan sobrevivir en la marea donde la crisis, la corrupción e ineptitud de los políticos, las propias contradicciones están a punto de rompernos.

A la actualidad del relato contribuye sustancialmente el discurso narrativo. El autor maneja con extraordinaria soltura esa jerga juvenil compuesta por  términos de la moda más “in”, el mundo del cine (porno incluido), canciones de culto, bares de alterne, tabernas confusas, encuentros ocasionales e Internet. En ese entorno globalizado predominan, claro está, los galicismos, mucho de los cuales se escriben graciosamente deformados, según la fonética popular (tipo “alouin” por “halloween”). Es el aire fresco que aporta una novela de enorme interés.

 

Divisa, Javier, Valientes idiotas. Madrid, Ediciones Amargord, 2015.

Ver Post >
DIARIOS MEXICANOS
img
Manuel Pecellín | 18-04-2015 | 3:03| 0

DIARIOS MEXICANOS
Marina ( Cáceres, 1978), diplomático y escritor, sirve en la Embajada española de Lisboa.  Antes lo hizo en la de México, seguramente con la misma admiración por el país americano que la hoy confesa ante el vecino luso. Sin  limitarse a funciones estrictamente profesionales,  se ejercita en conocer la historia, la cultura, la identidad, el paisaje y el paisanaje de la nación donde reside, su ontología social, estableciendo estrechas relaciones con no pocas de sus gentes, sobre todo aquellas que espiritualmente le resultan más próximas (poetas, músicos, pintores, cineastas, ensayistas).
Bien se percibe leyendo estos “Diarios mexicanos, 2008-2010”,  según se subtitula, obra miscelánea, cuyas páginas constituyen un magnífico testimonio de la exquisita sensibilidad del autor, otro “lletraferit” al que nada humano parece ajeno. Si el libro proporciona lúcidas anotaciones para entender, si es posible, la galaxia mexica – inagotable caleidoscopio de ciudades, territorios, monumentos y grupos sociales variadísimos -, es un desnudo del propio Marina, que confía al papel sus gustos, inquietudes, anhelos, experiencias temores y gozos más sentidos. Todo ello narrado sobre el telón de fondo de la memoria infantil, no pocas veces evocada, como probablemente le incitarían tantas similitudes, mutatis mutandis, entre el territorio nativo y el ahora ocupado.
Pero lo que más resalta junto a las referencias de labores profesionales, encuentros amistosos,  paseos urbanos y  apuntes de viaje (sin omitir los aforismos y apostillas filosóficas, dejados caer con frecuencia), son las notas de ese lector voraz que sabemos es Marina.  Orgulloso de una envidiable biblioteca personal, el auténtico sancta sanctorum, dice, de su casa, nos deleita contando las pesquisas entre tanta librería de antiguo como  en México D.F. aguardan al bibliófilo.  Una tierra que, Cárdenas ordenante, acogió a buena parte del exilio español republicano, le permite encontrar primeras ediciones y otras joyas escriturarias a quien las sabe buscar.
Marina se emociona ante tales hallazgos, lo mismo que narra otros encuentros para él definitivos: veladas con el poeta José Emilio Pacheco, premio Cervantes; visita a la casa de Frida Kahlo; compañía de Antonio Gamoneda; repaso al MOMA neoyorquino; las pinturas de Orozco; la patria chica de Juan Rulfo;  las minas de Zacateca; la vegetación tropical de Oaxaca  o  la magia de Uxmal  y los restos mayas de Palenque y Bonampark.
Admirado ante la pasión por contar y el dominio del lenguaje que allí exhiben incluso las personas más sencillas, Marina echa mano de ese inagotable acervo, deleitándonos merced al uso de palabras extraordinariamente sugerentes,  a algunas de las cuales busca la etimología (castellana, árabe, náhuatl, etc.), como ajolote, ataujía, alebrijes, ayate, por nombrar sólo algunas de las comenzadas con la primera letra.
Declarándose en luto al tener que dejar México, aunque no haya logrado entender, dice, el genius loci del lugar (ni siquiera apelando a los textos de Cernuda y Max Aub, por decir los de los grandes lugareños: Paz, Gorostiza, Arreola y un amplio conjunto, generosa y admirativamente citados),  el melancólico, también pesimista, Marina concluye su “duelo”  literario  mediante larga nómina de cosas mexicanas que nunca olvidará (pp. 201-203). Espero que Lisboa le esté ayudando a restañar heridas. Tantas como envidiaríamos compartir, abiertas con la lectura de estos magníficos diarios. Al Centro Extremeño de Estudios y Cooperación con Iberoamérica, felicitaciones por la edición.
Luis María Marina, El cuento de los días. Badajoz, CEXECI, 2015.
DIARIOS MEXICANOS
Marina ( Cáceres, 1978), diplomático y escritor, sirve en la Embajada española de Lisboa.  Antes lo hizo en la de México, seguramente con la misma admiración por el país americano que la hoy confesa ante el vecino luso. Sin  limitarse a funciones estrictamente profesionales,  se ejercita en conocer la historia, la cultura, la identidad, el paisaje y el paisanaje de la nación donde reside, su ontología social, estableciendo estrechas relaciones con no pocas de sus gentes, sobre todo aquellas que espiritualmente le resultan más próximas (poetas, músicos, pintores, cineastas, ensayistas).
Bien se percibe leyendo estos “Diarios mexicanos, 2008-2010”,  según se subtitula, obra miscelánea, cuyas páginas constituyen un magnífico testimonio de la exquisita sensibilidad del autor, otro “letra-ferit” al que nada humano parece ajeno. Si el libro proporciona lúcidas anotaciones para entender, si es posible, la galaxia mexica – inagotable caleidoscopio de ciudades, territorios, monumentos y grupos sociales variadísimos -, es un desnudo del propio Marina, que confía al papel sus gustos, inquietudes, anhelos, experiencias temores y gozos más sentidos. Todo ello narrado sobre el telón de fondo de la memoria infantil, no pocas veces evocada, como probablemente le incitarían tantas similitudes, mutatis mutandis, entre el territorio nativo y el ahora ocupado.
Pero lo que más resalta junto a las referencias de labores profesionales, encuentros amistosos,  paseos urbanos y  apuntes de viaje (sin omitir los aforismos y apostillas filosóficas, dejados caer con frecuencia), son las notas de ese lector voraz que sabemos es Marina.  Orgulloso de una envidiable biblioteca personal, el auténtico sancta sanctorum, dice, de su casa, nos deleita contando las pesquisas entre tanta librería de antiguo como  en México D.F. aguardan al bibliófilo.  Una tierra que, Cárdenas ordenante, acogió a buena parte del exilio español republicano, le permite encontrar primeras ediciones y otras joyas escriturarias a quien las sabe buscar.
Marina se emociona ante tales hallazgos, lo mismo que narra otros encuentros para él definitivos: veladas con el poeta José Emilio Pacheco, premio Cervantes; visita a la casa de Frida Kahlo; compañía de Antonio Gamoneda; repaso al MOMA neoyorquino; las pinturas de Orozco; la patria chica de Juan Rulfo;  las minas de Zacateca; la vegetación tropical de Oaxaca  o  la magia de Uxmal  y los restos mayas de Palenque y Bonampark.
Admirado ante la pasión por contar y el dominio del lenguaje que allí exhiben incluso las personas más sencillas, Marina echa mano de ese inagotable acervo, deleitándonos merced al uso de palabras extraordinariamente sugerentes,  a algunas de las cuales busca la etimología (castellana, árabe, náhuatl, etc.), como ajolote, ataujía, alebrijes, ayate, por nombrar sólo algunas de las comenzadas con la primera letra.
Declarándose en luto al tener que dejar México, aunque no haya logrado entender, dice, el genius loci del lugar (ni siquiera apelando a los textos de Cernuda y Max Aub, por decir los de los grandes lugareños: Paz, Gorostiza, Arreola y un amplio conjunto, generosa y admirativamente citados),  el melancólico, también pesimista, Marina concluye su “duelo”  literario  mediante larga nómina de cosas mexicanas que nunca olvidará (pp. 201-203). Espero que Lisboa le esté ayudando a restañar heridas. Tantas como envidiaríamos compartir, abiertas con la lectura de estos magníficos diarios. Al Centro Extremeño de Estudios y Cooperación con Iberoamérica, felicitaciones por la edición.
Luis María Marina, El cuento de los días. Badajoz, CEXECI, 2015.

Ver Post >
JUAN RAMOS APARICIO
img
Manuel Pecellín | 16-04-2015 | 5:05| 0

Francisco Javier García (Arroyo de la Luz, 1963), doctor en Historia, es profesor del IES Bioclimático de Badajoz.  Entre sus publicaciones importa recordar dos libros, Manuel Gómez Cantos. Historia y memoria de un mando de la Guardia Civil (Cáceres, 2013) y Cartas y diarios desde las cárceles franquistas en Extremadura (Badajoz, 2014). Como otros trabajos del autor, ambas obras reflejan la mentalidad progresista del autor, por otra parte en absoluto proclive a interpretaciones maniqueas. Su bien demostrada interpretación del devenir histórico según claves nada sospechosas de conservadurismo constituyen el menor aval para esta nueva monografía, que ha querido dedicar a  un hombre de derechas, Juan Ramos Aparicio,  maestro y poeta también natural de Arroyo (1915-2009), población donde aquél figura como cronista oficial desde hace algunos meses.

Editada por la Asociación de Ciencias Sociales de Extremadura, su propósito es solventar el silencio, cuando no la injusta consideración que sobre esta interesante personalidad cacereña ha venido desplegándose. Sin incidir en posiciones hagiográficas, aunque no puede ocultar las simpatía que el biografiado le producen, el autor lleva a  feliz término la tarea. Así lo reconoce el prólogo de Julián Chaves Palacios, profesor de la Universidad de Extremadura bien conocido por sus trabajos sobre la “Memoria Histórica”.

La prolongada existencia de  este hombre muerto casi centenario permite al historiador reconstruir en torno a su figura el último siglo, pues no ha ahorrado esfuerzo para contextualizar debidamente, con generosa documentación, todas las etapas por las  que Aparicio transcurre: infancia y adolescencia en la villa natal, bajo el tutelaje de Florencio García Rubio; estudios de magisterio según los planes establecidos por la II República; participación  como soldado franquista en la contienda española 1936-39 (“una guerra fratricida y cruel, que nada resolvió”, según la calificara más tarde); ejercicio vocacional del magisterio en numerosas poblaciones, hasta afincarse definitivamente en la natal, donde se jubila y aún tiene tiempo para conocer la restauración de la democracia, todo ello sin dejar de escribir y colaborar en un enorme cúmulo de actividades culturales.

García Carrero tuvo a su disposición el archivo de este hombre,  radicalmente bueno al estilo machadiano, lo que le permite establecer las relaciones que lo ligaron en honda amistad con no pocos escritores de clara ideología izquierdista, como el filósofo y novelista Pedro Caba (también arroyano) o  el poeta Jesús Delgado Valhondo.  Aparicio mantuvo también  cordial correspondencia con  hombres de diferente ideología: Luis Romero Solano (exdiputado del PSOE, muerto en el exilio), Camilo José Cela,  José María Pemán,  José García Nieto,  Joaquín Parra González, Adolfo Maíllo, Fernando Bravo, Carlos Callejo, José Canal y un largo etcétera, de todos los cuales se ofrecen los oportunos apuntes biobiliográficos.

Colaborador habitual de la revista Alcántara  y el periódico Extremadura, Aparicio compuso una  abundante obra literaria, fundamentalmente lírica, no toda édita, que el autor se propone analizar en entregas posteriores. Sirve ésta para merecerle el aprecio de toda persona de bien, por lo mucho que laboró en beneficio de las poblaciones donde ejerció la docencia y muy especialmente en su patria chica.

 

Francisco Javier García Carrero, Arroyo, mi caro Arroyo. Cáceres, ACISE, 2015.

 

Ver Post >
REVOLUCIÓN EN LA ESPAÑA REPUBLICANA
img
Manuel Pecellín | 11-04-2015 | 9:14| 0

“Timeo hominem unius libri” (temo al hombre de un solo libro).  Esta aserto, comúnmente atribuido a Santo Tomas, sin que se lo haya localizado en las obras del Aquinate, vale bien para definir a Burnett Bolloten (1909-1987).  Y no en el sentido vulgar de la expresión: son temibles las personas que manejan sólo una obra, inevitablemente condicionadas en sus opiniones por la única fuente de consulta, sino en otro más profundo: quien dedicó con exclusividad todas sus energías al estudio de un tema exclusivo, resulta casi imposible de rebatir. Tal el es el caso del autor antes citado.

Corresponsal en España de la agencia United Press, el estallido de la sublevación militar (1936) lo sorprende en Barcelona. Desde entonces,  dedicaría afanosamente toda su existencia al estudio de nuestra guerra civil. Durante tres años dirige en el Institute for Hispanic and Luso-Brazilian Studies de la magnífica universidad de Stanford (California) el departamento allí fundado para investigar la contienda española, sobre la que llegó a reunir un impresionante fondo.  Millares de libros, periódicos, revistas,  reportajes, películas, manifiestos, discursos , declaraciones radiofónicas y documentos de cualquier género serán recogidos por Bolloten, que los complementará con multitud de entrevistas por él realizadas a innumerables contendientes, sobre todo a los que pudieron salvarse en el exilio americano,

Con tan abrumadores materiales compuso un libro, verdadera “work in progress”, de la que publicó hasta tres versiones, corregidas y aumentadas, con títulos diferentes, según los debates por ella levantados, más los frutos de su infatigable investigación.

No olvidaré el impacto que me produjo en la Universidad Complutense la lectura de la primera edición, The grand camouflage (Londres,  Hollis and Carter, 1961), que en los círculos de ZYZ, donde yo me movía, fue repetidamente comentada. Fraga Iribarne, a quien se le pueden negar otras virtudes, pero no la inteligencia ladina, comprendió pronto el alcance del subtítulo, “The Communisty Conspiracy in the Hispanic Civil War”, para poderla difundir como propaganda contra el Partido Comunista, la única fuerza organizada realmente operativa contra Franco en varios decenios, y dispuso (según hizo con otros textos “clandestinos”) una edición fraudulenta de la  obra, vertida al castellano, a la que el ministro gallego puso prólogo, cambiándole  arteramente el título.

Bolloten, a quien le llueven críticas por todas partes (muchos historiadores “de izquierda” no le perdonaban sus denuncias de la política de Stalin y los seguidores del dictador soviético en nuestro país,  Largo Caballero y más aún Negrín al frente), la hizo reeditar otras dos veces, primero como The Spanish Revolution (1977) y, por último, The Spanish Civil War. Revolution and Counterrevolution, ya póstuma (1989), publicada ese mismo año en Alianza, traducida por Belén Urrutia Domínguez.

Reaparece ahora, con nuevo estudio preliminar de George Esenwein. Se trata de un volumen de 1.078 páginas, repletas de anotaciones, a las que deben añadirse el espectacular apéndice bibliográfico y un índice analítico tan útil como extenso. Bolloten, quien define el régimen nacido del Frente Popular como la III República, defiende una tesis básica: a raíz de la rebelión franquista, la presión de las organizaciones populares (sobre todo la CNT, pero también la UGT) rompe con la legalidad republicana e impone en las zonas no sometidas a los militares rebeldes una auténtica revolución social de extraordinario alcance  (la mayor, tal vez, entre las conocidas). Para no “asustar” a los posibles aliados de la República, por lo demás bastante tibios, Stalin impuso poner freno a  la marea revolucionaria (de claro matiz anarquista) y desarrollar un  “gran camuflaje” de cuanto estaba realmente ocurriendo en todos los órdenes, (económico, político, cultural,  administrativo, educativo, jurídico, moral, artístico, religioso, etc., etc.): pese a las innegables alteraciones, la legalidad republicana seguiría vigente allí donde los “nacionales” aún no había impuesto la suya.

Los testimonios allegados por el autor son realmente difíciles de rebatir, pese a los contraargumentos de otros clásicos de nuestra historia contemporánea. Por eso, Bolloten resulta imprescindible.

Burnett Bolloten, La guerra civil española. Revolución y contrarrevolución. Madrid, Alianza, 2015.

Ver Post >

Últimos Comentarios

ipasga_4406 01-02-2017 | 17:20 en:
SOR CELINA
olallalau_12 20-05-2016 | 10:54 en:
LAURA OLALLA
frameve_6499 29-04-2016 | 17:03 en:
LUCILIO VANINI
Emilomoya 27-02-2016 | 23:46 en:
REVISTA ESPAÑOLA

Otros Blogs de Autor