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Autor: manuelpecellin
POESÍA ESPACIAL
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Manuel Pecellín | 27-12-2014 | 10:50| 0

Natural de Cáceres (1976), la infancia de Eloy David transcurrió en Jerez de la Frontera, desde donde se trasladó a Sevilla el año 1993. Licenciado en Comunicación Audiovisual y estudioso de la Antropología, cuenta con numerosas obras publicadas.  Según recogemos en la red, entre sus libros de poesía figuran Chrauf (Ediciones de la Universidad de Sevilla, 1996), Miedo de ser escarcha (Qüasyeditorial, 2000, Premio Internacional Surcos), Asombros (César Sastre editor, colección Carne y Sueño, Sevilla, 2006; con imágenes de Miki Leal), Los huidos (ediciones 4 de Agosto, 2008), Para nombrar una ciudad (editorial Renacimiento, 2010), Lo que iba diciendo (ediciones Liliputienses, 2012) y Miedo de ser escarcha (edición actualizada) (Editora Regional de Extremadura, 2012). Es autor también de los libros para niños Este loco mundo (17 cuentos) (Cambalache, Oviedo, 2010) y Cosas que sucedieron (o no) (Cambalache, Oviedo, 2013), ambos escritos junto a Miguel Ángel García Argüez y José María Gómez Valero y con ilustraciones de Amelia Celaya. En Italia ha publicado el poemario Il desiderio è un ospite (Edizioni L´Arca Felice, Salerno, 2012; edición bilingüe, traducción de Lorenzo Mari y litografía de Marco Vecchio), y en este país ha sido antologado en la antología bilingüe Canto e demolizione. 8 poeti spagnoli contemponanei (Thauma edizioni, 2013). Textos y poemas suyos han sido incluidos en diversas antologías, entre ellas: Voces del extremo (Fundación Juan Ramón Jiménez, en 2001 y 2002); Once inicial (Fundación Municipal de Cultura de Cádiz, 2002); No doblar las rodillas: siete proyectos críticos en la poesía española reciente (Universidad de Chile, Santiago de Chile, 2002); Poesía de la Conciencia (Zurgai, Bilbao, 2003); Sevilla: 24 poetas y 24 artistas (Imagoforum, Sevilla, 2004); Andalucía Poesía Joven (Editorial Plurabelle, Córdoba, España, 2004); Alzar el vuelo (Imagoforum, Sevilla, 2006); Literatura Joven de Andalucía (Punto de partida, UNAM, México DF, 2007); Poesía Viva de Andalucía (Universidad de Guadalajara, México, 2007); Once poetas críticos en la poesía española reciente (Baile del Sol, Tenerife, 2007), Poesía en español 2008 (Alhambra Publishing, Bélgica, 2007), Poesía y Capitalismo (Fundación Juan Ramón Jiménez, 2008), Aquí y ahora (Madrid, 2008) o La ciudad en llamas (Ed. Hesperya, Oviedo, 2011). Sus poemas se incluyen también en libros colectivos como Miradas, ecos y reflejos (Cgt, 2004), Vida de perros (editorial Buscarini, La Rioja, 2007), Palabras que se mojan (Diputación de Sevilla, 2007), Lo que ha quedado del naranjo (Diputación de Málaga, 2009), El árbol talado que retoña (El Páramo, Córdoba, 2009) o Aldea Poética IV (Opera Prima, Madrid, 2009).Tiene poemas traducidos al catalán, al italiano, al francés y al portugués, habiendo obtenido los premios de poesía Universidad de Sevilla 1995, Fernando Quiñones 1998, Surcos de poesía 2000, Creación Joven 2007 y III premio internacional de Francisco Villaespesa 2009.

La poesía vista desde el espacio, publicado por la animosa editorial emeritense, con la colaboración del Ayuntamiento de Almaraz, sale con la letra U en la colección “Luna de Poniente”, un hito ya indiscutible de las letras extremeñas. Es una entrega extraordinariamente atractiva, cuya parte I evoca un viaje sideral hasta Venus en una astronave desde cuya cápsula de protección el piloto alude a las formidables experiencias vividas, entre ellas asistir al mismo Big Bang. En la parte II, mucho más extensa, nos ofrece sus reflexiones metaliterarias, con sabrosas disquisiciones sobre el oficio de poeta y la capacidad de un verso para conmover el mundo. Herido por “la fiebre del lenguaje”, el creador se conduce como un reportero de guerra, en lucha permanente contra lo inefable. A la vez, se denuncia el discurso encubridor del Poder, mientras se incita a decir no a las propuestas que nos lanza, advirtiendo para no de dejarse atrapar. La parte III y última está constituida por un breve poema, en el que se expresa la duda sobre las virtualidades de cuanto hasta allí se ha dicho.

Rodríguez, David Eloy, La poesía vista desde el espacio. Mérida, De la luna libros, 2014.

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NOVELA FREUDIANA
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Manuel Pecellín | 20-12-2014 | 9:55| 0

NOVELA FREUDIANA
Hace dos años, saludábamos la publicación de La piel del camaleón (Arcopress, 2012), la primera novela de su autora. Nacida en Cáceres (1970), Regidor es licenciada en Derecho y máster en Psicosociología aplicada. Formadora ocupacional, trabaja como asesora jurídica y docente en proyectos de inserción sociolaboral. Datos que importan para mejor entender su escritura. Los protagonistas  de aquella entrega inicial son estudiantes universitarios, si bien la mayoría parecen preocuparse mucho más por conseguir las dosis diarias de droga y alcohol que por las asignaturas del curso. También lo son las de esta segunda entrega, mucho mejor estructurada y de mayor complejidad discursiva. Mantiene otras notas comunes, sobre todo  el apego a las jergas juveniles y sus desgarradas expresiones, a caballo entre lo escatológico, las deformaciones léxicas, el sexo provocador, las sustancias alucinógenas y los anglicismos de moda (aquí más atenuados). En ambas se rompe la cronología lógica de la narración y también siguen la abundante cosecha de leísmos, más algunas incorrecciones fácilmente eludibles (como “es por eso que”, “a grosso modo”, “a través suyo”, etc.).
Pero Ego y yo es obra excelente, cuyos valores le merecieron el XXX Premio Jaén de Novela. El título nos sitúa en la órbita freudiana. Según se sabe, el creador del psicoanálisis propone un triple nivel para el aparato psíquico, que él dividía en das Es, das Ich y das Über-Ich , vertidos generalmente al castellano como el ello, el yo y el superyó (o superego). Tales mecanismos de la personalidad, para los que no cabe separación física, funcionan sobre todo de manera inconsciente. Corresponden al primero las pulsiones instintivas; al tercero, las normas, reglas y prohibiciones culturales; el segundo trata de mediar entre aquellos, conciliándolos según diferentes mecanismos con el fin de satisfacer los deseos dentro de los marcos permisibles.
Tampoco es fácil distinguir a los dos personajes, innominados, de la novela. Aunque presenten caracteres antitéticos, son como las dos caras de un sujeto. La indistinción, favorecida por el anonimato, conduce junto a múltiples quid pro quo  hasta el  equívoco final: no sabremos quién habrá muerto a manos del otro, tan unidos se conducen desde instancias tan distintas. Ambos son igualmente jóvenes, viven en el mismo barrio y  se embarcan en aventuras comunes. Si bien  se comportan de modo diametralmente opuesto, se buscan una y otra vez, incapaces de estar uno  sin el otro, necesitándose, apoyándose, defendiéndose … y destruyéndose.
Estrechamente unido a la madre (complejo de Electra) el más débil, inseguro y sufridor (incluso fue sodomizado en el colegio), de muy escasa autoestima, será quien asuma el papel de narrador, con permanentes feedbacks. El más fuerte, bello y amoral, enfrentado a un padre suicida (complejo de Edipo), encarna bien el mundo de las pulsiones instintivas, comportándose como un auténtico torbellino, de imprevisibles consecuencias. Sólo cabe un  trágico desenlace para los dos íntimos amigos, tan plenamente identificados.
El núcleo de la obra consiste en el desarrollo de las complejas relaciones que ambos sujetos experimentan, adobadas con numerosos considerandos sobre cuestiones básicas de la Psicobiología. Pero sobresalen también por su calidad literaria los  momentos en que la atención se dirige al entorno paisajístico, urbano o, mejor aún rural, con brillantes descripciones.  ¿Cómo no destacar, ya casi al fin, el símil establecido entre la naturaleza de la encina y la del propio hombre, los dos marcados por la soledad absoluta en medio de la nada? Y podría decirse lo mismo al describir espléndidamente los secretos de un bosque, el encanto de la lluvia o el inquietante discurrir del río. En definitiva, una novela que confirma a su autora como espléndida realidad.
Yolanda Regidor, Ego y yo. Córdoba, Almuzara, 2014.

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BADAJOZ, CIUDAD MÁRTIR
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Manuel Pecellín | 13-12-2014 | 12:19| 0

CIUDAD  MÁRTIR

Alentadas por la conmemoración  del segundo centenario de Guerra de la Independencia  y las Cortes de Cádiz, se produjo en Extremadura un auténtico aluvión de publicaciones. Cosa lógica, considerando que nuestra región fue teatro de terribles batallas y el protagonismo de los diputados extremeños en los debates sobre la Constitución de 1812. A aquel rico conjunto de obras viene a sumarse este volumen con casi quinientas páginas, que facilita el acceso a importantes fuentes
sobre el el asedio, captura y saqueo de Badajoz por parte del ejército angloportugués.  A través de las mismas, todas inglesas, podrán pecibirse, entre tantos horrores bélicos, la valentía de asaltantes y defensores (franceses), así como los sufrimientos de la población encerrada en aquellos muros  hasta entonces inexpugnables.
Gallardo Durán (Campanario, 1956) pertenece a ese admirable grupo de bibliógrafos naturales de La Serena, que además lleva el apellido del más distinguido, D. Bartolomé José, de todos los cultivadores de una ciencia tal vez ancilar, pero imprescindible para poner al alcance de los estudiosos los materiales de investigación. Es también autor de las siguientes publicaciones, todas enmarcadas en el mismo entorno espaciotemporal: La guerra de la Indepedencia: tropas británicas en La Serena y Vegas Altas en 1808, 1809 y 1812; Don  Benito, verano de 1812. Testimonio del capitán de infantería J.Patterson del Regimiento nº 50 de la 2ª División, y Reflejo de la batalla de Medellín en el diario español de Lady Holland.
Catedático de Inglés en el IES de su pueblo, cuenta con una rica base documental, extraída fundamentalmente de publicaciones británicas del XIX.  Para este libro, Gallardo selecciona lo que dice relación con lo ocurrido en la capital del Guadiana durante los días 12 de marzo al 15 de abril de 1812. A cada corpus de textos antologados, que se reproducen traducidos por él y con casi medio millar de notas explicativas, antepone enjundiosos  preliminares.Tres son los bloques bibliográficos: los “despachos” del general  Wellington, el diario del comandante Burgoyne y las memorias del capitán James MacCarthy, todos directamente implicados en los acontecimientos.
El jefe de las tropas aliadas contra las de Napoleón aparece como un estratega meticuloso, muy bien informado, despectivo hacia los soldados españoles y  con enorme interés para que los suyos se hallen bien provistos de munición y alimentos, lamentándose una y otra vez de no contar con especialistas para el asalto de murallas. Posee una visión de la guerra por toda le Península; no duda al exigir los máximos sacrificios y se esfuerza por reparar las exacciones que sufre la población civil. Apenas alude a las barbaridades cometidas en el Badajoz recién conquistado, aunque sabe bien la canalla (expresidiarios, borrachos, ladrones) que abunda en sus ejércitos.
Burgoyne  evoca  en sus memorias, con lenguaje castrense, el desarrollo de la  sangrienta batalla junto a los muros y torres del “castillo” pacense que, tras el fracasado asalto de 1811, lograron tomar por fin. Se trata de apuntes escritos en primera persona, seguramente al pie de los fosos.  Lleva una concisa introducción de Ian Fletcher. Más literario  resulta el de MacCarthy, que tan esforzado se mostró en la  preligrosísima escalada y toma de la alcazaba. Reconoce también la valentía y capacidad de los cuadros de Philippon, así como la implacable rapiña que los  vencedores hijos de la Gran Bretaña, ansiosos de botín,  desencadenaron contra una población indefensa. Una ciudad mátir, Badajoz, cuya toma fue clave para el desarrollo de la guerra.
Parte notable del volumen lo ocupan los perfiles biográficos que el autor  adjunta de los oficiales mencionados en el libro (cien páginas), así como el aparato bibliográfico (con páginas de internet incluidas) y un muy útil índice onomástico.

Gallardo Durán, José María, Abril 1812. Asedio y captura de Badajoz. Badajoz, Diputación, 2014

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HEMORRAGIA AGUDA
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Manuel Pecellín | 06-12-2014 | 12:22| 0

Según su partida de defunción, fue una hemorragia aguda lo que produjo la muerte de José Vera Murillo la madrugada del 4 de mayo de 1940 frente a las tapias del cementerio de Badajoz. Junto a él cayeron, afectados por idéntica enfermedad, otras nueve personas, recién sacadas de la cárcel. Cinco eran también originarios de Campillo de Llerena y varios compartían el mismo apellido que “Chiquene”, como se conocía allí a nuestro hombre. Se ve que los glóbulos rojos de estos campillejos eran poco consistente. Aunque lo mismo podría decirse de varios centenares de paisanos suyos, hombres y mujeres de todas edades, que por entonces sufrirían tan fatales hemorragias en distintos lugares de la región. Al parecer, la pandemia estuvo espantosamente extendida y, por cierto, no afectaba sólo a los naturales de aquella población. Francisco Javier García Carrero (Arroyo de la Luz, 1963) es uno de los historiadores que más vienen esforzándose por establecer las causas y consecuencias de la última guerra civil en Extremadura. Miembro del GEHCEx y profesor del IES “Bioclimático” (Badajoz), tiene publicadas numerosas investigaciones en obras colectivas (v.c., El itinerario de la memoria, Madrid, 2013) y cuatro estudios monográficos (el último, la biografía Manuel Gómez Cantos. Historia y memoria de un mando de la Guardia Civil). Él mismo refiere el origen del libro que aquí se presenta: el trabajo de fin de curso que le presentase su alumna Isabel Holguera Vera. El bisabuelo de la misma fue aquel hombre fallecido por la eufemística hemorragia. Sólo que antes de fenecer, Chiquene tuvo oportunidad de escribir cartas de despedida a la mujer e hijos, ingeniándoselas para hacerles llegar también el diario de sus últimos días en prisión. Guardados celosamente por los familiares (y ya en parte conocidos), esos documentos constituyen la base de la obra, amén de los expedientes carcelarios, que el autor ha podido localizar. Con el apoyo de la abundante bibliografía relacionada en el apéndice (echo en falta la obra de Mariano Cabanillas, Campillo de Llerena, raíces e historia. Badajoz, Diputación, 2005), reconstruye la vida del biografiado y, sobre todo, la terrible coyuntura histórica en que se desarrolló, hasta el trágico final, según el clima de represiones impuesto por el “Nuevo Estado”. Hijo de un humilde pastor, José Vera nace (1894) en Campillo de Llerena, recibiendo merced al empeño de la madre una formación sólida, la misma que el se esforzará hasta los últimos suspiros por trasmitir a los descendientes. Monta allí su propia barbería y, como miembro del PSOE y la UGT, se esfuerza para mejorar la durísima situación que sufre la clase trabajadora. Nunca se lo perdonarán, como tampoco que marchase voluntario para defender la República, en cuyo ejército llegó a capitán. Terminada la guerra y preso, se le encausa por apoyo a la rebelión (la cruel paradoja de los tribunales franquistas, radicalmente viciados en su constitución y funcionamiento) y corresponsable de las fatales hemorragias sufridas en Campillo (población de poco más de 2.000 habitantes, entonces) por setenta personas pertenecientes a las derechas, aquel verano de 1936. Si admite con orgullo el compromiso con la República, nunca aceptaría haber tomado parte en los fusilamientos. Hasta parece dudar de que se produjeran (cosa hoy constatada y recogida en estas páginas). Cabría esperar que se defendiese, al menos en los escritos privados, explicando qué ocurrió realmente y cuál fue su actitud, activa o pasiva, frente a la masacre (multiplicada después, obvia decirlo, con la llegada de las tropas “nacionales”). Pero, ¿cómo demandárselo a quien sabía inminente el horroroso “paseo”? El volumen lleva prólogo de Valentín Cortés, presidente de la Diputación pacense, y un epílogo de José Manuel Corbacho Palacios, presidente de la ARMHEX (Asociación para la Recuperación de la Memoria de Extremadura), entidad fundada el año 2002 y coeditora del libro. En un anexo se reproducen tres largas y estremecedoras “cartas de despedida”, aunque no el diario completo de Vera, tal vez por el mal estado de los originales.

 

Francisco Javier García Carrero, Cartas y diario desde las cárceles franquistas en Extremadura. (Consejo de guerra y fusilamiento de José Vera Murillo). Badajoz, ARMHEX/Diputación, 2014

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PENSAMIENTO CRÍTICO
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Manuel Pecellín | 29-11-2014 | 11:36| 0

Según declara en su tremendo Ecce homo el siempre provocador Nietzsche, los escépticos son “los únicos filósofos honorables”. No es raro que Viñuela (n. Villafranca de los Barros, 1963), cuya reivindicación de la actividad y enseñanzas filosóficas continúa indefectible, apele a la escuela helenista encabezada por Pirrón de Elis (360-270 a.C.) a la hora de titular este nuevo libro. Como en otros anteriores, recopila aquí materiales múltiples: aforismos, discursos, comentarios sobre acontecimientos de actualidad (insurrección popular en Egipto, derogación de la doctrina Parot, aprobación de la LOMCE, vallas de Ceuta y Melilla, repudios de la “casta”, cuantificaciones de la crisis, recortes en sanidad o educación), reseñas bibliográficas, “diálogos” con diferentes pensadores, vivos o difuntos (Camus, Cioran, Savater, Chomsky, Zizek, L. Boff, M. Sacristán, entre los contemporáneos), reflexiones y debates, casi todos difundidos anteriormente en la página web filosofíadesdelatrinchera.blogia.com. Pronto percibe el lector que estamos ante un escéptico muy especial, alguien cuyo autorretrato ideológico dice así: “Cada día me escoro más hacia los ilustrados radicales, los verdaderos ilustrados: materialistas, ateos, laicos, anticlericales, defensores de la razón contra toda superstición, demócratas y defensores a ultranza de la igualdad, la libertad y la fraternidad, no sucedáneos” (pág. 68). He aquí toda una declaración de principios epistemológicos y éticos (non son los únicos que propone), para cuya defensa insta a las posturas más radicales, incluida la insubordinación civil. Según la etimología griega de la palabra, que Ortega y Gasset recordó tan oportunamente, el escéptico es un “buscador”, vale decir, quien desconfía por principio de las tesis asentadas, los dogmas, las aserciones rotundas, y presenta enfoques distintos, nuevas perspectivas, planteamientos innovadores, convencido de que la realidad, tan poliédrica, y la capacidad cognoscitiva del hombre, tan limitada, invalidan los enunciados apodícticos, las proposiciones indiscutibles. Viñuela, que conoce bien la refutación del escepticismo o, si se quiere, la disolución del problema escéptico realizada por Wittgenstein (véase la obra de éste Sobre la certeza), coincide con el austríaco en el interés por el lenguaje. El extremeño desconfía, con muy buenas razones, del que utiliza el Poder (económico, político, científico, religioso y de cualquier género) para mantener a las personas en una, casi siempre culpable, permanente minoría de edad, por decirlo con palabras de Kant. De ahí sus esfuerzos por deconstruir tantos discursos, palabrería si se quiere, bien habituales en los medios, la academia, el púlpito, la tribuna, las aulas, el ágora e incluso las barricadas. No obstante, quien se dice escéptico esperanzado y antirelativista rotundo, no oculta su convencimiento sobre determinada cuestiones, reiteradamente recordadas con énfasis:

-No admite la separación entre ética y política. -Esta segunda se hace en la calle (dada la corrupción del sistema de partidos). -La filosofía debe tener puesto relevante en al enseñanza de nuestros jóvenes. -El capitalismo es hoy un sistema en quiebra irrecuperable. -Es imposible el crecimiento ilimitado. -El pensamiento utópico se traduce siempre en tiranía. -La historia carece de sentido intrínseco y determinado. -Abandonar la teología y volver a los evangelios pude ser muy positivo. -España no tuvo parte en la verdadera Ilustración. -La tríada libertad igualdad y fraternidad constituyen la base de la moralidad. -El régimen franquista estuvo viciado desde sus orígenes. -Las urnas no constituyen per se ninguna garantía democrática. -Corremos inminente peligro de retroceder hasta una nueva Edad Media. -Solamente la isegoría (libertad de expresión), la autonomía y la isonomía (igualdad ante la ley) son los avales de la auténtica democracia (gobierno del pueblo).

Fragmentaria en su construcción, con lenguaje apasionado, reiterativa y coloquial en ocasiones, bien argumentada siempre, la obra del Dr. Viñuela confirma que los filósofos no deberían ser jamás considerados especie en extinción: contribuyen como pocos a mantener la conciencia vigilante, allí donde Machado situaba la cultura.

Juan Pedro Viñuela Rodríguez, Reflexiones de un escéptico. Villafranca de los Barros, autoedición, 2014.

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