Hoy

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Autor: manuelpecellin
¿CONCEJALES INCORRUPTIBLES ?
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Manuel Pecellín | 22-10-2011 | 10:36| 0

Natural de Almendralejo, la autora es licenciada en Filología clásica y está estrechamente vinculada al mundo del teatro. Entre las obras que ha escrito (algunas se publicaron también) figuran títulos como Nido de víboras, Doña Bruja quiere amigos, Siete hembras sin piedad, Estáis quemadas, La primitiva vanidad, Para Bellum, La última luna de abril, Dios te salve María y Quiero contar. Concha Rodríguez ha dirigido desde 1994 la compañía “La Estampa Teatro”.
Con Hoy viene a cenar/mi sobrino el concejal, título en pareado que nos adelanta las dosis de ácido humor posteriores, aborda uno de los temas recurrentes en el discurso de los españoles: el de la corrupción política. Adelantemos, sin embargo, que el personaje más digno de los que aparecen en escena es el joven edil, recién nombrado para llevar la concejalía de “Asuntos Propios”, cuyos cometidos interpretarán de forma totalmente interesada sus mismos familiares. Así lo percibe en la cena a la que acude una infausta noche, invitado por sus tíos y primo, los otros tres protagonistas de la obra. Él es un antiguo albañil, ahora empresario del ladrillo, especulador sin escrúpulos, de carácter brutal, que calcula obtener sustanciosas ganancias si le recalifican ciertos solares. Para ello cuenta con la complicidad del sobrino. Su mujer ha asumido el papel de “maripuri”, aunque tiene la mano suelta y es capaz de soltarle imprevistas bofetadas a cualquiera de los otros tres comensales. Tonta de remate, no deja de tener astucia y picardía. El primo ronda también la treintena; tienes estudios universitarios, pero no trabaja, pues le humillaría hacerlo en la construcción, según el padre le ofrece. Será quien, pistola en mano, desencadene los momentos más brutales de la velada. El pobre concejal, cuya condición de gay pronto sale también a relucir, se esfuerza inútilmente por convencerlos de con su honestidad (ingenua) no va el código de la “cosa nostra”. Él sí tiene ideales, tal vez porque aún guarda vivo algún gen del abuelo, ha mucho fallecido, hombre que arrostró persecución y cárcel por defenderlos.
Publicado por el Centro de las Artes Escénicas y de la Música, el texto se desarrolla en un solo acto sostenido; se ajusta a las tres unidades clásicas (de acción, tiempo y lugar) y evoca en sus instantes más intensos la ferocidad del “teatro antropofágico” de un Manuel Martínez Mediero (recuérdese, v.c., El convidado). La autora domina el lenguaje y el tiempo dramático. Tal vez podría esperarse otro final más rotundo, menos dulce, no el que se propone, sin duda cargado de ironía. Con todo, resulta implacable la crítica contra una sociedad corrupta, que se empeña en impone sus criterios amorales incluso a los políticos más nobles. ¿Será verdad que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece?

Concha Rodríguez, Hoy viene a cenar/mi sobrino el concejal. Mérida, CEMART, 2011.

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EN LA ESCUELA DE LUCIEN FREUD
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Manuel Pecellín | 20-10-2011 | 12:19| 0

Ángel Pérez Espacio es uno de los pintores extremeños con más original y definida estética, un estilo el suyo que podría incluirse en la escuela del r realismo expresionista. Así ha vuelto a demostrarlo con las obras que expuso en la muestra organizada por el museo pacense Luis de Morales durante el mes de septiembre de 2011. Mikel Lertxundi Galiana, historiador de arte ( San Sebastián, 1974) ha puesto prólogo al catálogo de dicha exposición
Pérez Espacio nace en París (1963) a donde sus padres había emigrado desde Extremadura. Asiste a la escuela pública francesa, cuya calidad no vamos ahora a descubrir. Aficionado desde muy pequeño a la pintura, visita asiduamente el Louvre y va formándose con la copia de los grandes maestros allí conservados. Viene con su familia a Badajoz y se matricula en la Escuela de Artes y Oficios “Adelardo Covarsí”, abriendo pronto su primer estudio (1979). Desde entonces, no ha dejado de participar activamente en certámenes y exposiciones de pintura, colectivas y propias, alternándolas con estancias en Barcelona y viajes por el extranjero, hasta convertirse en uno de los artistas badajocenses más reconocidos. Viene practicando también, no sin éxito, la escultura.
Lertxundi destaca en su estudio preliminar las cualidades sobresalientes de este pintor, tan inclinado a pintar cuerpos humanos desnudos (el suyo mismo, con numerosos autorretratos) , casi siempre en poses de difícil estabilidad: las afinidades con el magisterio de Lucien Freud; la pincelada amplia, jugosa y valiente; la complejidad cromática de sus carnaciones y el acierto en la percepción de las luces.

Mikel Lertxundi Galiana, Pérez Espacio 2009-2011. Badajoz, Ayuntamiento, 2011

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FÉLIX GRANDE LLORA EL HOLOCAUSTO
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Manuel Pecellín | 17-10-2011 | 4:50| 0

Natural de Mérida (1937), trasladado con su familia a Tomelloso, donde se crió, y residente en Madrid, académico de la Real de Extremadura, Félix Grande es uno de los escritores españoles más destacados, como poeta y novelista. Desde su primer poemario, Taranto. Homenaje a César Vallejo (compuesto en 1961, aunque apareciese antes Las piedras, premio Adonais 1963), la voz lírica del autor, inconfundible, no ha ido sino reafirmándose en sus singulares características: lenguaje desgarrado y sintaxis desestructurada, a tono con las sensaciones hirvientes que impregnan los versos; solidaridad con los pobres del mundo; compasión por la suerte desdichada de los hombres; “fraternidad insurgente con los segregados que pretende subvertir el statu quo en el que se arrellanan las injusticias” (Ángel L. Prieto de Paula ); interés por los motivos musicales; la perpleja atención a las increíbles contradicciones del discurrir humano; creatividad lingüística, que tantas veces lo conduce a los límites del surrealismo o el expresionismo más radicales, y, por proseguir en el oxímoron, una insobornable fidelidad, felizmente conjugada, a sus dos grandes mentores: Antonio Machado y César Vallejo .
Desde 1971, cuando lo hizo por primera vez, Grande gusta de ir recogiendo su produciendo poética con el título, nada inocente, de “Biografía” (la vida del auténtico poeta son en realidad sus poemas, y al revés). En cada entrega incluye los versos anteriores en los que más se reconoce, añadiéndoles en muchos casos un preliminar explicativo y un poemario hasta entonces inédito. Así ocurre con la última que acaba de publicar, un volumen de 500 páginas, donde se reproducen no sin retoques, merced a un encomiable esfuerzo autocrítico, junto a los dos libros iniciales antes citados, Música amenazada (Premio Guipúzcoa 1965), Blanco spirituals (Premio Casa de las Américas 1967), Puedo escribir los versos más tristes esta noche, Las rubáiyátas de Horacio Martín (Premio Nacional de Poesía 1978) y La noria, todos los cuales han sido también múltiples reeditados como títulos exentos. Ahora se publican con un importante estudio introductorio de Prieto de Paula y la nueva obra del autor, La cabellera de la Shoá.
Según el célebre dictum de Théodor Adorno, repetido en no pocas versiones, escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”. El símbolo máximo del holocausto judío requeriría más bien el silencio, roto por fortuna muchas veces por voces conmovidas. Como la de Félix Grande, luego de visitar el terrible campo de exterminio, donde a tantos millones de israelitas (también de otras etnias). “Para tu cabello de ceniza Sulamita cavamos una tumba en los aires, ahí no hay estrechez “, dejó escrito el horror de Paul Celan. Las casi dos toneladas de pelo cortado a las mujeres y que aún se guardan en el museo de Auschwitz (las fábricas de los nazis utilizaron las cabelleras cortadas a los después gaseados para elaborar telas impermeables), revolvieron las entrañas del poeta por encima de los hornos crematorios, horcas o montones de gafas y zapatitos de niños también allí conservados para irritación y vergüenza de cuantos visitan aquel monumento a la “banalidad del mal” (Hannah Arendt). Allí se consumó, fríamente planificada, la “shoa” (etimológicamente “catástrofe”) de más de seis millones de personas que no respondían al ideal de la “raza aria”.
Con todos ellos llora, se irrita, avergüenza, denuncia y clama Félix Grande en este poema-libro, un clamor trémulo que se mantiene de principio a fin, donde caben las evocaciones dolorosas del cante jondo, el punteado machacón de las letanías, los balbuceos creativos de la escritura surrealista automática o la perfección rotunda del soneto (magnífica la paráfrasis del “Miré los muros de la patria mía” quevedesco). Vale la pena leer cómo valor Grande este trabajo que cierra el volumen: “Cierra también, escribe, la puerta a cualquier rastro de candor que pudiera disminuir la puerta de cualquier rastro de candor que pudiera disminuir el desvelo de mi conciencia. Vivir es para mí un prodigio porque la especie humana a la que pertenezco no es incapaz de edificar la arquitectura de lo portentoso. Pero es también una forma de estupor y un empujón del compromiso por cuanto la especie en donde habito es capaz de abominaciones cuya realidad derrota a los ejércitos de la imaginación. Que sea Elie Wiesel quien me ayude a cerrar esta nota: “Auschwitz no se comprende con Dios ni sin Dios”.
Félix Grande, Biografía. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2011

Natural de Mérida (1937), trasladado con su familia a Tomelloso, donde se crió, y residente en Madrid, académico de la Real de Extremadura, Félix Grande es uno de los escritores españoles más destacados, como poeta y novelista. Desde su primer poemario, Taranto. Homenaje a César Vallejo (compuesto en 1961, aunque apareciese antes Las piedras, premio Adonais 1963), la voz lírica del autor, inconfundible, no ha ido sino reafirmándose en sus singulares características: lenguaje desgarrado y sintaxis desestructurada, a tono con las sensaciones hirvientes que impregnan los versos; solidaridad con los pobres del mundo; compasión por la suerte desdichada de los hombres; “fraternidad insurgente con los segregados que pretende subvertir el statu quo en el que se arrellanan las injusticias” (Ángel L. Prieto de Paula ); interés por los motivos musicales; la perpleja atención a las increíbles contradicciones del discurrir humano; creatividad lingüística, que tantas veces lo conduce a los límites del surrealismo o el expresionismo más radicales, y, por proseguir en el oxímoron, una insobornable fidelidad, felizmente conjugada, a sus dos grandes mentores: Antonio Machado y César Vallejo .
Desde 1971, cuando lo hizo por primera vez, Grande gusta de ir recogiendo su produciendo poética con el título, nada inocente, de “Biografía” (la vida del auténtico poeta son en realidad sus poemas, y al revés). En cada entrega incluye los versos anteriores en los que más se reconoce, añadiéndoles en muchos casos un preliminar explicativo y un poemario hasta entonces inédito. Así ocurre con la última que acaba de publicar, un volumen de 500 páginas, donde se reproducen no sin retoques, merced a un encomiable esfuerzo autocrítico, junto a los dos libros iniciales antes citados, Música amenazada (Premio Guipúzcoa 1965), Blanco spirituals (Premio Casa de las Américas 1967), Puedo escribir los versos más tristes esta noche, Las rubáiyátas de Horacio Martín (Premio Nacional de Poesía 1978) y La noria, todos los cuales han sido también múltiples reeditados como títulos exentos. Ahora se publican con un importante estudio introductorio de Prieto de Paula y la nueva obra del autor, La cabellera de la Shoá.
Según el célebre dictum de Théodor Adorno, repetido en no pocas versiones, escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”. El símbolo máximo del holocausto judío requeriría más bien el silencio, roto por fortuna muchas veces por voces conmovidas. Como la de Félix Grande, luego de visitar el terrible campo de exterminio, donde a tantos millones de israelitas (también de otras etnias). “Para tu cabello de ceniza Sulamita cavamos una tumba en los aires, ahí no hay estrechez “, dejó escrito el horror de Paul Celan. Las casi dos toneladas de pelo cortado a las mujeres y que aún se guardan en el museo de Auschwitz (las fábricas de los nazis utilizaron las cabelleras cortadas a los después gaseados para elaborar telas impermeables), revolvieron las entrañas del poeta por encima de los hornos crematorios, horcas o montones de gafas y zapatitos de niños también allí conservados para irritación y vergüenza de cuantos visitan aquel monumento a la “banalidad del mal” (Hannah Arendt). Allí se consumó, fríamente planificada, la “shoa” (etimológicamente “catástrofe”) de más de seis millones de personas que no respondían al ideal de la “raza aria”.
Con todos ellos llora, se irrita, avergüenza, denuncia y clama Félix Grande en este poema-libro, un clamor trémulo que se mantiene de principio a fin, donde caben las evocaciones dolorosas del cante jondo, el punteado machacón de las letanías, los balbuceos creativos de la escritura surrealista automática o la perfección rotunda del soneto (magnífica la paráfrasis del “Miré los muros de la patria mía” quevedesco). Vale la pena leer cómo valor Grande este trabajo que cierra el volumen: “Cierra también, escribe, la puerta a cualquier rastro de candor que pudiera disminuir la puerta de cualquier rastro de candor que pudiera disminuir el desvelo de mi conciencia. Vivir es para mí un prodigio porque la especie humana a la que pertenezco no es incapaz de edificar la arquitectura de lo portentoso. Pero es también una forma de estupor y un empujón del compromiso por cuanto la especie en donde habito es capaz de abominaciones cuya realidad derrota a los ejércitos de la imaginación. Que sea Elie Wiesel quien me ayude a cerrar esta nota: “Auschwitz no se comprende con Dios ni sin Dios”.

Félix Grande, Biografía. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2011

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UN OBISPO EXTREMEÑO
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Manuel Pecellín | 10-10-2011 | 12:07| 0

Todo el mundo sabe que entre los grandes nombres del descubrimiento, conquista y colonización del Nuevo Mundo figuran, con sus luces y sombras, buen número de extremeños. Personalidades como las de Cortés, Pizarro, Valdivia, Orellana, Soto, Ovando, Almagro, Balboa … ocupan páginas relevantes en la historia de la América poscolombina. Pero entre los muchos miles emigrados allende la mar oceana desde nuestra región para buscarse una nueva vida quedan otros sin cuya enérgica contribución hubiera sido imposible conocer, repoblar , reorganizar (también en parte destruir) aquellos inmensos territorios. Entre aquellos hombres y mujeres de la gleba, religiosos, militares, fijosdalgos, juristas y trabajadores de cualquier oficio , de los que apenas se conoce más que los nombres, edad aproximada y lugar de origen (en otros caso, ni eso), los hubo que bien merecen la pluma de un biógrafo.
Julio Carmona Cerrato se la prestó a García Martínez Cabezas, dombenitense como él, reconstruyendo en lo que le ha sido posible, tras tozudas investigaciones, la vida de de este ilustre clérigo. Lo hace con la sabiduría que le conceden sus numerosos estudios sobre el tema (La aldea de Don Benito a mediados del siglo XVI, La aldea de Don Llorente y sus vínculos con Don Benito, La lucha por el poder municipal en el Condado de Medellín, Alonso y Pero Martín de Don Benito) , generosamente aprovechados aquí. Eso le permite contextualizar de forma incluso desbordante el discurrir del biografiado por los diferentes lugares que hubo de recorrer.
Nacido a finales del XVI junto al Guadiana, García Martínez demostraría en dos expedientes de limpieza de sangre (para entrar en el colegio Maese Rodrigo de Sevilla y, más tarde, ingresar en la Inquisición) que en su familia de hacendados labradores no había raíces judías ni moriscas. Entre sus miembros no faltan monjas, curas y servidores del Santo Oficio. En aquel Don Benito, de marcado carácter agrícola, que Carmona recrea con cuidada prosa, recibe una buena formación básica. La completará en las aulas salmantinas, donde cursa cánones desde los 17 a los 22 años. La Universidad de Sevilla lo ve pulir su formación, a la vez que ejerce docencia en varias de sus cátedras. Cumplidos los 29, decide embarcarse, a la sombra de Gonzalo de Ocampo, rumbo a Lima. García Martínez permanecerá en Perú hasta el final de su agitada existencia, seis lustros después, dedicándose a funciones varias del ministerio eclesiástico (a veces mal deslindadas de lo civil). La muerte le impedirá tomar posesión de la sede de Cartagena de Indias, para la que fue preconizado obispo por indudables méritos.
Los ganó merced al buen desempeño de tareas no siempre fáciles, en las que a veces puso más celo y hasta coraje de los oportunos para un juez metropolitano. No resultaba fácil afrontar cuestiones como el conflicto entre los jesuitas del Paraguay y la sede episcopal, con el trasfondo de las famosas reducciones; las falsedades del testamento del capitán Andrés Cintero o el extraordinario fraude de las monedas del Potosí, capaz de conmover todas las economías europeas de la época, con Francisco Gómez de la Rocha como principal culpable. Nos lo narra el autor con lujo de detalles, refiriéndose también a otros personajes extremeños secundarios, pero no sin interés, como Alonso Cabezas de Herrera, rico minero, o Juan González de Peñafiel (de Miajadas), fiscal de la Sala del Crimen. Casi inevitable es que aparezca en estas páginas Diego de Arce y Reinoso, natural de Zalamea de la Serena e Inquisidor general.
Lleva la obra un lucido prólogo de Guillermo Fernández Vara, ex presidente de Extremadura.

Julio Carmona Cerrato, El dombenitense García Martínez Cabezas, notable prelado en el Nuevo Mundo. Badajoz, CEXECI, 2011

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PIROPO
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Manuel Pecellín | 05-10-2011 | 7:26| 0

“Piropo” es como llaman en Campanario a uno de sus artistas predilectos, personaje bien querido en dicha población. Se trata de un apodo de juventud, que el así nominado adoptó gustosamente, cual un segundo apellido y lleva tiempo firmando sencillamente Diego Fernández Piropo. Maestro de profesión, nuestro hombre oficia también como poeta (acaba de publicar el libro Pintando versos serenos. Campanario, Ayuntamiento, 2011) y bibliófilo, que nunca falla en las reuniones de la UBEx. Pero lo suyo son sobre todo los pinceles, según bien demuestra el libro que presentamos.
Se trata del volumen, con guiño machadiano, que coordinan Bartolomé Miranda y Dionisio Á. Martín, seguramente el dúo más activo en las publicaciones extremeñas actuales. Y lo edita el Fondo Cultural Valeria, honorable asociación, con treinta años ya de fértil recorrido, junto con la Fundación Academia Europea de Yuste. Quienes no ignoran el discurrir de aquel pueblo (con la sombras infalibles de Faustino Arévalo y Bartolomé José Gallardo siempre en lontananza), identificarán otras amistosas complicidades entre los colaboradores de la obra.
Consiste ésta en un catálogo pictórico, aunque de especiales características. Pretende dar a conocer la producción plástica de Piropo, desde su adolescencia hasta hoy, mediante la acertada reproducción de óleos, acuarelas, acrílico, sanguinas, etc., más representativos de las diferentes fases por las que ha ido pasando el artista. Se adjuntan numerosos textos suyos, propicios para mejor entender búsquedas, tanteos y confirmaciones estéticas. Los dos coordinadores, así como Alonso Gutiérrez Ayuso y Bartolomé Díaz Miranda establecen en respectivos estudios la trayectoria creativa de Piropo, cuya producción literaria nos descubren Carmen Fernández-Daza y José Iglesias Benítez en lúcidos análisis.
Nacido en Campanario (1957), Diego Fernández se ungió desde la infancia con las luces de La Serena. A aquel inmenso paisaje ha permanecido conscientemente fiel hasta hoy. Allí estudió el bachillerato, para cursar Magisterio en la Escuela Santa Ana de Almendralejo (1976-1979). Marcha después a Barcelona, donde reside durante dos lustros y, mientras ejerce la enseñanza, se permite enriquecer sus pupilas en museos, exposiciones y talleres artísticos, que visita con asiduidad. Vuelto a Extremadura, se afincará en Castuera, tan próximo a las raíces, recuperando las sensaciones prístinas, que él irá traduciendo en cada fase según singulares percepciones, matizadas por un continuo aprendizaje de las técnicas y procesos creativos.
Importa leer el prólogo que suscribe Antonio Ventura Díaz, quien destaca en Piropo el permanente “compromiso personal e intelectual con la cultura de nuestra región”.

Bartolomé Miranda Díaz y Dionisio Á. Martín Nieto, Nieto (Cord.), En el camino… Campanario, Fondo Cultural Valeria/Fundación Academia Europea de Yuste, 2011.

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