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Autor: manuelpecellin
COLOQUIOS HISTÓRICOS EN TRUJILLO
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Manuel Pecellín | 08-11-2011 | 6:41| 0

Volumen con 626 páginas, recoge las comunicaciones expuestas durante los XXXI Coloquios de la ya clásica convocatoria, que tuvieron lugar en Trujillo los días 20-26 septiembre 2010. Se incluyen igualmente los trabajos ganadore de los Premios convocados para la ocasión : Fundación Xavier de Salas para Jóvenes Investigadores (“La criminalidad femenina en la postguerra. Hambre y violencia en la provincia de Caceres”, de César Rina Simón); Fundación Obra Pía de los Pizarro (“Ni soldados de fortuna, ni caballeros famosos: Señores de Madroñera”, de autores varios); CPR de Trujillo (“Cincuenta años de educación en el Partido de Trujillo.. Torrecillas de la Tiesa, 1883-1939”, de Jesús Barbero Mateos) y José María Pérez de Herrasti (“El Románico extremeño. Un fenómeno artístico de apariencia aquitana, angevina y cisterciense”, de Francisco Sanz Fernández).
Precisamente el Arte románico en Extremadura fue el tema nuclear del encuentro, que , como ocurre desde desde 1971, reuniría a numerosos investigadores de la Región. Sobre las manifestaciones de dicha corriente estética en Acántara, Trujillo, Plasencia y otros lugares extremeño versan las principales comunicaciones. Pero hubo otras muchas con temática libre, entre las que cabe distinguir las de Antonio Manuel Barragán Lancharro y Moisés Domínguez Núñerz, “Algunas notas sobre la estancia del general Franco en Cáceres en agosto y septiembre de 1936 y las imágenes recuperadas de René Brut”; el estudio del siempre bien documentado Esteban Mira sobre los moriscos en la Extremaura del siglo XVII (de los que algunos se quedaron y otros volvieron), así como los apuntes en que Bartolomé Miranda Díaz avanza su proyecto para digitalizar los archivos parroquiales de Trujillo.

AA. VV., XXXIX Coloquios históricos de Extremadura. Trujillo, Asociación Cultural Coloquios Históricos de Extremadura, 2011.

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ESCRITORAS EXTREMEÑAS
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Manuel Pecellín | 06-11-2011 | 8:12| 0

Hasta bien entrado el siglo XX, la escritora por antonomasia de Extremadura fue indiscutiblemente Carolina Coronado. El centenario su fallecimiento no pasó inadvertido en nuestra tierra. Reediciones de obras, jornadas de estudios, exposiciones bibliográficas, trabajos de investigación y publicaciones divulgativas han venido celebrándose en nombre de la gran romántica los meses últimos. Parecía lógico que también Alborayque, la revista anual de la Biblioteca de Extremadura, ambas certeramente dirigidas hasta hace poco por Justo Vila, le dedicase la entrega de 2011.
Según viene diciéndose, “Alborayque” es la castellanización sarcástica de Al – Buraq. Con este nombre se conocía la montura en la que Mahoma ascendió al Cielo. (Los profetas de todas las religiones se han venido apuntando a estos viajes post mortem). Al-Buraq se presentaba como una mezcla de animales distintos. Los “cristianos viejos” -algunos más recientes de cuanto les importaba reconocer – lo utilizarían como símbolo irónico de los judíos o moriscos neoconversos quienes, según los defensores de la pureza de sangre, constituirían una sospechosa mezcolanza étnica. Así lo dejaban ver en la obrita Alborayque¸ uno de los once libros ocultos y encontrados en Barcarrota, folleto que la ERE hizo reeditar (2005) con polémico preliminar, y notas de Dwayne Eugène Carpenter.
Este 5º número de Alborayque incluye dos estudios sobre la poesía y la novelística de la de Almendralejo, a cargo de Gregorio Torres Nebrera e Isabel Román Román, profesores de la UBEX, junto con una pequeña antología. Pero el volumen, con casi 400 páginas, proporciona mucha más información, dado su propósito confeso: componer una panorámica exhaustiva de las escritoras extremeñas. Si no lo consigue del todo (al parecer, algunos trabajos comprometidos no llegaron a tiempo), esta entrega se constituye en un hito imprescindible para cuanto se interesen por nuestra literatura durante los cuatro siglos últimos.
Algunas colaboraciones nos permiten conocer mejor a mujeres sobre las que ya existían no pocas referencias. Tal es el caso de las que suscriben Miguel Á. Tejeiro Fuentes y Aránzazu Borrachero Mendíbil sobre dos mujeres de vida, carácter y escritura tan distintas como fueron Luisa de Carvajal y Catalina Clara Ramírez de Guzmán (s. XVII). Novedoso es lo que Paloma Fanconi, profesor de la Universidad Europea de Madrid, descubre sobre el teatro de mujeres en la Baja Extremadura de la segunda del siglo XIX y absolutamente abrumador, por la ingente cantidad de datos aquí reunidos, el de Carmen Fernández- Daza en torno a tantas poetas como en el siglo XIX publicaron entre nosotros, con Vicenta García Miranda al frente. Y también en la decimonónica centuria, nos recuerda Isabel Collado, sobresaldrán profesoras como Walda Lucenqui y Ana María Solo de Zaldívar, próximas a las tesis krausistas de otros compañeros pacenses
A nadie sorprenderá que la homologación creciente y deseable de los géneros haya producido en los años últimos una auténtica eclosión de autoras extremeñas. Así lo demuestra bien el exhaustivo estudio de Manuel Simón Viola en el campo de la narración. Queda por hacerse el de las poetas, a tres de las cuales (Pureza Canelo, Ada Salas e Irene Sánchez Carrón) dedica Mario Martín Gijón acertadas consideraciones. Como base para otros posibles ensayos, José I. Rodríguez Hermosell ha compuesto una muy completa relación de nombres y obras, con las pertinentes fichas biobibliográficas.
“La canonización es un procedimiento selectivo que responde a criterios culturales, posiciones ideológicas e intereses de los canonizadores. El hecho es que, como consecuencia de una tradición social, política, religiosa y cultural que sobrevalora lo masculino e infravalora lo femenino, el canon literario, por sistema, ha excluido a las mujeres”, escribe Justo Vila, gozoso de contribuir a romper seculares silencios con este número de la revista.
Dada la calidad del mismo, no nos cabe sino adherirnos su antiguo director y proclamar: ¡Larga vida a Alborayque !

Justo Vila Izquierod, ALborayque, Nº 5. Badajoz, Biblioteca de Extremadura, 2011.

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JOYA BIBLIOGRÁFICA
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Manuel Pecellín | 31-10-2011 | 4:51| 0

Según loable costumbre, que parece ya bien asentada, el Ayuntamiento pacense viene facilitando cada año, en ocasiones distintas (Feria del libro, Premios de Ciudad Badajoz, etc.) el rescate de alguna obra antigua, inédita hasta el momento, tal vez desconocida o acaso ya inasequible. Además, la edición suele venir acompañada del correspondiente estudio introductorio a cargo de especialistas en la materia. De esta forma, se han recuperado para el gran público un buen número de textos medievales (los más), modernos o incluso decimonónicos, por lo general ahora cuidadosamente impresos. Cuando la lectura del texto elegido se hace difícil (no es el caso esta vez), a la publicación, casi siempre facsímil, se le acompaña la oportuna transcripción al castellano actual.
El que este octubre de 2011 se ha entregado a cada una de las casi cuatrocientas personas reunidas en la velada donde se dictó el fallo de los premios, en sus cinco modalidades (poesía, novela, escultura, pintura y periodismo), es un auténtica joya bibliográfica. Procede del fondo Clot-Manzanares de la Biblioteca Regional de Extremadura y, según apunta en el folleto explicativo adjunto Joaquín González Manzanares, no se sabe que figure en ningún otro sitio, ni siquiera en la Biblioteca Nacional. Como tampoco ha podido el presidente de honor de la UBEx (Unión de Bibliófilos Extremeños) encontrar noticia alguna de Don Antonio Sandalio Sánchez, el autor de esta obrita, que fue impresa en la ciudad de Badajoz el 6 de junio de 1810 por la Imprenta del Gobierno. Se la dedicó al Marqués de la Romana, por entonces “dignísimo general en Gefe del exército (sic) de la izquierda”.
Según enseña Gómez Villafranca en su impagable libro sobre la Guerra de la Independencia en Extremadura, aquel prócer (Palma de Mallorca, 1761), un militar de ideas ilustradas, políglota y bibliófilo de altura, había llegado a Badajoz a finales de enero de 1810 para ponerse al frente del ejército acampado en la orilla izquierda del río. La Junta extremeña le socorrió cuanto pudo, temerosa de que los franceses, hasta entonces derrotados, se preparaban para el pronto y definitivo asalto de los sólidos muros badajoceños.
Con el fin de animar a los soldados españoles, y aun a la esforzada ciudadanía, ante el inminente ataque debió de componer esta pieza el espontáneo o comprometido escritor. Se trata de un poemario cuyo corpus lo constituyen veintinueve octavas reales, más el romancillo hexasílabo, una décima y tres cuartetas de presentación, amén del romancillo heptasílabo epilogal. Un total, pues, de casi 300 versos, que abren con estos dos latinos: “carmina deorum loquela semper manebunt/: ita Jovis datur tuba versus canenti” (“los poemas serán siempre el lenguaje de los dioses/ pues la trompeta de Júpiter se concede al que canta versos”). Es una supuesta Ninfa del undoso Guadiana (como las que Garcilaso puso en el Tajo) quien dirige estas épicas estrofas a militares, paisanos e incluso guerrilleros de los olivares próximos para que continúen la heroica resistencia frente a los escuadrones napoleónicos, como se ha hecho, dice, en Zaragoza, Gerona o Bailén. A la postre, su lírico alegato, de clásicas resonancias, resultaría menos eficaz que los cañones del invasor. Pero hoy, dos siglos después, todavía sirve para revivir las difíciles circunstancia en que al pueblo de Badajoz se le incitaba a que salvase la ciudad, “pues juró defender a toda ley/ la religión, la patria y a su rey”. Mucho después, en circunstancias no del todo disímiles, Antonio Machado explicará cómo a muchos se les llena la boca hablando de la patria, pero es el pueblo humilde quien realmente sale en su defensa, incluso a costa de su propia sangre, cuando la ocasión lo exige.

Antonio Sandalio Sánchez, La Ninfa de Guadiana o los esforzados paisanos de Badajoz. Badajoz, Ayuntamiento, 2011.

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BADAJOZ CONTRA LAS FUERZAS NAPOLEÓNICAS
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Manuel Pecellín | 31-10-2011 | 11:16| 0

Sucesos históricos de la Capital y pueblos de Extremadura en la revolución del año 1808 es un curioso documento que, inédito hasta ahora, se publica con introducción y notas a cargo de Isabel Mª Pérez González y Fernando Pérez González, que transcriben y actualizan la ortografía del manuscrito. Su autor, otro de los muchos clérigos ilustrados que abudaban en nuestra tierra , lo escribe entre 1817-1818 dedicándoselo a los gobernantes de la ciudad, “a quienes más interesa conservar su honor y transmitirlo sin lesión a la posteridad”. Según los responsables de la edición, en su familia hubo siempre noticias de esta obra y voluntad de hacerla imprimir, aunque hasta hoy no se haya conseguido. Laureano Sánchez, natural de Zafra (1776) , profesó en el convento pacense de los Dominicos y enseñó en el Seminario de San Atón, siendo testigo presencial de los sucesos bélicos que narra. Se mostraría después partidario de los constitucionalistas impulsados por Riego, como bastantes sacerdotes de lBadajoz, adheridos a la Asamblea Constitucional. No es raro, pues, que se secularizara (1821), adscribiéndose a la parroquia de San Andrés. Miembro de la R. Sociedad Económica de Amigos del País, laboró activamente por difundir la ideas liberales, colaborando con distintos periódicos de la Provincia de Extremadura. Los absolutistas lo recluyen (1824) en el convento Aguas Santas de Jerez de los Caballeros, donde se pierden las noticias sobre sus agitada existencia. Son muy de agradecer las que han logrado reunir los editores, quienes también ofrecen un notable análisis preliminar de la obra en cuestión. Aunque un punto extraños al corpus de la misma (más formal que temáticamente), no deja de interesar la veintena de sonetos que el entonces dominico le adjunta.

Laureano Sánchez Magro, Sucesos históricos de la Capital y pueblos de Extremadura en la Revolución del año 1808. Mérida, ERE, 2011

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¿CONCEJALES INCORRUPTIBLES ?
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Manuel Pecellín | 22-10-2011 | 10:36| 0

Natural de Almendralejo, la autora es licenciada en Filología clásica y está estrechamente vinculada al mundo del teatro. Entre las obras que ha escrito (algunas se publicaron también) figuran títulos como Nido de víboras, Doña Bruja quiere amigos, Siete hembras sin piedad, Estáis quemadas, La primitiva vanidad, Para Bellum, La última luna de abril, Dios te salve María y Quiero contar. Concha Rodríguez ha dirigido desde 1994 la compañía “La Estampa Teatro”.
Con Hoy viene a cenar/mi sobrino el concejal, título en pareado que nos adelanta las dosis de ácido humor posteriores, aborda uno de los temas recurrentes en el discurso de los españoles: el de la corrupción política. Adelantemos, sin embargo, que el personaje más digno de los que aparecen en escena es el joven edil, recién nombrado para llevar la concejalía de “Asuntos Propios”, cuyos cometidos interpretarán de forma totalmente interesada sus mismos familiares. Así lo percibe en la cena a la que acude una infausta noche, invitado por sus tíos y primo, los otros tres protagonistas de la obra. Él es un antiguo albañil, ahora empresario del ladrillo, especulador sin escrúpulos, de carácter brutal, que calcula obtener sustanciosas ganancias si le recalifican ciertos solares. Para ello cuenta con la complicidad del sobrino. Su mujer ha asumido el papel de “maripuri”, aunque tiene la mano suelta y es capaz de soltarle imprevistas bofetadas a cualquiera de los otros tres comensales. Tonta de remate, no deja de tener astucia y picardía. El primo ronda también la treintena; tienes estudios universitarios, pero no trabaja, pues le humillaría hacerlo en la construcción, según el padre le ofrece. Será quien, pistola en mano, desencadene los momentos más brutales de la velada. El pobre concejal, cuya condición de gay pronto sale también a relucir, se esfuerza inútilmente por convencerlos de con su honestidad (ingenua) no va el código de la “cosa nostra”. Él sí tiene ideales, tal vez porque aún guarda vivo algún gen del abuelo, ha mucho fallecido, hombre que arrostró persecución y cárcel por defenderlos.
Publicado por el Centro de las Artes Escénicas y de la Música, el texto se desarrolla en un solo acto sostenido; se ajusta a las tres unidades clásicas (de acción, tiempo y lugar) y evoca en sus instantes más intensos la ferocidad del “teatro antropofágico” de un Manuel Martínez Mediero (recuérdese, v.c., El convidado). La autora domina el lenguaje y el tiempo dramático. Tal vez podría esperarse otro final más rotundo, menos dulce, no el que se propone, sin duda cargado de ironía. Con todo, resulta implacable la crítica contra una sociedad corrupta, que se empeña en impone sus criterios amorales incluso a los políticos más nobles. ¿Será verdad que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece?

Concha Rodríguez, Hoy viene a cenar/mi sobrino el concejal. Mérida, CEMART, 2011.

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