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SEMANA SANTA EN SEVILLA
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Manuel Pecellín | 23-01-2016 | 09:00| 0

 

Pertenece Antonio Núñez Cabezas de Herrera a ese curioso grupo de extremeños que se han distinguido como lúcidos intérpretes de las manifestaciones culturales andaluzas. Vienen a mi memoria escritores como los hermanos Pedro y Carlos Caba (Andalucía, su comunismo libertario y su cante jondo), Antonio y Florencio Zoido Naranjo (Doce teorías para Sevilla) , Juan José Poblador (Conil de la Frontera) o José Antonio Ramírez Lozano (Bata de cola), por no decir el mismo Félix Grande y sus ensayos sobre el flamenco.

La vez primera que encontré su nombre fue en el periódico pacense La Libertad, donde a lo largo de 1927 mantuvo interesantísima polémica con quien firmaba “Un bibliófilo extremeño”, el por entonces casi adolescente Antonio Rodríguez Moñino (que a partir de 1944 uniría con guión sus dos apellidos). Ambos discuten en torno a “la poesía del 27” (utilizando ya  esa categoría), mostrándose el primero más partidario que el segundo de lo que por entonces escribían los grandes de la época. Para ejemplificar cómo era aquella poética, el periódico de Badajoz publicaba el 4 de noviembre de ese año poemas de Dámaso Alonso, Alberti, Salinas, Gerardo Diego, Garfias, García Lorca y otros de la generación, ofreciendo así a los lectores extremeños una sorprendente y temprana antología.  Di cuenta de estos embates en mi artículo “Colaboraciones del joven Antonio Rodríguez-Moñino en la RCEEX”, que publiqué en el Boletín de la RAEX y está colgado en la red. (No se recogen estos artículos en el volumen que presentamos).

Antonio Núñez podía contraer sus apellidos como Núñez de Herrera, acaso por así parecer de familia más humilde. Nació en Campanario (1900), donde también viera la luz Antonio Reyes Huertas (1887), con quien coincidirá en la maestría para componer estampas populares, si bien de muy diferente inspiración: aquel fue pronto un republicano confeso, en tanto el segundo militaba en las filas del catolicismo más conservador.  Como funcionario del cuerpo de Telégrafos, Núñez pasa a residir desde 1916 en Sevilla, ciudad que llegaría a conocer perfectamente. Tras la declaración de la II República, se integra en las primeras corporaciones municipales de la, poniendo en marcha, como gran aficionado que era al periodismo, dos cabeceras, pronto fallidas: el semanario republicano Críticas El Pueblo. Diario Republicano de Andalucía. Pero tal vez su proyecto más querido fue erigir la Hemeroteca municipal, organismo al que se vincula hasta el fin de sus días. Cortos fueron, pues una neumonía lo fulminó (1935) mientras veraneaba en El Algarve.

Tuvo tiempo para escribir (Publicaciones Mediodía, 1934) un ensayo que los entendidos juzgan obra imprescindible, Sevilla. Teoría y realidad de la Semana Santa.Este estudio antropológica causó notable impacto, si bien el régimen nacido tras 1939  le impone una losa de silencio. Merced al empeño de sus familiares, será reeditado el 1981, 1993 y 2006. Reaparece ahora de manera mucho más ambiciosa. En efecto, el responsable de la edición ha ido recopilando y adjunta una enorme cantidad de materiales periodísticos que Núñez diese en numerosos medios (La Libertad, Heraldo de Madrid, El Noticiero Sevillano, La Gaceta Literaria, etc.,etc.) y sirven bien para entender la diagénesis del admirable libro. Como extremeños, aunque resulten un poco colaterales al tema principal, nos han interesado los textos que el autor (también crítico literario) dedica al triunfo en Sevilla de la pieza dramática de Chamizo, Las brujas.

Por otra parte,  el volumen (400 páginas) reproduce también como apéndice un “Cuaderno de poemas”, inédito hasta hoy,  compuesto por el de Campanario y que su familia supo conservar celosamente. David González lo califica como conjunto de “piezas breves, deudoras del gusto por Gustavo Adolfo Bécquer, de la influencia de Fernando Villalón, de la copla popular, y presenta llamativos ribetes de cierto imaginismo vanguardista”. Sin duda, están en líneas con la poética del 27, que Núñez había defendido frente al joven Moñino en el artículo antes citado.

Un cuadernillo de imágenes ofrece singulares fotografía del autor y sus amigos, entre ellas la tomada el 25 de abril de 1935 en la Venta de los Gatos, reunión organizada por la Tertulia del Arenal, donde también se distinguen personalidades como Manuel Chaves Nogales, Joaquín Romero Murube, Jorge Guillén y Federico García Lorca.

Antonio Núñez de Herrera, Sevilla. Teoría y realidad de la Semana Santa. Córdoba, Almuzara, 2015.

 

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INQUISICIÓN DE LLERENA
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Manuel Pecellín | 16-01-2016 | 08:46| 0

 

Las XV Jornadas de Historia de Llerena 2014, que continúan celebrándose con la altura acostumbrada, versaron esta vez sobre la Inquisición, nada más propio tratándose de un sitio donde tuvo su sede extremeña el temible Tribunal.  No cabe sino felicitar a la comisión científica y a los coordinares del encuentro. Un volumen de actas con 400 páginas, de prietos cíceros y no fácil lectura, recoge las ponencias  y comunicaciones allí defendidas, todas extraordinariamente interesantes, por lo que me resulta imposible referirme a cada uno de tan documentados trabajos.

Los abre Jean Pierre de Dieu, profesor de la Universidad de Toulouse y uno de los máximos expertos en el tema, que ha estudiado en numerosas publicaciones desde que hiciese su tesis doctoral, dirigida por Bartolomé Benassar.  El historiador francés expone las similitudes y discrepancias fundamentales entre las tres inquisiciones modernas, desde los orígenes (1478): las de España, Portugal e Italia. Siempre apoyado en conocimientos abrumadores, sorprende no pocas veces por la originalidad de sus apuntes y en todo caso por el equilibrio de los análisis en torno a un asunto tan propicio para tópicos y acaloramientos. Delimitar el grupo de judeoconversos; desterrar las prácticas judías e incluso la memoria de haber pertenecido a tal etnia y contribuir a la unidad española, fueron las principales consecuencias de las actividades inquisitoriales. Sin duda, produjo también enormes “daños colaterales”.

Instituida por los Reyes Católicos, con anuencia de Roma, para reprimir la “herética pravedad”  (sobre todo en las familias conversas) y controlar las posibles venganzas surgidas entre los “cristianos viejos”, la Inquisición fue convirtiéndose en una maquinaria extraordinariamente compleja y de bien distinta conducta, no exenta de enormes paradojas,  a lo largo de sus casi cuatro siglos.

En Extremadura, donde no se puede hablar de procesos de brujería, persiguió a numerosos hombres y mujeres acusados de prácticas hechiceras, que basándose especialmente en el poder de la palabra y  de fórmulas supersticiosas, pretendían conseguir mágicamente curaciones, cosechas o amoríos favorables a quienes les pagaban, expone el profesor danés Gustav Hennigen.

Aunque los archivos del tribunal de Llerena se perdieron,  el del Consejo de la Suprema y General Inquisición (hoy en el Histórico Nacional de Madrid), guarda muy abundante documentación remitida desde Extremadura. Laura Lavado e Ignacio Panizo ofrecen un orden para manejarla como fecunda fuente que es para el conocimiento de las actividades procesales (pleitos, cárceles secretas, autos de fe, registros de presos y penitenciados, etc.).

A cargo, por lo común, de competentes juristas (a Diego de Deza, pintado por Zurbarán, lo estudia José Gámez), apoyada en diestros ayudantes (tales como el médico Francisco Arceo, que estudian José Cobos y J. Ramón Vallejo), la Inquisición controlaba minuciosamente todo el territorio nacional (bastante menos la América española). Lo demuestran actuaciones en Fregenal de la Sierra (Rafael Caso, Juan Luis Fornieles), Jerez de los Caballeros (Rogelio Segovia) o la propia Llerena (Luis Garraín, F. J. Mateos, Manuel Maldonado), por  no decir la tardía persecución, ya en el  XVIII,  contra judaizantes  ocultos en la Sierra de Gata (Carlos Fernández-Pacheco y Concepción Moya). Aún tuvo ánimos Francisco María Riesco para defender en las Cortes de Cádiz la conveniencia de mantener la  cada más impopular institución (Felipe Lorenza), definitivamente disuelta el año 1835, tras la muerte de Fernando VII.

La obra, que en la primera interior ofrece fotografías de los fallecidos Fernando Serrano Mangas, Francisco Tejada Vizuete y Antonio Carrasco García, tres  personas  hondamente comprometidas con el desarrollo de las Jornadas de Historia en Llerena, adjunta como epílogo una útil “relación de autores”, concisa sinopsis biobibliográfica de todos ellos.

 

Felipe Lorenzana y Fancisco Javier Mateos (coords.), Inquisición. XV Jornadas de Historia en Llerena. Llerena, Sociedad Extremeña de Historia, 2015

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MI QUERIDO JUDÍO
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Manuel Pecellín | 09-01-2016 | 07:19| 0

Durante la segunda década del siglo XX, Viena continuaba siendo la ciudad más atractiva de Europa. Ninguna podía competir con la capital austríaca en el número y calidad de matemáticos, físicos, sociólogos, médicos, filósofos, escritores y artistas allí convecinos. Además de sus formidables individualidades (Wittgenstein, Freud, Klimt), el Danubio vio constituirse uno de los colectivos más influyentes de lA cultura contemporánea, el “Wiener Kreis”,  el “Círculo” donde participaron nombres tan relevantes como los de Otto Neurath, Hans Hahn,  Ernest Mach, Philip Frank, Herbert Feigl, Rudolf Carnap, Friedrich  Waisman, Kurt Gödel o Moritz Schlick. Este último, tal vez el auténtico aglutinador de aquella pléyade, fue asesinado (1936)en las escaleras de la universidad por un estudiante filonazi. Si la mayor parte de ellos salvó la vida, fue porque, ante los bramidos crecientes de la “bestia parda”, huyeron a Inglaterra y Estados Unidos (países que aprovecharon bien las enseñanzas de estos exiliados).

La mayor parte eran de etnia israelí, como tantos miles de vieneses. Como lo fue Hugo Bettauer, el autor de La ciudad sin judíos, también abatido (1925) por las balas de un antisemita de la extrema derecha. Natural de Baden (1872), periodista de amplios vuelos, vivió en Zúrich, Nueva York, Berlín, Munich y Hamburgo antes de ser asesinado en Viena. (Su hijo Helmut fue recluido el 1942 en Auschwitz, de donde nunca regresó).
Hombre de talante progresista, muy crítico con la sociedad de su época, pionero en la defensa de la emancipación de la mujer y dotado del típico humor de la etnia hebrea, Bettauer denuncia premonitoriamente  en La ciudad sin judíos (1922) los males que pronto habrían de recaer sobre  una Viena ( léase Austria y Alemania), proclive a caer en manos de socialcristianos y nacionalgermánicos, ante el silencio cómplice de los socialdemócratas. Son las tres corrientes que agrupan a la mayor de los ciudadanos no judíos (al menos, confesos), torpemente convencidos de que la raíz de  todos sus miserias (inflación galopante, paro, falta de viviendas, desórdenes públicos, corrupción) reside en los hijos de Judá. A propuestas del Canciller Karl Schwetfeger, la Cámara aprueba una “solución final”: la expulsión de los hebreos, que se lleva de inmediato a la práctica. Pronto, los males se agravan, sin tener ya un enemigo a quien culpar. ( Más bien, los antiguos conciudadanos comprenden que la única forma de salir de aquel atolladero es revocar la injusta ley y permitir que regresen las familias expulsadas, sin duda las más trabajadoras, inteligentes e incluso divertidas de la ciudad.
A Richard Gross se debe La traducción al castellano de esta ingeniosa novela, coral, pero con magníficos personajes (ninguno como Leo, el grabador judío, enamorado de una gentil), que Periférica publica con postfacio de Murray G. Hall, profesor emérito de la Universidad de Viena y gran conocedor de la obra de Bettauer. La versión cinematográfica de la misma se hizo ya en 1924.
Hugo Bettauer, La ciudad sin judíos. Cáceres, Periférica, 2015
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CONTRA ERRORES Y HORRORES
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Manuel Pecellín | 03-01-2016 | 11:14| 1

Agustín Romero, nacido en Llerena, profesor jubilado, poeta y novelista (así como bloguero infatigable), lleva  lustros proclamando la insubordinación contra el Poder y quienes le sirven o lo aguantan sin rebelarse. Ese espíritu insurreccional, acorde con las convicciones ácratas que profesa, nutre la pluma del escritor, siempre presto a poner en solfa libros, declaraciones, discurso, programas, artículos o cualquier clase de manifiesto donde él crea percibir intereses espurios, aunque se articulen bajo el disfraz más sublime.

Si la denuncia la articula en versos, ateniéndose a una tradición literaria que el autor conoce como pocos, suele preferir el soneto para expresarla, si bien su rebelde efervescencia le hagan romper a menudo la normativa de tan exigente estrofa. Como se lleva por delante, cual recurso estilístico, cualquier imposición gramatical, sobre todo en aras de mantener los endecasílabos.

Esta  publicación, antología (132) de tantos otros “sonetos satíricos” como ha ido sembrando por numerosos medios, on line o sobre papel,  a partir del año 2000 hasta hoy, aparece en las “hediziones salbages, sal  (sociedad anónima libertaria)”. Así ha querido llamar a su propia empresa, manifestando ya con el nombre el nulo respeto que siente hacia todo tipo de imposición.

“La sátira no es ni la humillación, ni el desprecio o minusvaloración del ser humano. Es la burla de sus errores y, tal vez, terrores y horrores. De sus ignorancias, miedos y odios”, se justifica el poeta en un epílogo. Más aún, insiste, si se hace con ese humor que nos enseñaron tantos grandes críticos, desde el Arcipreste de Hita, hasta nuestros días, pasando por Cervantes, Quevedo, Góngora o Alberti.

Claro que una cosa es la intencionalidad del poeta y otra cómo puedan recibir sus versos los aludidos. Pocas son las autoridades políticas, sindicales, económicas, eclesiásticas, etc.,  de relieve nacional, y más singularmente autonómicas,  a los que no alcanzan los agudos dardos. Y si en alguna ocasión se les dirigen de modo implícito, las más les llegan con nombre expreso.  Se puede decir que, cuanto más altas responsabilidades han desempeñado en España o en Extremadura, determinadas personas, mayor cantidad de sátira soportan. Y como el poder ha estado repartido a diestra y siniestra, al menos para determinadas estructuras, también los mandobles se dirigen tanto a  las derechas como a las izquierdas que lo han detentado.

El lenguaje, tan políticamente incorrecto de estas composiciones, enriquece su capacidad irónica con recursos múltiples, entre los que figuran el uso de expresiones castizas  o escatológicas (al modo de nuestro B. J. Gallardo decimonónico o el actual fray Josepho), los neologismos de creación propia (tipo “rajoyería”, “votambra”, “putambre”) y los muy abundantes juegos de palabras (paranomásicos, muy especialmente).

Esta “mosca cojonera” (ver inicio del soneto 51), incordiante versión del tábano socrático, también ha recibido lo suyo. Basta repasar internet para comprobarlo. Y, si el libro se difunde más allá de los límites locales, habrá de disponerse a que le repliquen voces tal vez cargadas con el  mismo acíbar. Ojalá también el ingenio, jocundidad y cultura que caracterizan a este llerenense selvático, tan enemigo de inquisidores, caciques y déspotas, como de mariposones, borregos, bueyes y  demás especímenes de la mamandurria.

 

Agustín Romero Barroso, Sonetos satírico. Llerena, hediziones salvages, sal, 2014

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BADAJOZ AFTÁSIDA
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Manuel Pecellín | 31-12-2015 | 10:44| 0

Durante los días 13 y 14 de marzo de 2014 tuvo lugar en las antiguas Casas Consistoriales pacenses un ciclo de conferencias, impartidas dentro del marco conmemorativo del Milenio del Reino Taifa de Badajoz. Diversos arqueólogos e historiadores del legado andalusí, españoles y lusos, ofrecerían sus visiones de aquel periodo, actualizadas a tenor de los descubrimientos más recientes. Se recogen en este volumen de actas, que prologa la entonces Consejera de Cultura Trinidad Nogales.

Tras los apuntes de J. Zozaya sobre el fenómeno taifa, a los que adjunta una bibliografía exhaustiva, la catedrática llerenense María Jesús Viguera ofrece una panorámica sintética, con especial atención al reino aftasí. Lo más importante es la traducción que ofrece del capítulo que el escritor y visir granadino Ibn al-Jatib dedicó al la taifa de Badajoz en su compendio cronístico A´mal al-a´lam.

Fernando Díaz Esteban, catedrático emérito de lengua hebrea en la Complutense, trata someramente sobre la presencia de los judíos, apoyándose en una lápida hallada en el cementerio romano de Mértola y en cartas remitidas (s.XI) por el israelita Ismael Ben Isaac el-Badagusí (de Badajoz) y su hijo Judah ben Semuel al-Badagusí al-Qastilí (el Castellano).

Miguel Alba Calzado, miembro del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida, sugiere que la Mérida visigoda y paleoislámica bien pudo servir como precedente urbano para la fundación de Badajoz en el siglo IX, cuando Mérida, según Santiago Feijoo y Miguel Alba Calzado pasaba por su mayor crisis, con una enorme sangría demográfica.

De analizar cómo se llegó hasta allí, desde que se incorporase al Califato Omeya de Damasco la antigua provincia de Lusitania, se ocupa Bruno Franco Moreno. Alberto J. Canto, de la Autónoma madrileña, con los escasos apoyos que la Numismática aporta, ofrece un esbozo de la economía aftásida, si bien reconoce que son más las dudas que las certezas en este terreno.

Mª Antonia Martínez Núñez, profesora de estudios árabes en la Universidad de Málaga, repasa la epigrafía andalusí, con especial atención al epitafio del hàyib Sábúr;el friso funerario de al.Mansür y otros soportes líticos conservados en el Museo Arqueológico de Badajoz.

Susana Gómez Martínez, de la Universidade do Algarve, presta atención a las cerámicas taifas del sudeste peninsular, cerrando Sophie Gilotte, profesora en Lyon, con un estudio del yacimiento de Albalat, bastión estratégico sobre el Tajo, aún no completamente excavado.

 

Zozaya Stabel-Hansen, Juan y Kurtz, Guillermo, Batalius III. Badajoz, Ayuntamiento, 2014

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JOSÉ LUIS BERNAL, POETA
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Manuel Pecellín | 28-12-2015 | 13:03| 0

José Luis Bernal (Cáceres, 1959) podría ser otro ejemplo de un paradigma repetido en la literatura contemporánea: el de los profesores que, dados pronto a la creación poética, van retirándose paulatinamente hacia el mundo de las investigaciones filológicas, el estudio crítico y  el análisis de obras ajenas, más silenciada la voz lírica  propia según se acrecienta su magisterio lingüístico. El actual Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UEX, reconocido experto en las investigaciones sobre la Vanguardia histórica y la Generación del 27, Premio Internacional de Investigación Gerardo Diego (2007), levantaba  pronto sólidas expectativas en el campo poético con dos libros Primavera invertida y El alba de las rosas, que fueron, respectivamente, Premio Constitución de Poesía (1983) y Premio Cáceres Patrimonio de la Humanidad (1989). Fue asimismo editor de diferente colecciones poéticas (Palinodia y Ediciones Norba 1004), además de dirigir la Revista de literatura Gálibo, donde tanto espacio ocuparían los versos.

Como su inolvidable amigo y mentor Juan Manuel Rozas, Bernal, que también sería un bibliófilo consumado (presidente de la UBEx durante un cuatrienio),  ha seguido siempre fiel a las Musas, aunque fuera de manera tácita. Rompe ahora el largo silencio con este poemario, que se publica  en la impagable “Luna de poniente”,  colección dirigida por Elías Moro y Marino González Moreno.

El título, “Tratado de la ignorancia”, nos sitúa ya en uno de los ámbitos europeos de mayor prosapia intelectual, el del quod nihil scitur  (Francisco Sánchez),o Que sais-je? (Montaigne) documentado hasta hoy bajo distintas fórmulas desde el “yo sé que no sé nada” socrático.

“He destinado algunos de mis trabajos al juicio”, proclama  el agudo jesuita Baltasar Gracián en su excelente Arte de ingenio, palabras que sirven de entradilla a este poemario. “He destinado algunos trabajos al juicio/, este se lo dedico a la ignorancia”, principia Bernal.

Pero la hay de dos géneros: la rayana con la estupidez cerril, desconocedora e ignorante de cuanto le rodea e incluso le atañe, y la del sabio verdadero, la del que, tras arduas fatigas intelectuales, reconoce y admite los límites del conocimiento.  Quizás nadie la expresó mejor que Nicolás de Cusa, en obra  con título paradójico, pero acertadísimo: De docta ignorantia.

Es a esta segunda a la que se adscribe, desentrañándonos , un hombre tan sabio como Bernal,  capaz e sobrevivir al pulso debilísimo del tiempo por encima de dudas, ilusiones recónditas, meditaciones silenciosas, cicatrices ocultas, llantos íntimos y tanteos a ciegas. En este decurso vital ocurre que se pierden certezas, rostros, citas, aniversarios,  agendas, lecturas e incluso  amigos. Aunque permanezcan el melancólico sentir, el espíritu libre, el afán de búsqueda, las vigilias lúcidas y el legado, tal vez inefable, pero indeleble, de lo vivido.  Y, cómo no, el verbo. “Solo recuerdo la emoción de las cosas y se me olvida todo lo demás; muchas son las lagunas de mi memoria”, son palabras que se atribuyen a Machado. La nuestra, esa capacidad de evocación, tan a menudo sostenida por una simple magdalena dentro de una taza de té (Proust), quedará permanentemente impregnada por estos poemas. Nos facilitarán situarnos “allí donde los inocentes nada piden,/comparten la pobreza perfumad/las sonrisas del hambre, con la muerte”.

Acorde con su carácter, tan mesurado en gestos y palabras, los poemas de este autor brotan siempre de manantial sereno. Y si tampoco a él le faltan gotas de sangre jacobina, nunca apela al grito o a la expresión abrupta. Su  voz rehúye  estridencias y desgarros, seguro de comprometer a los lectores por la honestidad que los versos trasmiten y la limpieza misma de la expresión.

 

José Luis Bernal Salga, Tratado de ignorancia. Mérida, De la luna libros, 2015.

 

 

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ANDRÉS R. BLANCO
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Manuel Pecellín | 26-12-2015 | 15:31| 0

No acaba uno de terminar de sorprenderse con el tema de los escritores extremeños. Cuando crees conocer a los cultivadores de las letras nacidos o residentes en esta Comunidad, al menos aquellos que poseen ya una obra consolidada, de pronto surge la agradable sorpresa. Me ha ocurrido esta vez última  en el encuentro que organizaron Juan Calderón y Javier Bueno (Madrid, Salón Telefónica) el 13 de noviembre para conceder los premios  otorgados por la Plataforma Cultural “Raíces de Papel”, que ellos mantienen.

Allí tuvieron la bondad de presentarme al escritor Andrés  Francisco Rodríguez Blanco.  Es funcionario y trabaja en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. Días después, me llegaba un paquete con sus últimas publicaciones, realmente valiosas. Blanco nació en Mérida (1956), trasladándose a Madrid con sólo diez años. En la capital reside desde entonces, tras cortas estancias en Badajoz y Plasencia.

El Ministerio de Cultura le concedió el año 1989 una Ayuda a la Creación Literaria, que le permite escribir su primer poemario, Luz y lejanía en los espejos. Poco después, publica La semilla del mito (1991), La mirada de plata (1993) y Álbum crepuscular (1994). Más tarde, y casi siempre al calor de premios de poesía obtenidos, saca a luz Las alas condenadas (2010) y Farolillos (2012). Ha sido seleccionado  dos veces en el Premio de Poesía Experimental (2011, 2013) que convoca la Diputación de Badajoz. Blanco uenta en su haber con otras numerosas distinciones literarias.

Con Farolillos (Vigo Ediciones Cardeñosa, 2012) ganó el XXIII Certamen  de Poesía “Hermanos Caba” 2011, que  se organiza en el municipio extremeño Arroyo de la Luz. Se trata de una plaquette en la que el versolibrismo se conjuga con las asonancias e incluso el soneto. Es un canto amoroso, encendida exaltación del cuerpo de la amada, que mantiene la dignidad de los “Breviarios” publicados por “Raíces de papel”.

Lienzo del bosque que espejea (Mislata, Ajuntament, 2014) obtuvo el XII Premio de Literatura Breve “Vila de Mislata”. Son siete las composiciones incluidos en esta delicada entrega. En sus versos, cargados de erotismo, se percibe la profunda identificación que el poeta siente con la naturaleza virgen, “donde hay duelos de alquitrán/ni ruidos que te aturdan”.

Líneas de expresión (Espiel, Ayuntamiento, 2015) le hizo ganar el XXII Premio de Poesía Acordes 2014. La obra se estructura en dos partes. La primera, que le da título, está escrita en versos blanco. La segunda, “Bótox lírico”, más breve, en prosa poética, si bien al final recupera de nuevo el verso libre.  Ambas parten del mismo ángulo vivencial: el mundo de la mujer, desde una conciencia femenina. Luce prólogo de Milagros Salvador, que resalta con tino el perfecto cierre de los poemas.

Por último, “Movimientos”, un extenso poema, incluido en el Cuaderno Literario que, con nombre tan de Cernuda, Habitando el olvido,  se publicó (Iniesta, 2015) para conmemorar la XXVI Feria del Libro en el Ayuntamiento conquense. Con estos versos había logrado el autor el 1ª Premio de Poesía del XXIV Certamen Literario que dicha entidad convoca. El poeta abandona aquí sus frecuentadas intimidades para abrirse al mundo, enfrentado líricamente las contradicciones de una sociedad donde aún cabe la esperanza.

 

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MANUEL NEILA
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Manuel Pecellín | 25-12-2015 | 18:26| 0

 

Nacido en Hervás (1950), criado en Asturias y residente en Madrid, licenciado en Filología Románica, Neila ha ejercido como profesor, crítico literario, director de colecciones, periodista, traductor y otros oficios relacionados con la escritura. Dueño de una voz personal y libre, que algunos tienen como cautelosa y casi secreta (a mí no me lo parece tanto), es verdad que ama la desnudez en poesía y la concisión de la prosa, con manifiesto gusto por los aforismos. Lector preferente  de creadores como Vicente Aleixandre, Claudio Rodríguez, Eugénio de Andrade y Cristóbal Serra, sin abandonar nunca a los grandes románticos tipo Hölderlin o Novalis, Luis Alberto de Cuenca le reconoce en el prólogo que puso al libro del cacereño El camino original (Sevilla,  Renacimiento, 2014):

“Todo en él está hecho de observación de la naturaleza, de temblor delicado ante el paso del tiempo, de trazos y de signos sencillísimo que ocultan una rara sabiduría milenaria, de talento constructivo, de perfección métrica (sus haikus y sus tankas son, siempre, magistrales), del bisbiseo susurrante que caracteriza su dicción. Hay en él una clara voluntad de versificar a partir de lo mínimo, de lo elemental. Pero del montón de nada pasajera sobre el que levanta sus versos se alza una brisa redentora que calma la sed, vivifica el alma y depura la mente. A modo de vacuna, la poesía de Neila nos inyecta la dosis de melancolía necesaria para superar la tristeza. Y lo hace de un modo tan sutil, tan etéreo, tan exquisito que nos hace flotar, como en deliquio hipnótico, sobre las cosas de allá abajo, felizmente eclipsadas por la belleza de sus versos.”

Con dedicación plena a la literatura, nuestro paisano nos regaló este 2015 ya  punto de desaparecer con tres obras que me place registrar aquí.

Pensamientos desmandados (Sevilla, La Isla de Siltolá) viene a ser una prolongación de otro libro suyo, que nosotros tuvimos el placer de reseñar, Pensamientos de intemperie (2012). Son un enjambre de aforismos – “Breverdad enunciado con donaire”, en  ingeniosa definición suya, – donde los neologismos alternan con apostillas a lugares comunes, frases encendidas compuestas  en diferentes  idiomas (latinas, inglesas, francesas, alemanas), dictados tópicos y comentarios a otros grandes del género (Epicuro, Nietzsche, Chamfort, Baudelaire). Se rinde homenaje explícito a Antonio Machado, “uno de los pocos autores españoles cuya escritura sigue hablándonos sin dogmatismo y con provecho”.

Clima de riesgo (Sevilla, Renacimiento) es una antología de anotaciones personales compuestas por el autor a lo largo de 2012. Ofrece apuntes de lecturas, comentarios a noticias de actualidad de fuerte carácter crítico, reflexiones filosóficas, obituarios (Tabuchi, Mingote, Szymborska, Carlos Fuente, Agustín García Calvo), descripciones paisajísticas, efemérides (1ª huelga de Asturias en época franquista), viajes (Soria) y, claro está, aforismos, siempre con la sombra de Machado como telón de fondo. Este profesor indignado, que detesta las contradicciones del hombre moderno y el sectarismo de las políticas educativas, constata la disolución del sujeto burgués sin que realmente se le haya sustituido con otro paradigma válido.

Por último,  El escritor y sus máscaras (Madrid, Pigmalion), que aparece en la colección “Extremadura”, fundada por Ricardo Hernández Basilio Rodríguez Cañada para los extremeños de la diáspora poco atendidos por las editoras institucionales. La obra lleva prólogo deRogelio Blanco Martínez. Recoge un conjunto de ensayos que antes vieron la luz en diferentes medios de alcance nacional, desde el ya lejano 1999 hasta 2008. Casi todos son estudios incisivos de grandes autores, entre los cuales Neila suele elegir sus libros autobiográficos (diarios, soliloquios, memorias). Se ocupa tanto de grandes maestros de la literatura universal , como de creadores contemporáneos, españoles muchos de éstos. Tales miradas poliédricas conforman un caleidoscopio sumamente atractivo y enriquecedor.

 

 

 

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EL RETRATO DE LA REINA
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Manuel Pecellín | 19-12-2015 | 19:33| 0

 

 

El retrato de “ la Reina de los Bucles de Ceniza”  preside el dormitorio común del albergue madrileño donde cada noche refugian sus miserias un pintoresco conjunto de hombre sin hogar, oficio, ni esperanzas. A uno de ellos se lo encargó dibujar el protagonista de esta novela, Lázaro del Carpio, auténtico trasunto de su homónimo de Tormes, aunque se presente con retoque modernos y hasta explícitamente nietzscheanos.(“A partir de ahora, exclama ante su troupe de harapientos, acepto la vida y la nada, y estoy por encima del bien y del mal. El mundo y de la vida carecen de sentido; sólo me importa el eterno retorno; no existe, ni el valor, solo la apariencia, la materia”, pág. 238).

Si hemos de atribuirle alguna verosimilitud al personaje, habrá que conocer de dónde procede, cómo llegó hasta las alcantarillas, qué metamorfosis ha sufrido alguien evidentemente culto para transformarse de camello en león, acaso también en niño o superhombre.

Se lo preguntan, atónitos, los componentes de este coro griego, doce apóstoles enardecidos tal vez por el alcohol o la heroína, como Elías el Tímido, Oso Cigarrero, Manuel Rojero “el cojo”, El Metadona o La Guindilla, la única mujer en la zarrapastrosa comunidad. De todos ellos irán deslizándose apuntes existenciales a lo largo del discurso, nunca atenido a las leyes de la cronología lógica. Aunque el más próximo a Lázaro, quien lo mejor lo entiende y sobrelleva, es sin duda Santiago Ovando, el pintor, su amigo y cómplice, persona también educada en otros medios antes del derrumbe vital hacia la cloaca. Es el artista quien recibe el precioso diario –pieza básica de la narración- donde aquel reconstruye su propia historia, desde la infancia rural al entorno urbano, sin omitir alusiones a sus antecedentes familiares y el accidente que provocó su derrumbe definitivo. No desvelaré la conclusión, auténtico canto de cisne, tan cómico como trágico, con versión actualizada del timo de la estampita y criminales negocios de mafia milanesa.

Personaje sobresaliente de este libro plural, que tiene mucho de disquisición psicológica,  retrato sociológico, novela histórica e incluso thriller, es  la admirable abuela de Lázaro, Marina Alancastre, fallecida casi centenaria. La larga sombra de esta “reina de los bucles de ceniza”  constituye el telón de fondo de todo el relato. Procedente de familia con tradición liberal, tiene casa solariega en “Aldivieja”, falso topónimo de la Baja Extremadura.  Sus habitantes utilizan términos tan inconfundibles para nosotros como chinatos, repiones, ataharres, majanos, zangandón, repantigarse, jabados  y tantos otros de nuestra habla popular. Hasta allí nos conduce una y otra vez el Diario del nieto (compuesto en diferente grafía), merced al cual se dan conocer   las vicisitudes de la guerra civil, el maquis y la represión franquista, que talarán el frondoso árbol de esta saga extremeña entroncada con sangre lusa. Incluso podrán deslizarse a través de sus evocaciones historias tan tristes como las de las “Trece Rosas”,  grupo de jóvenes socialistas fusiladas en Madrid aquel horrible agosto de 1939.

La obra  forma parte de una trilogía, junto con El nieto de Vulcano Vuelta a la libertad. Su autor, natural de La Morera, licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Complutense, que tiene otras obras publicadas, obtuvo el Premio de Novela Corta José Luis Coll 2009 con Lo que necesitas es amor, es dueño de una prosa excelente, donde sobresale la descripción de los paisajes, rurales y urbanos. Notable resulta también su hábil manejo de materiales múltiples: poetas contemporáneos (Machado y Lorca), refranes y dichos del folklore regional, canciones populares, etc.).

No dejan de sorprender, en escritor tan experto, algunas caídas, como ese  desconcertante “bis a bis” de la página 178; la supuesta “aurora boreal” (pág. 175) o esos fusilamientos de la plaza de toros de Badajoz “en agosto del treinta  y siete” (pág. 201), ocurridos justo un año antes.

 

Alonso Carretero Caballero, La Reina de los bucles de ceniza. Madrid, Letraclara, 2015.

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LA MAJONA
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Manuel Pecellín | 14-12-2015 | 20:11| 0

 

 

Hace pocas semanas, se anunciaba en HOY para dentro de pocos meses la apertura al público  de la villa romana de “La Majona”. Descubierta el año 1995, próxima a Don Benito, posee una importancia indudable. Tras lustros de desidia, el yacimiento parece al fin en vías de plena recuperación merced a las últimas disposiciones del Gobierno autonómico.  Además de pinturas murales  y hermosos mosaicos, allí se encontró un bello busto labrado en mármol de Estremoz, que enriquece hoy los ricas existencias del Museo Arqueológico de Badajoz.  Datado en el siglo III después de Cristo, podría ser la figura del  dueño de la villa, sin duda un poderoso terrateniente, aunque los expertos le encuentran parecido con los retratos juveniles  del emperador Marco Aurelio Severo Alejandro (222-235).

En el mundo romano se inspira esta novela corta del  conocido escritor dombenitense (n. 1949), que viene cultivando varias disciplinas creativas, sobre todo el “libro objeto”, como Vberitas (1993), Amaltea (1994, Caligae (1995), Tierra de encinas (1996) , Sed de agua (1997) o Brisa de Alas (1998). Testimonio de su afición por la poesía visual- se le incluye en varias antologías del género- es el  volumen Voces y ecos (2003), compendio de lo que hasta entonces había creado, siendo incluido en la antología Poesía experimental Española (Calambur, 2012). Lo demuestran también las ilustraciones, inspiradas en la cultura latina, que enriquecen estas Nundinae.

Era éste el nombre de la jornada de descanso que cada ocho días acostumbraba a celebrarse en las poblaciones del Imperio, con carácter festivo y comercial. Una suerte de “mercadillo” sobresalía entre sus actividades lúdicas. El autor nos conduce rumbo al que tiene lugar cualquier semana en Éfeso. Hasta allí ha llegado Marco Ulpio Vero, para visitar a un matrimonio patricio amigo, Cayo y Casiedra, a los que lleva dos magníficos potros,  y coincidir con el séquito del emperador  (Marco Ulpio) Adriano, en visita a la  hermosa ciudad .

Nacido justamente en La Majona, el joven narrará en primera persona las vicisitudes del viaje, desde la Lusitania interior hasta las orillas del Egeo, con Cádiz, Roma y Atenas como etapas prominentes. A la vez, se permite la memoria de los años que estudiase en Emerita Augusta (donde obtuvo la toga virilis) o las excursiones por la cercana Metellinum (Medellín), sin olvidar los alegres días vividos en la villa propia. Si el padre procede de los soldados  de la Legión X Gemina, para los que se fundó Mérida, la madre pertenecía a una tribu de los iberos más comprometidos en la lucha contra Roma: sus antepasados vivieron, centurias antes, en las proximidades de un enorme palacio-santuario (Cancho Roano, se supone).

El novelista compone así un relato pleno de evocaciones, siempre verosímiles y respetuosas con el rigor histórico, incluso en detalles mínimos. No menos atrae la pulcritud de su prosa,  tan rica como concisa, con clara preferencia por el enunciado corto y el uso preciso de los términos, incluidas las frecuentes e inevitables expresiones en latín. Aunque resulte de interés para cualquiera, juzgo que la lectura de Nundinae posee singular valor didáctico, haciéndolo un libro especialmente apto para la enseñanza de las humanidades clásicas.

 

Juan Ricardo Montaña García, Nundinae. Don Benito, Ayuntamiento, 2015.

 

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