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ESCRITORES Y BIBLIOTECAS
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Manuel Pecellín | 28-06-2014 | 07:14| 0

Natural de Zaragoza (n. 1963) y catedrático de Literatura Hispanoamericana en Granada,  el autor ha impartido clases en numerosas otras Universidades, especialmente las de Delaware y Montclair State (USA). Entre sus obras cabe recordar Cómo trabajan los grandes maestros de la literatura (2002), junto con numerosos estudios sobre los escritores hispanoamericanos, cuyas biografías conoce a la perfección. No sólo la de ellos, sino también las de otros grandes maestros de la pluma, según demuestra este libro.

Lo abre un prólogo de Vargas Llosa, en la que el premio Nobel evoca cuán intensamente ha amado los libros y los lugares donde se guardan, catalogan, sirven y leen tan imprescindibles útiles de la cultura. Él mismo trabajó en la biblioteca del Club Nacional de Perú, donde pudo hacer descubrimientos que lo marcarían, como el de la larga veintena de tomos publicados en la colección “Les maîtres de l´amour”, dirigida por Apollinaire. Vivirá experiencias similares en la Nacional de Madrid y París, así como en la antigua British Library, a la vez que iba componiendo su novelística. Con él concluye también el volumen.

Son treinta los escritores concitados en estas páginas, donde se nos hace ver, por testimonios directos o indirectos,  las relaciones laborales que a lo largo de sus tantas veces muy agitadas vidas mantendrían con esos “paraísos”. Porque no otra cosa es para un creador tener a mano miles y miles de títulos que devorar. Se trata de figuras relevantes, pertenecientes a numerosos países y que así se  agrupan sin seguir orden cronológico, escuela, movimiento o generación. Según los casos, no solamente se analizan las vinculaciones de cada uno (casi siempre, de larga duración), con distintas bibliotecas (universitarias, estatales, municipales, áulicas, privadas, etc.), sino que se incluyen agudos análisis sobre la diagénesis, sentido y alcance de las propias creaciones. De ahí que  cabe clasificar El escritor en su paraíso  como género biográfico e historia de la literatura, si es que el primero no supone un aporte imprescindible para entender la segunda.

Obligado a elegir, me quedaría con los capítulos que se dedican al perseguido Reinaldo Arenas, Georges Bataille (“el bibliotecario perverso”), Jorge Luis Borges (“el escritor en su laberinto infinito”),  Robert  Burton (“ el saber enciclopédico y melancólico), Casanova (“seductor seducido por la palabra”), Solzhenitsyn (“un bibliotecario entre rejas”), Hölderlin (“el bibliotecario loco”), el inconmensurable Menéndez y Pelayo o Eugenio d’ Ors, pionero de las bibliotecas populares en su Cataluña natal.

Edén, refugio, taller, tertulia, incluso hogar fueron las casas de los libros para quienes los amaban con tanta pasión. Díganlo si no el extremeño Bartolomé José Gallardo,  activísimo bibliotecario de las Cortes de Cádiz,  a quien A. Esteban  califica como “el príncipe de los bibliófilos españoles”  (palabras que mucho recuerdan las dirigidas por Bataillon a Antonio Rodríguez-Moñino, personalidad  bien merecedora de haber aparecido en este estudio). O Benito Arias Montano, artífice de la magna biblioteca de El Escorial, que tal vez se lleva las páginas más flojas, redactadas sobre una bibliografía arcaica, con algún error de fechas y no pocas consideraciones más que discutibles sobre la casi inabordable producción del escriturario, teólogo y poeta frexnense.

Ángel Esteban, El escritor en su paraíso. Cáceres, Periférica, 2014.

 

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BIBLIOTECA DE SAN ATÓN
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Manuel Pecellín | 21-06-2014 | 08:21| 0
LA BIBLIOTECA DEL SEMINARIO PACENSE

Hace bien poco, la muerte se llevó al sacerdote  Francisco Tejada Vizuete (Granja de Torrehermosa, 1940), importante hombre de la cultura extremeña. Licenciado en Teología y Doctor en Historia del Arte, son muchas las áreas en las que deja constancia de sus infatigables labores: el archivo y el museo de la catedral pacense; el Centro Superior de Estudios Teológicos, afiliado a la Universidad de Salamanca; la secretaría de la Academia de Extremadura;  la Federación Extremeña de Folklore; la dirección de la revista Pax et Emerita; las reediciones de textos fundamentales para la historia de la Región (v.c., la Historia de la ciudad de Badajoz, de Solano de Figueroa) y numerosos libros sobre diferentes temas. Pero, entre tantas actividades, quizá la más ilusionante para él fue reorganizar la  biblioteca de San Atón, con la inestimable ayuda de quien hoy la dirige, Guadalupe Pérez, autora del libro aquí reseñado. Todavía tuvo tiempo el Dr. Tejada para presentar con enorme entusiasmo esta obra, poco antes de someterse a  su última y fatal operación.
Los fondos bibliográficos del Seminario de Badajoz, sustancialmente enriquecidos por Alonso Solís y Gragera (1783-1797) , Mateo Delgado Moreno (1902-1841), y Félix Soto Mancera  (1904-1910), prelados de la diócesis, alcanzan casi los 50.000 volúmenes.  Entre ellos sobresalen una decena de incunables; más de mil impresos durante el s. XVI en numerosos talleres españoles y europeos; la maravillosa Biblia Políglota de Amberes; numerosos escritos de Arias Montano y Erasmo ; no pocos incluidos en los múltiples Índices redactados por la Inquisición; textos krausistas  y publicaciones periódicas muy difíciles de localizar en otros lugares.
Según resalta en el prólogo Francisco González Lozano, Rector del Seminario, esta casa, justa merecedora de la Medalla de la Comunidad, ha ofrecido formación y enseñanza a lo largo de 350 años a muchos  miles de jóvenes, siendo su biblioteca -abierta siempre a consulta pública – instrumento no del todo bien utilizado. Desde ahora será mucho más fácil consultar sus contenidos. El trabajo de Guadalupe Pérez abarca solamente el fondo antiguo, es decir hasta finales del siglo XIX. Según ella misma destaca en la introducción técnica, entre los casi 7.000 títulos y 13.8000 ejemplares catalogados predominan los de carácter humanístico (teología, derecho, filosofía, literatura e historia), aunque caben todas las sorpresas, como ese conjunto de obras de Medicina, que al Dr. Abdón Moreno le entusiasman por la rareza de no pocas.
La publicación consta de dos tomos. El primero, de casi quinientas páginas, ofrece, tras unos apuntes sobre la historia del Seminario, los oportunos registros, alfabéticamente ordenados y distribuidos por materias, con el autor, título, pie de imprenta,  signatura, etc., de cada ejemplar. “Al encontrarse una gran parte de nuestros libros descritos en el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español, no hemos visto necesaria la descripción exhaustiva de cada registro y hemos desarrollado los datos fundamentales para la descripción de cada obra, obviando otros datos de carácter secundario, como pueden ser sus notas marginales o datos de propiedad”, aclara Pérez Ortiz, que bien conoce la importancia ocasional de lo omitido. El tomo segundo recoge  variados índices: de autores y obras anónimas; de impresores, editores y libreros (hay nombres máximos de las gráficas europeas); el cronológico y el de materias.
En resumen, herramienta utilísima para manejarse en una de las bibliotecas fundamentales de Extremadura.
Guadalupe Pérez Ortiz, Catálogo del fondo antiguo de la biblioteca. 2 vols. Badajoz, Seminario Metropolitano de San Atón, 2014
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UT PICTURA POESIS
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Manuel Pecellín | 17-06-2014 | 19:37| 0

Con esta obra obtuvo su autor el XXI Premio Nacional de Poesía “Acordes”, que viene convocando el Ayuntamiento de Espiel. Editado por esta institución, según recoge las bases del concurso, ha sido impreso en los talleres de Josman, de Azuaga. Diego Fernández (Campanario, 1957) ejerce el magisterio en su pueblo natal, vocación que combina con otras dos dedicaciones apasionantes para él: la pintura y la creación literaria. De lo mucho que tiene escrito, hasta ahora había publicado los libros Pasaje para los sueños rotos (2006), Pintando versos serenos (2011) y  Breviario poético de oraciones rotas (2012). Relatos, ilustraciones y poemas suyos han aparecido en numerosas revistas. Colaboró también con el estudio “La segunda enseñanza en Campanario” en la obra colectiva (5 volúmenes) que el Fondo Cultural Valeria logró dar a luz (2003) tras impresionantes esfuerzos. Cabe incluir El oro viejo de las sombras en la clásica tradición consagrada por Horacio con el célebre dicho “ut pictura poesis”, tópico que recuerda el que mucho antes formulase Simónides de Ceo: «la poesía es pintura que habla y la pintura poesía muda». A la estrecha relación entre ambas artes acude Piropo (así es conocido el autor en Campanario) para componer estos versos, con los que ha querido honrar a los creadores para él más queridos: Turner, Millet, Rodin, Van Gogh, Renoir, Gauguin y muy especialmente el genio del impresionismo, Claude Monet. A obras más o menos conocidas de estas figuras están dedicados cada uno de los poemas, donde el escritor evoca las emociones que le producen la visión de El Ángelus, Impresión sol naciente, Catedral de Rouen, Jardin de Giverny, Glicinas, Ninfeas, Bañista rubia, Olympia, Boulevard Montmartre, Cuarto en Arlés, El Cristo Amarillo y otros cuadros ineludibles para la conformación de la estética contemporánea. Si algo común percibe en todos ellos el escritor son los imperativos de la luz, término que se descubre prácticamente en todos los poemas, confortado con otros del mismo campo semántico, sin olvidar los antónimos (“resplandor”, “iluminación”, “transparencia”, “claridad” y también “sombras”, “tinieblas” “eclipse”, etc.). Seguramente porque, según cantara Baudelaire (“Ils marchen devant moi/ces yeux pleins de lumières”), las pupilas de Fernández se encuentran iluminadas por ese sol enfebrecido de La Serena, capaz de transformar incluso las realidades más humildes en joyas deslumbrantes. Bastan para ello el ojo sensible y la palabra justa que lo sepa decir. Así lo hace Piropo en versos encendidos, donde los juegos gráficos sirven de excelente apoyatura a un lenguaje desnudo, atinado, siempre sonoro y bello. Como el de los grandes óleos que tanto admira.

 

Fernández González, Diego, El oro viejo de las sombras. Espiel, Ayuntamiento, 2014

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EL REY FELÓN
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Manuel Pecellín | 14-06-2014 | 07:04| 0
EL REY FELÓN
Manuel Pecellín Lancharro
A la conocida librería de viejo que los Miranda (tres generaciones del ramo) mantienen en Madrid, llegó el archivo de uno de los protagonistas de la primera mitad del XIX español, el emeritense José María Calatrava. Esta valiosa documentación pudo venir a la Biblioteca de Extremadura, vía fondos Clot-Manzanares, pero no hubo entendimiento económico sobre el posible contrato.  La compraría finalmente Pedro J.  Ramírez,  el autor de la obra aquí reseñada, un impresionante volumen con casi 1.200 páginas, cuyo núcleo lo constituyen los manuscritos del extremeño, generosamente utilizados. Según esa fusión de géneros hoy tan de moda, La desventura de la libertad tiene mucho de novela histórica, reportaje periodístico y ensayo filosófico, como le ocurre, mutatis mutandis, a los más conocidos trabajos de Javier Cercas.
Protagonista central del texto es José María Calatrava, en torno al cual pululan un gran conjunto de personajes coetáneos, muchos de ellos también extremeños (Fernández Golfín, Gómez Becerra,  Bartolomé J. Gallardo, José M. Quintana,  Manuel Godoy,  Pablo Montesinos o  Muñoz Torrero, éste injustamente desatendido aquí). Argüelles, Riego y Alcalá Galiano, constitucionalistas indefectibles,  son, entre los españoles, los que más espacio ocupan. El duque de Angulema, general del ejército francés enviado por la Europa absolutista para concluir con los “Cien mil hijos de San  Luis” el proyecto  liberal (1823), nos atrae por su complejidad ideológica como alguien más próximo al propio Calatrava que a Fernando VII, el “rey felón”,  un prototipo de estupidez, cerrilidad, cinismo y astucia.
El marco histórico de la obra son los meses últimos del “Trienio Liberal”. Calatrava, que había sufrido duro destierro en Melilla y cuyo hermano Diego fue fusilado por sus ideas antiabsolutistas,  se vio constreñido a aceptar la presidencia del último Gobierno liberal, con apoyo de la Masonería y la  reticente ayuda  de los Comuneros, otra de las sociedades secretas que pululaban en los inicios de la España decimonónica.  Si algo impresiona es el enfrentamiento de las “izquierdas”, así como la  simpatía popular, que los frailes fomentan, a favor del Rey y contra los ideales ilustrados.
El autor, sirviéndose de exhaustiva bibliografía, con especial cuido de la prensa periódica (El Zurriago,  la Gaceta de Madrid,  El Espectador), sin omitir fuentes francesas e inglesas, reconstruye de forma vívida aquel Cádiz donde por segunda vez se refugian los diputados de las Cortes españoles, llevándose al propio Rey, malgré lui, hasta que el ejército galo – esta vez sí – toma la heroica ciudad.
Calatrava consigue huir, vía Gibraltar, a Londres, mientras el Rey desencadena una terrible represión contra los constitucionalistas.  Quien tuvo el máximo poder gubernamental, el hombre libre y mesurado por antonomasia,  antiguo presidente de Gracia y Justicia, excelente parlamentario, se ganará durante un largo lustro la vida como zapatero remendón en los arrabales de Somer Town. Fallecido Fernando VII, volverá a recibir honores y cargos de relevancia suma. Pero eso es ya otra historia, que aquí no se contempla.  Entre puntadas y pespuntes, tiempo tendría de reflexionar  sobre las causas que dieron al traste con la empresa iniciada por la revolución de Riego, a la vez que se defendía de los injustos ataques que algunos de sus correligionarios le lanzaban. Especialmente difíciles de defender fueron sus decisiones en torno a  la suspensión de los derechos constitucionales, visto que  el ejercicio de   la libertad parece exigir límites rigurosos en épocas convulsas, como las del  segundo asedio gaditano. ¿Fue un acierto empecinarse en defender, contra vientos  y mareas, la mítica Constitución de 1812, o hubiese sido más sabio pacta con Angulema y los suyos una  “Carta” intermedia, aunque Fernando VII tampoco la hubiera aceptado? Resulta difícil aceptar que la política no es el arte de conseguir lo mejor, sino de acomodarse a lo posible, aunque eso exija la renuncia de los más queridos propósitos. Aunque tarde, Calatrava parece haberlo aceptado.
Entre las ricas fuentes consultadas por P.J. Ramírez, cabe destacar un buen conjunto de investigadores extremeños como Carmen Fernández-Daza, Fermín Mayorga, José María Lama, Juan Sánchez González o Teodoro Martín Martín.
Pedro J. Ramírez, La desventura de la libertad. José María Calatrava y la caída del régimen constitucional español en 1823. Madrid, La Esfera de los Libros, 2014.
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OMNES FERIUNT, ULTIMA NECAT
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Manuel Pecellín | 11-06-2014 | 12:52| 0

Nacido (1929) y criado en Mérida, R. Rufino Félix vivió algunos años en Madrid, relacionándose con los ambientes cultos de la capital durante los difíciles 50 del pasado siglo. Allí se forjaría su concepciòn del hecho literario. Vuelto a la tierra patria, se dedicaría profesionalmente a la empresa familiar, sin menoscabo de la escritura. Tras la jubilación, han ido acentuándose sus labores creativas (poemas y artículos periodísticos). Entre los libros últimos que ha dado a luz cabe recordar Las puertas de la sangre (premio Ciudad de Badajoz, Algaida, 2005), El arde verdecido (Beturia, 2010) y La soledad de las arenas (Algaida, 2012).
El escritor emeritense es dueño de una voz personalísima, cada vez más depurada, con la que insiste sin solución de continuidad (¿qué gran poeta no lo hace?) en los mismos temas: la fugacidad del tiempo, la inminencia de la muerte, el esplendor del tiempo vivido, los relámpagos que aún encienden la carne, la memoria de la infancia feliz, la esperanza de la superviencia en el corazón de los demás, el orgullo de considerarse un tipo decente, el mar como escenario que compite ventajosamente con las dehesas. Y, siempre, la pasión por el lenguaje.
Se percibe de modo meridiano en Como un adíós de seda, cuyos versos se impregnan de sones doloridos ante la proximidad de la partida última, Así ocurre desde la “confesión” preliminar, donde se nos promete que va a decirnos “qué siento/cuando mengua la vida/la visión luminosa de los ojos” (pág. 9). Eso sí, se propone Rafael R. hacerlo, y lo cumple, sin amargura, incluso paladeando los placeres que aún puede depararle la ocasión: incendiándose con la luz meridional, admirando en la playa un joven cuerpo desnudo, acompasándose al ritmo dulce del mar gaditano o permitiéndose goces junto a la amada, “ajenos al dolor que nos espera”.
Desde la hondura de los poemas en metros mayores, donde el versolibrismo impera, hasta la gracia alada de alguna soleá, con abundantes hallazgos léxicos de ingeniosa creación, van deslizándose estos susurros líricos, que conmueven incluso los rincones más velados.
Otro éxito de la joven y prometedora editoria, que sigue abriéndose camino en este difícil mundo de las publicaciones.

Félix Morillón, Rafael Rufino, Como un adiós de seda. Olivenza, Heraklion, 2014

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BADAJOZ AFTÁSIDA
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Manuel Pecellín | 09-06-2014 | 17:17| 0

Como contribución a la actividades organizadas para conmemorar el Milenio del Reino (taifa) de Badajoz, la Biblioteca de Extremadura tuvo a bien organizar durante la primavera de 2014 una muestra bibliográfica donde se expusiesen las obras fundamentales sobre aquel periodo. Comisionada por Fernando Dìaz Esteban, catedrático emérito de la Complutense, reunió un rico conjunto de publicaciones, manuscritos, mapas y otros materiales, cuya catalogación se ofrece en la parte segunda este volumen , prologado por Trinidad Nogales con su sapiencia habitual. Lugar relevante ocupan los títulos de los investigadores más reconocidos del pasado de Badajoz: Rodrigo Dosma, Solano de Figueroa, Vicente Barrantes, Matías Ramón Martínez y Manuel Terrón Albarrán.
La parte primera del libro recoge un conjunto de estudios, más o menos relacionados (algunos son claramente ajenos) con la historia de los musulmanes en las cuencas del Tajo y Guadiana. Lo cierto es, según recoge Kurtz Schaefer, director del Museo Arqueológico pacense, en unas páginas cargadas de ironía, que continúa siendo bien poco cuanto se sabe sobre el Reinado de los Aftásidas. Hasta podría decirse que varias de las colaboraciones aquí recogidas -comenzando por la del propio coordinador- vuelven a incidir en viejos tópicos, por lo visto aún no disueltos, sobre el origen romano de la ciudad de Badajoz; su nombre, derivado del latín por increíbles mutaciones lingüisticas, o los imaginados obispos anteriores a la reconquista cristiana. Sólo los breves apuntes de Francisco Tejada Vizuete , cuyo fallecimiento no se lamentará bastante (escritos para presentar en Roma la reedición de la Historia Eclesiástica de la Ciudad de Badajoz, de Solano), ponen en solfa tales mitologemas, refiréndose explícitamente a cuantos aún “se aferran a otro imposible: la diócesis mozárabe de Badajoz”).
Son pocas las nuevas aportaciones que el libro procura. Entre ellas destacaremos el trabajo de María Jesús Viguera Molins sobre la presencia de Badajoz en la antología lírica del “Mugrib”, compilada por Ibn Sa´id en el siglo XIII, donde se dedican 19 páginas a nuestra ciudad. Para los interesados en el tema resultarán de indudable interés los dos resúmenes que de la época aftásida suscriben Juan Antonio Pacheco Paniagua (Universidad de Sevilla) y Alfonso Vázquez Atochero (Universidad de Extremadura). Por su parte, Francisca Pedraja (Universidad y Academia de Extremadura) recoge sus esfuerzos por salvar la Alcazaba en la segunda mitad del pasado siglo.

Díaz Esteban, Fernando (coord.), Badajoz. Mil años de libros. Badajoz, Biblioteca de Extremadura, 2014

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NÚÑEZ DE BALBOA
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Manuel Pecellín | 07-06-2014 | 08:06| 0

Con motivo del V centenario del descubrimiento del Mar del Sur por Balboa y su milicia, bien guiados por aborígenes amigos, se produjo un aluvión de publicaciones sobre el conquistador extremeño. Feliciano Correa, cronista de la ciudad donde vio la luz el personaje, aquel rico “Jerez junto a Badajoz”, con nutrida aljama hebrea y muy nobles caballeros. Partícipe en muchas de las celebraciones organizadas al efecto en el Antiguo y Nuevo Continente, ha venido a enriquecer el fondo bibliográfico con esta biografía de Balboa, significativamente intitulada “La fantástica historia de un hidalgo español”. Se trata de un volumen con más de 500 páginas, donde el autor resume lo que del héroe se sabe (quedan aún lagunas en torno a su discurrir existencial); lo contextualiza debidamente en la época que le tocó vivir (inicios del Renacimiento y primeros años de la Conquista americana); ensaya posibles explicaciones de su ardoroso comportamiento e incluso se extiende, enfrentándose a la “Leyenda negra” , con ponderados juicios en torno al papel de la Corona, evangelizadores, guerreros, pobladores y gobernantes españoles durante la conquista y colonización del Nuevo Mundo.
Correa se apoya, sin ocultar sus deudas, en los cronistas y primeros historiadores de América : Pedro Mártir de Anglería, Gonzalo Fernández de Oviedo, F. López de Gomara o Bartolomé de las Casas (cuyas comprometidas tesis se esfuerza por matizar); los estudios ya clásicos de Kathleen Romoli, Pascual de Andagoya , A. Bullón de Mendoza y Charles Anderson, así como en los trabajos más recientes de Luis Blas Areitio y sobre todo Carmen Mena García. A ello suma sus propias investigaciones, en especial para lo que atañe a la adolescencia y juventud de Balboa, vividas como escudero del muy poderoso VIII Señor de Moguer, Alcaide de Jerez, D. Pedro Portocarrero, uno de los grandes señores de la época, junto al cual aprendería normas de conducta después hábilmente practicadas en territorio americano. Del propio Balboa sólo nos queda una de las cartas que dirigiese al Rey Católico, cuya minucioso análisis ofrece muy interesante información.
Escrita con evidente voluntad de estilo e intenciones didácticas, la obra constituye una valiosa propedéutica, a veces lastrada por excesivas repeticiones y la continua implicación de quien la escribe. Dueño de muy abundante información, con enorme facultad para las asociaciones de ideas, se deja conducir fácilmente hacia terrenos limítrofes, e incluso lejanos, al núcleo de la obra, lo que contribuye a generar digresiones múltiples, nunca vanas, pero tal vez no del todo imprescindibles.
Sin duda, el máximo valor del libro es el retrato que hace del muy atractivo Balboa, así como la crónica de los momentos más interesantes que a tan gran hombre le tocó vivir, especialmente el más sublime de todos: el descubrimiento del océano Pacífico, tras superar una auténtica odisea. De poco le iba a servir tamaña gesta, frente al escaso peso que el jerezano tenía ante Fernando el Católico o Cisneros y la malevolencia desarrollada por el gobernador Pedrarias. Terrible es que a alguien tan esforzado y joven aún le cortasen la cabeza, con la complicidad de hombres como Francisco Pizarro (al fin, también muerto alevosamente). Al parecer, lo del “espíritu desunido” infectó a los extremeños desde mucho antes que Salas lo clavase en su famosa décima.

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CONFESIONES PAPALES
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Manuel Pecellín | 05-06-2014 | 19:05| 0

Nacido en Segura de León, sacerdote y periodista ya octogenario, ha tenido una intensa vida profesional, que él mismo resume así: “Curiosas y un tanto extrañas razones me hicieron presente en Madrid con nombramiento oficial firmado por el Cardenal Plá y Daniel, primado de España, dedicado ya a las tareas pastorales de Consiliario Nacional de Mujeres de Acción Católica, en tiempos ciertamente heroicos para el Catolicismo y las relaciones de su Jerarquía con el Gobierno. Expulsado del cargo, al igual que toda la cúpula nacional y diocesana de Acción Católica, a instancias del Gobierno y siendo el interlocutor e interventor por parte de la Jerarquía Don Casimiro Morcillo, Arzobispo de Madrid, me dediqué de lleno a las tareas de periodista-informador religioso en los diarios “Arriba”, “Pueblo” y “El Imparcial” a las órdenes de Jaime Capmany y Emilio Romero, colaborando frecuentemente en programas en “Radio Juventud”, “Hora 25” de la Ser, Radio Cadena Española, Radio Intercontinental, Sábado Gráfico y no pocas revistas y periódicos, haciendo uso reiterado del seudónimo “Erasmo”. Mi trayectoria profesional como escritor-escribidor está resumida cabalmente en la edición de mis libros cuyos títulos son a día de hoy exactamente 85, con una media cada uno de ellos superior a las 250 páginas, sin necesidad de anotar que me proporcionaron no pocos dolores de cabeza, que hubieron de resolverse a mi favor con el paliativo de otros tantos procesos judiciales bien llevados profesionalmente por expertos tales como Gregorio Peces-Barba y Tomás de la Cuadra Salcedo”.
Entre sus obras más representativas (sin olvidar las publicadas con José María Íñigo, dirigidas al turismo cultural) recordamos títulos como Proceso a los Tribunales Eclesiásticos; Divorciarse en España: mercado negro y corrupción”; “ “Mujer creciente: ¿pareja menguante?”; “La Iglesia, último bastión del machismo”; Proceso a la Justicia Española o Cartas provocadoras al Papa.
Aradillas aboga abiertamente por una renovación profunda de la Iglesia católica, que le devuelve su desnudez original, descargándola de tantas adherencias espurias, debidas más a circunstancias históricas (y, por tanto, ya sentido) que a dogmas inamovibles. Con esos mismos parámetros se conduce en esta “autobiografía” de un Papa capaz de confirmarle en sus esperanzas. Por boca de tan sorprendente Pontífice se ilustra al lector sobre sus intenciones de comportarse según el modelo de Francisco de Asís, cuyo nombre habría adoptado intencionadamente. En nombre del “poverello” decide apostar por la pobreza, declararse pecador, renunciar a los símbolos de poder, abrirse a cuantos “florecillas” surjan por doquier (no forzosamente en los ámbitos clericales), admitir los propios errores y comportarse como “una persona normal”, poner término al maltrato que la Iglesia infringe a las mujeres acabar con la “papalatría” y volverse a un Jesús “descanonizado”.
El Papa aquí recreado confiesa que le estorban las residencias áulicas, los confesonarios, las ceremonias y ornamentos ostentosos, el lenguaje machista, la jefatura de Estado y las supuestas santas cruzadas, por no decir otras conductas aún menos justificables.
Una redacción tal vez un punto acelerada ha permitido que se deslicen no pocas incorreciones en la prosa habitualmente pulcra y atractiva del autor.

Antonio Aradillas, Autobiografía soñada del Papa Francisco. Madrid, LiberFactory, 2013

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AMOR Y NOSTALGIA
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Manuel Pecellín | 03-06-2014 | 20:55| 0

Pintora y poeta, con un padre también conocido por sus creaciones literarias, la montijana Piedad González-Castella participó desde muy joven en las tertulias pacenses donde Manuel Monterrey, Manuel Pacheco y Jesús Delgado Valhondo abrían sendas a los nuevos creadores. Estudió Arte Dramático en Madrid, estableciendo amistad con personas relavantes de la farándula, como Miguel Narros, William Layton o Mercedes. Vuelta a Badajoz, estudia Teología, colabora estrechamente con el Teléfono de la Esperanza y no deja de escribir, aunque publique poco de lo que compone. Suyas son El silencio y la palabra (2003), con la que quedó finalista del Premio de Poesía Mística Fernando Rielos, y Ana González Zoydo, que le editó (2007) el Ayuntamiento de Montijo
Con Cuarenta días de junio, subtitulada “Experimento poético virtual”, demuestra que es una voz profunda y sugerente, capaz de sorprender a los lectores por la extraordinaria plasticidad de sus imágenes . Aunque en el preliminar la autora indique que el texto le nació al impulso de las nuevas tecnologías, capaces de irrumpir vorazmente sobre nuestra vida cotidiana, alterando hábitos y arraigadas costumbres, el discurso poético se conduce por mucho más tradicionales que el de los experimentalismos anunciados. Las alusiones a pantallas, ordenadores, redes o chateo apenas son sino excusas para aludir a las nostalgias de la ausencia.
La obra se divide en tres “libros”. El primero, “Versos (punto)com. Chat. Poesía de am@ virtual” , apenas toma del lenguaje informático más que esta denominación. Bastantes de sus poemas fueron ya recogidos en la antología “Poesía amorosa”. Editada (2005) por el Círculo de Bellas Artes de Palma de Mallorca. Son composiciones de amplio aliento, con versos blancos y libres (salvo algún recurso ocasional a las asonancias), a través de los cuales la autora se dirige a su amor perdido, evocando con absoluta libertad los encuentros eróticos entre ambos. Abundan las atrevidas metáforas para describir los momentos más álgidos , hasta alcanzar el éxtasis, “la petite mort” que dicen los franceses.
El libro segundo, “Septiembre imposible. SMS. Mensaje a móvil”, también escrito sin recurrir a la jerga telemática, intensifica si cabe la sensualidad, el clamor de los cuerpos que se reclaman, aunque los poemas sean ahora mucho más breves y depurados.
En el tercer libro, “Versos de la sinrazón”, que abre con una larga cita de Pessoa, se pierde un punto de equilibrio y la calidad decae, sobre todo con las paráfrasis líricas de Quevedo, Nicanor Parra o incluso Rocío Jurado (“Se me perdió el amor..”). Menos convincentes aún son esos poemas de rima burlona, tipo “Oda perversa a mi teléfono móvil” (pág. 85), tan lejanos de otros como el que le antecede, iniciado de forma admirable: “En el blando vientre de una lágrima/engendraré a mis hijos”.
Un poemario, en resumen, digno de atención, que debe alentar a González-Castell para seguir en la brecha.

González-Castell Zoydo, Piedad, Cuarenta días de junio. Madrid, Huerga&Fierro, 2014

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PIZARRA VERSUS ORDENADOR
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Manuel Pecellín | 31-05-2014 | 05:32| 0

Un ensayo sobre las tareas pedagógicas será siempre bienvenido, más aún si lo escribe alguien que dedicó toda su vida a la labor de la enseñanza. Si, además, lo adornan también la pasión por el lenguaje, típico de los poetas, miel sobre hojuelas.
Tal es el caso de Benito Estrella (n. Higuera de la Serena, 1946) quien aún continúa activo como profesor del Programa de Mayores de la UEX.
Maestro, doctor en Pedagogía, fue cofundador y presidente de la innovadora Escuela de Verano de Extremadura ; Jefe de la Unidad de Programas Educativos de Badajoz y ha ejercido la docencia en diferentes escuelas e institutos de la Región. Suyos son los poemarios La soledad y el silencio, Libro de la memoria y el olvido, El lugar que cura e Izama, el Pájaro; la novela de carácter autobiográfico Valdargar y el ensayo Un extraño en mi escuela. Reflexiones sobre la crisis de la enseñanza en la sociedad de la información.
Vuelve a plantearse ahora el papel que pueden desempeñar las nuevas tecnologías en el aula, mostrándose muy desconfiado sobre el uso acrítico y hasta bobalicón de las mismas, por desgracia tan frecuente. Creer en que ordenadores, tabletas, pizarras y libros electrónicos van a conseguir sin más la mejora del rendimiento académico es una ingenuidad (muchas veces interesadamente aireada por los políticos de turno). El autor no se opone por principio a la utilización de las mismas para facilitar el trabajo de los alumnos. Juzga sencillamente (y podría haberse apoyado en las pésimas calificaciones del Informe Pisa y otros similares por lo que a España, más concretamente a Extremadura, atañe) que se necesitan otras cosas más fundamentales si se quiere elevar la formación del alumnado. Por ejemplo, un buen profesorado , así como el cultivo de la escala de valores, frente al vacío axiológico hoy dominante en nuestra sociedad. Carlos Díaz y Antonio Rodríguez de las Heras, con quienes le une antigua amistad, proporcionan al autor las claves interpretativas, que él gusta presentar recurriendo a paradigmas literarios clásicos de distintas culturas, desde la grecolatina y judeocristiana a las asiáticas. El primero de dichos catedráticos es hombre fundamental en la Fundación Emmmanuel Mounier, donde el libro se publica y cuyo objeto es difundir las tesis del “Personalismo comunitario” planteadas por el filósofo francés que le da nombre y al menos en parte aquí evocadas. “Desde mi punto de vista, concluye Estrella, las TIC (Tecnologías Información y Comunicación), hasta el momento, han aportado bien poco a la educación. Yo diría que, en general, más bien han supuesto un estorbo y un factor de distorsión y escapismo, añadiendo más problemas a los que ya tiene por sí misma la tarea educativa de hoy” (pág. 71). Frente a tanto artilugio (caros y pronto obsolescentes), cabe añorar las antiguas pizarras (de piedra pulimentada, como en el neolítico), en torno a las cuales era tal vez más fácil el diálogo socrático, el fomento de la creatividad, la interacción profesor-alumnos, la economía de medios y otras virtudes imprescindibles”.

Benito Estrella Pavo, Loa a la vieja pizarra. Madrid, Fundación Emmanuel Mounier, 2014

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