Hoy

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POÉTICA DE RESISTENCIA
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Manuel Pecellín | 17-05-2014 | 06:54| 0

Vuelve J.A. Zambrano (Fuente del Maestre, 1946) a Calambur, donde ya publicase algunos de sus poemarios: Después de la noche (2000), Treinta minutos de libertad (2006) y Apócrifos de marzo (2009), libro con el que obtuvo el Premio Extremadura a la Creación 2010. Cada obra de este escritor es un paso adelante hacia mayores índices de hondura, desnudez lingüística, sinceridad y perfección literaria, virtudes bien perceptibles en Lo que dejó la lluvia, que lleva un fino estudio preliminar de Ramón Pérez Parejo.
Lo primero que llama la atención es la meditada estructura del poemario, donde nada se deja al azar o capricho de la inspiración. Se compone de tres partes bien definidas, cada una de las cuales está formada por diez poemas de similar extensión, para concluir con un mensaje final y la oportuna nota explicativa. Refuerzan el carácter unitario del texto la singularidad temática y la figura de un personaje femenino, supuesta interlocutora del poeta (que ya recurriese a esta figura simbólica en el cuaderno Coplas de la bella Edinda, editado por los inolvidables Cuadernos Kylix de Juan Mª. Robles. Badajoz, 1987).
Abre la parte primera oportuna cita de Julio Cortázar, uno de los creadores a quien más admira Zambrano, que también irá haciendo guiños más o menos visibles a otros de sus predilectos: Rilke, Cernuda, Huidobro, Vallejo, Bioy Casares, Valente o Ángel Campos. Desde los poemas iniciales, se desencadena esta inquisición en torno al propio sujeto lírico, que se interroga implacable sobre la persona que ha llegado a ser, sin renunciar a cuantas también ha sido a lo largo de su ya madura existencia. Importa, sin embargo, ante todo, mantener el pulso, sobrevivir a la mordida inexorable de las horas e intentar sostener “lo que dejó la lluvia”. La palabra poética justa, siempre perseguida con obstinación, continúa siendo el supremo compromiso, aunque dicha tarea no impide mantenerse atento a cuanto ocurre en nuestro alrededor.
En efecto, lo que más preocupa al escritor extremeño es lo real, según las palabras de Philippe Jaccottet, el poeta y traductor afincado en Francia, con las que se abre la parte segunda. Todo “para contar al mundo/lo que envejece como un fruto indefenso”. Zambrano no alardea de nada, pero insiste en que su lenguaje estará siempre próximo al dolor, el desamparo, incluso la misericordia, ese grito consagrado por Camarón ante el sufrimiento de los otros. Ahí radica su lealtad inconmovible, ese es su sitio, pese a cuantas paradojas puedan argüirle, le confiesa a Edinda, declarándole que siempre lo encontrarán “en la monotonía sutil del coraje/en los posos de la contradicción/ y en el paisaje mustio de las horas/que no pertenecen a nadie más que a mí”. A quien elige libremente el pan que come, no será fácil obligarlo a abandonar el hombre que es.
Con cita de la polaca Wislawa Szymborska abocamos a la parte última. Habitar el olvido de Cernuda o sufrir el aguacero vallejiano, cuando ya las voces del otoño y las luces del crepúsculo llaman a nuestra puerta, parece el destino del poeta resistente. Bien sabe, como Rilke, la lejanía de la victoria, pues de nada somos vencedores, pero se resiste a perder “la última migaja/del candor que habitamos” o a dejar de oír las voces de los niños recogidas por Brel. Lo suyo es – le insiste a Edinda en el epílogo- continuar buscando el olor de la tierra, la rabia de la cal apagada en la umbría de las calles. “Si enim fallor, sum” (pues si me equivoco, existo), adelantaba Agustín de Hipona un milenio antes de Descartes. “Deja mis historia equivocada”, concluye Zambrano, que se obstina en perseguir hasta la consumación ese “latido extraño en los acordes de las cosas/donde se fijan os murmullos/como anclas a los vaivenes del amor”.

Jose Antonio Zambrano, Lo que dejó la lluvia. Madrid/Mérida, Calambur/ERE, 2014.

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CULTURA CLÁSICA
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Manuel Pecellín | 12-05-2014 | 14:52| 0

Catedrático de IES y miembro correspondiente de la R. Academia de Extremadura, Juan García fue un colaborador asiduo del periódico HOY durante las décadas 80 y 90 del pasado siglo. Trabajos suyos han visto también la luz en prestigiosas revistas como Nuevo Índice, Nova Renascença, Revista de Estudios Extremeños, Boletín de la RAEX y otros. Suyos son los libros Zafra y los demás pueblos del Ducado de Feria, celebrados por Enrique Cock (siglo XVI), Poemas panegíricos latinos de Vicente García de la Huerta a los primeros Reyes Borbones y De la Vida a la Teoría.
Este volumen recoge un buen conjunto de artículos que el profesor de Cultura Clásica fue sacando durante los últimos decenios en distintas publicaciones, fundamentalmente nuestro periódico regional HOY. Los ofrece ahora agrupados temáticamente en estos cinco capítulos: De re ecologia, De re erotica, De re poetica, De republica y De rebus diversis.
Aunque el paso implacable del tiempo no perdona, aún resulta instructivo releer estos breves ensayos, donde se pueden encontrar agudos apuntes sobre personajes, reales o mitológicos, del mundo grecolatino (Homero, Virgilio, Casandra, Apolo, Faetón); los grandes poetas hispanos (San Juan de la Cruz, Rubén Darío, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, escritores extremeños (Arias Montano, Cristóbal de Mesa, Francisco Cañamero, Moreno Guerrero) y las más variadas cuestiones sociopolíticas, algunas de rabiosa actualidad. El autor, sabio y humilde, de finos modales, nunca pretende “sentar cátedra”, pero tampoco oculta sus fobias y filias, templadas por el franciscano espíritu que jamás parece abandonarlo.

Juan García Gutiérrez, Artículos de Ayer y de HOY. Zafra, autoedición, 2014

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CELEBRACIÓN DE LA PALABRA
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Manuel Pecellín | 05-05-2014 | 13:35| 0

Nacida en Granja de Torrehermosa (1949), Efi Cubero se fue (o la llevaron) pronto  a Cataluña. Allí realizó estudios; formó familia y fue haciéndose una voz importante en los campos de la creación y el ensayo, sin romper nunca sus raíces extremeñas. Incluso parece que, situada en ese doble territorio, el de los orígenes y la diáspora, sus versos se impregnan de modo creciente de la conciencia de la patria perdida, sobre todo el mundo rural de la infancia feliz junto a las senaras y los alcornocales. Todo sin voces desgarradas ni alharacas estridentes, sino con el fino pespunteo de los espíritus pudorosamente melancólicos.
Fragmentos de exilio, Altano, Borrando Márgenes, La mirada en el limo, Estados sucesivos y el muy reciente Condición del extraño (La isla de Siltolá, 2014) son algunas de las obras que ha ido dando a luz, pausada y responsablemente. Punto de apoyo, donde no podía faltar un poema en homenaje a Arquímedes, prosigue la búsqueda de su autora , siempre deseosa de alcanzar “el íntimo equilibrio/del lenguaje que no admite jamás palabrería” (pág.16). Lo suyo es la celebración de la palabra exacta con el fin de expresar los contenidos de la memoria (el oro amontonado de las eras, el vaho que azulea los bancales de pizarra; los goterones que empapan las encinas; la ebriedad viva del descorche y la roja desnudez desprotegida de los alcornoques tras el hacha; los acordes y la mirada pacífica del del trigo), sin dejar de atender la gris aleación de los asfaltos; el río con afluentes sinuosos que forma la ciudad donde resides; los rascacielos donde se agobia el sol.
Con esta dual sinfonía va componiendo la obra, con poemas de amplio alcances en versos blancos y libres, sin permitirse recursos fáciles ni decaimientos ocasionales.

Efi Cubero, Punto de Apoyo. Mérida, De la luna libros, 2014

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MÍNIMA POÉTICA
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Manuel Pecellín | 03-05-2014 | 06:35| 0

Cuando uno se encuentra con publicaciones como este pequeño libro, auténtica joya, no puede menos de evocar los versos del más famoso arcipreste de nuestra literatura:

Quiero abreviar, señores, esta predicación
porque siempre gusté de pequeño sermón
y de mujer pequeña y de breve razón,
pues lo poco y bien dicho queda en el corazón.

Según le ocurre al bueno de Juan Ruiz en su Elogio de la mujer chica, también a mí me gustaría componer un texto convincente para encomiar el valor de este volumen antológico, opúsculo de apenas cuarenta páginas en tamaño menor, que alguno podría clasificar como sencilla “plaquette”. Pese a su brevedad, permite aproximarse a la escritura de uno de los creadores extremeños jóvenes más valiosos, abriendo el apetito de conocer su obra completa. Por lo demás, las austeras páginas no ofrecen información alguna sobre la biobibliografía del mismo, como si él hubiera optado por la invisibilidad que el título sugiere. Son cinco los lustros de creación poética aquí tan económicamente representados, los que van de 1998 a 2012, suficientes para confirmar la valía de este escritor.
A cuantos siguen las polifacéticas actividades de Cumbreño ( profesor, editor de las exquisitas Liliputienses -reincidencia en lo mínimo-, poeta, animador cultural, bloguero fecundo), nada voy a descubrirles. Sólo animarlos a mantener la paciencia hasta que puedan adquirir libros como éste (aún sigo esperando el ejemplar encargado hace meses en Universitas). Al fin he logrado leerlo en la tan magnífica como poco visitada Biblioteca de Extremadura (Javier, Rosario, gracias).
El autor, que gusta practicar la fusión de géneros hoy tan frecuente, abre con un conjunto de textos próximos al aforismo e incluso a la greguería. Son como relámpagos ingeniosos, donde brillan conceptos y enunciados verbales para “definir” líricamente los objetos más: la peonza, el lápiz, el dedal, la rueda, la cama o unos simples pendiente, que así recreados por la palabra.
Sigue, en contraposición con las elogiadas listas de “mis pequeños placeres”, la nómina de “cosas que me sacan de quicio”, tan sugerente como las que componen las “demoliciones”. Después, un conjunto de magníficos poemas, como “Cadena de montaje”, auténtica declaración metaliteraria.
Tras el apunte en prosa que da título a la antología, dedicado a A. Valverde, se recogen las composiciones más extensas, cuyos versos blancos, libres y de arte mayor seducen por su belleza formal y originalidad de los contenidos, que nos conducen con la misma frescura al mundo de los dibujos animados, las realidades virtuales o los juegos de niño . Concluye un texto de “Made in China”, especie de microrrelato que evoca a la lúcida e interrogativa Irene, musa infantil del poeta.
Terminaré , según empezaba, con el Libro de Buen Amor:

” Es muy pequeño el grano de la buena pimienta,
pero más que la nuez reconforta y calienta”.

Así le ocurre a este Curso práctico de invisibilidad.

José María Cumbreño, Curso práctico de invisibilidad (Poesía 1998-2012). Logroño, Ediciones del 4 de agosto, 2013.

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VACA DE ESPAÑA
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Manuel Pecellín | 30-04-2014 | 06:01| 0

Son innumerables los escritores que han recurrido al símil consagrado por Lorca en el célebre llanto a la muerte del amigo lidiador: “¡Oh blanco muro de España! ¡Oh negro toro de pena!”. Lejos siempre del espíritu elegíaco, el poeta extremeño ha preferido apelar a otro símil para referirse a nuestro país, evocándolo bajo la imagen de una vaca. Animal no menos feroz que el macho, aunque imposible para el toreo en plaza, funciona más bien como símbolo del esperpento trágicocómico tantas veces desarrollado por los rincones de Iberia. La vaca española, bravía e iracunda a menudo, capaz también de tiernos y solidarios lametones, con generosas ubres, llena de mugidos polifónicos los extraordinarios poemas -conocidos unos; inéditos hasta ahora otros- con que Ramírez Lozano nos vuelve a regalar. Natural de Nogales (1950) y residente en Sevilla, donde se ha jubilado como profesor de Literatura, son pocos los premios importantes de poesía y novela que no obran en su poder. Con más de setenta títulos ya publicados, su escritura es fácil de identificar por los singuales rasgos de estilo que la distinguen y ese mundo onírico (a caballo entre la sierra de Monsalud y el barrio deTriana), con protagonistas allende las normas espaciotemporales, que pueblan la prosa y los versos -fácilmente transmutados los dos géneros- de tan divertido creador. Según dice en nota preliminar, el libro recoge los poemas que participan “de esa visión solanesca, entre desgarrada e indulgente, de una España esperpéntica, patria de las catacumbas”. Para más luz, siguen dos conocidos versos de todo un Antonio Molina, prototipo de la imagen folklórica y desgarrada del país: “Qué lejos te vas quedando/España de mi querer..”. Próximos a las letras del cante jondo son numerosos de los poemas aquí recogidos, modelos de coplas y canciones que numerosas veces recuerdan al mejor Machado. (Incluso se incluye una paráfrasis, “La herencia de Don Guido”, del famoso poema que la música de Serrat clavó definitivamente). Pero junto a las levedades de una “soleá”, encontramos la sólida arquitectura de extensos diálogos líricos, en los que Miguel (de Mañara) se erige como personaje central, conversando con difuntos, pintores barrocos (Valdés Leal) o el propio escritor. El libro se publica en la colección “Extraversos”, que “pretende sacar a la luz poemarios de autores de hoy y que realizan una poesía de calidad, a la vez que cercana a cualquier público. Una poesía actual y con algo nuevo que transmitir, de poetas que llevan sus versos a todos aquellos espacios donde se los requiere,”, según declaran los editores. Pocas veces atinarán mejor que con Ramírez Lozano. Ramírez Lozano, José Antonio, Vaca de España. Sevilla, Guadalturia, 2014

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LA VOZ DE LA TIERRA
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Manuel Pecellín | 28-04-2014 | 09:51| 0

Nacido en Hervás (1950), villa que en la memoria colectiva ha quedado como asentamiento judío por excelencia, el autor tiene un curioso apellido. La de “Neila” es la oración que concluye el día de Iom Kipur. “En esta hora se sella definitivamente el veredicto de los seres humanos. Esta última oración es recitada en medio de un profundo sentimiento de sobrecogimiento religioso, y en él se pide a Dios que nos aplique un buen veredicto. Se comienza a pronunciar esta oración en el momento en que el sol llega a los topes de los árboles, es decir, un poco antes de la puesta del sol. La oración de Neila concluye con la pronunciación del Shemá, la recitación de otros versículos adicionales y el toque del Shofar. El toque del Shofar constituye un signo de la partida de la Presencia Divina, y por esta razón es tocado al concluir este día santo”, leemos en la www.judaismovirtual.com.
Luis Alberto de Cuenca, que suscribe el preliminar de este volumen antológico, donde el autor ofrece sus poemas predilectos escritos entre 1980-2012, subraya las características principales de la escritura de Neila: observación de la naturaleza, sensibilidad delicada ante el paso del tiempo, talento constructivo, sencillez de lenguaje, perfección métrica y toque melancólico. Se perciben todas en los versos aquí seleccionados, donde tanta presencia ocupan los paisajes de Hervás (con sus castaños, cerezos, viñedos, higueras, olivos, roble, retamas, mimbreras, “gañafotes”, nieves del Pinajarro) y la recuperación nostálgica de la niñez. Así ocurre tanto en los poemas de amplio aliento, como en la levedad de sus exquisitos haikus.
Neila, que estudió Filología Románica en la Universidad de Oviedo, se dio a conocer con Clamor de la inocencia (1978) y fue incluido por José Luis García Martín en la ya mítica antología Las voces y los ecos (1980). Pasa por ser escritor cauteloso y semisecreto, esencial, que también ha cultivado la prosa aforística y las traducciones. Cuenta con una importante obra édita, más relevante por calidad que por el número de títulos. Entre sus publicaciones recientes cabe recordar El silencio roto (1998), Las palabras y los días (2000), Cantos de frontera (2003), El sol que sigue (2005), Huésped de la vida (su poesía reunida 1980-2005) y Pensamiento de intemperie (2012), volumen de aforismos que ya tuve el honor de reseñar.
Equidistante de la antología poética y la poesía reunida, El camino original agrupa los poemas escritos durante poco más de tres décadas, en los que el autor todavía se reconoce, declara éste en nota bibliográfica final. También el lector percibe en los mismos ese nimbo trémulo donde Cernuda coloca la auténtica poesía.

Manuel Neila, El camino original. Sevilla, Renacimiento, 2014

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JUDÍOS EN HERVÁS
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Manuel Pecellín | 26-04-2014 | 07:10| 0

JUDÍOS EN HERVÁS

Marciano Martín, diplomado en Ciencias de la Información, es natural de Hervás (n. 1957), la hermosa villa que pasa por haber tenido una gran aljama hebrea (“En Hervás, judíos los más”, dice el tópico), aunque no fue la que contó con más familias israelíes entre las poblaciones de Extremadura. Nadie lo sabe mejor que el autor -firma muchos de sus estudios como Marciano de Hervás – , atento a cuantas huellas judías puedan rastrearse en los archivos, usos y costumbres, arquitectura, toponimia o bibliografía. De sus numerosas publicaciones cabe destacar las siguientes obras: Documentos para la Historia de los judíos de Coria y Granadilla (1999); Historia de los judíos de Plasencia y su tierra (2001); La vida en las tierras de Granadilla: romanos, judíos y cristianos (2003); Judíos y cristianos nuevos en la historia de Trujillo (2008); Abraham Zacuto, astrólogo de don Juan de Zúñiga (III Premio de Investigación y Divulgación Histórica “Pedro de Trejo”, también publicada en Renacimiento, 2010) y La Capa de Elías: la asimilación de los cristianos nuevos de Hervás, que, galardonada con el Premio “Alconétar” de Historias Locales , apareció en la ERE, 2011.
Los datos obtenidos para esta última investigación proporcionan la trama para El libro verde, una novela histórica no sin apuntes picarescos, enmarcada en Hervás, durante el s. XVII , reinando Felipe IV, con la guerra de Portugal al fondo. (Exceptuemos la parte segunda, donde el protagonista se mueve por el sur de Extremadura y Sevilla, a impulsos de la farándula). Según el II Libro de los Reyes – hay muchas alusiones bíblicas en el texto- , el profeta Elías se detuvo cierta vez ante el Jordán y, enrollándose la capa, golpeó las aguas del río hasta dividir en dos su corriente. Como escindidas se encontraban en tantas poblaciones españolas la comunidad de los “cristianos viejos” y la constituida por los judeoconversos. Tras la expulsión ordenada por los Reyes Católicos, muchos hijos de Israel optaron por bautizarse y permanecer donde sus mayores venían residiendo, a veces desde tiempo inmemorial. La Inquisición procesaría a millares de neófitos acusándolos de que permanecían fieles a la fe primitiva (a la vez que el temible Tribunal se apropiaba de ricas haciendas y quitaba de en medio a peligrosos competidores, mucho mejor preparados que sus convecinos para el comercio, la industria, la cultura e incluso la política modernas).
E íntimamente escindido vive López de Hontiveros, personaje no muy convincente en torno al cual se nuclea el relato. Hijo de cristiano viejo y madre de etnia judía, posee una cultura extraordinaria, que no sabemos cómo adquirió. Conoce perfectamente la Biblia, los clásicos grecolatinos e incluso a los grandes escritores coetáneos, a todos los cuales cita de memoria, junto con numerosas composiciones de literatura popular. Su existencia vacila entre los imperativos de Pedro y Saulo. Si el padre, que previsoramente se niega a circuncidarlo, lo impulsa a seguir el camino evangélico, ella se empecina en que guarde la ley de Moisés, como hacen otros familiares suyos. Problemas miles tendrá que sufrir si quiere conciliar las dos instancias y vencer las limitaciones de los “estatutos de sangre”.
La división se percibe pen los hogares, plazas, iglesias e instituciones públicas de Hervás, alcanzando paladino retrato en las dos mayores cofradías lugareñas: la del Rosario, dominada mayoritariamente por los rancios y orgullosos labradores, y la del Sacramento, donde sobresalen los mercaderes, a quienes no se les perdona su origen judío, por más asimilados que se encuentren y más sinceros sean en el ejercicio de la fe católica. Solo la intervención de la autoridad, junto con las generosas aportaciones de hombres buenos reconocibles en ambas clases, impide muchas veces que la sangre llegue al río Ambroz. El libro verde, compuesto para difundir que son de etnia judía muchos más de cuantos lo reconocen, también contribuirá a la tolerancia.
La obra homónima constituye un excelente testimonio de la época . Escrita como un libro de memorias, oculto y a la postre descubierto, manuscrito que el autor daría ahora a luz tras algunas correcciones, combina la riqueza de lenguaje, voluntariamente arcaico y el rigor histórico, con una farragosidad excesiva y claros desaciertos estilísticos, diálogos imposibles y discutible gracejo verbal.

Marciano Martín Manuel, El libro verde. Sevilla, Renacimiento, 2014

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POESÍA HABITABLE
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Manuel Pecellín | 19-04-2014 | 07:30| 0

El nombre de Iglesias Benítez aparece de modo casi ineludible cuando se habla sobre cualquier actividad relacionada con Extremadura. Nacido en Villalba de los Barros, maestro y licenciado en Geografía e Historia, emigró a Madrid, donde ejerce la enseñanza, labor que combina con una incesante actividad en múltiples áreas culturales. Sus generosos compromisos con los Hogares Extremeños, UBEx, Gudalupex, AEEX o Beturia Ediciones – por nombrar sólo algunas de las entidades en las que participa – lo conducen a multitud de territorios, siempre admirado merced su bonhomía a toda prueba.
Aun así, ha encontrado tiempo para labrar una obra lírica importante, conformada hasta hoy por seis poemarios y numerosas publicaciones dispersas en revistas, periódicos, boletines trabajos colectivos e incluso hojas volanderas. Cuando el amor me llama (Madrid, 1984), En esta lenta soledad del día (Madrid, 1988), Clamor de la memoria (Madrid, 1998), Retablo de amor profano (Badajoz, 2003), Ritual de la inocencia (Madrid, 2005) y Revelaciones (Cáceres, AbeZetario, 2007) son los libros a los que pertenecen los poemas aquí seleccionados. Se añaden también otros hasta ahora desperdigados en páginas de casi imposible acceso.
El volumen lleva un amplio preliminar suscrito por Pablo Jiménez, el poeta, ensayista y músico moralo, excelente conocedor de la obra de Iglesias. La extensión del prólogo proviene del estudio que se hace sobre la escritura del autor antologado y de cada de sus libros, amén las digresiones múltiples, todas interesantes pero quizás no imprescindibles aquí. Según el prologuista, dos rasgos distinguen la poética de su hermano-amigo: la búsqueda creciente de la desnudez expresiva y la claridad que, pese al cada vez más depurado lenguaje, mantuvo desde los orígenes (tan próximo entonces a sus maestros: Miguel Hernández, Blas de Otero o Luis Álvarez Lencero), hasta épocas últimas (más próximo a Juan Ramón Jiménez, Cernuda, Pessoa, Borges, M. Pacheco, Leopoldo M. Panero y otros también aquí reconocibles). Son notas especialmente relevantes cuando se escriben composiciones de amplio aliento, según acostumbra el autor (véanse poemas suyos como “Álvaro de Campos y Fernando Pessoa exponen a Ofélia de Queirós las opuestas razones de sus vidas”, o “Justiniano en presencia de Procopio, evoca a Teodora, en un club de carretera”, tan abundantes en Revelaciones). Iglesias difícilmente se ciñe al poema corto, a veces reducido casi a la mínima expresión, al chispazo expresivo, por relampagueante que resulte. Sin embargo, cultiva también con acierto fórmulas tan breves como el haikús, de los que aquí se seleccionan algunos publicados por la ERE en la colección 3X3 (2013). Si bien no desdeña el verso blanco y libre, mostró siempre clara predilección por los serventesios alejandrinos, tan sonoros, y los sonetos (de estos últimos pasan de 70 los antologados, casi todos de impecable factura).
Si los paisajes y personajes extremeños, la historia y problemas de la región, junto con la temática amorosa, resultan hegemónicos en las obras iniciales, Iglesias, sin renunciar a los mismos, ha ido abriendo cada vez más el abanico de sus intereses. Aunque se pueda decir que nada humano le es ajeno, es fácil percibir una atención creciente a las intimidades del propio sujeto lírico e incluso el mundo de la trascendencia.
El volumen se publica en la colección que, al cuido de Basilio Rodríguez Cañada y Ricardo Hernández Megías, ha reservado la editorial madrileña para los creadores extremeños.

José Iglesias Benítez, La voz y el tiempo. Antología poética 1983-2013. Madrid, Pigmalión, 2014.

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MÉRIDA TARDOMEDIEVAL
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Manuel Pecellín | 12-04-2014 | 09:00| 0

Natural de Villanueva de Yeltes (1954), formado en la Universidad de Salamanca, Bernal vino muy joven a Extremadura, donde reside y labora ininterrumpidamente desde entonces. Catedrático de Instituto, es autor de numerosas e importantes publicaciones sobre el medievo y la época moderna, con obras como Vida campesina en Extremadura: Montemolín a comienzos de la Edad Moderna; Poblamiento, transformación y organización social del espacio extremeño (siglos XIII al XV); El concejo de Ciudad Rodrigo y su tierra durante el siglo XV o La encomienda de Los Santos en el tránsito del siglo XV al XVI.
Julián Clemente Ramos, catedrático de la UEX, que prologa este Mérida, capital y encomienda de la Orden de Santiago (1490-1530), no deja de admirarse ante un trabajo tan fecundo, hecho al margen del recinto universitario pese a las limitadoras exigencias de la enseñanza secundaria.
Este estudio monográfico se apoya sobre todo en las actas municipales y las de los visitadores santiaguistas, conservadas por el Archivo Municipal emeritense , amén de una muy completa bibliografía. Obsérvese que sus tres centenares de páginas llevan casi mil notas. Tiene un doble objetivo: dar a conocer cómo funcionaba tan importante concejo y la forma de relacionarse con la estructura superior a la que pertenecía, la poderosa Orden militar, durante el periodo acotado, tránsito de la época medieval a la moderna, cuando estructuras económicas, políticas y jurídicas seculares fenecen para dejar paso a otras más acordes con los nuevos tiempos. El investigador estima haber contribuido a resolver satisfactoriamente, al menos en parte, otra de las lagunas que sigue presentando la historia de nuestras más importantes poblaciones.
Abre el libro el “diálogo con el medio”, minucioso análisis del medio físico (un término de 1.950 km2), la propiedad de la tierra (notable patrimonio común, permanente deseo para los usurpadores : ejidos, pastizales, bosques, dehesas), y las formas como la explotaban los vecinos (fiebre roturadora en esas décadas), de cuyos estratos y comportamientos sociales se dan cumplidas noticias (apuntes sobre las minorías religiosas y a la emigración hacia el Nuevo Mundo).
Se describen después el espacio urbano, edificios sacros o profanos, el funcionamiento de sus órganos principales y las condiciones socioeconómicas (abastecimientos, salubridad, organización administrativa, fiscalidad) del vecindario, una compleja maquinaria que las relaciones con la Orden santiaguista, omnipresente, condicionan de modo sustancial. Incluso en los mínimos detalles de la vida cotidiana se dejaría sentir. Sin duda, es este un estudio que “se convertirá para el medievalismo extremeño en una imprescindible y reiterada herramienta de trabajo”, según asevera el prologuista.

Bernal Estévez, Ángel, Mérida, capital y encomienda de la Orden de Santiago. Badajoz, Diputación, 2013.

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JUAN QUINTANA, POETA
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Manuel Pecellín | 05-04-2014 | 07:51| 6

Es ya tópico en nuestra tierra reclamar atención hacia autores injustificadamente desatendidos. (Acaba de hacerlo Martín Gijón en la Revista de Estudios Extremeños 2013-III, disgustado por la escasa atención prestada a la poética de Pérez Walias). En ocasiones, es el propio cuasi ignorado autor quien protesta. Podría hacerlo con toda justicia Juan Quintana, cuya obra suelen ignoran estudiosos, antólogos y críticos, pese a constituir un muy valioso referente de la literatura escrita por extremeños. Natural de Villanueva de la Serena (1945), residió en Madrid de 1962 a 1981, años claves de las luchas contra el tardofranquismo y los esfuerzos por una transición convincente a la democracia. Se trasladó después a Migueláñez (Segovia), dedicado a la creación, con colaboraciones asiduas en publicaciones como La Estafeta Literaria o Cuadernos Hispanoamericanos, que dirigía su amigo Félix Grandes, donde suscribiría artículos en torno a algunos de sus autores más admirados: Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti y Carlos Droguet, el chileno antipinochetista a quien le unión honda amistad.
Quintana obtuvo el premio Sitges de Poesía con Memorial del Noctámbulo (Barcelona, 1972) y el Cáceres de Novela Corta 1987 con Los Póstumos Ganados. Preparó para la inolvidable editorial ZYX una antología de otro amigo entrañable, Manuel Pacheco, Nunca se ha vivido como se muere ahora (Madrid, 1977), a la que puso prólogo Camilo J. Cela. Desde finales de 2009 reside en Llerena, desde donde nos llegó este Libro de escorzos, un poemario absolutamente recomendable.
Abre con un preliminar del mencionado Félix Grande, que no sé si llegó a verlo impreso. El escritor recién desaparecido, a cuya familia espiritual pertenece sin duda Quintana, uno y otro amantes del gran César Vallejo, sostiene que el sarcasmo es una forma viril de amargura; el verso, un bastión de la justicia y el candor; el posible exabrupto, una protesta ante la congoja de los hombres; el verso, un clamor por los “seres cálidos que tiritan de frío, que llenan las aceras de honra desde su soledad conjunta (…)un espeso mar humano que ocupa las calles y las noches, con mucho miedo y mucha cólera contra el la horrenda oligofrenia de tanto deshonor como ensucia a la vida maravillosa, con mucho amor por este presente castigado al que se le derrama el sufrimiento por su carita enjuta, y con muchísima nostalgia por un futuro sin malvados, sin satisfechos y sin cursis”.
Es el universo de discurso en el que se mueven los poemas de Juan Quintana, en realidad quizá uno sólo desarrollado en todo el libro. Los juegos paronomásticos, las atrevidas sinestesias, las fusiones de términos, el polisíndeton, los neologismos y las metáforas de corte surrealista colman estos versos, siempre de arte mayor, blancos y libres, de donde se suprimen todos los signos de puntuación. La voz lírica de este “huraño vate suburbial”, según gusta definirse, percute sin descanso para herir la sensibilidad del lector y forzarlo al compromiso cómplice.
Cierra la obra, con abundantes alusiones al paisaje extremeño, un epílogo donde se recogen cinco excelentes poemas de Manuel Pacheco dedicados a Quintana, entre los que figura un “insoneto”, estrofa que el cantor del Rivillas cultivó generosamente.

Juan Quintana, Libro de escorzos. Badajoz, Diputación, 2013.

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