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HUMANISTAS EXTREMEÑOS
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Manuel Pecellín | 20-10-2012 | 13:53| 0

Pedro de Valencia (Zafra, 1555-Madrid, 1620), alumno preferido de
Arias Montano, obtuvo en vida general reconocimiento por sus virtudes
y saberes. Prelados, príncipes, escritores, intelectuales y el propio
Felipe III, que se lo llevó a Madrid como Cronista del Reino,
solicitaban a menudo la opinión de aquel humilde hombre con saberes
enciclopédicos. Aunque solo vio publicada una de sus obras (según él,
incluso sin su anuencia explícita), Academica siue iudicium erga
uerum, excelente tratado de Historia de la Filosofía, su autoridad fue
enorme en áreas múltiples, como Sagradas Escrituras, Teología, Leyes,
Lenguas Clásicas, Política o lo que hoy llamamos Económica y
Sociología. Bien es verdad que todo ello apenas le sirvió para
mantener cómodamente a su numerosa prole.
Lo bien justificado de la fama que obtuvo ha ido comprendiéndose mejor
según aparecían las Obras Completas del zafrense, proyecto magnífico
delineado por el inolvidable Gaspar Morocho y ya a punto de concluir.
Nunca agradeceremos bastante los extremeños las labores de este
magnífico catedrático, prematuramente desaparecido, ni las que sus
discípulos continúan desarrollando en la Universidad de León para
sacar a luz los escritos todos del gran humanista. Por otra parte, los
estudios que sobre Pedro de Valencia vienen publicándose, como los de
los profesores Luis Gómez Canseco , Abdón Moreno o Juan Luis Suárez,
naturales también de Extremadura, ponen cada día más en relieve la
figura del segedano.
Esta entrega, un volumen con 662 páginas, está dedicado a Juan Gil,
por su nombramiento como miembro de la R. Academia de la Lengua,
insigne Investigador, que tan generosamente viene apoyando a los
editores. Prologado por Gómez Canseco, el tomo recoge una docena de
escritos, inéditos en su mayoría ahora, casi todos con amplias
introducciones. Versan sobre asuntos plurales, según indican los
propios títulos: salud, educación y crianza de los niños, moral,
literatura, arte , bibliografía, etc.
Nos importa destacar algunos de estos ensayos. Abdón Moreno cuida la
edición de dos sumamente interesantes, a los que pone el pertinente
preliminar y abundantes notas: la Descripción de la pintura de las
virtudes y Ejemplos de los príncipes, prelados y otros varones
ilustres que dejaron oficios y dignidades y se retiraron. Sus páginas
nos permiten percibir las concepciones estéticas del autor, así como
la indudable inclinación que sentía, por matizada que fuese, hacia la
escuela estoica.
De sumo interés es la carta de Pedro de Valencia (en sus dos
versiones) a Góngora, quien le había demando opinión técnica sobre
Polifemo y Soledades. Dadas a conocer por Dámaso Alonso, constituyen
un hito pionero, como bien explica aquí Raúl López López, en el
debate entre culteranos y clasicistas. El de Zafra tal vez no entendió
bien las innovaciones gongorinas, pero se percató pronto de la
extraordinaria valía del poeta cordobés, a quien no dudó en anotar
algunos versos descuidados, “aunque más me desatentan otras (poesías)
de demasiado cuidado que son las proceden de la afectación de
hincharse y decir estrañezas y grandezas , o por buscar gracias y
agudezas y otros afeites ambiciosos o pueriles ) o juveniles a o
menos, que aflojan y enfría y afean”, La polémica estaba servida, sin
solución de continuidad hasta hoy. Pero el extremeño sabía bien de qué
hablaba, como Góngora se lo supo reconocer.

Pedro de Valencia, Obras Completas. VI. Escritos varios. León, Universidad, 2012

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PERFUMES DEL LÍBANO
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Manuel Pecellín | 18-10-2012 | 10:09| 0

La figura de Amín Maalouf no ha hecho sino crecer durante los tres lustros últimos entre los lectores de lengua castellana, en la que están traducidas prácticamente todas sus obras (como en otros veinte idiomas más). Miembro reciente de la Academia Francesa, el escritor obtuvo poco antes (2010) el Premio Príncipe Asturias de las Letras, galardón al que suma otros anteriores, tan reconocidos como el Maison de Presse (por Samarkanda) o el Goncourt (por La roca de Tanios). Aunque su excelente formación – estudió economía, política y sociología, ejerciendo el periodismo en no pocos lugares “calientes”- le permite frecuentar con éxito el ensayo, es la novela el género que más éxito le proporciona, desde aquella inolvidable León el Africano. Con todo, Maalouf gusta introducir en sus textos de creación, por boca de personajes siempre creíbles, frecuentes consideraciones sobre historia o filosofía.
Nacido en el Líbano (1949), una tierra tan culta, hermosa y repleta de evocaciones miles, como desgarrada por múltiples guerras, donde durante milenios se han cruzado numerosas civilizaciones, optó por exiliarse a Francia con su familia, de ascendencia árabe cristiana. Se marcharían también otros amigos de juventud, si bien algunos decidieron quedarse en la tierra natal. Todos pagarán duro gravamen a las durísimas circunstancias por las que habría de atravesar el Próximo Oriente: los exiliados, sufriendo el conocido síndrome de quien pierde el territorio y la lengua originales; los otros, teniéndose que adaptar a circunstancias imprevisibles, para poder sobrevivir. Algunos incluso perderán la vida. ¿Dónde fueron las ilusiones juveniles, los primeros amores, las ganas de transformar el país, la convivencia por encima de credos y etnias? Están realmente “des-orientados”, tal vez ya sin remisión.
Son las inquietudes que corroen a Adam, el protagonista de Los desorientados, profesor libanés en París, trasunto del propio autor, que sin duda utiliza en la novela no pocos elementos autobiográficos, sin constreñirse a nombres (v.c., nunca aparece la palabra “Líbano”), hechos o fechas del todo reales. Malalouf lo ha declarado paladinamente: “Me inspiro con mucha libertad en mi propia juventud. La he pasado con amigos que creían en mundo mejor. E incluso si ninguno de los personajes del libro corresponde a una persona real, ninguno es enteramente imaginario. Me he nutrido de mis sueños, de mis fantasmas, de mis remordimientos, tanto como de mis recuerdos”.
Adam, un árabe educado con los jesuitas, pero más bien agnóstico, retorna a Beirut, a solicitud de Tania, mujer de Mourad, que agoniza tras una exitosa carrera (no sin concesiones morales muy discutibles) con los gobiernos locales. Antaño íntimo del dirigente, reñidos después porque el profesor repudia los métodos del político, no alcanzará a verlo en vida. Ni quiere asistir a sus funerales. Pero acompaña a la viuda, junto a la bella Semiramis, y les nace el deseo de volver a congregar a los antiguos amigos. Todos han triunfado en sus respectivas profesiones y, si ya tan distintos, aún conservan la añoranza de los antiguos tiempos: Naim, el judío exiliado en Brasil; Albert, que trabaja en USA para el pentágono; Ramez y Razci, cristiano uno, musulmán nada dogmático el otro, riquísimos socios de la misma empresa constructora, hasta que aquél decide ingresar en un monasterio; Nidal, islamita intransigente, aunque lúcido, hermano de un “mártir”, etc.
Es Adam quien inicia las gestiones para favorecer el encuentro, mientras vive un apasionado romance con Semiramis. Como buen historiador, conserva en su archivo personal cartas e emails cruzados, más o menos ocasionalmente, con todos ellos. Junto a sus notas personales, redactadas lógicamente en primera persona, más los apuntes en tercera del narrador para coser este corpus, constituyen el entramado lingüístico de la excelente novela. No adelantaré el trágico desenlace.
Los desorientados , aparte sus valores como obra literaria, supone una amarga reflexión sobre el difícil destino de un país poliédrico, donde cada vez rigen menos la tolerancia y la ayuda mutua, el respeto a la vida y la vieja hospitalidad, arrebatados por odios al parecer incontenibles. Aporta también agudas reflexiones sobre la historia, religión y la política. En resumen, en torno a la condición humana, cuyos parámetros todos se alteran, para corromperse sin remedio, cuando los hombres, incluso los más exquisitamente educados, deciden usar las armas en lugar de la razón.

Amin Malouf, Los desorientados. Madrid, Alianza Editorial, 2012

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Poetas extremeños
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Manuel Pecellín | 15-10-2012 | 11:36| 0
Portada libro de Antología Poética.

Portada libro de Antología Poética.

Catedrático de literatura, el Dr. Antonio Salguero es seguramente uno de los profesores que más atención presta y mejor conoce la literatura que se ha hecho en nuestra región. Sobre dicho tema tiene publicadas distintitas obras, entre las que sobresalen las referidas a Jesús Delgado Valhondo, autor a quien dedicase su tesis (Cáceres, Universidad de Extremadura, 1999) y cuya poesía completa se ocupó de editar en tres volúmenes (Mérida, ERE, 2003).

Este nuevo trabajo suyo, concebido como una “Antología del siglo I al XXI”, según se titula, pretender ser “un recorrido cronológico por la historia lírica de Extremadura, con el objetivo de seleccionar una amplia muestra de poemas de  poetas nacidos dentro del espacio geográfico que hoy se denomina Extremadura”, declara el autor en los preliminares (pág. 19).

Para tal fin, se fija en 44 escritores, de cada uno de los cuales ofrece seis poemas, debidamente anotados. Como Toda selección, especialmente cuando ha de hacerse entre nombres contemporáneos, por fortuna abundantes, resulta discutible y disgustará a más de uno. Por poner algunos ejemplos, no es fácil entender que, frente a otros coetáneos elegidos, se oculten nombres como los de Agustín Villar, Ángel Sánchez Pascual , Efi Cubero o José Antonio Ramírez Lozano, por referirme sólo a lo que el estudioso denomina Poesía de la Transición (1970-1980).

Planteada con claro afán pedagógico, la antología se atiene a un esquema de trabajo bien definido: contextualización histórica del autor, análisis de sus características y muestras de su quehacer poético.

Salguero, según hiciese Rodríguez Moñino en la ya mítica Historia Literaria de Extremadura, se retrotrae hasta los primeros textos (latinos y griegos)  localizados por la epigrafía, para, sin omitir los arábigos y medievales, llegar a los más recientes.

Resulta difícil justificar las razones por las que el antólogo ha preferido silenciar las fuentes bibliográficas de donde toma los poemas que reproduce (o a quiénes se deben las traducciones utilizadas).

Alguna imprecisión histórica es también perceptible, aunque ninguna tan ingenua como volver a la jamás localizada “lápida del obispo Daniel” (que se dice “el único escrito mozárabe extremeño”, pág. 27), un supuesto texto latino, que nadie ha podido ver, inventado muy probablemente por Solano de Figueroa, según las sólidas demostraciones de Terrón Albarrán y Tejada Vizuete.

Son pequeños lunares en una obra muy trabajada, de suma utilidad para docentes y alumnos, que podrán enriquecer conocimientos con la generosa bibliografía aportada en el apéndice oportuno.

Salguero Carvajal, Antonio, Panorámica de la poesía en Extremadura.
Badajoz, Fundación Jesús Delgado Valhondo, 2012

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HISTORIA EN TRUJILLO
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Manuel Pecellín | 07-10-2012 | 11:19| 0

Volumen con 584 páginas, recoge las comunicaciones defendidas durante la última edición de los XL Coloquios Históricos (Trujillo, 19-25 septiembre 2011), así como los trabajos ganadores en los certámenes convocados para la ocasión (Fundación Javier de Salas para Jóvenes Investigadores, Fundación Obra Pía de los Pizarros, Premios Pérez de Herrasti y Centro de Profesores y Recursos).
Convocados ininterrumpidamente desde 1971 por el Centro de Iniciativas Turísticas de Trujillo, al que se añadirán luego otras instituciones, han tenido un millar largo de participantes. Esto hace que sus fondos, por desiguales que sean, constituyan una muy importante contribución a la Historia de Extremadura.
La convocatoria de 2011 estuvo centrada en Francisco de Orellana. Sobre la figura del descubridor del Amazonas versan los estudios de Miguel Ángel Fernández-Ordóñez Agra, Manuel Rubio Andrada/Francisco Javier Rubio Muñoz, Julio Fernández-Sandino y José María Fernández Ochoa. Dichos investigadores se ocupan de las capitulaciones acordadas con Carlos I por el genial conquistador ; la imagen del mismo en la prensa del XVIII; las repercusiones mundiales de su hazaña y las relaciones que mantuvo con otros personajes de la época.
Otros protagonistas de nuestra historia, escasamente conocidos hasta hoy, fueron también abordados en las Jornadas, como José Sánchez de Nieva, un fabricante de instrumentos musicales en el Madrid dieciochesco (José Luis Barrio Moya); el capitán indiano Francisco Gutiérrez Flores (Felicísimo García Barriga); el prelado pacense Juan de Ribera (Teodoro López); el krausista Joaquín Sama, profesor y jefe de estudios de la Institución Libre de Enseñanza (Sebastián Martín Ruano); Gonzalo Pizarro, según unos documentos inéditos (Esteban Mira Caballos); el general Menacho, muerto en el asalto a Badajoz por los franceses (Fernando Ortiz Martínez); el pinto Lucas Holguín (José Antonio Ramos) y el hercúleo Diego García de Paredes y sus montantes o espadas de doble filo (Jesús Ruiz Moreno)..
Especial interés suscita el análisis que A. Manuel Barragán-Lancharro y Moisés Domínguez-Núñez llevan a cabo de las imágenes tomadas por René Brut en el Badajoz del 17 y 18 de agosto de 1936, recién ocupado por el ejército franquista y cuyos más conmovedores fotogramas se reproducen. Los autores sacan de los mismos conclusiones sobre la represión dirigida contra los republicanos por Yagüe, que distan sustancialmente, disminuyéndolas hasta dejarlas en un diez por ciento, de las cifras calculadas por Justo Vila o Francisco Espinosa.

AA..VV, XL Coloquios históricos de Extremadura. Trujillo, Asociación Coloquios Históricos. 2012

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VICTORIA SOBRE LA MUERTE
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Manuel Pecellín | 07-10-2012 | 10:36| 0

Alonso Guerrero (Mérida, 1962) mostró desde los inicios de su carrera
literaria gusto por los campos de la ficción. Baste recordar títulos
como Tricotomías (198s, Premio Felipe Trigo), Los años imaginarios
(1987, Premio Navarra), Lo ladrones de libros (1991) o El edén de los
autómatas (2004). Esa facilidad para introducirse en mundos
imaginarios la combina con un fino análisis de los fenómenos sociales
cotidianos, sin descuidar nunca los apuntes metaliteriarios
(especialmente relevantes en La muerte y su antídoto (2004),
consideraciones sobre la condición humana , así como el recurso
permanente a guiños culturales múltiples (literatura, comic, música,
cine, artes plásticas), que en ocasiones resultan abrumadores. Todo
ello tratado con una indefectible voluntad de estilo.
Son los ingredientes básicos con los que se construye Un patio sobre
la nada, novela de ciencia ficción, cuyos protagonistas se mueven
entre Madrid y el planeta Marte (siete días de viaje) en los albores
del siglo XXIII. Por entonces, según el escritor lo imagina, el mundo
se conduce por unos parámetros bien distintos de los actuales, aunque
no por ello menos deprimentes. Sin duda, el fenómeno que condiciona
todo lo demás es la victoria médica sobre las causas del
fallecimiento: Ya sólo se mueren los pobres. Cuantos pueden pagarse
un buen seguro médico, aunque dejen de vivir momentáneamente por
razones naturales o inducidas, son recuperados una y otra vez en
virtud de pócimas tan caras como eficaces.
Esto conduce a una aburrida gerontocracia, que impide el ascenso de
las nuevas generaciones. Quintanar es el prototipo de los vejestorios
tricentenarios, tan hábil para manejar a su favor los formidables
recursos técnicos (viajes interestelares, clonación de sus propias
hijas, realidad virtual, antioxidación celular, etc.), como carente de
escrúpulos. Inmensamente rico, sólo le preocupa engrosar su santuario,
un museo donde recoger las escasas reliquias de épocas pasadas
(libros, carteles, discos de vinilo, películas, encendedores,
antiguos vocablos) . Ningunas tan atractivas como la pistola que Julie
Christie dispara en El doctor Zhivago o la del asesino de John Lennon.
Sólo puede competir con él el dueño de Ficción, también conocido como
mr. Google o el Jefe de Correos, quien domina esa “nube informática” a
la que resulta casi imposible abstraerse.
Contra tantos vejestorios actúan los “narcisistas” y, más aún, “los
albaceas”, por razones puramente egoístas. A ese grupo pertenece el
otro personaje principal de la novela, el “joven” casi cincuentón
Laguardia (o, más bien, Chapman), un sicario que va narrando en
primera persona increíbles aventuras. Paradigma del cachorro educado
en las últimas tecnologías, amoral y escéptico (aunque tuvo un padre
distinto), irán transformándose paulatinamente, hasta sufrir una
metamorfosis humanizadora, inexplicable para los ingenieros del
comportamiento, en virtud del contacto con algunas de sus víctimas y
del amor a Sonja (una de las cinco clonadas que llevan ese nombre).
Así se llamaba la hija de Honecker, el líder comunista de la RDA,
perfecto representante de un mundo ya desaparecido (bye, bye, Lenin)
y cuya inexplicable aparición, rescatado de un tanque criogénico,
concluye la obra.
¿Por qué el ser y no más bien la nada?, se preguntaba el siempre
sospechoso Heidegger. A un palco sobre la nada (fin de la naturaleza y
de la historia) nos conduce el novelista, quien, tras angustiarnos,
todavía nos permite soñar algunos escapes.

Alonso Guerrero, Un palco sobre la nada. Mérida, De la luna libros, 2012.

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SECRETOS DE LA MELANCOLÍA
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Manuel Pecellín | 29-09-2012 | 11:32| 0

Catedrática de Literatura, la doctora Vázquez Marín (Salvaleón, 1951), que tambien está licenciada en Ciencias de la
Información, se ha movido por terrenos múltiples, mientras ejercía la
docencia en la capital de España: Investigaciones históricas (El
Madrid de Carlos III, El costumbrismo español del siglo XVIII),,
ediciones críticas (San Juan de la Cruz), ensayos (El Madrid cotidiano
del siglo XVIII),La literatura del siglo XX), biografías (Zugazagotia,
precursor de la novela social), novelas (Con olor a naftalina) y
poemarios (Signos de sombra, En el confín del nombre, Nos+otros,
Gramática de la Luna, Escombros de los días) figuran en el haber de
la escritora, que ha colaborado igualmente en importantes obras
colectivas (Historia literaria en el siglo XVIII, El Quijote en clave
de Mujeres), a la vez que ejercía la crítica literaria en numerosos
medios ( HOY, Cuadernos del Sur, Diario 16, El Mundo, El País).
De tan polifacéticas dedicaciones, la escritora extremeña ha destacado
numerosas veces la importancia que concede a la creación. “Mi poesía
es un elemento vital primario, la necesito para saber vivir, sin ella
caigo en el absurdo. Esa necesidad tiene como finalidad el misterio,
que busco en la palabra, pues cuando escribo no escribo sobre lo
ocurrido sino para que ocurra algo. Por eso la mayoría de mis poemas
han brotado del subconsciente y yo soy la primera lectora de ellos.
Hoy mi poética está cambiando y brota con el anhelo de que el misterio
se instale en lo próximo y cotidiano, para desterrar el terror al
vacío y al tedio de la existencia”, declara.
Con esa actitud espiritual, terapéutica y soteriológica, está escrito
Tiempo de caramelos, un poemario conmovedor, donde Vázquez Marín bucea
en los entresijos de lasintimidades para descubrir las raíces
infantiles de su pesonalidad.
Aquellos años vividos “en un pueblo pequeño/de Extremaura/que contenía
en su vientre/una enorme bola de soledad  y silencio”, son rescatados
aquí merced a un ejercicio de psicoanálisis casi inmisericorde. Aunque
no falte un toque de piedad filial, la niña que sigue siéndolo
protesta contra el injusto trato que recibiese en una casa, por lo
demás bien abastecida. Ni el padre, un antiguo republicano, siempre
serio y exigente ante la que juzga hija superdotada; ni la madre, más
pendiente de sus propias frustraciones, alcanzaron a comprender las
auténticas demandas de la melancólica y enamoradiza rapaz.
El libro se lee como un único poema, cuyos versos, blancos y libres,
exorcizan líricamente los demonios habituales para tantas personas
nacidas en “una España de moscas mierda y miedo/sin el color que da
libertad” , desafortunadamente agravados a menudo por las
incomprensiones familiares.

Juana Vázquez Marín, Tiempo de caramelos. Palma de Mallorca. Calima
Ediciones, 2012

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TRÓPICO RECUPERADO
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Manuel Pecellín | 22-09-2012 | 17:59| 0

A los españoles, que tanto sabemos de emigraciones forzosas (sefarditas, moriscos, encausados inquisitoriales, ilustrados, constitucionales, jesuitas, republicanos y tantos otros colectivos expulsos de las fronteras patrias), novelas como El enigma del regreso resultan especialmente interesantes. Su autor evoca en este magnífico texto, donde verso y prosa alternan sin solución de continuidad, las convulsiones que un escritor – trasunto de Laferrière – sufre cuando, tras seis lustros de estancia en Montréal, regresa a su patria de origen, Haití, de donde tuvo que escaparse para no perecer ante la vesania de Baby Doc Duvalier, inicuo retoño de un insufribe Papá Doc, y sus “tontons macoutes”. Resulta conmovedor seguirle por uno de los territorios más pobres del planeta, tras haber dejado atrás las comodidades del primer mundo, a la vez que va recomponiendo la figura de un padre muerto en el exilio por haber luchado en su juventud contra la dictadura. Todo ello sin dejar de percibir que, si bien el hambre continúa siendo la nota dominante de la sociedad haitiana, sus sufridos moradores no son insensibles a la luz, la belleza y el entusiasmo del trópico, a la vez que mantienen no pocos valores morales acaso ya perdidos en los países más desarrollados. No extrañará que la novela recibiese el Premio Médicis 2009, un prestigioso galardón que, en sus distintas modalidades, cuenta con nombres como Umberto Eco, Elsa Morante, Antoio Tabucchi, Ávaro Mutis, Antonio Skármeta, Philip Roth, Omar Pamuk o el español Enrique Vila Matas.
Dany Laferrière (Puerto Príncipe, 1953) sabe bien de lo que escribe. En realidad, estamos ante una obra claramente autobiográfica, aunque él procure los lógicos distanciamientos para no ver del todo comprometida su capacidad creadora. No obstante los toques de humor, las insinuaciones en lugar de las denuncias explícitas, el lenguaje alegórico y otros recursos estilísticos, el texto rezuma entusiasmo por las deslumbrantes hermosuras de la patria recuperada, como el desgarro ante los males que continúan martirizándola (algunos casi peores que los de los viejos tiempos). “Consumo tanta carne aquí/en un invierno/como un pobre en Haití/ durante toda una vida”, escribe (pág. 51), recordando a Canadá. “Se han imaginado ya una ciudad/de más de dos millones de habitantes/y la mitad muriéndose literalmente de hambre”, proclama (pág. 93) de Puerto Príncipe. “¿De qué sirve ser rico en un país/a la constante merced de un levantamiento del hambre?”, se pregunta (pág. 136), aludiendo al que debería ser el único gran tema de cualquier novela (pp. 148.154).
Pero Laferrière, que no oculta su devoción por Aimé Césaire (abre con una cita del mismo), y es un asiduo lector de Lorca (ver pp. 82 y 130), no solo denuncia y reflexiona sobre la humana condición. Su voz es también la del poeta enamorado de la luz, el encanto del mar y las montañas isleñas. la sensualidad de las mulatas, el atractivo del vudú, la música afro y el perfume de las noches tropicales. De todo ello se impregna su magnífica prosa (excelente la traducción de Elena-Michelle Cano e Íñigo Sánchez Paños), así como los cuidados versos alternativos, que en no pocas ocasiones son auténticos haikus. Estamos sin duda ante uno de las novelas más originales y hermosas aparecidas estos últimos tiempos.

Dany Laferrière, El enigma del regreso. Madrid, Alianza Editorial, 2012.

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HERNANDO DE SOTO
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Manuel Pecellín | 21-09-2012 | 08:22| 1

Natural de Carmona y doctor en Historia de América, Esteban Mira, que
pasó a Extremadura como profesor de Bachillerato, tiene publicadas una
veintena de obras y ha suscrito un centenar de biografías en el
Diccionario Biográfico Español de la Academia de la Historia.
Distinguen sus estudios tres características básicas: atención a las
fuentes documentales, conocimiento de la bibliografía histórica
clásica y reciente e independencia de criterio, lo que más de una vez
le impulsa a contradecir tesis tradicionalmente aceptadas. Así lo
demostró en trabajos como Hernán Cortés. El fin de una leyenda (2010)
y lo confirma esta biografía del “Conquistador de las tres Américas”,
según llama a Hernando de Soto.
Aunque no ha podido tdeterminar el año (1500, aprox.), ni el lugar de
su nacimiento (Jerez de los Caballeros, Badajoz o Barcarrota), así
como otras lagunas de este “carismático individuo” (Max Weber), la
personalidad de quien dejase la vida en las riberas del recién
descubierto Mississippí se percibe a través de estas páginas, poco
condescedientes con cualquier espíritu hagiográfico,
extraordinariamente atractiva.
Las obras de Fidalgo de Elvas (Expedición de Hernando de Soto a la
Florida, Madrid, Espasa Calpe, 1965), el Inca Garcilaso de la Vega
(La Florida del Inca, Madrid, FUE. 1982), Luis Villanueva (Hernando de
Soto, Badajoz, Arqueros, 1929 ), Miguel Muñoz de San Pedro (El
jerezano Hernando de Soto, Jerez, La Competidora, 1968) y M.C. Mena
García (El oro de Darién. Entradas y cabalgadas en la conquista de
Tierra Firme, Sevilla, Junta de Andalucía, 2011), son las referencias
bibliográficas fundamentales del rico elenco que recoge el oportuno
apéndice.
Pasado al Nuevo Mundo con apenas quince años, Soto fue personaje
sobresaliente en la conquista del Perú, junto a Pizarro, a quien
criticará por el asesinato Atahualpa. Enriquecido con los tesoros
incaicos (unos 38 millones de euros, se calcula), el temible guerrero
invertirá toda su hacienda, buscando honra, prez y mayores ganancias
en la empresa que a la postre le acarreará ruina y muerte: la
conquista de la Florida y demás territorios norteamericanos, donde
sóló encontrará poblaciones belicosas, escasos bienes de consumo y
apenas oro, plata, perlas o piedras preciosas, que tan ansiosamente
buscó a través de miles de kilómetros, llanuras infinitas y ríos
interminables. Casi la mitad de sus huestes procedían de Extremadura.
Pese a lo que no pocas vesse dice, también Hernando de Soto, hombre
de singular valentía y arrojo, se condujo según las crueles normas de
la guerra: “Nunca cuestionó la legalidad de la conquista, como
hicieron algunos religiosos, especialmente los dominicos, y además
recurrió a tormentos, ejecuciones y mutilaciones cuando los juzgó
necesarios, exactamente igual que los demás guerreros de su tiempo”
(pág. 33), declara el historiador, no sin insistir en que a cada
persona hay que juzgarla en el contexto que le tocó vivir.
No dejan de sorprender ciertas inexactitudes de este riguroso
investigador, que insiste en citar publicaciones de la Institución
pacense “Juan de Valencia” (en vez de Pedro) o recuerda al estudioso
extremeño Felipe (en vez de Vicente) Navarro del Castillo. Pequeños
lunares en una obra tan densa como atractiva.

Mira Caballos, Esteban, Hernando de Soto. Barcarrota, Ayuntamiento y otros, 2012

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AFORISMOS
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Manuel Pecellín | 14-09-2012 | 16:32| 0

Natural de Hervás (1950), Neila vivió infancia y juventud en Asturias, licenciándose en Filología Románica por la Universidad de Oviedo. Ha ejercido la docencia y es autor de numerosos poemarios, ensayos, traducciones y ediciones de obras ajenas. Proclive a la poesía esencial, es conocido su interés por la escritura fragmentaria y dirige la colección de aforismos “A la mínima” en la editorial Renacimiento, donde aparece la obra que presentamos.
Ya el título nos revela el carácter principal de su contenido, explicitado en algunos apuntes: “hay pensamientos que sólo afloran como respuetas a una inquietud: son los pensamientos de intemperie” (pág. 43). ” El pensamiento fragmentario no necesita de escuelas, academias o cátedras: es un pensamiento a la intemperie” (pág. 99),
Los de este hombre, que se declara un escéptico franco y tolerante (pág. 116), no inmune a los interrogantes éticos, estéticos e incluso políticos planteados por la filosofía tradicional, encuentran en el aforismo su fórmula perfecta de expresión. Neila se reconoce partícipe de una tradición literaria que tiene en los moralistas franceses del XVII , los idealistas alemanes del XIX y los judíos centroeuropeos del XX, , desde Pascal a Canetti, una formidable saga de creadores. Las “sentencias” de Mairena-Machado; los proverbios chinos; las greguerías de Gómez de la Serna o los “pecios” de Sánchez Ferlosio también le provocan admiración.
Con tan depuradas como sucintas piezas irá labrando su obra el asturextremeño, hasta construir un apasionante volumen que él sitúa “entre la nostalgia señorial y el espíritu utópico, entre la libertad personal y el colectivismo fraterno: dos maneras de afrontar el mundo diferentes, cuando no contrapuestas; pero coincidentes en lo esencial, verbigratia, en la oposición responsable a un mundo sin concierto o en la defensa de la veracidad, la compasión, la libertad y el arrojo”, según leemos en los preliminares (pág. 13).
Apostillas a frases famosas , retruécanos de adagios clásicos, apuntes metalingüisticos personales, comentarios a citas de sus escritores predilectos (Lucrecio, Dante, Pico della Mirandola, Montaigne, Leonardo da Vinci, Spinoza, Kafka, Pessoa), neologimos y donaires propios constituyen las teselas de tan hermoso mosaico, donde algunos fragmentos se repiten, arrancándonos una y otra vez “la triste sonrisa cervantina”. Atraído por el pensamiento trágico; rebelde ante las manipulaciones del Poder y sus corifeos; tocado por un pesimismo antropológico no exento de piedad hacia el ser humano, Manuel Neila nos deslumbra con sus excitantes aforismos.

Manuel Neira, Pensamiento de intemperie. Sevilla, Renacimiento, 2012

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HISTORIA DE EXTREMADURA
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Manuel Pecellín | 31-08-2012 | 10:37| 0

Durante los días 21 y 22 de octubre de 2011 se celebraron en Llerena las XI Jornadas de Historia. El volumen, con 426 páginas, reproduce las ponencias y comunicaciones allí defendidas. Personalidades como José Álvarez Junco, Pablo Fernández Albadalejo y Gregorio Peces Barba (+) desarrollaron sus tesis sobre el tema nuclear del encuentro: el origen y evolución, desde épocas altomedievales, de la idea de España en cuanto patria común para los dstintos pueblos de la Península.
Entre los trabajos referidos explícitamente a Extremadura cabe destacar las biografías del ilustrado Domenico Caracciolo (Malpartida de la Serena, 1715); Justiniano Barvo, jefe de policía en Azuaga y fundador del PCE en Albacete y Almería, y la del sacerdote-poeta Pedro Belloso (1926-2004). Autores respectivos son José J. Rodríguez Carrasco, Antonio Ramírez Navarro e Ignacio Pavón Soldevilla.
Pero el estudio más interesante es el que suscribe el historiador Antonio Manuel Barragán-Lancharro. Basándose, según su costumbre, en sólida base documental, expone las vicisitudes experimentadas en Extremadura por las instituciones republicanas bajo el dominio del Frente Popular durante 1936-1939, con centro en Castuera-Cabeza del Buey.. Muchos de los procesos que también pondría en marcha el régimen franquisfa, fueron ya ensayados antes del triunfo de los militares: campos de concentración, depuración de las personas desafectas (sobre todo de funcionarios y enseñantes), incautación de sus bienes y otras represalias contra “el enemigo de clase”.
De todos los textos que se reproducen se adjunta el correspondiente resumen preliminar, en castellano e inglés. Las traducciones han sido hechas por Antonio Lemus Muro.

Iñesta Mena, Félix y Mateos Ascacíbar, Francisco (coord.), España. Nación y Constitución. Llerena, Sociedad Extremeña de Historia, 2012.

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