Hoy

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LA PRESA
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Manuel Pecellín | 29-10-2016 | 09:23| 0

 

Tan trágica como la del protagonista de La Presa, aunque por razones, muy diferentes,  fue la vida de Irėne Némirovsky. Natural de Kiev (1903), abandona la Rusia bolchevique para establecer en París (1919) con sus familiares, ricos banqueros judíos. No fue la suya una infancia feliz, como tampoco la del joven Daguerne, el personaje  de la narración, que tanto me recuerda al Julien Sorel  de Rojo y Negro, la gran obra de Stendhal. Políglota consumada, Némirovsky obtuvo la licenciatura en Letras por la Sorbonne, comenzando pronto precoz carrera literaria, hasta convertirse en figura reconocida de las letras galas. Escritores tan exigentes como Jean Cocteau o Paul  Morand no le escatimaron elogios.

No obstante, el régimen de Vichy le denegó repetidas veces la nacionalidad francesa. Casada con Michel Epstein, también judío,  su conversión al catolicismo  no impediría que fuese deportada (1942) a Auschwitz, junto con su esposo. Ella falleció de tifus; él murió en la cámara de gas. Dos hijas sobrevivieron gracias a la ayuda de personas valientes. Ambas conservarían inédita una novela de la  madre, Suite francesa. Publicada  en 2004, obtuvo un enorme éxito (fue Premio Renaudot a título póstumo, y el Libreros de Madrid 2016), siendo traducida a casi medio centenar de idiomas.

La Presa (La proie) había visto la luz el año 1938. Por entonces, Francia sufre aún las consecuencias de la gran crisis económica desencadenada a partir de 1929 y sus políticos no parecen capaces afrontarlas. Más aún, según los pinta aquí Némirovsky, constituyen una casta egoísta, corrupta y de escasas virtudes intelectuales. Eso explica el triunfo, aunque sea coyuntural, de un hijo de la “banlieu” de París, guapo, extraordinariamente ambicioso y sin escrúpulos, dotado de una enorme sagacidad innata.

Con todo, lo mejor de la novela no es el retrato de aquella sociedad, ciega ante el peligro nazi, sino los análisis sicológicos de sus personajes, especialmente el de Jean-Luc Daguerne, todo un paradigma de la condición humana. Tal vez su trágico final, sin duda previsible, se produce injustamente cuando en aquel hombre egocėntrico e implacable, había comenzado a generarse otra conducta a partir de un nuevo amor, ahora mucho más limpio que el que antaño lo llevó a casarse con la hija (tan atractiva, cuanto ñoña) de un poderoso banquero en busca del trampolín sociopolítico.

La Presa no remite a la población reclusa, sino al cebo con el que los más espabilados engatusan a sus congéneres para utilizarlos en su propio beneficio. Aunque no siempre les salgan bien los cálculos y, a la postre, el suicidio se imponga como la salida única. Quizás ni eso sirva para detener a otros más jóvenes e igualmente depredadores. Dígalo, si no, el propio hermano menor de Daguerne. La vida continúa. Nadie aprende en cabeza ajena. Bien lo ejemplifica la obra de Némorovsky, cuyo ágil estilo sabe respetar el traductor, José Antonio Soriano Marco.

 

Irėne Némirovsky, La Presa. Barcelona, Salamandra, 2016

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LIBROS EN BARCARROTA
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Manuel Pecellín | 22-10-2016 | 08:06| 0

 

El descubrimiento (1992) en Barcarrota de los once libros emparedados,

pertenecientes al s. XVI, todos prohibidos por la Inquisición, haría popular

el nombre del pueblo. Más tarde, Fernando Serrano cerró las hipótesis

sobre el posible dueño de aquella “biblioteca”: un médico culto, de etnia

judía como otro centenar de vecinos asentados en aquella población

surextremeña, próxima a Portugal, hacia donde pueden huir fácilmente

cuando las cosas se le ponen difíciles a los hijos de Israel en España (o

viceversa).

Barcarrota es hoy uno de los pueblos de Extremadura donde más obras se

publican. La feliz conjunción entre su Ayuntamiento, Universidad Popular,

IES “Hilario Álvarez” y varias asociaciones culturales permite dar a luz cada

año un notable número de libros. Francisco Joaquín Pérez González, con

admirables tenacidad e imaginación, fomenta las ediciones ayudado por

un activo “consejo de redacción” en el que participan Alfonso C. Macías

Gata, Concepción Gutiérrez Larios, Isabel Hernández Triguero, Juan

Becerra Torvisco, Joaquín Álvaro Rubio y José Ignacio Rodríguez

Hermosell, autor él mismo de notables trabajos de bibliografía.

Superan ya la veintena los títulos que conforman una de sus colecciones,

“Altozano”, ahora confirmada con el trabajo de un historiador tan valioso

como Esteba Mira. Andaluz de naturaleza, afincado en Almendralejo y

profesor de Instituto, cuenta ya en su haber con muy importantes

investigaciones (La gran armada colonizadora de Nicolás de Ovando,

2014; Historia de la villa de Solana de los Barros, 2014; El sistema naval del

imperio español, 2015, entre las últimas). Asiduo también a cuantos

congresos, simposios o jornadas versan sobre la colonización del Nuevo

Mundo –que él suele analizar de modo muy crítico-, Mira tiene también

numerosos artículos en incontables publicaciones periódicas, a veces bien

difícil de seguir.

Cinco de ellos, ahora retocados, junto con otros dos totalmente inéditos,

constituyen esta publicación, prologada por Alfonso C. Macías Gata,

alcalde de la villa. En los preliminares, el autor se refiere a ellos (dos

veces), como “ensayos”, quizás porque, ante el carácter divulgativo de la

colección, ha elige reducir al mínimo las referencias y notas al pie de

página. Son más bien apuntes históricos, perfectamente fundamentados,

aunque en ocasiones Mira se atreva a proponer hipótesis, a menudo

contrarias a la versión más común.

Sin desmerecer para nada a los restantes, voy a referirme a los dos que

más interés me han provocado: “El secreto de Hernando de Soto” y “Juan

Jaramillo, conquistador”, referidos a dos de los muchos barcarroteños que

pasaron a América durante el XVI. ¿Por qué el famoso Adelantado ocultó

sistemáticamente sus orígenes, decidiendo además que la probanza para

su ingreso en la Orden de Santiago se hiciera en Badajoz, no en

Barcarrota? Trataba de escamotear sus orígenes judeoconversos (como

hicieran tantos de sus coetáneos), responde el autor, amparándose en

muy razonables pruebas.

Juan Jaramillo fue la mano derecha de Hernán Cortés, que “le cedió, con

una mentalidad difícil de entender desde nuestra perspectiva actual, a su

íntima amiga, la india doña Marina” (pág. 20). El de Barcarrota casó y fue

siempre fiel a Malitzin, convertido en uno de los hombres más ricos de

América (lo que no menguó sus ímpetus batalladores, ni su fidelidad

absoluta al de Medellín, a quien defendería siempre).

 

Esteban Mira Ceballo, El secreto de Hernando de Soto y otros estudios

sobre Barcarrota. Barcarrota, Universidad Popular y otros, 2016.

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CANÓNIGO ILUSTRADO
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Manuel Pecellín | 15-10-2016 | 08:41| 0

inario pacense, Francisco González Lozano (Don Benito, 1975) se doctoró el 2015 con la tesis Historia pedagógica del Seminario Conciliar de San Atón. 1851-1962, publicada el mismo año por la Fundación Caja Badajoz, entidad que también edita este su nuevo libro. Coautora del trabajo es la directora de la magnífica biblioteca que aquel centro posee, Guadalupe Pérez Ortiz, a cuya laboriosidad se debe un buen número de obras aparecidas en los tiempos últimos. Conocedores los dos de los fondos archivísticos diocesanos, vuelven a conjuntar sus afanes para enriquecer la historia de Iglesia extremeña.

Así lo han hecho con esta biografía de Tirso Lozano Rubio, otro de esos clérigos ilustrados que merecen figurar en una abundante nómina. Nacido dentro de familia humilde (Montánchez, 1865), se formaría durante casi tres lustros en el Seminario de Badajoz, donde ejercerá docencia (Sagradas Escrituras) y desempeñará el cargo de Prefecto de estudios. Completa los suyos haciendo doctorándose en Teología por la Universidad Pontificia de San Idelfonso y alcanzado la licenciatura en Derecho por la Universidad de Sevilla (1900).

No extraña que obtuviera, tras lucida oposición,  la plaza de Canónigo en la catedral pacense, ni que haya asumido otras altas responsabilidades, llegando a ser Presidente de la Caja de Ahorros de Badajoz. Administrador de la diócesis, Juez eclesiástico, Correspondiente de la R. Academia de Historia, vocal del Patronato del Museo Provincial de Badajoz,  miembro de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la provincia, socio de la R. Sociedad Extremeña de Amigos del País, colaborador de la excelente Revista de Extremadura y del Centro de Estudios ExtremeñosTirso Lozano aún encontrará tiempo para escribir un importante número de libros, casi todos editados en los talleres de Uceda Hermanos: Las armas de la dialéctica (1894), Historia de Montánchez (1894), Atlas geográfico-filosófico (1896),  Lexicon de sistemas filosóficos (1987), De historia de Badajoz: apéndice a la Historia del Dr. Mateos (Badajoz, Arqueros, 1930),  Historia de la fundación del convento de Religiosas Carmelitas de Badajoz (Arqueros, 1930) y el Suplemento a la Historia Eclesiástica de la ciudad de Badajoz, de Solano de Figueroa (Badajoz, Centro de Estudios Extremeños, 1935).

Los autores ofrecen la ficha bibliográfica de cada una de estas publicaciones, incluso de otros trabajos inéditos, así como la sinopsis, excesivamente concisa, de los mismos. Un análisis más extenso habría permitido conocer mejor las ideas principales que Tirso Lozano sustentaba en cuestiones de Filosofía, Teología, Biblia, Historia, etc., acaso también por dónde iban sus planteamientos políticos, sociales y económicos.

Bibliófilo tenaz, en la biblioteca  de este “sacerdote al servicio de la sociedad y de la Iglesia”, según se le distingue, figuraban obras de bien distinta temática, aunque sobresalen las de carácter religioso. El legado de las mismas, próximo al millar de volúmenes, se guarda hoy en la de la Sociedad Económica pacense. Guadalupe Pérez y Francisco González ofrecen un pulcro listado de títulos, libros y revistas,  año de publicación y autores, por orden alfabético de estos últimos. No deja de admirar que el buen canónigo contase entre sus lecturas escritos de hombres tan apartados de la ortodoxia vaticana  como  Nicolás Diaz y Pérez,  Roque Barcia,  Ernesto Renan,  Mario Roso de Luna,  Tomás Romero de Castilla, Emilio Zola,  o P. Kropotkine, uno de los padres del anarquismo y del que poseía Palabras de un rebelde.

Falleció en Badajoz el año 1938. No se dice cómo pudo afrontar los difíciles años de la República y del nuevo orden franquista.

Celso Morga Iruzubieta, arzobispo de Mérida-Badajoz, suscribe el prólogo.

 

Guadalupe Pérez Ortiz y Francisco González Lozano, Tirso Lozano Rubio. Badajoz, Fundación CB, 2016.

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REALIDADES VIRTUALES
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Manuel Pecellín | 06-10-2016 | 16:27| 0

 

            REALIDADES VIRTUALES

 

Termino la lectura en el parque de la Atalaya, junto al mar conileño. Entre los pinos, que el contumaz levante ha doblegado de manera fantasmagórica, grupos de adolescentes persiguen al último pokemon. Cada uno exhibe carísimos teléfonos, más inofensivos tal vez que las escopetas con cuyos balines los padres de esta turba extirpaban por aquí camaleones, tórtolas, gorriones, jilgueros y cuanto se les ponía a tiro. Nintendo puede generar nuevas criaturas, al parecer con irresistibles atractivos, mucho más fácilmente que la naturaleza clásica. Es una de las virtudes de la “realidad virtual”.

El volumen luce prólogo de Naief Yehya, teórico cibercultural, que lo fecha en New York y avanza que estamos ante “un libro sobre pandemias mediáticas y aflicciones imaginarias que pueden ser tan reales como la peste negra”. Conocí a la autora en Badajoz, donde realizó estudios primarios (Colegio Piloto Guadiana) y secundarios (IES Rodríguez-Moñino). Sus padres son personas fuertemente comprometidas con la educación en Extremadura, cofundadores de la asociación pedagógica “Juan Uña”, nombre que le pusimos en memoria del extremeño que llegó a ser Rector de la ILE (Institución Libre de Enseñanza).

Teresa López-Pellisa (Alcañiz, 1979) es doctora en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, donde recibió el magisterio de Antonio Rodríguez de las Heras, a quien cita en numerosas páginas. Terminó después Teoría de la Literatura en la Universidad Autónoma de Barcelona. Desarrolla allí labores docentes e investigadoras en el marco del Grupo de Estudios sobre lo Fantástico, participando también en el Grupo Cuerpo y Textualidad. Entre sus publicaciones cabe destacar Ensayos sobre ciencia ficción y literatura fantástica (2009) y la coedición de Visiones de lo fantástico en la cultura española 1970-2012 (2014). Sus líneas de investigación se centran en la literatura de ciencia ficción, la cibercultura, el cine, el teatro mediados por las nuevas tecnologías y el ciberfeminismo.

Son temas que se abordan en este estudio, abrumadoramente documentado, que hacen referencia asimismo a cuestiones filosóficas, históricas y sociopolíticas, sin omitir las teológicas (quizás las menos afortunadas). Dos apéndices, con referencias bibliográficas y filmográficas, indican las fuentes utilizadas, si bien son muchas más las obras que se citan a lo largo del libro. (Tratándose de los clásicos grecolatinos, se agradecería el préstamo directo, así como la indicación de qué traducciones se manejan, sobre todo en los textos bíblicos, algunas muy discutibles).

A mi entender, dos son los valores sobresalientes de este trabajo: sus aportaciones de carácter lingüístico, encaminadas a establecer con precisión los términos usuales en terrenos tan novedosos, la mayor parte con sello anglosajón (aunque no faltan etimología grecolatinas) y los peligros que, tras el oportuno diagnóstico, López-Pellisa denuncia en el cada vez mayor avance de los entornos digitales. Ejemplificándolos con abundantísimos testimonios, tras rastrear sus posibles antecedentes en épocas anteriores, la investigadora pone en aviso sobre las “patologías” – así las define ella- más frecuentes en los espacios digitales. Intentaré resumirlas:

1.- Sufren los internautas de esquizofrenia nominal a la hora de construir dominios, muros, páginas, etc. en la inmensidad de Internet.

2.- Los simulacros de la red impiden a menudo establecer diferencias entre la realidad y las imágenes que habitamos, entre los átomos y los bits.

3.- Estamos en peligro de sufrir una “obsolescencia cárnica”: los ciborgs, replicables en cuerpos de silicio, jubilan a la persona humana tradicional, generando seres fácilmente manipulables para el Poder.

4. Pero las nuevas creaciones cibernéticas reinciden una y otra vez en las tesis de la mística religiosa.

5.- Las ginoides, maniquiféminas y demás mujeres virtuales repiten en la caverna telemática el viejo “mito de Pandora”, tan útil para perpetuar el predominio machista.

Sin duda, el imperio de la informática es ineludible. Bien estará acogerlo sin sufrir estas enfermedades.

 

Teresa López-Pellisa, Patologías de la realidad virtual. Cibercultura y ciencia ficción. Madrid, Fondo de Cultura Económica, 2015.

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¿QUIÉN SABE LEER?
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Manuel Pecellín | 05-10-2016 | 08:16| 0

 

¿QUIÉN SABE LEER?

 

Profesor de Lengua y Literatura ya jubilado, doctor en Pedagogía, Benito Estrella (Higuera de la Serena, 1946) se distingue por sus esforzadas contribuciones para la renovación de la enseñanza en Extremadura, sobre todo a partir de las inolvidables “Escuelas de Veranos”, donde tantos centenares de docentes llegaríamos a participar. Ha sido también Jefe de la Unidad de Programas en la Dirección P. de Badajoz; miembro del Forum Europeo de Administradores de la Educación y patrono de la Fundación “Juan Uña” (nombre dado a dicho ente como homenaje al que fuese rector de la Institución Libre de Enseñanza, en cuyos principios se inspira).

La pedagogía y el lenguaje son las dos áreas predilectas del autor, que ha publicado asimismo los poemarios La soledad y el silencio, Libro de la memoria y el olvido, El lugar que cura (X Premio de Poesía García de laHuerta) e Izana, el Pájaro. De ellos se ocupó Virginie Jean en una tesis editada por la Sorbonne.

Autor de la novela de carácter autobiográfico Valdargar (VI Premio a la Creación Literaria “La Serena”), suyas son también las obras ensayísticas Un extraño en mi escuela… y Loa a la vieja pizarra, en las que se muestra muy crítico con las directrices pretendidamente renovadoras que durante los lustros últimos han ido proyectándose a partir de las Administraciones públicas en el campo de la educación (tantas veces para aburrimiento de maestros y alumnos).

 

La Fundación Emmanuel Mounier, que ya le editase el último libro, saca ahora en su colección “Sinergia” este nuevo ensayo del extremeño. Estrella no oculta su empatía con las orientaciones de dicha entidad, dirigida por Julia Pérez Ramírez y alentada por pensadores tan comprometidos como Carlos Díaz. (Precisamente de este filósofo han ido apareciendo en la misma serie trabajos tan reveladores como De la simple indignación a la democracia moral o Economía de mercado y enseñanza de Cristo, amén de monografías sobre Unamuno, Erasmo, Kierkegaard o Antonio Machado).

El mismo título recoge ya la tesis básica que nuclea la obra aquí presentada: “No vemos el mundo, lo leemos”. Recuerda inevitablemente otra de Galileo, si bien con distinta proyección. “La filosofía –se lee en Il Saggitario)- está escrita en ese grandísimo libro que contínuamente está abierto ante nuestros ojos (a saber, el universo), pero no puede entenderse si antes no se procura entender su lenguaje y conocer los caracteres en que está escrito. Este libro está escrito en lenguaje matemático, y sus caracteres son triángulos, círculos, etc”.

Buen lector de otros lenguajes como el bíblico, platónico, místico sufí, taoísta o el poético en sus múltiples recreaciones, Estrella está lejos del reduccionismo consagrado por los neoposivistas o analistas lógicos. Se sitúa más cerca del Wittgenstein de las Investigaciones filosóficas que del célebre Tractatus (si bien el filósofo austríaco no es citado ni una sola vez, sorprendentemente, en un libro que exalta las relaciones entre lenguaje y pensamiento). Sí lo es en numerosas ocasiones I. Kant, quien ya en el siglo XVIII realizase la auténtica “revolución copernicana” en el campo epistemológico: es el sujeto, no el objeto, quien tiene la primacía en la ineludible complicidad del conocer. Son las “categoría” subjetivas aprióricas las que estructuran realmente el juicio, si bien no pueden operar al margen del aporte objetivo sin incurrir en sentencias vacías sobre un “Incognitum X”.

No existe, o no la podemos conocer, “realidad” alguna al margen del sujeto. Es éste quien las constituye, según “lee” los contenidos sensoriales. Pero para “leer” correctamente el mundo, “empalabrarlo” y “apalabrarlo”, la persona necesita una buena formación; adquirir habilidades y valores: interés, tradición, apertura, comprensión y apropiación son los más importantes. El ensayista expone el significado, génesis y desarrollo de los mismos, apelando con frecuencia a alegorías y otros recursos que toma detanto de la literatura popular como de los grandes poetas, desde Homero hasta hoy mismo.

 

Benito Estrella, No vemos el mundo, lo leemos. Madrid, Fundación Emmanuel

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CONDENADA SIN CULPA
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Manuel Pecellín | 03-10-2016 | 10:03| 0

 

       

 

En dos ocasiones ha sido llevada al cine esta impactante novela, que un año antes de morir su autora fue distinguida con Premio Viareggio (1937). Luigi De Marchi dirigió la primera película (1953), a la que puso el título Condannata senza colpa. Vittorio Cottafavi respetó después (1981) el de la obra publicada por Paola Drigo (Castelfranco 1876- Padova, 1938), un texto de enorme fuerza.

Según los historiadores de la literatura italiana, la novelista, hija de un partidario de Garibaldi, se distingue por su estilo realista;  capacidad para describir los ambientes sociales; la agudeza en el análisis psicológico de sus personajes, casi siempre mujeres de humilde condición, maltratadas –evidentemente sin culpa- por el destino, y la descripciones del paisaje, que ella bien conocía.

Así ocurre con María Zef, enmarcada  a final del siglo XIX en la comarca montañosa de Friuli, junto al Véneto, cuyas condiciones socioeconómicas y culturales de la época nos recuerdan las vividas por entonces en Las Hurdes. El protagonismo del relato lo soporta una joven quinceañera, tan valerosa como lúcida (pese a su analfabetismo), junto al hermano de su padre emigrado y fallecido en América. Entre los dos se originan unas relaciones muy especiales, que terminarán según nos acostumbran a leer los trágicos griegos.

Como la “madre coraje” de Bertolt Brecht, la de Mariutine (nombre de la protagonista en el dialecto del Friuli, muy utilizado aquí, para castigo de las diligentes traductoras, Paula Caballero Sánchez y Carmen Torres García), exhausta por el hambre y enferma de sífilis, abandona cada años su mísera cabaña y desciende a los valles para vender los sencillos productos labrados por los  pastores montañeses (cazos, cuencos, cucharas, cucharones, etc.). Los transporta en un carro del que tira la recia Mariutine,  sorprendentemente hábil también para el cante, la danza y el trato con los clientes. Arriba aguarda el tío (tal vez, algo más) Barbe , tan capaz de las mayores grandezas, como de la conducta más vil, sobre todo si el vino o la “grappa” (el aguardiente de esta versión) se cruzan por medio. Caro lo pagará, de quien menos lo esperaba. Ni la anciana “veora”, también hundida en el silencioso de los bosques, lo pudo prever. Por su parte, Rosùte, la  muy querida hermana pequeña, aporta dosis de ternura al desnudo relato y acabará teniendo, pese a su inocencia, papel básico en el fatal desenlace.

En aquella comarca deprimida de la Italia decimonónica, donde el hambre y las carencias no impiden las conductas solidarias, incluso la fiesta (magníficas evocaciones del Carnaval), las mujeres tenían todas las de perder. Contra ese fatal destino se rebelará la lúcida Mariutine, decidida a que no vuelvan a repetirse en la hermana menor las humillaciones sufridas por la madre y ella misma. Aunque para ello tenga que manchar con sangre sus jóvenes e inocentes manos.

La obra sobresale por introducirnos en las entretelas de aquel mundo agroganadero, donde la mujer, ominosamente oprimida, sobrevive por su fuerza de espíritu y capacidad de perdón. Hasta que juzga sobrepasados todos los límites y opta por tomar ella misma la venganza que tal vez la redima, impidiendo la reproducción  de las circunstancias vergonzosas.  Difícil se hace abandonar la lectura sin llegar al término de un discurso tan vívido como bien elaborado.

 

Paola Drigo, María Zef. Cáceres, Periférica, 2016

 

CONDENADA SIN CULPA           

 

En dos ocasiones ha sido llevada al cine esta impactante novela, que un año antes de morir su autora fue distinguida con Premio Viareggio (1937). Luigi De Marchi dirigió la primera película (1953), a la que puso el título Condannata senza colpa. Vittorio Cottafavi respetó después (1981) el de la obra publicada por Paola Drigo (Castelfranco 1876- Padova, 1938), un texto de enorme fuerza.

Según los historiadores de la literatura italiana, la novelista, hija de un partidario de Garibaldi, se distingue por su estilo realista;  capacidad para describir los ambientes sociales; la agudeza en el análisis psicológico de sus personajes, casi siempre mujeres de humilde condición, maltratadas –evidentemente sin culpa- por el destino, y la descripciones del paisaje, que ella bien conocía.

Así ocurre con María Zef, enmarcada  a final del siglo XIX en la comarca montañosa de Friuli, junto al Véneto, cuyas condiciones socioeconómicas y culturales de la época nos recuerdan las vividas por entonces en Las Hurdes. El protagonismo del relato lo soporta una joven quinceañera, tan valerosa como lúcida (pese a su analfabetismo), junto al hermano de su padre emigrado y fallecido en América. Entre los dos se originan unas relaciones muy especiales, que terminarán según nos acostumbran a leer los trágicos griegos.

Como la “madre coraje” de Bertolt Brecht, la de Mariutine (nombre de la protagonista en el dialecto del Friuli, muy utilizado aquí, para castigo de las diligentes traductoras, Paula Caballero Sánchez y Carmen Torres García), exhausta por el hambre y enferma de sífilis, abandona cada años su mísera cabaña y desciende a los valles para vender los sencillos productos labrados por los  pastores montañeses (cazos, cuencos, cucharas, cucharones, etc.). Los transporta en un carro del que tira la recia Mariutine,  sorprendentemente hábil también para el cante, la danza y el trato con los clientes. Arriba aguarda el tío (tal vez, algo más) Barbe , tan capaz de las mayores grandezas, como de la conducta más vil, sobre todo si el vino o la “grappa” (el aguardiente de esta versión) se cruzan por medio. Caro lo pagará, de quien menos lo esperaba. Ni la anciana “veora”, también hundida en el silencioso de los bosques, lo pudo prever. Por su parte, Rosùte, la  muy querida hermana pequeña, aporta dosis de ternura al desnudo relato y acabará teniendo, pese a su inocencia, papel básico en el fatal desenlace.

En aquella comarca deprimida de la Italia decimonónica, donde el hambre y las carencias no impiden las conductas solidarias, incluso la fiesta (magníficas evocaciones del Carnaval), las mujeres tenían todas las de perder. Contra ese fatal destino se rebelará la lúcida Mariutine, decidida a que no vuelvan a repetirse en la hermana menor las humillaciones sufridas por la madre y ella misma. Aunque para ello tenga que manchar con sangre sus jóvenes e inocentes manos.

La obra sobresale por introducirnos en las entretelas de aquel mundo agroganadero, donde la mujer, ominosamente oprimida, sobrevive por su fuerza de espíritu y capacidad de perdón. Hasta que juzga sobrepasados todos los límites y opta por tomar ella misma la venganza que tal vez la redima, impidiendo la reproducción  de las circunstancias vergonzosas.  Difícil se hace abandonar la lectura sin llegar al término de un discurso tan vívido como bien elaborado.

 

Paola Drigo, María Zef. Cáceres, Periférica, 2016

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¿QUIÉN SABE LEER?
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Manuel Pecellín | 03-10-2016 | 09:51| 0

 

Profesor de Lengua y Literatura ya jubilado, doctor en Pedagogía, Benito Estrella (Higuera de la Serena, 1946) se distingue por sus esforzadas contribuciones para la renovación de la enseñanza en Extremadura, sobre todo a partir de las inolvidables “Escuelas de Veranos”, donde tantos centenares de docentes llegaríamos a participar.  Ha sido también Jefe de la Unidad de Programas en la Dirección P. de Badajoz; miembro del Forum Europeo de Administradores de la Educación y patrono de la Fundación “Juan Uña”  (nombre dado a dicho ente como homenaje al que fuese rector de la Institución Libre de Enseñanza, en cuyos principios se inspira).

La pedagogía y el lenguaje son las dos áreas predilectas del autor, que ha publicado asimismo los poemarios La soledad y el silencio, Libro de la memoria y el olvido, El lugar que cura (X Premio de Poesía García de la Huerta) e Izana, el Pájaro. De ellos se ocupó Virginie Jean en una tesis editada por la Sorbonne. Autor de la novela de carácter autobiográfico Valdargar (VI Premio a la Creación Literaria “La Serena”), suyas son las obras ensayísticas Un extraño en mi escuela… y Loa a la vieja pizarra, en las que se muestra muy crítico con las directrices pretendidamente renovadoras que durante los lustros últimos han ido proyectándose a partir de las Administraciones públicas en el campo de la educación (tantas veces para aburrimiento de maestros y alumnos) .

La Fundación Emmanuel Mounier, que ya le editase el último libro, saca ahora en su colección “Sinergia” este nuevo ensayo del extremeño. Estrella no oculta su empatía con las orientaciones de dicha  entidad, dirigida por Julia Pérez Ramírez y alentada por pensadores tan comprometidos como Carlos Díaz. (Precisamente de este filósofo han ido apareciendo en la misma serie trabajos tan reveladores como De la simple indignación a la democracia moral o Economía de mercado y enseñanza de Cristo, amén de monografías sobre Unamuno, Erasmo, Kierkegaard o Antonio Machado).

El mismo título recoge ya la tesis básica que nuclea la obra aquí presentada: “No vemos el mundo, lo leemos”. Recuerda inevitablemente otra de Galileo, si bien con distinta proyección. “La filosofía -decía Galileo (en Il Saggitario, 1963)- está escrita en ese grandísimo libro que contínuamete está abierto ante nuestros ojos (a saber, el universo), pero no puede entenderse si antes no se procura entender su lenguaje y conocer los caracteres en que está escrito. Este libro está escrito en lenguaje matemático, y sus caracteres son triángulos, círculos, etc”.

Buen lector de otros lenguajes como el bíblico, platónico,  místico sufí, taoísta o el poético en sus múltiples recreaciones, Estrella está lejos del reduccionismo consagrado por los neoposivistas o analistas lógicos.  Se sitúa más cerca del Wittgenstein de las Investigaciones lógicas que del célebre Tractatus (si bien el filósofo austríaco no es citado ni una sola vez, sorprendentemente, en un libro que exalta las relaciones entre lenguaje y pensamiento). Sí lo es en numerosas ocasiones I. Kant, quien ya en el siglo XVIII realizase la auténtica “revolución copernicana” en el campo epistemológico: es el sujeto, no el objeto, quien tiene la primacía en la ineludible complicidad del conocer. Son las “categoría” subjetivas aprióricas las que estructuran realmente el juicio, si bien no pueden operar al margen del aporte objetivo sin incurrir en sentencias vacías sobre un “Incognitum X”.

No existe, o no la podemos conocer, “realidad”  alguna al margen del sujeto. Es éste quien las constituye, según “lee” los contenidos sensoriales.  Pero para “leer” correctamente el mundo, “empalabrarlo” y “apalabrarlo”, la persona necesita una buena formación; adquirir habilidades y valores: interés, tradición, apertura, comprensión y apropiación son los más importantes. El ensayista expone el significado, génesis y desarrollo de los mismos, apelando con frecuencia a alegorías y otros recursos que toma de tanto de la literatura popular como de los grandes poetas, desde Homero hasta hoy mismo.

 

Benito Estrella, No vemos el mundo, lo leemos. Madrid, Fundación Emmanuel Mounier, 2016.

 

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VOLUNTAD INDOMABLE
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Manuel Pecellín | 17-09-2016 | 06:36| 0

Puede resultarle dolorosa la noche a quien pasea sin rumbo ni techo por barrios marginales cuando los demás duermen; a quien escucha un cuplé sintiendo compartir los desgarrones cantados; a quien distribuye polvo blanco por bares y clubes, sabiéndose culpable; a quien pierde a su amor, segado por balas asesinas; a quien oculta su verdadero sexo para verse libre de imposiciones; a quien ha de huir una y otra vez del territorio acogedor, vuelto de pronto enemigo…Sí, “duele la noche” una y otra vez al personaje creado por la escritora extremeña, en la que ha puesto tanto de sí misma, con cuyos valores éticos parece identificarse sin duda, aunque sus propias circunstancias vitales difieran no poco de las de la protagonista, la joven Martín Conrado, una mujer disfrazada de hombre que lucha por huir hacia su futuro en los  primeros años del siglo XX en distintos lugares, donde vivirá consecutivamente: pueblo rural, Barcelona, Madrid, (París), Berlín y La Habana.

Rebelándose ante la inminencia de un matrimonio impuesto, aún casi adolescente, huye desde su entorno campesino no identificado en una odisea que la conducirá, tras aventuras increíbles, a las aulas de la universidad berlinesa, donde comparte tertulia con el mismísimo Sigmund Freud y los debates del avanzado Institut für Sexualwissenschat. Antes tuvo ocasión de formarse en una botica del  turbulento Raval de los años diez y veinte del anterior siglo; conocer a los líderes catalanes de la CNT, enfrentados a tiros con la patronal; ver el desarrollo de “La Canadiense”, tal vez la huelga más famosa del movimiento obrero español; participar en el narcotráfico de coca; tratar a los escritores de la bohemia castellana; seguir los primeros pasos del mismísimo Adolfo Hitler y toparse con un mafioso implacable, cuyos pistoleros segarán la vida de los hombres más queridos por Martín Conrado. Demasiados materiales quizá para una narración que alcanza así casi el medio millar de páginas.

Nacida en Aceuchal, Flores-Carretero se presenta como psicóloga, empresaria y escritora. Especializada en Psicología Clínica, dirige el Grupo Educativo Miguel de Motaigne, siendo responsable de su gestión pedagógica y la puesta en marcha de proyectos de innovación educativa. Es autora de otras dos novelas, Días de Sal (2008), thriller en el que una psicóloga descubre la infidelidad de su marido revelada por una de sus pacientes, y Piel de Agua (2010), ficción histórica con protagonistas femeninos, editada primero por Algaida y que Penguin lanzó  posteriormente en Estados Unidos y Latinoamérica. Ambas han conocido un notable éxito de ventas on line.

El que cabe augurar a Duele la noche, a pesar de defectos bien perceptibles, como la acumulación de casualidades, que le dan un toque de excesiva inverosimilitud; el desajuste entre la capacidad lingüística del personaje y su elaborado discurso; frecuentes repeticiones próximas de un mismo término, fáciles de eliminar por sinonimia, o algún despiste, tal ese “Ginés de los Ríos” para nombrar al fundador de la ILE (pág. 267). Con todo, seguir el crecimiento humano, intelectual y sociopolítico de una mujer hecha a sí misma (tiene el generosísimo apoyo de un admirable boticario catalán) resulta tan emocionante como introducirse en los entresijos históricos de la Barcelona primisecular o del Berlín postbélico, donde el partido nazi está echando sus perversas raíces. Sin olvidar, desde luego, los numerosos pasajes en los que se diseccionan las motivaciones más eficaces de la conducta humana. Por algo la autora es profesional de la Psicología.

 

Estrella Flores-Carretero, Duele la noche. Sevilla, Algaida, 2016.

 

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HISTORIADORES EN LLERENA
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Manuel Pecellín | 10-09-2016 | 08:25| 0

 

Para el mundo occidental, América incluida, el siglo XVIII supuso una ruptura clave: daba fin a lo que se conoce como historia moderna y origen a la época contemporánea. Terminó entonces el Ancien régime (adiferente ritmo, según los países), abriéndose paso un nuevo sistema de organización sociopolítica, basada fundamentalmente en la “soberanía popular”: el Poder reside en el Pueblo, que debe decidir libremente a sus representantes. Dos fenómenos, casi simultáneos, resultaron decisivos en dicha transformación: la revolución industrial (con el nacimiento de las clases capitalista y proletaria), más la Gran Revolución de 1789, con perceptibles repercusiones en los dos continentes, el Viejo y el Nuevo.

Como fermento ideológico fue difundiéndose durante toda la centuria la Ilustración (la Enciclopedia Francesa y las obras de los filósofos ingleses y alemanes contribuyeron de forma sustancial). I.Kant resume magistralmente las esencias del espíritu ilustrado en el famoso opúsculo Was is Aufklärung (en realidad, un trabajo para el periódico Berlinische Zeitung), donde propuso el conocido lema, enunciándolo en un latín que ya apenas se utilizaba: “Sapere aude”. Es decir,“atrévete a pensar”, por tu cuenta, como una persona adulta, abandonando la minoría de edad en que tantos tutores interesados buscan mantener a sus súbditos, impidiéndoles crecer.

A tan crítica centuria quisieron los organizadores de las XVI Jornadas de Historia en Llerena dedicar su siempre riguroso encuentro, esta vez bajo el lema “El siglo de las luces”. Sin duda, la causa fue rendir homenaje a un sobresaliente científico de la localidad, José de Hermosilla (1715-1776), en el tercer centenario de su nacimiento. El volumen de actas, publicación con 462 densas páginas, viene a confirmar que el simposio coordinado por los infatigables Felipe Lorenzana de la Puente y Francisco Mateos Ascacíbar, continúa en sus parámetros de rigor, originalidad e interés.

Lo abre, según costumbre, una conferencia-marco, la pronunciada por Carlos Martínez Shaw, catedrático de la UNED y miembro de la Real Academia de la Historia, quien desarrolló el tema del “despotismo

ilustrado” y sus repercusiones en España. La verdad es que dicha fórmula no deja de ser un oxímoron: ¿cómo pretender fundir el absolutismo con las ideas más progresistas?  ¿Podía resultar convincente su programa político de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, sin que los ímpetus revolucionarios dieran, antes o después, al traste con tan equívoco programa?

Ciertamente, las contradicciones, ideológicas y conductuales, abundaban también en la obra y personalidad de los grandes pensadores europeos, según se encarga de exponer Rafael Sampau con su provocador estudio “Algunos mitos y realidades de la Ilustración”, donde repasa muy

 

críticamente las actuaciones de personajes como Montesquieu, Voltaire o Rousseau (el gran defensor de la educación natural, libre y respetuosa delos niños… que fue metiendo a todos sus hijos en la Maison des enfants trouvés, el hospicio galo).

Sobre José de Hermosilla, ingeniero y arquitecto de renombre nacional, con grandes obras en Madrid, se ocupan buena parte de los participantes en el congreso. Pedro Moleón expone la etapa formativa del llerenense en Roma (1746-1764), junto a otro grande, a menudo rival, Juan de Villanueva. José Miguel Cobos y José Ramón Vallejo resumen los contenidos matemáticos de la Architectura civil, obra de Hermosilla, según el manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional. Las intervenciones del mismo para renovar la espléndida iglesia mayor de Llerena son analizadas por Mateos Ascacíbar y Ángel Hernández, en tanto Luis Garraín desentraña los contenidos e implicaciones del testamento que el sabio dejase.

Otros muchos trabajos encontrarán también lectores atentos, como los que suscriben Santiago Aragón (nobleza extremeña durante el XVIII), Manuel Maldonado (situación del concejo de Llerena) o Richard L. Kagan (las visiones del “otro” sobre las ciudades españolas).

 

Francisco Lorenzana de la Puente y Francisco Mateo Ascacíbar (coords.), El siglo de las Luces. III Centenario de José de Hermosilla (1715-1776). XVI Jornadas de Historia en Llerena. Llerena, Sociedad Extremeña de Historia, 2016

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CIRO BLUME, DETECTIVE
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Manuel Pecellín | 03-09-2016 | 12:00| 0

CIRO  BAYO, DETECTIVE

 

Al detective Ciro Blume, metido ya en los sesenta, se le agudizan defectos y virtudes con el paso del tiempo, como a cualquier persona. Aunque nacido en Nueva York, apenas guarda memoria de la infancia junto a Brooklyn, acaso la melancolía de un perdido paraíso. Reside en Madrid, esforzándose por mantener sus aficiones gracias a los encargos que ocasionalmente le surgen a un investigador de refinadas costumbres. Gastrónomo empedernido, habitual en Lhardy, cafés, licorerías y clubs nocturnos, degusta con fruición los mejores platos, el whisky más añejo o los puros de mayor calidad. Incluso se hace atender por un mayordomo, excarcelario de lenguaje tan rudo como buen cocinero.

Para sostener tan alto tren de vida, el expolicía no puede permitirse demasiados escrúpulos. Lector empedernido, continúa fiel a Faulkner y Hemingway (“el escritor más sobrevalorado de la literatura moderna”, pág. 127), aunque no desdeñe a ningún grande dentro de la novela negra. Tan amante de la “filosofía de tocador”, como de la “gramática parda”,  egotista absoluto,ha ido creciendo en posturas cínicas según aumenta su desconfianza ante el hombre contemporáneo (más aún si se trata de la clase política). Respecto a las mujeres, asume que se le considere paradigma del machismo nacional, tratando de conseguir los favores de las bellezas con las que se cruza, numerosas en esta bajada a los infiernos existentes en las entrañas mismas de lugares tan específicos como el propio Museo del Prado.

Así nos vuelve a presentar Antonio Civantos (Trujillo, 1949) al personaje que crease hace lustros y al que ha ido puliendo en sucesivas entregas. Obras como Ciro Blume, detective privado, La luz afilada de los diamantes, El asesino de Venecia o Yo, Hemingway , por recordar sólo algunos títulos del cacereño, que durante lustros ejerció como crítico gastronómico para la revista Claire, encuentran continuidad en esta novela policíaca donde lucen sus muchos conocimientos y habilidades narrativas.

Cierta mujer, tan hermosa como inteligente, encarga a Blume la búsqueda del marido que acaba de desaparecer sin dejar rastros, pese a que vive rodeado de cámaras y medidas de máxima seguridad. Tampoco se descubren motivos para la fuga voluntaria o la posible eliminación del sujeto, si bien las investigaciones (en ocasiones, con método brutales) de Ciro pondrán en evidencia que ninguno de los posibles protagonistas es tan inocente como en principio se juzga. Es lo típico del género: ir enredando  cada vez más la madeja hasta que algún  hilo suelto facilite al agudo sabueso  la solución de la urdimbre, sorprendiendo seguramente a los lectores. El novelista compone la trama sin ahorrar recursos. Digamos que por sus páginas discurren desde catedráticos de la Carlos III, periodistas, políticos o directores de la gran Pinacoteca española, hasta narcotraficantes, hampones y prostitutas de alto standing, todos relacionados con el hecho que se investiga. Incluso se guarda algún otro as, un exabrupto conductivo que lógicamente no desvelaré, aunque a la postre poco influye en la solución final.

Blume, tozudo reaccionario frente a las nuevas tecnologías (no tiene móvil, ni sabe cómo funcionan los ordenadores), irá relatando en primera personas las vicisitudes donde se ve inmerso sólo por la pasta, si bien no carece de un sentido del honor sui generis. Le gustan también los juegos de palabras, la ironía, el cine y la música, a todos los cuales apela con generosidad para componer su atractivo discurso. A Civantos, que tanta simpatía muestra con el personaje, cabe exigirle más atención a la hora de “reproducirlo” (por ejemplo, poner en cursivas los títulos de obras, películas o composiciones citadas; eliminar loísmos e impedir algunos error es gramaticales, como la confusión ocasional entre conjunciones causales e interrogativas).

 

Antonio Civantos, Baja conmigo al infierno. Barcelona, Avant Editorial, 2016

 

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