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Quilombo en verso
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redaccion-hoy | 14-10-2008 | 10:50| 0

Santiago Castelo honra a multitud de amigos en su poemario.

Hace ya varios lustros, abría yo el capítulo que en mi ‘Literatura en Extremadura’ dediqué a Castelo (Granja de Torrehermosa, 1948), presentándolo como un personaje complejo, polifacético, proclive a establecer ceremonias plurales, enamorado de las paradojas, un ‘ácrata de derechas’ según alguien lo calificó en memoria, quizá, del contradictorio Felipe Trigo, el novelista reivindicado durante la dictadura por el hoy director de nuestra Academia. Así se percibe, una vez, más en los versos de su poemario último, que tan exquisitamente da a luz la editorial andaluza, con nombre francés (otro oxímoron), Point de Lunettes. Prologa Anselmo Martínez Camacho, comprometiéndose con el texto.

El poeta, visceralmente vinculado a su Región natal, ha elegido para título una sonora palabra del mundo hispanoamericano, ámbito cultural que en modo alguno le es ajeno. De presumible origen portugués (Lisboa es otra referencia casi inevitable para Castelo), procedente de idiomas africanos, ‘quilombo’, según dicen, designa los lugares remotos, de difícil acceso, donde se refugiaban los esclavos que huían de sus patrones, organizándose en comunidades libres. La palabra, en una diacronía nada fácil de establecer, vino a significar también burdel, casa de masaje o alegre zapatiesta. Como escribía Juan Manuel de Prada (ABC, 20-09-08), « Castelo, con esa intuición genial del poeta que vuelve a bautizar el mundo, ha querido agavillar bajo el título de ‘Quilombo’ poemas de apariencia discorde, poemas que pulsan las más variadas teclas del sentimiento, pero que al rozarse entre sí lejos de provocar disonancias, entablan una armonía promiscua y ecuménica, donde resplandece un verbo siempre generoso, siempre deseoso de darse». Insistiré con el propio autor, que en nota preliminar se explica así: «Quilombo es una palabra muy extendida por toda la América del Sur. Según el país que la utiliza significa una cosa: desde prostíbulo hasta andurrial, pasando pro barullo, hacienda de cimarrones, gresca, desorden, alegría, embrollo. Sirve, en su anarquía, para todo. Y para todo la utilizan los argentinos a los que no se les cae de la boca. Con razón. Es palabra sonora, polivalente y gachona. A mí me gusta. Y como este es un libro variopinto donde se dan la mano la alegría y la tristeza, la vida y la muere, la melancolía y la esperanza, qué mejor que llamarlo Quilombo?».

Inútil sería, pues, exigir en esta obra caleidoscópica unidad formal o temática. Entre sus poemas figuran sonetos (algunos magníficos), décimas y soleares, alternando con composiciones blancas y en su mayor parte de versos libres. El autor domina con igual soltura las estrofas clásicas que la métrica espontánea. Es alguien al que todos los juegos le están permitidos. Su faceta más lúdica se exhibe en el ‘Poemilla de la elle’ (pp. 64-65), todos cuyos rimados versos incluyen –algunos de forma repetida– esa expresión gráfica de un fonema que los naturales de Granja de Torrehermosa, como él, «lleístas» a ultranza, tan orgullosamente ejecutan. De cordialidad desbordante, Castelo ha querido recoger en Quilombo poemas donde honra a multitud de amigos, extremeños en su mayor parte. A unos les dedica composiciones más o menos relacionadas con los destinarios. Otras describen, de forma explícita, el carácter o las actividades más plenas de los mismos. Nombres como los de Juan de Ávalos (escultor), Mariano Encomienda (bibliófilo), Ortega Muñoz, Julián Campos y Francisco Pedraja (pintores), Antonio Guisado (folclorista), Fernando Pérez (editor), Mariano Gallego (político), Antonio Gallego (músico), Juanma Cardoso (periodista), José Antonio Gabriel y Galán ( escritor), Juan Bazaga (torero) o José Iglesias (poeta) reciben el cariñoso homenaje. Debatiéndose entre la amistad, la nostalgia y la lucidez escéptica siempre bondadosa; la melancolía , el desencanto y la esperanza, Castelo bascula desde la universalidad al terruño, del erotismo a la religión, de la historia al presente, demostrando que la poesía le es tan connatural como la respiración. Poemas ocasionales, unos, y rescatados aquí; escritos intencionadamente los más, todos conforman una entrega con el sello del autor, hoy en dorada madurez.

El libro:

– Título: Maximiliano Macías y su tiempo
– Autor: José Caballero Rodríguez
– Editorial: Rejas

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La esencia de Pureza Canelo
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redaccion-hoy | 06-10-2008 | 12:06| 0

La autora comenta sus versos en ‘Poética y poesía’

Pureza Canelo (Moraleja, Cáceres, 1946), justamente premiada este año con la Medalla a Extremadura, cuenta en su haber con una valiosa producción lírica, a pesar del silencio (no absoluto) que decidió imponerse hace más de una década. Lo rompería al publicar ‘No escribir’ (1999), de tan revelador título, y repitió este mismo año merced a ‘Dulce nadie’ (Hiperión), que ella misma enjuiciaba así : «Es un poema de soledad rotunda, donde se cruzan los tres vértices del triángulo de mis existencia: el desamor por tantas cosas, la ausencia materna y el egoísmo humano que nos invade. Tanta soledad me obliga a huir a un lugar recóndito e incalculable, para dejar a un lado lo ya reconocible y desde esa zona lunar se engarzan los nuevos poemas traspasados al modo de salmodia u oración. El verso se decanta, la palabra se adelgaza con rictus de despedida e invista insistentemente a desaparecer, sin opción de volver atrás, de ese lugar llamado mundo».

Las reflexiones de un autor sobre sus labores creativas, el personal discurso metapoético, no es forzosamente el único código hermenéutico válido, por causas diversas, pero sin duda ha de ser atendido de modo muy afinado. Es lo que persigue la Fundación Juan March cuando invita a determinados escritores para que lean y comenten sus versos en sesiones específicas, de las que saldrá después el libro correspondiente. Así ocurre con ‘Poética y Poesía’, obra de nuestra paisana, cuya edición corre a cargo de Antonio Gallego, músico y ensayista, que forma parte de la Real Academia de Extremadura. Él suscribe el estudio preliminar, donde repasa la producción de Pureza Canelo, desde su primer libro, ‘Celda verde’ (1971) . Destaca las similitudes que percibe con las grandes composiciones musicales, deteniéndose de modo especial en sus «poemas reversibles» (funcionan con el mismo aliento si se les lee de principio a fin, o de arriba abajo), a los que compara con el llamado «canon retrógrado» o «cancrizans» (del cangrejo), utilizado v.c. por J.S. Bach en su Ofrenda musical. Siguen las palabras de Pureza, cargadas de apuntes autobiográficos, en las que expone sus constantes estéticas, deteniéndose y analizando cada una de sus obras: la juvenil ‘Celda verde’; ‘Lugar común’, premio Adonais 1971; ‘El barco de agua’ (1974), considerado libro de transición hacia la madurez de ‘Habitable’ (1979) , ‘Tendido verso’ (1986) y ‘Pasión inédita’ (1990); los cuadernos ‘Espacio de emoción’ (1981) y ‘Vega de la paloma’ (1984), a partir de los cuales explosiona la crisis a la que más arriba aludíamos, interrumpida por aquellos últimos poemarios, también objetos aquí de consideración.

Continúa con una esmerada antología, seleccionada por la escritora, parte fundamental del volumen, al que cierra un minucioso apéndice bibliográfico. Se recogen todas sus publicaciones; los trabajos que sobre las mismas se han hecho , más las ediciones a otros idiomas (alemán, inglés, italiano, búlgaro). Nada mejor que leer cuanto nos dice la autora para percibir los tránsitos y el punto de llegada, claramente esperanzador, pese a la autoconciencia de los límites: «La escritura que pretenda explicar lo que ha sido una entrega poética de existencia, vaciada de una fe creadora, se perderá en su empeño o rumbo porque hará la afirmación desde la negación, o al revés, pues el barco se pierde en el mismo océano de la materia poética, inabarcable. Sólo desde el instinto de supervivencia hablo, como lo que se aniquila robado de sí mismo y luego una pobre hilera de nubes (dicen) son poemas. Si acaso una llama viniera a tu rostro, éste también se desprenderá de su faz y entrará en tumefacta iluminación para temblar con la explicación de lo que conoces, has probado, y no sabes ordenarlo. En este refugio me contemplo y desde él seguiré el trazado de aceptar todas las ignorancias juntas: una reflexión ante la poesía fuera del poema, es grado inferior al que no aspira el alma del poeta; una explicación que contenga los puntos cardinales es el suicidio de todo hacedor, despeñado a la nada de los encuentros descriptivos, con la rala hierba de la inteligencia y el campo umbrío. Voy a soportar la carga. Desde otra vez en la soledad de la rama, con extraños huecos de luz, entrego lo que no puedo».

El libro:

– Título: ‘Poética y poesía’
– Autor: Pureza Canelo
– Editorial: Fundación Juan March, 2008

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Los pecados al descubierto
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redaccion-hoy | 06-10-2008 | 11:55| 0

José María Pagador relata en ‘Los pecados increíbles’ una trama policíaca y actual.

La editorial emeritense De La Luna Libros, que desarrolla como firma privada tan elogiable trabajo en el difícil mundo del libro, publica esta voluminosa novela (430 páginas), para lo que obtuvo una de las ayudas convocadas al efecto por la Consejería de Cultura. José María Pagador (Badajoz, 1948), que inicia con ‘Los pecados increíbles’ su carrera novelística, no necesita que lo presentemos. Se ha ejercitado desde la juventud en distintos medios (prensa, radio, TV), acreditándose como uno de los más sobresalientes profesionales del periodismo, y tiene en su haber una docena de obras, entre ellas seis de poesía, como Artificio, que le mereció el Premio ‘Antonio González de Lama’ del Ayuntamiento leonés. Notable repercusión alcanzaría su edición del Quijote, acompañada por un original ‘Libro de uso’. Su dominio de la palabra resulta indiscutible y bien se percibe en la entrega que presentamos.

Abre con oportuna cita de ‘Memoria de mis putas tristes’, donde García Márquez labra un descorazonador marco: «Con todo, el veneno mortal estaba en una foto panorámica del personal de planta tomada en el XXV aniversario de la fundación del periódico (…) De los cuarenta y ocho empleados originales sólo cuatro estábamos vivos, y el menor de nosotros cumplía una condena de veinte años por asesinato múltiple». Hiperbólico si se quiere, similar boceto cabe establecer de la redacción de El Día, el más importante periódico del país, según lo presenta el novelista. Un implacable pesimismo antropológico impregna el relato –ninguno de sus personajes resulta modelo ético–, según suele ocurrir en las obras de Felipe Trigo. La similitud frente el escritor villanovense se extiende también a otras facetas de este complejo relato, como ocurre con las descripciones del mundo rural (Córdoba, aquí) o los pasajes de fuerte carga erótica, si bien el estilo de Pagador está bastante más cuidado. Por ejemplo, el protagonista de ‘El papá de las bellezas’ tiene bien perceptibles puntos en común con este Benito Beato Bataille, que protagoniza ‘Los pecados increíbles’.

Director triunfante de ‘El Día’, un donjuán irreverente y amoral al máximo, no sé hasta qué punto verosímil (comienza a los doce años hazañas sexuales increíbles para confesores y amigos), sus apuntes autobiográficos, reproducidos en diferente grafía, constituyen uno de los hilos de la obra. Al suicidarse, pese a su aparatoso triunfo social, desecandenará otros trágicos acontecimientos. Tratándose de una novela policíaca, de cuyo bien tramada urdimbre, aunque con entresijos a veces previsibles, tiene él la clave, no desvelaré la solución. Para llegar a la misma, resultan básicos otros tres personajes: el joven redactor Manuel Santo Carmona, tímido y ambicioso; Francisco Ramírez Arias, el ladino director-adjunto, y la joven esposa de éste, amante de todos ellos, a los que gana en astucia y falta de escrúpulos. Como fondo, los asesinatos de prostitutas, cuyos responsables no adelantaremos. Las posibles paronimias entre estos y otros nombres aquí utilizados no parecen inducir mensaje alguno.

Maestro del doble sentido, de las situaciones polivalentes, del tempos narrativo y del análisis psicológico, Pagador exhibe extraordinaria riqueza lingüística en las áreas múltiples (mass media, agricultura, espectáculos, literatura, hampa, Islam) por donde hace discurrir a sus bien definidos personajes. Algún decaimiento ocasional (incorrecta transcripción de ciertas frases en francés; uso indebido de determinadas preposiciones; digresiones a veces superfluas) no suponen sino mínimas máculas en una prosa de calidad sobresaliente.

El Libro:

– Título: Los pecados increíbles
– Autor: José María Pagador
– Editorial: De Luna Libros, 2008. Mérida

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Investigar la historia de Zafra
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redaccion-hoy | 30-09-2008 | 11:11| 0

La obra recoge los estudios presentados en las Jornadas Históricas de la ciudad.

Cuadernos de Çafra, que conoce ya su sexta entrega, es una revista de aparición anual, editada por el CEEF (Centro de Estudios del Estado de Feria) y el MSCZ (Museo de Santa Clara de Zafra). En sus 262 páginas se recogen estudios sobre la historia, patrimonio artístico, personas ilustres y hechos culturales de Zafra y el poderoso Estado de Feria, que allí tuvo su sede. El contenido básico de la publicación procede de las Jornadas Históricas que vienen celebrándose cada año con patrocinio del Ayuntamiento zafrense.

Poblada al menos desde el IV milenio A.C., según los estudios de José María Murillo sobre el asentamiento prehistórico de la Torre de San Francisco, que aquí se resumen, la ciudad tuvo y conserva un pasado digno de toda consideración. Voy a referirme solamente a los estudios más interesantes para mí, sin desmerecer para nada los otros que componen la entrega.

Abre Rocío Periáñez con una investigación sobre la esclavitud en Zafra durante la Edad Moderna, asunto ya tratado por otros historiadores, pero aún necesitado de nuevas aportaciones, tanta importancia tuvo aquella triste y cotidiana realidad. La autora demuestra que Zafra fue centro esclavista de notable magnitud (el más relevante de Extremadura), un mercado donde se venderían, durante el periodo 1564-1755, casi 1.500 personas.

Apoyándose en los protocolos notariales, se establece el origen y características de las mismas, tratamiento recibido, precios pagados, nombre y condición de los compradores, manumisiones ocasionales, etc. Ruy López de Segura, nacido en Zafra, no sólo fue el más famoso ajedrecista europeo del siglo XVI, sino un célebre teórico, autor del Libro Liberal y Arte del Juego del Ajedrez, muy útil y provechosa : así para los que de nuevo quisieren deprender a jugarlo, como para los lo que lo saben jugar (Alcalá, 1561), que conocería reediciones múltiples en todas las principales lenguas del Continente. Santos Protomártir analiza otro libro del autor, las ‘Grammaticae Institutiones’ (1563) , que le acarrearían, no sin culpa propia, la enemistad de otro extremeño extraordinario, Sánchez de las Brozas, ‘El Brocense’. Según el estudio, las teorías gramaticales del primero se encuadran en la escuela tradicional, basada en el «uso de los autores», mientras el segundo se adhirió a la innovadora escuela racionalista.

Por último, me referiré a la ponencia de Josep Fontana ‘La historia de la Transición: una propuesta crítica’, que aparece prologada por Francisco Espinosa Maestre.

Se trata del texto de una conferencia pronunciada en Zafra ( abril 2008). Militante del PSUC hasta los años 70, el prestigioso catedrático y miembro del Instituto Universitario ‘Vicens Vives’ critica duramente la que él llama ‘historia rosa’ de aquel difícil tránsito, formulable así: un grupo de personalidades, franquistas arrepentidos (Suárez) y líderes de la oposición (Carrillo, Felipe González), con la benevolencia del Rey, fueron quienes devolvieron a los españoles las libertades. Fontana se esfuerza por mostrar con sólidos argumentos el protagonismo que en Transición tuvo, aunque se pretenda ignorarlo, «la lucha colectiva, nacida desde abajo, desde la calle y desde las fábricas, que está ahí presente mientras los unos tratan de dirigirla y los otros de frenarla» (pág. 181).

EL LIBRO

Título: Cuadernos de Çafra. VI
Autor: José María Moreno GOnzález y Juan Carlos Rubio Masa
Editorial: Centros de Estuidos del Estado de Feira, 2008

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El mapa masónico extremeño
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redaccion-hoy | 15-09-2008 | 10:08| 1

En su excelente obra La guerre d´Espagne et ses landemain ( Paris, Perrin, 2004, pág. 116) recuerda Bartolomé Bennassar como en Huesca fueron asesinadas durante los primeros días de la sublevación franquistas casi cien personas acusadas de pertenecer a la Masonería. Lo más terrible fue que en dicha ciudad sólo había una docena de masones, pertenecientes al “triángulo Joaquín Costa”, entre ellos el alcade Mariano Carderera Riva y el antiguo alcalde Manuel Sander, hermano del gran novelista Ramón Sender. No faltarían crímenes similares en otros muchos sitios. Y es que, según señala Julián Chaves en su artículo “Masonería y represión en la Guerra Civil”, que forma parte de este volumen colectivo, las fuerzas de Franco desarrollaron desde el comienzo de la contienda una especial persecución contra los miembros o simpatizantes de aquella Sociedad.


Recuérdese el decreto del 15-septiembre-1936, donde se establece que la ” Francmasonería y otras asociaciones clandestinas son declaradas fuera de la ley. Todo activista que permezca en ellas tras la publicación del presente edicto será considerado como reo del crimen de rebelión”. Una vez más, la tremenda paradoja : los sublevados proyectan sobre sus adversarios el delito que ellos están en trance de cometer. Por otro lado, la Iglesia del nacionalcatolicismo no dejará de advertir a sus fieles contra ” las perversas maquinaciones de las tenebrosas sectas”, en clara alusión a los hombres y mujeres del compás, el triángulo y la plomada. Pero, ¿qué es exactamente la Masonería y cuál fue difusión, especialmente en nuestra Comunidad ? He aquí el tema de las “Jornadas sobre Masonería y Extremadura”, que organizó el Ateneo de Cáceres y cuyas Actas se incluyen en esta obra de 400 páginas. Esteban Cortijo, presidente de la dinámica entidad extremeña, fue el coordinador de aquel simposio y del libro, en el que colabora con el formidable trabajo ” La masonería en la provincia de Cáceres : Logias y nombres propios”, imprescindible ya para cuantos se interesen por la cuestión. Como lo es la ponencia-marco que suscribe Juan Antonio Ferrer Benimeli, profesor de la Universidad de Zaragoza y máximo especialista español en la Historia de la Masonería. Describe sus orígenes (legendarios y reales) e hitos básicos, exponiendo cuáles son los ideales filosóficos, fines, estrategias, afanes progresistas y principios éticos por los que se rigen los iniciados, a la vez que procura refutar los mitologemas que sobre ellos vienen proyectando sus enemigos seculares.

Aunque cuando se constituye la Masonería moderna (s. XVIII) la Inquisición española se encontraba ya en declive, aún tuvo tiempo el Santo Tribunal para emprederla contra no pocos masones. Fermín Mayorga viene a recordarlo en sus apuntes sobre ” La heterodoxia en Extremadura: moriscos, judíos, luteranos y afrancesados”, cuya parte final está dedicada a algunos extremeños encausados como sospechosos de pertenecer a una asociación empeñada en difundir los principios de la Ilustración: libertad, igualdad y fraternidad. Que entre los mismos figuraban también no pocas mujeres viene a confirmarlo María José Lacalzada con su investigación sobre la ” Presencia femenina en la masonería extremeña duirante el último tercio del siglo XIX”.

Francisco López Casimiro, quien tantas y tan sólidas publicaciones ha hecho sobre la masonería en la provincia de Badajoz, resume en medio centenar de páginas lo mucho que él sabe en torno a las logias aquí existentes y los nombres, oficios, simbólicos, etc. de sus socios, apoyándose siempre en documentación de primera mano, parte de ella reproducida aquí facsimilarmente. Es lo que hace, no con tanto rigor, Domingo Quijada por lo que respecta al área de Navalmoral de la Mata. Una docena de sucintas comunicaciones vienen a completar el mapa masónico extremeño, que, sin duda, aún requiere futuras investigaciones. No serán fáciles, pues el odio y el temor se confabularon para destruir cuanto pudiese recordar pertenencias o simpatías comprometedoras. Las bases, sin embargo, ya están puestas.

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Pluralidad de ideas
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redaccion-hoy | 10-09-2008 | 14:01| 0

“Hay que atreverse a ser libres, y para eso tenemos que utilizar el logos: la razón”, afirma el autor

Hace ya casi tres milenios que el hombre occidental (en Oriente, desde antes) busca respuestas lógicas, basadas en la razón, a las grandes cuestiones que sacuden su entendimiento, deseoso de explicarse cuanto le rodea y establecer unas pautas individuales y colectivas de conducta. El producto de ese trabajo viene conociéndose como ” Filosofía” y a su cultivo se dieron muchas de las mentes más lúcidas de cada época, que a la vez desarrollaron los saberes más sólidas de nuestra cultura, con especial predilección por la Matemática y la Física. Orillada por ciencias a las que ella misma dio origen, la Filosofía fue abandonando a favor de los estudios positivos parcelas clásicas , a la vez que nuevos problemas, inabordables empíricamente por el momento, seguían inquietando la mente humana y prolongaban el discurso filosófico.

Es sin duda el campo de la Ética, junto con el del propio lenguaje, donde más se ejercitan los pensadores contemporáneos que se atreven a trascender los “límites” y se arriesgan a plantear cuestiones intelectuales no resueltas en el laboratorio. Juan Pedro Viñuela ( n. Villafranca de los Barros, 1963) no sólo es profesor de Filosofía, sino que, según el ejemplo de Kant, suele dedicarse a ese difícil ejercicio de proyectar luz, raciocinio, coherencia lógica sobre asuntos de cuya correcta resolución pende en buena medida el provenir de nuestra sociedad. Y lo hace con varias notas que distinguen todos sus escritos, bien perceptibles ya en obras como “Fin de milenio y otros ensayos” “Filosofía desde la trinchera” e igualmente características de la que aquí se reseña : Actualidad de los asuntos desarrollados; abundante información en torno a los mismos, con manejo de las fuentes bibliográficas más sólidas; claridad y rigor expositivos y, muy especialmente, una actitud tan comprometida que a menudo se sitúa bastante más allá de lo ” políticamente correcto”. Viñuela, como Quevedo sugería, piensa lo que dice y dice cuanto piensa, con toda honestidad, sin ánimo de ofender, aunque no ignore las posibles ampollas ante las tesis por él defendidas. Los detentadores del Poder (escribámoslo con mayúsculas, para abarcar todos sus campos) serán los principales receptores de las críticas del filósofo que, por otra parte, nunca pierde la mesura en el decir.

“Una mirada ética sobre el progreso y la tecnociencia” es obra constituida por materiales de diferente procedencia : artículos periodísticos, reseñas bibliográficas, epístolas, apuntes de estudio, réplicas , algún proyecto de tesis doctoral y varios ensayos, entre los que sobresale el titulado “La globalización y los límites del Planeta”, sin duda el nervio central del libro. Otro final, ” Ciencia y religión. Implicaciones ético-políticas”, es la defensa acendrada del Materialismo emergentista, que Viñuelas propone para responder al voluntarismo de los creyentes.

Son bastantes los escritores contemporáneos con los que el autor dialoga en estas páginas. Ninguno, sin embargo, le merece más respeto que el gran Popper, cuyas refutaciones del determinismo histórico y su interpretación de la física cuántica suponen un rechazo absoluto de todos los totalitarismos (sin excluir los supuestamente de izquierda), así como de la visión pragmática, utilitarista, de la ciencia, que subyace al modelo económico neoliberal. Contra la cosmovisión apesebrada y única, el filósofo propone la pluralidad de ideas : ” Hay que atreverse a ser libres y para eso tenemos que utilizar el logos : la razón. Y ésta se expresa en el diálogo. Y éste exige la disidencia. Tenemos que poder disentir, porque el pensamiento único es la muerte del pensamiento y la puerta abierta a todas las formas de totalitarismos”

Título: Una mirada ética sobre el progreso y la tecnociencia.

Autor: Juan Pedro Viñuela Rodríguez

Editorial: Autoedición. Villafranca de los Barros, 2008.

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Una demostración de fantasía
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redaccion-hoy | 29-07-2008 | 12:39| 0

Desde la fábula de Esopo sobre la oca que ponía huevos dorados, hasta el cuento de los hermanos Grimm cuyo protagonista , “El zoquete” – el mejor y a la postre el de mayor fortuna de los tres hermanos – encuentra una oca de plumaje áureo, la relación entre esta ave (sustituida a veces por la gallina) y el noble metal ha sido recurrente en la literatura. No excluyo que la obra de Ramírez Lozano (Nogales, 1950) esté también influenciada por esa tradición, pero su novela, fábula o cuento recurre más bien a las peripecias lúdicas del por todos conocido “juego de la oca”. Con las 63 casillas del tablero en que se tiran los dados se corresponden los capítulos del viaje que ha de realizar Lucas, el protagonista, desde Monsalud al jardín definitivo, donde encuentra la extraordinaria oca que le tocase en una rifa y se le había escapado .

El propio Lucas, un imaginativo adolescente, irá refiriendo la odisea. Si triunfa al fin, no es sino por su dominio de las palabras, único óbolo que le permitirá ir rehuyendo las dificultades múltiples de la azarosa carrera : puentes, ríos, pozos, posadas, cárceles, etc. sólo son superados a base de entregar a sus guardianes respectivos bellos vocablos, única moneda para ese viaje a Ítaca que a todos nos depara el hado.

El juego de la oca es por tanto un ejercicio lingüístico, pero a mí me parece más aún otra demostración sobresaliente de la enorme fantasía que a su autor distingue. Este joven personaje, posible primo del Alfanhuí de Sánchez Ferlosio (si bien en ocasiones recuerda al Lazarrillo), le ocurren aventuras inverosímiles; encuentra plantas y animales inclasificables; recorre territorios nunca imaginados; se relaciona con tipos insólitos; visita poblaciones ignotas y conocerá costumbres que ningún etnógrafo pudo nunca sospechar. No pocas de estas maravillosas realidades figuraban ya en el fabulario típico del escritor extremeño, capaz siempre de sorprender a los lectores con otro golpe de tuerca dentro de la misma mecánica. Lo suyo es, ante todo, jugar y divertir, convencido de que todo lo que pueda ser nombrado, existe, aunque muchas personas , limitadas por el cientifismo lógico, no alcancen a verlo.

Lucas sí es capaz de leer, unas tras otras, centenares de palabras que, escritas sobre el río, se perciben como un renglón de lumbre (pág. 21). Se da cuenta de que el solo saca punta a los carámbanos; escucha el lenguaje de las fuentes, junto a las cuales las ovoras ponen huevos de oro o los botorones desovan para los ojales y entiende a la molinera cuyos gatos le proporcionan anualmente seis cosechas de pupilas. Aprende a vadear ríos que, con querencia de manantiales, cambian de sentido y tornan a sus orígenes. Tan peligrosos son como los caminos que durante la noche desobedecen sus destinos, abandonan sus recodos y se salen de su trazado como si fueran animales (pág. 41). Para no perderse, por donde quiera que pisa, cual nuevo Pulgarcito, va dejando palabras testigo, algunas tan hermosas como”arinde”, “birimbao”, “endrino”, etc.,etc. Merced a ellas, hasta los paisajes esdrújulos resultan accesibles. Su pasión por los vocablos es parecida a la de Toral, que tenía cientos de latas puestas en hilera debajo justo del tendido telefónico, de manera que las gotas de lluvia bajadas de los cables golpeaban en los botes orquestando la más curiosa sinfonía. Y, si las fuerzas desfallecen, siempre será posible aliviar el desánimo con un cocido de ceros que los hospicianos prepararan a base de aguaceros, lapiceros, hechiceros…, hasta que resulta un cociente reconfortante. Como postre, los angelitos de la peluquería prepararán maravillosos “cabellos de ángel”.

Y así, al atardecer, cuando el sol saca punta a las sombras y dora los perfiles, hasta amansar el cansancio de las horas (pág. 96), Lucas tal vez logre nuevamente santiguar sus pupilas con el ampo de la lumbre que los ojos de la recobrada oca irradian.

¿Poesía, cuento, fábula, relato juvenil, novela en La oca de oro ? Quizás ustedes mismos encuentren la respuesta.

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El espíritu libertario en el cante jondo
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redaccion-hoy | 22-07-2008 | 12:33| 0

Editada por vez primera el año 1933 (Madrid, Biblioteca Atlántico) y reimpresa en 1988 por la Universidad de Cádiz, reaparece “Andalucía, su comunismo y su cante jondo. Intento de interpretación”, famoso ensayo que firmasen conjuntamente los extremeños Carlos y Pedro Caba. Se reedita ahora, con un pequeño cambio en el título para mejor sugerir la tesis defendida por los hermanos: el comunismo que ellos perciben en tantas canciones andaluzas no se corresponde con el de raíz marxista, aplicado después por Lenin y sus epígonos según la ortodoxia soviética, sino a la utopía ácrata, emanada fundamentalmente de Bakunin y Kropotkin, aquel anarquismo con extraordinaria proyección en la Andalucía republicana.

Enriquece esta tercera entrega un magnífico prólogo de Rubén Landa, hijo de Pedro, que establece allí la biobliografía básica de los dos ensayistas. Ambos escribieron también, aunque ya por separado, varias novelas notables e incluso algún poemario. Pedro Caba (1900-1992) fue más fecundo y a él se deben importantes libros de reflexión filosófica, compuestos en diálogo, no siempre acorde, con las enseñanzas de Ortega.

La obra se estructura en cuatro partes. La primera pretende atraer la atención de los intelectuales españoles, desatentos hasta entonces (ni los románticos, ni la Generación del 98 las valoraron) hacia esas formidables manifestaciones de cultura popular que constituyen el rico acervo del “cante jondo”. La riqueza antropológica del mismo requiere el estudio de los etnógrafos y sociólogos, porque “hay que tener la mente forrada de niebla literaria para creer que en Andalucía todo es frivolidad, ingrávida consistencia, hervor de risas, rumor de jácaras y oro de vinos” (pág. 45). Se rastrean después los orígenes y evolución de este cante, analizando sus posibles antecedentes musulmanes, hebreos y gitanos, sin olvidar raíces indígenas anteriores. Los dos últimos capítulos, sin duda los más personales y comprometidos, constituyen un agudo análisis de las músicas (Carlos era guitarristas) y letras en la copla andaluza, merced al cual los autores argumentan su tesis básica: la música flamenca, indisciplinada, carente de códigos impositivos, visceralmente individualista, junto con letras transidas de dolor, pena y espíritu rebelde, se corresponden a la perfección con las proclamas del comunismo libertario. Pese a tantas similitudes con el pueblo ruso, ” en Andalucía (añádanse Extremadura y Murcia, también afectas a lo jondo), podrá algún día nacer un Dostoiewski, pero no se espere un Lenin. Anducía no ha de imitar a Rusia. Si algún día equipa una revolución, le pondrá su etiqueta personal” (pág. 134), concluía los autores en plena época republicana. Según ellos, el espíritu libertario habría sido la constante más perceptible en la historia del pueblo andaluz, manifiesta en fandangos, peteneras, saetas, seguiriyas, soleares, malagueñas, tientos, polos , deblas y martinetes y martinetes miles, muchos antes de que obras como La conquista del pan o El apoyo mutuo , clásicos del anarquismo, vieran la luz.

Magníficamente escrito , con una prosa diamantina, este ensayo (que muchos habrían de utilizar, no siempre con el oportuno reconocimiento), conserva incólumes sus virtudes para iluminar y provocar.

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Pinto, el maquis extremeño
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redaccion-hoy | 14-07-2008 | 19:27| 0

Gerardo Antón Garrido, “Pinto” de sobrenombre, fue uno de los guerrilleros antifranquistas que, a caballo entre la necesidad de sobrevivir a la represión y el entusiasmo por mantener los ideales de la derrotada II República, mantuvo la resistencia armada durante los años cuarenta en condiciones ciertamente de absoluta precariedad. Este hombre del maquis extremeño, que al fin pudo salvarse refugiándose en Francia, es el protagonista de la obra, una novela basada en hechos reales, según declara el autor.

Aureliano Martín, nacido en Montehermoso, pueblo de donde ha sido alcalde, enseña en el IES “Gabriel y Galán” de dicha población. El año 2005 realizaba el documental ” Pinto, el joven guerrillero”, que bien puede considerarse origen de este relato. Como la película, el libro se centra en las operaciones realizadas por el partisano y sus compañeros huidos a los montes de Cáceres, fundamentalmente Las Hurdes y la Sierra de Gata , bajo la dirección de un personaje mítico, El Francés.

Dolores Cabra, secretaria general de AGE (Archivo Guerra Civil y Exilio) , suscribe el prólogo, donde se pide un trato más justo para aquellos luchadores y se adelanta muy sucintamente la biografía del personaje, que acaba de cumplir noventa años., aunque con salud convaleciente por un ictus cerebral. Tampoco el texto literario, escrito en primera persona, como si fuese autobiográfico, despeja las dudas todas que sobre la vida del personaje se nos suscitan, centrándose en las actuaciones guerrilleras por él realizadas ( de escasa entidad, ante la rotunda carencia de medios en que él y los suyos se movían, acosados implacablemente por la Guardia Civil y teniendo que afrontar los temores y desesperanzas de las clases populares tras las tragedias de 1936-39).

Pinto nace ( abril 1917) y se cría en Aceituna, municipio norcacereño próximo a Plasencia. Pertenece a una familia humilde, aunque con las necesidades básicas cubiertas, por lo que no hubo de sufrir el hambre que asolaba tantos hogares coetáneos. Recibe clases de un maestro que parece educado en los metódos de la Institución Libre de Enseñanza y se incorpora bien joven a la vida laboral.Llegada la República, se afilió al Partido Comunista, pero hace la guerra junto al ejército de los “nacionales”, regresando a su pueblo al fin de la contienda. Son avatares que la obra dirime en un primer capítulo, que, como todos los siguientes, va alternando con recortes del ABC de los años cuarenta sobre la situación española. Tras dedicarse algún tiempo al estraperlo y al contrabando con Portugal, Pinto, buen conocedor de la sierra, sintiéndose amenazado por la gente de Falange, decide ingresar en la guerrilla. Entre ilusiones y contratiempos discurren aquellas aventuras, donde no faltarían actuaciones dramáticas, que la novela refiere a un ritmo lento y prosa eficaz, hasta el desenlace no por previsible menos doloroso : la muerte de los más y el exilio de los escasos supervivientes. A Pinto le sonríe esa fortuna amiga de los audaces y consigue escapar a Francia, donde vivirá fiel a sus ideas. En Martín Alcón ha encontrado al leal cronista su odisea.

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Desencadenantes del 2 de Mayo
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redaccion-hoy | 07-07-2008 | 09:38| 0

Entre la muy abundante bibliografía que en torno la Guerra de la Independencia (1808-1814) se viene produciendo, generada por el comienzo de su segundo centenario, no podían faltar las novelas históricas, como la de Arturo Pérez Reverte, Un día de cólera, o la de José Miguel Carrillo de Albornoz, que presentamos. El autor (Cáceres, 1959) cultiva con fortuna dicho género, según los demuestran títulos como Memorias de doña Isabel de Moctezuma, Carlos V, la espada de Dios, El Gobernador de Indias o Yo, Juana la Beltraneja. Próximo a tales obras está también su ensayo Moctezuma II Xocoyotl, el semidiós destronado y ha sido coautor, junto a Beatriz de Orleans, de Enteder de arte y antigüedades, una guía práctica para los amantes del coleccionismo, que se recuerda aquí por las numerosas referencias de carácter estético localizables en ¡Muera Napoleón!.

Al atractivo del novelista cacereño por el tema también se suma que algunos de sus antepasados se implicaran en la lucha contra los franceses : el famoso general Castaños, vencedor en Bailén, se llamaba de segundo apellido Carrillo de Albornoz y un José Carrillo de Albornoz participaría en la batalla de Almansa junto al duque de Berwick.

La novela nos parece que parte de una concienzuda investigación, asunto dada fácil porque se trata de un texto holístico, donde se procura explicar los factores desencadenantes de aquel terrible “2 de Mayo”. Amparándose en una estructura caleidoscópica, el escritor va introduciendo todo tipo de personajes : reyes, príncipes, generales, políticos, pintores, aristócratas , gentes del pueblo y, claro está, el mismísimo emperador de los franceses. Por las abundantes páginas de la obra (430) discurren , entre muchos de menor relevancia, Carlos IV. Fernando VII, la condesa de Benavente con su prole, Murat, el cerrajero José Blas de Molina, las populares Manuel Malasaña y Clara del Rey (la preferida para Carrillo), los capitanes Daoíz y Velarde, el famoso alcalde de Móstoles y Manuel Godoy. Este último, que no sale del todo bien parado, por la enemistad que la nobleza española le profesaba, se habría merecido la benevolencia de Napoleón, un hombre también salido de los estratos sociales inferiores para encumbrarse, por méritos propios, a las cimas del poder.

Tal vez como contrapunto a las tesis defendidas en otros libros (recuérdese al ya mencionado Pérez Reverte) sobre la índole de la sublevación contra los invasores galos, que habría sido realizada de forma casi exclusiva por personas humildes y espontáneas, Carrillo, sin negarlo, se esfuerza por resaltar dos circunstancias : las conspiraciones que muchos madrileños urden las horas anteriores al furioso estallido para concertar la protesta y el apoyo que reciben de algunas Casas distinguidas (si bien se reconoce que la nobleza fue mayoritariamente profrancesa y que los militares españoles, salvo casos excepcionales, se quedaron en sus cuarteles, viéndolas venir).

La novela, por serlo, no se reduce a los datos archivísticos. Se da también curso a la imaginación, aunque ateniéndose a límites verosímiles. En ese aspecto, lo más interesante tal vez resulte la presencia de Goya junto a los personajes comprometidos en los enfrenamientos. Sin participar en los hechos de arma, el genial pintor habría podido captar así las tremebundas escenas de los cuadros que pintó y aún hoy nos convulsionan.

La obra interesa desde el primer momento y quizá sólo enfría el interés en aquellos pasajes que alejan excesivamente de los acontecimientos medulares (Madrid), como las disquisiciones sobre el entramado político que enfrentaba a Carlos IV con su hijo, futuro Fernando VII, contra cuya conducta cínica y desleal no se ahorran invectivas. Compuesta en prosa limpia, sólo algunos decaimientos ocasionales (“más prioritario”, “más mayores”, alguna repetición de la misma palabra en cortos espacios) la entorpecen. Concluye con un apéndice histórico, de indudable provecho, y la reproducción parcial de unos documentos ilustrativos, como el célebre extracto del Memorial de Santa Elena, donde Napoléon escribe un texto que da gusta leer : ” …Esperaba las bendiciones de los españoles. Sucedió de otro modo. Desdeñaron su interés sin ocuparse sino de la injuria, corriendo todos a las armas. Los españoles se condujeron todos como un hombre de honor. Nada tengo que decir de esto sino que triunfaron”.

A esa honrosa actitud atribuyen no pocos historiadores la consolidación del espíritu nacional que la Guerra de la Independencia produjo y que el novelista resalta.

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