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La obra más cálida de Erasmo
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| 16-04-2008 | 09:16| 0

Aunque con lentitud, seguramente explicable por causas sólidas, la Editora Regional de Extremadura prosigue en su empeño de facilitar a los lectores contemporáneos la lectura de los libros que componen la ya célebre ‘Biblioteca de Barcarrota’. Como se recordará, en esta población fueron localizados casualmente (1992), tras una pared, diez obras impresas y un manuscrito del siglo XVI. Según las investigaciones de Fernando Serrano (ver El secreto de los Peñaranda), fue un médico judío, natural de Llerena, quien ocultó dichas publicaciones, todas ellas explícita o implícitamente perseguidas por el Tribunal de la Inquisición en tales momentos.

Le toca ahora turno de salir a una de las más cálidas obras compuestas por Erasmo de Rotterdam, que la escribió e hizo publicar con el pie ya puesto en el estribo, poco antes de subirse a la nave que nunca ha de volver. La compuso en latín, titulándola escuetamente Lingua, y le añadió como apéndice un tratadito del griego Plutarco, que el mismo tradujo a la lengua del Imperio, el opúsculo De vitiosa verecundia. La Editora Regional de Extremadura los ha reeditado en dos volúmenes, con el hermoso diseño de la colección. Uno reproduce facsimilares los dos textos latinos (Lyon, 1538). El otro ofrece la versión castellana, que han realizado los profesores de la Universidad de Extremadura Manuel Mañas Núñez/ Luis Merino Jerez ( ‘La Lengua’) y César Chaparro (‘Sobre la mala vergüenza’), a quien se debe también el amplio estudio preliminar. Las abundantes notas a pie de página facilitan y enriquecen la lectura, a la vez que aclaran las opciones adoptadas, no siempre unánimemente seguidas, a la hora de traducir tales libros.

Erasmo llegaba al final de la existencia con el convencimiento de que sus tesis no eran bien entendidas por católicos ni por protestantes. Unos y otros, enfrentados de forma aún por entonces no definitiva, pretendieron atraerle. El holandés, hombre pacífico, irenista y ecuménico donde los hubiere, nunca se adhirió a Lutero, si bien reconocía cuánto de justificable (también desmedido), había en las críticas del alemán contra el Papado de Roma. Tampoco puso el calor que éste demandaba para domeñar las cada vez más potentes ‘protestas’. Erasmo seguía convencido de que todavía era posible la conciliación… siempre que ambas partes renunciaran a actitudes cerriles y, sobre todo, estuvieran dispuestas a eliminar las condenas prematuras, los ataques excesivos, las confrontaciones verbales desmesuradas, que abrían cada vez más heridas dolorosas. Tal vez intuía lo que ahora (casi cinco siglos, ¡ay!, después) reconocen prácticamente todas las Iglesias cristianas: muchas de las grandes cuestiones que entonces las dividieron – digamos, v.c., el célebre debate sobre la justificación por la fe o por las obras – no eran más que problemas mal planteados, un asunto de «lenguaje», pues ambos partidos venían a defender en el fondo las mismas ideas.

Desde esta perspectiva, tan contemporánea (se dice que el ‘giro lingüístico’ es el rasgo más notable de nuestra cultura ), creo que debemos leer La lengua de Erasmo. Por lo demás, la prosa castellana de esta traducción – hubo otra ya en el XVI, la de Bernardo Pérez de Chinchón – es magnífica, llena de lozanía, muy apta para hacer percibir la ingeniosidad, el humor irónico, los matices múltiples con que Erasmo se expresaba. Es cierto que esta obra del gran humanista no es la mejor estructurada de las suyas. Parece faltarse un eje conductor; los temas tratados, si bien no resultan digresiones injustificables, se desperdigan en exceso e incluso reincide en repeticiones evidentes. Pero este estudio del lenguaje, planteado, más que desde sus facetas filológicas, teniendo en cuenta lo que hoy se dicen los actos perlocucionarios (los que producen efectos sobre las acciones, pensamientos o creencias. de los oyentes) , es una de las grandes proclamas a favor de la paz y el buen entendimiento entre los hombres. La charlatanería vacua, la verborrea, la irreflexión y la agresividad son vicios que pueden corromper el más valioso de los dones, la lengua, preciosísimo instrumento para la paz, la concordia e incluso el placer si se la utiliza correctamente. Por desgracia, muchas veces son los responsables políticos y eclesiásticos, los teólogos y los frailes, quienes, con su insufrible incontinencia verbal, echan todo a perder, denuncia Erasmo. Debieron molestar especialmente a la Inquisición las páginas 288-308, dedicadas a poner en solfa las ‘calumnias de los monjes’. El holandés, que conocía bien el paño desde dentro, no se limita a criticar, sino que también desarrolla los oportunos remedios. La inclusión del opúsculo de Plutarco pretende ‘faire le point’: tampoco es recomendable la vergüenza excesiva, el pudor pacato a la hora de hablar. Saber negarse a demandas injustas, plantarle cara a los prepotentes, descubrir en público al mentiroso o violento (pero sin incurrir en sus propias exageraciones) es virtud que los jóvenes deben aprender, recomendaba Plutarco y apoyó Erasmo.

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La mirada dulce de las abejas
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| 07-01-2009 | 18:58| 0

Como ‘doradas avecillas’ cantó el poeta francés de la Pléyade a las abejas. Inspirándose en Ronsard, Luz Domínguez puso este título metafórico al ensayo que dedica a tan laboriosos y sociales himenópteros. El libro acapara desde el primer momento nuestro interés, no porque enseñe cosas desconocidas, sino por esa mezcla de documentación, datos experimentales, evocaciones infantiles, denuncia social e impulso ético con el que está escrito.

Nacida en Cáceres (1966), licenciada en Historia del Arte , la autora es hija de un apicultor, que supo iniciarla desde sus primeros años en el amor a la naturaleza, la solidaridad y el respeto a tus congéneres, valores que las abejas encarnarían de forma relevante. Luz se dice ciudadana del mundo, defensora de los derechos humanos, militante por un orden social más justo. Ha sido voluntaria en diversas ONGs y ha recorrido buena parte del planeta. De uno de sus viajes ( también recordado en estas páginas), nació Tiempo Etíope, que le publicó la Editorial Sepha. Se trata, según la crítica, de un texto que descubre, sin didactismos cargantes, lo que resta de uno de los estados más antiguos del mundo, los nudos multicolores en los que hoy resulta el entrecruzamiento de las culturas mas variadas. Hace poco, obtuvo el VII Premio Internacional Sial de Narrativa (2007) con Charing Cross , también de inspiración viajera y humanística.

Como en un buen tratado de etología, aunque sin aparataje técnico –o, mejor, subsumido éste en la fluidez del discurso -, Las doradas avecillas… proporciona ante todo sólida información sobre el fascinante mundo de la colmena y las labores allí tan meticulosamente desarrolladas : receptáculos, geometría de los panales, número de abejas, su estructura orgánica, división social del trabajo según los distintos especímenes, productos obtenidos y sus virtudes (miel, polen, cera, jalea real, propóleos…), datos de consumo, formas de comportamiento ad intra y ad extra, vida sexual, las ventajas de la polinización, los últimos inventos de la apicultura, etc. Luz se apoya en sus propias observaciones, las enseñanzas familiares y la lectura de los clásicos en el tema (singular atención a Maeterlinck, premio Nobel), sin excluir estudios recientes, como el aparecido en la prestigiosa Science et Nature, donde se descifraba el genoma de las abejas. Y siempre con el paisaje extremeño al fondo.

Numerosos pasajes revelan la relación de las personas con tan benéficos seres. Las pinturas neolíticas de la Cueva de la Araña (en Bicorp, Valencia) con imágenes sobre la recolección de miel; las recetas conservadas en el Papiro Ebers ; los múltiples testimonios de las culturas azteca , maya, judeocristiana y musulmana; tantas inscripciones grecolatinas; el Lalibela etíope … nos dicen el buen trato que todos los pueblos conceden a ese reino mágico y sublime del mundo apícola. Como son incontables las referencias literarias que se recogen, desde Virgilio a Cervantes, Machado o García Lorca, sin omitir el refranero popular . ( El libro concluye precisamente con un poema de Federico, ‘El canto a la miel’). El tercer bloque temático lo constituyen las consideraciones filosóficas que Luz va permitiéndose según compara la conducta de las abejas con la del hombre moderno, no precisamente a favor del segundo. Respetuosa al máximo con el medio, entregada al cultivo de la comunidad, extremadamente limpia, valerosa e imaginativa ante las adversidades climáticas, infatigable, la diminuta ‘melis apis’ tiene no poco que enseñar al ‘homo sapiens’. Efectivamente, «inmersos en días de ritmos frenéticos, apresados por la locura del consumismo fugaz, sentenciados por el reloj global, fagocitados en la prisa voraz por llegar a ningún lugar, esclavos de absurdas y obligadas tareas que más que enriquecer consiguen menguar la esencia humana … nadie mejor que ellas, mis dulces abejas, las avecillas doradas de Ronsard, para sugerirnos cultivar una mirada amplia y generosa, una mirada tierna e inocente como la de los niños, donde todo puede existir y acontecer, una democrática mirada que traspasa vallas, muros o fronteras, una mirada-puente que abraza la vida al contemplar el paisaje, tanto el urbano como el humano, el real o el imaginado, de forma cariciosa», concluye la ensayista.

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Interpretar al evangelista
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| 04-09-2008 | 13:49| 0

La Biblia pauperum o Biblia de los pobres es una publicación de la Baja Edad Media, cuando la mayor parte de las personas no sabían leer. Para que la gente sencilla pudiese conocer los textos sagrados, la obra se hizo a base de dibujos xilográficos (en madera), cuya iconografía resultaba fácil interpretar incluso por los iletrados. Con la misma intención los escultores románicos y góticos esculpían en portadas, claustros o interiores de los templos las principales escenas de la ‘historia salutis’ (historia de la salvación), por lo que a tales representaciones se les ha dado a menudo el nombre metafórico de ‘biblia de los pobres’. De esta tradición dimana el título de la presente, que el autor dedica al Evangelio de San Marcos. Otra cosa es que el protagonista, Jesús de Nazaret, mostrase una abierta predilección hacia los más humildes.

Efectivamente , este primer libro del Nuevo Testamento, el más antiguo de los cuatro canónicos en que se narra la vida de Cristo, se estructura según un paradigma iconográfico : unas veinte viñetas o unidades argumentales mínimas recogen los hechos básicos que el evangelista, seguramente formado en el entorno de Pedro, quiso trasmitir a las primitivas comunidades cristianas.

Dotado de un notable sentido poético y con una gran economía lingüística ( utilizó poco más de 1.300 vocablos, verbos sobre todo), Marcos, que seguramente se sirvió de escritos anteriores, compuso la urdimbre narrativa oportuna en torno al esquema argumental, con un lenguaje altamente simbólico. Cualquier hermenéutica que no estime la enorme carga metafórico de este relato resultará, pues, empobrecedora y a la postre errónea.

Benito ( Zalamea de la Serena, 1937) posee los conocimientos filológicos y escriturísticos adecuados, junto con una reconocida capacidad poética, para llevar a buen fin la labor aquí programada. En primer lugar, ha vertido al castellano los originales griegos, esforzándose por hacerlo de la forma más literal y sobria posible. Según manifiesta, ha toma como base de la traducción las ediciones más a su alcance, a saber las de Merk, Nestlé-Aland, Bover-O´Callagham y K. Aland , teniendo en cuenta las variantes que en ellas aparecen. Pero lo más atractivo es el conjunto de interpretaciones que va proponiendo a los pasajes evangélicos, siempre según el enfoque metafórico más arriba enunciado. Por último, adjunta un extenso apéndice en el que se recoge, según orden alfabético, todo el vocabulario de Marcos, con las palabras griegas y las numerosas significaciones castellanas posibles, según el uso de las mismas.

Obra de casi 700 páginas, el autor insiste en declarar que no es un libro de investigación, sino una paráfrasis, un comentario directo y personal de Marcos. Ahora bien, aunque no aparezca el aparato académico (no hay citas a pie de página, ni apéndice bibliográfico), resulta fácil percibir que sus propuestas no son fruto de la intuición gratuita, sino que están sólidamente documentadas. Se trata sin duda del fruto aparentemente espontáneo de quien , sin menoscabo de otros menesteres, entre ellos la creación poética, lleva toda una vida dedicada al estudio de los textos bíblicos.

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La ruta artística de Guadalupe
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| 26-05-2008 | 11:50| 0

El Centenario del nombramiento de Santa María de Guadalupe como patrona de Extremadura supuso la organización de numerosas actividades culturales a través del proyecto ‘Guadalupe 2007’.

Teresiano Rodríguez fue el comisario de dicha entidad y a cargo de la misma se montaría en Madrid una magna muestra donde exponer en torno a medio centenar de obras pertenecientes al Santuario de las Villuercas y que prácticamente nunca habían salido de la Casa.

La capilla del Palacio Real, el monasterio de la Encarnación y el de las Descalzas Reales constituyen la triple sede de la exposición desarrollada durante los meses de febrero-marzo 2008. Francisco Tejada Vizuete fue el comisario de la misma y el coordinador de la obra que presentamos.

Este hermoso volumen que se ha editado recientemente tiene dos partes diferenciadas. En la primera, un grupo de especialistas exponen las directrices seguidas a la hora de desarrollar la selección de las piezas (T. Vizuete); los hitos fundamentales de la historia de Guadalupe (Fr. Sebastián García y Antonio Ramiro); las visiones que del Monasterio nos dejaron visitantes como Müntzer, Gaspar Barreiros o Miguel de Unamuno (el célebre pensador peregrinó en carro) ; las esculturas y pinturas conservadas en el ilustre Cenobio (Patricia Andrés González y Odile Delenda ); la brillantez del scriptorium y de los magníficos códices miniados que allí se conservan (Pilar Mogollón) y las labores de sus talleres de bordados (Francisco Javier Pizarro).

Son estos especialistas que en la parte segunda catalogan detallamente las piezas, añadiendo a los datos técnicos de cada una las características más relevantes de las mismas.

La obra se constituye así en un excelente resumen de historia del arte durante los siete siglos últimos, tantos como cuenta el que con justicia se tiene como el lugar más simbólico de Extremadura.

Aunque resulte difícil destacar entre tantas joyas, podríamos distinguir las tallas de Rut y Abigail, dos de las «mujeres fuertes» del camarín guadalupano; los cuatro óleos de Zurbarán : Fray Gonzalo de Illescas, Las Tentaciones y La Apoteosis de San Jerónimo y la Imposición de la Casulla a San Ildefonso; el ‘Libro de las Horas del Prior’; la casulla del terno del ‘Tanto Monta’ o los riquísimos Arqueta de los esmaltes y el Rostrillo del conde la la Roca, felizmente escapados de los procesos desamortizadores. Si, casi a partir mismo de su fundación, Guadalupe se erige en uno de los máximos centros de peregrinaje de la Europa cristiana, los organizadores de esta rica muestra han querido que, de algún modo, el Monasterio, y con él la Región toda, fuese esta vez quien hiciera el camino hasta el corazón de las Españas. Deslumbrante ruta, por cierto.

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Matizar la ilustración
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| 05-07-2011 | 10:59| 0

El libro muestra el enriquecimiento cultural de una época lastimada por el esplendor de los siglos XVI y XVII

Después de los esplendorosos siglos XVI y XVII, en que las letras españolas alcanzaron alturas máximas, no extrañará que la centuria siguiente haya tenido mala prensa. Época de la Ilustración –ese empeño por «atreverse a pensar» y resolver con luces naturales los problemas todos –, se ha dicho que aquella España quedó definitivamente al margen de las inquietudes filosóficas, políticas, estéticas e incluso religiosas dominantes en Europa. África empieza en los Pirineos, nos apostrofan los coetáneos, que, según el despectivo enciclopedista Masson de Morvilliers, se permiten denunciar cuán poco habría hecho nuestro país por el resto del antiguo Continente. Forner, al que más adelante se alude, se encargó de contestar en la famosa Oración apologética.

Sin negar las numerosas limitaciones del siglo XVIII español, los estudiosos de la época sostienen que una visión tan negativa como la más generalizada hasta hoy, ha de atribuirse al escaso conocimiento de aquel periodo. Importa, pues, y mucho, si se quieren matizar los juicios, poner a disposición de los lectores tantos textos publicados entonces, pero que por razones múltiples resultan casi inaccesibles para los contemporáneos. Ése es el objetivo de esta obra, un auténtico ‘cajón de sastre’, cuyo medio millar de páginas reproduce una quincena de entregas aparecidas en el XVIII, más tres ya decimonónicas.

El responsable de esta antología tiene en su haber numerosas ediciones y estudios sobre autores más o menos ‘ilustrados’. Catedrático de Literatura en la Universidad extremeña, Jesús Cañas (Madrid, 1951) ha venido ocupándose de Moratín, Blas Nasarre y sobre todo Juan Pablo Forner. A la recuperación de ese patrimonio cultural se suma la nueva obra, donde se recogen piezas poco difundidas. Según él mismo se ocupa de resaltar, cada texto incluye un estudio previo, de carácter fundamentalmente bibliográfico y numerosas notas explicativas a pie de página. Buena parte de esos trabajos los tenía dispersos el autor en diferentes medos. El criterio editorial es paleográfico, respetándose la grafía, acentuación y puntuación propias de la época, salvo las erratas evidentes, lo que permitirá aproximarse a los usos ortográficos de aquel periodo.

La mayor parte de estos «textos dispersos del setecientos español», que así se subtitula el libro, no habían vuelto a ser dados a la imprenta desde los años en que viesen la primera luz y algunos ni siquiera figuran en los repertorios bibliográficos específicos del XVIII. No pocos dicen relación con Extremadura y a ellos voy a referirme.

Abre el volumen una muestra de poesía popular, divulgada en su día por un pliego suelto, el romance anónimo, salvado hasta entonces por transmisión oral, de la ‘Curiosa Relación en que se refiere un lastimoso caso que sucedió a una Doncella de la Ciudad de Trujillo, llamada Rosaura’s. La UBEX lo había reeditado facsímil (Badajoz, 1997), con preliminar de Víctor Infante, que hizo allí un exhaustivo bibliográfico del poema. Ese mismo año lo difundía J. Cañas en la Revista de Estudios Extremeños (LIII, III).

De la misma índole es el «Curioso romance, en que se declaran las portentosas hazañas del valiente Bernardo de Trujillo», romance de ciego impreso originariamente en un pliego de cordel, reproducido ahora por el que figura en la biblioteca particular del editor.

Tras la muy breve, pero no irrelevante para Extremadura, «Real Provisión sobre el repartimiento de yerbas y bellotas de 1767» – encontramos la muy atractiva figura del reivindicativo corregidor pacense Sebastián Gómez de la Torre– que apareciera en el Mercurio Histórico y Político, toca turno a Forner. Del gran polemista emeritense se reproducen su ‘Apología del vulgo con relación a la poesía dramática’ (en realidad, prólogo de su drama El filósofo enamorado) ; la ‘Consulta al Consejo de Castilla’, donde el entonces Fiscal de la Audiencia de Sevilla , tan contradictorio, vuelve a defender las representaciones teatrales, como también lo hace en su ‘Introducción o Loa (..) para la apertura del teatro en Sevilla’.

En resumen, un libro para enriquecer y seguramente matizar nuestras ideas sobre la Ilustración española.

El libro:

- Título: Cajón de Sastre. Jesús Cañas Murillo. Cáceres. UEX.2008

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El escéptico Valencia
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| 22-05-2008 | 19:36| 0

Jesús Paniagua, catedrático en la Universidad leonesa, donde el inolvidable Gaspar Morocho iniciase el proceso, continúa alentando la edición crítica de las obras de Pedro de Valencia (1555-1620). La última publicada ha sido las ‘Quaestiones Academicae sive iudicium erga verum ex ipsis fontibus (Cuestiones Académicas o acerca del criterio de verdad)’. Según se sabe, fue la única que dio a imprenta el gran humanista extremeño. La terminó de escribir en Zafra, «en los confines de la Bética», el 26 de febrero de 1590 y la publicó en Amberes, en las formidables prensas del gran Plantino el 1596. Pedro de Valencia dedica su trabajo, compuesto, dice, en sólo veinte días y que anuncia como parte primera de otro mayor nunca édito, a García de Figueroa, ayuda de cámara de Felipe III. Ese prócer zafrense habría sido el incitador del libro, según carta dirigida por nuestro humanista al insigne padre Sigüenza, cuyas enseñanzas defendió con solicitud desde su puesto en la biblioteca de El Escorial. Se puede decir que es la primera historia de la Filosofía elaborada por un español quien, como hombre del Renacimiento, quiso nuclear en torno a una cuestión epistemológica (si se puede llegar a conocer la verdad) y en claro homenaje a Cicerón.

Jesús María Nieto, responsable de esta excelente reedición, traducción castellana adjunta, notas e índices, refiere en un extraordinario estudio preliminar las vicisitudes bibliográficas sufridas por este libro. Completa sustancialmente las labores de José Oroz Reta, su primer editor en latín y lengua española (Badajoz,1987), merced al cual – reconoce Nieto – pudo difundirse durante estos lustros el pensamiento del gran discípulo de Arias Montano. Los editores leoneses han tenido otro acierto: adjuntar el análisis que de la obra hace Juan Luis Suárez. Profesor en la Universidad de Western Ontario (Canadá), el estudioso extremeño resume allí lo mucho que ya nos enseñase en tesis de doctorado-

‘El pensamiento de Pedro de Valencia. Escepticismo y Modernidad en el Humanismo Español (Badajoz, 1997)’. Así, pues, contamos ya con la recuperación definitiva de las Académicas del zafrense y la puesta al día de su pensamiento.

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Poemas para hablar con Dios
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| 25-04-2011 | 14:14| 0

Luis Álvarez Lencero (Badajoz, 1923- Mérida, 1983) fue un excelente escritor, que supo combinar en sus versos la denuncia de las injusticias y el cuidado por las formas expresivas. Durante sus años últimos, la instancia religiosa , a la que nunca se mantuvo ajeno, resultó dominante, hasta el punto de componer libros de tan evidente significado como Poemas para hablar con Dios (1982). Por lo demás, la imaginación de Luis haría que sus relaciones biográficas (epistolares o poéticas) quedaran repletas de datos imprecisos, cuando no abiertamente erróneos, que más de una vez confundieron a cuantos nos acercamos a sus obras.

El profesor Enrique E. Corrales García (Campillo de Llerena) se ha esforzado para solventar tales defectos en el estudio introductorio que pone a la reedición crítica de estos poemas. De gran interés es igualmente la larga entrevista que se reproduce con Mª del Carmen Gómez del Villlar, aún lúcida e incluso irónica , la mujer de Luis hasta que el matrimonio se les rompió.

Mortalmente herido por inmisericorde cáncer, que él supo llevar con enorme entereza, fue dedicando a sus amistades más próximas cada uno de estos poema, entre los que los hay de bien distintas métricas, aunque en su mayoría con rima consonántica. Sin duda, la religiosidad de Luis fue cualquier cosa menos pacata y nos es raro que alguien pueda sentirse sorprendido ante ciertas expresiones, por lo demás perfectamente ortodoxas. Distinguiríamos entre muchos su “Padrenuestro” (pp. 170-172, con hermosísimos versos blancos e imágenes esplendorosas.

Una vez más, Beturia , editorial mantenida desde Madrid a golpes de entusiasmo, se gana nuestra gratitud

Luis Álvarez Lencero, Poemas para hablar con Dios. Madrid, Beturia, 2008

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Arroyo
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| 25-11-2010 | 09:14| 0

“Arroyo” es un sorprendente poemario, que obtuvo el III Premio Internacional Rubén Darío 2007. Su autor (Madrid, 1963) es un periodista con prolongados servicios para América Latina de la BBC, sobre todo en Colombia. Ha publicado novelas (Calamarí, 1987; A la sombra de los suelos, 2000; El arco de la luna, 2001; No te olvides de matarme, 2004; La venta del paraíso, 2006) y ensayos ( Brujos, reyes e inquisidores, 2003; Tinta y piedra, 2005; Le ordeno a usted que me quiera, 2006), habiendo dirigido también numerosos documentales para cine y televisión.

Arroyo es un homenaje a tres grandes poetas : Lorca, cuya muerte es aquí, una vez más, objeto de denuncia; Luis Rosales, que no logró evitarla y hubo de soportar por ello las críticas más acerbas y Félix Grande, cuyos esfuerzos por comprender la tragedia de ambos granadinos son notorios. A la vez, E.R. Borrachina alza su voz contra el fundamentalismo de las religiones monoteístas y la opresión del hombre por el hombre. Lo hace en una obra que, excepto dos composiciones iniciales y el epílogo, es en realidad un único poema, con versos libres y blancos de arte mayor, impregnados del espíritu surrealista dominante en Poeta en Nueva York.

No hay aquí referencias textuales sólo a este revolucionario libro, sino también a títulos de Rosales ( La casa encendida) y Grande (Blanco Spirituals), si bien Arroyo posee sin duda personalidad . Según la paráfrasis que hiciera Marx frente a la Esencia del Cristianismo, escrita por Fuerbach ( “Arroyo de Fuego”, en alemán), el discurso poético de este arroyo pretende purificar el mundo, sin renunciar a un lenguaje lírico cuidado e incluso innovador.

Emilio Ruiz Barrachina, Arroyo. Madrid, Ediciones SIAL, 2007

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Poesía Portuguesa
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| 16-06-2011 | 04:50| 0

Walter Hugo Mâe, Bruno. Villanueva de la Serena, Littera Libros, 2007.

 

“Bruno” es una obra bilingüe, en castellano y portugués, de un escritor lusoangoleño que destaca tanto en poesía como en prosa. ( Ha poco obtuvo el Premio José Saramago 2007 de novela con “O remorso de Baltazar Serapiâo”). Ha sido publicada por la Asociación Cultural Littera, de Villanueva, cuyos méritos no hacen sino crecer. Entre los últimos títulos editados por tan dinámica entidad  destacan los de escritores tan sólidos como Luis Antonio de Villena y Basilio Sánchez, sin desmerecer en absoluto el resto de la colección. Antonio Sáez Delgado, presidente de la AEEX ( Asociación de Escritores Extremeños) ha hecho la versión española, reafirmándose como uno de los más finos traductores del portugués a nuestra lengua. Lástima que, según acostumbra, no adjunte algún preliminar sobre el autor, salvo la muy concisa nota biobibliográfica en solapa.

 “Bruno” ofrece largos poemas en versos libres, casi siempre encabalgados, a  cuyas múltiples libertades sintácticas y un lenguaje muy actual,  se suma un rotundo erotismo  , lo que le proporciona ese aire de lozanía y provocadora juventud  bien perceptible.

 

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El baile de las abejas
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| 28-12-2010 | 04:30| 0

Con La importancia de que las abejas bailen bien obtuvo su autor el XXVI Premio Felipe Trigo de novela corta convocado por el Ayuntamiento de Villanueva de la Serena. Aquí nació Diego (1970), que es licenciado en Ciencias de la Información y Master en Periodismo Digital; ha trabajado en El Periódico Extremadura y tiene publicadas las obras Mudanzas en los bolsillos ( Elsago Ediciones, Castellón, 2007) y Mil formas de hacer la colada (Málaga, Cedma, 2007), así como el cuaderno de poesía línea 2 (Zafra, Cuadernillos de Intramuro, 2005).
       Esta narración, contada en primera persona, rezuma también poesía.  Nana refiere sus vivencias en Las Hurdes, junto a familiares dedicados a la apicultura. Tuvo que emigrar a Barcelona, para volverse ya de mayor precisamente  a Villanueva . El leitmotiv del relato es una añosa fotografía, cuya contemplación  permite evocar personajes y ambientes ya desaparecidos. Todos tuvieron un encanto especial, especialmente Héctor, el hombre que sabía susurrar a las abejas e inducirlas a que bailasen bien ( es decir, usar su típico lenguaje). Con él vivirá la joven “narradora”  un romance intenso, a la postre frustrado, aunque no sin fruto. Lástima que la muerte de unos y las dificultades de supervivencia para todos terminen con aquella  casi idílica comunidad hurdana.
     Una más cuidadosa puntuación y la eliminación de algunos rasgos dialectales (loísmos, uso transitivo del verbo “quedar”) ayudarían a pulir esta excelente novela.

Diego González, La importancia de que las abejas bailen. Sevilla, Algaida, 2007.

 

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